Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

sábado, 25 de febrero de 2012

Una revolución desde el Estado es una revolución con las armas melladas del capitalismo

El Che trabajando en una fábrica
Como he afirmado otras veces, tener una actitud o perspectiva crítica nos permite saber el por qué de las cosas, y por tanto nos mantiene siempre despiertos, politizados; en algunos casos a una sana distancia de lo que Dussel llama “la totalidad del mundo cotidiano inmerso dentro del horizonte de una sociedad capitalista”, totalidad que muchas veces resulta avasallante imponiendo el consumo como valor y estilo de vida.

Desde que en una reunión del Psuv -en la época en que la forma organizativa del partido era el batallón- un camarada afirmó, en el apogeo de una discusión sobre el tema del vehiculo como símbolo del capitalismo, de forma espontánea y con toda naturalidad, que lo de los carros no era problema y que en el socialismo todos podremos tener una camioneta Hummer, caí en cuenta que eran muchas las debilidades ideológicas -o la dominación simbólica- presentes entre nosotros y que era un imperativo la profundización del espíritu crítico. Si bien la afirmación tuvo como base una inmarcesible y legitima idea de igualdad, lo que me resultó más preocupante fue la indiferencia y la falta de una respuesta coherente del auditorio frente a la animada afirmación; hecha con mucha Fe, por cierto.

El hecho es que, antes y después de esa oportunidad, he notado este tipo de falencias críticas en diversos espacios. Dentro de la gramática desarrollista, el aumento creciente de la “capacidad de consumo” es visto como el acceso a nuevos “niveles de vida y de confort” y por tanto, es visto como el logro del ansiado bienestar para el pueblo, por lo que, alcanzadas estas metas, el capitalismo deja de ser malo y criminal. Esto siempre ha sido y sigue siendo peligroso de cara a la construcción del socialismo, y el legado de la historia y de teóricos como el Che Guevara –que dejó aportes significativos sobre el tema- debe ser definitivamente retomado y debatido con seriedad. El propósito y los objetivos fundamentales de la Revolución bolivariana han sido claros: erradicar la pobreza –extrema, relativa, etc.- y a partir de aquí, mantener el nuevo estado de cosas haciendo realidad los objetivos del Proyecto Nacional Simón Bolívar. Ahora bien, recientemente, el presidente Chávez afirmó lo que es una realidad científica (comprobable empíricamente): en Venezuela prácticamente ya no hay pobres.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Hegemonía popular con Caramelos de cianuro?

Paul Gillman
Hoy se cumplen 198 años de la Batalla de la Victoria, aquella que fue dirigida por José Félix Ribas; aquel que dijo que no podíamos optar entre vencer o morir porque necesario era vencer. La fecha pasó a la historia como el día de la juventud, y hoy este importante y mayoritario sector de nuestra población está de fiesta. Una fiesta que sin embargo no está exenta de polémica debido a los artistas que se presentarán en el concierto de la juventud, otro de los eventos centrales, junto al desfile cívico-militar, con los que se conmemorará la importante fecha.

Y es que, para el concierto del día, junto a distintos artistas de filiación revolucionaria, fueron contratadas otras agrupaciones que, aparte su carácter comercial y al mismo tiempo en relación íntima con este, difunden mensajes alienantes y superficiales. Digo aparte su carácter comercial porque a los artistas identificados con el proceso, ya sean nacionalistas, progresistas o revolucionarios, también comen y también les interesa dar a conocer su trabajo; digo en relación intima con su carácter comercial, porque como bien lo refiere Paul Gillman, algunos de los artistas invitados están vinculados a transnacionales como Pepsi Cola y McDonalds, y cuando esto ocurre el carácter comercial del artista se refleja inexorable y fatalmente en el contenido de los mensajes (o en la completa ausencia de este).

Aquí las palabras de Gillman recogidas por Ciudad Caracas: “Caramelos de Cianuro es imagen de la Pepsi Cola, transnacional cuyos impuestos terminan en balas para matar a inocentes. Chino y Nacho de McDonalds y junto con Oscarcito hacen reguetón, música que ve a la mujer como objeto sexual. También Los Cadillacs tienen de patriótico lo que yo tengo de reguetonero… No veo a cultores populares que tenemos mucho qué decir sobre una fecha patria como ésta”, dijo Gillman” 

Amplitud

Por otra parte, la respuesta de la viceministra de la juventud, Andreína Tarazón, vía redes sociales, fue que “Esta revolución es para todos los jóvenes venezolanos, para todos los géneros musicales”. Luego, en entrevista telefónica, Tarazón reafirmaría su posición destacando que las políticas del Ministerio de la Juventud están dirigidas a todos los jóvenes, sentenciando que “Revolución es inclusión y participación”. 

Dos cosas

Siempre considerando el contexto político para la mejor comprensión de situaciones como ésta, nos gustaría endosar hechos como este ―que se contraten para un concierto en el que se conmemora una fecha patriótica y se reivindica a la juventud luchadora y  revolucionaria, a artistas cuyo mensaje se centra en mensajes despolitizadores y alienantes―, de nuevo, al carácter democrático y pacífico del proceso bolivariano, ciertamente inclusivo. Sin embargo, la ocasión no da ―no parece propicia, digo― para mezclar a Dame pa matala con Chino y Nacho, salvo que lo que se quiera sea “poner a bailar y a gozar” a los muchachos y muchachas con ritmos neutros y melodías universales, aunque con letras y mensajes, eso sí,  irreconciliables. Es decir, de un lado (simplificando un poco la cuestión) tenemos artistas identificados con el sistema, vinculados y comprometidos con él, al servicio de él, de su dirección intelectual y moral, y de otro a una diversidad de propuestas artísticas nuevas y no tan nuevas, caracterizadas por su mensaje contestatario y crítico al sistema, de claro perfil contra-hegemónico, y si el propósito es construir una nueva hegemonía, una hegemonía popular, habría que ser no sólo más selectivo para ocasiones como ésta, sino mucho más creativos. 

La agrupación Caramelos de cianuro
También conviene recordar que, sin bien el cuadro anterior se configura en el contexto de un proceso que incluye sin excluir, no creo que los Caramelos de Cianuro sean unos pobrecitos excluidos del sistema, o unos músicos imberbes y expósitos sin escenario para tocar. 

Ahora bien, esta fuera de discusión la importancia de que el mensaje crítico esté siempre presente en el contenido del arte revolucionario, y parece redundante ya la idea de que la belleza es siempre revolucionaria, pero muchas veces el imaginario de la resistencia parece predominar en los contenidos que se vienen produciendo, como si nos costara tomar la ofensiva cultural, en una avanzada donde el arte es expresión de la nueva realidad que tenemos: la de la izquierda, la de la revolución en el poder. Ahora, si con el tiempo transcurrido no se ha logrado seducir a la mayoría de la juventud con una propuesta estética y musical revolucionaria, sea cual sea el género, planteo estas hipótesis: 

- El proceso bolivariano se encuentra aún en un período donde la inclusión y las reivindicaciones sociales, en medio de la lucha política crean, entre avances y retrocesos, las condiciones para el despertar de la conciencia crítica en medio de un solapamiento entre la avasallante industria que produce “lo que a la gente le gusta”, y una serie de artistas y agrupaciones emergentes portadoras de un arte con contenido social. Es decir, volvemos otra vez con la crisis orgánica gramsciana, donde no se termina de trascender ―o se trasciende casi imperceptiblemente― de la crítica a la ruptura y la transformación, de lo espasmódico a lo consolidado y permanente. 

- Existen debilidades en la correlación de fuerzas en el campo de las instancias ideológicas y culturales del sistema o, también, de la superestructura cultural, relacionadas con nuestra visón de mundo, educación y formación profesional, sistema de valores y creencias, que nos impiden dar un auténtico salto cualitativo que madure en un movimiento cultural con capacidad de construir hegemonía. En otras palabras, hace falta más imaginación, perderle el miedo a la irreverencia creadora y a las mentalidades creativas que no declinan por la línea común. 

- Existe algún trazo de lo que se conoció como realismo socialista en algunas propuestas musicales, como una ingenuidad que va madurando indistintamente de su frescura y calidad. 

Porque, te digo, lector, para poner un ejemplo ¿Si nos preguntamos cuál es la diferencia ―y las similitudes― entre la propuesta musical de los Dame pa matala y los Buena Fe, que responderías?

@maurogonzag


jueves, 2 de febrero de 2012

El 4 de febrero, el 11 de abril, el 11 de septiembre, enero del 59 y la batalla por la interpretación del pasado

Dice la historiadora chilena Cristina Moyano citando a la prensa de su país, que el pasado mes de diciembre el Consejo Nacional de Educación aprobó unas bases curriculares que, en lo que se refiere a la historia reciente de la tierra de Salvador Allende, presentaban un importante y sensible cambio conceptual: el período histórico pinochetista ya no se llamaba dictadura militar sino “gobierno militar”.

Al leer esta noticia, lo primero que recordé fue la conocida novela de George Orwell, 1984, de la cual extraemos aquella frase que nos dice que “quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado controla el futuro”, en clara alusión a las estrategias que en un momento dado pueden implementar los sistemas políticos totalitarios para borrar la memoria histórica, e incluso a la historia misma; lo otro que recordé, a propósito de los veinte años de los hechos del 4 de febrero de 1992, fue la pretensión que ha demostrado el oposicionismo en diversas ocasiones, de comparar y analogar la rebelión militar del 4 de febrero con el golpe de Estado fascista del 11 de abril de 2002. Según esta opinión, que seguramente se manifestará otra vez en la venidera conmemoración, Chávez llama golpista a Carmona y a su combo siendo él también un golpista.

Chile durante el golpe del 11 de septiembre de 1973
El debate suscitado en la sociedad chilena luego de que se conociera la intención de modificar el nombre de un período histórico tan traumático para los chilenos, y la oposición que generó en diversos sectores, logró que la reforma fuera descartada; la dictadura militar seguiría siendo dictadura militar, y Pinochet el jefe histórico y responsable de la terrible represión. Y aunque el cambio de nombre, sutil y aparentemente inocuo, no cambia lo que “realmente ocurrió”, conviene recordar en primer lugar que las palabras no son neutras y menos aún si estas se refieren a conceptos y procesos políticos históricos. Una actitud anti intelectual podría no tener reparos en tachar esta discusión como una pérdida de tiempo, cuando no de pura paja. Pero las palabras, aparte de tener por lo general una o varias acepciones, pueden tener y de hecho tienen también connotaciones que han llegado a adquirir en el devenir histórico y que, aunque algunas llegan a desvanecerse, otras permanecen echando profundas raíces en el imaginario social en cuestión.

Pero más allá, o más bien más acá de las connotaciones, está el hecho de que cuando se trata de una palabra que expresa un concepto político, como democracia, libertad, hegemonía, república, empoderamiento o “vacío de poder”, precisamente por esto, esta está sujeta a luchas interpretativas por parte de todos aquellos que, conscientes de que la realidad es una construcción social, de que la palabra puede eventualmente crear una realidad; conscientes del poder ligado a la producción del discurso sobre la realidad social, pueden en un momento dado, para salvar responsabilidades, reafirmar su poder o, como en el caso chileno, para redefinir todo un período histórico ―que no por casualidad fue una de las etapas más oscuras de su vida política―, impulsar cambios sensibles y, como dijimos, aparentemente inocentes, en el sistema educativo o en las políticas comunicacionales como forma de trastornar la memoria histórica.

Por otra parte, Álvaro Cuadra, en su artículo “¿Dictadura o régimen militar?”, nos recuerda que el lenguaje es una de las herramientas centrales en la construcción de la memoria y el imaginario de una sociedad. Coincidiendo con lo que afirma Moyano, este autor reafirma que no estamos, como pudiera pensarse, ante un asunto sin importancia, ya que “es en el ámbito de lo simbólico donde cristaliza lo político”. Y es que, viniéndonos a Venezuela, a estas alturas del proceso bolivariano ¿alguien puede dudar, indistintamente de su filiación política, de los efectos que han tenido el uso de las palabras escuálido o, más recientemente, majunche, incorporadas magistralmente al discurso político por parte del presidente Chávez?

Nos recuerda Álvaro Cuadra, que la tarea de “limpieza” que iniciaron los golpistas tras la brutal toma del poder fue la del lenguaje. Los gorilas dirían en esa oportunidad, que no se trataba de un criminal golpe de Estado sino de un “pronunciamiento militar”, “como si con tal eufemismo se pudiera lavar la sangre salpicada en las calles de Chile”. Recordemos de nuevo la novela de Orwell, en cuya sociedad se usaba el único diccionario cuyas palabras disminuían cada día con el objetivo de limitar el alcance del pensamiento. Esto es lo que en nuestro mundo concreto llamaríamos una dictadura del lenguaje, y que en Chile comenzó desde el momento mismo del gorilezco “pronunciamiento”. Sin embargo, la creciente influencia de los llamados medios de comunicación en las últimas décadas, la podemos entender como la mera imposición de un lenguaje, con todo lo que esto conlleva y sin necesidad de disparar un tiro.

Todo lo anterior nos lleva al caso que nos convoca. ¿Fue el alzamiento militar del 4 de febrero de 1992 una acción golpista tal como lo fue la del 11 de abril de 2002? Podemos decir de entrada que no cabe comparación alguna entre ambos acontecimientos. Decir que ambos eventos fueron golpes de Estado y que por tanto los protagonistas de ambas acciones son golpistas sin más, sin ir muy lejos, sería como comparar la entrada en la Habana de Fidel Castro y los barbudos, el 1º de enero de 1959, con el cerco de los carabineros y el bombardeo subsiguiente al Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El primer caso es conocido como la Revolución cubana; el segundo, como el sangriento derrocamiento de un presidente democráticamente electo. En Cuba, el evento provocó la alegría de todo un pueblo; en Chile, la acción fue el inicio de una brutal represión contra el pueblo chileno y los máximos líderes de la Unidad Popular, represión que incluyó muerte, tortura y desaparición física de mucha gente.

Más aún, el golpe de Estado de Pinochet fue en su momento saludado por el Departamento de Estado (EEUU), que también apoyó ampliamente la acción golpista, como se ventiló públicamente después. En el caso de la Revolución cubana, se sabe que esta no sólo no contó con apoyo alguno de EEUU, sino que fue víctima desde el mismo principio del proceso de todo un abanico de conspiraciones y agresiones, conflicto que tuvo su cénit de gravedad en la conocida crisis de los misiles de 1962, cuyas consecuencias hubieran sido catastróficas y de alcance mundial.

Como podemos ver, no caben comparaciones. Sólo tendríamos que peguntarnos, de tener dudas sobre si un atentado contra el Estado en un país dado es golpe o es rebelión, cómo fue la participación del pueblo en el episodio, qué ocurrió en lo sucesivo después de la “toma del poder”, y cuál es la posición del imperialismo ante el hecho. El 4 de febrero fue una rebelión militar apoyada por el pueblo contra un régimen deslegitimado que se había mantenido en el poder a punta de plomo, dominante mas no dirigente; el 11 de abril fue un golpe de Estado repudiado por el pueblo y que fue celebrado ampliamente por sectores nacionales y extranjeros en esas 48 horas que duró, y que permitieron que el mundo viera como privilegiado espectador, quienes lo habían apoyado, como se caían esas máscaras.

Hay una clara moraleja: los nombres siguen siendo importantes en la batalla por la interpretación de los hechos históricos, sobre todo porque el presente es historia viva y porque además, como vimos, no se trata sólo de mera “semántica”, sino de una batalla en el ámbito de lo simbólico como lugar donde cristaliza lo político.

@maurogonzag

amauryalejandrogv@gmail.com

martes, 24 de enero de 2012

23 de enero de 1958: una gran estafa entre dos dictaduras

Fabricio Ojeda
El 23 de enero, ciertamente es una fecha emblemática para los venezolanos. Con sólo escucharla o verla plasmada en algún papel, de inmediato recordamos el fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, donde la palabra dictadura nos habla de una tenebrosa forma de gobierno donde los derechos civiles como la libertad de expresión y de pensamiento, y los derechos políticos como el de libre asociación o el de participación política están seriamente restringidos, cuando no son nulos; es decir, una dictadura es sinónimo de represión o de ausencia de libertad.

Pero además, el 23 de enero, como punto de inflexión que marcó el fin de un gobierno, generó también un proceso de transición hacia lo que se llamó democracia representativa, una forma de gobierno que, quitándole el adjetivo “representativa” sugería lo más avanzado que existía en el mundo en materia de organización social y política, siendo prácticamente sinónimo de progreso, bienestar y libertad para todo el mundo; es decir, el 23 de enero simbolizó, o así pasó a la historia, como el fin de la dictadura y el comienzo de la democracia, como el fin de la oscuridad y la luminosa inauguración del período de la ansiada modernidad política para Venezuela.

Cuando analizamos los hechos políticos históricos ―que son procesos políticos― de un país determinado, conviene siempre en aras de una mejor comprensión de la realidad, enmarcar el estudio y análisis de esta en el más amplio marco de la realidad regional y mundial. Es así como, al repasar los hechos del 23 de enero de 1958, resulta inevitable recordar que el gran contexto geopolítico mundial que sirvió de telón de fondo y catalizador de la política a nivel mundial, fue el de la llamada guerra fría, conocida también como enfrentamiento este – oeste o, capitalismo vs. comunismo. Son conocidas las contradicciones en las que entró el gobierno de Pérez Jiménez con la oligarquía y el imperialismo, al que por otro lado nunca le ha preocupado mucho si un régimen es democrático o dictatorial, represivo o violador de los derechos humanos, siempre que éstos no atenten contra sus intereses estratégicos.

Recordemos que el Departamento de Estado, puede apoyar y ha apoyado a gobernantes latinoamericanos consciente de que son unos verdaderos hijos de puta por lo despiadados, criminales y monstruosos que han sido con sus propios pueblos, pero que sin embargo los apoya porque en todo caso esos hijos de puta han favorecido y favorecen sus intereses estratégicos-imperiales. Por otra parte, el general Pérez Jiménez, aparte de ser un gobernante de facto, lo era en un contexto donde el orden del día eran los procesos de descolonización y democratización política, momento para los gobiernos populares y las revoluciones. En este contexto, el movimiento popular sostuvo una lucha legítima contra la dictadura que tuvo su mejor y mayor expresión en la Junta Patriótica presidida por Fabricio Ojeda, organización que sabemos jugó su papel en el derrocamiento del régimen perezjimenista.

Rafael Caldera, Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt
Sin embargo, se sabe que la CIA en articulación con los jefes de los principales partidos políticos de Venezuela, venían trabajando para derrocar al dictador, e instaurar un régimen civil y “democrático”, pero supeditado como nunca a los intereses de la gran potencia. De esta cópula política maléfica nació el Pacto de Nueva York, donde el jefe de los adecos, el Procónsul Rómulo Betancourt, negociaba con Jóvito, Caldera y los Rockefeller el futuro de la política nacional, mientras los comunistas y los “adecos revolucionarios originarios” como los Ruíz Pineda o los Pinto Salinas, habían dado la batalla contra la dictadura desde adentro, sufriendo persecuciones, represión y muerte.

Así las cosas, todo lo anterior nos lleva a decir que, desde una perspectiva nacional, interna, verdad es que hubo factores combativos y revolucionarios que hicieron méritos en la lucha contra Pérez Jiménez; pero desde la perspectiva de la Venezuela que hace parte de una región y de un sistema mundial, el imperialismo, la CIA, como ha sido la historia del intervencionismo del gran hermano en Nuestra América, fraguaron el fin de la dictadura para dar comienzo a la flamante “democracia representativa”, una forma de gobierno que se promocionó como el modelo a seguir en Latinoamérica por toda la bulla del ejercicio soberano del sufragio universal directo y secreto, pero que en los hechos, desde el punto de vista del respeto a los más elementales derechos civiles, como el derecho a la vida, fue una verdadera tragedia humana para el pueblo venezolano; tanto que muchos añoraron el regreso del dictador, quien lo fuera por la calle del medio, sin poses ni fachadas democráticas.

Marcos Pérez Jiménez
De tal manera que, sin pretender hacer apología de nada, nos podemos permitir afirmar que el 23 de enero de 1958, fue una fecha simbólica que marco la transición de una dictadura militar a una dictadura civil. Porque, ahí está la historia, nunca hubo tanta sangre, tantos presos políticos, tantos desaparecidos, pero sin embargo, por obra y gracia de la prensa y de las millonarias inversiones del imperio en la guerra cultural contra la izquierda mundial, Venezuela era, insólitamente, el modelo democrático a seguir. Qué cosa tan absurda y patética.

Hoy en día, con el proceso bolivariano se vienen haciendo grandes esfuerzos por restituir a la democracia su verdadera esencia como gobierno del pueblo, quien ahora tiene las condiciones para participar e involucrarse de manera consciente y directa en los asuntos que le afectan frontal o transversalmente.

Finalmente ¿Qué aprendizaje podemos extraer del 23 de enero? Si definimos al socialismo como la democracia llevada hasta sus últimas consecuencias, como un proceso de democratización permanente, podemos decir en primer lugar, que la llamada democracia representativa es una gran estafa para los pueblos, y en segundo lugar, que no podemos analizar nuestra propia realidad sin tomar en cuenta nuestro rol, nuestra posición, en el sistema mundo moderno; sin considerar los intríngulis y los movimientos de la geopolítica mundial.

El 23 de enero sigue siendo una fecha combativa, referente para el movimiento popular venezolano, con todo y la traición, con todo y la estafa.

amauryalejandrogv@gmail.com

@maurogonzag

domingo, 22 de enero de 2012

Sobre el liderazgo ético, la democracia mercantil y los pre-candidatos champú

Foto: Globoterror
“Recordando a Norberto Bobbio”, es el título de un breve artículo firmado por Sergio Arellano, en el que el autor hace un apretado resumen de la carrera del “filósofo de la democracia”, destacando su trabajo como profesor, los títulos recibidos, pero sobre todo la preocupación que este siempre tuvo por los valores de la democracia. Si bien es cierto que autores como Enrique Dussel han definido a Bobbio como miembro del grupo de pensadores “procedimentalistas” de la democracia, citaremos a continuación lo que Arellano destaca de su visión de este sistema de gobierno, para desembocar finalmente en lo que terminó transformándose el llamdo gobierno del, por, y para el pueblo que, en nuestra realidad venezolana concreta, tiene sus devotos y practicantes.

Dice Arellano que Bobbio tendió siempre a la defensa de tres principios “autoimplicativos”: “La democracia entre los derechos del hombre y la paz ya que sin derechos del hombre reconocidos y protegidos no hay democracia; sin democracia no se dan las condiciones mínimas para la solución pacífica de los conflictos”. Continúa el autor, especificando que “En otras palabras, la democracia para Bobbio es la sociedad de los ciudadanos, y los súbditos se convierten en ciudadanos cuando les son reconocidos derechos fundamentales. Habrá paz estable, una paz que no tenga la guerra como alternativa, solamente cuando seamos ciudadanos no de este o aquel Estado, sino del mundo”. Formalismos y ciertamente procedimentalismos aparte, queremos destacar que el autor recuerda con mayor precisión lo que no es democracia:

“Actualmente muchos partidos políticos ven a la democracia como un poder que les confiere el Estado para gobernar bajo sus propios ideales y propuestas con la idea firme de lograr metas personales, descuidando la cosa pública y su gran trascendencia”.

Tal realidad nunca se denunciará mucho. Sin embargo conviene recordar, esta vez con Dussel, que el poder político se desarrolla por medio de la adhesión consensual fuerte de voluntades movidas por razones libres; que este poder reside en la comunidad política, en el pueblo, como potentia, lo que es decir como facultad, como capacidad que le es inherente “en tanto última instancia de la soberanía, de la autoridad, de la gobernabilidad, de lo político”. El problema aludido por Arellano en la cita de arriba refiere lo que Dussel denomina la fetichización del poder, en el que la relación entre el poder originario ―desdoblado e instituyente, que delega el ejercicio del poder en instituciones y representantes― y la potestas, que es el poder constituido, se interrumpe, se nubla y se corta, fetichizándose, convirtiéndose en un poder autorreferente, alienado de la comunidad política.

Volviendo al artículo de Arellano, este recuerda la definición de democracia que dejó Lincoln: “La democracia es el esquema político de Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”.

Afortunadamente en Venezuela, existen devotos y promotores de esta concepción de democracia, que sería una concepción consustanciada con lo que nosotros hemos llamado democracia participativa y protagónica; desafortunadamente, abundan también entre nosotros los discípulos del ejercicio fetichizado del poder, que son aquellos que quieren acceder a los cargos diversos de representación recurriendo a estrategias de marketing. Precisamente en este punto, citaremos los últimos párrafos de Arellano, donde este pareciera discurrir sobre los precandidatos de la MUD:

“Los actuales precandidatos a las diferentes posiciones políticas postulan temas tan trillados como: “Yo soy la solución a tus problemas, Yo sí sé cómo gobernar, Yo tengo las herramientas para acabar con la pobreza, Conmigo no habrá corrupción, Que el Gobierno te pague las medicinas, Yo sí se gobernar”, entre otras ideas de mercadotecnia que ya la sociedad pensante cuestiona y critica”.

“No es cuestión de candidatos, no es cuestión de partidos, no es cuestión de carisma personal o de ganchos de mercadotecnia, es simplemente el querer al País, no hundirlo con intereses personales y que la sociedad participe verdaderamente y no sólo con su credencial para votar. Hagamos una participación activa y versada en nuestros derechos fundamentales, los gobernantes no gobiernan solos, el pueblo es quien les da las facultades a través de la representación”.

De tal manera, que tenemos una visión de democracia mercantilizada, mediatizada, donde los candidatos a los cargos de elección popular se presentan ante el público en campañas que no se diferencian mucho de aquellas que promocionan un automóvil, unas sandalias o un nuevo champú para caballeros. Pero también está esa visión de la democracia, que podemos decir es la visión más lúcida, la correcta y auténtica si es que admitimos que pueden haber varias “visiones”, donde los candidatos, partiendo de “el querer al país” y de un discurso ético y trascendente, hacen campaña demostrando una auténtica preocupación por los problemas, necesidades, aspiraciones y deseos de la gente, además de una voluntad expresada en hechos concretos.

@maurogonzag

amauryalejandrogv@gmail.com

jueves, 5 de enero de 2012

Una reflexión sobre el trabajo

Mujeres trabajando
Ha predominado en la historia de la modernidad capitalista, una concepción del trabajo que entiende a este, no como la actividad vital ―libre por antonomasia―  que permite la producción y reproducción de la vida humana, muy lejos por cierto de esclavitud u hostilidad alguna, sino como lo que no haríamos de no tener la necesidad de hacerlo. Las raíces de tal concepción habría que buscarlas en los avances tecnológicos que, subsumidos por la ética racional capitalista, originaron el fenómeno de la Revolución industrial, un proceso que resultó traumático para todos aquellos que, si bien habían vivido hasta ese momento una vida ―diríamos desde nuestro mundo de principios del siglo XXI― con ciertas “limitaciones”, de repente fueron violentamente desarraigados de la tierra donde desarrollaban esa vida para convertirse en mano de obra “libre”.

Son conocidas las historias del capitalismo salvaje del siglo XIX, las de los deshollinadores; las de las mujeres y los niños ―pero también de los hombres― trabajando jornadas insufribles de dieciocho horas; una historia y una dinámica propia de la clásica metrópoli capitalista que por cierto se nutría del trabajo incesante y esclavo y la riqueza natural de los territorios ― convertidos ahora en tierras de la periferia― que las excursiones del 1492 habían conectado fatalmente con los conflictos, vicios y penurias europeas. La historia es harto conocida y la obra de Marx, paradigmática crítica del paradigmático capitalismo industrial descollante constituye, dentro de sus análisis, críticas y propuestas, un testimonio sufriente de lo que la “civilización” hacía al mundo en esa carrera de alienación y fetichismo desenfrenado.

Ese sigue siendo el mundo en el que hoy vivimos, y habría que preguntarle a la gente, a todo aquel que esté inmerso en las relaciones de producción capitalistas, como obrero, empleado del Estado, pequeño comerciante o en algún otro estrato donde se padezca algún tipo de irrespeto, explotación u opresión, si seguirían haciendo ese trabajo de no tener la “imperiosa necesidad de hacerlo”; qué harían si tuvieran cubiertas sus necesidades materiales básicas, en qué actividad emplearían su tiempo. En el sistema capitalista hay que arreglárselas de alguna manera, y habría que imaginarse cómo era la sobrevivencia en la época del capitalismo clásico en Inglaterra o Francia. Si en el proceso de migración a las ciudades que llevó aparejado la centralización de la producción y del poder político, el hombre que llegó con su familia a “buscarse la vida” proveniente de un campo abandonado, reapropiado por algún potentado o, simplemente desolado, aburrido, peligroso y monótono, y logra algún puesto en la industria, como la petrolera a principios del siglo XX en Venezuela, y logra así sostener a su familia, medrar, comprar una casa, “progresar”, tal esfuerzo no carecería de nobleza y también se podría calificar de admirable.

Pero es posible que de no haber tenido la imperiosa necesidad de hacerlo, de no haberse desarrollado ese cambio en las estructuras sociales de la mano de la salvaje modernidad, esa migración no se hubiese producido.

Hoy en día, el trabajo esclavo aún existe y más aún, donde no existe este existe la mentalidad de esclavo. De ahí que en la actual sociedad capitalista, en un sistema que parece reafirmarse y justificarse por sí solo desde todos los campos de la vida, no sea sustituible si no hay un sustancial cambio de mentalidad que, como todo cambio, puede comenzar con modestos pasos, en un contexto como el venezolano donde afortunadamente se habla de socialismo y se trabaja día a día por el buen vivir. Y como el ser humano puede condicionarse, uno podría preguntarse si no nos acostumbramos en algún momento ―aprendiéndolo desde nuestro inicial proceso de socialización― a esa concepción del trabajo como algo hostil que no haríamos de no tener la necesidad de hacerlo, pero que es ley de vida y otorga nobleza porque es lo que Dios manda. Hay en este punto, me parece, uno de los nodos críticos si de lo que se trata, si lo que queremos, es construir una sociedad alternativa a esta que tenemos.

Nadie duda de que el trabajo sea fundamental para lograr el desarrollo de cualquier sociedad. Pero los avances en materia de tecnologías de información y comunicación, nuestra abundante riqueza, las bondades de la planificación, y la posibilidad cierta de poder mejorar la eficiencia en todo espacio de trabajo, le otorgan a la reducción de la jornada laboral una evidente y concreta factibilidad.

Porque si creemos en el reino de la libertad, y no en la libertad para vender la propia fuerza de trabajo porque la vida es dura y vivimos en una tenebrosa escasez, el tema de la producción y reproducción de la vida real está en el centro del debate sobre el socialismo, y no tanto desde el punto de vista económico como desde una perspectiva cultural, existencial, trascendente. Habría que luchar contra la nefasta influencia del pensamiento conservador, liberarnos de la ideología del trabajo, encontrando la manera de convertirnos en seres cuya actividad vital, física y espiritual, sume a la producción del pan, la realización del propio potencial.

@maurogonzag
amauryalejandrogv@gmail.com

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Diálogo en un café del centro de Caracas: encuentro entre el Compa Ugarte y el Camarada Arsenio

Me encontraba saboreando la bebida de los dioses en el centro de Caracas, pensando en la importancia de la reconciliación con una ciudad que, desde que se recuperaron espacios ciudadanos vitales, se ha mostrado tan diferente y tan amable como muchos ―dependiendo de la generación―  a lo mejor ni recordamos. Esperaba reunirme con una vieja amiga para hablarle de algunos proyectos que se delineaban en mi cabeza.

En la mesa contigua, un joven con aspecto de angustioso intelectual leía medio frenético el diario Ciudad Caracas, alternando la lectura del papel con la de la pantalla del teléfono móvil, cuyas teclas pulsaba con velocidad y destreza. Levantó de nuevo las páginas del diario y sobre la mesa se dejó ver un mamotreto de tapa dura, en cuyo lomo podía leerse la frase “Dependencia y revolución”; así de contigua estaba la mesa, y en eso llegó el interlocutor que esperaba mi vecino intelectual.

El compañero que llegó lucía más estrafalario. Como mi vieja amiga no llegaba y podía vaticinarse un interesante debate conversado entre los dos animales políticos, decidí sacar mi grabadora digital para captar algo de ese intercambio que, intuía, sería digno de reproducción. De bigote largo, lentes de pasta y portando una boina de cuero, al compañero que llegó lo llamaré Camarada Arsenio; al joven lector, lo llamare Compa Ugarte.

El Camarada Arsenio llegó con una media sonrisa y estrechando la mano de su amigo:

― Saludos estimado.

― Saludos Arsenio, compatriota y luchador ¿Cómo va la vida? ―respondió con energía y espontaneidad el Compa Ugarte, como contento por la llegada de la compañía―.

― Ahí voy compa, trabajando en la investigación ―respondió el Camarada Arsenio luego de sentarse y respirar profundo―. Sabes que leí por ahí que el documental Zeitgeist fue un encargo de los Rothschild a Peter Joseph.

― No sería extraño

― En el portal anillodepoder.com hay información interesante.

― Sabes que creo que detrás de este juego de monopolio está esta familia… Siempre desde los Medicis, ellos se convirtieron en banqueros y se diseminaron por Europa y la América. Y claro, los carajos son muy discretos, pero son los dueños del monopolio ― reflexionó Ugarte dando a entender que tal cosa no era sorpresa para él―, los demás son sólo jugadores, los Rockefeller, Soros, Slim, Cisneros, Mendozas… etc.

― Si, ni siquiera figuran en esas listas de los más millonarios del mundo, debe ser porque son mucho más que eso.

― Bueno, fíjate que yo le encontré cabras mochas al video ―afirmó Ugarte refiriéndose al Zeitgeist Moving Forward mencionado antes―.

― Ellos son los que mueven los hilos, los que financian las guerras ―Afirmó acto seguido Arsenio, con una seguridad como resignada―.

― Los que aparecen en la lista son sus empleados, ejecutivos de alto nivel que desempeñan roles en la empresa privada, en el mundo de las finanzas, en la burocracias privadas y públicas, nacionales, regionales e internacionales ―dijo Ugarte reiterando la idea―.

― Es verdad que las críticas del documental entusiasman, están bien documentadas, pero forman parte de la estrategia persuasiva para la trampa que plantean al final ―Dijo Arsenio volviendo al tema del documental―.

― Pienso que desde el siglo XVIII sólo han cambiado los nombres, pero los que mueven los hilos son los mismos de siempre, incluso en la Unión Soviética y en la China actual… No me extrañaría ― reflexionó Ugarte tratando de llevar la conversa de nuevo al tema de los “máster of puppets”―. La trampa es un mundo sin fronteras, con la tecnología en el cénit y unos recursos que son de todos. Sin dinero, sin propiedad; incluso sin política y sin religión, pero con nuevas formas de control… Un control que ya no hace falta que sea tangible porque nos han trabajado a nivel mental. Recursos que son de todos pero que están controlados por un poder central, anónimo, impersonal, el Gran Hermano. Hay que poner los pies sobre la tierra, las ideologías nos distraen si no se aterrizan…

― Si, y pensar que hay todo un movimiento internacional que promociona y difunde ese trabajo. Oye, a mi me parece que deberíamos hacer nuestro propio documental ―dijo Arsenio en completo acuerdo con Ugarte―.

― Yo cuando comencé a leer El hombre Unidimensional de Marcuse, dure como un año que no pasaba de la primera página, pues quien había financiado el trabajo era la Fundación Rockefeller.
― ¿Verga en serio, el libro de Mar-cuse?

― Sí señor, el mismito de la famosa Escuela de Frankfurt ―reiteró Ugarte con el tono de quien se apasiona por las teorías de la conspiración―. Me decía un amigo que los indignados de España estaban siendo promovidos por el Grupo Prisa…

― Bueno! Pero si en esta investigación que te comento incluso se afirma que el mismísimo Capital, fue financiado por estos señores o promovido por ellos de alguna manera! Viéndolo bien, la cuestión no carece de lógica aunque parezca la locura: ellos han generado sus propias críticas para profundizar su dominación.

 ― Necesitamos manejar la técnica, conocer al hombre, reescribir nuestra historia desde el aquí y el ahora, hacerla consciente y aprender a persuadir primero, convencer y despertar las mentes ―expresó Ugarte adoptando un aire místico de gurú―. Es un trabajo de hormiga, silencioso, que debe hacerse de recursos y debe ser constante y militante.

― Si, he pensado en reunir a un grupo de compañeros que compartamos estas ideas ¿No?, estas inquietudes, se de varios que andan por ahí no muy lejos pensando cosas radicales y pertinentes; a esos hay que reunirlos para plantear un proyecto teórico-político, un movimiento, hay que hacer algo!

 ― Bueno dale, cuentas conmigo para ello… Es que el problema está tan acumulado, que hasta los clásicos debemos releerlos y ampliar su visión, que es demasiado mecanicista, colonialista, economicista y simplista. El hombre es más complejo. Hoy leo a Lacan y Freud, y mi tesis de que al hombre no lo mueve la necesidad sino el deseo… se confirma con su teoría. De ser así, el socialismo, cuya premisa es la planificación de la producción para la satisfacción de las necesidades, niega la condición natural del hombre, porque ¡el hombre! ―dijo Ugarte levantando un poco la voz― el actúa por pulsión y no por instinto, una pulsión que está acotada por la ley del deseo, el cual satisface sólo a través la acción… pero una acción que nunca alcanza su fin, pues este se desplaza constantemente en nuevos significantes.

Ugarte lucía inspirado. Después de quitarse los lentes, se los colocó de nuevo y continuó:

― De hecho, de seguro que Google, Facebook y Twitter están manejados por estas familias a través de los tanques de pensamiento que están detrás de los inversionistas de capital que financian estas iniciativas, que son empresas y no fundaciones sin fines de lucro.

― Los factores subjetivos, la sexualidad, la imaginación, estoy de acuerdo contigo, en este trabajo que te comento se afirma precisamente eso, que Facebook y Twitter fueron creados porque el internet se estaba convirtiendo en una herramienta peligrosa para sus intereses ―dijo Arsenio recordando de nuevo la investigación―.

 ― Yo pienso que aún cuando lo méritos de la revolución cubana son innegables, su situación de bloqueo les ha facilitado el grado de consciencia que tienen, pues cuando están en un terreno sin bloqueo, aquí por ejemplo, su comportamiento es de una búsqueda insaciable de consumo.

― Completamente de acuerdo.

 ― Siendo así, esa revolución está gravemente amenazada, nosotros debemos aprender de ella y tomar nuestra previsiones; probablemente, te digo, debemos tomar el testigo.

― Una vez conversé sobre eso con un amigo cubano. Le dije que desde la perspectiva de la diplomacia internacional, de la lucha política, a Cuba le convenía condenar el bloqueo, pero que en su fuero interno, los cubanos sabían que ha sido ese gran desafío el que les ha permitido hacer cosas inimaginables, aunque el bloqueo sea también la causa de muchas de sus limitaciones.

― Pero es que fíjate, cuando se lee el discurso de Raúl en el recién finalizado Congreso del PCC, está claro que se preparan para una apertura tratando de conservar los principales logros de la revolución, pero sin saber muy bien a donde van…

 ― Bueno, nadie duda de que es una apuesta peligrosa, me parece. Hace poco recordaba el discurso de Fidel en Argentina antes de que le diera la cuestión por la que lo operaron, donde este recordaba que en Cuba no había publicidad, y que eso se relacionaba íntimamente con la ética revolucionaria alcanzada.

El camarada Arsenio también parecía inspirarse y recomendó un libro:

― El libro de Fernando Martínez Heredia, El ejercicio del pensar, es elocuente en relación a los actuales desafíos de Cuba.

 ― Yo aprendería de publicidad y mercadeo, de psicología; desarrollaría la investigación y el desarrollo en estas áreas, para problemas complejos, así daría respuesta en el mismo terreno. No pondría tanto énfasis en la tecnología que nos atomiza y nos hace más dependientes... Ahí está, lanzamos el satélite y metimos a Televén, Venevisión, TNT, ESPN, TCM… Na guara de soberanos! Ya verás que Igual va a pasar con la Televisión Digital…

― Aquí hay aun mucha ingenuidad, mucha vulgaridad a la hora de tratar estos temas ―Agregó Arsenio adoptando un gesto como desesperanzado―.

― Ni hablar de Twitter, pareciera que trabajáramos para el imperio.

― Somos demasiado discípulos de la tecnología.

 ― Es el inmediatismo, padecemos de cortedad de visión y a lo mejor tenemos aún una mentalidad colonial.
― Y eso tiene también su explicación. Nuestro estilo de vida, o el estilo de vida que aquí se nos impuso, el consuetudinario consumismo inoculado, la vida sensualista, jodedora, despreocupada…

― Ahí oigo al profesor con una Misión del Adulto mayor, pero que en nada cambia la valoración del trabajo… populismo peligroso…

― Toda una felicidad

― Al presidente yo le digo profesor

― Ta bien eso… Por eso es que las encuestas hablan de lo felices que somos. Y bueh, si, desde hace un tiempo estamos observando espectáculos preelectorales.

 ― La pregunta que yo me hago siempre es ¿Qué libros estará leyendo? y ¿Quien lo estará asesorando? Si seguimos así nuestro futuro es predecible…

― Los mismos que supuestamente le irradiaron el cáncer.

― Los recursos no dan, todos entran al mercado monetario, que con su voracidad va haciendo del dinero agua, con una inflación insostenible.

― Yo creo que hay grandes poderes fácticos que han logrado impedir aquí muchas cosas.

― Nada ha sido sacado de la lógica del mercado, la salud una verdadera contradicción, los salarios, los productos, incluyendo la Ley de Costos y Precios Justos… nos va a salir el tiro por la culata.

― No sé si tu percibes la restauración conservadora que estamos viviendo. Yo creo que si no nos han invadido es porque están implosionando esta vaina y con relativo éxito.

― A veces pienso que es una consecuencia de la madurez que aun no tenemos, incluyendo la renta petrolera y todo lo que esto conlleva… Siendo así, insisto aterrizar, desarrollar capacidades, para poder, y transformar en los ámbitos posibles… Formarse, investigar, dejar de ser ingenuo e idealista, y no hablo de pragmatismo, pero sí de dosificar un poco los ideales…

Respondiendo a lo dicho antes por Arsenio, Ugarte añadió:

O puede que estemos involucionando… Pero es histórico… ¿Cuantas evoluciones ha habido en el mundo?
― Es así… yo creo que hay que desarrollar un idealismo sin ingenuidad.

― Como dice Gramsci, necesitamos condiciones objetivas. Hagámoslas, sin mucho ruido.

 ― Si, las condiciones objetivas, y sin olvidar las subjetivas.

―Así, subjetivas y objetivas... Me dio una pena ajena la misión de ayer Niños de Venezuela, donde se le censaba a una niña de 13 años embarazada... Donde están los ministerios y la revolución si el embarazo precoz esta vivito y coleando… Mire compatriota, muy grata la conversa, pero ya los informantes se deben estar angustiando, van a creer que tenemos algo montado. Reunámonos próximamente con los otros amigos que me dijiste para seguir avanzando en la medida de nuestras posibilidades ―Dijo el Compa Ugarte en tono jocoso, chocando su puño cerrado con el Camarada Arsenio, al tiempo que se levantaba de la silla―.

―Seguro camara, no se pierda, estaremos en contacto.


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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Rafael Correa y la “libertad de expresión” subsumida por la libertad de empresa, es decir, pervertida por el capitalismo

“La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten. Si un ciudadano tuviera derecho a hacer lo que éstas prohíben, ya no sería libertad, pues cualquier otro tendría el mismo derecho”
Montesquieu.

 “No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad” George Bernard Shaw.

Rafael Correa en la Cumbre de la Celac
Rafael Correa, líder de la Revolución ciudadana en Ecuador, miembro de la alianza bolivariana, en su intervención en la Cumbre de la Celac denunció con las palabras precisas el actual estado pervertido del campo de la comunicación; a la canalla mediática que, tal como ocurrió aquí y sigue ocurriendo con Chávez, lo ha venido atacando de la manera más visceral y descarada. El presidente ecuatoriano, como complemento a una exposición que no tuvo desperdicio alguno, presentó dos videos que demuestran el grado de depravación de unas empresas mediáticas que, en nombre de la “libertad de expresión”, pasan por encima de toda ética y toda ley. Destacó Correa, que tal situación es de carácter planetario, y que la efectiva integración de Latinoamérica y el Caribe pasa por ganar esta batalla frente a las corporaciones mediáticas, que como sabemos hacen estragos en cada uno de los países de la región.

 En Venezuela, dos hechos históricos recientes, aunados a la intensidad de la lucha política de los últimos años, nos permitieron adquirir una privilegiada conciencia sobre un tema que nos ha llevado muchas veces a concluir que no será posible el socialismo, ni aún una transformación política profunda, sin una transformación de este campo tan determinante para la vida social de cualquier país. Uno de ellos fue el golpe de Estado de 2002, que como sabemos fue en una medida importante, mediático. Aquel nefando día, todos fuimos testigos de cómo se quiso engañar a venezolanos y extranjeros con la toma que desde un edificio cercano al Puente Llaguno, hacía la cámara de uno de los cuatro canales que en aquel entonces trabajaba ferozmente para sacar el presidente Chávez de Miraflores. Afortunadamente, esa no era la única cámara que en los alrededores del Llaguno captaba imágenes de una realidad que, como vimos, no era ni tan confusa ni tan obvia como se quiso postular.



El otro hecho de importancia alrededor del cual surgió un enriquecedor debate sobre el tema de los “medios de comunicación”, fue el fin de la concesión al canal Rctv, el 27 de mayo de 2007. Las semanas previas y las posteriores. Como todos recordarán, los dueños de esa empresa, sus trabajadores y las empresas de información afines convertidos en auténticos partidos políticos comunicacionales, un novedoso grupo de estudiantes (manos blancas) captados y manipulados por los artífices de las revoluciones de colores, se movilizaron frente a un hecho que fue definido por ellos como el “cierre” antidemocrático de un canal cuyo único pecado había sido defender la “libertad de expresión”. Tal acontecimiento también movilizó a los estudiantes bolivarianos y a la sociedad civil popular que, el 27 de mayo a las doce de la noche, desde los espacios del Teresa Carreño y en sus adyacencias, donde se dispuso una pantalla gigante, recibieron como quien recibe al año nuevo, a la señal de la Televisora Venezolana Social Tves. A pesar de que hoy en día, muchas veces por la fuerza de la costumbre, les siguen diciendo “medios de comunicación” a este conglomerado de radios, periódicos, webs y televisoras que lo que son ―y siempre han sido― es empresas puras y duras, empresas de difusión de informaciones, pero empresas al fin, negocios, entes privados en busca de reproducción de capital, ha sido apreciable la conciencia adquirida sobre el tema.

En esa oportunidad nos dimos cuenta de esa suerte de hándicap crítico que padecíamos como sector revolucionario, nos dimos cuenta de cuan subjetivados estábamos en lo referente a este tema de los “medios de comunicación”. Recuerdo que los tópicos centrales que se debatieron giraron en torno a la “libertad de pensamiento y expresión”, el derecho a la información, la democracia, el poder, el capitalismo, la cuestión de la hegemonía, el significado de la comunicación alternativa, la estética y los métodos que debían usarse en la nueva forma de comunicar, entre otros debates hoy abiertos aún. La subjetivación, esta manera de entender el hecho mediático consolidado por la costumbre, donde la consigna del periodismo oportuno y veraz, la objetividad y la inmediatez, se consideraban prácticamente incuestionables, gente como Fernando Buen Abad, se preguntaba en un foro realizado meses antes de que se anunciara el fin de la concesión a Rctv, si ya teníamos preparada una parrilla de programación, una agenda, unas palabras, una estética y un discurso realmente alternativos a lo que teníamos. Los primeros meses de Tves justificaron las inquietudes de Buen Abad.

Es así, como las palabras de Correa en su intervención durante la histórica Celac, nos recuerdan que las oligarquías, descontroladas por la angustia que sienten por la primavera política que vive la región y la potencialmente devastadora crisis del capitalismo, se comportan de manera muy similar cuando a su desesperación se suma el poder que tienen de nombrar, de definir y difundir visiones de la realidad, en virtud de su dominio sobre los medios de producción de sentidos y de información. En este sentido, dejo en lo sucesivo algunas citas de escritos anteriores en los que plasmé algunas ideas sobre el tema mediático, y que me parece pertinente recordar. Cada fragmento estará encabezado por el título que en su oportunidad llevó el artículo. En el último, consideré pertinente reproducir el artículo íntegro. Asimismo, al final de cada cita, el lector podrá encontrar el enlace que remite al escrito completo, tal como fue publicado originalmente, por lo general en el portal aporrea.org.
 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Héctor Mujica y el "capitalismo popular"

Héctor Mujica
Del recientemente desempolvado “Capitalismo popular”, hemos dicho que es un descarado oxímoron; que es expresión de lo que Britto García llamó Neolingua en uno de sus artículos más actuales: todo un “genocidio humanitario”; un artificio volteador del lenguaje que va más allá del eufemismo y lo políticamente correcto; una vieja mentira enarbolada por Margaret Thatcher en momentos en que esta señora decía que “No existe la sociedad”, porque además  “No hay alternativa”. Era la época de la imposición del neoliberalismo. También afirmamos que era una inviabilidad racional y un irrespeto a la inteligencia de los venezolanos; una secuela de la más burda demagogia cuartarrepublicana pues. Tal propuesta produjo indignación y hasta hilaridad.

Pero resulta que el “capitalismo popular” es también una vieja fórmula psicológica, tal como lo recuerda Héctor Mujica en su libro, cuya primera edición data de 1967, El imperio de la noticia, recientemente reeditado por la Agencia Venezolana de Noticias.

El capitulo séptimo de esta insoslayable y vigente obra, se llama “La información económica y financiera”. En términos generales, en esta parte del trabajo se destaca la creciente importancia que para la época vienen tomando los reportajes y trabajos especiales relacionados con las vicisitudes del desempeño económico de los diversos países del orbe. Si bien Mujica abre fuegos afirmando que este tipo de información se ha convertido en una “moda”, hecho relacionado por demás con la incipiente ofensiva de la llamada globalización neoliberal, más adelante establece cuatro tipos de público al que van dirigidos los datos financieros:

1) Medios de negocios
2) A los cuadros de la actividad económica
3) Información del personal
4) Información al consumidor

De estos públicos nos interesa destacar, como bien lo sabe el lector, la información económica dirigida a los consumidores, a la gente, a los pueblos. Dice Mujica que en ese proceso llamado desarrollo económico no operan únicamente los factores “propiamente técnicos” y las decisiones de Estado, de los dirigentes. Intervienen también elementos “secundarios” que parecen cobrar cada vez la mayor importancia. Quiere decir Mujica que hay que atender no sólo a los factores objetivos del proceso económico, sino también y más aún a los factores subjetivos. Los factores psico-sociales, las costumbres, los valores y creencias, la “sociología del gusto” (Giss XXI).

Como ejemplo, cuenta Mujica que en 1965, el diario Pravda publicó una crítica hecha por una de sus lectoras soviéticas, en relación a un hecho al parecer insignificante. La mujer había comprado unas medias en un CUM (Almacenes Universales del Estado) y se le había roto al día siguiente. Además, en la misiva la mujer se explayaba en detalles sobre la mala calidad del producto, ensayando a partir de ahí comparaciones con la producción occidental, considerando además del precio y la calidad, el elemento estético. Esta publicación dio lugar a otras del mismo tono, lo que provocó una investigación del partido que dio a conocer que había en Moscú, dos telares que databan de la época del primer Plan Quinquenal (1927), entre otras situaciones relacionadas.

En este episodio se basa Mujica, para destacar la importancia que tienen las actitudes y reacciones del “consumidor” para el desarrollo económico armónico y sostenido. De ahí que el autor afirme, refiriéndose al sistema soviético, que “En general, todos los pueblos están dispuestos al sacrificio, pero no a la ignorancia de su sacrificio”. En países que impulsan proyectos de industrialización más o menos acelerada, conviene implementar, como refiere Mujica sucedía en los países socialistas, una política que a la construcción se unan los procesos de educación e información de manera constante y simultánea. Leyendo entre líneas, Mujica está elevando a primer orden lo que conocemos como política comunicacional.

Es en este punto donde entra a escena el “capitalismo popular”. La importancia de este proceso comunicativo  Estado-Sociedad, donde el libre flujo de la crítica seria y comprometida es capaz de impulsar y mejorar la ejecución las políticas públicas orientadas al bienestar general de la población, en los países altamente industrializados, como Estados Unidos, se traduce en “fórmulas psicológicas como el llamado capitalismo popular”, elaborada por los think thanks publicitarios “para aliviar la creciente tensión por el formidable enriquecimiento de unos pocos y las malas condiciones de vida de grandes sectores de la población, así como la tendencia interna a mirar hacia el exterior, hacia el mundo socialista” (Mujica, 2010). Salta a la vista, la importancia que tiene la información fidedigna y pertinente, no sólo para evitar los focos de perturbación, sino para garantizar el éxito de los planes y proyectos orientados a la emancipación y la transformación social.

De tal manera que lo del “capitalismo popular”, como mero discurso, si bien fue empleado por Thatcher en los ochenta, ya iniciada la imposición del neoliberalismo en el mundo, fue empleado también por los gringos en los años sesenta como “fórmula psicológica”, lo que es decir como artificio del lenguaje, como sutileza lingüística, para engañar a los “loosers” del sistema en un contexto donde llegaba a su fin el modelo keynesiano de posguerra.

Finalmente, traer ese discurso a nuestro actual contexto no resulta menos de exótico y funambulesco, reflejando el lado derecho de una dependencia cultural que condena, a ese lado derecho, al fracaso político.

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sábado, 12 de noviembre de 2011

Calle 13 en Las Vegas, Dudamel y los zapatos de Chávez

Los Calle 13
Hemos vivido en una época de simplificaciones, simplismos y mutilaciones de la realidad. Muchas veces la ideología al uso, consolidada con el paso de los años, el imperio de la moda, la ausencia de crítica y nuestros consuetudinarios problemas educativos y culturales, configuran una “visión del mundo” que hace cuesta arriba la comprensión de una realidad compleja. En un contexto como el nuestro, de cambio social, de pretensiones de ruptura radical con el sistema imperante en el marco de las propias reglas de ese sistema, las contradicciones puede que no sean sólo comprensibles, sino hasta naturales.

Es verdad que algunas no se justifican, y que reflejan una realidad subyacente, incólume, impoluta, intocada; hay otras que ni siquiera pueden llamarse contradicciones o que sólo lo son en una primera mirada. Por otra parte, hay situaciones que son harto comprensibles pero no por eso aceptables. En los últimos años, la campaña en la red que ha pretendido poner de manifiesto las “contradicciones” del postulado antiimperialismo de los que nos identificamos con el proceso bolivariano, ha sido incisiva y permanente, y me parece que nunca ha recibido una respuesta adecuada orientada a clarificar, por ejemplo, que las personas que usan teléfonos móviles Blackberry y apoyan a Chávez, no necesariamente están hundidas en un pozo de contradicción, aunque sea verdad que haya otros equipos con las mismas funciones e igualmente bonitos y hasta más baratos.

Otro sí, eso puede ser un indicador de que, efectiva y evidentemente ―escandalosamente―, aún nos queda mucho sendero por recorrer en el propósito de, como esgrime el lema ecológico, cambiar el sistema y no el clima; sobre todo porque a muchos como que nos gusta el mostrico. Oscar Varsavsky, quien trabajó en el venezolano Cendes y que fue un crítico de la dependencia cultural y científica de nuestros países nuestramericanos, afirmó que la modernidad capitalista había logrado producir una técnica, que devino en “fuerza física irrebatible”, que nos colocaba en la situación de no poder renunciar, por ejemplo, a las armas hechas por occidente para usarlas en la lucha por la liberación. Varsavsky decía que si un país Africano decidía antiimperialistamente renunciar a las armas hechas en occidente para defenderse, estaría condenado al colonialismo. Suena sensato. Hoy podríamos aplicar dicho ejemplo no solo a las armas de fuego sino a las armas de todo tipo, como por ejemplo las comunicacionales.



En tal sentido, conviene destacar que no renunciar a las armas no significa que debemos ser promotores de la guerra. La fórmula la ha dado la Revolución bolivariana: pacífica pero armada. Las armas, y la disposición privilegiada de ellas por parte de un sector de la sociedad, asociada a la necesidad originaria de garantizar un mínimo de orden que haga posible la vida social, han sido inherentes a la historia social, a la historia humana. Me parece que la clave está en poder hacer la distinción. Porque, ciertamente, ser antisionista o condenar los ataques del Estado de Israel a los palestinos, no significa en lo absoluto ser antisemita, como ser antiimperialista en referencia a los EEUU, no significa rechazar al pueblo norteamericano, así como no significa condenar “todo lo gringo”, verbigracia muchas de las producciones culturales que han nacido en su seno, como el Jazz, el Blues, Whitman o la música Rock. De ahí que sea algo equivocado aunque ciertamente llamativo, ver una contradicción en un militante que, revolucionario de corazón, es admirador de Michael Jackson. Sin embargo, otra cosa sería si ese militante termina amando o admirando, a través de Michael Jackson, los helicópteros Apache, los F-22 y la ciencia Wasp.

Lo he dicho en otras oportunidades. Una cosa es querer un carro porque lo necesito y porque el transporte público no sirve y toda la gama de razones que se puedan plantear, y otra bastante diferente querer el carro como si el motor albergara la potencia sexual y los cauchos la dignidad personal. Sean sólo aparentes y comprensibles o cínicas y escandalosas, nadie está absuelto de la contradicción. De ahí que sea importante siempre, de cara a dar el ejemplo, ser coherentes con nuestro discurso y poder explicar con sensatez, ingenio y creatividad las contradicciones que saltan por todos lados. Más aún, con tanta gente portadora del famoso revolucionómetro, una auténtica “maravilla” capaz de armarse y desarmarse con los contextos.

Cuando vi a Calle 13 en Las Vegas junto a Dudamel, mi primera impresión fue de vaya que interesante esta mezcla, propia de la riqueza y creatividad infinita que nos caracteriza. Calle 13, contestatario, ingenioso, poético y combativo, lanzando su verso popular junto a la Sinfónica Simón Bolívar, fenómeno venezolano dirigido por el prodigio Dudamel, en una audaz reunión materializada en un escenario que celebra al mainstream de la música latina, es decir, lo más comercial, empaquetado y simpático, lo que vende y enamora, lo que dirige, lo que se oye, lo que entra en los tops. El Grammy Latino en algún momento se erigió en máxima distinción de la música latina, y entregar ese premio en una ciudad que representa lo que representa Las Vegas daría lugar a muchas críticas bien fundadas, pero que Calle 13 haya arrasado en los premios no deja de ser llamativo y ciertamente encomiable. De todo lo que tal hecho podría simbolizar, habría que pensar si calle 13 en Las Vegas no expresa el reciclaje de lo contestatario, la asimilación de la protesta convertida en medio de la tramoya de los escenarios, en un exótico producto que vende bien. Sin embargo, si vemos aquí la clásica tensión entre el artista crítico antisistema y la gran industria de la música, creo no exagerar al afirmar que aquí la ventaja la obtuvo el primero y con cierta impunidad.

Finalmente, no es contradicción, en nuestro país importador y con los rasgos planteados en el primer párrafo, que Chávez use zapatos marca Nike cuando sale a trotar, así como no lo es que Fidel use monos marca Adidas. Al ser preguntado por Atilio Borón sobre si usar la marca no contradecía la revolución, Fidel respondió que él también era víctima del imperio. Más que una contradicción, incurrir en “la falta” sería más una especie de tupé, un mal necesario pero cómodo.

Siempre que se tenga conciencia, no parece pecado el uso y consumo de ciertos productos, siempre que lo que se esté considerando sea el valor de uso y no el valor de cambio y o el valor simbólico, lo cual supondría un proceso previo de alienación. La Coca Cola, por ejemplo, no sirve ni para quitar la sed.

De tal manera, que a pesar del toque de Calle 13 y  Dudamel juntos en Las Vegas, en esa meca del consumismo y el derroche, nadie les puede quitar lo bailao, aunque, como muchos seguramente han imaginado, lo mejor sería tener nuestros propios premios a la música latina.
Esto da para más, seguro que sí…


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martes, 8 de noviembre de 2011

Dussel, Laclau y el Gran Polo Patriótico

Enrique Dussel
Al feminista que no es socialista le falta estrategia, al socialista que no es feminista le falta amplitud

El Gran polo patriótico, podría definirse como el necesario espacio de confluencia y articulación de todas las organizaciones políticas y movimientos sociales que apoyan al gobierno bolivariano, conscientes de que la continuidad del proyecto político enrumbado hacia el socialismo depende de la reelección del comandante Hugo Chávez. Sin embargo, cuando recordamos lo que costó aglutinar a los varios partidos políticos identificados con el proceso bolivariano en el Psuv, y sobre todo al observar como evolucionó la configuración de los partidos, nos damos cuenta de la magnitud del desafío que significa aglutinar en una sola gran organización, a partidos y movimientos.

La diferencia fundamental entre ambas formas de organización sociopolítica, viene dada por la lógica de la lucha, donde en el partido está centrada en alcanzar el poder, lo que es decir en ganar elecciones, y en el movimiento social está centrada en la lucha por una reivindicación particular, por ejemplo la lucha de los campesinos por la tierra, la de las feministas contra la discriminación de género, o la del movimiento de pobladores por una vivienda digna y popular. Una visión simplista, plantearía que los movimientos sociales deben “acompañar” al partido político, quien a fin de cuentas es el que dispone de la maquinaria que gana las elecciones, y que argumentar la importancia de los movimientos sociales o equipararlos al gran partido equivale a fragmentar la lucha en la medida que son movimientos diversos con diversas banderas de lucha, lo cual resultaría suicida de cara a cualquier evento electoral.

Sobre este importante aspecto de la conformación del GPP, la tesis 11 del libro 20 tesis de política, de Enrique Dussel, hace un aporte que conviene tomar en cuenta.

Si seguimos la idea planteada arriba en el epígrafe, tendríamos la fórmula para la conformación del GPP. Una feminista puede tener serias diferencias con la estructura organizativa del gran partido político, y podría albergar diferencias que la inducirían a cometer el error de absolutizar su lucha, una lucha que es una reivindicación particular frente a la pragmática partidista de sumar votos para alcanzar una posición de poder que permitiría avanzar hacia un socialismo que, como debe estar lejos de las experiencias del “socialismo real”, se encuentra en discusión, en construcción. Por su parte, el militante del partido, que puede definirse como marxista crítico, bolivariano o humanista, puede considerar legítima la lucha feminista, siempre que no sea, por supuesto, machista. Pero incluso no siendo machista (y el machista puede ser hombre o mujer), podría, de la manera más natural, considerar la reivindicación de la mujer como algo que se logrará al arribar al socialismo, y para eso es necesario que la feminista forme parte de la maquinaria y mas nada.

Ernesto Laclau
Es así como la situación que se presenta es una tensión entre lo que Ernesto Laclau denomina la lógica de la diferencia y la lógica de la equivalencia. Surge acá un problema político, o más bien un desafío, político, cuando se advierte que hay tantos movimientos como reivindicaciones particulares, “diferenciales”, que en un principio parecen oponerse. Dussel se pregunta en la onceava tesis “¿Cómo puede pasarse de una reivindicación particular a una reivindicación hegemónica que pueda unificar a todos los movimientos sociales de un país en un momento dado? Es toda la cuestión del pasaje de particularidades diferenciales a una universalidad que las englobe” (Dussel, 2008). En esta parte de su explicación, el autor cita la obra La razón populista, de Ernesto Laclau, donde este explica con detalle cómo se realiza ese tránsito hacia lo que Dussel llama el “unívoco equivalencial”, y que da cuenta del proceso en el que las “demandas democráticas”, aisladas, particulares, se transforman en “demandas populares”, articuladas hegemónicamente a partir de la lógica de la equivalencia.

De tal manera, se hace necesario encontrar las equivalencias a través de un arduo proceso político de intercambio y discusión. Laclau, en el capítulo de la obra citada “La construcción del pueblo”, parece definir al Gran Polo Patriótico cuando establece las tres dimensiones estructurales de ese tránsito hacia lo que nosotros podemos llamar “Hegemonía popular revolucionaria”:

- La unificación de una pluralidad de demandas en una cadena equivalencial;

- La constitución de una frontera que divide a la sociedad en dos campos;

- La consolidación de la cadena equivalencial mediante la construcción de una identidad popular que es cualitativamente algo más que la simple suma de los lazos equivalenciales.

La Plebs, el Populus, el pueblo
La tesis 11 de Dussel constituye así, un diálogo con la mencionada obra de Ernesto Laclau, aunque en su planteamiento de la conformación del “hegemón analógico” ―otra forma de mencionar al GPP― añada también la propuesta de Boaventura de Sousa Santos, quien piensa sobre el tema de la unificación de los movimientos, que cada reivindicación debe entrar en un proceso de diálogo y de traducción, con el objeto de lograr un entendimiento que sin embargo nunca llega a ser el de una universalidad englobante. Dice Dussel que un ejemplo de demanda universal y universalizante de las demandas particulares, fue “la libertad”, en el marco de la lucha por la emancipación de España en 1810. La “libertad”, en ese contexto cobró una primacía indiscutible que tuvo la capacidad de unificar a todos los grupos del “bloque patriótico” latinoamericano.

Si en 1810 existía esa demanda universal de “libertad”, de lucha contra la monarquía (poder de uno) y los privilegios aristocráticos (nobleza de sangre) 200 años después, diría que existen demandas más apremiantes y con igual o mayor poder aglutinador: la demanda de liberación de las distintas opresiones inherentes a la modernidad capitalista de los 500 años, donde la mujer feminista toma conciencia de que si esta es afrodescendiente o indígena, obrera o de diferente orientación sexual, sufre mayor discriminación aún. Surgen así las analogías, las equivalencias entre los distintos movimientos que se reconocen antagónicos de un enemigo común, y que son agrupados por una “expresión simbólica positiva” (Laclau, 2005), que ya ustedes saben quién es.

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