Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

domingo, 12 de abril de 2015

Cumbre de las Américas: historia del cambio de época en pleno desarrollo

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La VII Cumbre de las Américas careció de la espectacularidad de otras cumbres. Y puede que haya sido por el simple hecho de que el cambio de época que comenzó hace varios lustros, hoy es un hecho en plena consolidación. Los mandatarios de las Américas asistieron al foro hemisférico en unas condiciones de independencia y unidad, impensadas a principios de siglo. El “regreso” de Cuba fue resonante. Los vestigios del muro de Berlín americano parecen caer definitivamente.

Cuando recordamos las animosidades y los enfrentamientos retóricos épicos que caracterizaron los foros internacionales hemisféricos y mundiales durante la era, sí, que marcó el Comandante Chávez, se pudo advertir en esta oportunidad una maduración importante en materia de discursos y de diálogo. Todo lució transparente, sincero, bastante directo en unos casos, sutilmente indirecto en otros; no hizo falta el tono de justa indignación más allá de lo necesario.

Llamó mi atención que no hubo juegos de cámara durante las intervenciones de los presidentes. Si un mandatario aludía alguna situación relacionada con otro país o mandatario, ya lo hiciera con mayor o menor ironía o dureza, las cámaras no enfocaban a ese otro mandatario, manteniendo el foco en el rostro del que tuviera la palabra. Este factor le otorgó seriedad al evento, así como la moderación del presidente anfitrión quien, dependiendo de los rasgos dominantes percibidos en cada intervención y de su impacto, introducía los elementos necesarios para mantener la armonía y ecuanimidad del caso, antes de ceder el próximo derecho de palabra.

En lo personal, si bien todos los países alineados con el cambio de época tuvieron intervenciones brillantes, destaco las intervenciones de los presidentes (as) Nicolás Maduro, Rafael Correa, Raúl Castro y Cristina Fernández. En primer lugar, la dignidad de nuestro presidente demandando la derogatoria del decreto en nombre de los venezolanos, recordando el golpe de Estado de hace 13 años, destacando la inmoralidad de los personajes que hicieron presencia en Panamá para defender supuestos derechos humanos, y recordando oportunamente la historia, la que no le parece importante a Obama.

Por su parte, la brillante denuncia del caduco sistema interamericano que hizo Correa no pudo ser más pertinente. Y es que, tenía que quedar claro que la OEA no se estaba lavando la cara por el solo hecho de haber admitido la participación de Cuba en el foro. De otro lado, la intervención del jefe de Estado cubano fue de alta factura, y no pudo ser más justa y contundente, diciendo las verdades que hubo de decir y reconociendo al mismo tiempo lo que hubo de reconocer. Finalmente, la presidenta Cristina, quien lució enorme denunciando la hipocresía de un sistema internacional que se nutre del dinero del narcotráfico, y que al mismo tiempo usa el tema para intervenir y generar violencia en nuestra región.

Indudablemente, las imágenes del presidente estadounidense estrechando la mano de Raúl Castro, y después la de ambos sentados conversando, tuvieron el natural impacto de quienes esperan lavar su imagen después de haber enseñado durante su gestión, como ningún otro presidente demócrata, las alas de halcón neoconservador. Un halcón, por cierto, que dijo que la historia y las ideologías ya no eran importantes, como queriendo resucitar las viejas tesis de Bell y Fukuyama. Claro, el mensaje es claro: Estoy hablando con Raúl Castro, hermano de Fidel Castro, en esta Cumbre de las Américas; luego, las ideologías ni los errores del pasado son importantes.

Claro, Obama, el halcón bizarro, se va, y deja al venidero gobierno republicano el regalito de tener que continuar las conversaciones con Cuba, encaminadas a restablecer las relaciones diplomáticas y al levantamiento del bloqueo. Pero ese Gobierno republicano de la superpotencia en crisis, se encontrará con una región con el nivel de integración más sólido en su historia, y dispuesta a seguir profundizando en ella. Así, esta Cumbre de las Américas fue, sin duda, una expresión más del cambio de época que vive la región, cambio que está en pleno desarrollo y que avanza al ritmo del mundo multipolar que nace.

Amaury González V. @MauroGonzag