Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, pensamiento otro, cambio de época, hegemonía popular, lectura, análisis, verdad, sueños, liberación.

sábado, 29 de enero de 2011

Las 20 Tesis de Política de Enrique Dussel y la Revolución bolivariana

Enrique Dussel
Antes de intentar un análisis pertinente al proceso venezolano a partir de la obra “20 Tesis de Política”, del filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel, con quien compartimos en octubre de 2009 el seminario “Una nueva política para América Latina en el siglo XXI” y luego una conferencia en la UBV donde se resumió aquel, vale analizar lo que se plantea en las “palabras preliminares” de una obra que constituye la síntesis y al mismo tiempo la introducción de la obra en tres volúmenes, Política de la Liberación, de la cual el tomo II, la Arquitectónica, se hizo merecedor del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2009.

En relación a lo que acontece en nuestro país y en la región en general, Dussel hizo algunos planteamientos que convocan a la comunidad de “científicos sociales”, antropólogos, sociólogos, politólogos, intelectuales orgánicos y pensadores en general, a la elaboración de una nueva teoría política –como hemos afirmado en otras oportunidades- capaz de otorgar legitimidad y consistencia teórica a todo lo que de inédito y novedoso ha tenido y sigue teniendo la Revolución bolivariana y los sucesivos procesos de cambio originados en la región a partir de esta.



    El interés y el llamado a crear una nueva política que explique lo que está pasando al nivel de lo que está pasando, en un contexto nuestramericano que ciertamente vive una gran revolución  política, podemos decir, sintetiza la propuesta de este filósofo crítico de la modernidad, cuya propuesta de transmodernidad como proyecto de liberación mundial nos parece -en sí- una opción de gran potencial revolucionario, propia de un pensador que ha trabajado durante décadas en el campo de la ética y la filosofía política. De tal manera que estas “Tesis de Política” puedan considerarse una propuesta ética tal como el autor afirma lo es El Capital, de Marx.

    Iniciando la obra, en las “palabras preliminares”, Dussel deja claro para quien –en primer lugar- está escrito el libro: para los jóvenes. Como afirma Luís Millán en artículo publicado en Aporrea en noviembre de 2009, este interés podría recordar la Ética a Nicómaco de Aristóteles e incluso el Ética para Amador de Savater, con la diferencia de que lo que plantea Dussel es una ética-política que aparece en un contexto de cambio de época y que sintoniza con todo lo que de digno y patriótico han tenido las tradiciones revolucionarias a lo largo de la historia moderna y pre-moderna. Citemos esas palabras iniciales de la obra:

    “Estas 20 tesis sobre política van dirigidas primeramente a los jóvenes, a los que deben comprender que el noble oficio de la política es una tarea patriótica, comunitaria, apasionante”. Sin intención chovinista alguna y sin necesidad de mucho análisis, ya se sabe que la Revolución bolivariana tuvo el honor de encender de nuevo la llama de la política patriótica en la región, recuperando el papel fundamental de la política y con ella el del Estado, y teniendo siempre como referencia, inspiración y ejemplo de dignidad a la Revolución cubana, cuyo líder histórico llegó a referirle a Ignacio Ramonet en su “entrevista-biografía” que, efectivamente existen armas políticas, y “tenemos la experiencia probada de que los principios son la mejor arma política posible”. Todo lo cual habla del líder de la revolución del 59 como un dirigente ético.

    De esas primeras palabras, el propio autor destaca en cursivas la frase “noble oficio de la política”, reflejando su preocupación porque las nuevas generaciones bombardeadas de forma permanente por la enajenante mediocracia, entiendan que la política no es una actividad sucia, oscura y pervertida. Es verdad que la historia de los sistemas políticos, de los procesos políticos históricos, de las diversas prácticas institucionales y gestiones administrativas –con énfasis en el período de la modernidad capitalista- ha sido la historia del poder como dominación, como el golpe del más fuerte; de locos varios ejerciendo ese tipo de poder. Ya el semita Aristóteles advertía; opinaba, en La Política, que la imposición por la mera fuerza jamás está exenta de todo mérito “… y que aquí toda la cuestión estriba realmente sobre la noción del derecho, colocado por los unos en la benevolencia y la humanidad y por los otros en la dominación del más fuerte” (Aristóteles: La Política, Buenos Aires, Edit. El Cid, 1978, Pág. 15).

    Es esta última perspectiva la que ejercería la mayor influencia en la política moderna, ya sea en lo referido a la política exterior y las relaciones internacionales, como en lo que toca al Estado y los sistemas políticos propiamente dichos. Sin embargo, este problema será tocado por Dussel más adelante y sería materia de otro análisis. Lo que podemos ahora traer a colación, son las afirmaciones que este hizo en torno a la “dignidad ética” de los grupos armados involucrados en una determinada batalla o conflicto armado, parafraseando: en un enfrentamiento armado los ejércitos en cuestión nunca tienen la misma dignidad ética; la violencia del que se defiende, la del agredido, del atropellado –a diferencia de la violencia legitima del Estado weberiano- si puede llamarse, es, coacción legítima. Esto significa que es una violencia justificada desde la ética y la “pretensión política de justicia”.

    Este carácter ético y noble de la política defendido por Dussel –en frontal oposición a la racional choice (ya un aburrido lugar común)- fue visto con claridad por Mariátegui cuando éste destacó el ennoblecimiento de la política al hacerse ésta revolucionaria, afirmación en la que se puede observar el carácter ético que el fundador del Amauta le otorgó a la política como la lucha por la justicia y la dignidad de un pueblo. Seguidamente, el autor afirma con pocas palabras el por qué de la perversión de la política, con énfasis en los países poscoloniales: el carácter entreguista, apátrida, eurocéntrico, de nuestras tradicionales y minoritarias élites gobernantes que siempre trabajaron en función del cumplimiento de los intereses de las metrópolis del momento, a lo largo de los últimos quinientos años. Oportunamente tenemos que recordar aquí –a propósito de la era bicentenaria—que nuestra ruptura independentista del colonialismo español fue sucedida por el colonialismo interno de las élites blancas-criollas, eurocéntricas aunque nunca europeas.

    El llamado de Dussel por la invención de una Nueva Teoría Política es reiterado y constituye un elemento central de sus palabras preliminares que aquí comentamos. Hemos dicho en otras oportunidades que la crítica al eurocentrismo tiene en el pensamiento político una de sus principales batallas. “La nueva política no puede responder a los supuestos de la modernidad capitalista y colonialista de los quinientos años”, nos dice el autor refiriéndose tanto a los postulados burgueses como a los del llamado socialismo real, dos narrativas que forman parte de una misma moneda civilizatoria y que deben ser superadas en este, el mejor de los contextos posibles: el de la primavera política latinoamericana, el del cambio de época hacia una nueva civilización “transmoderna”, para lo que se precisa de una Revolución cultural como descolonización de la subjetividad y “creación heroica”. Para esto se requiere una “política para la liberación” que pueda superar la democracia liberal-burguesa, el capitalismo productivista-destructor y la modernidad tecno-lineal como los derroteros que han conducido al mundo en los últimos siglos y que han logrado poner en peligro la supervivencia de la especie humana en el planeta.
   
    No podemos, en este plano de ideas, dejar de destacar el papel cada vez más importante del pensamiento crítico para dar una batalla de ideas que, en la medida en que la vayamos ganando, estaríamos contribuyendo más y mejor en este proceso de transformación donde las “condiciones de la época” son favorables a la invención y a la creación y por tanto, donde todo aquello que siempre hemos intuido o de lo cual siempre hemos estado convencidos, cobra auténtica validez; es el momento propicio pues, para dar los debates de fondo.

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