Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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domingo, 23 de agosto de 2015

Migración colombiana, cierre de frontera y el bigote holandés de Maduro

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Estoy de acuerdo con Mario Silva en su apreciación de que el presidente Maduro ha tratado el tema de la migración de colombianos a Venezuela con la delizadeza y el tacto que merece. Previo al anuncio de la decisión de declarar el estado de excepción en cinco municipios tachirenses fronterizos con Colombia y extender el cierre de la frontera por tiempo indefinido, el presidente tocó un tema que estoy seguro la nación entera esperaba que se tocara desde hace años.

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miércoles, 22 de julio de 2015

Tony Boza, Dólar Today, el consumismo y el boicot

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Este miércoles, el analista y escritor Tony Boza destacó el importante papel de los consumidores en el contexto de la actual situación económica que vive el país, como actor fundamental que debe actuar organizadamente para contrarrestar los efectos de la especulación con los precios de los bienes y servicios y el saboteo perpetrado desde la web Dólar Today.

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sábado, 11 de julio de 2015

Amaury González: 15 puntos clave del discurso del Papa Francisco en Ecuador que recuerdan a Chávez

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El pasado martes 7 de julio, en el contexto de su visita a la hermana República del Ecuador, el Papa Francisco I dio un discurso en la iglesia de San Francisco de Quito frente a diversas agrupaciones de la sociedad civil ecuatoriana. No sabemos si este discurso fue el “más frontal” como opina ecuavisa.com; pero lo que sí sabemos es que fue un discurso cargado de ideas políticas y críticas al sistema...

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sábado, 6 de junio de 2015

Oscar J. Camero: El petróleo y su efecto castrador sobre el venezolano

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El petróleo es el lío, sabido es.  Dota y castra a una vez a quien la suerte tiene de bañarse en él.  Sabido es también que es un material precioso debajo de la corteza terrestre tanto más cuanto se sabe que se acaba.  De él sale casi todo lo que el confort humano pide, como producto acabado o como maquinaria que trabaja para producirlo. Sobra hablar de ello.

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viernes, 8 de mayo de 2015

Isabel Rivero: Amor con amor se paga

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El Gigante Hugo Chávez hizo tanto que para disertar sobre ello se necesita bastante tinta y papel. Hoy hablaré de uno de sus más nobles gestos hacia los adultos mayores, concretado en la Gran Misión en Amor Mayor. Con ella, para bien, marcó una diferencia sustancial de la Cuarta República..

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martes, 14 de abril de 2015

Alberto Franceschi: URSS, China, Cuba, Venezuela ¿Algo en común?

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Una vez el Emperador Napoleón Bonaparte sentenció: “no despertéis al gigante chino porque todos tendremos que lamentarlo”. Dos siglos después ha ocurrido que nada hubo que lamentar sino celebrar, que a 35 años del reintegro de China Comunista, a una relación plena de ella con la economía capitalista..

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domingo, 5 de abril de 2015

Nicmer Evans: Maduro, Alcedo está desaparecido y la corrupción va ganando

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La desaparición de Alcedo Mora Márquez, como toda desaparición, es desesperante, en primer lugar para su familia, y en segundo lugar para los que luchamos por las causas que creemos justas. Pero la desaparición de Alcedo es doblemente indignante, porque previa a la misma, este hombre comprometido con los valores socialistas reales, había denunciado hechos de corrupción en PDVSA.

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jueves, 12 de marzo de 2015

Luis Ugalde: universidad y productividad

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Capacitación humana y oportunidades son los pilares de nuestro futuro digno, como país y de cada persona. Lamentablemente, no sólo está  Venezuela en un momento de perplejidad - atrapado sin encontrar salida-, sino que hemos retrocedido dramáticamente (a pesar de los números) en capacitación de 14 millones de trabajadores  en la actualidad y de otros casi 10 millones en etapa de formación.

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Algunos Bares Notables de Buenos Aires + imágenes

Este es el café La poesía, localizado en San Telmo, un barrio lleno magia y color donde la calle Defensa se convierte cada domingo en la famosa feria de San Telmo. Al inicio del deambular, notará de inmediato el olor a frutas, incienso y cuero. En el cruce con la calle Chile, está nuestro café.

lunes, 10 de junio de 2013

Es la conciencia, estúpido


Si hay una idea que está clara entre los sectores progresistas y revolucionarios que han apoyado la Revolución bolivariana con el corazón, pero también con la cabeza, es que la construcción del socialismo depende de dos cosas fundamentales: producir de otro modo y pensar-sentir de otro modo. Se trata de inventar, impulsar, desarrollar, otros modos. Ahora bien, cambiar nuestra manera de pensar y de sentir y cambiar nuestro modo de producir, encierran más luchas de las que podrían pensarse.

En los últimos meses, la población venezolana ha tenido que enfrentar una brutal ola inflacionaria desatada luego de la adopción del nuevo régimen cambiario ―pero también antes de este―, ola que tiene mucho de especulación pura y dura; una especulación que, por cierto, tiene mucho de guerra económica. Distintas declaraciones oficiales han dado cuenta del “clima de negociación” imperante, dado que la idea dominante en el discurso no es la fiscalización, la contraloría, la dura sanción contra el especulador o, menos aún, el boicot. Al contrario, el discurso se ha orientado a destacar la necesidad de potenciar la producción nacional como vía elemental para la superación definitiva de los consuetudinarios efectos del rentismo petrolero en la economía.

“Importamos porque no producimos, no producimos porque importamos”, se ha dicho. Somos un país petrolero y los ingresos por concepto de renta petrolera son ingentes. Además, estos pueden eventualmente desbordar las arcas del Estado dado un repunte vertiginoso de los precios del hidrocarburo. Tenemos una gran capacidad de compra. Venezuela se puede dar el lujo, a parte que resulta cómodo, de repartir peces sin enseñar a pescar. Vendemos la materia prima, importamos manufacturas y parte importante de la comida. Un tema viejo, pero sin embargo siempre nuevo. Un asunto estructural, pero que nos sigue metiendo en difíciles coyunturas.

En su Grano de Maíz del 7 de junio, Antonio Aponte recuerda que uno de los desafíos que históricamente han tenido que enfrentar las revoluciones modernas, ha sido el de “cómo aumentar la producción sin entregarse en las manos de la cultura capitalista”. El autor, plantea que los distintos modos de producción que han existido en la historia han tenido varios elementos comunes: en ellos ha permanecido el egoísmo, la división de la sociedad en clases y la consiguiente fragmentación social. En este sentido, la revolución burguesa, como lo dijo Marx, habría abolido la propiedad feudal en provecho de la propiedad burguesa, pero conservando el egoísmo, “la cultura de la monarquía”. “La esclavitud fue abolida en lo económico, pero su esencia cultural todavía campea”, dice Aponte.

Sobre esta reflexión, nos gustaría hacer algunos matices. El paso del feudalismo al capitalismo fue un proceso altamente revolucionario, aunque a lo “revolucionario” en este caso haya que despojarlo de toda idea de humanismo o justicia social, toda vez que los cambios, tanto tecnológicos como materiales, privilegiaron a pequeños grupos que terminaron imponiéndose sobre otros, y favorecieron la idea del individuo como fundamento del orden y la razón en el mundo, el nuevo mundo, el universo liberal-burgués, europeo, moderno. Los fundamentos del status social se modificaron, pero la idea de status se mantuvo. Dice el historiador Boring que, en el contexto de la edad media, el noble era poseedor de tierras por derecho divino, mientras que en la naciente sociedad burguesa la tierra y los títulos podían ser comprados por alguien de “sangre impura”. Este era el empresario, el comerciante, el naciente hombre burgués.

De tal manera, hablando ya desde esta tierra, conviene recordar que ésta fue, en el contexto de la transición feudalismo-capitalismo, territorio de lo colonial, de lo bárbaro-subalterno. Que nuestros jóvenes países latinoamericanos, ex colonias de España y Portugal y disputadas sucesivamente por diversas potencias hegemónicas, a principios del siglo XIX superaron el colonialismo como dominación político-administrativa por parte de una potencia extranjera, pero no superaron la denominada colonialidad, referida esta a la racionalidad, la manera de ver y entender el mundo. En tal sentido, hablando desde el sur, tenemos pendiente la consolidación de nuestra independencia, en un sentido integral, epistémico, mental, cultural.
Desde la perspectiva de la Teoría Bolivariana de la Historia, luego de haber superado el principio monárquico (No superado en algunos países de Europa) y el principio señorial, nos quedaría aún superar el principio cristiano (Cristiandad mas no cristianismo) y el principio racional, precisamente el principio que más nos vincula con la tradición europea.

Desde otras tradiciones de pensamiento crítico, estaríamos hablando del Patrón Colonial de Poder del que habló Aníbal Quijano o del monstruo de múltiples cabezas del que habla Ramón Grosfoguel, como sistema de jerarquías (Heterarquías) impuesto en nuestras tierras hace 500 años.

Así las cosas, una transición al socialismo como modo de organización social donde se piensa (o se inpiensa) de otro modo y se produce de otro modo, necesita de un cambio radical de la conciencia. En este punto, estamos completamente de acuerdo con Aponte. Esto nos lleva, de nuevo, al tema de las instituciones o instancias desde las que el sistema logra hacerse hegemónico. Es imprescindible superar el egoísmo, de acuerdo. Pero más urgente y necesario es superar ese conjunto de mitos modernos que cierta izquierda asume, todavía hoy, con eufórico optimismo decimonónico. Uno de ellos: la idea de progreso, una palabra entre muchas que integra el lenguaje impuesto que comenzaron a sufrir nuestras sociedades hace siglos. Entiéndase por lenguaje impuesto, ideología, falsa consciencia.

Solo la Fe ciega en ese progreso, en ese particular desarrollo, pudo hace creer a los rusos que era posible la revolución en un solo país y con las armas melladas del capitalismo, con la mercancía y el valor de cambio, con la idea fija de construir “algo superior” a la sociedad occidental.

Ahora bien, un párrafo del artículo mencionado resulta muy interesante. Dice Aponte:

“Pero hay más, las Revoluciones han ocurrido en sociedades de poco desarrollo de las fuerzas productivas, quizá porque es allí donde están poco desarrollados los medios de manipulación de la sociedad, entonces el reto de elevar las fuerzas productivas se hace central para la revolución”.

De entrada, la tesis de que las revoluciones rusa, china y cubana, se pudieron hacer debido al poco desarrollo en esas sociedades de las fuerzas productivas, lo cual es hablar de sociedades con poco desarrollo de aparato mediático, no deja de ser interesante. Ahora, por una parte, conviene acotar que los espacios y tiempos históricos de estos procesos son distintos. Y de otro lado y aún más importante, si está planteada una correspondencia entre industrialización y desarrollo cultural mediático, siendo este una expresión de aquella, no se comprende como una elevación de las fuerzas productivas puede ser central para la revolución, toda vez que esta se traduciría en mayor desarrollo y, por tanto, en mayor influencia de la mediática, si es que partimos de que la revoluciones son más probables en sociedades con débil desarrollo mediático.

De todo el planteamiento de Aponte, nos quedamos con este último. Pero, después de todo, ¿Cómo se soluciona el dilema de las fuerzas productivas en la revolución? Para este autor la clave está en la Revolución cubana y en el Che Guevara. Todos sabemos que el Che fue un duro crítico de la vía que había tomado la Unión Soviética; todos recordamos su agudeza, su capacidad prospectiva, su particular línea antiimperialista en todo sentido. Recordemos las razones por las que Walsh y Masseti salen de Prensa Latina. Recordemos críticas del Che a la NEP (Nueva política económica); no olvidemos la brega de Guevara por el advenimiento del hombre nuevo. Sí, ahí, ciertamente, puede haber una clave.

Esta clave, tendría que ver con una nueva Fe. No una Fe en el progreso, en el desarrollo imparable de las fuerzas productivas, y sí en la voluntad del hombre y la mujer, en su capacidad, en su conciencia, su ética revolucionaria. Aponte cita el principio que guiaría la revolución dirigida por Fidel y al Che: “lo principal es la conciencia, crear riqueza a partir de la conciencia y no conciencia a partir de la riqueza”.
No obstante, pensamos que si la clave está en la Revolución cubana, lo está por una razón de fuerza que Aponte solo sugiere en su texto. La Cuba revolucionaria es un ejemplo, un “fenómeno que debemos estudiar”, porque ha combatido por décadas el cerco imperial y porque resistió estoicamente el desmoronamiento del bloque soviético. En ese sentido, el desarrollo de la conciencia del militante cubano, el temple y la ética de los cuadros cubanos, ha estado en relación directa con los formidables y permanentes desafíos que ha tenido que confrontar.

El tema da para mucho y mucho habría que reflexionar y discutir. Alvin Lezama, a partir del artículo de Aponte, nos deja esta importante reflexión:

“Debemos saber con claridad quienes somos, no es suficiente con quienes creemos ser, este será una parto doloroso, tenemos virtudes y defectos, potencialidades y taras, todas deben aflorar, es como una gran psicoterapia nacional, poco a poco, pero que nos permita hacer conscientes esos mensajes brujos que se sembraron en la colonia -y que se repiten hoy en chistes, en cuentos, en canciones, en expresiones populares-, que impuso su hegemonía y borró todas las raíces”.

Otra vez el patrón colonial, los principios de dominación, el lenguaje impuesto, taras que, como afirma Lezama, son como mensajes maléficos que están sembrados desde la época colonial y que han permanecido, en sus versiones más tradicionales o en las más sofisticadas, en nuestro sistema de creencias a través de chistes, canciones, cuentos y expresiones populares, es decir, a través de los aspectos ideológicos de la cultura.

Volviendo a Cuba, al tema mass mediático y a la relación entre este y el grado o tipo de conciencia que una sociedad puede eventualmente alcanzar, hagámonos las siguientes preguntas:

¿Sería bizarro pensar que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba, fue determinante para el desarrollo educativo y la ética revolucionaria de los cubanos?

¿Trajo este bloqueo, como consecuencia indirecta la posibilidad de librar a Cuba de la alienante invasión publicitaria e ideológica del estilo de vida americano, y por tanto la posibilidad de un desarrollo cultural más libre de estas influencias?

Evidentemente, existe una relación, aunque este no sea el único factor que ha influido en el desarrollo humano de los cubanos. Pero, si bien esto es verdad ¿No es lo suficientemente significativo que una sociedad haya estado relativamente libre de los spots publicitarios y la basura mediática transnacional? ¿De la cultura McDonald?

Por un momento, considerando todo lo anterior, viremos la visión hacia Venezuela, y nos encontraremos con que nuestra ética revolucionaria, nuestra educación, nuestro desarrollo cultural, nuestros cuadros y militantes políticos, nunca estuvieron libres, y no lo están aún hoy, de la seductora influencia del American Way of Life, del pasmoso conglomerado mediático global, hoy perfeccionado y ramificado como nunca antes en la historia de la humanidad.

Finalmente, en caso de que aceptemos como válida la tesis según la cual las revoluciones de la primera mitad del siglo XX fueron posibles gracias al débil desarrollo de los aparatos mediáticos, tendríamos que preguntarnos hoy, con la conciencia que tenemos o deberíamos tener del actual estado de ese arte: ¿Soy hoy día posibles las revoluciones sin una transformación radical de los aparatos mediáticos?

Es perfectamente posible crear riqueza a partir de la conciencia, pero ¿Se podría crear riqueza a partir de una conciencia alienada, de una falsa conciencia? Sin publicidad, otro cuento sería, otra sociedad sería. Hace falta producción material, sí, pero también de contenidos, porque no solo de la materia vive el hombre.
  

@maurogonzag

lunes, 21 de mayo de 2012

No estamos seguros de que fue esto, aunque parece un funeral realizado en mitad de la autopista

No es primera vez que los motorizados son noticia en la ciudad. Curiosamente, en un video de finales de los setenta, un candidato a la Presidencia de la República se desgañitaba denunciando los abusos que cometían los motorizados, lo cual me hizo pensar que muchas de las cosas que se ven hoy, no tenían en realidad mucho de nuevo.

Claro, una de las diferencias, puede que la más importante de todas, es el incremento exponencial de este contingente de “jinetes sobre ruedas” quienes, sin meterlos a todos en el mismo saco, se comen flechas, manejan por aceras -tropezando o atropellando en algunos casos a transeúntes que siempre pensaron que las aceras eran para caminar- y rayan y aboyan vehículos en esas raudas y osadas maniobras que ensayan en calles, avenidas y autopistas.

Ellos mismos, también es verdad, muchas veces son las víctimas de sus propias audacias, y cada día podemos leer en la prensa -y muchas veces ser testigos- de como en su cotidiano bregar pierden la vida -si no ellos el copiloto que llevan detrás- en un desigual encontronazo donde las leyes de la física se imponen inexorables. También hay que decir, que el papel que jugaron los motorizados durante los hechos de abril de 2002, que tuvo su relevancia, parece haberles otorgado una especie de patente de ciudad. Interprete usted.

Sin embargo, estamos seguros que a finales de los años setenta no se veían cosas como la que ocurrió en horas de la mañana de hoy en la autopista Francisco Fajardo, al nivel del Centro Comercial El Recreo, en dirección oeste-este, cuando lo que parecía una caravana fúnebre de motorizados decidió detenerse en plena autopista para rendirle un último homenaje de calle un compañero que, de otro lado, pudo haber perdido la vida en pleno cumplimiento de sus deberes, víctima de la imprudencia sobre cuatro ruedas, que cómo no, también la hay.

El hecho, es que el vehículo que transportaba al difunto, tras el que venía un contingente como de 30 motorizados, y puede que a petición de éstos, se detuvo en la autopista para descargar el féretro. En las imagenes captadas por Antonieta, quien desde el C.C. El Recreo tuvo una mirada privilegiada, se puede ver como a la urna, ya en plena vía, se van acercando los compañeros a darle un último adiós -O que se yo- mientras las motos estacionadas van formando un piquete que va acumulando el tráfico con la mayor efectividad.

Nada tan humano como velar y enterrar a nuestros muertos, pero hacerlo en pleno día en medio de una autopista -y me refiero a lo primero, si bien no vimos cremación o algo parecido- parece entroncar con el más elemental sentido común. ¿Una forma de protesta? ¿Una manera de victimizarse? ¿Un malandreo gratuito y hay que calarsela y punto? Su comentario nos será de gran ayuda para dilucidar esta expresión de lo que podemos llamar realismo mágico urbano.

Dado el último adiós, los compañeros del difunto volvieron a sus motos dando fin a la ceremonia, no sin antes dar unas vueltas alrededor de la urna, para finalmente meterla en la carroza y seguir el camino. ¿Será que tal ritual lo hacen en varios puntos de la ciudad? ¿Será que buscan el más vistoso? Importante es señalar que en ninguna parte se vio a las autoridades competentes, a la policía, por ejemplo.

Añadamos finalmente, que tales acciones le otorgan una connotación negativa a la palabra anarquía, vocablo usado por mucha gente al momento de calificar acciones de esta índole, aunque este sugiera todo lo contrario al bochinche y la falta de conciencia.


Poderenlared.com

jueves, 5 de enero de 2012

Una reflexión sobre el trabajo

Mujeres trabajando
Ha predominado en la historia de la modernidad capitalista, una concepción del trabajo que entiende a este, no como la actividad vital ―libre por antonomasia―  que permite la producción y reproducción de la vida humana, muy lejos por cierto de esclavitud u hostilidad alguna, sino como lo que no haríamos de no tener la necesidad de hacerlo. Las raíces de tal concepción habría que buscarlas en los avances tecnológicos que, subsumidos por la ética racional capitalista, originaron el fenómeno de la Revolución industrial, un proceso que resultó traumático para todos aquellos que, si bien habían vivido hasta ese momento una vida ―diríamos desde nuestro mundo de principios del siglo XXI― con ciertas “limitaciones”, de repente fueron violentamente desarraigados de la tierra donde desarrollaban esa vida para convertirse en mano de obra “libre”.

Son conocidas las historias del capitalismo salvaje del siglo XIX, las de los deshollinadores; las de las mujeres y los niños ―pero también de los hombres― trabajando jornadas insufribles de dieciocho horas; una historia y una dinámica propia de la clásica metrópoli capitalista que por cierto se nutría del trabajo incesante y esclavo y la riqueza natural de los territorios ― convertidos ahora en tierras de la periferia― que las excursiones del 1492 habían conectado fatalmente con los conflictos, vicios y penurias europeas. La historia es harto conocida y la obra de Marx, paradigmática crítica del paradigmático capitalismo industrial descollante constituye, dentro de sus análisis, críticas y propuestas, un testimonio sufriente de lo que la “civilización” hacía al mundo en esa carrera de alienación y fetichismo desenfrenado.

Ese sigue siendo el mundo en el que hoy vivimos, y habría que preguntarle a la gente, a todo aquel que esté inmerso en las relaciones de producción capitalistas, como obrero, empleado del Estado, pequeño comerciante o en algún otro estrato donde se padezca algún tipo de irrespeto, explotación u opresión, si seguirían haciendo ese trabajo de no tener la “imperiosa necesidad de hacerlo”; qué harían si tuvieran cubiertas sus necesidades materiales básicas, en qué actividad emplearían su tiempo. En el sistema capitalista hay que arreglárselas de alguna manera, y habría que imaginarse cómo era la sobrevivencia en la época del capitalismo clásico en Inglaterra o Francia. Si en el proceso de migración a las ciudades que llevó aparejado la centralización de la producción y del poder político, el hombre que llegó con su familia a “buscarse la vida” proveniente de un campo abandonado, reapropiado por algún potentado o, simplemente desolado, aburrido, peligroso y monótono, y logra algún puesto en la industria, como la petrolera a principios del siglo XX en Venezuela, y logra así sostener a su familia, medrar, comprar una casa, “progresar”, tal esfuerzo no carecería de nobleza y también se podría calificar de admirable.

Pero es posible que de no haber tenido la imperiosa necesidad de hacerlo, de no haberse desarrollado ese cambio en las estructuras sociales de la mano de la salvaje modernidad, esa migración no se hubiese producido.

Hoy en día, el trabajo esclavo aún existe y más aún, donde no existe este existe la mentalidad de esclavo. De ahí que en la actual sociedad capitalista, en un sistema que parece reafirmarse y justificarse por sí solo desde todos los campos de la vida, no sea sustituible si no hay un sustancial cambio de mentalidad que, como todo cambio, puede comenzar con modestos pasos, en un contexto como el venezolano donde afortunadamente se habla de socialismo y se trabaja día a día por el buen vivir. Y como el ser humano puede condicionarse, uno podría preguntarse si no nos acostumbramos en algún momento ―aprendiéndolo desde nuestro inicial proceso de socialización― a esa concepción del trabajo como algo hostil que no haríamos de no tener la necesidad de hacerlo, pero que es ley de vida y otorga nobleza porque es lo que Dios manda. Hay en este punto, me parece, uno de los nodos críticos si de lo que se trata, si lo que queremos, es construir una sociedad alternativa a esta que tenemos.

Nadie duda de que el trabajo sea fundamental para lograr el desarrollo de cualquier sociedad. Pero los avances en materia de tecnologías de información y comunicación, nuestra abundante riqueza, las bondades de la planificación, y la posibilidad cierta de poder mejorar la eficiencia en todo espacio de trabajo, le otorgan a la reducción de la jornada laboral una evidente y concreta factibilidad.

Porque si creemos en el reino de la libertad, y no en la libertad para vender la propia fuerza de trabajo porque la vida es dura y vivimos en una tenebrosa escasez, el tema de la producción y reproducción de la vida real está en el centro del debate sobre el socialismo, y no tanto desde el punto de vista económico como desde una perspectiva cultural, existencial, trascendente. Habría que luchar contra la nefasta influencia del pensamiento conservador, liberarnos de la ideología del trabajo, encontrando la manera de convertirnos en seres cuya actividad vital, física y espiritual, sume a la producción del pan, la realización del propio potencial.

@maurogonzag
amauryalejandrogv@gmail.com

lunes, 2 de mayo de 2011

No hay Revolución sin Revolución Cultural

Ilustración de Felipe García
Entendemos por cultura la creación de cualquier espacio de encuentro entre los hombres y es cultura, para nosotros, todos los símbolos de la identidad y la memoria colectivas: los testimonios de lo que somos, las profecías de la imaginación, las denuncias de lo que nos impide ser".
Eduardo Galeano

Eduardo Galeano señala tres aspectos del encuentro de los hombres que en definitiva es Cultura.


“testimonio de lo que somos”

Todo trabajo cultural es un espejo para vernos, encontrarnos y reencontrarnos, saber de dónde venimos y porqué somos como somos. Es el rescate de nuestra esencia y es vernos con nuestras incapacidades y carencias.

Pero lo que somos, es un lago que se alimenta de muchos ríos y tiene distintas miradas:

Primera mirada: Somos individuos, tenemos una individualidad con su historia, con sus relaciones familiares, con un bagaje de costumbres, conocimientos, valores, con muchos aprendizajes que reconfirmar, otros que conquistar y también aprendizajes que hay que desaprender. Desde la individualidad se asumen los compromisos que son compromisos sociales, colectivos. Desde la individualidad asumo mi postura frente al mundo.

Segunda mirada: Somos familia, relaciones familiares, íntimas, de afectos y desafectos, y aunque pareciera cada vez menos, por las influencias mediáticas, educativas y sociales, moldeamos a la familia y la familia nos moldea. En la familia se producen las relaciones dialécticas de transformación y alienación, de mantener el estado social imperante o de revolucionarlo. Desde allí, como también desde la individualidad cabe la pregunta de si somos parte del problema o de la solución.

miércoles, 13 de abril de 2011

¿Ruptura o entendimiento generacional? Una reflexión sobre la experiencia y el poder

Si bien es cierto que la edad –y por tanto la experiencia- constituye un criterio bastante objetivo de autoridad, también lo es el hecho de que, en un contexto de cambio de época, de transformación radical de la sociedad, pero sobre todo de cambio de los viejos paradigmas científicos y de perspectivas de conocimiento (o de toma de conciencia de la tradicional incoherencia de haber estudiado y aplicado teorías importadas de otras realidades) eurocéntricas, surgen y se hacen valer nuevas formas de autoridad relacionadas con maneras de ser, hacer y de pensar, capaces de propiciar las necesarias rupturas emancipatorias, orientadas a la superación de todo aquello que siempre se consideró inamovible, legitimo, prestigioso, acabado; intocable y sagrado.

La experiencia, siempre se considerará un aspecto importante –un criterio siempre válido- al momento de la escogencia y designación de un individuo para su desempeño en tareas de diversa naturaleza. Sin embargo, la misma experiencia (mayor o menor) nos dice que esa experiencia puede muchas veces estar asociada a maneras de entender el mundo, la naturaleza, el arte, la ciencia, la política y la vida en general, que efectivamente llevan una carga positivista, conservadora, estructural-funcionalista o, de otro modo, simplemente contrarrevolucionaria. En este sentido, podríamos destacar la “experiencia de lo actual” y su adecuada interpretación de cara a una posible y necesaria transformación cultural, como un criterio renovado de autoridad asociado siempre al poder.

La experiencia es poder en la medida en que es conocimiento del pasado y sus lecciones, acumulación de información y de datos que, necesariamente, constituyen elementos de juicio importantes para el proceso cotidiano de toma de decisiones a todo nivel. Aquí podemos agregar que, en un mundo en constante cambio donde los conocimientos siempre surgen en contextos espaciales y temporales específicos, y donde se hace necesaria, por ejemplo, la transformación del Estado, de su estructura, sus procedimientos y formas de poder objetivadas en él, muchas veces esa experiencia se convierte en un importante obstáculo para la superación de formas y prácticas institucionales que, de no poder superarse, difícilmente nos permitirían avanzar hacia otro tipo de sociedad. 

jueves, 3 de febrero de 2011

La autarquía comunal y la fábula del turista y el pescador

Pescador... De F. Correa
La conocida fábula del turista y el pescador, a parte ser bastante ilustrativa en lo que toca a la lógica de acumulación y expansión del capitalismo –esencia de su carácter imperial-, a su “ethos racional”, encierra otros importantes debates políticos, culturales y filosóficos, relacionados con el proceso sociopolítico venezolano en pleno desarrollo; proceso que debería apuntar, más allá de la emancipación social hacia una transformación cultural. Y es que ¿Al campesino que trabaja su tierra en lo recóndito de la periferia de un Estado-nación –pongámosle de Nuestra América- y que vive de ella puede llegar a interesarle o preocuparle como están los índices de GINI, el PIB, el IDH, o cualquier otro indicador propio de la economía moderna?