Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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lunes, 21 de septiembre de 2015

Académicos e intelectuales, la fauna que forma la opinión pública

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Las conversaciones de bar o café siempre son interesantes. Cuando un grupo de compañeros o amigos entra a un lugar de este tipo no lo hace para asumir poses o complacer a jefes, familiares o socios, sino todo lo contrario. Quienes entran a un bar para entablar una charla animada por un cocuy o una cerveza, quieren expresarse, ser ellos mismos, defender sus puntos de vista esperando que sus contertulios coincidan o se sumen a ese marco de interpretación.

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jueves, 30 de abril de 2015

Richard Canan: Galeano y su Memoria del Fuego

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No hay mejor regalo que un libro. Es la oportunidad de brindar conocimientos, sabiduría. En uno de mis cumpleaños me obsequiaron Memoria del Fuego. Nunca lo había leído. Allí descubrí nuevamente a Eduardo Galeano..

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miércoles, 18 de junio de 2014

Den Xiaoping está en Caracas, y quiere la cabeza de Mao

Reflexiones en torno al artículo ¿Qué hacer en esta etapa de la Revolución?

El ambivalente discurso latinoamericano sobre la modernidad, que rechaza la dominación europea pero que internaliza su misión civilizadora, ha adoptado la forma de un proceso de auto-colonización que asume formas diferentes en distintos contextos políticos y períodos históricos”. Fernando Coronil, El Estado Mágico.

* * * * * * *

Después de leer el texto de Temir Porras y constatar el incipiente debate que está generando, aprovechamos para hacer algunos comentarios y aportes sobre algunos de los temas sensibles en discusión. Aunque no sea nada pragmático, parece que intercambiar y discurrir sobre abstracciones como los tipos de liderazgo, los modelos económicos y modos de organizar la sociedad, aún puede incidir en los procesos de intervención en la realidad social concreta.

Soy optimista, y creo sinceramente que todos debemos pensar que Venezuela y el proceso político que le devolvió su dignidad estarán a la altura del desafío, que sin duda es uno de los más grandes por tratarse de superar el “período crítico” que se inició en la Revolución con la desaparición física de su motor fundamental, el Comandante Hugo Chávez. Sin embargo, mi optimismo no es panglossiano como el de muchos compañeros con los que uno se topa con frecuencia, quienes ante la crítica fundada te responden que nada peor como la cuarta república, que hay que ver como cambió este país. Nadie duda ni niega que el país cambió, pero no todos entienden la importancia de la crítica.

Ciertamente, después del 5 de marzo de 2013, con todo y la clara directriz que había dejado el Comandante el 8 de diciembre de 2012 en la que definió con absoluta claridad quien tomaría el timón político de la Revolución, se inauguró un período de incertidumbre política, propiciado más por el dolor de la fatalidad que por no tener la certeza de qué hacer y cómo actuar. Pero, como también era verdad que Chávez era el dique político y moral que supo derrotar a la reacción, y como estadista mantener controlada a la oposición y sus alocados planes, la guerra económica que se inició a finales de 2012, aunado a los errores cometidos, a la fecha ha generado un “escenario económico complejo” que, como dice Porras, podría afectar negativamente la base social de la Revolución.

El autor, de un lado reconoce que las amenazas externas se han recrudecido desde la partida del Comandante y no es un dato menor, dado que solo por ahí tendríamos criterio para destacar la magnitud del reto que tuvo que afrontar Maduro ―y que hoy lo sigue haciendo― luego de haber derrotado una campaña nacional, regional e internacional que no la vimos ni con Chávez pues. Además, toda esta conspiración se tuvo que afrontar en el marco del debilitamiento general en que quedó el portaaviones revolucionario en ausencia de su “gran timonel”.

Dice Porras que “en este momento debemos concentrar nuestros esfuerzos en examinar nuestra propia capacidad de generar políticas que nos hagan avanzar”. No podemos estar en desacuerdo, sobre todo porque es un planteamiento que se hace luego de superar varios meses de cruda incitación a la guerra civil, por lo cual cabría el acuerdo con el fragmento que sigue, donde se pide no “fijar el foco en quienes buscan distraernos y desestabilizarnos”, algo solo posible ahora, solo ahora, con todo y que los planes conspirativos no se detienen.

Aunque no lo dice directamente, hay un claro llamado a trabajar para derrotar ciertos flagelos “que tienen que ver con nosotros mismos”, como la corrupción, la desorganización, el burocratismo, toda vez que en un Gobierno donde la Revolución es la que está en el poder, nadie puede atribuir sus problemas como “principal responsable”, a la oposición. En este punto, no compartiría la responsabilidad en partes iguales, pero cuidado con el grado de responsabilidad que puede tener una oposición que casi nunca ha asumido el rol que le corresponde y que parece haberse quedado enganchada en el golpismo, tal vez por lo lucrativo que para ella suele ser.

Ahora bien, antes de comentar críticamente los planeamientos hechos por el autor en los tres ejes centrales que define como las tres grandes áreas donde habría que cambiar o rectificar, me permito hacer una lectura del párrafo en el que reflexiona sobre los grandes logros de la Revolución:

“Cada logro constituye el piso sobre el cual se debe construir otro logro superior, y no solamente en términos cuantitativos, sino, lo que es más complejo, cualitativos también. Venezuela debe seguir teniendo el mayor sistema público de educación, el más masivo sistema público de salud y el acceso más democrático a las tecnologías, pero debe también  construir escuelas y universidades de excelencia, garantizar la mejor calidad de servicio médico, así como la más alta velocidad de conexión a la red, a la par de los mejores estándares internacionales. Una cosa no es pretexto para sacrificar la otra”. (Cursivas nuestras).

Lo hemos dicho en otras oportunidades, y puede que estemos en el mejor momento para pasar de una etapa de inclusión masiva en una estructura, a la transformación de esa estructura. Sería un error concebir a la Revolución como un mero proceso de inclusión, con toda la belleza y el perfil romántico de la escena del adulto mayor aprendiendo a leer en la Misión Robinson. Venezuela puja por un salto cualitativo, por una radicalización de la democracia como democratización real, constante y permanente, lo cual quiere decir, junto al acceso a lo que estaba vedado, acceso a todo lo demás y acceso a una mejor calidad.

Añadamos, que existe en el “polémico” artículo, un llamado transversal a la revisión de la estrategia, lo cual no puede menos que recordarnos los reiterados llamados a la aplicación de las fementidas tres erres que en su momento hiciera el Comandante, y más recientemente, de nuevo de la mano del estadista cuya visión y creatividad lo llevaban a plantear virajes en la orientación política cuando así lo dictaban las circunstancias, el “golpe de Timón”.

También, manifestemos nuestro acuerdo con la necesidad de que la discusión de los grandes temas centrales que todo proceso al socialismo debe plantearse, sea “abierta y profunda”, un debate de altura que debe permitir que se expresen todas las tendencias, corrientes y sensibilidades revolucionarias, con la madurez necesaria para que este debate, que puede caldearse en el más diverso grado, no afecte la unidad del movimiento bolivariano. Como signo de nuestros tiempos, consideramos un imperativo la divisa de la cooperación, la complementariedad y la construcción de la unidad en un todo integral que sea producto de la condensación de la diversidad de los imaginarios revolucionarios, bajo el sencillo método de centrar el debate en las coincidencias teórico-metodológicas y ético-políticas y no en las diferencias, para que el debate pueda llegar a buen puerto o, a algún puerto. Y para esto se necesita, si Fidel Castro tiene razón, más que disciplina consciencia revolucionaria.

Sobre el liderazgo del presidente Nicolás Maduro

Evidentemente, el liderazgo carismático es un fenómeno político que hemos visto en América Latina en diversos períodos históricos, y sería bastante raro que se repitiera en un mismo país en intervalos de tiempo de unos pocos años, para no decir que son irrepetibles. Así como hubo un solo Perón en Argentina, así habrá un solo Chávez en Venezuela.

Ahora, la necesidad de avanzar hacia la construcción de un liderazgo colectivo, siempre bajo la dirección de Chávez, fue una propuesta que se planteó en 2009 durante una reunión de intelectuales realizada en el Centro Internacional Miranda, ante la evidencia de que el Comandante se estaba echando el país al hombro y que dicha situación no podía sostenerse en el tiempo. Pero también, un liderazgo colectivo sería la continuación lógica y necesaria luego del paso tempestuoso del liderazgo telúrico, el cual sobrevino, como recuerda Porras, para hacer renacer a Venezuela de sus cenizas.

De tal manera, que sobre el punto coincido con el compañero Víctor Hugo Majano, cuando este afirma que no hay contradicción entre el liderazgo personal y la necesidad de construir un liderazgo colectivo, considerando que el liderazgo de Maduro es diferente al del Comandante. Esto último, por cierto, es tan tautológico como aquello de “Maduro no es Chávez”. También, agreguemos que un liderazgo colectivo no es que no sea algo propiamente chavista, sino que no se correspondía ni logró corresponderse, dadas las circunstancias del país, con la personalidad de Hugo Chávez. Y es que el “mande comandante” ¿No fue siempre una expresión de lo avasallante de este tipo de liderazgo?

Sin embargo, coincidimos en que la jefatura política de Nicolás Maduro no puede limitarse sólo a la preservación del legado del Comandante, ni pude seguir considerándose al presidente como un mero hijo de Chávez. Lo primero, sería recortar las expectativas revolucionarias y darnos por incapaces; lo segundo, podría resultar contraproducente para la construcción de un liderazgo propio. Es un hecho, que el Presidente se ha metido de frente con problemáticas que en el marco de la épica lucha política Revolución y patria Vs. golpismo y antipolítica, quedaron inevitablemente descuidadas. Dos ejemplos: la violencia y el carácter rentista de nuestra economía. Ningún pueblo del mundo puede depender eternamente de un Savonarola, y en el caso de Venezuela, recordemos que hasta la oposición vivió y se desvivió en su oposición a Chávez. Desaparecido físicamente este, hasta ella quedó desconcertada.

Considero clave el siguiente párrafo: “a Nicolás Maduro se le ha reconocido en su función de Presidente de la República, pero no como jefe político del chavismo , con el derecho y el deber de imprimirle su visión personal a la construcción de la Revolución, trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante”. Esta afirmación, podría alimentarse de la idea según la cual la obediencia y la lealtad hacia Maduro de algunos cuadros medios y dirigentes ubicados en distintos sectores políticos e institucionales, viene exclusivamente de la memorable alocución de Chávez del 8 de diciembre de 2012. Desde este punto de vista, esa es una visión que comienza a trascenderse.

¿Ha llegado para la revolución la etapa del pragmatismo?

Ciertamente el liderazgo de Maduro es “más flexible” y ciertamente tiene rasgos fuertemente pragmáticos. En más de una oportunidad, sus críticas a la reflexión intelectual y su manifiesta molestia con algunos señalamientos han dejado ver ese pragmatismo, y nos parece que en la mayoría de los casos ha tenido la razón. La pérdida de contacto con la vida social concreta, como producto de análisis enmarcados en teorías que son presentadas a veces como más reales que la propia realidad, es una de las razones que desprestigian la reflexión intelectual y que abre paso al pragmatismo, aunque lo sensato siempre sea la dialéctica entre un proceso intelectual amplio, transdiciplinario y holístico, y el mundo real, el cual siempre desbordará a las teorías particulares.

El pragmatismo, como corriente de pensamiento nació en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Fundada por Charles Sanders Pierce y William James ―quien lo definió más como un modo de pensar― se caracteriza por su énfasis en la utilidad y en las consecuencias prácticas como componentes esenciales de la verdad. El pragmatismo, como el empirismo, se opone a la idea de que los conceptos y el intelecto representan la realidad. Tolstoi decía que “hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”, frase que plasma ejemplarmente la visión pragmática. Y en un país que quiere industrializarse, hace falta gente que, al caminar por un pedazo de tierra yerma, no vea sino producción de alimentos.

Es verdad, de otro lado, que resultaría peligroso para la construcción del socialismo que ese pragmatismo adoptara la famosa divisa del camarada Deng Xiaoping, según la cual es irrelevante si el gato es negro o blanco, siempre que cace ratones. Una cosa sí que está clara: hace falta producir, más y mejor. Imposible aquí no recordar lo que fue la Nueva Política Económica (NEP) ejecutada por Lenin en los comienzos de la URSS. Esto habría que repasarlo muy bien, dada la propuesta de Porras, que no es otra cosa sino la aplicación de una NEP a la venezolana.

Sobre el pragmatismo económico que debería aplicarse

La economía del país no atraviesa su mejor momento, y si los problemas actuales de la Revolución son predominantemente económicos, ese es un hecho que en gran medida tiene que ver con la revancha que cierta burguesía le planteó al bolivarianismo cuando constató que Chávez no podría continuar dirigiendo los destinos de la Patria. Tiene que ver con la guerra económica, pues.

Pero si esto es cierto, también lo es que se han cometido algunos errores en el manejo de la economía en términos macros, como lo han venido dejando por escrito desde hace tiempo varios de nuestros analistas más agudos, para no mencionar que el “Chicago boy” de izquierda ―como a veces le decía Chávez jocosamente―, Rafael Correa, se permitió declarar ―y estamos seguros que con toda la fundamentación y buena Fe del mundo― que en Venezuela se habían cometido “errores económicos”.

Dice Porras que “la despreocupación por el mañana,  y la confianza de que el futuro será mejor que el presente, para uno mismo y para sus hijos, es uno de los cimientos más sólidos sobre los cuales construir un proyecto profundamente republicano”. En tal sentido, es innegable que la Revolución bolivariana inició un movimiento de expansión económica de crecimiento vertiginoso, que logró colocar la experiencia a la altura de las expectativas del pueblo, e incluso superarlas en varios aspectos. Esto significa, como mencionamos en una oportunidad, que la Revolución reescribió el estribillo de una conocida canción del grupo La Mosca, cuyo coro dice: “Hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana, vamos a gritar señor, hasta que no quede nada”.

¿Qué es lo que ha generado este turbio escenario económico? El autor habla de “grandes desequilibrios macroeconómicos”, que deben ser corregidos con decisiones coyunturales apropiadas, las cuales habría que ejecutar con pragmatismo. Esto, permitiría alcanzar los objetivos políticos sin poner en riesgo los grandes logros sociales que tanto esfuerzo costaron a la Revolución. De tal manera, el autor lo que plantea es que la implementación de estas medidas económicas coyunturales no necesariamente implican una traición a la revolución, toda vez que en el hoy por hoy ya existe la sensación de que vivimos cierta regresión social, dado el desenvolvimiento de la economía.

Estas consideraciones, han llevado a algunos a plantear, por ejemplo al compañero Majano, que la propuesta de Porras no es otra cosa que una “vuelta al capitalismo como opción revolucionaria”. En este punto, no coincidimos con el autor de La-tabla, porque ¿Es que acaso ya estamos en socialismo para plantear que ciertas decisiones económicas nos “regresarían” al capitalismo? Por cierto que Porras no es el primero que “recuerda” que vivimos en un sistema capitalista, muy particular, pero capitalista. Un optimista panglossiano nos diría ¡Bueno, no estamos en un capitalismo neoliberal, y además estamos en una transición al socialismo!

Pero, yo diría que están planteadas aquí dos transiciones: una de corto plazo y una de más largo aliento. La primera de ellas, hacia el “capitalismo serio”, o capitalismo productivo ― ¿o es que la batalla contra la usura y los precios justos es para ir al socialismo?―, cuyos esfuerzos están orientados a superar la economía rentista. La segunda, sería la transición hacia el socialismo bolivariano, un sistema o modo de organización social cuya fórmula de construcción nadie tiene; porque esa es la cuestión actual: superar el rentismo petrolero generador de consumismo, facilismo, cortoplacismo y todos los ismos culturalmente más atentatorios contra los objetivos supremos de la Patria.

También, es verdad que un Estado de bienestar a la venezolana, lo que es hablar de un Estado fuerte que distribuye la riqueza petrolera con criterios de equidad y justicia, tiene algo de socialista. Pero, incluso en el mejor de los casos de perfecta redistribución de nuestra riqueza y el mantenimiento de la ingente inversión social, subyace una realidad: que seguimos siendo una economía de puertos, un país importador. Además, todo el proceso de distribución se ha dado en un marco sin el que no se podrían entender muchas cosas: la lucha política, la puja por la captación de esta renta entre distintos actores políticos entre los cuales llegó a existir un conflicto de tipo agónico-existencial, es decir, una guerra a muerte.

Así las cosas, conviene no hacer tanta alharaca cuando se trata de reconocer que vivimos en un sistema capitalista que se alimenta de la renta que produce el hidrocarburo más preciado del mundo, por ser la sangre de la parafernalia moderno-capitalista mundial. Acotemos, que no hay nada tan corporativizado como el negocio petrolero, y que Pdvsa estableció recientemente un convenio con la Halliburton, ¿Pragmatismo? En este discurrir, es pertinente recordar al Comandante Chávez, cuando hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos porque la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista. Lo que hizo Chávez en aquel momento fue “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. De la misma forma, sería mezquino negar los rasgos “socialistas” que han surgido durante el movimiento político del bolivarianismo.

Seamos idealistas, pero sin ingenuidades. Seamos materialistas, pero con creatividad; y de modo transversal, seamos realistas.

Sumado a lo anterior, debemos recordar que no fue una reflexión más, aquella de Fidel Castro en la que reconoció que uno de los mayores errores históricos que cometieron en los años iniciales de la Revolución cubana fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Sobre esto, no albergamos duda alguna de que el Comandante Fidel, lo que quiso fue enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos para transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Siendo justos, hay que considerar que Marx tuvo la idea más acabada sobre cómo hacerlo, aunque haya sido sobre todo para su sociedad y su tiempo, sin caer en historicismos.

Finalmente, el autor señala las políticas macroeconómicas generales que estarían generando la “regresión social”, y propone que tales políticas no se pueden aplicar todo el tiempo en el devenir de un proceso complejo como la Revolución bolivariana. Para justificar su posición, agrega: “Conducir con racionalidad la política económica no es sinónimo de neoliberalismo, así como practicar la heterodoxia hasta la irracionalidad no es sinónimo de socialismo”. Si bien tales cuestiones deben ser analizadas en profundidad ―como seguro está ocurriendo― por un equipo transdiciplinario formado no solo por economistas, colegimos que lo que Porras propone es que la aplicación de medidas ortodoxas de factura tecnocrática podrían sanear el desbarajuste en el corto plazo, y que la fijación inamovible en la heterodoxia económica podría causar más problemas.

En todo caso, si hubo algo que demostró la gestión económica chavista, es que actuar a contracorriente de las sugerencias del común de los economistas por lo general se traducía en beneficios para las grandes mayorías del país. En tal sentido, una fórmula, podría ser la siguiente: de la ortodoxia sólo lo necesario y por el menor tiempo, de la heterodoxia todo lo posible por el mayor tiempo.

Sobre la necesidad de “construir una mayoría amplia para transformar en profundidad”

Sobre este tema, son interesantes y variados los análisis que se han hecho, particularmente después de las elecciones del 7 de octubre de 2012, y después de las del 14 de abril de 2013. Tanto en una como en otra, y con más fuerza en la segunda, se evidenció un crecimiento notable del caudal de votos de la oposición. En la primera, los “oligarcas” habían llegado a seis millones, en la segunda, a más de siete, quedando a menos de 300 mil votos de los “socialistas”.

Porras, inicia esta parte de su escrito con una idea que fue planteada después de las presidenciales de 2012 y, antes de eso, después del referéndum sobre la Propuesta de Reforma Constitucional de 2007. Aquel 2 de diciembre, luego de saber que los opositores a la reforma habían triunfado, se llegó a una conclusión fundamental: si el 50% más 1 había votado por el No, ganaba el no. Sin embargo, no ocurría así con la opción del Sí, que de haber obtenido una mayoría simple habría ganado la opción de reformar la Constitución, pero con la mitad del país opuesta al socialismo.

Indudablemente, la mayoría que hoy en día apoya la Revolución bolivariana no es la misma que aprobó la Constitución, y mucho menos aquella que derrotó ampliamente a la oposición en las presidenciales de 2006. De cara a la construcción del socialismo, ya se sabe que es absolutamente necesario hacer de la propuesta un proyecto hegemónico, para lo cual estuvo claro en su momento la necesidad de construir una hegemonía popular. En este nivel de la exposición, Porras introduce el complejo tema de las clases sociales, y en pocas palabras plantea recuperar el apoyo total de las clases pertenecientes a los estratos D y E, “aliadas naturales de la revolución”, y sumar a cada vez más gente del estrato C, mejor conocido como el sector de las “clases medias”.

En este punto, a mi parecer se alude una de las problemáticas más complejas que enfrenta todo proyecto político de liberación pos capitalista, más aún si ese proceso es pacífico y apegado a las normas del liberalismo burgués. Como tal, el desafío debe ser encarado discutiendo los temas que haya que discutir por la calle del medio, con total franqueza y de la forma más transparente posible. Dice Porras: “Hacer que millones de personas salgan de la pobreza quiere decir, por deducción lógica, que la clase media (en su expresión más modesta inicialmente) crece en proporción correspondiente”. Digamos de antemano que uno de los problemas a la hora de analizar este tema de las clases sociales y la “movilidad social”, es precisamente la utilización de las nomenclaturas economicistas tradicionales, lo cual genera otro problema, más complejo aún, que se produce cuando se traslada el debate a terrenos en los que al parecer aún tenemos preocupantes debilidades simbólicas.

Para muestra, algunas citas:

Dice Porras: “Este hecho extraordinario, del cual tendríamos que enorgullecernos ruidosamente, a veces pareciera generarnos incomodidad, como si nos hubiéramos terminado creyendo la caricatura miserabilista que ha construido la derecha sobre nosotros. Aquella que pretende que el chavismo busca una nivelación hacia abajo de las clases sociales, y sueña con destruir a las clases medias por ser la materialización de la pequeña burguesía”.

Por otra parte, en su comentario al artículo de Porras, dice Majano:

El problema, otra vez, es que plantearnos la construcción de una mayoría a partir de los paradigmas fundamentales de la dominación no sirve. La noción de “clase media” (categoría sobre la cual Porras ni siquiera reflexiona), es un producto ideológico de la burguesía para construirle una base social al capitalismo. No se trata del tradicional concepto de pequeña burguesía, más relacionado con los sectores que actúan como mediadores entre la burguesía y los trabajadores, sino de un recurso para vincular las expectativas y las posibilidades de una extensa capa social a los intereses de sus dominadores y explotadores”.

También, opinó recientemente Javier Biardeau, que:

Hay que hacer que millones de personas salgan de la pobreza y la exclusión, con conciencia ético-cultural de que se trata de un transformación post-capitalista, que no se trata de reproducir la verdadera “caricatura miserabilista”, cuyo imaginario es creer que se está mejor sólo porque SE TIENEN más bienes y servicios… El “arte de lo posible” de Bismarck consistía precisamente en evitar pretextos para la radicalización social y política. Una política sin antagonismo de sectores dominantes es precisamente el mejor indicador de que no hay Revolución alguna”.

¿Qué decimos nosotros?
 
Cuando el ministro Héctor Rodríguez comentó en un acto público que el Gobierno “no sacaría de la pobreza a la gente para que estos se conviertan en escuálidos”, palabras más, palabras menos, estaba, por un lado, aludiendo el complejo proceso ideológico según el cual la entrada a otra clase social que está “más arriba” llega a producir un cambio de mentalidad. Este “cambio de mentalidad”, implica el abandono del proyecto socialista que me sacó de la pobreza puesto que ya no soy pobre y por tanto ya no me identifico con él. Problemas de ética-política y alienación.

De otro lado, el ministro también reconocía indirectamente que el proyecto moderno-capitalista seguía ostentando su hegemonía cultural sobre la población venezolana, y que el chavismo hasta ahora no ha sido capaz de construir una alternativa hegemónica ―de dirección intelectual y moral― que evite que nos creamos o que reproduzcamos caricatura miserabilista alguna: ni aquella según la cual la igualación que quiere la Revolución es “hacia abajo”, ni aquella según la cual estamos mejor porque tenemos la “casa bien equipada”. El dilema está, y aquí el Gobierno ha sido realmente pragmático, entre avanzar en la construcción del buen vivir bajo el imperio del sistema de valores y creencias predominante, y construir el Sumak Kawsay (Buen Vivir), desde una ética-cultural diferente, realmente asumiendo la transformación del modo de vida y superando los esquemas que tienden a dejarnos como el burro tras la zanahoria.

Ahora bien, crear una nueva consciencia se dice rápido, pero es el más grande de los desafíos, en la medida que hablamos de los factores mediáticos, educativos, subjetivos; del terreno de lo simbólico. Es aquí, donde entra la inestimable labor de los medios alternativos y de todos los proyectos culturales-educativos de carácter contra-hegemónico. Al momento de escribir esto, escucho el encendido discurso del presidente José “Pepe” Mujica en la Cumbre del g-77, en el que con su habitual tono imperativo de musical imprecación, decía:

“Es más fácil cambiar relaciones de propiedad que relaciones culturales, pero si no cambia la cultura, no cambia nada”.

Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-, lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más susceptible de ser descartado o postergado.

Entonces, qué, ¿Hay que sumar? Sin duda, ¿Qué hay que producir más? Por supuesto. ¿Qué hace falta más pragmatismo? Donde sea realmente necesario. Porque, si Den Xiaoping está de visita en Caracas, puede que tenga algo que decir, pero no olvidemos que el objetivo trascendente es hacer una Revolución cultural.
Por cierto, que nuestro deseo no es que esa Revolución cultural sea la de Mao Zedong, así como pensamos también que el pragmatismo que necesita el proceso bolivariano no debe ser el del camarada Xiaoping.

@maurogonzag

viernes, 24 de enero de 2014

Sin capitalismo serio parece que no puede haber socialismo

Cuando el Comandante Chávez hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos, recordándonos que la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista, hizo algo así como “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. Seamos idealistas, pero sin ingenuidades.

Tal dosis de realismo se emparenta con otra reflexión, esta vez de Fidel Castro, en la que el revolucionario afirma o, reconoce, que uno de los mayores errores históricos que cometieron fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Nos parece que el Comandante Fidel, con ese pensamiento quiso enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos por transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Sin embargo, indistintamente de la complejidad que implica la construcción de una nueva sociedad en nuestro mundo contemporáneo, hay una reflexión, esta vez del Che, que no parece haber perdido vigencia: esa nueva sociedad no se construye con las armas melladas del capitalismo.

Decimos que no parece haber perdido vigencia, porque ¿Será posible construir el socialismo desde el mercado, el Estado y la empresa capitalista? El modelo chino pareciera estar señalando ese derrotero. Pero ¿Estaríamos hablando de socialismo, o de una transición a largo plazo de crecimiento y expansión capitalista, que conduciría, dadas las circunstancias, hacia un nuevo modelo de socialismo?

En Venezuela, el año 2013 sirvió no solo para que entendiéramos mejor nuestra economía rentista, predominantemente importadora, sin burguesía productiva, sino también para comprender la estructura de la profunda distorsión económica, si bien podemos llamarla robo descarado, que imperó históricamente en todos los sectores de la economía. Esta distorsión, con todos sus perversos mecanismos materiales y simbólicos generadores de complicidades, y apoyados además en un sistema de creencias funcional ―en el mejor de los casos― se reveló como un formidable obstáculo para el propósito de construir el socialismo.

La guerra económica iniciada por la burguesía a finales de 2012, y que la verdad han practicado siempre las clases dominantes, produjo una movilización histórica del Gobierno bolivariano y las comunidades organizadas que, demostrando una auténtica voluntad política, generó la determinación de combatir y superar el comercio especulativo, propio del rentismo petrolero y de otros factores sociopolíticos, históricos, si recordamos que la renta logró impregnar con su espesa abundancia desde actitudes y comportamientos individuales y sociales, hasta nuestra gastronomía y la forma y tamaño de nuestras casas. Todo lo anterior hizo que nos preguntáramos, a parte los discursos y las utopías, si en Venezuela no era necesario “enseriar” nuestro capitalismo para, a partir de ahí, avanzar hacia cualquier otro objetivo, sea la Luna, Marte, o el socialismo.

Atilio Borón, América latina y el “capitalismo serio”


Evidentemente, cuando el presidente Maduro habla de la necesidad de “sanear nuestra economía”, de superar el rentismo petrolero, de corregir las distorsiones económicas y superar nuestros problemas estructurales, bien definidos por los teóricos de la dependencia, se refiere indudablemente a la necesidad de “enseriar” nuestro capitalismo. Esto quiere decir, por ejemplo, crear las condiciones jurídicas y políticas para ajustar los márgenes de ganancia de nuestra dinámica económica, a niveles normales propios de cualquier capitalismo desarrollado; llevarlos, desde los niveles de bochinche que imperaron históricamente, a niveles “serios”. Definitivamente, nuestro capitalismo es el menos serio de los que hay en el mundo, y puede que sea precisamente por eso que es viable construir un modelo socio-económico distinto, que enriquezca al ser humano y no a la ciega máquina del capital.

Este tema, nos recuerda el análisis sobre geopolítica latinoamericana hecho por el sociólogo argentino Atilio Borón, en el marco del seminario de tres días realizado en el Teatro Teresa Carreño, luego de que se alzara ganador de la última edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico. En esa oportunidad, el escritor hizo una análisis interesante sobre los diversos bloques de países que integran la región, desde una perspectiva político-ideológica:

a) Una revolución consolidada, Cuba
b) Países de centro izquierda: Argentina, Brasil y Uruguay
c) Países bolivarianos: Agrupados en el Alba, los cuales plantean un "reformismo radical"
d) Países de derecha: Agrupados en la Alianza del Pacífico

A partir de esta clasificación, Borón dice que los países bolivarianos se distinguen por dos cosas: se plantean la construcción del socialismo como objetivo político y en ellos se presenta una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado.

De otro lado, en los países de centro-izquierda, se plantea un “capitalismo serio” y la confrontación se da entre los representantes de la clase dominante (No la clase propiamente dicha) y el Estado. Es decir, sería una confrontación más declarativa, más mediática que otra cosa. Recuerdo al autor discurriendo sobre la realidad argentina, en la que la clase dominante está brincando en una pata de lo contenta, aunque de cara a los medios se plantee una “confrontación” con la dirigencia política.

Algo similar ocurre en Brasil. Cuenta el autor de América Latina en la Geopolítica del Imperialismo, que la Asociación Bancaria de Brasil, la que agrupa a la banca más poderosa de ese país, le mandó a hacer a Lula Da Silva una estatua en la plaza de una de sus sedes principales, como homenaje a un presidente que hizo que la banca de su país obtuviera estratosféricas ganancias, como nunca antes en su historia. Ambos ejemplos los coloca el autor para hablar del ya famoso “capitalismo serio”.

De acuerdo a la clasificación, Venezuela se ubica en el grupo de los países bolivarianos, lo cual es indiscutible. Segundo, en nuestro país está planteada la construcción del socialismo, bien, correcto. Ahora bien, ¿Existe una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado? Más frontal que en Argentina y Brasil, bien, pero ¿La banca y la burguesía comercial venezolanas no tendrían razones para mandarle a hacer una estatua a Chávez, por haberles hecho obtener históricas y jugosas ganancias en los últimos años? Es verdad, de otro lado, que esas ganancias las han obtenido en el contexto de un capitalismo parásito, rentista, para nada serio, como ya hemos dicho. Esto impide, por lo que entendemos a Borón, incluir a Venezuela entre los países de Centro-izquierda que promueven el capitalismo toda seriedad.

Así las cosas, parece estar fuera de discusión que Venezuela debe sanear su economía, diversificándola, al tiempo que debe reeducar a una población que consume como las mejores. Queda entonces el debate sobre el socialismo, en un contexto donde la práctica siempre estuvo por delante de la teoría, y donde los ataques y acosos permanentes de los enemigos internos y foráneos de la Revolución bolivariana, mantuvieron siempre el proceso político enfocado en las luchas coyunturales, electorales, políticas, económicas. Pero eso, al fin, parece estar cambiando.

El riesgo, como se podrá intuir, es que la industrialización y la configuración de un capitalismo productivo, con reglas mínimas respetadas por todos los actores, en la auspiciosa vía de la entrada de Venezuela al Mercosur, aleje las metas del nuevo modo de vida socialista, el alto propósito de los países del Alba. En esta vía, los factores mediáticos, educativos, subjetivos, a propósito de la reciente reunión Gobierno-Televisoras, siguen siendo centrales en la construcción de la nueva sociedad.

Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-. lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más fácil, el más susceptible de postergación.

Esto es así en la medida en que nuestro desafío ―así lo indica, por ejemplo, el estado de producción de contenidos audiovisuales en el país, necesario para combatir los anti-valores de la violencia funcionales al capitalismo― expresa la necesidad de continuar liberando el poder creativo que sabemos que tenemos, cualidad necesaria para consolidar los nuevos modos de vida y organización social que comienzan a perfilarse en el país, y que determinarán el desarrollo de la patria en los próximos 100 años.

Conclusión: “enseriar” nuestro capitalismo debe ser nuestra prioridad. Y si una nueva moral y unas nuevas luces iluminan nuestra práctica, el socialismo vendrá por sus propios pasos.

@maurogonzag

jueves, 16 de mayo de 2013

La izquierda y el fascismo ¿Por qué?

El fascismo, como otras palabras que han figurado en el discurso político en los últimos años de proceso bolivariano, lamentablemente ha vuelto a la palestra política luego de los hechos que, hace un mes, dejaron el trágico saldo de 11 fallecidos, hechos que han llamado a algunos escritores y analistas a recordar de qué va esto del fascismo. En tal sentido, a continuación dejaré un humilde aporte para la comprensión de este fenómeno político, uno de los más oscuros generados por la modernidad capitalista.

De entrada, nos gustaría destacar que como signo, como vocablo, el fascismo forma parte de ese conjunto de palabras de las que se ha hecho un uso reiterado sin que se haya reparado muchas veces en sus orígenes y rasgos no sólo históricos, geográficos, económicos y sociales, sino también y sobre todo en los psicológicos y emocionales. Y qué decir del punto al que hemos llegado, que los representantes de la extrema derecha venezolana, en sus intentos de mimetización con el discurso chavista, han comenzado a usar el término para descalificar al actual Gobierno bolivariano.

Como suelen ser los temas relacionados con el comportamiento humano, el fascismo, debido las profundas marcas y secuelas que dejó como fenómeno político en la Europa de los años treinta y cuarenta del siglo XX, por lo general no se considera como una tragedia humana siempre latente y muchas veces presente ―en mayor o menor medida, escandalosa o silenciosamente― en toda sociedad capitalista, lo que es decir sociedades estratificadas, jerárquicas, desiguales, y tanto más opresoras, represoras y autoritarias cuanto más instaurado está el capitalismo en cuestión.

Sin embargo, siempre resulta sano para el análisis recordar el contexto en el que surgen los fenómenos sociopolíticos, a fin de salvar oportunamente los tiempos históricos y geográficos cuando hoy, en la segunda década del siglo XXI, parecieran asomarse algunos de los rasgos de este retoño fatal del capitalismo. A mediados de la década pasada, el escritor Vargas Llosa planteó algunos rasgos de lo que sería el “fascismo contemporáneo”, estableciendo comparaciones entre este y el original surgido en los años de la primera posguerra. Para el literato, los rasgos característicos del fascismo de los años 20 y 30 del siglo pasado fueron el militarismo y la voracidad territorial, a diferencia del “fascismo de nuestra época”, el cual estaría caracterizado por explícitas prácticas de odio y desprecio por la condición humana.

Cuando analizamos la diferencia entre ambos fascismos establecida por el peruano, nos damos cuenta de que en el primer caso estamos en presencia de lo que afirma Franz Leopold Neuman en Behemoth: The Structure & Practice of National Socialism, 1933-1944,  y que fue citado recientemente por  Luis Britto García en su artículo “Fascismo”: el fascismo es la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado. En el segundo caso, que es el del fascismo de nuestra época, el autor alude comportamientos, actitudes, prácticas. En este peculiar caso, no hay estados militaristas dirigidos por jefes alucinados, delirantes y racistas que quieren establecer un imperio mundial de mil años, aunque sí algunos comportamientos sociales, rasgos de carácter, ideologías y posturas presentes en algunos grupos políticos. En nuestro caso, lo preocupante es que importantes sectores de la población venezolana se identifican o apoyan a esos grupos políticos, aunque sean grupos minoritarios.

Contextos

El fascismo, como fenómeno político ―pero también como problema de psicología de masas, como veremos― tuvo lugar en una condiciones histórico-concretas muy particulares: las de la Europa de la primera posguerra, en pleno auge de la Revolución Rusa, años en los que sobrevendría la peor de las crisis capitalistas hasta ese momento (el crack de 1929), crisis que tuvo como expresión en el campo de la filosofía, el arte y de las ideas en general, el nihilismo, el decadentismo, un auge del misticismo y un clima general de pesimismo fatalista. Fueron los años donde se publicaron obras como La decadencia de occidente, de O. Spengler, y donde surgieron teorías estéticas como aquella de la “deshumanización del arte”, de Ortega y Gasset.

En el marco de esta atmósfera de pesimismo, contra la cual se levantaron por cierto autores como Gramsci o Roman Roland, escritores como John Maynard Keynes consideraron un error catastrófico los tratados de Versalles, ya que en su opinión estos producirían en Alemania una hiperinflación y darían lugar, inevitablemente, al militarismo nacionalista. Efectivamente, este agravamiento de la situación económica trajo depauperación al pueblo alemán, el empobrecimiento de su clase media, lo cual produjo la exaltación de los sentimientos de honor y del orgullo nacional. Alemania había sido humillada y, lamentablemente, el tiempo le daría la razón al economista inglés. Pero más allá –o más acá- de estas razones político-económicas del surgimiento del Nacionalsocialismo, están aquellas que explican el por qué, en un contexto revolucionario o, donde las condiciones de empobrecimiento de la clase media y de la clase trabajadora alemana en general, en teoría estaban creando las condiciones para una transformación revolucionaria de la sociedad, esa clase media y, lo que resultaba más llamativo aún, parte importante de la clase obrera, optó por la opción reaccionaria; la mayoría de los alemanes votaría por Hitler.

Tres trabajos resultan esclarecedores para comprender qué es el fascismo y cómo surgió. Uno es La psicología de masas del fascismo, del alemán Wilhelm Reich; el segundo es La lucha contra el fascismo, de León Trotsky, y el otro es La escena contemporánea y otros escritos, de José Carlos Mariátegui. Los tres estudiaron de cerca el fenómeno desde las entrañas de la Europa sacudida por la gran guerra y la Revolución rusa. Reich, desde las primeras páginas de la obra citada, explica cómo la izquierda en Alemania se vio imposibilitada, en gran medida por el mecanicismo, el positivismo y el economicismo vulgar dominantes en ese particular marxismo, de dar cuenta del fenómeno fascista, lo cual establece un importante elemento en el análisis de nuestro tema: la responsabilidad de la izquierda en el surgimiento del fascismo.

Por su parte, el revolucionario ruso, analizando el auge creciente del movimiento nazi en la Alemania de los 30, afirmó que “el fascismo, en tanto que movimiento de masas, es el partido de la desesperanza contrarrevolucionaria.” Detengámonos en una frase que tiene la capacidad de explicar todo el proceso del auge nacionalsocialista. Gabriel de los Santos, parafraseando a Trotsky, lo explica claramente cuando establece que “el crecimiento del nacionalsocialismo estaba relacionado, básicamente, con la pérdida de la esperanza en la revolución por parte de capas cada vez más importantes de la pequeña burguesía que, a su vez, arrastraron tras de sí, en su desesperación, a sectores también considerables del proletariado. El movimiento de estas capas sociales hacia el bando fascista se dio en medio de una fuerte crisis social y de la incapacidad demostrada por parte de los partidos de la clase obrera de impulsar la revolución hacia la victoria”. Otra vez, esta vez de la pluma de Trotsky, tenemos una reflexión que señala la responsabilidad de “los partidos de la clase obrera”.

Volviendo con Reich, en uno de los pasajes de su obra, el alemán se lamenta de que no se haya considerado la experiencia fascista italiana para comprender la experiencia fascista alemana, toda vez que la italiana reunía en su seno las dos funciones netamente antagónicas si las que no se podría comprender el fenómeno del fascismo como “miedo a la libertad”. Estas son:

1) Los intereses subjetivos de la base de masas de un movimiento reaccionario como lo es el fascismo: desde esta perspectiva, el fascismo fue desde sus inicios un movimiento de las clases medias, y Hitler nunca hubiera podido ganar para su causa a este grupo sin prometerles la lucha contra el gran capital, los grandes almacenes, los truts. Dice Reich, que los dirigentes del nacionalsocialismo, presionados por las clases medias, tuvieron que tomar medidas efectivamente anticapitalistas, medidas que posteriormente tuvieron que revocar obligadamente por una presión mayor: la del gran capital. ¿Donde estaban aquí los partidos obreros, revolucionarios? ¿Parlamentando?

2) La función reaccionaria objetiva del movimiento: opuesto tanto al liberalismo como al comunismo, objetivamente el fascismo propugnó la vuelta al pasado. De tener que plantear las palabras clave de este movimiento, a todas luces estas serían: tradición, nación, raza, familia, religión y autoridad… Pero si intentamos dilucidar los dos ingredientes explosivos que dieron lugar al fenómeno, tendríamos que citar, de un lado, el empobrecimiento de la clase media, su desesperanza, su “arrechera”, y de otro, la moral sexual represiva presente en la familia media pequeña burguesa, un elemento que por sí solo merecería análisis aparte. De tal manera, se hace necesario distinguir entre la función reaccionaria objetiva del movimiento y los intereses subjetivos de su base de masas.

Así, tanto Trotsky como Reich destacan lo ocurrido con la clase media, la pequeña burguesía, su empobrecimiento, su honor mancillado, su orgullo nacional exaltado, su represión sexual, su pérdida de confianza en el proletariado y por tanto su pérdida de esperanza en la revolución, todo lo cual hace que termine apoyando al “partido de la desesperanza contrarrevolucionaria. En palabras de Trotsky:

“…bajo las condiciones de desintegración capitalista y el atolladero de la situación económica, la pequeña burguesía procura, intenta y se esfuerza por liberarse de las ataduras de los antiguos amos y dirigentes de la sociedad [los capitalistas]. Es totalmente capaz de unir su destino al del proletariado. Para eso sólo se necesita una cosa: la pequeña burguesía debe adquirir confianza en la capacidad del proletariado de llevar a la sociedad por un nuevo camino. El proletariado sólo puede inspirar esa confianza por su fortaleza, por la firmeza de sus acciones, por una hábil ofensiva contra el enemigo, por el éxito de su política revolucionaria. Pero ¡ay si el partido revolucionario no está a la altura de la situación!… La pequeña burguesía podría resignarse temporalmente a privaciones crecientes si a través de su experiencia llega a la convicción de que el proletariado está en condiciones de llevarla por un nuevo camino. Pero si el partido revolucionario, a pesar de que la lucha de clases se acentúa incesantemente, se muestra una y otra vez incapaz de unificar a la clase obrera tras él, si vacila, se vuelve confuso, se contradice, entonces la pequeña burguesía pierde la paciencia y empieza a considerar a los obreros revolucionarios como los responsables de su propia miseria. Todos los partidos burgueses, incluida la socialdemocracia, piensan en ello. Cuando la crisis social asume una agudeza intolerable, aparece en escena un determinado partido con el objetivo declarado de agitar a la pequeña burguesía hacia un blanco de ira, y de dirigir su odio y su desesperación contra el proletariado. En Alemania, esta función histórica la realiza el nacionalsocialismo, amplia corriente cuya ideología está formada por todos los tufos pútridos de la sociedad burguesa en descomposición”.

Por último, el Amauta Mariátegui, quien estuvo en Italia entre 1919 y 1922 (El Partido Nacional Fascista nace en 1920) analiza en el capítulo de la obra citada “Biología del fascismo”, el surgimiento del fascismo en Italia de la mano de Benito Mussolini quien, recordemos, venía del partido socialista.

Llegado el año 1914, cuando resonaron los tambores de la gran guerra, los socialistas ―el partido de Mussolini― exigieron la neutralidad de Italia. Pero el frenético y beligerante duce defendió la intervención de Italia en la guerra, dándole a su punto de vista una perspectiva revolucionaria, afirmando que la conflagración precipitaría la revolución europea. Pero, dice el Amauta “…en realidad, en su intervencionismo latía su psicología guerrera que no podía avenirse con una actitud tolstoyana y pasiva de neutralidad.” Resulta interesante que Mariátegui aluda reiteradamente  los rasgos de carácter de Mussolini. El hecho es que Italia participaría en la guerra junto a una Entente (alianza Inglaterra, Francia y Rusia contra Alemania) que, luego de su triunfo, no retribuyó de la mejor manera la participación de Italia, para quien la guerra terminó siendo un mal negocio. Italia sería ninguneada en el Tratado de Versalles, lo cual produjo descontento, desencanto, resentimiento.

Italia pudo sentirse ofendida y humillada. A pesar de que el clima era ciertamente revolucionario ―dice Mariátegui que Mussolini fue derrotado en las parlamentarias por los socialistas, quienes ganaron 155 escaños―, los extendidos sentimientos de depresión y decepción estaban creando las condiciones para una “violenta reacción nacionalista”. Mariátegui afirma que esta fue la raíz del fascismo en Italia. Ahora bien, el tema de las clases medias es, por supuesto, central en el surgimiento del fascismo en Italia, razón por la que el Amauta ensaya una importante caracterización de la clase media y su papel en el proceso, planteando un análisis inusitadamente similar al que hace Trosky respecto al caso alemán, con lo cual coincide también en importantes puntos con Reich. Dice Mariátegui:

“La clase media es peculiarmente accesible a los más exaltados mitos patrióticos. Y la clase media italiana, además, se sentía distante y adversaria de la clase proletaria socialista. No le perdonaba su neutralismo. No le perdonaba los altos salarios, los subsidios del Estado, las leyes sociales que durante la guerra y después de ella había conseguido del miedo a la revolución. La clase media se dolía y sufría de que el proletariado neutralista y hasta derrotista, resultase usufructuario de una guerra que no había querido. Y cuyos resultados desvalorizaba, empequeñecía y desdeñaba. Estos malos humores de la clase media encontraron un hogar en el fascismo”.

Finalmente. Toda esta reflexión no nos serviría de mucho si Venezuela no fuera un país con una gran clase media, si parte importante de esa clase media no hubiera votado ―incluyendo sectores “proletarios― por un candidato fascista semi-camuflajeado pero que pudo mostrar su verdadero rostro hace un mes; si no tuviéramos dentro de nuestro sistema de partidos políticos un partido de clara ideología y prácticas fascistas; si no tuviéramos un partido socialista que debe renovarse y replantearse. El debate, como siempre, queda abierto.

amauryalejandrogv@gmail.com

@maurogonzag

viernes, 29 de marzo de 2013

Palabras en tu honor, camarada

Cuando nuestras vidas se cruzaron en la artillería del pensamiento, al poco tiempo recordé un correo que hacía un par de años había recibido con un amable comentario de un artículo en el que criticaba a un conocido personaje de la Cuarta República. El remitente y él tenían el mismo nombre. Más adelante, le pregunté si había sido él quien me había enviado ese correo y su respuesta fue una sonrisa, una evasiva sonrisa. Así era el camarada, sugerente, reservado. Hoy, me pregunto sobre la vida de una persona, de un compañero, cuyo mundo personal mantuvo siempre en infranqueable discreción; hoy, me pregunto sobre lo que la tribulación pudo haber acumulado en su pecho y en su mente.

Ese acumulado, ese dolor, el trabajo y el estudio sin descanso, la incomprensión, la muerte del Comandante, todo eso pudo haberlo matado. Nunca supo sobre la jodedera que mantuvimos cuando era nuevo por su parecido con un conocido diputado de la oposición, con quien también compartía el apellido. Activo en todos los proyectos, como queriendo recuperar algún tiempo perdido, vivir a plenitud esta maravillosa época bolivariana, en cada debate sabía escuchar cada intervención, sintetizar, tomar nota, replicar si era necesario, cualidades de las que muchos carecían y que hicieron de él alguien culto, en el parecer de Galeano que es el parecer de nosotros. Al poder del conocimiento unía el de su voz, la cual sabía administrar, esconder y enseñar en función del escenario.

Ingeniero sin el papel, pero también lector voraz y apasionado de la historia, nos acompañó en los diálogos que se iniciaron a propósito del bicentenario del primer germen independentista, en los espacios de Tiuna El Fuerte junto al historiador Alexander Torres, quien supo apreciar su aporte, toda vez que la pregunta que nos hicimos y que abrió los fuegos del foro, fue si realmente teníamos algo que celebrar, conmemorar, recordar o reflexionar, por los doscientos años de aquella declaratoria de fidelidad a aquel rey. Su sentido de la responsabilidad era rígido, sin concesiones, asfixiante, innegociable. Solo después de tu imprevista y súbita partida, distanciados, reciente la muerte del Comandante, comprendí que actuabas contra el tiempo, en rebelión permanente contra la entropía, con la conciencia del final siempre presente. Nunca nos dijiste nada, hermano, pero sabía de tu mariateguiana agonía.

Hombre de familia, riguroso en el trabajo, fue siempre de los primeros en llegar y de los últimos en irse. Solidario, compañero de lucha a toda prueba, amigo de sus amigos, prefirió reservarse las críticas y optar siempre por el diálogo, la diplomacia. Asimismo, creo sinceramente que no hubiera titubeado al momento de tomar el fusil, y orgulloso hubiera combatido y caído en la refriega. Pero igual, en esta Revolución pacífica, más difícil aún, cayó combatiendo en el lugar de trabajo, en el frente complejo y turbulento de la burocracia.

Confieso que no quise verte en la caja. Preferí llevarme la imagen del compañero que estuvo conmigo en la presentación de la biblioteca José Carlos Mariátegui en el Parque Francisco de Miranda, en ese lluvioso noviembre de 2010; prefiero recordar las amables palabras que tuviste a bien pronunciar durante la presentación de mi libro, hace apenas dos años. Siempre estuviste ahí, como un hermano misterioso, como un guardián. No sé si lograste todos tus cometidos en el terreno, lo que sí sé es que fuiste un ejemplo, y desde acá te recordaremos.



sábado, 22 de diciembre de 2012

Las 7 profecías mayas, Hugo Chávez y el Pachakuti

Los profesionales de la inteligencia no encontrarán el camino de la fe; lo encontrarán las multitudes”. José Carlos Mariátegui

De acuerdo al asombroso Calendario Maya, una vieja era se extingue y otra comienza, proceso cósmico que sugiere que estamos en una suerte de crisis orgánica, con la diferencia de que lo que muere morirá indefectiblemente y el nacimiento de la nueva era sobrevendrá, a pesar de los los incrédulos y discípulos del racionalismo.

Se ha especulado a lo grande con el tema de las profecías mayas, y la gran “industria cultural” no ha dejado pasar la oportunidad para capitalizar una incertidumbre que como siempre, resulta rentable. En los últimos años, y con mayor fuerza en los últimos meses, se han venido difundiendo versiones apocalípticas de las profecías mayas que han alimentado la idea de un supuesto fin del mundo, supuesta catástrofe que si bien es más factible que ocurra debido a la irracionalidad del ser humano que por el choque con el planeta de algún asteroide perdido, ha generado una serie de nerviosismos entre los grupos más crédulos y desinformados.

El fin del mundo vende un mundo

Un ejemplo de esta incertidumbre lo encontramos entre los peregrinos del cerro Uritorco, ubicado en la provincia de Córdoba, Argentina. El Uritorco, es conocido por ser un sitio asociado a actividades esotéricas y un lugar privilegiado para el avistamiento de ovnis, sin embargo, una particular interpretación de lo que ocurrirá el 21 de diciembre generó en las redes sociales una convocatoria para un “suicidio espiritual mágico” en la cima del cerro. Lo preocupante del asunto, es que, a pocos días de la llegada del mágico día, 150 personas habían confirmado su asistencia. Esto bastó para que las autoridades cerraran el acceso a la montaña durante el particular día del solsticio de verano.

Para el arqueólogo Eduardo Matos, estudioso de las construcciones y de la cultura maya, este particular catastrofismo es producto de la ignorancia, de una excesiva credulidad, del incontinente amarillismo y del célebre y desmedido afán de lucro. Una lectura similar la ofrece Alfredo López Austin, historiador experto en religión mesoamericana y en pueblos indígenas de México, quien afirma que “si a un dato curioso del calendario maya se le agrega el amarillismo y mercantilismo de los medios masivos, un notable nivel de ingenuidad generalizada y muchas ganas de aceptar lo maravilloso, lo inexplicable y lo catastrófico, se forma un cóctel complejo”.

¿Pero, que es lo que dicen las 7 profecías mayas, y qué es lo que pasará este 21 de diciembre?

El mundo indígena de Nuestramericano en general espera la llegada del día 21 para celebrar el advenimiento de una nueva era, aunque el nombre y los rituales varíen dependiendo del pueblo. Para la tradición quechua y Aymara, de la cual proviene el presidente boliviano Evo Morales, estamos viviendo el día del Pachakuti o “tiempo nuevo”, el cual será recibido por líderes políticos y religosos, personalidades y organizaciones sociales de todo el mundo en la ceremonial y mítica Isla del Sol, ubicada en el sector boliviano del impresionante Lago Titicaca.

Este tiempo nuevo estaría dejando atrás el “Tiempo del no”, la era del egoísmo, del individualismo y de la “suma cero”. Se trata del día del “Pacha”, el cual será festejado por igual por los mayas guatemalteco-mexicanos, los mapuches chileno-argentinos, los chibchas colombianos y los quechuas ecuatorianos, entre otras naciones de la región.

Es así como este viernes 21, los indígenas bolivianos, entre ellos Morales y su canciller aymara David Choquehuanca, liderarán las ofrendas de advenimiento a la “Pacha” y de despedida de “Macha”, era referida al tiempo del egoísmo y la obscuridad que se había enseñoreado, según la tradición difundida por los amautas y chamanes indígenas locales, desde el 12 de octubre de 1492, momento en el que comenzaría la “larga noche de los quinientos años”.

Como proclamó el canciller indígena Choquehuanca, quien es uno de los más prominentes filósofos indígenas, desde el Lago Sagrado ―el lago Titicaca― “debemos proyectar la Pacha, la cual se refiere a la hermandad, el amor, la convivencia en comunidad, la integración, la esperanza, la complementariedad; el despertar de la conciencia.

Lo que dicen las profecías mayas

En términos generales, las profecías que los mayas dejaron inscritas en piedra, constituyen un mensaje de alerta y esperanza, un llamado a la reflexión, que nos habla de los cambios que debemos operar en nosotros mismos para guiar a la humanidad hacia una nueva era de armonía, cambios que transformarán al planeta y a los seres humanos, y que inaugurarán una nueva era de luz: “la era de la mujer, la era de la madre, la era de la sensibilidad”.

Las siete profecías, de acuerdo al portal 21diciembre.bo, son las siguientes:

Primera: el 21 de diciembre se llega al fin de un ciclo cósmico de 5.125 años ―de la cuenta corta―, y al fin de un ciclo de 25.625 años ―de la cuenta larga―. Esta profecía habla del fin de la era del terror basada en el dogma de la auto-culpabilidad, el concepto falso del pecado y el miedo a la muerte. Para prepararse y poder ver la llegada del nuevo mundo, la humanidad ha de prepararse para este cambio, los hombres han de conocerse a sí mismos y armonizarse con la naturaleza y la galaxia.

En esta primera profecía se habla del tiempo del no tiempo, periodo que abarca los 20 años anteriores al 2012. Durante los primeros 7 años, del 1992 al 1999, la humanidad entraría en una época de grandes aprendizajes, durante los 13 años posteriores la humanidad se enfrentaría a una época de oscuridad y donde se tiene que tomar la consciencia de unidad cósmica.

Segunda: a partir del eclipse de Sol del 11 de agosto de 1999, la humanidad cambiará radicalmente, y se refiere a los últimos 13 años previos al 2012, tiempo en que los seres humanos hemos de enfrentarnos a nuestros miedos y odios, y hemos de elegir el camino entre el bien y el mal. La percepción del tiempo parecerá acelerarse ocasionado en nosotros la incertidumbre, el stress, agotamiento, ira, falta de entendimiento, todo lo cual comenzará a cambiar a partir del 21 de Diciembre del 2012.

Tercera: El aumento global de la temperatura del planeta, lo cual producirá grandes catástrofes sobre el planeta. Esta profecía habla del aumento de la actividad solar y telúrica, del aumento del campo shuman y de la disminución del halo electromagnético de la tierra. Sobre esta profecía, recordemos que este fue el año del deshielo de parte considerable de la superficie de Groenlandia, y que en los últimos años la actividad telúrica ha sido frecuente, incluyendo varios terremotos de alto grado.

Cuarta: Derretimiento de los polos debido al aumento del calor en el planeta, lo cual sumergirá progresivamente áreas costeras y luego zonas más elevadas. Ya se está viendo.

Quinta: Esta profecía habla de la crisis del sistema económico mundial y de su inminente colapso, lo cual se empezó a verificar desde 2008 con la explosión de la burbuja inmobiliaria, y que tendrá consecuencias en otros órdenes sociales.

Sexta: Esta profecía habla de nuevos fenómenos naturales, fenómenos estelares, la aparición de nuevas enfermedades y de un “colapso tecnológico”.

Séptima: En este caso tenemos, más que una profecía, un mensaje que nos dice que durante los 13 años previos al 2012, el ser humano tendrá la oportunidad de cambiar su pensamiento, encontrar la paz interior y tener una “conciencia cósmica unitaria”. Asimismo, nos habla de un nuevo tiempo-espacio donde podremos vivir en paz, basándonos en leyes, ciencias y saberes comprometidos con el cuidado de la Madre Tierra, en una economía solidaria, con relaciones justas y equitativas, tolerancia y el “gobierno de la justicia”.

Hugo Chávez, el Programa de la Patria, los aymaras y el socialismo

¿Qué tiene que ver el fin de este milenario ciclo cósmico y el comienzo de la nueva era de armonía y paz para la humanidad con el II Plan Socialista de la Nación? Desde nuestra perspectiva tiene mucho que ver, si nos detenemos unos segundos y recordamos que hay un proceso político y un líder Nuestramericano y mundial, que se convirtió en el principal motor, la principal fuerza y el gran faro de la emancipación y la unidad de los pueblos de la región latinoamericana: ese proceso es la Revolución bolivariana, y ese líder se llama Hugo Chávez.

Es cierto que el debate sobre el socialismo y el buen vivir en Venezuela ha tenido un matiz distinto a la lucha de los quechuas y aymaras por el socialismo y el buen vivir, matiz que tiene que ver con la influencia que el eurocentrismo ha tenido en nuestra cultura, históricamente influenciada por los estilos de vida estadounidenses, asociados a la modernidad capitalista en la era del imperialismo. No obstante, el carácter de la lucha política en Venezuela y los valores trascendentes que ha enarbolado el liderazgo bolivariano y particularmente el presidente Chávez, son los mismos que están en la base de la era que hoy se inaugura no sólo para los quechuas o aymaras, sino para toda la humanidad.

En otras palabras, en la oposición entre Macha y Pacha, entre el fin de una y el comienzo de la otra, se observa también la oposición entre el capitalismo en su versión neoliberal y el socialismo indoafroamericano, entre la debacle de aquel y el alba de este. La era que termina, como mencionamos antes se identifica con el “Tiempo del no”, con la era del egoísmo, del individualismo y de la “suma cero”, una era de guerras y oscuridad que se “enseñoreó” por quinientos años pero que ha tocado a su fin en este nuevo amanecer para la humanidad. A estos valores, por cierto muy propios de una modernidad capitalista responsable del proceso de la racionalización de todos los aspectos de la vida y de la emergencia del hombre como el centro y el fundamento de todo orden y conocimiento en el mundo, separado de lo espiritual, de lo natural y trascendente, se oponen los valores de la Pacha, la cual se refiere a la hermandad, el amor, la convivencia en comunidad, la integración, la esperanza, la complementariedad y el “despertar de la conciencia”. Añadamos también la solidaridad, la cooperación, la justica y la igualdad, y tendremos, junto a la concepción aymara del Buen vivir, el más puro y necesario socialismo indoamericano, tal como lo concibiera el Amauta Mariátegui.

Sin dudas, es este socialismo el que está planteado en el Programa de la Patria presentado por el Comandante Hugo Chávez “como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” para nuestro pueblo”, tal como lo establece el segundo gran objetivo histórico. Evidentemente, conjugar un lenguaje trascendente, mítico-religioso, con la gramática laica y el discurso político revolucionario, nunca ha formado parte de las tareas más preciadas de los científicos sociales, los cuales llevan en su propia definición un importante hándicap para la comprensión de los tiempos que actualmente vivimos, a los que hay que sumar, a parte de la filosofía política secular, algunos elementos propios de otras filosofías políticas no occidentales, no separadas de lo natural y lo divino y que, como en este caso, incluyen una gama de saberes que conforman un “pensasiento”, que a su vez forma parte de un “cosmocimiento” (como dice Choquehuanca).

Esta relación da para mucho más, por ahora, digamos que Hugo Chávez, como líder continental, ha sido desde 1999 el gran mensajero del advenimiento de los nuevos tiempos, un guerrero que removió de la profundidad de esta tierra mágica y milenaria, la gran potencia revolucionaria que alberga, además de una profunda sabiduría ancestral expresada en los Guerreros del Arcoiris, los cuales “serán la clave para la supervivencia de la humanidad”.

Publicado en Poderenlared.com el 21 de diciembre


domingo, 25 de marzo de 2012

El mundo está harto del discurso del "progreso" y de sus trasnochados defensores

Resulta insólito que a estas alturas de la partida se esté proponiendo el “progreso” como si la palabrita por sí misma tuviera algún poder sobrenatural para convencer a gente que ya sabe que en nombre de la idea de “progreso”, se ha colonizado, recolonizado y neocolonizado a países que desde la perspectiva de la Teoría de la Dependencia estuvieron siempre en la llamada periferia, indistintamente del optimismo y su fe en el indetenible “progreso”.

Comencemos diciendo, con el Mariátegui de “El alma matinal”, que en el ser humano está presente una necesidad de infinito, de trascendencia, por lo que la necesidad de una Fe, de una creencia superior, ha estado siempre presente en el alma de las sociedades, de los pueblos. Históricamente, las religiones siempre desempeñaron este rol de re-ligar al ser humano con ese universo trascendente por medio de ese conjunto de ceremonias y creencias que son las religiones. Ahora bien, la modernidad capitalista de los 500 años, como proceso de racionalización y secularización, entre otras cosas, en cierta medida transfirió esta influencia que siempre tuvo la Iglesia (la comunidad de los creyentes) a las llamadas ciencias sociales. A medida que la institución eclesiástica perdía influencia la ganaban estas disciplinas que nacieron haciendo de la sociedad su “objeto de estudio”, en el marco fundamental del siglo en el que, podemos decir, se consolidó la ideología colonialista: la centuria del XVIII.

Es así, como el fundador de una de esas “ciencias” acuñó la conocida frase “Orden y progreso”, como consigna y flamante mitología emanada de las plumas de los intelectuales orgánicos de la burguesía en ascenso. La revolución industrial como subsunción de la tecnología en el capital, como lo plasma Marx en el Manifiesto Comunista, transformó vertiginosamente las relaciones sociales, en un contexto donde el “progreso”, inauguró una visión lineal de la historia y de la vida, con la mitología de fondo de que el mero transcurrir del tiempo aumentaría el bienestar general. De tal manera, lograr el bienestar de todos era solo cuestión de dejar que los pioneros burgueses, armados con su voluntad, su ciencia y su técnica, hicieran su trabajo.


En este orden de ideas, son muchos los pesadores que han develado este mito del progreso, que si bien los mitos y la ideología forman parte de la estructura social como refiere Ludovico Silva, este del “progreso” es un “mal mito por ser ilusorio y destructivo” (Dussel). Pero lo que preocupa de todo esto, es que después de un siglo como el siglo XX, muchos crean aún en este cuento del progresismo que lo que sí recuerda es a un burro tras la zanahoria; o peor, que crean en el “capitalismo popular”. A propósito de esto, recordemos también que existe toda una genealogía de palabras mitológicas cuyo carácter teleológico, cuya “inevitabilidad”, las han emparentado en las diversas épocas. Es el caso del progreso, pero también de palabras-mito como “desarrollo”, “crecimiento”, “civilización” o “globalización”, que sugieren lo que es de alguna forma ―de alguna forma porque son mitos― imparable, inevitable y necesario.

La palabra “desarrollo”, por ejemplo, es uno de esos signos mitológicos heredero del “progreso”, y que el pensador colombiano Arturo Escobar analiza en tanto “régimen de representación”, como discurso articulado y difundido desde el norte del mundo en un determinado contexto histórico, el de la segunda post-guerra, y que logró colonizar el imaginario social hasta el punto que no se pudo pensar en algún esfuerzo orientado a lograr el bienestar de los pueblos en términos que no fueran los del “desarrollo”. La consecuencia necesaria de esto fue que se creó el subdesarrollo, en una renovada dualidad moderna-capitalista heredera de aquella civilización-barbarie, creándose junto a aquel todo un “tercer mundo” como espacio de lo “sub-desarrollado.

Ciertamente, tales discursos devienen en “prácticas concretas de pensamiento y acción” por medio de las cuales se llega a crear realmente una determinada realidad, aunque sin embargo sean unas gramáticas de las cuales podemos y tenemos que salirnos. A esto agregaríamos que la falta de imaginación no excusa la incapacidad o la renuencia para transitar por el camino de la descolonización intelectual.
 
Todo lo cual nos lleva a destacar el carácter trasnochado del discurso del progreso como estrategia otorgadora de esperanzas, ambigua y difusa, y por demás atribuible históricamente tanto a derechas como a izquierdas. Así como se articuló en su momento el “discurso del desarrollo”, con el criminal Harry Truman como punta de lanza, más adelante con Kennedy surgió la estrategia de la “alianza para el progreso”, como reacción y como expresión de inquietudes y miedos ante el triunfo de la Revolución cubana. El historiador Sant Roz lo recuerda así:

En diciembre de 1960, el agente de la CIA, Adolf Berle, coordinador del grupo de trabajo del Partido Demócrata sobre América Latina, consultó la opinión de uno de sus agentes para el  área, el señor José Figueres, para definir la política de John F. Kennedy hacia la región. De aquí surgió la propuesta de anunciar en la Unión Panamericana de Washington el programa «Alianza para el Progreso».

Desde entonces la denominación Progreso, como término que se refiere a avance, a proyección desarrollista hacia el futuro, sentido de superación económica, adquirió una dimensión tremenda en todos los informes, artículos de opinión, libros, documentos y titulares de prensa.


No obstante hay que decirle a un montón de ignorantes, que aunque parezca insólito, el verdadero inspirador del programa «Alianza para el Progreso» fue Fidel Castro. Incluso, Fidel Castro estimó su costo en unos 20.000 millones de dólares. Esta fue una proposición que Fidel presentó en mayo de 1959 durante una visita que hizo a Buenos Aires en momentos en que allí se realizaba una reunión de la OEA. 


De tal manera, podemos concluir apretadamente que:

1- El discurso del progreso ―presente actualmente en el oposicionismo venezolano―  es un heredero del discurso del desarrollo ―que a su vez es pariente de aquel “orden y progreso” positivista―, como estrategia política-discursiva articulada en un contexto imperial y con el propósito de justificar y naturalizar coloniajes y neo-coloniajes.

2- En nuestro actual contexto, de reconfiguración geopolítica mundial hacia la multipolaridad, de una crisis estructural del capitalismo que viene desde hace 100 años como lo explica Theotonio Dos Santos; de renovado keynesianismo de guerra y de crisis ecológica mundial, hablar de “progreso” resulta anacrónico, inviable, desubicado y torpe.

3- Si entendemos al “progreso” y al “desarrollo”, no sólo de manera tecnocrática como “crecimiento de la economía”, o como el florecimiento de la cabilla y el concreto por todos lados, sino como el aumento del bienestar, la satisfacción y la felicidad de la gente, bien podríamos decir que en los últimos años hemos tenido progreso, y no precisamente como perfección de los medios y confusión en los fines, aunque habría que ser cuidadosos con la posibilidad de enseñorear a la racionalidad instrumental.

@maurogonzag
amauryalejandrogv@gmail.com

domingo, 25 de septiembre de 2011

Palabras por un grano de sensatez

He comentado en otras oportunidades que una de las últimas reflexiones de Fidel, donde el líder histórico dice que uno de los más graves errores que pudieron haber cometido a lo largo del proceso de la Revolución cubana, fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo, parece no importar mucho a quienes quieren destacar siempre al Fidel de la sierra maestra y la crisis de los misiles. Es el mismo Fidel, sólo que el de las reflexiones de los últimos tiempos es el del balance histórico y la experiencia y no el de la guerra fría y el telúrico discurso.

Recuerdo esto a propósito de una opinión que anda circulando por ahí, que afirma que eso de que el socialismo en Venezuela debe ser autóctono y adaptarse a su realidad concreta, es producto de una confusión pequeño-burguesa, una desacertada opinión proveniente un reformismo que supuestamente pretendería humanizar el capitalismo. Esto plantea una vieja batalla teórica. Semejante opinión merecería recordar el debate clásico que sostuviera Mariátegui con los representantes latinoamericanos de la III Internacional. Si, el Mariátegui que pareciera estar vigente por aquello de la necesidad de dar vida al socialismo “con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje...” Porque lo del “calco ni copia” parece estar lo suficientemente claro, aunque no lo esté mucho lo de la “creación heroica”, que para el filósofo cubano Antonio Bermejo alude al genio y la eficacia con que el sujeto de la revolución ha logrado adaptar las ideas elaboradas en otras latitudes en función de una realidad diferente, específica y concreta.

Ciertamente, es más fácil adoptar la consigna que tomarle la palabra a Mariátegui, quien no nos está diciendo cómo construir el socialismo y si está haciendo una advertencia que, como hemos dicho, recuerda aquella reflexión robinsoniana “O inventamos o erramos”. Sin embargo, hay verdad también en el hecho de que se hace un uso ideológico y falseador de ideas sutiles como ésta, distorsión propia de la más peligrosa demagogia oximoronica: el socialismo en Venezuela, dado el carácter rentista de la economía, adopta la forma de un capitalismo humano. Se reduce todo así, a un simple problema de administración o distribución y nunca de cambio y transformación. Pero este uso ideológico no da razones para desechar la idea del socialismo propio a la venezolana. Tal cosa recuerda el cuento del esposo ocupado que, consciente de que su compañera lo engaña con el lechero, al que sienta en el sofá de la casa, encuentra la solución botando el sofá. Pero el mueble no tiene la culpa de que lo estén ocupando para esos menesteres ¿No?

Son conocidas también, las discrepancias teóricas que propiciaron la ruptura entre el Amauta Mariátegui y el fundador del APRA, Haya de la Torre. Éste último, en su propuesta reprodujo claramente lo que Roberto Fernández Retamar en Todo Calibán, llama la cultura de la Anti-América, que es la cultura de los opresores, de los que trataron o tratan de imponer en estas tierras esquemas metropolitanos “o simplemente, mansamente, reproducen de modo provinciano lo que en otros países puede tener su razón de ser”. Para Ezequiel Martínez Estrada, citado por Retamar, quienes así proceden “han traicionado a la causa de la verdadera emancipación de la América Latina”.

Efectivamente, Mariátegui no compartió con Haya la visión diacrónica unilineal que hiciera ver a este en el imperialismo un factor de progreso, de desarrollo modernizador, que crearía las condiciones para avanzar posteriormente hacia el socialismo. La sutileza de la crítica, y la negativa del Amauta a instaurar una franquicia de la III internacional en su país, de acuerdo al historiador Sant Roz, hicieron que el APRA y los partidos que emularon al movimiento en la región, como fue el caso aquí de Acción Democrática, en una operación ideológica del mismo pelaje, rechazaran las ideas referenciales de Marx y Engels y por esa vía de todo clásico marxista europeo o euroasiático, a través del marxismo heterodoxo, abierto, crítico y creador del Amauta; como decir que la crítica del Amauta a la III Internacional era en realidad una crítica a los pensadores marxistas por impertinentes, inviables, inaplicables. Pero todo lo contrario.

Es decir, en el marco del rechazo a la compleja realidad sociopolítica latinoamericana, y optando por la simplificación, por el camino fácil, se rechaza el esfuerzo adaptativo y recreador del teórico nuestroamericano con cuerda propia, por una parte, y por otra los verdaderos reformistas o directamente los conservadores o la reacción, presentan, ideológica y torcidamente, a la crítica creadora como una forma de rechazo y de condena a las ideas revolucionarias, quedando todo pues patas arriba. De ahí la importancia del pensamiento crítico, de la heterodoxia, de la imaginación creadora, a veces incómodas pero siempre necesarias.

@maurogonzag

viernes, 9 de septiembre de 2011

Mariátegui: La Revolución bolivariana y el socialismo Nuestroamericano

Luis Villafaña
El siguiente texto pertenece a Luis Villafaña, conocido como el Negro Villafaña, y que fue publicado por partes en aporrea.org, a partir del día 13 de diciembre de 2006. Texto de gran pertinencia, sin exagerar lo puedo considerar como una extraordinaria pieza política. El texto que hoy dejo a los lectores es la versión completa, corregida y editada, y lo recomendamos para su utilización en las dinámicas de formación teórica-política, aunque no ideológica, porque me parece que hay que defender la concepción marxista de la ideología como reflejo invertido de la realidad; como falsa conciencia.
  

Presentación

El presente escrito está constituido por una presentación de la obra de José Carlos Mariátegui y una caracterización de la Revolución Bolivariana, en una dinámica donde se subraya la vigencia política-ideológica de la obra de éste, en la lucha por la liberación de los pueblos Nuestro-americanos en general y venezolano en particular. Es también un inventario de temas, aristas y ángulos de la experiencia bolivariana como hecho político-social en desarrollo y, niveles de coincidencias con el esfuerzo de elaboración intelectual, política, ideológica y organizativa de Mariátegui.

Requisito indispensable, en una exposición como la presente, es dar a conocer los principales aspectos en juego siendo uno de ellos la vida y obra de José Carlos   Mariátegui. Autor poco conocido, no solo en nuestro país, sino en muchos otros países de Nuestra-América, incluso para militantes revolucionarios debido al esfuerzo sistemático que tuvieron marxistas ortodoxos, trotskistas, reformistas, imperialistas y apristas entre otros, por tergiversar o acallar su obra*.
 
Por otra parte, más allá del liderazgo del Presidente Chávez, errores del imperialismo en sus ataques al proceso y de la debacle de la oposición, la trascendencia de la Revolución Bolivariana la constatamos en el esfuerzo de interpretar la realidad nacional desde la estructuración de un pensamiento propio (el bolivarianismo), que en su dinámica y profundización, desde lo especifico y particular de nuestro país, logra apuntalar una propuesta de cambio que impacta la universalidad de la cultura y particularmente de la cultura política-revolucionaria.

Espero que esta iniciativa nos acerque más a la implementación crítica de la Revolución Bolivariana, a valorar el papel de la teoría, el estudio, la sistematización de experiencias, el continuo aprendizaje y a hurgar en afirmaciones y propuestas elaboradas a lo largo y ancho de Nuestra-América Rebelde, pero que por prejuicios euro-céntricos permanecen silenciadas y desalojadas del arsenal teórico-político necesario para la Liberación de nuestras tierras, desde una propuesta Socialista y NuestraAméricana.

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(*) Véase: (cuatro caras de un mito) en la Introducción a los Siete Ensayos de Interpretación de la realidad Peruana, escrito por Aníbal Quijano Editorial Ayacucho, Caracas 1979, primera edición.

sábado, 30 de julio de 2011

Lucha de clases, fascismo y nacionalismo en la Revolución bolivariana

En una entrega publicada a finales de mayo, planteaba lo que parece ser un dilema presente en el proceso bolivariano, el cual ha consistido en un dinámica política orientada a la transformación social que parece oscilar entre la lucha nacional y la lucha de clases, lo cual adquiere matices polémicos en la medida en que se ha definido al Socialismo como la forma organizativa, como el sistema social, al cual debe enrumbarse el proceso de cambio que conocemos como Revolución bolivariana.

En esa oportunidad, destacamos el carácter complejo del debate sobre cómo lograr ese objetivo, sobre cuál debería ser el programa y los principios que debería seguir el sujeto del cambio para lograr la necesaria transformación social. Cómo ejemplo, citamos a un autor que en uno de sus artículos planteaba como uno de los temas objeto de debate, el papel que debe desempeñar la empresa privada en el proceso, surgiendo preguntas como ¿Debe o no desaparecer la empresa privada en el socialismo?, ¿Si no tiene por qué desaparecer, cual debe ser su papel? Y ¿En caso de que tenga que desaparecer, es el Estado el que debería ejercer la hegemonía socioeconómica, o más bien las comunidades organizadas? ¿Sistema mixto con efectiva regulación estatal?

Seguidamente, recordamos que, como es natural, estos debates han surgido y se han dado en otros momentos de la historia, por lo que nos pareció pertinente recordar el debate que se dio en los años 20 del siglo XX, entre Haya de la Torre, fundador del APRA (organización en la que se inspiró Acción Democrática), y José Carlos Mariátegui, aquel que diría que el socialismo en nuestras tierras no debe ser calco no copia sino creación heroica. En este sentido, establecimos una analogía entre las posiciones fijadas en esos años por esas figuras, y las posiciones que vienen expresándose en los debates que se dan hoy en Venezuela, preguntándonos si así como el Partido Socialista fundado por Mariátegui se encontró ubicado por sus principios y programa entre el APRA y la III Internacional, nuestro Psuv se ubicaba entre el Partido Comunista y Acción Democrática o, si más bien el Psuv no se parecía más –o una de sus corrientes principales- al APRA. Es así, como recordamos que en ese debate, Haya de la Torre representó el paradigma de la lucha nacional, así como Mariátegui representó el de la lucha de clases.

domingo, 29 de mayo de 2011

Dilemas de la revolución bolivariana: problema de clase o problema nacional. Mariátegui, Haya de la Torre, eurocentrismos, el APRA y el PSUV

Preliminar


Hace alrededor de dos años, un profesor de ciencias políticas nos comentaba que de acuerdo a lo que planteaba la conocida “teoría del chinchorro” -que dice que la popularidad de un gobierno hace más o menos el recorrido que hace la sabrosa maya de descanso- en ese momento estábamos en el período de menor popularidad, lo que es decir la parte media del chinchorro, y que sólo era cuestión de tiempo –aproximación de las elecciones- para que los niveles de popularidad se recuperaran hasta llegar bien arriba, justo donde el mecate se amarra firme a la palmera.

La sugestiva teoría no parece estar lejos de la verdad y de acuerdo a los resultados que arrojan los estudios de GIS XXI, la popularidad del presidente Chávez, desde la perspectiva de la intención del voto, se encuentra en niveles que permiten hacer claras proyecciones a futuro, a menos de dos años para las presidenciales. Se avecina de nuevo la coyuntura electoral, las estelares elecciones donde los venezolanos hemos dado ejemplo al mundo de participación cívica y democrática durante los últimos años, y que el movimiento bolivariano aceptó y asumió como la vía, con todos sus mecanismos racionales-legales y todas sus implicaciones, para acceder al poder del Estado para iniciar desde allí el proceso de cambio de la –para aquel entonces- desesperanzada sociedad venezolana.

Hoy, transcurridos doce años desde la llegada de Chávez y a seis desde que se optara por el socialismo como el modelo teorético (ideal), la utopía concreta (posible) y el camino a seguir por el proceso bolivariano para alcanzar la mayor suma de estabilidad, seguridad y felicidad para nuestro pueblo, el carácter pacífico del movimiento político en el poder ha expresado y manifestado sus problemas, contradicciones y dilemas más profundos. Estos desafíos, formidables por demás, han sido expresados y planteados como problemas teóricos y de praxis revolucionaria por distintos pensadores, analistas y escritores a lo largo de la historia del siglo XX y de la nuestra reciente; desafíos de los que el mayor de todos parece ser el de la transformación de las relaciones sociales y de producción dominantes en relación circular con las ideas, creencias y valores que las justifican y reproducen. Se trata de cambiar una totalidad, una estructura, un sistema que, viéndolo bien, podría superarse si se transforman los componentes que, teniendo un carácter nodal, crítico, podrán influir sensiblemente en la estructura haciendo del todo, que siempre es más que la suma de las partes, una totalidad diferente.

De todas las opiniones que han proliferado sobre estas complejidades del proceso bolivariano, hay dos de reciente publicación que particularmente me gustaría comentar y que están relacionados con estos retos teórico-políticos de que venimos hablando.