Aunque la literatura y el periodismo se entrelazaban desde tiempos seculares, durante muchos años funcionaron separados, cada uno por su lado, por eso vale la pena recordar experiencias como la del bar La Cueva, en Barranquilla, donde se reunía García Márquez con sus amigotes costeños entre los cuales destacaba Álvaro Cepeda Samudio quien, a pesar de ser creativo de una empresa cervecera, siempre fue asiduo a la literatura.
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Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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domingo, 9 de agosto de 2015
viernes, 9 de mayo de 2014
Que vaina con este país ¿Usted entiende? Yo no entiendo
He llegado a pensar que la hegemonía del capitalismo, sin duda
desafiada por el proceso bolivariano, se basa en condicionamientos bien
anclados en lo que podríamos llamar inconsciente colectivo. En una
mentalidad de escasez ―que, si haber vamos, es uno de los principios de
la economía clásica― que es alimentada por una visión negativa hasta el
fatalismo, de la realidad. Al parecer, existe en nuestra estructura
social una ideología nefasta producto del fementido rentismo petrolero,
que lleva a mucha gente a sentirse esclava y pobre en medio de una
abundancia que muchos países quisieran disfrutar.
Si en medio de la Paz, mucha gente vivía presa del miedo y de la sensación de inseguridad, repitiendo y hasta vociferando lo que muchos medios privados reflejaban como país, uno puede imaginar el barranco emocional en el que muchos se encontrarán después de casi tres meses de candela, irracionalidad, violencia y muerte en algunos municipios del país; después de una serie de acciones vandálicas que se sumaron a la evidente manipulación de la cadena de distribución de alimentos y bienes básicos que, en un plan que se ha venido puliendo a través de años de conspiración, aplicó la burguesía como quien toca uno de los botones rojos de su tablero de poder para destruir la Paz e intentar desestabilizar un país que siempre ha sido una tierra de gracia.
Hace pocos días, volví a constatar esta lamentable “realidad psicológica” en un supermercado ubicado en una urbanización de clase media donde también hubo guarimba y donde todavía hay “compras nerviosas”. Como lo hecho otras veces, tomé dos o tres cosas de las que se pueden comprar ahí ―dice uno― y me ubiqué en una de las colas donde despachan hasta diez artículos. Delante de mí, una mujer de mediana edad, baja estatura y lolas operadas, tenía su cesta con 4 cosas que terminaron siendo como veinte luego de varias idas y venidas para buscar cosas de última hora, productos que había que llevárselos solo porque estaban ahí.
La señora, me decía ya vengo que olvidé algo y una cosa llevó a la otra y se armó una conversación entre ella y otra señora que tenía tras de mí. “Hay que calarse las colas, que le vamos a hacer”, “Uno nunca sabe lo que puede pasar”, “¿En cuánto están vendiendo la harina pan?”, eran las frases al uso y en cuanto hubo chance el intercambio se deslizó hacia la inseguridad que estaban experimentando sus hijos de igual edad en la universidad. Uno estudiaba en la Simón Bolívar, el otro en la UCV. Ambos, una chama y un chamo, habían decidido abandonar sus casas de estudio para probar suerte en el exterior.
¿Cuál era la razón? La inseguridad. Se habló se ocho robos en una semana en una de las facultades de la Central, de intentos de violación, que si no sé quien me dijo, que esto no mejorará, que así no se puede vivir en este país. Una de las mujeres, luego del elegante derroche de fatalismo terminaba sus frases sobre la economía y la inseguridad, los dos temas dominantes, con un “¿Usted entiende? Yo no entiendo”, donde el “¿Usted entiende?” es un yo sé que ni usted ni yo entendemos lo que está pasando, ni lo queremos entender, simplemente no lo aceptamos porque en fin, esto es culpa del Gobierno. “Mi hija está averiguando para estudiar afuera pero eso son 8 mil dólares mensuales y hay que verle la cara a eso”, decía la más locuaz. Porque además, estudiar afuera significaba para ella, noté, estudiar en EEUU una “carrera paga en una universidad paga”, como dijo cierto filósofo.
El “¿Usted entiende? Yo no entiendo” seguía saliendo como un mantra, y al fin pude comprender que cuando alguien ha vivido siempre sumergido en la ideología ―entiéndase, en la falsa conciencia, adorando los ídola― estructurado por las instituciones de la “sociedad civil”, haciendo lo que “Dios manda”, tratando de imitar estilos de vida foráneos y, lo más delicado, sin haber intentado nunca comprender por qué llegó o, mejor, por qué tuvo que llegar al poder una figura como el Comandante Hugo Chávez para cambiar este país, se convierte en la masa impensante estratégica que necesitan aquellos que, de acuerdo a la coyuntura nacional e internacional, tocan las teclas de la distorsión económica hasta darle el carácter directo de guerra.
Porque, cuántas veces no escuchamos a la “gente decente” preguntarse cómo había llegado al poder en Venezuela alguien como Chávez. El psiquiatra Heriberto González diría que tienen anulado el cerebro racional, diagnóstico que coincide con el “¿Usted entiende? Yo no entiendo” como síntoma del aludido estado “reptiliano”.
Es el clásico de aquel que no da razones ni quiere tener razón, el que no quiere entender y que, por esa vía, ante el libro saca la pistola. Con todo, creo que el camino no es la burla ni la lástima ni la condena, y sí la Fe y el trabajo sensible por elevar la conciencia de toda la sociedad. Entre el pulso por la vida, las aspiraciones y deseos de la gente, y el “Yo no sé, yo no entiendo”, hay un gran muro ideológico que hay que derribar. Un buen comienzo para estas personas sería, sin duda, querer entender.
@maurogonzag
Si en medio de la Paz, mucha gente vivía presa del miedo y de la sensación de inseguridad, repitiendo y hasta vociferando lo que muchos medios privados reflejaban como país, uno puede imaginar el barranco emocional en el que muchos se encontrarán después de casi tres meses de candela, irracionalidad, violencia y muerte en algunos municipios del país; después de una serie de acciones vandálicas que se sumaron a la evidente manipulación de la cadena de distribución de alimentos y bienes básicos que, en un plan que se ha venido puliendo a través de años de conspiración, aplicó la burguesía como quien toca uno de los botones rojos de su tablero de poder para destruir la Paz e intentar desestabilizar un país que siempre ha sido una tierra de gracia.
Hace pocos días, volví a constatar esta lamentable “realidad psicológica” en un supermercado ubicado en una urbanización de clase media donde también hubo guarimba y donde todavía hay “compras nerviosas”. Como lo hecho otras veces, tomé dos o tres cosas de las que se pueden comprar ahí ―dice uno― y me ubiqué en una de las colas donde despachan hasta diez artículos. Delante de mí, una mujer de mediana edad, baja estatura y lolas operadas, tenía su cesta con 4 cosas que terminaron siendo como veinte luego de varias idas y venidas para buscar cosas de última hora, productos que había que llevárselos solo porque estaban ahí.
La señora, me decía ya vengo que olvidé algo y una cosa llevó a la otra y se armó una conversación entre ella y otra señora que tenía tras de mí. “Hay que calarse las colas, que le vamos a hacer”, “Uno nunca sabe lo que puede pasar”, “¿En cuánto están vendiendo la harina pan?”, eran las frases al uso y en cuanto hubo chance el intercambio se deslizó hacia la inseguridad que estaban experimentando sus hijos de igual edad en la universidad. Uno estudiaba en la Simón Bolívar, el otro en la UCV. Ambos, una chama y un chamo, habían decidido abandonar sus casas de estudio para probar suerte en el exterior.
¿Cuál era la razón? La inseguridad. Se habló se ocho robos en una semana en una de las facultades de la Central, de intentos de violación, que si no sé quien me dijo, que esto no mejorará, que así no se puede vivir en este país. Una de las mujeres, luego del elegante derroche de fatalismo terminaba sus frases sobre la economía y la inseguridad, los dos temas dominantes, con un “¿Usted entiende? Yo no entiendo”, donde el “¿Usted entiende?” es un yo sé que ni usted ni yo entendemos lo que está pasando, ni lo queremos entender, simplemente no lo aceptamos porque en fin, esto es culpa del Gobierno. “Mi hija está averiguando para estudiar afuera pero eso son 8 mil dólares mensuales y hay que verle la cara a eso”, decía la más locuaz. Porque además, estudiar afuera significaba para ella, noté, estudiar en EEUU una “carrera paga en una universidad paga”, como dijo cierto filósofo.
El “¿Usted entiende? Yo no entiendo” seguía saliendo como un mantra, y al fin pude comprender que cuando alguien ha vivido siempre sumergido en la ideología ―entiéndase, en la falsa conciencia, adorando los ídola― estructurado por las instituciones de la “sociedad civil”, haciendo lo que “Dios manda”, tratando de imitar estilos de vida foráneos y, lo más delicado, sin haber intentado nunca comprender por qué llegó o, mejor, por qué tuvo que llegar al poder una figura como el Comandante Hugo Chávez para cambiar este país, se convierte en la masa impensante estratégica que necesitan aquellos que, de acuerdo a la coyuntura nacional e internacional, tocan las teclas de la distorsión económica hasta darle el carácter directo de guerra.
Porque, cuántas veces no escuchamos a la “gente decente” preguntarse cómo había llegado al poder en Venezuela alguien como Chávez. El psiquiatra Heriberto González diría que tienen anulado el cerebro racional, diagnóstico que coincide con el “¿Usted entiende? Yo no entiendo” como síntoma del aludido estado “reptiliano”.
Es el clásico de aquel que no da razones ni quiere tener razón, el que no quiere entender y que, por esa vía, ante el libro saca la pistola. Con todo, creo que el camino no es la burla ni la lástima ni la condena, y sí la Fe y el trabajo sensible por elevar la conciencia de toda la sociedad. Entre el pulso por la vida, las aspiraciones y deseos de la gente, y el “Yo no sé, yo no entiendo”, hay un gran muro ideológico que hay que derribar. Un buen comienzo para estas personas sería, sin duda, querer entender.
@maurogonzag
sábado, 18 de enero de 2014
“Un burgués es un personaje infernal, y su moral es la moral de Lucifer”
Si cultura es “el modo de organización de la utilización de los valores de uso”, como afirmó Samir Amin, entonces en una sociedad capitalista, y como tal basada en los valores de cambio, no puede haber otra cosa que Contracultura.
Tal es parte de la tesis de Ludovico Silva en su ensayo Contracultura, del cual extraemos la frase que presentamos hoy para ustedes, con la que el escritor ilustra e interpreta el “satanismo” de Charles Baudelaire, poeta al que considera como “el más puro representante” de lo que ha llamado “Contracultura”. Aquí puede notarse la dialéctica que plantea Ludovico con la categoría: contracultura es lo que impera en la sociedad capitalista basada en valores de cambio, pero contracultura es también la cultura genuina que quiere dejar de ser ideología.
Silva destaca a Baudelaire como uno de los casos más ejemplares del artista que no se identifica con su ciudad, cosa que no ocurría en sociedades de otras épocas, no basadas en el valor de cambio. Es el artista en la nueva situación postindustrial, por lo cual Ludovico lo califica como el “poeta de la modernidad”. Apoyado en Friedrich, Silva dice que el francés “resumió en sí todas las miserias y esplendores de la Revolución industrial.
De ahí su satanismo. Si la vieja sociedad pre moderna había sido teocrática, la moderna sociedad capitalista es “profundamente satánica”. El satanismo de Baudelaire es, entonces, el satanismo de la modernidad. El poeta era creyente, y siempre se refirió a Dios y a las religiones con respeto. No perdonaba, eso sí, el “ardor satánico de los modernos capitalistas”.
Así, tenemos que para Baudelaire, un burgués de mediados del siglo XIX era un personaje infernal, lo que es decir un burgués clásico, de aquellos que nacieron de la primigenia Revolución de la máquina de vapor, las hilanderas y el ferrocarril. Hoy, a siglo y medio de la muerte del poeta, nos preguntamos ¿Que escribiría Baudelaire del burgués especulador y parásito de la Venezuela rentista pre-industrial del siglo XXI? ¿Difícil de imaginar?
* Publicado el 15 de enero en PoderenlaRed.com en la sección "Frases para la historia"
@maurogonzag
Tal es parte de la tesis de Ludovico Silva en su ensayo Contracultura, del cual extraemos la frase que presentamos hoy para ustedes, con la que el escritor ilustra e interpreta el “satanismo” de Charles Baudelaire, poeta al que considera como “el más puro representante” de lo que ha llamado “Contracultura”. Aquí puede notarse la dialéctica que plantea Ludovico con la categoría: contracultura es lo que impera en la sociedad capitalista basada en valores de cambio, pero contracultura es también la cultura genuina que quiere dejar de ser ideología.
Silva destaca a Baudelaire como uno de los casos más ejemplares del artista que no se identifica con su ciudad, cosa que no ocurría en sociedades de otras épocas, no basadas en el valor de cambio. Es el artista en la nueva situación postindustrial, por lo cual Ludovico lo califica como el “poeta de la modernidad”. Apoyado en Friedrich, Silva dice que el francés “resumió en sí todas las miserias y esplendores de la Revolución industrial.
De ahí su satanismo. Si la vieja sociedad pre moderna había sido teocrática, la moderna sociedad capitalista es “profundamente satánica”. El satanismo de Baudelaire es, entonces, el satanismo de la modernidad. El poeta era creyente, y siempre se refirió a Dios y a las religiones con respeto. No perdonaba, eso sí, el “ardor satánico de los modernos capitalistas”.
Así, tenemos que para Baudelaire, un burgués de mediados del siglo XIX era un personaje infernal, lo que es decir un burgués clásico, de aquellos que nacieron de la primigenia Revolución de la máquina de vapor, las hilanderas y el ferrocarril. Hoy, a siglo y medio de la muerte del poeta, nos preguntamos ¿Que escribiría Baudelaire del burgués especulador y parásito de la Venezuela rentista pre-industrial del siglo XXI? ¿Difícil de imaginar?
* Publicado el 15 de enero en PoderenlaRed.com en la sección "Frases para la historia"
@maurogonzag
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Industrialización, bien, pero quiero mi cargo burocrático
Uno de los objetivos más desafiantes de nuestro país ha sido siempre
el de la industrialización. La guerra económica frontal que desató la
burguesía importadora en nuestro país, hace poco más de un año, nos
volvió a recordar que la economía predominante era, no solo capitalista
sino rentista petrolera. Pero también, fue el toque de rebato para
reimpulsar un conjunto de medidas orientadas a crear las condiciones
para industrializar al país. Incluso, hemos leído por ahí que la
“Revolución industrial” en Venezuela sigue siendo “materia pendiente”.
La industrialización, un desafío que ha sido encarado desde los primeros años del pos gomecismo, y que hoy en día constituye un reto formidable, toda vez que el proceso industrializador que está planteado debe ser de un carácter diferente, socialista; toda vez que nuestro país es hoy en día la principal reserva de petróleo del mundo, aparte del abundante gas que también tenemos. Industrializar para sustituir importaciones, para superar los efectos distorsionantes de nuestra tradicional economía rentista, pero también para construir nuevas relaciones de producción en función de lo planteado en el Programa de la Patria.
Dos frases podrían resumir nuestra actual situación y la nueva realidad por construir. La primera, “Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos”; la segunda: “Producir lo que consumimos y consumir lo que producimos”. La primera, expresa la fatalidad de la economía rentista importadora, producto en gran medida de la ausencia de una burguesía nacional emprendedora, la segunda, nos habla de una realidad en la que hemos logrado, finalmente, sustituir las importaciones, conformar una burguesía nacional y consolidar el mercado interno.
Sobre el proceso de sustitución de importaciones, el libro Claves para la industrialización socialista, de Víctor Álvarez, dedica un apartado a explicar con claridad los antecedentes de la industrialización en Venezuela y las causas del fracaso del proceso de sustitución de importaciones, el cual fue, en los primeros años del puntofijismo, la bandera de las nuevas élites políticas que buscaban legitimar su modelo político ante la sociedad. En ese contexto, la industrialización fue un componente central del discurso modernizador que esgrimía la democracia representativa como el advenimiento de la “ansiada” modernidad política; algo así como el gran factor cohesionador.
Álvarez, luego de explicar en qué consiste el “Modelo de sustitución de importaciones”, pasa a explicar las razones por las que este no fue exitoso en nuestro país. El factor principal que produjo la ineficiencia ―hasta el fracaso― de la sustitución de importaciones, fue el excesivo proteccionismo del Estado, que consistió en un conjunto de medidas que Álvarez resume como “Una irracional e indiscriminada sobreprotección arancelaria, infinitas prohibiciones de exportación, innumerables exoneraciones, concesión de créditos baratos a muy largo plazo… y el otorgamiento de generosos subsidios a la producción y el consumo”.
Así las cosas, el todo poderoso Estado cuartarrepublicano, consintiendo de más a la incipiente burguesía industrial, le hizo mostrar su lado más rentista. Ante la ausencia de desafíos, de una mínima competencia, esta querida burguesía se monopolizó y oligopolizó, generando una producción que no beneficiaba mucho a la población en materia de calidad y precios. De tal manera, el rentismo se hizo presente en el excesivo proteccionismo que practicó el Estado con una burguesía que, cortoplacista y sin una visión estratégica nacional, para decirlo en criollo, se rumbeó los reales de la renta con que el Estado quiso potenciarla.
Tanto fue el proteccionismo, que el Estado se adjudicó el privilegio de importar bienes no producidos en el país con el fin de restringir la competencia foránea en el mercado interno. Hoy, una medida similar se orienta más bien a controlar la adjudicación de los dólares para el proceso de importación de la burguesía comercial.
Ahora bien, un balance histórico de este proceso podría dar lugar a una importante conclusión, nada nueva, de cara a la “Revolución industrial socialista” que está por hacerse en Venezuela: la necesidad de educar, de formar, de preparar, a ese talento humano, a esos estadistas, visionarios, a ese potencial creativo del pueblo para la colosal tarea de impulsar una industrialización, no solo para los objetivos básicos de diversificar la economía y superar el rentismo petrolero, sino para conformar un nuevo modo de producción donde los trabajadores desempeñen el rol central.
Todo lo anterior, nos lleva a recordar algunas reflexiones de varios intelectuales venezolanos que, desde el marxismo heterodoxo (lo cual es casi redundancia) y crítico, destacaron la necesidad de la formación y la potenciación de los factores subjetivos para la consolidación de los procesos de transformación social y, también, para los procesos de construcción industrial. Uno de ellos fue Ludovico Silva, quien en el libro Belleza y Revolución, concluye que los fracasos, retrocesos, vacilaciones y recaídas de los movimientos socialistas del siglo XX, se debieron a que no se plantearon, con urgencia y desde el principio, la transformación de las conciencias para emprender el camino de la Revolución socialista.
Más recientemente, Carlos Lanz, en el documento de 2004 La Revolución es cultural o reproducirá la dominación, después de hacer un balance de las razones que precipitaron el fracaso de las revoluciones del siglo XX, con énfasis en la experiencia soviética, concluye que hubo “Un abandono en el esfuerzo por construir la subjetividad revolucionaria, con su complejidad étnico-cultural”. Tenemos entonces, dos reflexiones que nos dicen que una revolución política, económica, sin un decisivo componente cultural, en un momento determinado deja de ser revolución.
Aunque pareciera que nos desviamos del tema central de este artículo, queremos destacar, al contrario, que es necesario también potenciar una nueva subjetividad en el propósito de pasar del rentismo al industrialismo, en la dirección de impulsar una Revolución industrial del siglo XXI, distinta a las experiencias anteriores tanto del mundo “desarrollado” como las de algunos países latinoamericanos que pasaron por el proceso de sustitución de importaciones sobre el cual venimos discurriendo.
Así, todo nos vuelve a llevar al tema de las “Casamatas de la sociedad civil”, dentro de estas al campo de la educación, y dentro de este campo al importante tema de la educación universitaria.
El presidente Maduro, tal como lo hizo Chávez reiteradamente, ha hecho llamados a la conformación de una burguesía nacional, de ese conjunto de pioneros y emprendedores que, en sintonía con la visión estratégica del Gobierno plasmada en el Plan de la Patria, asuman la tarea de diversificar la economía. Pero, si consideramos la historia citada, y más aún la historia reciente que nos habla, ya no de una burguesía industrial consentida a la que le faltó competitividad y creatividad sino de una burguesía importadora antinacional, usurera y chupa dólares, tenemos razones para alertar sobre la indudable y hasta determinante importancia del proceso educativo.
¿Cuántas veces, en la universidad, no constatamos que las expectativas de los estudiantes luego de la graduación se centraban en insertarse en la administración pública, en aterrizar en un bien remunerado cargo burocrático? Nada nuevo, aunque nos lleva a concluir que, mientras no haya una reorientación en los programas de estudio de nuestras universidades, difícilmente podamos sostener una industrialización socialista; más aún bajo el fuego de la falta de consenso nacional y de la hegemonía del cortoplacismo miope del capitalismo rentista.
Los esfuerzos se están haciendo: el control de la burguesía parasitaria ―que está sirviendo para fortalecer al Estado―, el apoyo decidido del Gobierno a los productores, a los emprendedores, los proyectos de la juventud, la transferencia de tecnología por parte de potencias amigas. Sin embargo, damos un voto porque la educación, en vez de fomentar el conformismo y subestimar la imaginación y la creatividad, cree y potencie mentalidades criticas, creativas, emprendedoras, si lo que queremos es una industrialización exitosa, inédita y eficiente, que vaya más allá de una mera redistribución de la renta, la eterna renta petrolera.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
La industrialización, un desafío que ha sido encarado desde los primeros años del pos gomecismo, y que hoy en día constituye un reto formidable, toda vez que el proceso industrializador que está planteado debe ser de un carácter diferente, socialista; toda vez que nuestro país es hoy en día la principal reserva de petróleo del mundo, aparte del abundante gas que también tenemos. Industrializar para sustituir importaciones, para superar los efectos distorsionantes de nuestra tradicional economía rentista, pero también para construir nuevas relaciones de producción en función de lo planteado en el Programa de la Patria.
Dos frases podrían resumir nuestra actual situación y la nueva realidad por construir. La primera, “Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos”; la segunda: “Producir lo que consumimos y consumir lo que producimos”. La primera, expresa la fatalidad de la economía rentista importadora, producto en gran medida de la ausencia de una burguesía nacional emprendedora, la segunda, nos habla de una realidad en la que hemos logrado, finalmente, sustituir las importaciones, conformar una burguesía nacional y consolidar el mercado interno.
Sobre el proceso de sustitución de importaciones, el libro Claves para la industrialización socialista, de Víctor Álvarez, dedica un apartado a explicar con claridad los antecedentes de la industrialización en Venezuela y las causas del fracaso del proceso de sustitución de importaciones, el cual fue, en los primeros años del puntofijismo, la bandera de las nuevas élites políticas que buscaban legitimar su modelo político ante la sociedad. En ese contexto, la industrialización fue un componente central del discurso modernizador que esgrimía la democracia representativa como el advenimiento de la “ansiada” modernidad política; algo así como el gran factor cohesionador.
Álvarez, luego de explicar en qué consiste el “Modelo de sustitución de importaciones”, pasa a explicar las razones por las que este no fue exitoso en nuestro país. El factor principal que produjo la ineficiencia ―hasta el fracaso― de la sustitución de importaciones, fue el excesivo proteccionismo del Estado, que consistió en un conjunto de medidas que Álvarez resume como “Una irracional e indiscriminada sobreprotección arancelaria, infinitas prohibiciones de exportación, innumerables exoneraciones, concesión de créditos baratos a muy largo plazo… y el otorgamiento de generosos subsidios a la producción y el consumo”.
Así las cosas, el todo poderoso Estado cuartarrepublicano, consintiendo de más a la incipiente burguesía industrial, le hizo mostrar su lado más rentista. Ante la ausencia de desafíos, de una mínima competencia, esta querida burguesía se monopolizó y oligopolizó, generando una producción que no beneficiaba mucho a la población en materia de calidad y precios. De tal manera, el rentismo se hizo presente en el excesivo proteccionismo que practicó el Estado con una burguesía que, cortoplacista y sin una visión estratégica nacional, para decirlo en criollo, se rumbeó los reales de la renta con que el Estado quiso potenciarla.
Tanto fue el proteccionismo, que el Estado se adjudicó el privilegio de importar bienes no producidos en el país con el fin de restringir la competencia foránea en el mercado interno. Hoy, una medida similar se orienta más bien a controlar la adjudicación de los dólares para el proceso de importación de la burguesía comercial.
Ahora bien, un balance histórico de este proceso podría dar lugar a una importante conclusión, nada nueva, de cara a la “Revolución industrial socialista” que está por hacerse en Venezuela: la necesidad de educar, de formar, de preparar, a ese talento humano, a esos estadistas, visionarios, a ese potencial creativo del pueblo para la colosal tarea de impulsar una industrialización, no solo para los objetivos básicos de diversificar la economía y superar el rentismo petrolero, sino para conformar un nuevo modo de producción donde los trabajadores desempeñen el rol central.
Todo lo anterior, nos lleva a recordar algunas reflexiones de varios intelectuales venezolanos que, desde el marxismo heterodoxo (lo cual es casi redundancia) y crítico, destacaron la necesidad de la formación y la potenciación de los factores subjetivos para la consolidación de los procesos de transformación social y, también, para los procesos de construcción industrial. Uno de ellos fue Ludovico Silva, quien en el libro Belleza y Revolución, concluye que los fracasos, retrocesos, vacilaciones y recaídas de los movimientos socialistas del siglo XX, se debieron a que no se plantearon, con urgencia y desde el principio, la transformación de las conciencias para emprender el camino de la Revolución socialista.
Más recientemente, Carlos Lanz, en el documento de 2004 La Revolución es cultural o reproducirá la dominación, después de hacer un balance de las razones que precipitaron el fracaso de las revoluciones del siglo XX, con énfasis en la experiencia soviética, concluye que hubo “Un abandono en el esfuerzo por construir la subjetividad revolucionaria, con su complejidad étnico-cultural”. Tenemos entonces, dos reflexiones que nos dicen que una revolución política, económica, sin un decisivo componente cultural, en un momento determinado deja de ser revolución.
Aunque pareciera que nos desviamos del tema central de este artículo, queremos destacar, al contrario, que es necesario también potenciar una nueva subjetividad en el propósito de pasar del rentismo al industrialismo, en la dirección de impulsar una Revolución industrial del siglo XXI, distinta a las experiencias anteriores tanto del mundo “desarrollado” como las de algunos países latinoamericanos que pasaron por el proceso de sustitución de importaciones sobre el cual venimos discurriendo.
Así, todo nos vuelve a llevar al tema de las “Casamatas de la sociedad civil”, dentro de estas al campo de la educación, y dentro de este campo al importante tema de la educación universitaria.
El presidente Maduro, tal como lo hizo Chávez reiteradamente, ha hecho llamados a la conformación de una burguesía nacional, de ese conjunto de pioneros y emprendedores que, en sintonía con la visión estratégica del Gobierno plasmada en el Plan de la Patria, asuman la tarea de diversificar la economía. Pero, si consideramos la historia citada, y más aún la historia reciente que nos habla, ya no de una burguesía industrial consentida a la que le faltó competitividad y creatividad sino de una burguesía importadora antinacional, usurera y chupa dólares, tenemos razones para alertar sobre la indudable y hasta determinante importancia del proceso educativo.
¿Cuántas veces, en la universidad, no constatamos que las expectativas de los estudiantes luego de la graduación se centraban en insertarse en la administración pública, en aterrizar en un bien remunerado cargo burocrático? Nada nuevo, aunque nos lleva a concluir que, mientras no haya una reorientación en los programas de estudio de nuestras universidades, difícilmente podamos sostener una industrialización socialista; más aún bajo el fuego de la falta de consenso nacional y de la hegemonía del cortoplacismo miope del capitalismo rentista.
Los esfuerzos se están haciendo: el control de la burguesía parasitaria ―que está sirviendo para fortalecer al Estado―, el apoyo decidido del Gobierno a los productores, a los emprendedores, los proyectos de la juventud, la transferencia de tecnología por parte de potencias amigas. Sin embargo, damos un voto porque la educación, en vez de fomentar el conformismo y subestimar la imaginación y la creatividad, cree y potencie mentalidades criticas, creativas, emprendedoras, si lo que queremos es una industrialización exitosa, inédita y eficiente, que vaya más allá de una mera redistribución de la renta, la eterna renta petrolera.
amauryalejandrogv@gmail.com
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Introducción a un venidero ensayo sobre cultura y revolución
El pasado lunes 14 de octubre, el Mayor General Jacinto Pérez Arcay,
fue el orador de orden en la sesión solemne realizada en el Cabildo
Metropolitano de Caracas, a propósito de la conmemoración de los 200 años de la
proclamación de Simón Bolívar como Libertador de Venezuela. Durante su
discurso, el maestro sintetizó lo más acabado del pensamiento republicano
bolivariano, así como también citó pasajes de las más brillantes reflexiones
hechas por el Comandante Chávez, a quien el general colocó junto a Bolívar en el
pedestal de los grandes de la historia de la Patria.
Aparte la solemnidad y profundidad de las palabras del
maestro Pérez Arcay, conviene que nos detengamos en algunas de sus citas, en
sus sentidas reflexiones sobre la filosofía social y ética republicana
presentes en el pensamiento bolivariano y en uno de sus más coherentes
epígonos, Hugo Chávez. De todo lo dicho, hubo una reflexión que nos motivó a
escribir estas líneas, a propósito de una tarea pendiente desde hace un tiempo:
“Una revolución, o es educativa o no es revolución”. Innegable la relación de
esta frase con aquella otra sentencia, por cierto de la misma estirpe: “Una
revolución, o es cultural o no es revolución”.
No por casualidad, el orador citó estas palabras de Bolívar,
pronunciadas durante el Discurso de Angostura: “El progreso de las luces es el
que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que
ensancha el progreso de las luces“, ideas que mantienen hoy toda su vigencia,
adelantadas por demás en su momento, particularmente por su enfoque
eminentemente dialéctico. En la página siguiente del documento, recordemos que
Bolívar, abogando por la educación popular, nos dice: “Moral y luces son los
polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades”. ¿Cuál
moral y qué luces deben ser los polos de la Venezuela bolivariana del siglo
XXI?
Pérez Arcay se expresó con elocuencia en su discurso, y
enfatizó siempre ―hasta la vehemencia― el tema cultural, hasta el punto de
recordar que el hombre es una unidad bio-psico-social que necesita ante todo
alimentar su espíritu, su psique. De esta manera, si bien el discurso del
maestro de Chávez merece especial atención, pasaremos a detenernos en el tema
cultural, más precisamente en lo que significa la palabra cultura, dada la
guerra declarada contra la corrupción y dado que una revolución que se precie
de tal, debe ser siempre cultural.
Ahora bien, todos sin duda tenemos una idea de qué es
cultura. Recuerdo una vez, debatiendo sobre estos temas formativos, en la que
mencioné que no se qué cuestión dependía de los “niveles de cultura” que tuvieran
fulano y perencejo. De inmediato, mi interlocutor me refutó, o quiso refutarme,
diciéndome que no había “niveles de cultura”, que no había culturas que
estuvieran en niveles superiores o inferiores respecto a otras, que toda
“cultura” tiene valor en sí misma, y que estas pueden ser distintas entre sí,
lo cual no implica establecer jerarquías. Estuve de acuerdo con mi contertulio.
En efecto, no había tal cosa como “niveles de cultura”, pero siempre que
ubiquemos la discusión en la perspectiva antropológica. En efecto, los dos
teníamos nuestra parte de razón, dado que este servidor estaba haciendo el
planteamiento desde la perspectiva, digamos, ilustrada, referida al
conocimiento del mundo, ciencias, artes, política, historia, papel del hombre
en la sociedad y su relación con la naturaleza, etc., y el compañero hablaba
desde la perspectiva sociológica-antropológica, desde la cual, efectivamente,
la cultura del hombre blanco, cristiano, patriarcal, europeo, no es superior a
la cultura yanomami. Sin embargo, para mi interlocutor, la visión antropológica
era la única existente o la única merecía llamarse cultura.
De tal manera, hacer esta distinción constituye un buen
comienzo para la definición de la cultura, o bien para su problematización, en
un contexto donde las Tics (Tecnologías de la información y la comunicación, la
industria cultural o, también y mejor, la industria de la ideología y el
proceso de reivindicación y democratización social que ha vivido nuestro país
en los últimos años, han introducido nuevos elementos en el campo de la
cultura, algunos de los cuales parecen adquirir caracteres cada vez más
determinantes, como en el caso del universo abierto por la red de redes.
También, este constituiría el necesario inicio de una discusión orientada a
dilucidar lo que sería una Revolución cultural, recogiendo en un principio
estas palabras de Enrique Dussel:
“El siglo XXI exige gran creatividad. Aún el socialismo, si
aún tiene algún significado, deberá desarrollarse como indica Evo Morales,
también como una “revolución cultural” (Y no es ya para nada la de la China de
1966)”.
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viernes, 19 de julio de 2013
Edward Snowden, the last man in USA
Snowden y la sociedad orwelliana del siglo XXI
Una de las consecuencias que trajo la revelación de Edward Snowden sobre los planes secretos de vigilancia y espionaje masivo en la red que viene ejecutando Estados Unidos, fue el incremento de las ventas de la conocida novela 1984, de George Orwell, la obra maestra de ficción distópica que plantea una devastadora crítica a los sistemas totalitarios de control, y que anticipó la configuración de sistemas sociales en los que la tecnología sería empleada para la manipulación y el control de la naturaleza y el ser humano.
Escrita entre 1947 y 1948, y publicada el 8 de junio de 1949, la novela introdujo una serie de conceptos que hoy día resultan de gran utilidad para comprender nuestro tecnificado y ultra-mediatizado mundo contemporáneo, como son el de Gran Hermano, todo un personaje conceptual o concepto-metáfora, el de Policía del Pensamiento o el de Neolengua, todos insólitamente relacionados ―o relacionables― con los oscuros planes de la NSA, CIA y demás instituciones del Complejo Militar-Industrial para vigilar y controlar a los pueblos del mundo.
1984, se considera una de las tres obras cumbre de ciencia ficción distópica de principios del siglo XX, junto a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Sin embargo, el verdadero precursor del género distópico fue el escritor ruso Yevgueni Zamyatin, quien escribió en 1921 la novela Nosotros, la cual influyó determinantemente en la obra de Huxley y Orwell. Originalmente, la novela había sido intitulada The Last Man in Europe (El último hombre de Europa), nombre que fue cambiado a 1984 por razones comerciales. Hoy, ¿Quien podría negar que Snowden es algo así como The Last Man in USA?
Antes de las revelaciones hechas por el ex agente de la CIA Edward Snowden, muchos analistas ya habían establecido paralelismos entre la sociedad actual y el mundo plasmado en 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha dado en llamar sociedad orwelliana. En tal sentido, el término “orwelliano”, apellido del autor hecho adjetivo, se ha convertido en sinónimo de sociedades u organizaciones que practican el totalitarismo y la represión, constituyéndose en una idea-fuerza de gran potencial crítico, que ha dado lugar a diversas versiones cinematográficas y que se ha prestado además para atacar a gobiernos y sistemas del más diverso signo.
No obstante, es indiscutible que hoy, más aún después de las revelaciones de Snowden, lo esencial de las críticas sociopolíticas y humanistas contenidas en 1984, aluden directamente a las sociedades capitalistas desarrolladas, al llamado “mundo desarrollado” cuna de la civilización occidental. Una verdad inocultable, cuando hoy sabemos que varios de los documentos revelados dan cuenta del acceso de las autoridades a registros telefónicos de millones de personas en EEUU y el resto del mundo. Además, los papeles secretos confirmaron la existencia de un programa secreto llamado PRISM, mediante el cual la NSA vigila los datos de los usuarios de gigantes informáticos como Microsoft, Google, Facebook y Apple.
Pero, dejemos que sea el propio Orwell el que nos diga si en realidad vivimos en una sociedad como la que él vislumbró hace más de sesenta años. En primer lugar, citemos las tres consignas del Partido Único, el cual ejerce el dominio total en la citada sociedad orwelliana pintada en la obra:
- “La Guerra es la Paz”
- “La Libertad es la Esclavitud”
- “La Ignorancia es la Fuerza”*
No cuesta mucho imaginar lo extraño o pintoresco que pudo haber resultado para el público lector de la época, estas consignas del Partido de la novela, consignas construidas a partir de la combinación de dos palabras de significado opuesto, lo cual permite alterar el orden de los factores sin alterar el producto: La paz es la guerra, la escalvitud es la libertad y la fuerza es la ignorancia. Es verdad, este último caso es más descabellado aún, aunque las tres consignas expresen algo así como la intransigencia fascista del que es capaz de imponer la idea de que dos más dos es cinco, y punto.
Lo interesante de estas consignas es que estamos en presencia del oxímoron, definido como la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido, como por ejemplo, un “silencio atronador”. Recientemente, la audacia demagógica de la propuesta aquella del “capitalismo popular”, nos hizo recordar que el imperialismo ha recurrido a este artificio para definir la destrucción y la muerte, pretendiendo así trastocar el significado de sus atroces acciones.
En los últimos años, hemos podido recopilar variedad de ejemplos de estas frases que, fuera de la poesía, se convierten en puro artificio volteador del lenguaje, yendo más allá de la frontera del eufemismo y lo políticamente correcto. Es así, como se pretende que haya un “imperialismo humanitario”, “holocaustos bienhechores”, “agresiones pacíficas” provenientes del “fuego amigo”, emparentado con el “bombardeo filantrópico”, que originará “males buenos” como el “genocidio vivificante” o el “exterminio saludable”. De tal manera que ahora no hay que alarmarse por los crímenes de lesa humanidad porque de lo que se trata en el fondo es de una “destrucción edificante” que producirá “devastaciones creadoras”.
Interesante ¿No? Porque, quien podría negar que para el imperialismo “la guerra es la paz”. Sigamos.
“El que controla el pasado controla el futuro, el que controla el presente controla el pasado”
Dicen que Orwell, de filiación trotskista y crítico acérrimo del stalinismo, era un agente de los servicios secretos estadounidenses. Hoy dicen lo mismo del propio Trotsky. El hecho es que, de haber sido Orwell un colaborador de los servicios secretos ingleses o estadounidenses, cuando uno lee algunos pasajes de 1984 uno pudiera pensar que no todo lo allí planteado fue producto de la imaginación creadora del autor. Y es que, controlar el presente para controlar el pasado para así controlar el futuro, interpretar y re-interpretar la historia para así justificar las acciones del presente de cara a un futuro determinado, ¿No ha sido la estrategia de los potentados del mundo durante los últimos 200 años, la cual han ejecutado a través de las corporaciones mediáticas y la gran industria cultural? Sigamos…
“La neolengua, es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuía cada día”
En la Plusvalía Ideológica, Ludovico Silva define a la ideología de una forma sencilla: lenguaje impuesto a la sociedad. Paolo Freire identificó en el lenguaje las células de la dominación, y por tanto vio también en él la esencia de la liberación. Pensamos con palabras, y si hay alguien interesado en disminuir el vocabulario es para limitar la capacidad de definir nuestra realidad. De ahí, que Orwell dijera sobre la “neolengua” que “Su función era limitar el alcance del pensamiento y estrechar el radio de acción de la mente”. Hay más.
“¿Y si el pasado y el mundo exterior solo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también pueden controlarse el pasado y lo que llamamos realidad?”
Emparentada con las ideas anteriores, estamos en presencia de la idea raizal de las grandes estrategias de dominación cultural y de construcción de hegemonía que ha desarrollado el capitalismo en las últimas décadas. Se trata del ataque sistemático contra las mentes de millones de personas en el marco de las nacientes sociedades de masas, que en algún momento de la historia pueden rebelarse, levantarse y sacudir los cimientos del sistema, cosa que deben impedir a toda costa los “potentados” del mundo, con mucho circo, con mucha televisión y mucha iglesia.
“Las bombas cohete que caían diariamente sobre Londres eran lanzadas por el mismo gobierno de Oceanía solo para que la gente estuviera siempre asustada”
En este caso, solo detengámonos a analizar cuáles son las “bombas cohete” que lanzan cotidianamente contra la gente para mantenerla siempre asustada, en una situación de “esclavitud moderna”, dependiente de las convenciones, sometida a la ideología. Todo nos lleva siempre al tema de las “transnacionales del miedo”.
“La industria militar consiste en usar los productos de las máquinas sin elevar por eso el nivel general de la vida”
Recordemos el lugar que ocupa hoy en día la industria armamentista entre los negocios más lucrativos del mundo y el clásico usufructo tecnológico perpetrado durante la carrera armamentista desarrollada en el marco de la guerra fría.
“Con el desarrollo de la TV y el adelanto técnico que hizo posible recibir y transmitir simultáneamente en el mismo aparato, terminó la vida privada”
Si con la televisión, Orwell pensó que había terminado la vida privada, que pensar en la época de la internet; en la era del programa PRISM, mediante el cual la NSA vigila los datos de los usuarios de gigantes informáticos como Microsoft, Google, Facebook y Apple.
“Por primera vez en la historia existía la posibilidad de forzar a los gobernados, no solo a una completa obediencia a la voluntad del Estado, sino a la completa uniformidad de opinión”
Recordemos al neoliberalismo, a esos grandes contingentes de hombres y mujeres votando por gente como Uribe o Rajoy, los efectos de los monopolios mediáticos en los estados de opinión y las pretensiones de imposición del pensamiento único; recordemos las 10 estrategias de manipulación mediática de Noam Chomsky. Añadamos también la perversa “doctrina del shock”.
“El progreso de nuestro mundo será la consecución de más dolor”
Respecto al mito del progreso es mucho lo que se ha dicho. Esta frase merecería un tratamiento especial, aparte. Solo preguntémonos si en realidad hemos tenido progreso, entendido este como bienestar físico y espiritual. ¿No son las sociedades capitalistas contemporáneas las sociedades del miedo y la ansiedad? ¿El progreso tecnológico ha llevado aparejado el bienestar material y espiritual de la humanidad? ¿La guerra y la violencia en general no han sido la constante en las modernas sociedades capitalistas?
“Pero no olvides que nosotros creamos la naturaleza humana. Los hombres son infinitamente maleables”
Una realidad que muchos preferirían ignorar. Resulta tenebroso pensar que, si bien esto era posible sin todos los artilugios técnicos surgidos en los últimos sesenta años, hoy día las capacidades de manipulación, sin exagerar, pueden haber alcanzado niveles de esquizofrenia.
Así, las revelaciones de Snowden nos han recordado en buen momento lo mucho que han avanzado los potentados en materia de manipulación, vigilancia, espionaje y control social.
Ahora veo la versión cinematográfica de 1984, veo a Winston, The Last Man in Europe, recluido en los depravados y desolados salones del Ministerio del Amor. Esperemos no ver nunca a Edward, The Last Man in USA, desaparecer entre los lóbregos pasillos y mazmorras de los amorosos servicios secretos que lo persiguen.
* Orwell, George (1970). 1984. Biblioteca Básica Salvat. Salvat Editores. España.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
Una de las consecuencias que trajo la revelación de Edward Snowden sobre los planes secretos de vigilancia y espionaje masivo en la red que viene ejecutando Estados Unidos, fue el incremento de las ventas de la conocida novela 1984, de George Orwell, la obra maestra de ficción distópica que plantea una devastadora crítica a los sistemas totalitarios de control, y que anticipó la configuración de sistemas sociales en los que la tecnología sería empleada para la manipulación y el control de la naturaleza y el ser humano.
Escrita entre 1947 y 1948, y publicada el 8 de junio de 1949, la novela introdujo una serie de conceptos que hoy día resultan de gran utilidad para comprender nuestro tecnificado y ultra-mediatizado mundo contemporáneo, como son el de Gran Hermano, todo un personaje conceptual o concepto-metáfora, el de Policía del Pensamiento o el de Neolengua, todos insólitamente relacionados ―o relacionables― con los oscuros planes de la NSA, CIA y demás instituciones del Complejo Militar-Industrial para vigilar y controlar a los pueblos del mundo.
1984, se considera una de las tres obras cumbre de ciencia ficción distópica de principios del siglo XX, junto a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Sin embargo, el verdadero precursor del género distópico fue el escritor ruso Yevgueni Zamyatin, quien escribió en 1921 la novela Nosotros, la cual influyó determinantemente en la obra de Huxley y Orwell. Originalmente, la novela había sido intitulada The Last Man in Europe (El último hombre de Europa), nombre que fue cambiado a 1984 por razones comerciales. Hoy, ¿Quien podría negar que Snowden es algo así como The Last Man in USA?
Antes de las revelaciones hechas por el ex agente de la CIA Edward Snowden, muchos analistas ya habían establecido paralelismos entre la sociedad actual y el mundo plasmado en 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha dado en llamar sociedad orwelliana. En tal sentido, el término “orwelliano”, apellido del autor hecho adjetivo, se ha convertido en sinónimo de sociedades u organizaciones que practican el totalitarismo y la represión, constituyéndose en una idea-fuerza de gran potencial crítico, que ha dado lugar a diversas versiones cinematográficas y que se ha prestado además para atacar a gobiernos y sistemas del más diverso signo.
No obstante, es indiscutible que hoy, más aún después de las revelaciones de Snowden, lo esencial de las críticas sociopolíticas y humanistas contenidas en 1984, aluden directamente a las sociedades capitalistas desarrolladas, al llamado “mundo desarrollado” cuna de la civilización occidental. Una verdad inocultable, cuando hoy sabemos que varios de los documentos revelados dan cuenta del acceso de las autoridades a registros telefónicos de millones de personas en EEUU y el resto del mundo. Además, los papeles secretos confirmaron la existencia de un programa secreto llamado PRISM, mediante el cual la NSA vigila los datos de los usuarios de gigantes informáticos como Microsoft, Google, Facebook y Apple.
Pero, dejemos que sea el propio Orwell el que nos diga si en realidad vivimos en una sociedad como la que él vislumbró hace más de sesenta años. En primer lugar, citemos las tres consignas del Partido Único, el cual ejerce el dominio total en la citada sociedad orwelliana pintada en la obra:
- “La Guerra es la Paz”
- “La Libertad es la Esclavitud”
- “La Ignorancia es la Fuerza”*
No cuesta mucho imaginar lo extraño o pintoresco que pudo haber resultado para el público lector de la época, estas consignas del Partido de la novela, consignas construidas a partir de la combinación de dos palabras de significado opuesto, lo cual permite alterar el orden de los factores sin alterar el producto: La paz es la guerra, la escalvitud es la libertad y la fuerza es la ignorancia. Es verdad, este último caso es más descabellado aún, aunque las tres consignas expresen algo así como la intransigencia fascista del que es capaz de imponer la idea de que dos más dos es cinco, y punto.
Lo interesante de estas consignas es que estamos en presencia del oxímoron, definido como la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido, como por ejemplo, un “silencio atronador”. Recientemente, la audacia demagógica de la propuesta aquella del “capitalismo popular”, nos hizo recordar que el imperialismo ha recurrido a este artificio para definir la destrucción y la muerte, pretendiendo así trastocar el significado de sus atroces acciones.
En los últimos años, hemos podido recopilar variedad de ejemplos de estas frases que, fuera de la poesía, se convierten en puro artificio volteador del lenguaje, yendo más allá de la frontera del eufemismo y lo políticamente correcto. Es así, como se pretende que haya un “imperialismo humanitario”, “holocaustos bienhechores”, “agresiones pacíficas” provenientes del “fuego amigo”, emparentado con el “bombardeo filantrópico”, que originará “males buenos” como el “genocidio vivificante” o el “exterminio saludable”. De tal manera que ahora no hay que alarmarse por los crímenes de lesa humanidad porque de lo que se trata en el fondo es de una “destrucción edificante” que producirá “devastaciones creadoras”.
Interesante ¿No? Porque, quien podría negar que para el imperialismo “la guerra es la paz”. Sigamos.
“El que controla el pasado controla el futuro, el que controla el presente controla el pasado”
Dicen que Orwell, de filiación trotskista y crítico acérrimo del stalinismo, era un agente de los servicios secretos estadounidenses. Hoy dicen lo mismo del propio Trotsky. El hecho es que, de haber sido Orwell un colaborador de los servicios secretos ingleses o estadounidenses, cuando uno lee algunos pasajes de 1984 uno pudiera pensar que no todo lo allí planteado fue producto de la imaginación creadora del autor. Y es que, controlar el presente para controlar el pasado para así controlar el futuro, interpretar y re-interpretar la historia para así justificar las acciones del presente de cara a un futuro determinado, ¿No ha sido la estrategia de los potentados del mundo durante los últimos 200 años, la cual han ejecutado a través de las corporaciones mediáticas y la gran industria cultural? Sigamos…
“La neolengua, es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuía cada día”
En la Plusvalía Ideológica, Ludovico Silva define a la ideología de una forma sencilla: lenguaje impuesto a la sociedad. Paolo Freire identificó en el lenguaje las células de la dominación, y por tanto vio también en él la esencia de la liberación. Pensamos con palabras, y si hay alguien interesado en disminuir el vocabulario es para limitar la capacidad de definir nuestra realidad. De ahí, que Orwell dijera sobre la “neolengua” que “Su función era limitar el alcance del pensamiento y estrechar el radio de acción de la mente”. Hay más.
“¿Y si el pasado y el mundo exterior solo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también pueden controlarse el pasado y lo que llamamos realidad?”
Emparentada con las ideas anteriores, estamos en presencia de la idea raizal de las grandes estrategias de dominación cultural y de construcción de hegemonía que ha desarrollado el capitalismo en las últimas décadas. Se trata del ataque sistemático contra las mentes de millones de personas en el marco de las nacientes sociedades de masas, que en algún momento de la historia pueden rebelarse, levantarse y sacudir los cimientos del sistema, cosa que deben impedir a toda costa los “potentados” del mundo, con mucho circo, con mucha televisión y mucha iglesia.
“Las bombas cohete que caían diariamente sobre Londres eran lanzadas por el mismo gobierno de Oceanía solo para que la gente estuviera siempre asustada”
En este caso, solo detengámonos a analizar cuáles son las “bombas cohete” que lanzan cotidianamente contra la gente para mantenerla siempre asustada, en una situación de “esclavitud moderna”, dependiente de las convenciones, sometida a la ideología. Todo nos lleva siempre al tema de las “transnacionales del miedo”.
“La industria militar consiste en usar los productos de las máquinas sin elevar por eso el nivel general de la vida”
Recordemos el lugar que ocupa hoy en día la industria armamentista entre los negocios más lucrativos del mundo y el clásico usufructo tecnológico perpetrado durante la carrera armamentista desarrollada en el marco de la guerra fría.
“Con el desarrollo de la TV y el adelanto técnico que hizo posible recibir y transmitir simultáneamente en el mismo aparato, terminó la vida privada”
Si con la televisión, Orwell pensó que había terminado la vida privada, que pensar en la época de la internet; en la era del programa PRISM, mediante el cual la NSA vigila los datos de los usuarios de gigantes informáticos como Microsoft, Google, Facebook y Apple.
“Por primera vez en la historia existía la posibilidad de forzar a los gobernados, no solo a una completa obediencia a la voluntad del Estado, sino a la completa uniformidad de opinión”
Recordemos al neoliberalismo, a esos grandes contingentes de hombres y mujeres votando por gente como Uribe o Rajoy, los efectos de los monopolios mediáticos en los estados de opinión y las pretensiones de imposición del pensamiento único; recordemos las 10 estrategias de manipulación mediática de Noam Chomsky. Añadamos también la perversa “doctrina del shock”.
“El progreso de nuestro mundo será la consecución de más dolor”
Respecto al mito del progreso es mucho lo que se ha dicho. Esta frase merecería un tratamiento especial, aparte. Solo preguntémonos si en realidad hemos tenido progreso, entendido este como bienestar físico y espiritual. ¿No son las sociedades capitalistas contemporáneas las sociedades del miedo y la ansiedad? ¿El progreso tecnológico ha llevado aparejado el bienestar material y espiritual de la humanidad? ¿La guerra y la violencia en general no han sido la constante en las modernas sociedades capitalistas?
“Pero no olvides que nosotros creamos la naturaleza humana. Los hombres son infinitamente maleables”
Una realidad que muchos preferirían ignorar. Resulta tenebroso pensar que, si bien esto era posible sin todos los artilugios técnicos surgidos en los últimos sesenta años, hoy día las capacidades de manipulación, sin exagerar, pueden haber alcanzado niveles de esquizofrenia.
Así, las revelaciones de Snowden nos han recordado en buen momento lo mucho que han avanzado los potentados en materia de manipulación, vigilancia, espionaje y control social.
Ahora veo la versión cinematográfica de 1984, veo a Winston, The Last Man in Europe, recluido en los depravados y desolados salones del Ministerio del Amor. Esperemos no ver nunca a Edward, The Last Man in USA, desaparecer entre los lóbregos pasillos y mazmorras de los amorosos servicios secretos que lo persiguen.
* Orwell, George (1970). 1984. Biblioteca Básica Salvat. Salvat Editores. España.
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miércoles, 1 de mayo de 2013
Y tú ¿Qué eres? ¿Intelectual o trabajador intelectual?
Eclosión intelectual
Cuando reflexionamos sobre el Comandante Chávez y su legado,
sus lecciones, anécdotas, sus grandes logros, la influencia en la región y el
mundo del proceso que él inauguró, no nos extraña aunque no deja de llamar la
atención, el hecho de que Hugo Chávez haya sido el presidente, la figura, el
líder político sobre el cual se ha escrito más en el mundo.
Así lo testimonia el libro de Rafael Ramón Castellanos Hugo Chávez Frías y la Revolución
Bolivariana (2010), que recopila toda la bibliografía producida sobre el
Comandante hasta el momento de la edición del libro. Han pasado tres años, y
ahora con su lamentable desaparición física el pasado mes de marzo, podemos
decir que seguirá siendo el centro de las preocupaciones y reflexiones de
muchos ensayistas, biógrafos, poetas, historiadores y escritores en general.
Este singular hecho, equiparable a otro no menos
trascendental que ubica a Chávez entre los líderes de mayor legitimidad
democrática de la moderna historia republicana occidental, tiene que ver con un
importante movimiento cultural crítico-reflexivo surgido en Venezuela con el
advenimiento de la Revolución bolivariana; un movimiento que tiene que ver con
la notable democratización del libro y la lectura que hemos vivido en Venezuela
por lo menos en los últimos diez años, así como con la democratización del
acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, apertura que ha
producido y sigue produciendo un importante salto cualitativo en la población.
Si bien se ha dicho que “los pueblos no son pendejos”; sin
bien Aníbal Nazoa habló de “los poderes creadores del pueblo”; si está fuera de
discusión que el pueblo de Venezuela siempre ha sido un pueblo bravo, tierra de
los centauros que barrieron con el colonialismo español desde Caracas hasta
Ayacucho durante la guerra de independencia, no quedaba claro si el pueblo
venezolano era un pueblo culto, en el sentido martiano de “cultura para la
libertad”. Sin embargo, en los últimos años, algunos indicadores y sobre todo
la renovada cultura política que ha demostrado el venezolano en cada
manifestación, concentración y evento electoral, vienen dando cuenta de las
nuevas cualidades, del proceso de maduración intelectual y política, complejo y
sujeto a retrocesos, que ha vivido el pueblo venezolano durante el proceso
bolivariano.
Es indudable que este proceso de maduración, de acceso
masivo a la educación, a la red de redes, a los libros y lo más importante, a
una experiencia política proteica, única y luminosa en la que todos han sido de
alguna manera protagonistas, produjo una importante eclosión intelectual que ha
rendido importantes frutos y que está produciendo una serie de fenómenos cualitativos,
dignos de ser estudiados sistemáticamente. A los conocidos ―o re-conocidos―
pensadores e intelectuales del país, donde se cuentan escritores, poetas,
dramaturgos, artistas y creadores de todos los géneros y provenientes de los
más disímiles espacios, se suman, en un proceso en pleno desarrollo, un conjunto
de escritores-creadores reflexivos y críticos que, desde su formación y su
experiencia, han desplegado su labor creativa motivados por ese fenómeno humano
que fue Hugo Chávez y la dinámica política que inauguró.
Algunos estudios recientes, por ejemplo, han arrojado
interesantes resultados en materia de lectura. Hablamos del Estudio de comportamiento lector, acceso al
libro y a la lectura que desarrolló el Centro Nacional del Libro a través
del equipo de Asesoría Goya, y que demostró que Venezuela se ubicaba como el
tercer país que más leía en América Latina, después de Argentina y Chile. Si
bien esto ya es un hecho destacable, el estudio también reveló que la mayoría
de los lectores se inclinaba por temas históricos, políticos y sociales, según
informaron en su oportunidad los responsables del estudio.
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lunes, 22 de abril de 2013
Enchufado con el vino, el perfume y las mujeres
En Venezuela, la renta petrolera y la sociedad rentista que esta produce, ciertamente configuran un cuadro sociocultural y sociopolítico complejo, de ahí que sea pertinente empezar por ahí al emprender cualquier análisis de la sociedad venezolana, y más aún cuando ensayamos un análisis del proceso político venezolano, de la Revolución bolivariana.
En los últimos años ―como todo el mundo― he tenido conversaciones (discusiones) sobre política con allegados, familiares y amigos. En una de las más recientes, noté que surgió de nuevo una “crítica” dirigida a lo que se podría llamar “contradicciones de la revolución” o, “incoherencias de los revolucionarios”. De entrada, señalo que cabe aquí el tema de nuestro consuetudinario consumismo, las viejas críticas del Che Guevara de hacer la revolución con las armas melladas del capitalismo, la mentalidad “pequeño burguesa” que caracterizaría ―de acuerdo a las últimas investigaciones de Hinterlaces― al venezolano y a la venezolana, nuestro modo de vida, cosmovisión, sistema de creencias y valores, educación, y todo aquello que desde la perspectiva antropológica defina nuestra cultura.
Esta “crítica”, todos la hemos escuchado en algún momento y tiene que ver con aquellos funcionarios, directivos, cuadros medios, y a fin de cuentas con todos aquellos que, al tiempo que manifiestan y defienden su filiación política socialista, portando su camisa roja y sosteniendo un discurso abundante en consignas revolucionarias y frases de Marx y el Che, se declaran partidarios “del vino, las mujeres y los perfumes” de la burguesía, para decirlo con palabras de Trotsky, quien en su momento opinó que los tres elementos citados era lo mejor que tenia para ofrecer la clase dominante. Apartemos esos tres elementos simbólicos y hablemos de las “cosas buenas”, “cosas caras” y demás exquisiteces que se tienden a asociar con status o que han llegado a convertirse, dadas ciertas condiciones históricas, en verdaderos fetiches del mercado. Un ejemplo entre muchos, los blackberrys.
“Miren a esos socialistas, comiendo en McDonalds”, “Mira la camionetota que se compró ese socialista”, “Eres socialista y te gustan las cosas buenas, no entiendo”, “¿Eres socialista y compras en el imperio?”, “Miren a este socialista usando pura ropa de marca”, “¿Eres socialista y usas la tecnología del imperio?”, “Tremendo socialista, admirador de Michael Jackson!”, “Este es el peor, socialista tomando puro Whisky 18 años”; son expresiones que seguramente hemos escuchado en estos últimos años de Revolución bolivariana, provenientes de gente de oposición pero también de muchos chavistas que, ya sea en nombre de sinceras posturas éticas-revolucionarias o por mera pretensión de pureza o pedigrí socialista, no hacen sino condenar y atacar a los “pequeño-burgueses” que tienen alrededor porque, a fin de cuentas, todos son víctimas de penosas contradicciones excepto ellos.
Mucha tinta tendrá que correr para demostrar cuánto daño le han hecho al proceso bolivariano las posturas tipo “Torquemada”, actitudes y comportamientos sectarios que ciertamente no suman gente a la revolución. Y es que ¿hay alguien aquí libre de contradicciones? Por ahora, nos interesa destacar la idea de que socialismo no es sinónimo de pobreza, de carestía, de volver al guayuco, de no comerciar con los centros metropolitanos del capitalismo histórico, o de rechazo y condena al cambio tecnológico y sus consecuencias.
“Dadle un martillo a un niño, y verás como para él todo se hará merecedor de un martillazo”, dijo una vez Gastón Bachelard para criticar la forma ciega, vertiginosa, irreflexiva y acrítica que tendían a adoptar ciertos investigadores sociales en la aplicación de una determinada metodología, dada la validez y aceptación de esta, indistintamente de los contextos y realidades concretas. Pero además, un niño con un martillo simboliza un sujeto, un infante, alguien sin la madurez suficiente, sin el criterio necesario, al cual se le ha entregado una herramienta que, por sus características, se hace peligrosa en sus manos, cuando no impertinente y torpe.
Ahora bien, hacer una extrapolación de esta idea a una comunidad o sociedad entera resultaría jalado de los pelos, y no es eso lo que se pretende. Otro sí, comprender que la Revolución bolivariana, como proceso de democratización de todos los aspectos de la vida, de redistribución de la riqueza y de inclusión de las mayorías históricamente excluidas, de los seres invisibles, se impulsó con las herramientas y los funcionarios y cuadros que se tenían a la mano dado el momento histórico. Pero también, esa gran voluntad política llamada Hugo Chávez, para hacer, para transformar, fue un toque de rebato que puso a prueba la formación y la capacidad de mucha gente que no necesariamente era socialista ni por formación ni por convicción. Agreguemos que el proceso se da en un contexto ideológico, es decir, en el marco de una ideología dominante, que formando parte de la estructura social (Silva, 2011), desempeña un papel en el funcionamiento y la dinámica social.
Dicho de otra forma, la redistribución de la riqueza, real y efectiva, se da en el marco de un determinado sistema de valores y de creencias. De tal manera, el debate, se centraría en lo sucesivo en evaluar el proceso de democratización que ha vivido Venezuela, incluyendo reflexionar sobre qué ha significado, hasta ahora, la inclusión social. Preguntarnos, por ejemplo, en qué totalidad o estructuras estamos incluyendo o, también, si inclusión es transformación. Es verdad, de otro lado, que la cantidad afecta la cualidad. El tema es complejo y puede resultar espinoso. Sin embargo, podemos citar dos investigaciones realizadas, una por Hinterlaces y otra por GISS XXI, que aluden precisamente los gustos, preferencias, actitudes, manera de ver y entender el mundo del venezolano y que pueden ilustrar lo que venimos diciendo.
No está demás aclarar que, indistintamente de lo que se pueda decir sobre estas “contradicciones”, estas nunca tendrán tanto peso como los grandes logros en materia de inclusión y dignificación del pueblo pobre, alcanzados gracias a Dios y a Chávez.
Fue en la campaña presidencial previa al 7 de octubre, que Oscar Schemel presentó los resultados de una investigación realizada en el marco de la lucha política venezolana, y que consideró en su análisis la confrontación socialismo-capitalismo. Empleando la metodología de los grupos focales, en distintos estratos sociales y a nivel nacional, Hinterlaces concluyó que en Venezuela había una “lucha de clases no antagónica”, basada en una exigencia de democratización social por parte del pueblo. En este contexto, varios de los testimonios manifestaban la “comprensión” de que los ricos lo eran por su trabajo y que ellos, los pobres, lo que querían era “oportunidades” para trabajar y progresar.
Por otra parte, fue en noviembre de 2011 cuando Jesse Chacón, en compañía de Fernando Buen Abad, presentó los resultados de una investigación sobre “Sociología del gusto de los venezolanos”, cuyos resultados fueron comentados por el director de GISS XXI en términos de los grandes desafíos que tenía por delante la construcción del socialismo en Venezuela. Uno de los resultados arrojados por la investigación, establecía que el venezolano se caracterizaba por ser alguien que quiere acceder al “capital cultural” para poder así acceder al “capital económico”. Este resultado coincide con las últimas apreciaciones ofrecidas por Schemel en el reciente encuentro de las encuestadoras. “El venezolano es muy aspiracional, muy pequeño burgués”, fueron las palabras de Schemel. Aquí podríamos hacernos una pregunta ¿Cómo encajaría esta idiosincrasia pequeño-burguesa con las ideas de justicia, igualdad, solidaridad, cooperación y humanismo, propias del socialismo?
¿Dónde queda, o cómo fortalecer la “Conciencia del deber social” postulada por Antonio Aponte en el contexto saudita de la superabundancia petrolera?
Dichas señales, comprendidas en el marco de una sociedad rentista, deben hacernos comprender que la lucha por el socialismo, como utopía concreta, se está dando en el marco de una batalla de ideas donde la hegemonía cultural parece seguirla ostentando el proyecto burgués, el cual podríamos resumir parcialmente con estas palabras: progreso, desarrollo, conocimiento experto, orden, industrialización, tecnología, individuo, razón, Estado-nación, capital, mercado, etc., palabras que en nuestro contexto de cambio de época, siendo optimistas, están en proceso de resignificación en el marco de la lucha política por una sociedad diferente, pos capitalista.
Así las cosas, estas “contradicciones” son completamente normales en un contexto que sería una combinación de un discurso radical antiimperialista ―lo cual no significa rechazar al pueblo habitante del Estado identificado con el imperio, su cultura, sus valores, etc.―, un proyecto de modernización ―industrialización socialista, satélites, canaimitas, transferencia de tecnología, urbanización, integración física de la nación, adopción de valores culturales propios de la modernidad― y una gran sensibilidad social expresada en el discurso y las acciones concretas del líder carismático que se conecta poderosa y afectivamente con la mayoría del pueblo, todo lo cual emparenta al proceso político chavista con otros procesos históricos como, por ejemplo, el peronismo.
Venezuela, en fin, sigue siendo un país capitalista, y como el socialismo y la conciencia revolucionaria no se decretan, es natural, comprensible, aunque por supuesto de ninguna manera deseable, que sigamos siendo un país consumista, importador, con una burguesía parasitaria y donde suelen verse este tipo de “contradicciones” entre los que defendemos ―porque no me considero libre de contradicción― una sociedad alternativa a la capitalista. De otro lado, solo una ceguera criminal o una imperdonable ingratitud ignoraría el bienestar que ha generado en los últimos años la ingente inversión social hecha por el Estado venezolano para beneficio de todas y todos.
Quizá, una manera de entender un proceso donde las acusaciones de incoherencia y contradicción provienen de distintos sectores ―quiero decir, vienen de la izquierda también―, sea analizarlo a la luz de lo que Enrique Dussel definió como Transmodernidad. Varios autores han visto en la Revolución bolivariana una revolución transmoderna, una visión, una propuesta que está planteada en el país.
Venezuela, por ahora sigue siendo una condensación de tamunangue con informática, de hayacas con nuggets, y de blackberrys con sueldo mínimo; un país donde el que no es “papa de los helados” es un pendejo. En fin, soy contradictorio, viva la Revolución bolivariana.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
En los últimos años ―como todo el mundo― he tenido conversaciones (discusiones) sobre política con allegados, familiares y amigos. En una de las más recientes, noté que surgió de nuevo una “crítica” dirigida a lo que se podría llamar “contradicciones de la revolución” o, “incoherencias de los revolucionarios”. De entrada, señalo que cabe aquí el tema de nuestro consuetudinario consumismo, las viejas críticas del Che Guevara de hacer la revolución con las armas melladas del capitalismo, la mentalidad “pequeño burguesa” que caracterizaría ―de acuerdo a las últimas investigaciones de Hinterlaces― al venezolano y a la venezolana, nuestro modo de vida, cosmovisión, sistema de creencias y valores, educación, y todo aquello que desde la perspectiva antropológica defina nuestra cultura.
Esta “crítica”, todos la hemos escuchado en algún momento y tiene que ver con aquellos funcionarios, directivos, cuadros medios, y a fin de cuentas con todos aquellos que, al tiempo que manifiestan y defienden su filiación política socialista, portando su camisa roja y sosteniendo un discurso abundante en consignas revolucionarias y frases de Marx y el Che, se declaran partidarios “del vino, las mujeres y los perfumes” de la burguesía, para decirlo con palabras de Trotsky, quien en su momento opinó que los tres elementos citados era lo mejor que tenia para ofrecer la clase dominante. Apartemos esos tres elementos simbólicos y hablemos de las “cosas buenas”, “cosas caras” y demás exquisiteces que se tienden a asociar con status o que han llegado a convertirse, dadas ciertas condiciones históricas, en verdaderos fetiches del mercado. Un ejemplo entre muchos, los blackberrys.
“Miren a esos socialistas, comiendo en McDonalds”, “Mira la camionetota que se compró ese socialista”, “Eres socialista y te gustan las cosas buenas, no entiendo”, “¿Eres socialista y compras en el imperio?”, “Miren a este socialista usando pura ropa de marca”, “¿Eres socialista y usas la tecnología del imperio?”, “Tremendo socialista, admirador de Michael Jackson!”, “Este es el peor, socialista tomando puro Whisky 18 años”; son expresiones que seguramente hemos escuchado en estos últimos años de Revolución bolivariana, provenientes de gente de oposición pero también de muchos chavistas que, ya sea en nombre de sinceras posturas éticas-revolucionarias o por mera pretensión de pureza o pedigrí socialista, no hacen sino condenar y atacar a los “pequeño-burgueses” que tienen alrededor porque, a fin de cuentas, todos son víctimas de penosas contradicciones excepto ellos.
Mucha tinta tendrá que correr para demostrar cuánto daño le han hecho al proceso bolivariano las posturas tipo “Torquemada”, actitudes y comportamientos sectarios que ciertamente no suman gente a la revolución. Y es que ¿hay alguien aquí libre de contradicciones? Por ahora, nos interesa destacar la idea de que socialismo no es sinónimo de pobreza, de carestía, de volver al guayuco, de no comerciar con los centros metropolitanos del capitalismo histórico, o de rechazo y condena al cambio tecnológico y sus consecuencias.
“Dadle un martillo a un niño, y verás como para él todo se hará merecedor de un martillazo”, dijo una vez Gastón Bachelard para criticar la forma ciega, vertiginosa, irreflexiva y acrítica que tendían a adoptar ciertos investigadores sociales en la aplicación de una determinada metodología, dada la validez y aceptación de esta, indistintamente de los contextos y realidades concretas. Pero además, un niño con un martillo simboliza un sujeto, un infante, alguien sin la madurez suficiente, sin el criterio necesario, al cual se le ha entregado una herramienta que, por sus características, se hace peligrosa en sus manos, cuando no impertinente y torpe.
Ahora bien, hacer una extrapolación de esta idea a una comunidad o sociedad entera resultaría jalado de los pelos, y no es eso lo que se pretende. Otro sí, comprender que la Revolución bolivariana, como proceso de democratización de todos los aspectos de la vida, de redistribución de la riqueza y de inclusión de las mayorías históricamente excluidas, de los seres invisibles, se impulsó con las herramientas y los funcionarios y cuadros que se tenían a la mano dado el momento histórico. Pero también, esa gran voluntad política llamada Hugo Chávez, para hacer, para transformar, fue un toque de rebato que puso a prueba la formación y la capacidad de mucha gente que no necesariamente era socialista ni por formación ni por convicción. Agreguemos que el proceso se da en un contexto ideológico, es decir, en el marco de una ideología dominante, que formando parte de la estructura social (Silva, 2011), desempeña un papel en el funcionamiento y la dinámica social.
Dicho de otra forma, la redistribución de la riqueza, real y efectiva, se da en el marco de un determinado sistema de valores y de creencias. De tal manera, el debate, se centraría en lo sucesivo en evaluar el proceso de democratización que ha vivido Venezuela, incluyendo reflexionar sobre qué ha significado, hasta ahora, la inclusión social. Preguntarnos, por ejemplo, en qué totalidad o estructuras estamos incluyendo o, también, si inclusión es transformación. Es verdad, de otro lado, que la cantidad afecta la cualidad. El tema es complejo y puede resultar espinoso. Sin embargo, podemos citar dos investigaciones realizadas, una por Hinterlaces y otra por GISS XXI, que aluden precisamente los gustos, preferencias, actitudes, manera de ver y entender el mundo del venezolano y que pueden ilustrar lo que venimos diciendo.
No está demás aclarar que, indistintamente de lo que se pueda decir sobre estas “contradicciones”, estas nunca tendrán tanto peso como los grandes logros en materia de inclusión y dignificación del pueblo pobre, alcanzados gracias a Dios y a Chávez.
Fue en la campaña presidencial previa al 7 de octubre, que Oscar Schemel presentó los resultados de una investigación realizada en el marco de la lucha política venezolana, y que consideró en su análisis la confrontación socialismo-capitalismo. Empleando la metodología de los grupos focales, en distintos estratos sociales y a nivel nacional, Hinterlaces concluyó que en Venezuela había una “lucha de clases no antagónica”, basada en una exigencia de democratización social por parte del pueblo. En este contexto, varios de los testimonios manifestaban la “comprensión” de que los ricos lo eran por su trabajo y que ellos, los pobres, lo que querían era “oportunidades” para trabajar y progresar.
Por otra parte, fue en noviembre de 2011 cuando Jesse Chacón, en compañía de Fernando Buen Abad, presentó los resultados de una investigación sobre “Sociología del gusto de los venezolanos”, cuyos resultados fueron comentados por el director de GISS XXI en términos de los grandes desafíos que tenía por delante la construcción del socialismo en Venezuela. Uno de los resultados arrojados por la investigación, establecía que el venezolano se caracterizaba por ser alguien que quiere acceder al “capital cultural” para poder así acceder al “capital económico”. Este resultado coincide con las últimas apreciaciones ofrecidas por Schemel en el reciente encuentro de las encuestadoras. “El venezolano es muy aspiracional, muy pequeño burgués”, fueron las palabras de Schemel. Aquí podríamos hacernos una pregunta ¿Cómo encajaría esta idiosincrasia pequeño-burguesa con las ideas de justicia, igualdad, solidaridad, cooperación y humanismo, propias del socialismo?
¿Dónde queda, o cómo fortalecer la “Conciencia del deber social” postulada por Antonio Aponte en el contexto saudita de la superabundancia petrolera?
Dichas señales, comprendidas en el marco de una sociedad rentista, deben hacernos comprender que la lucha por el socialismo, como utopía concreta, se está dando en el marco de una batalla de ideas donde la hegemonía cultural parece seguirla ostentando el proyecto burgués, el cual podríamos resumir parcialmente con estas palabras: progreso, desarrollo, conocimiento experto, orden, industrialización, tecnología, individuo, razón, Estado-nación, capital, mercado, etc., palabras que en nuestro contexto de cambio de época, siendo optimistas, están en proceso de resignificación en el marco de la lucha política por una sociedad diferente, pos capitalista.
Así las cosas, estas “contradicciones” son completamente normales en un contexto que sería una combinación de un discurso radical antiimperialista ―lo cual no significa rechazar al pueblo habitante del Estado identificado con el imperio, su cultura, sus valores, etc.―, un proyecto de modernización ―industrialización socialista, satélites, canaimitas, transferencia de tecnología, urbanización, integración física de la nación, adopción de valores culturales propios de la modernidad― y una gran sensibilidad social expresada en el discurso y las acciones concretas del líder carismático que se conecta poderosa y afectivamente con la mayoría del pueblo, todo lo cual emparenta al proceso político chavista con otros procesos históricos como, por ejemplo, el peronismo.
Venezuela, en fin, sigue siendo un país capitalista, y como el socialismo y la conciencia revolucionaria no se decretan, es natural, comprensible, aunque por supuesto de ninguna manera deseable, que sigamos siendo un país consumista, importador, con una burguesía parasitaria y donde suelen verse este tipo de “contradicciones” entre los que defendemos ―porque no me considero libre de contradicción― una sociedad alternativa a la capitalista. De otro lado, solo una ceguera criminal o una imperdonable ingratitud ignoraría el bienestar que ha generado en los últimos años la ingente inversión social hecha por el Estado venezolano para beneficio de todas y todos.
Quizá, una manera de entender un proceso donde las acusaciones de incoherencia y contradicción provienen de distintos sectores ―quiero decir, vienen de la izquierda también―, sea analizarlo a la luz de lo que Enrique Dussel definió como Transmodernidad. Varios autores han visto en la Revolución bolivariana una revolución transmoderna, una visión, una propuesta que está planteada en el país.
Venezuela, por ahora sigue siendo una condensación de tamunangue con informática, de hayacas con nuggets, y de blackberrys con sueldo mínimo; un país donde el que no es “papa de los helados” es un pendejo. En fin, soy contradictorio, viva la Revolución bolivariana.
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miércoles, 20 de febrero de 2013
Ludovico Silva: "Lo actual no es solo lo que nos da el presente, sino también lo que nosotros le damos al presente"
“Periodismo”, es el nombre de uno de los ensayos filosóficos que integra la segunda parte del libro Belleza y Revolución, del filósofo y escritor venezolano, Ludovico Silva, donde se plantea una pertinente crítica a lo que en ese entonces se entendía, y que hoy se sigue entendiendo, como periodismo de actualidad.
Ludovico inicia su reflexión, comentando que algunos amigos le reprocharon varias veces que sus ensayos no eran siempre estrictamente “periodísticos”, en el sentido de que no eran propiamente textos de “actualidad”. Luego de reconocer que, efectivamente, muchos de sus textos no eran periodísticos en ese sentido, el autor de El sexo de los ángeles estima conveniente que se pueda entender, tanto a la palabra actualidad como a la noción de periodismo, de una forma “menos superficial”.
Si bien la reflexión de Ludovico se enmarca en el ensayo literario propio del periodismo cultural, su crítica a la manera dominante de entender la “actualidad” bien podría aplicarse al resto de los géneros periodísticos, con énfasis en aquellos que podemos ubicar en la gran rama del periodismo de opinión, sin olvidar que, como lo recuerda Earle Herrera en La magia de la crónica, en todos los géneros y subgéneros del noble oficio hay “dosis de opinión”. Bien, en primer lugar, Ludovico distingue entre un sentido pasivo y un sentido activo de la actualidad.
Entonces, según lo generalmente aceptado, el sentido pasivo de actualidad es aquel que considera esta como “lo dado por el presente inmediato” o “lo puesto allí por la historia del momento”. De otro lado, está el sentido activo que postula Ludovico, según el cual “Lo actual no es solo lo que nos da el presente, sino también lo que nosotros le damos al presente”. Dicho de otro modo, “Hay cosas que la moda nos da, pero hay también cosas que nosotros podemos “poner” de moda. De tal manera, el autor destaca el valor de la nota periodística que logra descubrir la profunda actualidad de un “viejo tema”, dándole presencialidad en un determinado contexto.
¿Qué es lo actual sino lo que está o ponemos en acto, en actividad?
A partir de la crítica a lo que Ludovico llama el “periodismo pasivo”, que refiere al periodismo de actualidad que se sienta a esperar que sobrevengan los hechos y que por tanto solo nos habla de lo que el presente impone, el autor plantea un “periodismo activo”, el cual consiste en actualizar o dar vida a hechos, asuntos, situaciones, teorías, ideas, aparentemente muertos u olvidados. El autor de La plusvalía ideológica también llama a esta forma de asumir el oficio comunicacional “periodismo reflexivo”, el cual tiene como misión, sin negar el valor social del periodismo de actualidad ―hoy, objeto de duras y diversas críticas―, hablar de las cosas que no “están de moda”.
Darle primacía a lo importante sobre lo contingente o coyuntural; discurrir por senderos atacados de maleza pero que pueden llevarnos a mejores destinos; ensayar palabras sobre lo que no se dice, serían otras tentativas definiciones de este tipo de periodismo. El tema es de una indudable actualidad, y ahí están los medios alternativos y comunitarios. El debate está abierto.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
Ludovico inicia su reflexión, comentando que algunos amigos le reprocharon varias veces que sus ensayos no eran siempre estrictamente “periodísticos”, en el sentido de que no eran propiamente textos de “actualidad”. Luego de reconocer que, efectivamente, muchos de sus textos no eran periodísticos en ese sentido, el autor de El sexo de los ángeles estima conveniente que se pueda entender, tanto a la palabra actualidad como a la noción de periodismo, de una forma “menos superficial”.
Si bien la reflexión de Ludovico se enmarca en el ensayo literario propio del periodismo cultural, su crítica a la manera dominante de entender la “actualidad” bien podría aplicarse al resto de los géneros periodísticos, con énfasis en aquellos que podemos ubicar en la gran rama del periodismo de opinión, sin olvidar que, como lo recuerda Earle Herrera en La magia de la crónica, en todos los géneros y subgéneros del noble oficio hay “dosis de opinión”. Bien, en primer lugar, Ludovico distingue entre un sentido pasivo y un sentido activo de la actualidad.
Entonces, según lo generalmente aceptado, el sentido pasivo de actualidad es aquel que considera esta como “lo dado por el presente inmediato” o “lo puesto allí por la historia del momento”. De otro lado, está el sentido activo que postula Ludovico, según el cual “Lo actual no es solo lo que nos da el presente, sino también lo que nosotros le damos al presente”. Dicho de otro modo, “Hay cosas que la moda nos da, pero hay también cosas que nosotros podemos “poner” de moda. De tal manera, el autor destaca el valor de la nota periodística que logra descubrir la profunda actualidad de un “viejo tema”, dándole presencialidad en un determinado contexto.
¿Qué es lo actual sino lo que está o ponemos en acto, en actividad?
A partir de la crítica a lo que Ludovico llama el “periodismo pasivo”, que refiere al periodismo de actualidad que se sienta a esperar que sobrevengan los hechos y que por tanto solo nos habla de lo que el presente impone, el autor plantea un “periodismo activo”, el cual consiste en actualizar o dar vida a hechos, asuntos, situaciones, teorías, ideas, aparentemente muertos u olvidados. El autor de La plusvalía ideológica también llama a esta forma de asumir el oficio comunicacional “periodismo reflexivo”, el cual tiene como misión, sin negar el valor social del periodismo de actualidad ―hoy, objeto de duras y diversas críticas―, hablar de las cosas que no “están de moda”.
Darle primacía a lo importante sobre lo contingente o coyuntural; discurrir por senderos atacados de maleza pero que pueden llevarnos a mejores destinos; ensayar palabras sobre lo que no se dice, serían otras tentativas definiciones de este tipo de periodismo. El tema es de una indudable actualidad, y ahí están los medios alternativos y comunitarios. El debate está abierto.
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miércoles, 8 de agosto de 2012
Zapato 3 entre los libros y los árboles
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| El bajista Fernando Batoni |
Comprar un libro de Ludovico Silva, tomar un café o beber una guarapita detrás del Museo de Ciencias, participar en algún foro o conversatorio, para luego adentrarte en un bosque cuyo centro iba a ser estremecido por los instrumentos y las voces amplificadas de una buena banda, de ese género que se resiste a morir llamado Rock, son cosas que no se pueden hacer muy seguido.
Henos aquí de nuevo en la plaza circular, en la emblemática Plaza de los Museos. En el último día de la feria, el amplio círculo rebosa de gente, de niños, jóvenes, adultos, viejos, caminando de aquí para allá, sudando la gota gorda con el intenso sol de agosto. En la tarima central se discute sobre la problemática de las editoriales alternativas. No hay lugar para sentarse, los jóvenes están ausentes en la charla. Me quedo escuchando unos minutos. La crítica necesaria fluye armónicamente. De atrás de la tarima viene un grupo de muchachos con la ya simbólica franela vinotinto ondeando banderas llenas de color y de consignas.
Tenía diez años que no veía al viejo Edwin, un incondicional de la música de los hermanos Segura y su banda, con el cual compartí algunos buenos ensayos de garaje, principiando el siglo.
Siguiendo el reportaje de Yennifer Calvo, aparecido en el Ciudad Caracas de hoy, “Aunque desfilaron seguidores de distintas edades y generaciones, el común del público rondaba entre los 30 y 40 años”; pero la realidad es que por lo menos la mitad de los presentes eran chamos que estaban viendo a Zapato por primera vez. Claro, no estábamos haciendo un estudio científico de los grupos etarios que asistieron al evento, pero cuando Carlos Segura preguntó al público, en las primeras de cambio, quienes estaban aquí “por primera vez”, el ruido y las manos levantadas fueron elocuentes.
Nunca es difícil para los miembros de una banda veterana que marcó una generación, darse cuenta que parte del público no se sabe las canciones. Después de 13 años de ausencia, había que ser bastante fiel para no haber olvidado algunas de esas letras, de esas melodías. El primer concierto de Zapato 3 en Caracas, luego de su regreso, fue en la Universidad Metropolitana, con esa parte de la fanaticada acomodada que pagó su entrada, nada módica, y se trasladó hasta el recinto universitario, como sabemos nada céntrico. Habría que ver como estuvieron los coreos allí.
Entrando al parque ya se divisaban las camisas negras, algunas verdaderas reliquias con el nombre de la banda estampado, algo borroso y arrugado, en el pecho. Algunos grupos, parejas, individuos, se aproximaban parsimoniosamente al espacio adyacente a la fuente, como si hubieran salido de sus oscuras cuevas después de una larga hibernación para reunirse con su viejo gurú. Pegado a la baranda, el viejo Edwin conversaba con una mujer de aire amigable que oscilaba entre muchacha y señora. Lucía una camisa negra con el viejo símbolo de la banda. Sus ojos y su sonrisa eran de veinteañera, puede que como la de muchos esa noche, y no le gustaba que le dijera “usted”.
La banda “Los que rezan”, dio inicio al espectáculo, creando la atmósfera con un estilo clásico que incluyó algunas baladas, para dar la bienvenida a una banda, nacionalizada mayamera, pero que seguía siendo emblema de lo más granado de nuestro rock nacional. El primero en aparecer fue el baterista Diego Márquez y el tecladista Verdaguer. Carlos Segura, vistiendo camisa a cuadros, bufanda, sombrero y lentes de pasta, apareció ágilmente en el escenario pegando brincos con su pandereta. Cierto fue que el guitarrista exhibió un aire veterano a lo Eddie Vedder, y que el Batoni pareció homenajear a Cerati con su indumentaria.
Fueron dos horas de buena música. Segura brincaba en una pierna golpeando su pandereta como en sus mejores tiempos. Su rostro se contorsionaba alternativamente con el virtuosismo de su hermano, con el emblemático acorde. La altura de la tarima ofrecía la posibilidad de la cercanía con el público, al que dedicaba raudas miradas, y que además filmó y fotografió. Atrás de mí, que estaba casi pegado a la baranda, un grupo de adultas contemporáneas nos dejaba sordos con su histeria, aunque no pareciera tan sincera. Hubo algo de nostalgia, recuerdos de la movida de hace quince veinte años, donde el Estado, la sociedad, la democracia, la cultura, la sensibilidad, era otro y eran otras.
Un compa del grupo me aseguró que Carlos debió llevarse la bandera, que no debió devolverla; que para eso se la habían dado. Lo cierto, es que ocasiones como esta, estos regresos, vueltas o, “últimas cruzadas”, sirven para darse cuenta de los sustanciales cambios que se han vivido en el país en los últimos años, para experimentar la nueva atmósfera de convivencia que se conforma para el bien de la ciudad y de las nuevas generaciones.
¿Qué impresión se llevó Zapato 3 de su país? Esperemos que hayan notado el cambio cultural en desarrollo en Venezuela, que se hayan llevado una Plusvalía ideológica, alguna obra de Rengifo y si no, por lo menos un sabor a Patria sólida y fuerte, a Patria renovada.
amauryalejandrogv@gmail.com
@maurogonzag
sábado, 30 de julio de 2011
Lucha de clases, fascismo y nacionalismo en la Revolución bolivariana
En una entrega publicada a finales de mayo, planteaba lo que parece ser un dilema presente en el proceso bolivariano, el cual ha consistido en un dinámica política orientada a la transformación social que parece oscilar entre la lucha nacional y la lucha de clases, lo cual adquiere matices polémicos en la medida en que se ha definido al Socialismo como la forma organizativa, como el sistema social, al cual debe enrumbarse el proceso de cambio que conocemos como Revolución bolivariana.
En esa oportunidad, destacamos el carácter complejo del debate sobre cómo lograr ese objetivo, sobre cuál debería ser el programa y los principios que debería seguir el sujeto del cambio para lograr la necesaria transformación social. Cómo ejemplo, citamos a un autor que en uno de sus artículos planteaba como uno de los temas objeto de debate, el papel que debe desempeñar la empresa privada en el proceso, surgiendo preguntas como ¿Debe o no desaparecer la empresa privada en el socialismo?, ¿Si no tiene por qué desaparecer, cual debe ser su papel? Y ¿En caso de que tenga que desaparecer, es el Estado el que debería ejercer la hegemonía socioeconómica, o más bien las comunidades organizadas? ¿Sistema mixto con efectiva regulación estatal?
Seguidamente, recordamos que, como es natural, estos debates han surgido y se han dado en otros momentos de la historia, por lo que nos pareció pertinente recordar el debate que se dio en los años 20 del siglo XX, entre Haya de la Torre, fundador del APRA (organización en la que se inspiró Acción Democrática), y José Carlos Mariátegui, aquel que diría que el socialismo en nuestras tierras no debe ser calco no copia sino creación heroica. En este sentido, establecimos una analogía entre las posiciones fijadas en esos años por esas figuras, y las posiciones que vienen expresándose en los debates que se dan hoy en Venezuela, preguntándonos si así como el Partido Socialista fundado por Mariátegui se encontró ubicado por sus principios y programa entre el APRA y la III Internacional, nuestro Psuv se ubicaba entre el Partido Comunista y Acción Democrática o, si más bien el Psuv no se parecía más –o una de sus corrientes principales- al APRA. Es así, como recordamos que en ese debate, Haya de la Torre representó el paradigma de la lucha nacional, así como Mariátegui representó el de la lucha de clases.
En esa oportunidad, destacamos el carácter complejo del debate sobre cómo lograr ese objetivo, sobre cuál debería ser el programa y los principios que debería seguir el sujeto del cambio para lograr la necesaria transformación social. Cómo ejemplo, citamos a un autor que en uno de sus artículos planteaba como uno de los temas objeto de debate, el papel que debe desempeñar la empresa privada en el proceso, surgiendo preguntas como ¿Debe o no desaparecer la empresa privada en el socialismo?, ¿Si no tiene por qué desaparecer, cual debe ser su papel? Y ¿En caso de que tenga que desaparecer, es el Estado el que debería ejercer la hegemonía socioeconómica, o más bien las comunidades organizadas? ¿Sistema mixto con efectiva regulación estatal?
Seguidamente, recordamos que, como es natural, estos debates han surgido y se han dado en otros momentos de la historia, por lo que nos pareció pertinente recordar el debate que se dio en los años 20 del siglo XX, entre Haya de la Torre, fundador del APRA (organización en la que se inspiró Acción Democrática), y José Carlos Mariátegui, aquel que diría que el socialismo en nuestras tierras no debe ser calco no copia sino creación heroica. En este sentido, establecimos una analogía entre las posiciones fijadas en esos años por esas figuras, y las posiciones que vienen expresándose en los debates que se dan hoy en Venezuela, preguntándonos si así como el Partido Socialista fundado por Mariátegui se encontró ubicado por sus principios y programa entre el APRA y la III Internacional, nuestro Psuv se ubicaba entre el Partido Comunista y Acción Democrática o, si más bien el Psuv no se parecía más –o una de sus corrientes principales- al APRA. Es así, como recordamos que en ese debate, Haya de la Torre representó el paradigma de la lucha nacional, así como Mariátegui representó el de la lucha de clases.
jueves, 16 de junio de 2011
Prólogo al libro Teoría del Socialismo, de Ludovico Silva
Difícilmente haya habido y pueda haber un contexto tan propicio para la publicación de esta obra de Ludovico Silva, como el del proceso de cambio que vive nuestro país, proceso que hoy día es conocido en el mundo como la Revolución Bolivariana y que se ha planteado construir lo que se llegó a bautizar como el Socialismo del Siglo XXI. Desde que se proclamara en aquel célebre Foro Social Mundial de 2005 en Porto Alegre al socialismo, como necesario camino a seguir de cara a la emancipación y liberación de los pueblos de Nuestramérica, se produjo una importante revitalización del pensamiento socialista que se ha expresado, por una parte, en una vigorosa recuperación de la herencia teórica de Carlos Marx, responsable de la más profunda y acabada crítica cultural, científica y humanista de la moderna sociedad capitalista; de otra parte, esta vuelta al primer plano del debate político-ideológico, ha puesto de manifiesto un problema de vieja data y que es advertido por Ludovico: la falta de claridad en cuanto a las grandes líneas teóricas del socialismo.
Si bien algunos aspectos característicos de la sociedad socialista se tienen claros, como por ejemplo la necesidad de formar a un hombre humanista “cualitativamente nuevo”, siguen existiendo, ahora como antes, diversas interpretaciones sobre lo que el socialismo y el comunismo significan, enfoques que giran en torno al debate sobre lo que fue el llamado “socialismo real” o “socialismo burocrático”, así como en función de la contraposición que suele hacerse entre un marxismo científico “ortodoxo” y otro crítico “heterodoxo”. Como los tiempos geográficos e históricos no son generalizables, necesariamente Ludovico Silva se inscribe en este último; un marxismo que, además de las condiciones objetivas, se coloca a la altura de los tiempos y le da la importancia que merece a las condiciones subjetivas, a la ideología productora de la “mentalidad adquisitiva de los individuos como móvil esencial del comportamiento económico”. En este sentido, desde ya hay que destacar de la obra las recurrentes menciones críticas sobre los “medios de comunicación”, tema que ha adquirido hoy la mayor importancia.
Si bien algunos aspectos característicos de la sociedad socialista se tienen claros, como por ejemplo la necesidad de formar a un hombre humanista “cualitativamente nuevo”, siguen existiendo, ahora como antes, diversas interpretaciones sobre lo que el socialismo y el comunismo significan, enfoques que giran en torno al debate sobre lo que fue el llamado “socialismo real” o “socialismo burocrático”, así como en función de la contraposición que suele hacerse entre un marxismo científico “ortodoxo” y otro crítico “heterodoxo”. Como los tiempos geográficos e históricos no son generalizables, necesariamente Ludovico Silva se inscribe en este último; un marxismo que, además de las condiciones objetivas, se coloca a la altura de los tiempos y le da la importancia que merece a las condiciones subjetivas, a la ideología productora de la “mentalidad adquisitiva de los individuos como móvil esencial del comportamiento económico”. En este sentido, desde ya hay que destacar de la obra las recurrentes menciones críticas sobre los “medios de comunicación”, tema que ha adquirido hoy la mayor importancia.
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