Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

domingo, 3 de julio de 2016

La política y la salud: conceptos, paradigmas y palabras en lucha

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La propuesta del presidente uruguayo suena muy profesional y completa. Al escucharla, o al leerla, no pareciera quedar nada por fuera; sin embargo, cada uno de los planteamientos, cada una de las palabras puede significar algo distinto dependiendo de la visión que esté detrás, del sustento científico, del paradigma que este en la base. Por ejemplo, “promover educación” qué significa hoy día exactamente, ¿inclusión en el sistema de instrucción predominante hoy?; ¿de qué hablamos cuando hablamos de diagnóstico a tiempo, tratamiento y rehabilitación?

    Mejor aún, ¿de qué hablamos cuando hablamos de estrategias sistémicas para batir la pobreza y generar inclusión social?, ¿se trata acaso de una propuesta socialista? Solo esta parte de la propuesta de Tabaré nos llevaría de nuevo a los eternos debates teóricos capitalismo vs. socialismo o, más recientemente, pachamamismo vs. extractivismo; habría que decir que la gente sigue enfermando y falleciendo, por lo que más bien parece que habría que empezar a pensar “fuera de la caja”, superando los condicionamientos históricos de un debate contaminado al extremo de propaganda, etiquetas históricas y destructivas luchas por el poder. Y entre la propaganda y la lucha política, todo con los medios de comunicación en el centro del proceso, quien ha resultado más afectada es la salud de la población.

    Batir la pobreza y generar inclusión social debería ser la prioridad para cualquier gobierno de cualquier signo. El gran reto sería hacerlo con un propósito que vaya más allá de los intereses políticos y con una visión a largo plazo. Esto significa practicar una verdadera co-responsabilidad en los procesos de inclusión. El problema, a fin de cuentas, es el de los sistemas y espectros políticos. El signo de los gobiernos del futuro, en el corto-mediano plazo, deberá situarse en un lugar distinto a los que ofrece el espectro tradicional que va desde el extremo derecho al extremo izquierdo. Deberá estar ubicado en el lugar de la amplitud y la diversidad, en el lugar de la gente; en el lugar del pueblo, en un sentido amplio; en el propósito de elevar la conciencia, que no es condicionar las mentes. Porque recordemos, en Occidente la gente está enferma, la gente está muriendo.

Más allá de las palabras, de la elegancia, del performance de nuestra sociedad tecno-científica, hay un diagnóstico nada alentador; nos invade la sensación poderosa de que algo equivocado debemos estar haciendo para haber llegado a esta situación. Y lo peor de todo es que no parecemos estar en capacidad de romper con lo que tenemos que romper para cortar las proyecciones nefastas que se vislumbran para 2030. Es como si nos hubiéramos montado en un tren hipersónico intercontinental, maravilloso y ultramoderno, en el cual la pasamos muy bien y desde cuyas ventanas podemos ver paisajes increíbles, para luego darnos cuenta que no podemos bajarnos y que nuestro destino es una aparatosa colisión; la muerte, pues.

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