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sábado, 5 de marzo de 2016

Ryszard Kapuscinski: Guevara y Allende

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A propósito del aniversario del nacimiento del reputado perodista, poeta y escritor polaco, y en ocasión de los tres años desde la desaparición física del gran Hugo Chávez, iniciador de la primavera política latinoamericana del siglo XXI, dejo este artículo que, a partir de la comparación entre el Che Guevara y Salvador Allende, dos íconos de la revolución latinoamericana, ofrece inestimables reflexiones sobre lo que significa -o significó- la izquierda política en la región.

* * *

En el curso de un encuentro con los lectores, alguien del público me pide que compare la figura de Allende con la del Che Guevara y diga cuál de los dos tenía razón.

La pregunta encierra la opinión de que sólo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.

En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho del ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.

Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual sólo lo sacarían –como siempre había dicho– en un traje de madera.

Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende sólo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.

Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que ésta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.

Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.

Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.

En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: ésta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.

Los dos caen en plena marcha.

Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.

Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.

Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en bicicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos sólo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.

La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.

Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.

Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.

Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?

Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.

Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.

La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales. El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estu-diadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Sólo aparentemente es una paradoja. La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.

A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.

Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.

En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la constitución. Y la constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.

Allende desea preservar la honestidad ética.

De la misma manera se comporta Guevara.

Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno. Estáis libres, les dice; nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado.

Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.

En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.

Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?

¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.

Publicado en LaJornada el 17 de febrero de 2010

viernes, 8 de enero de 2016

La Carta de Jamaica, el documento de un profeta racional*

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“…y no es solo una carta del pasado; esta es una carta del presente y más aún, me atrevo a decir: una carta del futuro” Hugo Chávez Frías.

A 200 años de la Carta de Jamaica, documento en el que Simón Bolívar plasmó sus ideas en torno al estado político de América y su desarrollo futuro con el propósito de contestar las inquietudes y dudas del inglés Henry Cullen, tenemos necesariamente que empezar este ensayo destacando la infinita humildad que caracterizó al Libertador y la indudable vigencia del conjunto de ideas expresadas en la carta, hecho que da cuenta del Bolívar estadista y visionario.

Al inicio de su carta, Bolívar reconoce la preocupación de Cullen sobre el destino de las nacientes repúblicas de la América meridional, y deja claro que en su actual condición no disponía de la documentación necesaria para ofrecerle un análisis político pormenorizado sobre tan vasta región, además de expresar una humildad que sólo los grandes son capaces de demostrar, al reconocer sus límites en el tratamiento de un tema tan complejo como lo es la prospectiva sociopolítica de una región que abarcaba desde los límites originales de México hacia el norte, hasta la Patagonia. Con infinita humildad, Bolívar le advierte a Cullen que no encontrará en su escrito “las ideas luminosas que desea”, y sí las “ingenuas expresiones de su pensamiento.”
Sin embargo, el balance histórico que puede hacerse hoy arroja un resultado inequívoco: el pensamiento de Bolívar expresado en la Carta de Jamaica sobre la suerte futura de América se convertiría en el ensayo de un visionario de la naciente modernidad industrial, en documento delineador del futuro de la nueva región, todo lo cual hace de nuestro americano meridional un auténtico “profeta racional”.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Fernando Hugo Azcurra*: Elogio del capitalismo

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En el diario Correo del Orinoco del día 13 de diciembre último, un cronista del diario hace referencia al economista bolivariano Víctor Álvarez, quien publicara en otro periódico de Caracas del 22/11/15 las ideas que se comentan en una nota bajo el título de Repensar el socialismo.

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sábado, 28 de noviembre de 2015

Fin de ciclo, un cambio de época que pide nuevas ideas: reflexiones temporales

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Al momento de escribir estas líneas, América Latina asimila la victoria de Mauricio Macri en las presidenciales de Argentina, un hecho que ya vislumbraba el politólogo Atilio Borón, cuando discurrió sobre el tema en el contexto de los cerrados resultados de la primera vuelta electoral, y después de constatar la histórica derrota del peronismo en la provincia de Buenos Aires.

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lunes, 16 de noviembre de 2015

Fin del ciclo progresista, cambio de época y pensamiento crítico (IV)

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Efectivamente, para un análisis más pormenorizado y preciso habría que considerar el caso concreto de cada uno de los procesos progresistas de la región, además de poner en remojo esto del “progresismo”, clásico término del moderno positivismo que expresa el clásico optimismo decimonónico en la ciencia y la técnica. Hoy, dicha palabra es usada por variopintos personajes de todo el espectro político, por lo que puede significar casi cualquier cosa, como lo ha apuntado Sergio Rodríguez en reciente artículo. Sin embargo, para los efectos del análisis no es pecado agrupar a los gobiernos de Correa, Morales, Frente Amplio, Ortega, los Kirchner y Chávez bajo el disputado término de “progresistas”.

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viernes, 13 de noviembre de 2015

Fin del ciclo progresista, cambio de época y pensamiento crítico (II)

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Entrando en nuestro tema concreto, tenemos entonces a un grupo de intelectuales de izquierda que están diciendo que el período progresista se encuentra en sus últimos estertores, y a una derecha que está aprovechando la atmósfera discursiva resultante para fortalecer sus pretensiones restauradoras en la región. No obstante, estos teóricos radicales han recibido la oportuna respuesta de un conjunto de pensadores ubicados en otro sector de la izquierda, más en sintonía con lo que se podría denominar el nuevo paradigma de emancipación social desde el Estado.

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sábado, 31 de octubre de 2015

Cristina F. Kirchner, Snowden y el fin del ciclo progresista en Argentina

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En un contexto donde algunos intelectuales “de izquierda” vienen planteando una discusión cuya idea central es que América Latina estaría llegando al “fin del ciclo progresista”, y donde indistintamente de lo que dicen estos analistas existen señales evidentes de una política, bien articulada, orientada a lograr una restauración conservadora en la región, los resultados de las recientes elecciones presidenciales en Argentina ― el próximo ballotage― y las venideras parlamentarias en Venezuela, serán determinantes para futuro de las democracias populares de la región.

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jueves, 15 de octubre de 2015

Humberto Gómez García: Un caballero apóstata y derechista

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Hace 23 años publiqué el presente trabajo respondiendo las falacias, mentiras y reaccionarias posiciones de un historiador que para desgracia de la izquierda revolucionaria, militó en sus filas y no fue poco el veneno que sembró. Manuel Caballero fue el primer detractor que tuvo el Comandante Hugo Chávez y el movimiento 4 de Febrero el año de 1992. En los debates que se abrieron entonces ante el impacto de aquel fracasado hecho y la apertura y aceptación en el país del nuevo liderazgo de la juventud militar cuya cabeza más visible fue, sin dudas, el Comandante Hugo Chávez y su famoso e histórico ‘por ahora’, nos involucramos de manera directa en la polémica...

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sábado, 3 de octubre de 2015

Carlos Luna Arvelo: Roland se despide de un chavismo que lo raspó

Carlos_Luna_Arvelo_Roland_se_despide_de_un_chavismo_que_lo_raspo
La verdad es que para nada nos extrañó el “Adios al chavismo” de Roland Denis, como seguramente tampoco le extrañó a muchos, ya desde hace bastante tiempo este compa, como el mismo lo confiesa en su Adios, venía despidiéndose. La visión de Roland acerca de cómo llevar a cabo una revolución ha distado mucho de lo que ha ocurrido en estos 16 años de historia. Sus propias confesiones así lo confirman.

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lunes, 21 de septiembre de 2015

Académicos e intelectuales, la fauna que forma la opinión pública

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Las conversaciones de bar o café siempre son interesantes. Cuando un grupo de compañeros o amigos entra a un lugar de este tipo no lo hace para asumir poses o complacer a jefes, familiares o socios, sino todo lo contrario. Quienes entran a un bar para entablar una charla animada por un cocuy o una cerveza, quieren expresarse, ser ellos mismos, defender sus puntos de vista esperando que sus contertulios coincidan o se sumen a ese marco de interpretación.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Juan Martorano: La batalla que no podemos perder (II)

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Estamos en un momento crucial, restan para el momento en que escribo estas líneas, 89 días para una nueva batalla. No serán unas meras elecciones para renovar las bancadas de nuestro Parlamento. Lo que estará en juego y en pugna nuevamente son dos modelos y concepciones de ver el país. Entre la disputa de un modelo humanista, de un modelo que busque la sociabilización de los medios de producción...

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martes, 8 de septiembre de 2015

Carlos "El pollo" Echeverri: Colombia debe hacerse cargo de una vez por toda de su tragedia nacional

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El 2005 fue sin duda un año revolucionario. Eran los años de apogeo de la Revolución bolivariana. Se había derrotado un golpe de Estado, un criminal sabotaje petrolero y Chávez había ganado un referéndum histórico y único en el mundo. Se había creado la Universidad Bolivariana de Venezuela y en ese contexto, en el curso introductorio en el Helicoide conocí a "El pollo", quien apareció de repente en el salón, invitado por María Fernanda, para dar una charla sobre socialismo utópico.

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sábado, 22 de agosto de 2015

David Brooks: "¿Un socialista en la Casa Blanca?"

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Siempre ha afirmado que es un “socialista”, siempre ha promovido propuestas progresistas sobre salud, educación pública, el seguro social y el medio ambiente, siempre ha sido crítico severo de políticas imperiales de intervención y guerras injustificables, y siempre se ha proclamado del lado de los trabajadores y de los más vulnerables contra lo llama una oligarquía del 1 por ciento que está usurpando la democracia estadunidense y ahora llama por una “revolución política” para rescatar a su país...

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miércoles, 19 de agosto de 2015

Héctor Navarro y su "polémico" diagnóstico de la coyuntura nacional

Hector_navarro_y_su_polemico_diagnostico_de_la_coyuntura_nacional
Nuestro país atraviesa una coyuntura compleja signada por una situación económica que se ha tornado difícil para mucha gente, y un contexto político no menos complejo marcado por las consecuencias de la desaparición física de Hugo Chávez, quien fue el catalizador de la política nacional hasta su partida, líder de la Revolución y hasta de los propios sectores políticos que lo adversaron. En semejante contexto, es importante disponer insumos para el debate propositivo..

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lunes, 17 de agosto de 2015

Margarita López Maya: Venezolanos en el mundo

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Un tema en la lista de asuntos impostergables por tratar cuando comencemos una transición política será la relación del Estado con la emigración que se ha producido en las tres últimas décadas y, de manera acentuada, en los últimos años.

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lunes, 10 de agosto de 2015

Sergio Rodriguez Gelfenstein: Bruno Rodríguez Parrilla, el ingeniero principal de una obra colectiva

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El pasado 20 de julio fuimos testigos de un evento histórico que muchas personas de mi generación jamás pensamos sería posible observar en vida: el restablecimiento pleno de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos signado por la ceremonia de apertura de la Embajada de Cuba en Washington. Al frente de la delegación cubana en dicho acto, estuvo Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de relaciones exteriores del país antillano..

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Humberto Gómez García: jóvenes de la derecha saltan hacia la izquierda chavista

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¿Cómo interpretar el hecho de que el compatriota Ricardo Sánchez y un grupo de jóvenes derechistas abandonarán las filas del fascismo y se hayan venido al campo de la Revolución cuando estuvo como un incendiario enfrentando al Comandante Chávez? La dirección de nuestro Partido y de la Revolución dio un inesperado giro estratégico y le abrió las puertas a ese grupo de jóvenes, enemigos acérrimos hasta no hace mucho tiempo..

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domingo, 9 de agosto de 2015

Jorge Ladera y Alfredo Graffe en “Diálogo con”

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Esta mañana, el periodista Carlos Croes tuvo como invitados en su acostumbrado programa dominical a los estudiantes Alfredo Graffe, presidente saliente de la FCU de la Universidad Simón Bolívar, y a Jorge Ladera, líder estudiantil del PFG de Estudios Políticos y Gobierno de la UBV. En el espíritu de las palabras iniciales del conductor, la idea era plantear un diálogo...

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martes, 28 de julio de 2015

Juan Martorano: Feliz cumpleaños Comandante Chávez

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Un cúmulo de sentimientos me invade hoy, como a la mayoría de los que habitamos en esta Patria, ésa que ayudaste a recuperar, a levantar. Esta patria de Simón Bolívar, de Guaicaipuro, de Pedro Camejo “El Negro Primero”, de Juana Ramírez, de Argimiro Gabaldón, de Argelia Laya, de Domingo Sifontes. De todos esos héroes que veíamos tan lejanos e inalcanzables, y que tú los hiciste de carne, hueso y sangre y los pusiste a nuestro alcance.

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viernes, 17 de julio de 2015

Víctor Manuel Rodríguez: Retos y desafíos en el proceso de la producción de contenidos

Victor_manuel_rodriguez_retos_y_desafios_en_el_proceso_de_la_produccion_de_contenidos
Cuando allá por el año 2012 el gobierno bolivariano comienza a explorar la posibilidad de los centros de Producción de Contenidos, diseminados por varios estados del país, las expectativas se potenciaron con las dudas pero también con las ganas de hacer y posibilitar tal iniciativa.

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