Detrás de la campaña estadunidense contra la nación sudamericana no hay más que un designio injerencista y neocolonial, inspirado a su vez por el afán de realinear a Venezuela con la política exterior de la superpotencia.
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Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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jueves, 9 de abril de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Medidas económicas y nueva Ruta de la Seda
Hechos los anuncios sobre las ingentes nuevas inversiones
para la protección del pueblo venezolano y de las nuevas medidas cambiarias, la nación entera está a la expectativa de la explicación
pormenorizada de estas últimas, en un contexto desafiante tanto por las
pugnas y conspiraciones internas, como por la dinámica geopolítica
regional y mundial
Mientras más se discute sobre tipo de cambio, contrabando, precios del petróleo, especulación, consumismo, importaciones y exportaciones, competitividad, comercio, oportunidades, producción, créditos, sueldos y salarios, apertura de nuevas fábricas, lo que es decir sobre temas económicos centrales a considerar por cualquier país que desee prosperar y convertirse en “potencia”, los debates sobre la utopía socialista y el Gobierno “proletario” parecen haberse quedado rezagados. Venezuela y el mundo, parecen atravesar una etapa de pragmatismo signada por la emergencia de nuevos gigantes económicos como los Brics, entre los que se encuentra la actual primera economía del mundo: China.
Al momento de escribir estas palabras, se desarrolla la segunda ronda de conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, luego de que el pasado diciembre los presidentes Castro y Obama sorprendieran al mundo con el anuncio de la liberación de prisioneros políticos y el restablecimiento de las relaciones entre ambos países, después de décadas de un enfrentamiento signado por la guerra fría, y de la lucha capitalismo-socialismo que marcó el siglo XX, al menos hasta finales de los años ochenta.
Mientras más se discute sobre tipo de cambio, contrabando, precios del petróleo, especulación, consumismo, importaciones y exportaciones, competitividad, comercio, oportunidades, producción, créditos, sueldos y salarios, apertura de nuevas fábricas, lo que es decir sobre temas económicos centrales a considerar por cualquier país que desee prosperar y convertirse en “potencia”, los debates sobre la utopía socialista y el Gobierno “proletario” parecen haberse quedado rezagados. Venezuela y el mundo, parecen atravesar una etapa de pragmatismo signada por la emergencia de nuevos gigantes económicos como los Brics, entre los que se encuentra la actual primera economía del mundo: China.
Al momento de escribir estas palabras, se desarrolla la segunda ronda de conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, luego de que el pasado diciembre los presidentes Castro y Obama sorprendieran al mundo con el anuncio de la liberación de prisioneros políticos y el restablecimiento de las relaciones entre ambos países, después de décadas de un enfrentamiento signado por la guerra fría, y de la lucha capitalismo-socialismo que marcó el siglo XX, al menos hasta finales de los años ochenta.
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viernes, 3 de octubre de 2014
Revolución y democracia: ante la señal de lo evidente
Desde que en 2004 los venezolanos nos enteramos que habían detenido a
un nutrido grupo de paramilitares colombianos en una finca por El
Hatillo, Edo. Miranda, propiedad de un señor vinculado a furibundos
sectores contrarrevolucionarios de Miami, se visibilizó claramente cuál
sería la nueva estrategia de las derechas nacionales e internacionales
coaligadas para aniquilar la Revolución bolivariana.
La renaciente Venezuela dirigida por el Comandante Chávez era una República refundada, con una nueva Constitución, la primera aprobada por el pueblo. La Revolución había derrotado un golpe de Estado cupular en abril de 2002, y casi de inmediato, después que los sectores reaccionarios confundieron la actitud cristiana de Chávez con debilidad, se inició un criminal paro petrolero que, si bien fue impulsado por una minoría meritocrática, las cuantiosas pérdidas que generó fueron para el país entero. La respuesta del pueblo fue ejemplar, el sabotaje petrolero fue también derrotado.
La oligarquía local y sus aliados en los sectores imperialistas del país del norte, pero también en países vecinos, comenzaban a darse cuenta de que el proceso liderado por el Comandante Chávez, que para más señas estaba sirviendo de ejemplo de emancipación pacífica en toda la región, no podría ser derrocado ni con elecciones democráticas ni con golpes de Estado, a la vieja usanza. La legitimidad y el apoyo popular a la nueva fuerza política era avasallante, y los diversos sectores de la reacción oligarca, desconcertados frente al liderazgo arrollador del Comandante, optaron por la anti-política, por las teorías de Gene Sharp, por el fascismo.
En medio del fragor de la lucha política, las guerras mediáticas arreciaron y generaron un clima de crispación que nos llevaron al borde de una guerra civil. El debate entre los sectores progresistas alcanzó niveles extraordinarios de efervescencia. Muchos decían: si esto es una Revolución, hay que expropiar a la banca, a los terratenientes, a la poca burguesía productiva, regular el comercio, nacionalizar el comercio exterior y meter presos a unos cuantos golpistas que andan por ahí realengos y conspirando. Por esos días, Luis Britto García empezó a denunciar la infiltración de paramilitares que habían quedado sin trabajo en el país vecino, como producto del proceso de desmovilización de esos grupos terroristas implementado en ese país.
En un sentido, el discurso denunciaba al golpismo apátrida, en otro, la histeria reaccionaria respondía con acusaciones de dictadura autoritaria. Mientras tanto, nuevas formas de violencia se iban fundiendo con la criminalidad “tradicional” del país. De pronto, el llamado secuestro express apareció en la escena, de forma seguida y sistemática, junto a crímenes horrendos que muchos, si no todos, empezamos a notar como impropios de nuestra sociedad; como prácticas inhumanas y dantescas (adjetivo demasiado elegante para calificarlas) de factura paramilitar. Asesinato de Danilo Anderson, el “fiscal valiente”; valiente porque lo dejaron solo y siguió pa’ lante.
Mientras esto ocurría en la ciudad, en el campo se vivía una nueva guerra federal, y con cada día nos llegaba la noticia de la caída de un nuevo grupo de campesinos o de uno de sus líderes, a manos de grupos armados al servicio de los terratenientes. La cifra que hoy se maneja, nos habla de cientos de campesinos muertos en la lucha por la tierra en medio de una “Revolución pacífica”. A propósito de esta expresión, debemos aclarar que se puede definir así dado que es un proceso de cambio, de emancipación social, que se realiza en democracia y libertad, lo que es decir, respetando las reglas del célebre y ultra mentado Estado burgués; es decir, respetando y defendiendo las instituciones por las que murió un Salvador Allende.
Dice García Márquez en su extraordinaria crónica “Chile, el golpe y los gringos”, que la contradicción más dramática de Salvador Allende fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado. Allende, continua el Gabo, creyó haber resuelto esa contradicción desde la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo, dentro de la legalidad burguesa. Es decir, la tesis de los reformistas Berstein y Kautsky; lo mejor del ideario de la Sociedad Fabiana, que imaginamos alguna influencia tendría en Allende, dada su condición de doctor masón. ¿Cuál fue la lección? El Gabo, dice que Allende comprendió tarde que no se puede cambiar un sistema desde el Gobierno sino desde el poder.
En Venezuela, este 1º de octubre asesinaron en su propia casa al joven diputado revolucionario Robert José Serra y a su compañera María Herrera. Fue con armas “blancas”, perfectamente planificado, en quince minutos, con gran precisión. En 2011 uno de sus guardaespaldas había sido asesinado en circunstancias confusas; en 2012, antes de las elecciones presidenciales, otro de sus guardaespaldas apareció en el monte del Guaraira Repano con un tiro en la nuca. Una realidad sombría, sórdida, se comienza a cernir sobre nuestra tierra de gracia. El ministro Rodríguez Torres, destaca en la mañana del 2 de octubre que la muerte de Serra obedeció a una “macabra encomienda”. El twitter se desparrama. El escritor Hernández Montoya, dice que el hecho constituye un “acto de guerra”.
El país de nuevo está de luto. Algunos aún estamos pasmados, pero al ver como el diputado Serra sacó el pecho frente al tema de la expulsión de Colombia y posterior detención de Lorent Gómez Saleh, quien en uno de sus videos habla sobre el plan de “bajarse a 20 muñecos” en Venezuela, el panorama se aclara tenebrosamente. Por su parte, Ernesto Samper, actual Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, afirma vía twitter, por si quedaban dudas, que el “Asesinato de Serra es una señal de infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela”. Su declaración es confirmatoria de una realidad que esperemos continúe siendo atajada, dada las circunstancias sociopolíticas contemporáneas.
¿Cuáles son esas circunstancias? Allende y las fuerzas de la Unidad Popular estaban en el Gobierno, pero no en el poder. Maduro y las fuerzas chavistas están en el Gobierno y también en el poder, pero luchando contra poderes fácticos como el económico y el mediático nacional e internacional, capaz de movilizar algunas capas medias de la sociedad ―como los estudiantes opositores― e infiltrarlas con grupos entrenados en tácticas de guerra asimétrica y guerrilla urbana. Marchas pacificas infiltradas de violencia asesina, frente a las cuales las fuerzas del orden tuvieron que actuar con la máxima prudencia, esperando muchas veces por una definición más acertada de la coyuntura. En dos platos, el hecho clave de hoy para los Gobiernos progresistas es, no combatir la violencia guarimbera con la llamada violencia legítima del Estado ―tema de los más duros debates―, sino con la promoción permanente de la Paz, apostando por el diálogo, la resistencia, la construcción de consensos, y sin traicionar los principios revolucionarios y el legado del Comandante.
El presidente Maduro, ha adelantado que las investigaciones están bastante avanzadas, que pronto caerán los autores materiales e intelectuales del asesinato de Robert Serra. El pueblo exige justicia, ante la crudeza de la acción de unos criminales que esta vez hasta se ahorraron el trabajo de disfrazar el asesinato con el antifaz del hampa común, como intentaron hacer con Otaiza. Ni la juventud ni el chavismo se desmoralizan. La oposición ha sido emplazada a pronunciarse sobre los hechos. Puede que haya llegado el momento de radicalizar la revolución, apostando siempre por la convivencia y la Paz, el único camino posible.
Publicado hoy en PoderenlaRed.com
La renaciente Venezuela dirigida por el Comandante Chávez era una República refundada, con una nueva Constitución, la primera aprobada por el pueblo. La Revolución había derrotado un golpe de Estado cupular en abril de 2002, y casi de inmediato, después que los sectores reaccionarios confundieron la actitud cristiana de Chávez con debilidad, se inició un criminal paro petrolero que, si bien fue impulsado por una minoría meritocrática, las cuantiosas pérdidas que generó fueron para el país entero. La respuesta del pueblo fue ejemplar, el sabotaje petrolero fue también derrotado.
La oligarquía local y sus aliados en los sectores imperialistas del país del norte, pero también en países vecinos, comenzaban a darse cuenta de que el proceso liderado por el Comandante Chávez, que para más señas estaba sirviendo de ejemplo de emancipación pacífica en toda la región, no podría ser derrocado ni con elecciones democráticas ni con golpes de Estado, a la vieja usanza. La legitimidad y el apoyo popular a la nueva fuerza política era avasallante, y los diversos sectores de la reacción oligarca, desconcertados frente al liderazgo arrollador del Comandante, optaron por la anti-política, por las teorías de Gene Sharp, por el fascismo.
En medio del fragor de la lucha política, las guerras mediáticas arreciaron y generaron un clima de crispación que nos llevaron al borde de una guerra civil. El debate entre los sectores progresistas alcanzó niveles extraordinarios de efervescencia. Muchos decían: si esto es una Revolución, hay que expropiar a la banca, a los terratenientes, a la poca burguesía productiva, regular el comercio, nacionalizar el comercio exterior y meter presos a unos cuantos golpistas que andan por ahí realengos y conspirando. Por esos días, Luis Britto García empezó a denunciar la infiltración de paramilitares que habían quedado sin trabajo en el país vecino, como producto del proceso de desmovilización de esos grupos terroristas implementado en ese país.
En un sentido, el discurso denunciaba al golpismo apátrida, en otro, la histeria reaccionaria respondía con acusaciones de dictadura autoritaria. Mientras tanto, nuevas formas de violencia se iban fundiendo con la criminalidad “tradicional” del país. De pronto, el llamado secuestro express apareció en la escena, de forma seguida y sistemática, junto a crímenes horrendos que muchos, si no todos, empezamos a notar como impropios de nuestra sociedad; como prácticas inhumanas y dantescas (adjetivo demasiado elegante para calificarlas) de factura paramilitar. Asesinato de Danilo Anderson, el “fiscal valiente”; valiente porque lo dejaron solo y siguió pa’ lante.
Mientras esto ocurría en la ciudad, en el campo se vivía una nueva guerra federal, y con cada día nos llegaba la noticia de la caída de un nuevo grupo de campesinos o de uno de sus líderes, a manos de grupos armados al servicio de los terratenientes. La cifra que hoy se maneja, nos habla de cientos de campesinos muertos en la lucha por la tierra en medio de una “Revolución pacífica”. A propósito de esta expresión, debemos aclarar que se puede definir así dado que es un proceso de cambio, de emancipación social, que se realiza en democracia y libertad, lo que es decir, respetando las reglas del célebre y ultra mentado Estado burgués; es decir, respetando y defendiendo las instituciones por las que murió un Salvador Allende.
Dice García Márquez en su extraordinaria crónica “Chile, el golpe y los gringos”, que la contradicción más dramática de Salvador Allende fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado. Allende, continua el Gabo, creyó haber resuelto esa contradicción desde la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo, dentro de la legalidad burguesa. Es decir, la tesis de los reformistas Berstein y Kautsky; lo mejor del ideario de la Sociedad Fabiana, que imaginamos alguna influencia tendría en Allende, dada su condición de doctor masón. ¿Cuál fue la lección? El Gabo, dice que Allende comprendió tarde que no se puede cambiar un sistema desde el Gobierno sino desde el poder.
En Venezuela, este 1º de octubre asesinaron en su propia casa al joven diputado revolucionario Robert José Serra y a su compañera María Herrera. Fue con armas “blancas”, perfectamente planificado, en quince minutos, con gran precisión. En 2011 uno de sus guardaespaldas había sido asesinado en circunstancias confusas; en 2012, antes de las elecciones presidenciales, otro de sus guardaespaldas apareció en el monte del Guaraira Repano con un tiro en la nuca. Una realidad sombría, sórdida, se comienza a cernir sobre nuestra tierra de gracia. El ministro Rodríguez Torres, destaca en la mañana del 2 de octubre que la muerte de Serra obedeció a una “macabra encomienda”. El twitter se desparrama. El escritor Hernández Montoya, dice que el hecho constituye un “acto de guerra”.
El país de nuevo está de luto. Algunos aún estamos pasmados, pero al ver como el diputado Serra sacó el pecho frente al tema de la expulsión de Colombia y posterior detención de Lorent Gómez Saleh, quien en uno de sus videos habla sobre el plan de “bajarse a 20 muñecos” en Venezuela, el panorama se aclara tenebrosamente. Por su parte, Ernesto Samper, actual Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, afirma vía twitter, por si quedaban dudas, que el “Asesinato de Serra es una señal de infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela”. Su declaración es confirmatoria de una realidad que esperemos continúe siendo atajada, dada las circunstancias sociopolíticas contemporáneas.
¿Cuáles son esas circunstancias? Allende y las fuerzas de la Unidad Popular estaban en el Gobierno, pero no en el poder. Maduro y las fuerzas chavistas están en el Gobierno y también en el poder, pero luchando contra poderes fácticos como el económico y el mediático nacional e internacional, capaz de movilizar algunas capas medias de la sociedad ―como los estudiantes opositores― e infiltrarlas con grupos entrenados en tácticas de guerra asimétrica y guerrilla urbana. Marchas pacificas infiltradas de violencia asesina, frente a las cuales las fuerzas del orden tuvieron que actuar con la máxima prudencia, esperando muchas veces por una definición más acertada de la coyuntura. En dos platos, el hecho clave de hoy para los Gobiernos progresistas es, no combatir la violencia guarimbera con la llamada violencia legítima del Estado ―tema de los más duros debates―, sino con la promoción permanente de la Paz, apostando por el diálogo, la resistencia, la construcción de consensos, y sin traicionar los principios revolucionarios y el legado del Comandante.
El presidente Maduro, ha adelantado que las investigaciones están bastante avanzadas, que pronto caerán los autores materiales e intelectuales del asesinato de Robert Serra. El pueblo exige justicia, ante la crudeza de la acción de unos criminales que esta vez hasta se ahorraron el trabajo de disfrazar el asesinato con el antifaz del hampa común, como intentaron hacer con Otaiza. Ni la juventud ni el chavismo se desmoralizan. La oposición ha sido emplazada a pronunciarse sobre los hechos. Puede que haya llegado el momento de radicalizar la revolución, apostando siempre por la convivencia y la Paz, el único camino posible.
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sábado, 3 de mayo de 2014
La memoria es porosa para el olvido, pero no tanto
Decía Borges que la memoria es porosa para el olvido, y en
los años 40 Orwell advertía sobre la estrategia mediática de controlar
el presente para controlar el pasado y así, poder controlar el futuro.
Pero el uso de este poder, incluso, requiere de ciertos grados de
talento y sutiliza en su aplicación.
Decimos esto, a propósito del titular que exhibió el diario El Nacional en su edición del día 29 de abril y que a nuestro parecer plantea una manipulación bastante jalada de los cabellos, y de los pelos también: “Detenciones por protestas triplican las del Caracazo”. De inmediato, notamos una disonancia en la oración, porque ¿Qué hace la palabra Caracazo en ese titular? No deja de ser audaz, aunque esta vez suene un tanto ridícula la comparación. Veamos.
En primer lugar, hay que decir que la idea del titular lo que expresa son los deseos que cierto sector de la oligarquía del país y sus más alocadas expresiones políticas, tenían para Venezuela: una explosión social, el caos, la guerra civil. Sin embargo, lo primero que hay que recordar ―nunca denunciar― es que los hechos del Caracazo no se pueden comparar con estos aciagos meses de violencia guarimbera, y por una elemental razón: el 27 de febrero de 1989 lo que ocurrió fue una manifestación de la desesperación del pueblo más pobre del país, una manifestación que fue brutalmente reprimida por unas fuerzas armadas que se habían sido bien entrenadas en la Escuela de las Américas para comportarse como un ejército de ocupación en su propio país.
De otro lado, lo que ha ocurrido desde febrero de 2014 ha sido una “revuelta de ricos” financiada por ricos de dentro y fuera del país; vulgares y silvestres acciones vandálicas que fueron perpetradas en muchos casos por criminales solicitados por la Interpol, por oscuros personajes con prontuarios criminales o directamente por mercenarios avezados en prácticas terroristas. Es verdad, que un ínfimo porcentaje de estas acciones han sido protestas propiamente dichas, pero no nos jodan queriendo calificar más de dos meses de violencia callejera que incluyó más de 40 muertos como “protestas”. De otra manera, aquí los cerros no bajaron, como sí ocurrió en el Caracazo.
El intento de falsear la historia, queda patente cuando se recurre a la variable “cantidad de detenciones” para comparar dos sucesos diametralmente opuestos, con el claro propósito de continuar con la campaña según la cual todo motorizado es tupamaro que merece ser degollado, que toda sirena es ambulancia y que toda acción de calle es una protesta legítima de estudiantes desesperados que luchan por la Patria. Mentiras que se derrumban por sí solas, toda vez que hace 25 años, más que detenciones lo que hubo fue una masacre.
Además, si el Caracazo queda falseado como un día en el que no hubo represión sino “detenciones”, la violencia terrorista que comenzó en febrero queda falseada como una protesta cívica que fue criminalizada por un Estado coercitivo que detuvo al triple de personas que detuvo durante el Caracazo. Pero la mayoría de los venezolanos ya sabe lo que hubo. Y mejor no hablar de la muerte, porque es verdad, la memoria es porosa para el olvido, pero no tanto.
Editorial PoderenlaRed.com del 30/04/14
Decimos esto, a propósito del titular que exhibió el diario El Nacional en su edición del día 29 de abril y que a nuestro parecer plantea una manipulación bastante jalada de los cabellos, y de los pelos también: “Detenciones por protestas triplican las del Caracazo”. De inmediato, notamos una disonancia en la oración, porque ¿Qué hace la palabra Caracazo en ese titular? No deja de ser audaz, aunque esta vez suene un tanto ridícula la comparación. Veamos.
En primer lugar, hay que decir que la idea del titular lo que expresa son los deseos que cierto sector de la oligarquía del país y sus más alocadas expresiones políticas, tenían para Venezuela: una explosión social, el caos, la guerra civil. Sin embargo, lo primero que hay que recordar ―nunca denunciar― es que los hechos del Caracazo no se pueden comparar con estos aciagos meses de violencia guarimbera, y por una elemental razón: el 27 de febrero de 1989 lo que ocurrió fue una manifestación de la desesperación del pueblo más pobre del país, una manifestación que fue brutalmente reprimida por unas fuerzas armadas que se habían sido bien entrenadas en la Escuela de las Américas para comportarse como un ejército de ocupación en su propio país.
De otro lado, lo que ha ocurrido desde febrero de 2014 ha sido una “revuelta de ricos” financiada por ricos de dentro y fuera del país; vulgares y silvestres acciones vandálicas que fueron perpetradas en muchos casos por criminales solicitados por la Interpol, por oscuros personajes con prontuarios criminales o directamente por mercenarios avezados en prácticas terroristas. Es verdad, que un ínfimo porcentaje de estas acciones han sido protestas propiamente dichas, pero no nos jodan queriendo calificar más de dos meses de violencia callejera que incluyó más de 40 muertos como “protestas”. De otra manera, aquí los cerros no bajaron, como sí ocurrió en el Caracazo.
El intento de falsear la historia, queda patente cuando se recurre a la variable “cantidad de detenciones” para comparar dos sucesos diametralmente opuestos, con el claro propósito de continuar con la campaña según la cual todo motorizado es tupamaro que merece ser degollado, que toda sirena es ambulancia y que toda acción de calle es una protesta legítima de estudiantes desesperados que luchan por la Patria. Mentiras que se derrumban por sí solas, toda vez que hace 25 años, más que detenciones lo que hubo fue una masacre.
Además, si el Caracazo queda falseado como un día en el que no hubo represión sino “detenciones”, la violencia terrorista que comenzó en febrero queda falseada como una protesta cívica que fue criminalizada por un Estado coercitivo que detuvo al triple de personas que detuvo durante el Caracazo. Pero la mayoría de los venezolanos ya sabe lo que hubo. Y mejor no hablar de la muerte, porque es verdad, la memoria es porosa para el olvido, pero no tanto.
Editorial PoderenlaRed.com del 30/04/14
miércoles, 16 de abril de 2014
Real Academia Española elimina la “Ch” de Chávez del alfabeto ¿Conspiración o paranoia?
Es verdad, no es solo la Ch de Chávez, pero caballero, después del Comandante Chávez no es cualquier palabra
El pasado martes 8 de abril, la Real Academia española dio a conocer los cambios que contiene la nueva edición de la Ortografía que se publicará a fines de este año, y si bien algunas de estas modificaciones parecen bastante normales, como el cambio del nombre de la “i griega” por “ye”, la supresión definitiva de la letra “Ch” del alfabeto nos parece, más que llamativo, una clara conspiración de factura orwelliana contra el glorioso nombre del Comandante Chávez.
Parece ficción distópica, pero no es. Junto a la letra “Ll”, la letra “Ch” ha sido formalmente eliminada de la tabla del alfabeto. En consecuencia, las letras del abecedario ahora son 27. En las reseñas que se encuentran en la red, puede notarse que sobre la eliminación de las letras no hay mayor explicación, aunque, no lo dudamos, algún argumento técnico esgrimirá la “autoridad” de la lengua romance para haber eliminado las iniciales del apellido de un líder de resonancia mundial como fue y sigue siendo Hugo Chávez.
No pudimos sino evocar de nuevo la renombrada novela 1984, de George Orwell. Recordemos que en la obra, el idioma que hablan los habitantes de la tierra gobernada por el Gran Hermano se llama Neolengua, “el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuía cada día”. Cada cierto tiempo, las autoridades editaban una nueva versión del diccionario de Neolengua, con menos palabras, menos significados. De repente, una palabra perdía dos de sus tres acepciones, quedando en el aire sus connotaciones, desapareciendo su riqueza. Peor aún, esa palabra que había sido notablemente empobrecida terminaba desapareciendo.
Uno podría preguntarse si todo esto era inocente en la trama de la novela, porque ¿Para qué sacar palabras del diccionario y por esa vía del lenguaje y del habla? Como lo dice Orwell, la función de las nuevas ediciones del diccionario del mencionado lenguaje “Era limitar el alcance del pensamiento y estrechar el radio de acción de la mente”. ¿Cabe la analogía con la reciente eliminación de la letra “Ch” del alfabeto de la lengua española? Respondamos con otra pregunta: ¿Hubiera sido lo mismo sacar la Ch del alfabeto hace 20 años que sacarla en este momento? Porque ¿Cuál es este momento? Sí, la respuesta es: consideremos el contexto.
Actualmente se ejecuta contra la Venezuela bolivariana una guerra de cuarta generación, la cual, como se ha venido estudiando y analizando, es una combinación de formas de lucha que incluye formas de guerra asimétrica, e incorpora formas de guerra psicológica que se despliegan en una variedad de acciones mediáticas tóxicas para socavar las emociones y la moral de poblaciones enteras. Parte de esta intoxicación, por supuesto, se lleva a cabo con el uso científicamente distorsionado del lenguaje adherido a los discursos políticos y mediáticos
De ahí, la variedad de oxímorons, desquiciantes y cínicos, que hemos visto salir de las bocas de distintos factores oposicionistas, desde la mediática y el discurso propiamente político. Si ya habíamos escuchado lo de “capitalismo popular”, antes habíamos oído hablar del “fuego amigo” y de la famosa “destrucción creativa”, con el permiso de Schumpeter.
De tal manera, no nos vengan a decir que esta supresión de la “Ch” del alfabeto es casual, a pesar de la rigurosa justificación técnica-sociológica que bien podría estar detrás de ella.
No hay duda. Sabemos que la campaña contra la Revolución bolivariana empezó antes de 1998, y que poderosos intereses, aquí y en el exterior, quieren borrar el legado de Chávez. Pero ahora van por su nombre, en un sutil pero considerable cambio ―una supresión― que podría tener importantes efectos simbólicos.
Publicado en PoderenlaRed.com el 10 de abril de 2014
El pasado martes 8 de abril, la Real Academia española dio a conocer los cambios que contiene la nueva edición de la Ortografía que se publicará a fines de este año, y si bien algunas de estas modificaciones parecen bastante normales, como el cambio del nombre de la “i griega” por “ye”, la supresión definitiva de la letra “Ch” del alfabeto nos parece, más que llamativo, una clara conspiración de factura orwelliana contra el glorioso nombre del Comandante Chávez.
Parece ficción distópica, pero no es. Junto a la letra “Ll”, la letra “Ch” ha sido formalmente eliminada de la tabla del alfabeto. En consecuencia, las letras del abecedario ahora son 27. En las reseñas que se encuentran en la red, puede notarse que sobre la eliminación de las letras no hay mayor explicación, aunque, no lo dudamos, algún argumento técnico esgrimirá la “autoridad” de la lengua romance para haber eliminado las iniciales del apellido de un líder de resonancia mundial como fue y sigue siendo Hugo Chávez.
No pudimos sino evocar de nuevo la renombrada novela 1984, de George Orwell. Recordemos que en la obra, el idioma que hablan los habitantes de la tierra gobernada por el Gran Hermano se llama Neolengua, “el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuía cada día”. Cada cierto tiempo, las autoridades editaban una nueva versión del diccionario de Neolengua, con menos palabras, menos significados. De repente, una palabra perdía dos de sus tres acepciones, quedando en el aire sus connotaciones, desapareciendo su riqueza. Peor aún, esa palabra que había sido notablemente empobrecida terminaba desapareciendo.
Uno podría preguntarse si todo esto era inocente en la trama de la novela, porque ¿Para qué sacar palabras del diccionario y por esa vía del lenguaje y del habla? Como lo dice Orwell, la función de las nuevas ediciones del diccionario del mencionado lenguaje “Era limitar el alcance del pensamiento y estrechar el radio de acción de la mente”. ¿Cabe la analogía con la reciente eliminación de la letra “Ch” del alfabeto de la lengua española? Respondamos con otra pregunta: ¿Hubiera sido lo mismo sacar la Ch del alfabeto hace 20 años que sacarla en este momento? Porque ¿Cuál es este momento? Sí, la respuesta es: consideremos el contexto.
Actualmente se ejecuta contra la Venezuela bolivariana una guerra de cuarta generación, la cual, como se ha venido estudiando y analizando, es una combinación de formas de lucha que incluye formas de guerra asimétrica, e incorpora formas de guerra psicológica que se despliegan en una variedad de acciones mediáticas tóxicas para socavar las emociones y la moral de poblaciones enteras. Parte de esta intoxicación, por supuesto, se lleva a cabo con el uso científicamente distorsionado del lenguaje adherido a los discursos políticos y mediáticos
De ahí, la variedad de oxímorons, desquiciantes y cínicos, que hemos visto salir de las bocas de distintos factores oposicionistas, desde la mediática y el discurso propiamente político. Si ya habíamos escuchado lo de “capitalismo popular”, antes habíamos oído hablar del “fuego amigo” y de la famosa “destrucción creativa”, con el permiso de Schumpeter.
De tal manera, no nos vengan a decir que esta supresión de la “Ch” del alfabeto es casual, a pesar de la rigurosa justificación técnica-sociológica que bien podría estar detrás de ella.
No hay duda. Sabemos que la campaña contra la Revolución bolivariana empezó antes de 1998, y que poderosos intereses, aquí y en el exterior, quieren borrar el legado de Chávez. Pero ahora van por su nombre, en un sutil pero considerable cambio ―una supresión― que podría tener importantes efectos simbólicos.
Publicado en PoderenlaRed.com el 10 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Entre guarimberos, infiltrados y piqueteros, la irracionalidad de la antipolítica
El pasado 12 de marzo ocurrió un hecho violento en medio de una vía pública de Buenos Aires, Argentina, que guarda interesantes similitudes con los hechos vandálicos que grupos violentos han venido perpetrando en varias ciudades del país desde principios del mes de febrero. Junto a las analogías, nos interesa destacar el contexto en el que ocurren ambas situaciones, con la intención contribuir al esclarecimiento de este confusionismo simbólico en el que los golpistas de cuarta generación han querido sumergirnos en las últimas semanas.
Ese día, trabajadores portuarios realizaban un piquete ―a continuación lo definiremos― en el puente Nicolás Avellaneda, el cual une a dos localidades de la mencionada ciudad, cuando una pareja intentó pasar en moto a través de la protesta. De inmediato, algunos manifestantes se abalanzaron contra el motorizado y su compañera y los golpearon salvajemente. Pero además, al hombre lo lanzaron del puente, caída de algunos metros que lo dejó en estado de gravedad, toda vez que ya tenía serias heridas en la cabeza producto de los golpes que le dieron.
El hecho, si bien puede calificarse de brutal, se reviste de un especial dramatismo si consideramos que el motorizado era discapacitado, usaba una pierna ortopédica y su mujer estaba embarazada y estaba teniendo una pérdida, tal como lo informaron al día siguiente en el programa Visión 7 de la TV Pública Argentina. El ciudadano tenía una emergencia, y necesitaba ejercer su derecho al libre tránsito para afrontar una delicada situación de vida o muerte. Pero se encontró con el piquete y miren lo que le pasó.
Piquetes y guarimbas
Un piquete, es una forma de protesta que consiste en trancar las calles, caminos o rutas, con el claro objetivo de imposibilitar la circulación por esas vías. Quienes practican este tipo de protestas se llaman piqueteros, un tipo de activistas nacidos a mediados de los noventa en Argentina del movimiento de trabajadores y principalmente de los ciudadanos desempleados organizados. Un piquete se considera una medida de fuerza, algo así como el último recurso de protesta cuando los que manifiestan se encuentran en una situación desesperada o cuando no han sido tomados en cuenta en manifestaciones de otro tipo.
En Venezuela, las llamadas guarimbas o barricadas ―ambos términos que han sido mal utilizados―, que como los piquetes son acciones de “protesta” basadas en la tranca de calles o avenidas, hasta ahora se han cobrado la vida de 36 personas, de forma directa o indirecta. Sin duda, que la violencia de Venezuela desborda el episodio porteño, si consideramos factores como el uso de francotiradores para asesinar a quien se atreva a quitar los obstáculos de las vías, o la colocación de alambres de púas con la intención de asesinar a motorizados como el infortunado del Puente Avellaneda. Sin embargo, conviene que nos centremos en los hechos concretos de violencia y su relación con la “protesta”, lo cual nos llama a ser más contundentes con la definición de una realidad que, de cara al contexto internacional, está siendo difundida desde una perspectiva sesgada y manipuladora.
Las últimas muertes ocurridas en Venezuela relacionadas con estos “piquetes”, fueron las del Sargento Mayor de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) Miguel Antonio Parra, de 42 años de edad, asesinado este lunes por grupos vandálicos en la avenida Las Américas, ubicada en la parroquia Spinetti Dini del municipio Libertador de Mérida, mientras levantaba escombros de una unidad de transporte que fue incendiada el domingo. En ese momento, grupos terroristas armados de la oposición comenzaron a disparar hiriendo mortalmente al sargento ayudante de la GNB e hiriendo a otros presentes, tal como denunció Alexis Ramírez, gobernador de la entidad andina.
Por otra parte, la noche del pasado domingo, Adriana Urquiola, de 28 años de edad y con cinco meses de embarazo, fue alcanzada por una bala en el sector Los Nuevos Teques, municipio Guaicaipuro del estado Miranda. La joven, se había bajado de una unidad de transporte público que se había quedado atorada en el tráfico debido a los obstáculos que los guarimberos habían colocado, y que impedían la libre circulación. El alcalde de la entidad, Francisco Garcés, explicó que una persona que transitaba en un vehículo fue interceptada por grupos violentos y el conductor, ante los asomos de asedio y agresión, sacó un arma y descerrajó algunos disparos, hiriendo a una joven en un brazo y asesinando a Urquiola.
Ahora bien ¿Quién se responsabiliza por las agresiones y las muertes? Resulta interesante que el caso del Puente Avellaneda, los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Portuarios SUPA, organizadores de la protesta, hayan esgrimido que ellos no tuvieron nada que ver con el hecho violento, atribuyéndolo a posibles “infiltrados”. Suena bastante familiar. Sin embargo, luego de los hechos el Secretario General de este sindicato no dudó en renunciar a su cargo. También, distintas crónicas dan cuenta de que hubo trabajadores que intentaron defender al motorizado y a su pareja, y que se generó una pelea entre ellos cuando lanzaron a aquel por el puente.
En Venezuela, si bien la determinación de las culpabilidades no está tan clara como en el caso de la agresión a un individuo y su pareja cuyos agresores todo el mundo pudo ver, las investigaciones y los dispositivos de seguridad han dado con los responsables de estas muertes en virtud de intensas y minuciosas investigaciones y trabajos de inteligencia. Pero ¿Qué dice la dirigencia política, en este caso, los líderes de la oposición venezolana, frente a la destrucción y la muerte que ha causado el vandalismo y las acciones terroristas que un sector de ellos instigaron? Nada, que hay que controlar a los “motorizados” y a los “colectivos armados”, los cuales se infiltran y causan las muertes, y en el mejor de los casos que no están de acuerdo con la violencia ―sin condenarla― dando a entender que el Gobierno es el responsable de las "protestas", debido a la escasez y criminalidad. De tal manera, que en ambos casos se pretende recurrir al comodín de los infiltrados para escurrir el bulto, toda vez que en el caso venezolano no estamos hablando de una protesta, como sí lo fue la del puente Avellaneda.
¿Quién tranca las vías y por qué?
Explica Luis Bruschtein que los cortes de ruta comenzaron a mediados de los noventa “como expresión de una situación desesperada en poblaciones absolutamente alejadas, con sus industrias y comercios quebrados, con la mayoría de sus jóvenes desocupados, y absolutamente fuera del foco de atención en la Argentina”. “Fuera del foco de atención” significa poblaciones excluidas y abandonadas a su suerte, quienes empezaron a practicar los piquetes en las rutas como expresión de su desesperación para llamar la atención sobre una situación de vida o muerte para esas comunidades. Bruschtein, recuerda que los piquetes nacieron como un producto de la más cruda desesperación que obliga a tomar medidas de fuerza como último recurso para ser tomado en cuenta como comunidad o grupo social, y que estos llegaron a Buenos Aires, acentuándose, durante la crisis de 2001 en ese país.
Ese día, trabajadores portuarios realizaban un piquete ―a continuación lo definiremos― en el puente Nicolás Avellaneda, el cual une a dos localidades de la mencionada ciudad, cuando una pareja intentó pasar en moto a través de la protesta. De inmediato, algunos manifestantes se abalanzaron contra el motorizado y su compañera y los golpearon salvajemente. Pero además, al hombre lo lanzaron del puente, caída de algunos metros que lo dejó en estado de gravedad, toda vez que ya tenía serias heridas en la cabeza producto de los golpes que le dieron.
El hecho, si bien puede calificarse de brutal, se reviste de un especial dramatismo si consideramos que el motorizado era discapacitado, usaba una pierna ortopédica y su mujer estaba embarazada y estaba teniendo una pérdida, tal como lo informaron al día siguiente en el programa Visión 7 de la TV Pública Argentina. El ciudadano tenía una emergencia, y necesitaba ejercer su derecho al libre tránsito para afrontar una delicada situación de vida o muerte. Pero se encontró con el piquete y miren lo que le pasó.
Piquetes y guarimbas
Un piquete, es una forma de protesta que consiste en trancar las calles, caminos o rutas, con el claro objetivo de imposibilitar la circulación por esas vías. Quienes practican este tipo de protestas se llaman piqueteros, un tipo de activistas nacidos a mediados de los noventa en Argentina del movimiento de trabajadores y principalmente de los ciudadanos desempleados organizados. Un piquete se considera una medida de fuerza, algo así como el último recurso de protesta cuando los que manifiestan se encuentran en una situación desesperada o cuando no han sido tomados en cuenta en manifestaciones de otro tipo.
En Venezuela, las llamadas guarimbas o barricadas ―ambos términos que han sido mal utilizados―, que como los piquetes son acciones de “protesta” basadas en la tranca de calles o avenidas, hasta ahora se han cobrado la vida de 36 personas, de forma directa o indirecta. Sin duda, que la violencia de Venezuela desborda el episodio porteño, si consideramos factores como el uso de francotiradores para asesinar a quien se atreva a quitar los obstáculos de las vías, o la colocación de alambres de púas con la intención de asesinar a motorizados como el infortunado del Puente Avellaneda. Sin embargo, conviene que nos centremos en los hechos concretos de violencia y su relación con la “protesta”, lo cual nos llama a ser más contundentes con la definición de una realidad que, de cara al contexto internacional, está siendo difundida desde una perspectiva sesgada y manipuladora.
Las últimas muertes ocurridas en Venezuela relacionadas con estos “piquetes”, fueron las del Sargento Mayor de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) Miguel Antonio Parra, de 42 años de edad, asesinado este lunes por grupos vandálicos en la avenida Las Américas, ubicada en la parroquia Spinetti Dini del municipio Libertador de Mérida, mientras levantaba escombros de una unidad de transporte que fue incendiada el domingo. En ese momento, grupos terroristas armados de la oposición comenzaron a disparar hiriendo mortalmente al sargento ayudante de la GNB e hiriendo a otros presentes, tal como denunció Alexis Ramírez, gobernador de la entidad andina.
Por otra parte, la noche del pasado domingo, Adriana Urquiola, de 28 años de edad y con cinco meses de embarazo, fue alcanzada por una bala en el sector Los Nuevos Teques, municipio Guaicaipuro del estado Miranda. La joven, se había bajado de una unidad de transporte público que se había quedado atorada en el tráfico debido a los obstáculos que los guarimberos habían colocado, y que impedían la libre circulación. El alcalde de la entidad, Francisco Garcés, explicó que una persona que transitaba en un vehículo fue interceptada por grupos violentos y el conductor, ante los asomos de asedio y agresión, sacó un arma y descerrajó algunos disparos, hiriendo a una joven en un brazo y asesinando a Urquiola.
Ahora bien ¿Quién se responsabiliza por las agresiones y las muertes? Resulta interesante que el caso del Puente Avellaneda, los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Portuarios SUPA, organizadores de la protesta, hayan esgrimido que ellos no tuvieron nada que ver con el hecho violento, atribuyéndolo a posibles “infiltrados”. Suena bastante familiar. Sin embargo, luego de los hechos el Secretario General de este sindicato no dudó en renunciar a su cargo. También, distintas crónicas dan cuenta de que hubo trabajadores que intentaron defender al motorizado y a su pareja, y que se generó una pelea entre ellos cuando lanzaron a aquel por el puente.
En Venezuela, si bien la determinación de las culpabilidades no está tan clara como en el caso de la agresión a un individuo y su pareja cuyos agresores todo el mundo pudo ver, las investigaciones y los dispositivos de seguridad han dado con los responsables de estas muertes en virtud de intensas y minuciosas investigaciones y trabajos de inteligencia. Pero ¿Qué dice la dirigencia política, en este caso, los líderes de la oposición venezolana, frente a la destrucción y la muerte que ha causado el vandalismo y las acciones terroristas que un sector de ellos instigaron? Nada, que hay que controlar a los “motorizados” y a los “colectivos armados”, los cuales se infiltran y causan las muertes, y en el mejor de los casos que no están de acuerdo con la violencia ―sin condenarla― dando a entender que el Gobierno es el responsable de las "protestas", debido a la escasez y criminalidad. De tal manera, que en ambos casos se pretende recurrir al comodín de los infiltrados para escurrir el bulto, toda vez que en el caso venezolano no estamos hablando de una protesta, como sí lo fue la del puente Avellaneda.
¿Quién tranca las vías y por qué?
Explica Luis Bruschtein que los cortes de ruta comenzaron a mediados de los noventa “como expresión de una situación desesperada en poblaciones absolutamente alejadas, con sus industrias y comercios quebrados, con la mayoría de sus jóvenes desocupados, y absolutamente fuera del foco de atención en la Argentina”. “Fuera del foco de atención” significa poblaciones excluidas y abandonadas a su suerte, quienes empezaron a practicar los piquetes en las rutas como expresión de su desesperación para llamar la atención sobre una situación de vida o muerte para esas comunidades. Bruschtein, recuerda que los piquetes nacieron como un producto de la más cruda desesperación que obliga a tomar medidas de fuerza como último recurso para ser tomado en cuenta como comunidad o grupo social, y que estos llegaron a Buenos Aires, acentuándose, durante la crisis de 2001 en ese país.
Tiene sentido. Sin embargo, incluso este piquete no deja de tener un componente irracional, si consideramos que esta protesta no fue una manifestación de todo un gremio sindical, ni tuvo un carácter estrictamente patronal, sino que respondió a un conflicto intersindical en el que, como explica Bruschtein, 11 trabajadores decidieron desafiliarse de un sindicato para afiliarse a otro, lo cual descubre una lectura que nos dice que un motorizado discapacitado fue lanzado de un puente como producto de un piquete realizado por un sindicato que está en conflicto con otro sindicato. Con todo, si ese grupo de trabajadores hubiera estado en una situación desesperada, mermada su calidad de vida o con muchos meses de paro, tal brutalidad tampoco se hubiera justificado.
Al volver al caso venezolano, salta a la vista una cosa. Si este episodio, seguramente olvidado ya por los medios en Argentina, ciertamente causa indignación por el lamentable sino de sin sentido que lo señala ¿Cómo comprender el caso de la violencia practicada en las trancas de vías en Venezuela y las 36 muertes que estas han ocasionado en las últimas seis semanas? Cualquiera que venga a Venezuela, o que tenga la suficiente inteligencia para separar el grano de la paja en medio del maremágnum mediático, podrá darse cuenta de que lo que ocurre en este país se relaciona más con lo que dijo, agudamente, el escritor colombiano William Ospina o, lo que afirmó la periodista de The Guardian que estuvo cubriendo los hechos de las guarimbas violentas que realizaron en algunos municipios del país, que con lo que dice gente como la ex diputada María Machado y el conglomerado de medios nacionales e internacionales que se hacen eco de esas mentiras.
Cuando los ricos protestan y los pobres celebran, eso da cuenta de un país bastante raro, si bien en el resto del mundo ocurre lo contrario, dijo William Ospina, palabras más, palabras menos. En Venezuela lo que hay es “una revuelta de los ricos”, dijo por otro lado la periodista de The Guardian, desde la visión objetiva de alguien que viene de afuera y ve las cosas en perspectiva. El carácter conspirativo, insurreccional, violento y golpista de las acciones de los grupos que piden “la salida” del presidente Nicolás Maduro, explican por sí mismas el carácter ilegitimo, irracional y hasta fascista de las “guarimbas” “piquetes” o “barricadas” con las que han provocado la muerte de decenas de venezolanos, incluyendo seis efectivos de la guardia nacional.
Y si bien hoy está claro que dichas acciones no se pueden llamar protestas, nos parece que hubo cierta dilación en llamar a las cosas por su nombre desde las primeras de cambio. Recordemos que el mismo 12 de febrero hubo una marcha de los estudiantes opositores que degeneró en acciones vandálicas que destruyeron la fachada de la sede principal del Ministerio Público, la plaza adyacente, unidades de la policía científica y donde asesinaron a dos personas. En esa oportunidad, no parecía fácil distinguir entre protesta, marcha, vandalismo, violencia, colectivos, estudiantes, motorizados, guardias nacionales y policías, y las empresas mediáticas se encargaron de confundir a los actores de la escena para, de un lado, diluir responsabilidades, y de otro, endosar culpabilidades a los “infiltrados” del día: los tupamaros.
Pero, aparte el problema con las definiciones, difícilmente se pueda engañar a la población de un país en la era de los smart phones. Las imágenes y los videos tomados ese día y durante el resto de las aciagas jornadas guarimberas, no dejan lugar para dudas, salvo por el hecho de que muchos de los protagonistas de la violencia tapaban sus rostros. Y es que ¿Tenían algo que temer? Con todo, muchos serían identificados. Estamos en presencia entonces, de vulgares acciones golpistas que incluso están usando terroristas y mercenarios extranjeros solicitados por Interpol. Pero, volvamos a lo básico de la cuestión.
Volviendo al caso de Avellaneda, cuenta Bruschtein hacia el final de su intervención que hasta Facundo Moyano, hijo del dirigente máximo de la CGT, Hugo Moyano, repudió los hechos del Puente Avellaneda, calificando lo ocurrido como un abuso de las “medidas de fuerza” que terminan por favorecer las "posiciones autoritarias". Por su parte, la presidenta Cristina Fernández se preguntó, como muchos nos hemos preguntado acá, si 10 personas tienen derecho de realizar un corte de vías que impidan a miles de personas llegar a sus trabajos, escuelas y universidades o, generar situaciones graves de violencia. De tal manera, parecen haber límites ético-políticos en la práctica de “medidas de fuerza” como lo son los cortes de rutas que tienen la capacidad de afectar la vida de una ciudad y un país.
Nos parece que Bruschtein alude el meollo de la situación cuando afirma: “Cuando no hay una relación entre la medida de fuerza y el reclamo que se está planteando, esta medida termina siendo simple y llanamente una acción política y una forma de aprete que no tiene nada que ver con una medida de fuerza de tipo sindical; la termina desnaturalizando y genera una situación contraria para los mismos trabajadores.”
Efectivamente, en Venezuela no existe una relación entre las “medidas de fuerza” (el vandalismo, las guarimbas, la violencia), y los reclamos que se están planteando (Maduro vete ya). Estas son simple y llanamente acciones políticas (Esta vez subversivas y golpistas), formas de aprete (Medidas de presión y chantaje) que no tienen nada que ver con reivindicaciones legítimas de alguna organización social. Más aún, los guarimberos y sus aliados se han desnaturalizado y han generado situaciones contrarias para ellos mismos, las poblaciones que han asediado y bloqueado, y para la oposición que no nunca condenó categóricamente la violencia.
Finalizamos con un comentario dejado por una usuaria que leyó la reseña de los hechos de Avellaneda, publicada por Infobae.com. La usuaria se hace llamar “Anti Kirchner”, y dice:
“Llegó la hora de empezar a cortar los piquetes, empezaré a usar mi derecho a circular libremente, a quien me lo impida le pasaré por encima”.
La irracionalidad engendra irracionalidad, y hacia allí nos quieren llevar, pero fracasarán.
* Publicado originalmente el 26 de marzo de 2014 en PoderenlaRed.com
@maurogonzag
martes, 11 de marzo de 2014
Violencia desmedida agudiza crisis en la oposición
En las últimas semanas, el pueblo venezolano ha dado una nueva
demostración del grado de conciencia y de cultura política que ha
adquirido en los últimos años. La muerte del motorizado y del efectivo
de la Guardia Nacional en las inmediaciones de Los Ruices a manos de un
francotirador, se suman a las más de 20 que han ocurrido en Venezuela en
los últimos días como producto directo de una violencia que, si bien ha
sido generada por grupos reducidos, ha evidenciado algunas serpientes
de la cabeza de medusa del paramilitarismo. Con todo, ni el pueblo civil
ni el militar han caído en la provocación.
La violencia practicada ha sido sistemática y por escaladas, lo cual da cuenta de una planificación previa de las criminales acciones. En un principio, se quiso atribuir la violencia al uso legítimo y progresivo de la fuerza por parte de los efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado, la cual supuestamente estaba reprimiendo manifestaciones pacíficas del “movimiento estudiantil”. Con el paso de los días, los mitos mediáticos que se difundieron sobre los hechos violentos se fueron derrumbando por sí solos, hasta el punto de que hoy es imposible que alguien, salvo que sea un mitómano irresponsable y compulsivo, pueda calificarlos de “protestas”.
No obstante, el país mayoritario avanza, trabajando, estudiando, construyendo, en un contexto en el que los más diversos sectores de la sociedad venezolana han acudido al diálogo convocado por el Gobierno bolivariano. Sin embargo, algunos elementos causan preocupación y deben llamarnos a la reflexión. Uno de ellos, es el carácter de la violencia que se está practicando y que solo después de decenas de fallecidos directos e indirectos y de cuantiosos daños al patrimonio público, ha sido rechazada por algunos voceros de la oposición, aunque no por todos.
Este viernes 7 de marzo, Pérez Pirela en su programa hizo un planteamiento grave: "A partir del 12 de febrero se inauguró el paramilitarismo como práctica política en Venezuela", recordando al mismo tiempo que desde hace años se viene advirtiendo sobre la infiltración en el país de factores foráneos que tienen como propósito la desestabilización del país con un claro objetivo golpista. Las balas en la cabeza hablan por sí solas. Pero más elocuente es el silencio de algunos actores políticos y la inacción de la mayoría de los gobernadores de los municipios donde se ha registrado el vandalismo y la guarimba.
La afirmación hecha por el comunicador no carece de drama, y recuerda el llamado hecho por José Vicente Rangel en la Conferencia por la Paz, a hacer todo lo posible por evitar que el país caiga en el abismo de la muerte.
Esta nueva expresión de violencia criminal es inaceptable, y cada vez se encuentra más aislada. Entre los signos de este aislamiento total de los grupúsculos violentos, están las condenas cada vez más enfáticas de los vecinos y comerciantes de las zonas donde se han emplazado las guarimbas, indistintamente de su color político. Pero más interesante aún ha sido la renuncia a su curul del diputado del partido opositor Un Nuevo Tiempo, Hiram Gaviria, quien también se va del mencionado partido, tras la decisión de este de no sumarse al diálogo convocado por el Gobierno y que se instaló exitosamente en Miraflores. El pasado jueves, este partido emitió un comunicado en el que rechazan el diálogo, lo cual indica, para los buenos entendedores, su talante antidemocrático, su alineación con la violencia criminal y su desesperación.
Finalmente, la última señal de aislamiento de los violentos nos vino desde la OEA, ente que con todo y su tradicional accionar colonial al servicio de Estados Unidos y de su carácter anacrónico, votó una declaración a favor de la democracia y del Gobierno bolivariano liderado por Nicolás Maduro.
De tal manera, tenemos un panorama en el que el pueblo chavista, la mayoría del pueblo opositor, actores políticos de la oposición como Henry Falcón o Hiram Gaviria, la OEA, pero lo más importante, toda nuestramérica, condenan la violencia criminal perpetrada por estos grupúsculos, todo lo cual deja en una situación crítica ―aún más― a un liderazgo opositor que viene de sufrir varias derrotas electorales contundentes y consecutivas. Su destino es el diálogo, pero si no quieren diálogo ¿Cuál será su destino?
Editorial PoderenlaRed.com del 9 de marzo
@PoderenlaRed
La violencia practicada ha sido sistemática y por escaladas, lo cual da cuenta de una planificación previa de las criminales acciones. En un principio, se quiso atribuir la violencia al uso legítimo y progresivo de la fuerza por parte de los efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado, la cual supuestamente estaba reprimiendo manifestaciones pacíficas del “movimiento estudiantil”. Con el paso de los días, los mitos mediáticos que se difundieron sobre los hechos violentos se fueron derrumbando por sí solos, hasta el punto de que hoy es imposible que alguien, salvo que sea un mitómano irresponsable y compulsivo, pueda calificarlos de “protestas”.
No obstante, el país mayoritario avanza, trabajando, estudiando, construyendo, en un contexto en el que los más diversos sectores de la sociedad venezolana han acudido al diálogo convocado por el Gobierno bolivariano. Sin embargo, algunos elementos causan preocupación y deben llamarnos a la reflexión. Uno de ellos, es el carácter de la violencia que se está practicando y que solo después de decenas de fallecidos directos e indirectos y de cuantiosos daños al patrimonio público, ha sido rechazada por algunos voceros de la oposición, aunque no por todos.
Este viernes 7 de marzo, Pérez Pirela en su programa hizo un planteamiento grave: "A partir del 12 de febrero se inauguró el paramilitarismo como práctica política en Venezuela", recordando al mismo tiempo que desde hace años se viene advirtiendo sobre la infiltración en el país de factores foráneos que tienen como propósito la desestabilización del país con un claro objetivo golpista. Las balas en la cabeza hablan por sí solas. Pero más elocuente es el silencio de algunos actores políticos y la inacción de la mayoría de los gobernadores de los municipios donde se ha registrado el vandalismo y la guarimba.
La afirmación hecha por el comunicador no carece de drama, y recuerda el llamado hecho por José Vicente Rangel en la Conferencia por la Paz, a hacer todo lo posible por evitar que el país caiga en el abismo de la muerte.
Esta nueva expresión de violencia criminal es inaceptable, y cada vez se encuentra más aislada. Entre los signos de este aislamiento total de los grupúsculos violentos, están las condenas cada vez más enfáticas de los vecinos y comerciantes de las zonas donde se han emplazado las guarimbas, indistintamente de su color político. Pero más interesante aún ha sido la renuncia a su curul del diputado del partido opositor Un Nuevo Tiempo, Hiram Gaviria, quien también se va del mencionado partido, tras la decisión de este de no sumarse al diálogo convocado por el Gobierno y que se instaló exitosamente en Miraflores. El pasado jueves, este partido emitió un comunicado en el que rechazan el diálogo, lo cual indica, para los buenos entendedores, su talante antidemocrático, su alineación con la violencia criminal y su desesperación.
Finalmente, la última señal de aislamiento de los violentos nos vino desde la OEA, ente que con todo y su tradicional accionar colonial al servicio de Estados Unidos y de su carácter anacrónico, votó una declaración a favor de la democracia y del Gobierno bolivariano liderado por Nicolás Maduro.
De tal manera, tenemos un panorama en el que el pueblo chavista, la mayoría del pueblo opositor, actores políticos de la oposición como Henry Falcón o Hiram Gaviria, la OEA, pero lo más importante, toda nuestramérica, condenan la violencia criminal perpetrada por estos grupúsculos, todo lo cual deja en una situación crítica ―aún más― a un liderazgo opositor que viene de sufrir varias derrotas electorales contundentes y consecutivas. Su destino es el diálogo, pero si no quieren diálogo ¿Cuál será su destino?
Editorial PoderenlaRed.com del 9 de marzo
@PoderenlaRed
lunes, 17 de febrero de 2014
Volvieron a patear la mesa de diálogo, siguen jugando a la antipolítica, después no se quejen
A tan solo cinco días de los hechos de violencia
que protagonizaron grupúsculos fascistas infiltrados en la marcha de
los estudiantes opositores al Gobierno, nos sumamos a la condena total
de las acciones violentas de tufillo golpista que pretenden crear en
Venezuela un escenario de ingobernabilidad y desestabilización al estilo
Ucrania o, peor aún, un escenario catastrófico de caos y degeneración
social tal como ha ocurrido en Siria.
No podemos dejar de hacernos eco de la reflexión hecha por el veterano de la política venezolana, José Vicente Rangel, quien en su espacio televisivo dominical condenó categóricamente los hechos violentos que dejaron como saldo decenas de heridos, cuantiosos daños materiales y tres ciudadanos asesinados. Para Rangel, está claro que hubo una reedición del formato de abril de 2002, y que fue orquestado por los mismos actores. Pero además, no hay duda para el viejo dirigente sobre la responsabilidad de los hechos, frente a la cínica estrategia de opacar y diluir lo que es evidencia indiscutible: declaraciones, las “amenazas de los dirigentes de la aventura”, además de diversidad de imágenes y videos, así lo demuestran.
Estas imágenes, por cierto, no son las que la canalla mediática cómplice y aliada de la ultraderecha fascista venezolana se ha encargado de difundir en el contexto internacional, las cuales fueron manipuladas hasta el punto de presentar imágenes de protestas de Cataluña (Europa), Egipto (África), Ucrania (Europa oriental), Grecia (Sur de Europa), Chile y hasta de Brasil, como "pruebas" de lo que estaba ocurriendo en Venezuela.
No parece comprensible que los variopintos sectores de la oposición se estén dejando arrastrar por las aventuras de quien en el 2002, junto a Henrique Capriles, encabezó la cacería de brujas contra funcionarios del Gobierno, además del asedio a la embajada de Cuba; más aún, después de que el presidente Maduro abriera las puertas de Miraflores a gobernadores y alcaldes de la oposición para interactuar con cada uno de ellos en un diálogo sincero sobre las situaciones y temas de mayor importancia nacional, lo cual constituyó, como lo expresó Ernesto Villegas en reciente artículo, un verdadero hito en la medida en que esa clase política no pisaba Miraflores desde el año 2002.
La oposición ha desechado el diálogo otra vez porque nunca lo han querido, y porque su estrategia en los últimos años ha sido la de la mentira, la anti-política, la de los lineamientos de Leo Strauss llevados a su nivel más desquiciante y oligofrénico. ¿Qué hacer con una oposición golpista que, si bien ha sido perdonada por sus aventuras y reiteradamente invitada a dialogar con el Gobierno de buena Fe, persiste en su locura?
No es interpretación ni retórica ni particular lectura: estamos ante un nuevo pateo de la mesa por parte de la oposición. Pateo de las instituciones democráticas, la paz social y de una estabilidad política que muchos países petroleros quisieran disfrutar. Y si bien la oposición venezolana no es homogénea y hay sectores dentro de ella que al parecer rechazan la violencia, a la fecha existen serias dudas sobre la sinceridad de las tímidas declaraciones que hasta ahora hemos escuchado. Lo que tendría que haber, lo que se debe exigir, es un claro deslinde entre los que optan por la lucha pacífica y democrática y los que promueven la violencia. En este contexto, como ha dicho José Vicente, toda ambigüedad, aparte de reflejar cobardía o complicidad, es de por sí insostenible e inaceptable.
De tal manera, que aquí todo el mundo debe repudiar la violencia si lo que queremos es una Venezuela de paz y trabajo, de verdadero progreso y bienestar, y no una Siria o una Ucrania latinoamericana.
Editorial PoderenlaRed.com del 17F
No podemos dejar de hacernos eco de la reflexión hecha por el veterano de la política venezolana, José Vicente Rangel, quien en su espacio televisivo dominical condenó categóricamente los hechos violentos que dejaron como saldo decenas de heridos, cuantiosos daños materiales y tres ciudadanos asesinados. Para Rangel, está claro que hubo una reedición del formato de abril de 2002, y que fue orquestado por los mismos actores. Pero además, no hay duda para el viejo dirigente sobre la responsabilidad de los hechos, frente a la cínica estrategia de opacar y diluir lo que es evidencia indiscutible: declaraciones, las “amenazas de los dirigentes de la aventura”, además de diversidad de imágenes y videos, así lo demuestran.
Estas imágenes, por cierto, no son las que la canalla mediática cómplice y aliada de la ultraderecha fascista venezolana se ha encargado de difundir en el contexto internacional, las cuales fueron manipuladas hasta el punto de presentar imágenes de protestas de Cataluña (Europa), Egipto (África), Ucrania (Europa oriental), Grecia (Sur de Europa), Chile y hasta de Brasil, como "pruebas" de lo que estaba ocurriendo en Venezuela.
No parece comprensible que los variopintos sectores de la oposición se estén dejando arrastrar por las aventuras de quien en el 2002, junto a Henrique Capriles, encabezó la cacería de brujas contra funcionarios del Gobierno, además del asedio a la embajada de Cuba; más aún, después de que el presidente Maduro abriera las puertas de Miraflores a gobernadores y alcaldes de la oposición para interactuar con cada uno de ellos en un diálogo sincero sobre las situaciones y temas de mayor importancia nacional, lo cual constituyó, como lo expresó Ernesto Villegas en reciente artículo, un verdadero hito en la medida en que esa clase política no pisaba Miraflores desde el año 2002.
La oposición ha desechado el diálogo otra vez porque nunca lo han querido, y porque su estrategia en los últimos años ha sido la de la mentira, la anti-política, la de los lineamientos de Leo Strauss llevados a su nivel más desquiciante y oligofrénico. ¿Qué hacer con una oposición golpista que, si bien ha sido perdonada por sus aventuras y reiteradamente invitada a dialogar con el Gobierno de buena Fe, persiste en su locura?
No es interpretación ni retórica ni particular lectura: estamos ante un nuevo pateo de la mesa por parte de la oposición. Pateo de las instituciones democráticas, la paz social y de una estabilidad política que muchos países petroleros quisieran disfrutar. Y si bien la oposición venezolana no es homogénea y hay sectores dentro de ella que al parecer rechazan la violencia, a la fecha existen serias dudas sobre la sinceridad de las tímidas declaraciones que hasta ahora hemos escuchado. Lo que tendría que haber, lo que se debe exigir, es un claro deslinde entre los que optan por la lucha pacífica y democrática y los que promueven la violencia. En este contexto, como ha dicho José Vicente, toda ambigüedad, aparte de reflejar cobardía o complicidad, es de por sí insostenible e inaceptable.
De tal manera, que aquí todo el mundo debe repudiar la violencia si lo que queremos es una Venezuela de paz y trabajo, de verdadero progreso y bienestar, y no una Siria o una Ucrania latinoamericana.
Editorial PoderenlaRed.com del 17F
El día en que quedó patentado en que lado del espectro se ubica la violencia
Después de 15 años de Revolución bolivariana el pueblo venezolano ha
madurado. Sobre todo, ha aprendido de las lecciones del pasado reciente,
concretamente de las experiencias de abril de 2002 y de abril de 2013,
que le permitieron conocer de cerca lo que es el fascismo.
Los hechos violentos que lamentablemente tuvieron lugar hoy en la ciudad de Caracas y en otras del país (Que no terminan aún) y que dejaron ―de acuerdo a la información ofrecida por el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez― un saldo de al menos dos fallecidos y 23 heridos, han sido condenados por la alta dirigencia del Gobierno Nacional, la cual ha manifestado todo su apoyo a la Fiscal General en el objetivo de imponer la justicia ante el desparpajo y salvajismo de una manifestación que terminó destrozando la fachada de la sede principal de un poder del Estado, quemando cinco unidades del CICPC, destruyendo los espacios adyacentes y, lo más repudiable, acabando con la vida de personas.
Como diversos materiales y testimonios lo han evidenciado, durante la marcha de los “estudiantes” de la oposición, las consignas que se expresaban hablaban de muerte y destrucción, de tumbar a un Gobierno al que califican de autoritario y represor, como ya lo hemos visto y escuchado en otras puntuales ocasiones. De tal manera, no podemos dejar de hacer un llamado a los sectores sensatos de la oposición, e incluso a los que dicen no identificarse con ninguna posición política, dado que el 12 de febrero de 2014 será recordado por la gloria de la juventud patriota bicentenaria, pero también como un día en el que se volvió a evidenciar de qué lado está el despropósito, la violencia, la manipulación, la oscuridad política y el odio.
Entretanto, las redes sociales volvieron a desempeñar un papel central como fuente de información y termómetro de las reacciones de los diversos sectores de la opinión pública. En tal sentido, de la diversidad de reacciones observadas, podemos destacar que existe, por un lado, una imperturbable consciencia capaz de contener la indignación y el deseo de retaliación y justicia popular, para hacer un llamado a no caer en lo que puede considerarse la más grave y frontal provocación que ha recibido el chavismo en los últimos meses. De otro lado, lo que con más facilidad puede colegirse de los análisis en la radio y los mensajes en redes sociales como el twitter, es una determinante exigencia de justicia.
Ahora bien, conviene ubicar los hechos en su contexto. La oposición venezolana se encuentra dividida, y atraviesa una de sus peores crisis como alternativa política unitaria, si es que alguna vez lo han sido. Derrotada electoralmente en ocasiones sucesivas, y con el que ha sido su líder hasta el momento, Henrique Capriles, bajando el tono de su discurso, rindiendo cuentas por primera vez en la Gobernación y reuniéndose con el ministro Rodríguez Torres para coordinar políticas de seguridad, el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, parece haber tomado el testigo para volver por los fueros violentos y golpistas de factura fascista, y proyectarse así internacionalmente como el arrojado líder que se mantiene firme en la lucha contra el rrégimen. Además, se sabe que la estrategia que pretenden implementar es la de la desestabilización al estilo Ucrania, libreto que ya se viene estudiando y denunciando. Venezuela, como Ucrania, no está atravesada de gasoductos y oleoductos, pero ya se sabe que es la principal reserva de petróleo del mundo.
De tal manera, en una situación de debilidad creciente, sobre todo por el terreno que el Gobierno viene ganando en materia económica y de seguridad ciudadana, las acciones violentas de hoy podrían estar dando cuenta de la desesperación y de la crisis de liderazgo de una oposición que ya no tiene argumentos para deslegitimar al Gobierno; ni siquiera para decir que no están siendo convocados al diálogo y la participación en la definición y ejecución de políticas públicas como la Misión A Toda Vida Venezuela o el Plan Patria Segura.
El presidente de la República ya ha fijado posición. Si el Gobierno bolivariano cayó en algún momento en el chantaje según el cual, si el Estado impone su autoridad ante la violencia entonces eso es autoritarismo, conviene que esta vez hile fino en el ejercicio de su autoridad, dado que la estrategia antichavista dura sigue siendo eminentemente mediática. Maduro anunció el lanzamiento el próximo viernes del Plan de Pacificación Nacional. El pueblo pide la interrupción del guión golpista y el cese de la impunidad.
Editorial PoderenlaRed.com del 12F
Los hechos violentos que lamentablemente tuvieron lugar hoy en la ciudad de Caracas y en otras del país (Que no terminan aún) y que dejaron ―de acuerdo a la información ofrecida por el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez― un saldo de al menos dos fallecidos y 23 heridos, han sido condenados por la alta dirigencia del Gobierno Nacional, la cual ha manifestado todo su apoyo a la Fiscal General en el objetivo de imponer la justicia ante el desparpajo y salvajismo de una manifestación que terminó destrozando la fachada de la sede principal de un poder del Estado, quemando cinco unidades del CICPC, destruyendo los espacios adyacentes y, lo más repudiable, acabando con la vida de personas.
Como diversos materiales y testimonios lo han evidenciado, durante la marcha de los “estudiantes” de la oposición, las consignas que se expresaban hablaban de muerte y destrucción, de tumbar a un Gobierno al que califican de autoritario y represor, como ya lo hemos visto y escuchado en otras puntuales ocasiones. De tal manera, no podemos dejar de hacer un llamado a los sectores sensatos de la oposición, e incluso a los que dicen no identificarse con ninguna posición política, dado que el 12 de febrero de 2014 será recordado por la gloria de la juventud patriota bicentenaria, pero también como un día en el que se volvió a evidenciar de qué lado está el despropósito, la violencia, la manipulación, la oscuridad política y el odio.
Entretanto, las redes sociales volvieron a desempeñar un papel central como fuente de información y termómetro de las reacciones de los diversos sectores de la opinión pública. En tal sentido, de la diversidad de reacciones observadas, podemos destacar que existe, por un lado, una imperturbable consciencia capaz de contener la indignación y el deseo de retaliación y justicia popular, para hacer un llamado a no caer en lo que puede considerarse la más grave y frontal provocación que ha recibido el chavismo en los últimos meses. De otro lado, lo que con más facilidad puede colegirse de los análisis en la radio y los mensajes en redes sociales como el twitter, es una determinante exigencia de justicia.
Ahora bien, conviene ubicar los hechos en su contexto. La oposición venezolana se encuentra dividida, y atraviesa una de sus peores crisis como alternativa política unitaria, si es que alguna vez lo han sido. Derrotada electoralmente en ocasiones sucesivas, y con el que ha sido su líder hasta el momento, Henrique Capriles, bajando el tono de su discurso, rindiendo cuentas por primera vez en la Gobernación y reuniéndose con el ministro Rodríguez Torres para coordinar políticas de seguridad, el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, parece haber tomado el testigo para volver por los fueros violentos y golpistas de factura fascista, y proyectarse así internacionalmente como el arrojado líder que se mantiene firme en la lucha contra el rrégimen. Además, se sabe que la estrategia que pretenden implementar es la de la desestabilización al estilo Ucrania, libreto que ya se viene estudiando y denunciando. Venezuela, como Ucrania, no está atravesada de gasoductos y oleoductos, pero ya se sabe que es la principal reserva de petróleo del mundo.
De tal manera, en una situación de debilidad creciente, sobre todo por el terreno que el Gobierno viene ganando en materia económica y de seguridad ciudadana, las acciones violentas de hoy podrían estar dando cuenta de la desesperación y de la crisis de liderazgo de una oposición que ya no tiene argumentos para deslegitimar al Gobierno; ni siquiera para decir que no están siendo convocados al diálogo y la participación en la definición y ejecución de políticas públicas como la Misión A Toda Vida Venezuela o el Plan Patria Segura.
El presidente de la República ya ha fijado posición. Si el Gobierno bolivariano cayó en algún momento en el chantaje según el cual, si el Estado impone su autoridad ante la violencia entonces eso es autoritarismo, conviene que esta vez hile fino en el ejercicio de su autoridad, dado que la estrategia antichavista dura sigue siendo eminentemente mediática. Maduro anunció el lanzamiento el próximo viernes del Plan de Pacificación Nacional. El pueblo pide la interrupción del guión golpista y el cese de la impunidad.
Editorial PoderenlaRed.com del 12F
lunes, 15 de abril de 2013
La primera batalla electoral sin Chávez fue una gran advertencia
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| Chávez en su último discurso del 8/12/12 |
Es cierto que a lo largo del proceso bolivariano, con elecciones cada año, el presidente Chávez nos acostumbró a las victorias amplias, contundentes. Ahora, dada la victoria por menos de dos puntos del candidato de la Patria, se tuvo que hacer cierto esfuerzo discursivo para dejar claro que una victoria cerrada era también una victoria, como si nuestro sistema electoral automatizado y tecnológicamente blindado, perdiera sus cualidades en situaciones donde la brecha entre dos contendientes resulta bastante corta; como si la autoridad del poder electoral dependiera de las victorias contundentes de amplia brecha.
Ni el CNE y ni el campo revolucionario pueden aceptar chantajes. En 2007, durante el Referéndum de la Propuesta de Reforma Constitucional, todo indicaba, por lo que estaba en juego ―aunque la aprobación de la reforma no decretara el socialismo así sin más―, que si ganaba la propuesta esta debía ganar por un amplio margen, dada la necesidad de garantizar la gobernabilidad en la construcción de una sociedad socialista, antagónica de la capitalista. Ahora, si la “mitad del país” se estaba oponiendo a la reforma, bastaba un voto a favor para que no se aprobara la revolucionaria propuesta. A partir de ahí, pareció quedar instalada la idea de que las victorias socialistas, para ser tales, debían ser necesariamente amplias, mientras que las victorias de la derecha podían contentarse con ser cerradas, por un voto, pírricas.
Pero desde la óptica electoral y las leyes electorales las victorias cerradas son también victorias; incluso las pírricas, como fue el triunfo del No en el referéndum de diciembre de 2007. Ahora bien, otra cosa es la lectura de los resultados desde la perspectiva del propósito de construir el socialismo. Si Nicolás Maduro representa, así como representó Chávez, la posibilidad de construcción de la Venezuela socialista, del Estado comunal, el autogobierno, la diversificación de las formas de propiedad de los medios de producción, siempre con la presencia, la potenciación, regulación y facilitación de un Estado al servicio de las clases más vulnerables, ese proyecto debe ser hegemónico o hacerse progresivamente hegemónico.
Pero los dos últimos resultados electorales, victorias del chavismo, vienen indicando todo lo contrario, una pérdida de terreno hegemónico desde la perspectiva socialista.
Los análisis comienzan. Tal vez la indignación de constatar que el chavismo sacó 615.626 votos menos en relación al 7 de octubre, y que Capriles sacó 711.337 votos más en relación a la misma fecha, sea suficiente esta vez para asumir la autocrítica de manera sincera, más allá del discurso.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
miércoles, 9 de enero de 2013
Hugo Chávez es el presidente, así no asista al acto de graduación
El año 2013 se inició puntualmente con un nuevo capítulo de la lucha política que se ha venido desarrollando en los últimos años de proceso revolucionario. En esta oportunidad, el epicentro de la diatriba y la batalla de ideas es lo que debe ocurrir el próximo 10 de enero, fecha establecida por la Constitución para el acto de toma de posesión del cargo de Presidente de la República.
El escenario actualmente en desarrollo se viene
configurando desde que el pasado 8 de diciembre, el presidente Chávez anunciara
que viajaría a Cuba para practicarse una nueva intervención quirúrgica debido a
una recaída en la enfermedad que padece, lo cual abrió en su momento algunas dudas
y posibilidades sobre lo que podría pasar el 10 de enero. Convengamos en que
las dudas y las pretensiones malsanas de golpistas aventureros han quedado
neutralizadas por la máxima instancia de interpretación de la Constitución, en
reciente rueda de prensa en cadena nacional de radio y televisión.
Si bien pensamos que distintas figuras como Hermman Escarrá
o más recientemente el diputado Andrés Eloy Méndez, han dejado claro lo que
establece el artículo 231 en toda su sencillez y profundidad, queremos destacar
un elemento sustancial que fue, por ejemplo, el que no se consideró en Paraguay
cuando se “destituyó” a un presidente elegido por la mayoría de su pueblo
recurriendo a un burdo legalismo.
Valga decir, que ese elemento se encuentra en toda su
sutileza en la propia redacción del artículo, en “el orden del discurso”,
contenido en la norma y que demuestra una vez más, lo avanzada y lo previsiva
que es nuestra Constitución Bolivariana
El debate se centró en lo que tendría que ocurrir el 10 de
enero, dado que el presidente Chávez no podría asistir a la Asamblea Nacional
para el acto protocolar de toma de posesión del cargo de Presidente de la
República. Citemos las primeras palabras pronunciadas ayer por el diputado
Méndez: “El artículo 231 plantea dos métodos para el acto protocolar de la toma
de posesión”, uno de ellos habla del “candidato o candidata elegida”, el cual
tiene que tomar posesión en la Asamblea Nacional en un acto protocolar donde se
presta juramento. El segundo método, plantea que si el Presidente de la
República ―lo cual deja claro que el elegido es efectivamente Presidente antes
de la ocurrencia del referido acto protocolar― no pudiese asistir a la AN por
algún motivo sobrevenido, este tomará posesión ente el TSJ.
La exposición de Méndez recordó una verdad de perogrullo -y
que por eso hay que recordarla siempre- pero que la extrema derecha parece
siempre, y convenientemente, olvidar. Se
trata del origen soberano de la re-elección del presidente, y de la legitimidad
y autoridad derivada de la voluntad popular, de la comunidad política, donde
reside la Potentia, el poder constituyente originario, hecho que está por
encima de cualquier acto formal, protocolar o simbólico y que desarma desde el
principio cualquier asomo de legalismo, incluyendo los de carácter golpista.
Un ejemplo más sencillo es esto, sería el de un estudiante
de derecho que ha terminado la escolaridad de su carrera y que es objeto de la
preferencia de todos los profesores, pero que por un “motivo sobrevenido” no
puede asistir al acto solemne de graduación, donde se le colocaría la medalla y
le darían su diploma y otorgarían su título. El estudiante, luego de
sobrellevar la contingencia, retiraría su titulo “por administración”, como se
dice, y listo. No sería menos abogado por no haber asistido al acto de grado,
así como el cerebro no se le formatearía si perdiera el título en algún fatal
accidente.
Se trata, en fin, de una batalla entre la realidad concreta
y la realidad formal. Esta es expresión de aquella, aunque trate de incidir en
ella. Lo real, lo concreto, es el lugar de la política, del poder, de la
potencia constituyente, de la voluntad de vida.
De tal manera, indistintamente de que Chávez sea un
presidente reelecto o no, la toma de posesión no constituye una condición Sine
Qua Non para la continuidad administrativa de los poderes públicos y la
preservación de la voluntad popular, principios ético-políticos,
constitucionales, fundamentales.
Fin del cuento.
@maurogonzag
jueves, 30 de agosto de 2012
La tragedia de Amuay: más acá de las teorías conspirativas
| Vista aérea de Amuay |
Cuando se plantea que la explosión en Amuay pudo haber sido producida por un saboteo, lo que es decir por una acción conscientemente orientada a producir la tragedia, tal apreciación pareciera venir de una mente conspiranoica, cuando no de alguien partidario de la teoría de la conspiración o formado en la “cultura de la sospecha”. Pero siempre es bueno para el esclarecimiento de los “enigmas” hacerse preguntas, y una que podríamos hacernos, y que muchos se hacen, es ¿A quien convenía la ocurrencia de un hecho “extraordinario” como este? Una pregunta enmarcada, por supuesto, en la campaña electoral presidencial.
Alguien dijo que no había que precipitarse, que había que controlar la imaginación. Pero es precisamente la imaginación, junto al pensamiento racional, la que por lo general está en capacidad de dilucidar lo que en apariencia es un irresoluble cangrejo. Pero ¿Es que hace falta mucha imaginación aquí? Nos parece que incluso la mente más reprimida, podría en este caso atribuir al sabotaje los hechos de Amuay acaecidos en la madrugada de ayer. O es que no se viene advirtiendo que los factores más extremistas y desesperados de la derecha venezolana, en articulación con los consuetudinarios factores externos, podrían eventualmente recurrir al “hecho extraordinario” para tratar de influir de alguna manera en la tendencia electoral.
Una advertencia había sido planteada con total seriedad por el periodista cubano Percy Alvarado Godoy, en un artículo donde afirmaba que la oposición venezolana estaba buscando producir un hecho extraordinario en el Metro de Caracas, afirmando incluso que los actores para perpetrar el hecho ya habrían cruzado la frontera, provenientes de Colombia. Más recientemente, el director de la encuestadora Hinterlaces, Oscar Schemel, hizo alusión al tema del “hecho extraordinario” ―forma elegante para referirse a un atentado terrorista de la suficiente envergadura como para generar zozobra en la población―, prácticamente como la única posibilidad que le permitiría a la oposición levantar cabeza en las encuestas.
Siendo así, si la tragedia de Amuay fue producida por un sabotaje, y si este tuvo como objetivo atacar políticamente al gobierno de Hugo Chávez, tal hecho demostraría que, efectivamente, la tendencia electoral reflejada por las encuestas hasta ahora, es realmente irreversible.
Pero antes de estas dos advertencias, analistas como Nicmer Evans habían advertido sobre la posibilidad de que la oposición buscara reproducir el “fenómeno atocha”, con el objetivo de incidir en el comportamiento electoral. Claro, salvando las distancias con el contexto de un país europeo que se había involucrado, de la mano del nefasto Aznar, en una guerra imperialista.
Para autores como Víctor Hugo Majano, no hay duda de que la tragedia de la refinería fue producida por un atentado, en la medida en que “En una instalación industrial donde los procesos son cíclicos y previsibles, no es nada difícil introducir un elemento que cause una alteración y a la hora y momento previsto rompa con esa rutina”.
Pero hay otro hecho que se suma a los elementos de juicio que nos permitirían comprender la terrible tragedia como producto de un sabotaje con claros intereses políticos, y que no está exento de cinismo e ironía. Se trata del hackeo de tres portales web del gobierno, ejecutado de manera simultánea a los hechos trágicos de Amuay. Es decir, que mientras la onda expansiva de la gran explosión de la esfera de gas se cobraba decenas de víctimas, estaban hackeando las webs de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) (www.cadivi.gob.ve), la del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, (www.oncti.gob.ve) y el de Defensa Pública (www.defensapublica.gob.ve).
Si escogiéramos tres palabras para denotar a los portales intervenidos, a primera mano tendríamos: dólares, tecnología y defensa. ¿Alguna relación con el hecho catastrófico ocurrido en Amuay? Eso se lo dejamos a los lectores.
Todo indica que detrás de la tragedia de Amuay hay una intencionalidad política, un interés que se ha mostrado descarnado en las declaraciones de distintos personajes vinculados a la vieja Pdvsa como el Sr. José Toro Hardy, el experto petrolero quien con gran cinismo se ha atrevido a vaticinar nuevas tragedias como la de Amuay.
El presidente Chávez ha anunciado el inicio de una “investigación profunda” en torno a la tragedia, una investigación de la que deben salir las respuestas que espera la población en cuanto a los responsables del hecho, indistintamente de la convicción de que fue un atentado; más allá o, mejor, más acá de las teorías conspirativas.
Editorial Poderenlared.com del 26 de agosto
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