Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

sábado, 22 de febrero de 2014

Rubén Blades, o estás mal informado o no te gusta Maduro


El pasado 18 de febrero, el compositor y cantante panameño Rubén Blades, conocido por ser el creador de varias de las canciones de salsa más idolatradas y bailadas por los venezolanos, publicó en su sitio web un texto motivado por los lamentables hechos de violencia suscitados en el país desde principios de mes. Destrucción y muerte, acotemos de entrada, suscitada por sectores de la ultraderecha del país, lo es decir, Blades, por sectores dela oposición.

No tuve conocimiento de la opinión sobre la situación política venezolana emitida por el popular cantante hasta escuchar al presidente Maduro responderle, definitivamente con buen tono, recordándole que conocía todas sus canciones, que se estaba haciendo eco de la campaña mediática internacional contra Venezuela y reiterándole que, quien gobernaba el país, era ese “Pablo pueblo” de una de sus más conocidas canciones. Como estamos en momentos de farsas y reediciones de otros hechos que vivió el país en su historia reciente, no pude menos que recordar a personajes como Fito Páez, Alejandro Sanz o Joan Manuel Serrat, conocidos artistas quienes hace más o menos 7 años enfilaron sus baterías contra el Comandante Chávez y la Revolución bolivariana, como producto de la desinformación y de tristes confusiones espacio-temporales.

Debo decir, que la respuesta que publicó Blades en su web en respuesta al presidente Maduro quedó mucho mejor planteada y redactada que su escrito del 18-F, en el sentido de que es un texto que, manteniendo el tono crítico, se presenta más respetuoso y elaborado. Sin embargo, dicha respuesta es una mezcla de verdades y mentiras, cuando no un compendio bien planteado de medias verdades y “Falsos lugares comunes” que sobre la Revolución se han construido en los discursos mediáticos de la “Contra” en los últimos años. Sobre esto, comentaremos en una próxima entrega.

En lo personal, y me parece que muchos convendrán conmigo, creo en la idea de que no es lo mismo escuchar a la cantante Rihanna ―la morena que acompaña a Shakira en su último “éxito”― o a la diva Cher opinando sobre nuestro país, que leer lo que dice un Rubén Blades sobre lo que ocurre en nuestro país. Básica y elementalmente por su carácter latinoamericano, panameño; grancolombiano, diría uno. Uno podría pensar de que Blades está mejor informado que Rihanna. Sin embargo, aunque no sé lo que dijeron aquellas divas, Blades está en gran medida equivocado, como ya muchos se empiezan a dar cuenta. ¿Y no será su equivocación una expresión más moderada y elegante ―ilustrada― de la insania y odio brutales que ha expresado en varias oportunidades su viejo colega Willie Colón?

Tan equivocado estuvo Blades en ese texto del 18F, que solo un párrafo de esas dos cuartillas parece merecer la salvación. Para no extendernos, nos limitaremos a comentar críticamente algunas afirmaciones que Blades hace en su texto. Empecemos diciendo que la idea de la mentada “polarización” está en la base de lo que dice Blades durante todo su escrito. No obstante, desde el primer párrafo dice:


En los momentos de mayor intensidad de la lucha política entre la oposición golpista y la Revolución dirigida por el Comandante Chávez, pero solo en esos momentos, esa afirmación pudo haber tenido algo de cierto. Y con todo y eso, si hubo una actitud que desde sectores del chavismo se repitió mucho en algunos momentos delicados, fue precisamente la transigencia de Chávez, sus llamados constantes a la oposición al diálogo y al trabajo conjunto, llamados que cuando no fueron ignorados o respondidos con más golpismo y conspiración, fueron interpretados como “debilidad” por parte de la oposición más aventurera. Blades tendría que empezar por conocer mejor lo que fue la historia de la Revolución con Chávez para entender lo que hoy ocurre con Maduro.

En el segundo párrafo, dice:


Bueno, hoy el mundo entero reconoce no solamente lo que la Revolución bolivariana ha servido, no solo al pueblo venezolano de a pie, sino a las clases medias e incluso, a la burguesía importadora, quienes han hecho los negocios con las ganancias más estrambóticas de todo el planeta, y a cuyas empresas de maletín le regalaron 20 mil millones de dólares en el año 2012 a través del Sitme. Pero además, diversos líderes, pueblos del mundo y organismos multilaterales, si han homenajeado y reconocido los logros del proceso bolivariano, no ha sido por no servir al país, sino todo lo contrario. Otrosí, la oposición ha tenido muchas oportunidades para servir a su país, pero han elegido siempre la anti-política, y hoy de nuevo prefirió el camino de la violencia para intentar volver a conducir al país por la senda de la desestabilización y jugar otra vez a entregar el país al imperialismo.

Pero si hay algo insólito aquí, es que para Blades ni la oposición ni el Gobierno tiene el apoyo mayoritario de la población. Aquí, el panameño recuerda al Fito Páez para el que Chávez era un “dictador brutal”. Consciente de su error, en la respuesta a Maduro recuerda que este ganó con un “estrecho margen” y hasta cita los porcentajes. Sin embargo, eso no significa mayoría para el cantante, para quien el país está dividido 50-50. Los sistemas democráticos modernos, y sus sistemas electorales, como este que es de mayoría relativa, funcionan así. Pero además en Venezuela habría que agregar, si alguien viene a decir que las elecciones son la esencia de la democracia, que nadie vota más seguido ni de forma tan masiva como se vota en Venezuela, pero que además esa parte del pueblo opositor participa de forma directa en muchos consejos comunales que son manejados por ellos, y donde las comunidades del más diverso signo político pueden tomar decisiones soberanas para resolver sus problemas.

Blades continúa diciendo: “El gobierno ha fallado monumentalmente en la tarea de la administración pública y ha despilfarrado de manera insólita e irresponsable, un caudal económico único en la América Latina”. Si no existieran hechos concretos expresados en cifras que pueden dar cuenta de los logros trascendentales que ha alcanzado el Gobierno gracias a la gran inversión social de los recursos que según Blades se han despilfarrado de forma “insólita e irresponsable”, el público pudiera pensar que el cantante habla de lo ineficiente que ha sido el Gobierno para superar el lastre histórico del rentismo petrolero. Y sin embargo, si ese fuera el caso, ya se sabe que la diversificación de nuestra economía es precisamente uno de los objetivos hacia el cual se está marchando, con toda la complejidad del asunto. Talvez, todo sea un problema del enfoque neoliberal que, disimulado pero patentemente, tendría Blades sobre la economía, dado que califica de despilfarro la histórica inversión social que ha emancipado a todo un pueblo, pero que además ha contribuido a la emancipación y bienestar de otros pueblos latinoamericanos. Todo esto, ha logrado impulsar enormemente el proceso de integración de la región como política soberana que, entiende, Blades, le ha dado palo parejo al tiburón.

Y si se refiere a la corrupción cuando habla de los “fallos monumentales” de la administración pública, ese es un tema que bien podría restarle apoyo popular al presidente maduro porque, ciertamente, ha habido corrupción. Sin embargo, no solo Maduro le ha declarado la guerra a ese viejo flagelo, sino que existen, Blades, mecanismos democráticos para elegir nuevos gobernantes cuando el pueblo se ha convencido de que tal o cual fuerza política no ha podido resolver tales o cuales problemas. Recordemos oportunamente, que Capriles perdió las elecciones de octubre de 2012 con el Comandante Chávez, luego perdió con Maduro el año pasado y el pasado diciembre, la oposición fue abrumadoramente derrotada en las elecciones municipales. Es decir, Blades, el pueblo ha sido contundente en su elección porque lo han tomado en cuenta y han satisfecho sus demandas. Y cuando digo pueblo, me refiero no solo al pueblo pobre que sin embargo ya no es tan “pablo pueblo”, sino a la gran clase media que fue salvada por el presidente Chávez de la ruina y el acabose, y que es la clase que, me parece, se ha bajado más de la mula para ver tus espectáculos.

Dice Blades, que el Gobierno bolivariano “Intenta consolidarse cambiando leyes y ajustándolas a su argumento ideológico”. Si el cantante se refiere a las leyes habilitantes, debe entender que, por ejemplo, la Ley de Precios Justos, no pretende ajustar la economía a ninguna ideología en particular, sino más bien a las normas del capitalismo estándar de Berlín o Nueva York, donde existen claros y respetados límites a las tasas de ganancia de los empresarios y comerciantes. Y eso, Blades, si es que es esa tu preocupación, está muy lejos del socialismo.

Para ir cerrando, citemos el párrafo que queremos rescatar, a duras penas, del texto de Blades:
No existe ninguna duda de que el Presidente Maduro, como Jefe del Estado venezolano, debe hacerse responsable por la seguridad e integridad física del Sr. Leopoldo López, y de la misma manera, de todos los que en su legítimo derecho político, participen en las protestas. Pero también es necesario que los manifestantes no desaten la violencia. Deben argumentar en forma pacífica; el que tiene la razón no necesita gritar, o pegarle al otro para validar lo que dice”.

Destacamos las últimas líneas porque Blades sabe que las protestas recientes en Venezuela no solo no han sido pacíficas sino que han sido salvajemente violentas. El que tiene la razón no necesita recurrir a la violencia ¡Bravo!, pero entonces ¿Por qué la violencia? ¿Blades sabrá que Táchira fue prácticamente invadida por paramilitares colombianos? Te damos un dato, Blades: la violencia responde a un Golpe de Estado (Suave, continuado, pos-moderno, colorido, o como se quiera llamar) para entregar la Faja Petrolífera Hugo Chávez Frías, la reserva de petróleo más grande del mundo, a la elite globalista anglo-norteamericana.

Finalmente, el cantante se equivoca hasta en la opinión que da sobre el Henrique Capriles, aunque hay que decir que acertó mucho más. En el párrafo que le dedica, dice que “No tiene el carisma ni el planteamiento programático que convenza a la enorme cantidad de escépticos e independientes, sin mencionar al sector popular que lo identifica como heredero de las políticas rapaces de los Adecos y Copeyanos de antaño, descalificándolo como opción”.

Más arriba, comentamos que en su respuesta a Maduro, que no es lo que hemos comentado acá, Blades cita los porcentajes de los resultados electorales, cifras que si supo leer, tenían que decirle mucho más de lo que él interpretó de ellas. En la campaña contra el Comandante Chávez, pero más marcadamente en la campaña contra Maduro, Capriles no solo mejoró su discurso sino que aumentó notablemente su caudal electoral. Blades, debe saber que la guerra mediática criminal que inoculó odio y produjo disociación en un sector de la población venezolana, generó un fenómeno que ha sido bastante contraproducente tanto para la oposición como para el país: la población opositora no ha votado en los últimos años por Manuel Rosales o Henrique Capriles, ha votado contra Chávez, contra la Revolución bolivariana y ahora contra Nicolás Maduro. En un contexto como este, el carisma y el proyecto de país alternativo son debilidades inmensas que sigue teniendo la oposición, pero en general no han sido lo principal, cuando se trata de un opositor que quiere "salir" de Chávez. 

El pasado 14 de abril, quedó demostrado que Capriles pudo sumar una cantidad importante de seguidores, donde se encontraban muy probablemente escépticos, abstencionistas y, como algunos analistas plantearon y peor aún, muchos votantes que le habían quitado su voto a Maduro. Si bien es tema para otra oportunidad, las últimas acciones violentas de la ultraderecha, como expresión de su desespero ante las consecutivas derrotas electorales, constituyen su fracaso definitivo como alternativa política para el país, un hecho que ya “la otra derecha” parece comprender.

Para terminar, podríamos decir que Venezuela se encuentra en una transición pletórica de importantes desafíos económicos, sociales, políticos y de toda índole. Baste decir, que Venezuela quiere industrializarse, en un contexto en el que el país sigue necesitando de una nueva oposición ética, que sea capaz de dialogar con un chavismo que también necesita revisarse y consolidarse como fuerza política aglutinadora de las más diversas fuerzas progresistas, de izquierda, humanistas, de la sociedad venezolana.

La realidad venezolana es compleja, cantante, por eso te invitamos a informarte mejor. Igual, por aquí seguiremos bailando.

@maurogonzag

miércoles, 19 de febrero de 2014

La historia golpista se repite: aquella como tragedia, esta como farsa

La jornada del 18 de febrero, afortunadamente y gracias a la previsión y firmeza del Gobierno, se desarrolló con total normalidad y, lo más importante, de forma pacífica. El líder opositor y responsable de la violencia de los últimos días, Leopoldo López, se ha entregado a las autoridades en una escena propia de quien se quiere victimizar y, no lo dudemos, presentarse como un perseguido político más del rrégimen. Los sucesos del 12 de febrero, van quedando como una tenue sombra que quiso posarse de nuevo sobre la tranquilidad de la República.

Dice Marx, al inicio de El dieciocho brumario de Luis Bonaparte y citando a Hegel, que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. De inmediato, Marx completa la reflexión: “Pero se le olvidó agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa”. Aparte la grandilocuencia y eurocentrismo hegeliano, podemos decir que los hechos socio-políticos históricos ocurren, ciertamente, dos veces: una como documental de la vida real, con toda su carga trágica y hasta romántica, y otra como caricatura mal hecha aspirante a drama, a mediana realización, como remedo de la anterior; como farsa pues.

Así, lo ocurrido el 11 de abril de 2002, un golpe de Estado patronal-mediático que se apoyó en una multitudinaria manifestación de la “sociedad civil” que fue conducida hacia las adyacencias del Palacio de Miraflores, donde fue emboscada por francotiradores, los cuales produjeron 19 muertos y 73 heridos que fueron presentados por los medios-instrumentos de la política reaccionaria como víctimas del Gobierno “autoritario” de Chávez, fue la tragedia; una tragedia que duró sólo 48 horas. Esta vez,  lo que los venezolanos hemos visto en los últimos días no ha sido sino una caricatura de aquellos hechos, una mala comedia que quiso reeditar el guión de aquellos días, pero con sus añadidos de guerra de cuarta generación, la cual recurre a la influencia creciente de las redes sociales para movilizar, esta vez, a los estudiantes de la “sociedad civil”, mezcla de ingenuidad, ociosidad, rebeldía sin causa y sinvergüenzura, a los que luego se le unen mercenarios entrenados y por cierto, bien pagados, para que perpetren acciones vandálicas de violencia.

A pesar de los heridos y los fallecidos del 12 de febrero y los días subsiguientes, estas nuevas acciones desestabilizadoras no dejan de ser una caricatura, una versión farsesca de aquel golpe de Estado que estuvo apoyado por todas las cúpulas podridas de la vieja sociedad, en un contexto donde el Gobierno bolivariano y el Estado en general, no tenían la fortaleza y la unidad que hoy tienen en materia de unidad, cohesión e inteligencia. Sin embargo, algunos elementos del drama persisten en la farsa, tal como lo demuestra el lenguaje que siguen usando algunos medios para referirse a los manifestantes opositores, a quienes denominan “Sociedad civil”, o las campañas mediáticas descaradas que siguen ejecutándose contra el Gobierno, aunque esta vez con el predominio de las redes sociales y las corporaciones mediáticas internacionales.

No lograron su cometido y esta farsa está llegando a su fin, esta vez con la determinación de terminar con la impunidad, rasgo a destacar en este final de la comedia humana del fascismo trasnochado, con el que hoy hasta un Capriles Radonski parece estar en desacuerdo. Sin mebargo, no está demás decirlo: no nos confiemos.

@maurogonzag

lunes, 17 de febrero de 2014

Volvieron a patear la mesa de diálogo, siguen jugando a la antipolítica, después no se quejen

A tan solo cinco días de los hechos de violencia que protagonizaron grupúsculos fascistas infiltrados en la marcha de los estudiantes opositores al Gobierno, nos sumamos a la condena total de las acciones violentas de tufillo golpista que pretenden crear en Venezuela un escenario de ingobernabilidad y desestabilización al estilo Ucrania o, peor aún, un escenario catastrófico de caos y degeneración social tal como ha ocurrido en Siria.

No podemos dejar de hacernos eco de la reflexión hecha por el veterano de la política venezolana, José Vicente Rangel, quien en su espacio televisivo dominical condenó categóricamente los hechos violentos que dejaron como saldo decenas de heridos, cuantiosos daños materiales y tres ciudadanos asesinados. Para Rangel, está claro que hubo una reedición del formato de abril de 2002, y que fue orquestado por los mismos actores. Pero además, no hay duda para el viejo dirigente sobre la responsabilidad de los hechos, frente a la cínica estrategia de opacar y diluir lo que es evidencia indiscutible: declaraciones, las “amenazas de los dirigentes de la aventura”, además de diversidad de imágenes y videos, así lo demuestran.

Estas imágenes, por cierto, no son las que la canalla mediática cómplice y aliada de la ultraderecha fascista venezolana se ha encargado de difundir en el contexto internacional, las cuales fueron manipuladas hasta el punto de presentar imágenes de protestas de Cataluña (Europa), Egipto (África), Ucrania (Europa oriental), Grecia (Sur de Europa), Chile y hasta de Brasil, como "pruebas" de lo que estaba ocurriendo en Venezuela.

No parece comprensible que los variopintos sectores de la oposición se estén dejando arrastrar por las aventuras de quien en el 2002, junto a Henrique Capriles, encabezó la cacería de brujas contra funcionarios del Gobierno, además del asedio a la embajada de Cuba; más aún, después de que el presidente Maduro abriera las puertas de Miraflores a gobernadores y alcaldes de la oposición para interactuar con cada uno de ellos en un diálogo sincero sobre las situaciones y temas de mayor importancia nacional, lo cual constituyó, como lo expresó Ernesto Villegas en reciente artículo, un verdadero hito en la medida en que esa clase política no pisaba Miraflores desde el año 2002.

La oposición ha desechado el diálogo otra vez porque nunca lo han querido, y porque su estrategia en los últimos años ha sido la de la mentira, la anti-política, la de los lineamientos de Leo Strauss llevados a su nivel más desquiciante y oligofrénico. ¿Qué hacer con una oposición golpista que, si bien ha sido perdonada por sus aventuras y reiteradamente invitada a dialogar con el Gobierno de buena Fe, persiste en su locura?

No es interpretación ni retórica ni particular lectura: estamos ante un nuevo pateo de la mesa por parte de la oposición. Pateo de las instituciones democráticas, la paz social y de una estabilidad política que muchos países petroleros quisieran disfrutar. Y si bien la oposición venezolana no es homogénea y hay sectores dentro de ella que al parecer rechazan la violencia, a la fecha existen serias dudas sobre la sinceridad de las tímidas declaraciones que hasta ahora hemos escuchado. Lo que tendría que haber, lo que se debe exigir, es un claro deslinde entre los que optan por la lucha pacífica y democrática  y los que promueven la violencia. En este contexto, como ha dicho José Vicente, toda ambigüedad, aparte de reflejar cobardía o complicidad, es de por sí insostenible e inaceptable.

De tal manera, que aquí todo el mundo debe repudiar la violencia si lo que queremos es una Venezuela de paz y trabajo, de verdadero progreso y bienestar, y no una Siria o una Ucrania latinoamericana.

Editorial PoderenlaRed.com del 17F

El día en que quedó patentado en que lado del espectro se ubica la violencia

Después de 15 años de Revolución bolivariana el pueblo venezolano ha madurado. Sobre todo, ha aprendido de las lecciones del pasado reciente, concretamente de las experiencias de abril de 2002 y de abril de 2013, que le permitieron conocer de cerca lo que es el fascismo.

Los hechos violentos que lamentablemente tuvieron lugar hoy en la ciudad de Caracas y en otras del país (Que no terminan aún) y que dejaron ―de acuerdo a la información ofrecida por el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez― un saldo de al menos dos fallecidos y 23 heridos, han sido condenados por la alta dirigencia del Gobierno Nacional, la cual ha manifestado todo su apoyo a la Fiscal General en el objetivo de imponer la justicia ante el desparpajo y salvajismo de una manifestación que terminó destrozando la fachada de la sede principal de un poder del Estado, quemando cinco unidades del CICPC, destruyendo los espacios adyacentes y, lo más repudiable, acabando con la vida de personas.

Como diversos materiales y testimonios lo han evidenciado, durante la marcha de los “estudiantes” de la oposición, las consignas que se expresaban hablaban de muerte y destrucción, de tumbar a un Gobierno al que califican de autoritario y represor, como ya lo hemos visto y escuchado en otras puntuales ocasiones. De tal manera, no podemos dejar de hacer un llamado a los sectores sensatos de la oposición, e incluso a los que dicen no identificarse con ninguna posición política, dado que el 12 de febrero de 2014 será recordado por la gloria de la juventud patriota bicentenaria, pero también como un día en el que se volvió a evidenciar de qué lado está el despropósito, la violencia, la manipulación, la oscuridad política y el odio.

Entretanto, las redes sociales volvieron a desempeñar un papel central como fuente de información y termómetro de las reacciones de los diversos sectores de la opinión pública. En tal sentido, de la diversidad de reacciones observadas, podemos destacar que existe, por un lado, una imperturbable consciencia capaz de contener la indignación y el deseo de retaliación y justicia popular, para hacer un llamado a no caer en lo que puede considerarse la más grave y frontal provocación que ha recibido el chavismo en los últimos meses. De otro lado, lo que con más facilidad puede colegirse de los análisis en la radio y los mensajes en redes sociales como el twitter, es una determinante exigencia de justicia.

Ahora bien, conviene ubicar los hechos en su contexto. La oposición venezolana se encuentra dividida, y atraviesa una de sus peores crisis como alternativa política unitaria, si es que alguna vez lo han sido. Derrotada electoralmente en ocasiones sucesivas, y con el que ha sido su líder hasta el momento, Henrique Capriles, bajando el tono de su discurso, rindiendo cuentas por primera vez en la Gobernación y reuniéndose con el ministro Rodríguez Torres para coordinar políticas de seguridad, el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, parece haber tomado el testigo para volver por los fueros violentos y golpistas de factura fascista, y proyectarse así internacionalmente como el arrojado líder que se mantiene firme en la lucha contra el rrégimen. Además, se sabe que la estrategia que pretenden implementar es la de la desestabilización al estilo Ucrania, libreto que ya se viene estudiando y denunciando. Venezuela, como Ucrania, no está atravesada de gasoductos y oleoductos, pero ya se sabe que es la principal reserva de petróleo del mundo.

De tal manera, en una situación de debilidad creciente, sobre todo por el terreno que el Gobierno viene ganando en materia económica y de seguridad ciudadana, las acciones violentas de hoy podrían estar dando cuenta de la desesperación y de la crisis de liderazgo de una oposición que ya no tiene argumentos para deslegitimar al Gobierno; ni siquiera para decir que no están siendo convocados al diálogo y la participación en la definición y ejecución de políticas públicas como la Misión A Toda Vida Venezuela o el Plan Patria Segura.

El presidente de la República ya ha fijado posición. Si el Gobierno bolivariano cayó en algún momento en el chantaje según el cual, si el Estado impone su autoridad ante la violencia entonces eso es autoritarismo, conviene que esta vez hile fino en el ejercicio de su autoridad, dado que la estrategia antichavista dura sigue siendo eminentemente mediática. Maduro anunció el lanzamiento el próximo viernes del Plan de Pacificación Nacional. El pueblo pide la interrupción del guión golpista y el cese de la impunidad.

Editorial PoderenlaRed.com del 12F

martes, 4 de febrero de 2014

El país necesitaba enrumbarse definitivamente por un camino mejor


Después del 27 de febrero de 1989 se había hecho más o menos habitual escuchar ráfagas de ametralladora, y los tiroteos se habían hecho tan habituales como las protestas estudiantiles, gremiales, de todo tipo. Los rumores del pueblo arrecho y el sonido de la detonación lacrimógena se habían hecho parte del paisaje cotidiano.

Más de 20 años después, recurriendo a la memoria de la vida, rememorando las sensaciones de aquellos años, puedo decir que la marcha de los acontecimientos se había acelerado, había algo en movimiento. La explosión del 89 había sido sofocada solo en parte. Una llama se había encendido sin poderse apagar. Por eso, los estruendos que nos despertaron la madrugada del 4 de febrero no nos sorprendieron.

En los bloques de Pedro Camejo, en Sarría, concebidos y construidos hacia la mitad del siglo pasado para los militares, no se tenía un buen recuerdo de los primeros días de la “democracia”, porque lo primero que hizo Betancourt fue allanar violentamente cada apartamento en busca de alguna señal de apoyo al dictador Pérez Jiménez, cuando no algún símbolo que hablara de comunismo, ese “demonio” rojo e incomprendido que “por alguna razón” era perseguido con saña por los hombres de armas.

En aquellos días, la democracia había entrado a la pieza con todo su espíritu represor tumbando puertas. Mi abuelo les había dicho que no estaban metidos en política, y que la puerta del baño estaba cerrada porque su señora estaba haciendo sus necesidades, atacada tremendamente por los nervios. Ese 4 de febrero, cuando encendí el televisor, se hablaba de una intentona de golpe, de unos militares alzados. En ese momento, vi al Comandante, hidalgo, gigante, asumiendo la responsabilidad de lo que había sido un movimiento cívico-militar que había querido derrocar al “gocho”, un presidente que se había metido en tremendo peo con el pueblo y hasta con la alta dirigencia de su partido.

Me emocioné. Experimenté algo parecido a lo que siente el rehén que sabe que una operación de rescate se ha puesto en marcha para rescatarlo. Intuí, que esa madrugada muchos habían arriesgado la vida por el país, por la dignidad perdida de un país que era el país de los Libertadores, nada menos que eso. Despuntando el alba me asomé a la ventana y vi a la vecina, expectante, diciendo que había una lucha entre pandillas o una guerra entre policías y malandros, o algo así. De inmediato le di la primicia, recurriendo a la expresión golpe de Estado. Le dije que encendiera el famoso aparato, que nunca pareció ser tan útil como en ese momento.

Esa bizarría de Chávez y sus compañeros nunca la olvidamos. Y 22 años después, cumplida su alta misión, sabemos que aquella acción no fue un atentado contra el orden constitucional, porque este había sido quebrado desde 1989 y el país necesitaba enrumbarse definitivamente por un camino mejor. 

@maurogonzag

viernes, 24 de enero de 2014

Sin capitalismo serio parece que no puede haber socialismo

Cuando el Comandante Chávez hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos, recordándonos que la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista, hizo algo así como “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. Seamos idealistas, pero sin ingenuidades.

Tal dosis de realismo se emparenta con otra reflexión, esta vez de Fidel Castro, en la que el revolucionario afirma o, reconoce, que uno de los mayores errores históricos que cometieron fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Nos parece que el Comandante Fidel, con ese pensamiento quiso enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos por transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Sin embargo, indistintamente de la complejidad que implica la construcción de una nueva sociedad en nuestro mundo contemporáneo, hay una reflexión, esta vez del Che, que no parece haber perdido vigencia: esa nueva sociedad no se construye con las armas melladas del capitalismo.

Decimos que no parece haber perdido vigencia, porque ¿Será posible construir el socialismo desde el mercado, el Estado y la empresa capitalista? El modelo chino pareciera estar señalando ese derrotero. Pero ¿Estaríamos hablando de socialismo, o de una transición a largo plazo de crecimiento y expansión capitalista, que conduciría, dadas las circunstancias, hacia un nuevo modelo de socialismo?

En Venezuela, el año 2013 sirvió no solo para que entendiéramos mejor nuestra economía rentista, predominantemente importadora, sin burguesía productiva, sino también para comprender la estructura de la profunda distorsión económica, si bien podemos llamarla robo descarado, que imperó históricamente en todos los sectores de la economía. Esta distorsión, con todos sus perversos mecanismos materiales y simbólicos generadores de complicidades, y apoyados además en un sistema de creencias funcional ―en el mejor de los casos― se reveló como un formidable obstáculo para el propósito de construir el socialismo.

La guerra económica iniciada por la burguesía a finales de 2012, y que la verdad han practicado siempre las clases dominantes, produjo una movilización histórica del Gobierno bolivariano y las comunidades organizadas que, demostrando una auténtica voluntad política, generó la determinación de combatir y superar el comercio especulativo, propio del rentismo petrolero y de otros factores sociopolíticos, históricos, si recordamos que la renta logró impregnar con su espesa abundancia desde actitudes y comportamientos individuales y sociales, hasta nuestra gastronomía y la forma y tamaño de nuestras casas. Todo lo anterior hizo que nos preguntáramos, a parte los discursos y las utopías, si en Venezuela no era necesario “enseriar” nuestro capitalismo para, a partir de ahí, avanzar hacia cualquier otro objetivo, sea la Luna, Marte, o el socialismo.

Atilio Borón, América latina y el “capitalismo serio”


Evidentemente, cuando el presidente Maduro habla de la necesidad de “sanear nuestra economía”, de superar el rentismo petrolero, de corregir las distorsiones económicas y superar nuestros problemas estructurales, bien definidos por los teóricos de la dependencia, se refiere indudablemente a la necesidad de “enseriar” nuestro capitalismo. Esto quiere decir, por ejemplo, crear las condiciones jurídicas y políticas para ajustar los márgenes de ganancia de nuestra dinámica económica, a niveles normales propios de cualquier capitalismo desarrollado; llevarlos, desde los niveles de bochinche que imperaron históricamente, a niveles “serios”. Definitivamente, nuestro capitalismo es el menos serio de los que hay en el mundo, y puede que sea precisamente por eso que es viable construir un modelo socio-económico distinto, que enriquezca al ser humano y no a la ciega máquina del capital.

Este tema, nos recuerda el análisis sobre geopolítica latinoamericana hecho por el sociólogo argentino Atilio Borón, en el marco del seminario de tres días realizado en el Teatro Teresa Carreño, luego de que se alzara ganador de la última edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico. En esa oportunidad, el escritor hizo una análisis interesante sobre los diversos bloques de países que integran la región, desde una perspectiva político-ideológica:

a) Una revolución consolidada, Cuba
b) Países de centro izquierda: Argentina, Brasil y Uruguay
c) Países bolivarianos: Agrupados en el Alba, los cuales plantean un "reformismo radical"
d) Países de derecha: Agrupados en la Alianza del Pacífico

A partir de esta clasificación, Borón dice que los países bolivarianos se distinguen por dos cosas: se plantean la construcción del socialismo como objetivo político y en ellos se presenta una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado.

De otro lado, en los países de centro-izquierda, se plantea un “capitalismo serio” y la confrontación se da entre los representantes de la clase dominante (No la clase propiamente dicha) y el Estado. Es decir, sería una confrontación más declarativa, más mediática que otra cosa. Recuerdo al autor discurriendo sobre la realidad argentina, en la que la clase dominante está brincando en una pata de lo contenta, aunque de cara a los medios se plantee una “confrontación” con la dirigencia política.

Algo similar ocurre en Brasil. Cuenta el autor de América Latina en la Geopolítica del Imperialismo, que la Asociación Bancaria de Brasil, la que agrupa a la banca más poderosa de ese país, le mandó a hacer a Lula Da Silva una estatua en la plaza de una de sus sedes principales, como homenaje a un presidente que hizo que la banca de su país obtuviera estratosféricas ganancias, como nunca antes en su historia. Ambos ejemplos los coloca el autor para hablar del ya famoso “capitalismo serio”.

De acuerdo a la clasificación, Venezuela se ubica en el grupo de los países bolivarianos, lo cual es indiscutible. Segundo, en nuestro país está planteada la construcción del socialismo, bien, correcto. Ahora bien, ¿Existe una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado? Más frontal que en Argentina y Brasil, bien, pero ¿La banca y la burguesía comercial venezolanas no tendrían razones para mandarle a hacer una estatua a Chávez, por haberles hecho obtener históricas y jugosas ganancias en los últimos años? Es verdad, de otro lado, que esas ganancias las han obtenido en el contexto de un capitalismo parásito, rentista, para nada serio, como ya hemos dicho. Esto impide, por lo que entendemos a Borón, incluir a Venezuela entre los países de Centro-izquierda que promueven el capitalismo toda seriedad.

Así las cosas, parece estar fuera de discusión que Venezuela debe sanear su economía, diversificándola, al tiempo que debe reeducar a una población que consume como las mejores. Queda entonces el debate sobre el socialismo, en un contexto donde la práctica siempre estuvo por delante de la teoría, y donde los ataques y acosos permanentes de los enemigos internos y foráneos de la Revolución bolivariana, mantuvieron siempre el proceso político enfocado en las luchas coyunturales, electorales, políticas, económicas. Pero eso, al fin, parece estar cambiando.

El riesgo, como se podrá intuir, es que la industrialización y la configuración de un capitalismo productivo, con reglas mínimas respetadas por todos los actores, en la auspiciosa vía de la entrada de Venezuela al Mercosur, aleje las metas del nuevo modo de vida socialista, el alto propósito de los países del Alba. En esta vía, los factores mediáticos, educativos, subjetivos, a propósito de la reciente reunión Gobierno-Televisoras, siguen siendo centrales en la construcción de la nueva sociedad.

Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-. lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más fácil, el más susceptible de postergación.

Esto es así en la medida en que nuestro desafío ―así lo indica, por ejemplo, el estado de producción de contenidos audiovisuales en el país, necesario para combatir los anti-valores de la violencia funcionales al capitalismo― expresa la necesidad de continuar liberando el poder creativo que sabemos que tenemos, cualidad necesaria para consolidar los nuevos modos de vida y organización social que comienzan a perfilarse en el país, y que determinarán el desarrollo de la patria en los próximos 100 años.

Conclusión: “enseriar” nuestro capitalismo debe ser nuestra prioridad. Y si una nueva moral y unas nuevas luces iluminan nuestra práctica, el socialismo vendrá por sus propios pasos.

@maurogonzag

martes, 21 de enero de 2014

La filosofía de Leo Strauss, el imperialismo y las guerras mediáticas

Recuerda Walter Graziano en su popular obra Nadie vio Matrix, que son las teorías del filósofo de origen alemán Leo Strauss, las que se erigieron en inspiración y base conceptual de los llamados “neocons” (Neoconservadores) del Partido Republicano estadounidense, y del CFR, el think tank desde el cual la elite globalizadora petrolero-financiera maneja los hilos de los acontecimientos mundiales.

Graziano, recuerda que Strauss emigró a Estados Unidos perseguido por motivos raciales por el Tercer Reich, y que fue muy bien recibido en la conocida Universidad de Chicago, casa de estudios fundada y dirigida por los intereses petroleros, y lugar donde florecieron las teorías monetaristas de Milton Friedman, base del neoliberalismo, y donde además trabajaron los físicos que llevaron a cabo los estudios para el desarrollo de la bomba atómica.

Añade el autor de Hitler ganó la guerra, que Strauss se convirtió en una especie de gurú para los neoconservadores republicanos quienes, después de los atentados del 11/09 en Nueva York, como lo expone Miguel Ángel Contreras en Una Geopolítica del Espíritu, configuraron un escenario discursivo “anclado en una restauración de la teología-política”. Esto implicaba una “filosofía política como retorno”, lo cual no le venía nada mal a los intereses de la elite globalizadora, desde siempre darwinista y malthusiana.

Lo interesante del pasaje del libro de Graziano, es que resume el pensamiento de Strauss, plasmándolo en una premisa básica y tres líneas de acción estratégicas. Agrega el autor, para más señas, que Strauss es un continuador de las tesis de Maquiavelo, cuyas conocidas máximas no le merecieron nunca la más mínima crítica. De tal manera, como esta es la filosofía-ideología de los neoconservadores en Estados Unidos, de los cuales por cierto se pueden encontrar algunos epígonos en la ultraderecha de nuestro país, conviene que nos detengamos en las implicaciones de este pensamiento, una vez aclarada su base filosófica. Empecemos con la premisa básica, según la cual:

Por derecho natural, los fuertes deben gobernar sobre los débiles.

La premisa recuerda a los “esclavos por naturaleza” de Aristóteles, un esencialismo peligroso que evoca la doctrina del “Destino manifiesto”, dotado de una teleología muy aristotélica; las palabras de Ginés de Sepúlveda en el debate con el padre De las Casas con las que pretendió justificar la guerra y exterminio indígena, y las afirmaciones sobre el supuesto “Excepcionalismo” de EE.UU. con las que Obama sugirió, desde la tribuna de la ONU, que su país puede atropellar el derecho internacional cuando sus intereses así lo reclamen.

Por otra parte, las líneas de acción, si bien son manejadas por la elite con fines de dominación mundial, podrían ser también la fuente nutricia del accionar político de personajes más conocidos por nosotros:

1.- La mentira como necesidad: como no existen verdades absolutas, sino solo relativas, es necesario que los gobiernos mientan. Las clases dirigentes, a través de la prensa, deben difundir solo un mínimo indispensable de información veraz. En términos generales, no cabe otra posibilidad que la mentira y el engaño, con el fin de mantener bien cohesionada la fe y el optimismo de las masas en el futuro y en un sistema de valores y creencias. Así, la mentira y el engaño serían las armas para impedir el mínimo brote de escepticismo o nihilismo en los pueblos, lo cual podría conducir al desorden.

- Claramente, esta línea straussiana nos habla del perverso papel que la ideología ―entendida como falsa consciencia o “imagen invertida”― desempeña en las modernas sociedades capitalistas, mediatizadas y en gran medida condicionadas por los “mass media”. Como puede verse, son múltiples las implicaciones de esta “línea”.

- De otro lado, como actitud y comportamiento político, en Venezuela hemos presenciado hasta la saciedad como los personajes más representativos de la ultraderecha venezolana, recurren a la mentira y al engaño de manera sistemática, muchas veces obedeciendo “líneas” de los entusiastas discípulos que dejó señor Strauss.

2.- Al contrario de lo que establece la mayoría de las constituciones democráticas modernas, de carácter laico y que por tanto separan Iglesia y Estado, Strauss pensaba, a la usanza de los neocons estadounidenses con los Bush a la cabeza, que la fe religiosa y las constantes invocaciones a un dios todopoderoso (Bush hijo, incluso, hablaba con Dios) ayudan significativamente a que ese nihilismo y ese escepticismo se mantenga en el mínimo posible. De tal manera, la religión, cualquiera que sea, es una potente arma de dominio, tal como la mentira, para lograr meter en cintura, disciplinar, encolumnar, a las masas tras un líder y tras la clase dominante que, de acuerdo a la premisa básica, debe gobernar una sociedad o país por “derecho natural”.

- Este lineamiento pretendería aprovecharse de la necesidad de trascendencia presente en el alma humana, dándole un uso convenientemente político. Recordemos con Ludovico Silva, que los sacerdotes fueron los “primeros ideólogos”, dotados de autoridad carismática y de conocimiento trascendental. En 15 años de Revolución bolivariana, si hacemos un repaso del papel de la iglesia nos daremos cuenta de cómo su autoridad ―hoy bastante maltratada y socavada― fue utilizada siempre para canalizar intereses políticos criminales y antipopulares. Estaríamos en presencia aquí de un importante factor teológico-político, escolástico-medieval, propio de Strauss, capaz incluso de poner entre paréntesis el supuesto laicismo de nuestras sociedades modernas.

3.- La base de cualquier Estado y de cualquier gobierno es la existencia de un enemigo. Luchar contra un enemigo común sirve para aglutinar y mantener cohesionadas a las masas. Si bien un enemigo externo a un Estado puede aparecer de manera espontánea o imprevisible, según Strauss, y aquellos que siguen y practican su pensamiento, si ese enemigo no aparece, no existe, es necesario crearlo. Si no se puede echar mano de uno, este debe ser fabricado, porque sin la existencia de un enemigo poderoso al acecho se corre el riesgo de que se den las condiciones para que surjan importantes grados de disenso interno, el cual podría poner en cuestión la conducción del Estado y el dominio de un país por la clase “ungida” por derecho natural, es decir, los más fuertes. Lógicamente, en un sistema capitalista, los más fuertes son por lo general los más ricos.

- Una línea aplicable sobre todo a estados territorialmente extensos y culturalmente heterogéneos, ciertamente como Estados Unidos, pero sobre todo a aquellos países de vocación imperialista dirigidos desde las sombras por élites capaces de asesinar presidentes, organizar increíbles auto-atentados y crear enemigos de la nada, incluso sacarlos de entre el viejo grupo de “aliados”.

En resumen, mentir, usar la fe religiosa, y crear enemigos de la nada, nos da un resultado interesante: hegemonía, una situación de dominación-dirección construida en lo esencial por ese conglomerado ideológico-condicionante, hoy en el ojo del huracán en Venezuela: las empresas de información y “entretenimiento” llamadas medios de comunicación.

@maurogonzag

sábado, 18 de enero de 2014

“Un burgués es un personaje infernal, y su moral es la moral de Lucifer”

Si cultura es “el modo de organización de la utilización de los valores de uso”, como afirmó Samir Amin, entonces en una sociedad capitalista, y como tal basada en los valores de cambio, no puede haber otra cosa que Contracultura.

Tal es parte de la tesis de Ludovico Silva en su ensayo Contracultura, del cual extraemos la frase que presentamos hoy para ustedes, con la que el escritor ilustra e interpreta el “satanismo” de Charles Baudelaire, poeta al que considera como “el más puro representante” de lo que ha llamado “Contracultura”. Aquí puede notarse la dialéctica que plantea Ludovico con la categoría: contracultura es lo que impera en la sociedad capitalista basada en valores de cambio, pero contracultura es también la cultura genuina que quiere dejar de ser ideología.

Silva destaca a Baudelaire como uno de los casos más ejemplares del artista que no se identifica con su ciudad, cosa que no ocurría en sociedades de otras épocas, no basadas en el valor de cambio. Es el artista en la nueva situación postindustrial, por lo cual Ludovico lo califica como el “poeta de la modernidad”. Apoyado en Friedrich, Silva dice que el francés “resumió en sí todas las miserias y esplendores de la Revolución industrial.

De ahí su satanismo. Si la vieja sociedad pre moderna había sido teocrática, la moderna sociedad capitalista es “profundamente satánica”. El satanismo de Baudelaire es, entonces, el satanismo de la modernidad. El poeta era creyente, y siempre se refirió a Dios y a las religiones con respeto. No perdonaba, eso sí, el “ardor satánico de los modernos capitalistas”.

Así, tenemos que para Baudelaire, un burgués de mediados del siglo XIX era un personaje infernal, lo que es decir un burgués clásico, de aquellos que nacieron de la primigenia Revolución de la máquina de vapor, las hilanderas y el ferrocarril. Hoy, a siglo y medio de la muerte del poeta, nos preguntamos ¿Que escribiría Baudelaire del burgués especulador y parásito de la Venezuela rentista pre-industrial del siglo XXI? ¿Difícil de imaginar?

* Publicado el 15 de enero en PoderenlaRed.com en la sección "Frases para la historia"
@maurogonzag

martes, 31 de diciembre de 2013

La dureza del aprendizaje de 2013: año de revelaciones y desapariciones

Aunque algunos medios quieran evadirlo, y aunque millones en Venezuela y el resto del mundo no hubiéramos querido que así fuera, la desaparición física del Comandante Hugo Chávez, el gran líder de la transición del mundo hacia la nueva época, fue la noticia del año.

El año anterior había finalizado con cierta incertidumbre sobre la salud del Comandante. Los rumores venían haciendo estragos y hay que ver que al ministro de Comunicación del momento, Ernesto Villegas, no le tocó fácil. Nada menos que informar al pueblo venezolano sobre la lucha del Comandante por su salud, incluyendo la información sobre su recaída la noche anterior a su final deceso. No obstante, otras noticias del año tuvieron lugar en los días previos a este fatal acontecimiento.

A mediados de febrero, un conductor desde Kazajistán captaba las imágenes de un meteorito que, al entrar en la atmósfera terrestre, explotó en el cielo de los montes Urales, en Rusia, dejando más de 1200 heridos. Días antes, como si hubiera sido una orden inapelable del cielo, el papa Ratzinger, Benedicto XVI, anunció su renuncia al papado, hecho significativo si se toma en cuenta que tal cosa no ocurría desde 1415. El Vaticano se estremeció, algunos escándalos sagrados se ventilaron. En una noche lluviosa, hasta un rayo cayó en la cúpula de Saint Peters.

Llegó el 5 de marzo, y con él el dolor de todo un país. Un pueblo entero se despidió del Comandante ante su féretro dispuesto en Fuerte Tiuna. Ahmadineyad lloró y besó el ataúd de su compañero; Cristina fue la primera en la parada de honor y no quiso verlo de cerca para llevarse un mejor recuerdo. Mucha gente de la oposición se conmovió, muchos chavistas de clóset  corrieron la puerta, y salieron. Era más fácil ser chavista después de la muerte de Chávez, dadas las condiciones otorgadas por el dolor nacional. Venezuela necesitaba un nuevo presidente, y el 8 de diciembre de 2012, el propio Comandante había dejado la orden. El 14 de abril, aún recuperando aire después del golpe, hubo nuevas elecciones presidenciales y el chavismo, entre bigotes, plátanos y pájaros, echándole un camión de dieciocho ruedas, se impuso de nuevo y con una clara ventaja.

Toda Venezuela le agradecerá siempre el renacimiento del debate político, la politización de la gente, el despertar mágico y poético en el seno del pueblo, el nuevo sentido de la vida que movilizó ―a favor o en contra― a Venezuela entera. Un país transformado, renacido de sus propias cenizas grasientas de petróleo, despedía a la gran locomotora que había arrastrado los vagones oxidados de la vieja sociedad. Chávez fue una poderosa inyección de idealismo, un reencantamiento de la cotidianidad, una bocanada de vida; alguien a quien seguir y a quien oponerse en medio de la nada, de la desesperanza bien aprendida. Quedó el amor, pero también mucho odio, el precio de la expansión de la conciencia, y Maduro lo sabe. Sabe que la solución es sumar, dialogar; le amor.

En esos primeros días del nuevo Gobierno chavista, el primero de la historia después de Chávez, se tomo conciencia de que detrás de la desmesurada y descarada inflación de los precios de todo cuanto tuviera uno, respondía a una revancha-conspiración de la oligarquía nacional y sus aliados. La guerra económica se había iniciado en noviembre de 2012, con el tradicional pago de utilidades y la lamentable ansiedad consumista correspondiente. Se acercaba la navidad, la época en que, en Venezuela, los mercaderes se enriquecen entrando a todos los templos. Maduro, ya proclamado, con legitimidad de origen, denunció la guerra económica y la enfrentó hasta el punto de que este, ha sido el único año y la primera vez en la historia del país ―lo cual, jóvenes, no es ninguna nimiedad― en que los precios de los bienes y servicios han bajado.

Por primera vez en Venezuela, se inició el combate contra el histórico laissez faire rentista-consumista, donde no sólo se ataca y se denuncia con pelos y señales la estructura del descaro especulativo nacional, sino que se intenta concientizar al histórico individuo consumidor-derrochador, contraparte cómplice de la macabra distorsión económica del abundante y espeso chorro negro. En una sociedad donde el que no es un botarate es un pichirre turco miserable ―con el perdón de los turcos―, tenía que llegar el momento para crear conciencia de ahorro y cultura de trabajo. Pero fueron; han sido, muchos años de comunicación alienante, de agradables y altisonantes spots publicitarios.

Este es un hecho que no debe dejarse pasar como uno de los más significativos de 2013. Otros acontecimientos merecen citarse también como representativos del año que acaba. Uno de ellos, es el del bachiller que develó los planes del Big Brother: Edward Snowden. Siguiendo el ejemplo de Manning y Assange, entre otros, este joven ex agente de la CIA y ex trabajador de la NSA, filtró una serie de documentos que dieron cuenta de los planes orwellianos del Gran Hermano, expresión con la que nos referimos, más que al Departamento de Estado al Estado profundo, aquella tenebrosa estructura denunciada en su momento por el ex presidente estadounidense Eisenhower y de la que fue víctima John F. Kennedy, de cuyo asesinato se cumplieron 50 años.

También, no olvidemos que Julián Assange cumplió mil días refugiado en la embajada de Ecuador en Londres sin que nadie haya violado soberanía ecuatoriana, algo solo posible en la nueva era pluricéntrica y multipolar.

2013, el año de la muerte del Comandante, ocurrida dos días antes del asesinato del cacique Sabino Romero, después de la de Spinetta ―si se me permite la inclusión― y antes de la de Madiba, otro ejemplo de lucha, o de vida entera de lucha, por un pueblo.

Fueron muchos los hechos, las noticias que merecerían enumerarse, pero la muerte del Comandante las eclipsa a todas, tan sencillo como eso. Aunque, bueno, al vuelo, tomo dos más: la entrega de la vivienda número 500 mil en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela, y esta otra nada desdeñable: tenemos Patria.

31 de diciembre de 2013
@maurogonzag

jueves, 26 de diciembre de 2013

Valentina Quintero lloró de indignación ante el entreguismo de algunos compatriotas

La semana pasada, la conocida viajera y promotora del turismo nacional, Valentina Quintero, concedió una entrevista donde discurrió sobre la indiferencia y entreguismo que ha constatado en muchos de sus compatriotas durante sus viajes, lo cual le produjo una indignación que terminó en llanto.

Durante su intervención en el canal Globovisión, con un tono de indignación siempre presente, Quintero llamó la atención sobre el estado de algunas vías del interior del país, enfatizó el tema del contrabando de gasolina que “desangra al país”, además de plantear serias críticas al comportamiento de muchos de sus connacionales que no parecen tener sentido de pertenencia ni querer a su patria.

De entrada, no deja de sorprender la explicación que la viajera da al vertiginoso crecimiento del turismo interno que ha vivido Venezuela en los últimos años. “El turismo interno ha crecido porque evidentemente la gente tiene una mayor ansiedad por moverse por Venezuela y por conocer su geografía”. Así, la promoción por parte del Gobierno bolivariano del turismo y de los destinos nacionales, además de la pujante economía del país, quedaban mal escamoteadas por Quintero, dado que la gente está viajando por la geografía nacional debido a una “mayor ansiedad”.

“Las carreteras son un desaguisado nacional”, afirmó Quintero, poniendo el ejemplo de la Autopista Regional del Centro, vía que “cada vez que la agarras tú no sabes si llegarás a tu destino”, debido siempre a algún accidente, asfaltado u otra contingencia. Además, la viajera nacional fustigó la falta de mantenimiento de la vía hacia Barquisimeto por Morón, donde “tienen 10 años asfaltando un peacitico de puente”.

Sin embargo, para Quintero, viajar en avión es lo peor dado que “hace que se te explote el hígado de la indignación”.

Seguidamente, la promotora turística empezó un sentido llamado a la conciencia ciudadana relacionado con la actitud que muchos venezolanos tienen cuando viajan por el país, y que ha constatado en sus numerosos viajes por la geografía nacional. Con visible dolor, Quintero puso el ejemplo del Parque Nacional Morrocoy, el cual “va haber que cerrarlo” debido a la basura que irresponsablemente botan los turistas nacionales en su seno. En tal sentido, para Quintero “el comportamiento nuestro como viajeros deja mucho que desear”

Quintero, incluso tuvo que recomendar a los viajeros la manera idónea de quejarse cuando estos no son atendidos de la mejor manera. En este sentido, se trataría de ser gentilmente exigentes, sin ser “déspotas” o “prepotentes”.

En este momento de la entrevista, explotó en llanto la indignación de Quintero:

“Porque yo quiero que entiendan una cosa, los países no se entregan, tu país es el tuyo, donde tú naciste, que te pertenece, tú no puedes decir yo me voy que apague la luz el último. Los países hay que quererlos, y lo que nosotros necesitamos en Venezuela es que todos querramos al país, que a todos nos duela el país, que tú no te aproveches del país”.

No deja de resultar interesante el evidente trasfondo político que tiene el discurso de la viajera, cuando en los últimos años ―y para ser claros desde que sobrevino la Revolución bolivariana―, pero también durante estos últimos meses de ofensiva económica, hemos seguido escuchando en boca de venezolanos opositores que ahora sí, que llego el coco castro-comunista, que si este Gobierno criminal, que si Maduro le quitará el negocio a todo el mundo, etc. Una actitud que ciertamente expresa la más clara disociación, y que fue producida por un evidente condicionamiento producido científicamente por algunas empresas audiovisuales en los años de mayor intensidad de la lucha política.

De tal manera, si el señor X va con su camioneta hacia Barquisimeto por la vía de Morón y ve contrariados sus planes debido a la ineficiencia del Gobierno regional, entonces la culpa es del rrreeeégimen y hay que irse del país. Pero además, si la señora H pide una Reina pepiada en el restorán de la carretera y le dicen que no hay pero le ofrecen unas cachapas con queso e mano, entonces eso es culpa de Maduro y le formo un peo a la señora del pequeño negocio porque seguro que es chavista; por supuesto, la señora constatará con su compañero y con sus hijos si los tienen, que efectivamente hay que irse del país.

Ya más calmada, quintero continuó, afirmando que,

“La gente no puede llegar a decir un día, bueno, nos mudamos todos de país, no hay nada más triste, más deplorable que ser un inmigrante cuando tú tienes el tuyo, donde tienes tus afectos, donde tienes tu familia, donde tienes tus sabores, donde tienes tus aromas, donde están enterrados tus muertos, ese es tu país y ese es el que todos queremos tener”.

Nos preguntamos ¿Aquellos que han manifestado su deseo de autoexiliarse o “mudarse a otro país”, no tienen una clara posición política? Sí, la tienen. Por lo general, son aquellos que se opusieron ciegamente al Comandante Chávez y que hoy se oponen al presidente Maduro, muchas veces ciegamente y sin tener razones objetivas válidas.

Pero lo más interesante de todo, es que Quintero está criticando la actitud de aquellos que, a pesar de que no tienen el mejor comportamiento cuando salen a recorrer la geografía nacional, tampoco tienen sentido de pertenencia y dicen que se irán del país. Recordemos aquel “Me iría demasiado”. Es decir, dicen “esta vaina no sirve” mientras botan basura en la playa. Algo similar a aquel que dice “mire compañero, esto se lo llevó quien lo trajo”, mientras campanean su oldest whisky desde su camioneta de millón y medio de bolívares.

Quintero, también recomendó a todos aquellos que recorran el territorio nacional hacer algo que políticamente es clave para entender al país: hablar con la gente.

El desangre del país y la Venezuela importadora


Entre todas las formas que hay de desangrar un país, Quintero volvió con el ejemplo del contrabando de gasolina, talvez porque es el que ha visto más de cerca. A partir de aquí, subiendo el tono, habló sobre la “distorsión en la economía” del país, fustigando además el dólar paralelo, la inflación y el hecho de que seamos un país importador, hechos que para Quintero son “culpa absoluta y total de este gobierno”.

Evidentemente, la entrevistada demostró aquí que la política no es su especialidad, aunque sí traslució abiertamente su postura política. En primer lugar, criticar la existencia del dólar paralelo es algo que el propio Gobierno ha hecho y contra lo cual está batallando. Segundo, la mentada inflación en Venezuela ya se sabe que siempre ha sido más especulación cuando no robo descarado, como bien ha quedado escandalosamente evidenciado en el marco de la lucha del Gobierno por lograr los precios justos de todos los bienes y servicios.

Respecto al carácter importador de la economía, solo alguien que conoce los paisajes naturales del país pero que no conoce sus paisajes históricos, puede decir que el carácter predominantemente importador de nuestra economía es culpa de “este Gobierno”.

Finalmente: Quintero llamó “ratas peludas” a los llamados “raspa tarjetas” por el daño que hacen al país. ¿Sabrá lo de los 20 mil millones que entregó el Sitme a empresas de maletín?



Publicado en PoderenlaRed.com y en EcoPopular el 23/12