Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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domingo, 21 de junio de 2015

Manuel E. Yepe: Insólita publicidad sobre Cuba en la TV de EEUU

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Una publicidad distinta en torno a Cuba ha comenzado a llegar a los televidentes estadounidenses, que por más de medio siglo no han recibido más que vituperios acerca de la vida política en la Isla. No se trata de que los grandes medios (mainstream media) hayan cambiado su orientación hostil..

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domingo, 7 de junio de 2015

Carlos Dorado: ¿Emigrar o no emigrar?

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La semana pasada, a raíz de mi artículo inspirado en un correo electrónico de una venezolana que emigró a Canadá con su hijo, me llegaron muchos emails. Tristes unos, alegres otros; pero cuyo denominador común es lo polarizados que estamos como país, hasta el punto que una decisión tan difícil y personal como lo es: ¿Emigrar o no emigrar?

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Algunos Bares Notables de Buenos Aires + imágenes

Este es el café La poesía, localizado en San Telmo, un barrio lleno magia y color donde la calle Defensa se convierte cada domingo en la famosa feria de San Telmo. Al inicio del deambular, notará de inmediato el olor a frutas, incienso y cuero. En el cruce con la calle Chile, está nuestro café.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Ascensión, muerte y resurrección en el Barolo

El palacio Barolo, edificio ecléctico alusivo a La Divina Comedia, del Dante.

Crucé el umbral del Palacio Barolo, acaso el edifico más interesante de la Buenos Aires monumental. La última vez, me había limitado a captar sus formas eclécticas desde alguna esquina de la Av. de Mayo. Había leído que el arquitecto Mario Palanti era un discípulo del Dante, y que el edificio era alusivo a La Divina Comedia. También, que en Montevideo habían erigido al hermano del Barolo.

El día anterior había hecho mi reserva por teléfono, antes de entrompar la calle. Después de dar mi nombre, compré mi ticket a la joven de la taquilla. Llevaba un sombrero negro que le lucía muy bien, y se lo dije. Se mostró receptiva, simpática. Resultó que el palacio tiene su propio vino, sus anécdotas, su misterio. En pocos minutos empezaba la visita guiada hasta la cúspide de la estructura, de 100 metros de alto por los cien cantos de la obra, y de 22 pisos por los 22 capítulos que estructuran el impresionante poema del Dante. Cada columna, detalle, forma, tiene un significado y guarda alguna relación con la excelsa pieza literaria; nada es casual entre el piso y las bóvedas de ese palacio. Flores de liz en la punta de las manecillas del ascensor grande, señales de la masonería a la que el empresario Barolo y el arquitecto Palanti estaban vinculados.

Sobre el hermano uruguayo del Barolo había charlado hacía pocas semanas con el compañero Miguel Guaglianone, desde la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, en Caracas, lugar que nos reunió en varias oportunidades durante este singular año; especial por lo duro, por lo vertiginoso de las transiciones, reacomodos y repliegues. Cuando aparece la incertidumbre, cuando se siente que todo recomienza y los hechos convalidan las viejas críticas, la estética, más que un refugio, se convierte en oportunidad para seguir creando desde la magia profunda de la belleza, aprovechando la riqueza de los personajes circundantes.

Así como Virgilio lleva al Dante, y con el al lector, por un recorrido espiritual simbólico desde los 9 círculos infernales hasta el paraíso, pasando por el purgatorio, quien decida dejarse guiar por el templo de la Av. de Mayo deberá entender que será conducido desde “el infierno”, la planta del edificio, hasta el paraíso, el poderoso faro que volvió a iluminar a la ciudad con la llegada del bicentenario, ubicado en la cúspide de la torre.

Una visita mística, puedo decir. Un paseo interesante que sugiere que vivimos en un infierno del que solo podemos salir por breves interregnos, mientras mantenemos la lucha por una mejor sociedad o cuando ascendemos al faro del palacio, desde donde se siente la respiración de la hermosa la grande, y se puede divisar el río plateado. Calvino (Ítalo), decía que el infierno no era algo que, como el paraíso, podía venir después de la muerte, sino que el averno era el conglomerado de los hombres y mujeres que hacían la vida cotidiana del mundo. Calvino era de la opinión de que existían dos maneras de no quemarse con esas llamas: hacerte parte del infierno hasta el punto de no sentirlo y dejar de verlo, o buscar y asociarte con todo aquello que no sea hades, y que seas capaz de encontrar en medio de los caminos del mundo moderno, empedrado de tecnologías al servicio del carretero.

Ascendí por los ascensores y escaleras del Barolo hasta el estrecho paraíso, un faro que te puede dejar tieso con un pase de corriente, por lo que recomiendan no tocarlo. Allí nos sentamos siete ocho personas, escuchando al joven Virgilio, cuya charla tenía duplicada en el idioma inglés. Allí sentados, todos vimos la ciudad del bajo en un día normal, una aglomeración moderna que, como muchas o todas, pueden ser llamadas “infernales”, aunque puedan ser también ciertos purgatorios y cielos abiertos al paraíso. Guaglianone, dirigió por mucho tiempo el barómetro de la geopolítica internacional, fue premio nacional de crítica de arte y leyó con avidez las Crónicas de la Ciudad del Bajo; perteneció, sin duda, al contingente de los que rehusaron siempre aceptar las líneas del infierno. Por buscar espacios libres de su tormento y tratar de liberar otros más, fue perseguido por sus furibundos gorilas

La noticia de su muerte me llegó esa mañana. Lamenté no estar en Caracas para despedirlo, pero desde el paraíso del Barolo lo saludé, tratando de extender la mirada hasta el faro del palacio erigido en la capital de su patria natal.

@maurogonzag

Secuestro en la peatonal Florida

Florida, durante ese sábado
 El sábado 8 de noviembre aterricé en Ezeiza, luego de las más de 6 horas de vuelo desde Caracas. Travesía tranquila. La turbulencia del 2011 fue violenta en comparación a esta. Vislumbro una estancia más relajada, aunque no menos curiosa y buscadora, por lo que puede que no sea tan relajada. Imposible no recordar aquella noche que llegué a Buenos Aires, junio de 2011, en vísperas de invierno. En ese momento, sí, supe que regresaría.

Llegué a las 4 am a las puertas del alojamiento que tiene el mismo nombre del famoso hotel que en Caracas fuera el escenario de los primeros grandes espectáculos coreográficos; el lugar donde cantaría Gardel. Ese Majestic tuvo sus glorias en los años 30 y sería derrumbado para abrir paso a la Avenida Bolívar. Después del cambio de habitación, como a las once, me preparo para salir a la pampa florecida de concreto.

Estoy alojado en el centro de la ciudad, a pocas cuadras del edificio de la Montevideo donde estuve la última vez. El mapa lo tengo en la cabeza, eso sí, la atmósfera es otra, completamente otra. El verano está enseñando las primeras luces y hace calor. Siento las calles diferentes, desahogadas. Por un momento, caminar por Libertad o Corrientes se hace similar a un paseo por la Candelaria o la Universidad, a media mañana o a medio día. Hay que agregar que Chávez ya no está, que ese ciclo está cerrado. Acá, Cristina lleva días reposando, recuperándose de una fuerte gripe. Me parece que la gente prefiere la noche.

Empiezo a respirar la magia, una magia compartida. Esta vez, ella brota del sólo hecho de ser esta una travesía de mochilero solitario, abierto a todas las posibilidades, o casi a todas. En Suipacha, un joven me invita a los shows de un local verdiamarillo divisable desde la Corrientes. Las calles están libres, parece que la mitad de la urbe se ha ido a la costa; deben haber huido de las sucesivas olas de calor. Cristian parece un pibe ecuánime. Se interesa en la política y está consciente de lo más importante: no se puede creer en todo lo que dicen algunos canales de TV y algunos periódicos; sobretodo si hacen parte de algún pulpo monopólico. Tuvo memoria para recordar cómo los medios presentaron el caso de los pistoleros de Puente Llaguno, durante el golpe de 2002, y la idea que en ese momento lograron instalar entre sus paisanos sobre lo que supuestamente pasaba en Venezuela.

Me desplazo por la favorita de Borges hacia el norte, buscando unos zapatos que encontraría en la Santa Fe, ahorrándome porcentajes inauditos en comparación a una adquisición similar en Sabana Grande. En una tienda de vinos degusto el exquisito néctar, pero la forma de pago era aquel llamado purocash. Acabo de llegar, poco a poco. Voy tomándole el pulso a la ciudad. Una mujer, gordita y sonriente, me enseña un volante de no se que vaina. Su lenguaje no estaba claro, solo sé que su tono me agradó, que me inspiró confianza; escuché la palabra masaje. Me impresioné después de lo ingenuo que puedo ser a veces.

Me tomó de la mano. Como un cordero, me dejé llevar hasta un antro cuya entrada era un hueco en la pared tapado con una puerta metálica de un rojo desgastado y chirriante. Cuando me di cuenta estaba en un sofá con una morocha de senos paraditos y cortísima falda. Un instante más y me estaba acariciando la bragueta del pantalón, ayudada por una colega que había caído como un buitre hablando de lo buenas que son las pingas de los venezolanos. No digo que no pensé en quedarme, pero una tercera amiga apareció con tres vasos de bebida suave y amarillenta. Esta, más corpulenta, desempañaba el rol de vigilar y castigar, si fuera necesario. Estaba sitiado.

Hubo un intento de seducción cada vez más agresivo. Nunca me han gustado las putas agresivas y mecánicas, y más si son bonitas. No tengo pesos, le dije. Pagas en dólares, me respondió con tono indignado. Tomo un sorbo de la bebida y me levanto, y la mujer más grande se atraviesa en mi camino y me dice que no puedo marcharme. Las otras dos la secundan. La principal me dice alzando la voz que esas tocadas leves no son gratis.

Insistieron, casi tuve que empujar a la grande. Les dije que podía regresar el lunes cuando tuviera los pesos, pero eso las arrechaba más. Baje las escaleras y dirigiendo la voz alzada al proxeneta, dije “Voy de salida maestro”, porque el señor tenía su edad, y era bajito y calvo. Seguí mi caminata por Florida, la peatonal de la gran mina alborotada por el verano inminente, y algo seca, me dije.

@maurogonzag

miércoles, 29 de octubre de 2014

Me voy demasiado, me quedo demasiado

Este domingo había amanecido con un sol templado y sabroso, sin chubascos mañaneros que dejan la tierra empantanada junto a pozos que aquí y allá se hacen propicios para el brote de los zancudos portadores de los virus maléficos. 

Buen día para subir las generosas lomas del Guaraira, me dije. Al llegar a plaza Venezuela recordé la reciente inauguración de la nueva línea del metrobus que enhorabuena recorre Simón Rodríguez, Pinto Salinas y Sarría, donde se alzan los inveterados y eternos bloques de Pedro Camejo. Divisé el flamante Yutong en la esquina oeste de la Plaza Bolivia, hice una breve cola y lo abordé. Este nuevo agregado al buen vivir se lo debemos a las comunas en construcción de Sarría, al poder popular, pensé; también recordé cuando, hace al menos cuatro años, algunas iniciativas de organización y autogestión que florecieron en algunos puntos de la calle Real fueron tildadas como “anarquistas”.

El autobús se detiene frente al bloque 9 y 10 de la urbanización que lleva el nombre del gran filósofo que enseñaba desnudo y despeinado, y que como todo genio fue tachado no pocas veces de diletante delirante. Me bajo y camino en dirección a las escaleras que llevan hacia el teleférico pero también a la avenida Boyacá y de ahí a la energética naturaleza de la montaña. Delante de mí, camina una mujer joven que, me doy cuenta, mide como metro ochenta. Su cabello castaño claro con rulitos recortados más arriba de los hombros, su blanco transparente, mirada ingenua y caminar desenfadado, hace que parezca una niña grande escapada de algún enclave secreto de pueblo Hunza ubicado Galipán adentro.

La muchacha entró a los espacios del teleférico con sus largos pasos, y yo seguí por la cota mil, casi trotando, hacia la pica más cercana en la Florida. El mediodía me había alcanzado y la avenida sería abierta al ansioso tránsito vehicular en pocos minutos. Empiezo mi ejercicio en dirección al Corta fuego. Tengo tiempo que no lo hago, voy sin atore, tranquilo, respirando profundo. Alguna gente viene bajando. Familias, mujeres, hombres, una señora con un perro. De la sede del INE sale una música que se escucha en todo el entorno. Resuena una changa noventosa que deviene en el pop depresivo de los Coldplay; parece una bailoterapia. En eso me cruzo con el Junior, un viejo pana de la época en que todos nos creíamos Michael Jordan cuando jugábamos en el patio trasero del centro materno del bloque 17, con un tablero hecho en casa que permitía arrojadas fantasías voladoras.

Nunca fuimos amigos. Nos identifica, eso sí, ese sentimiento especial de ser parroquia, los recuerdos de los tiempos de primera juventud inconsciente de agresiva competitividad; aunque también la época en que coincidimos en el empleo del banco, donde a veces trabajábamos hasta el amanecer, una vez por semana, para redondear la quincena. Parroquias, aunque ya yo no viva en Sarría y él tenga el firme propósito de irse definitivamente del país, y abandonar el súper-bloque pariente de aquellos del 23.


lunes, 28 de julio de 2014

Un relato desde Buenos Aires que celebra la vida en la ciudad

Este domingo, la sala Enrique Bernardo Núñez fue el escenario donde se presentó mi libro Crónicas de la ciudad del bajo. Relato desde Buenos Aires, obra ganadora de la cuarta edición del premio literario Stefanía Mosca 2013, en la mención ―como podrán imaginar― de crónica.

El libro se publica en el contexto de la V Feria del libro de Caracas, en el momento ideal si se considera que la nueva fiesta del libro está dedicada a la crónica como género literario, y que el homenajeado de la ocasión es el periodista y escritor, cultor como pocos de los cuentos de non fiction, Earle Herrera.

Hacia las tres de la tarde, Kelvin Malavé, gerente editorial de Fundarte, abrió fuegos con unas palabras introductorias hacia el público que ya se aglutinaba en torno al espacio levantado entre los árboles del Parque Los Caobos. Seguidamente, la presentación de Daniel Peralta, sensible y minuciosa, habló de su identificación y conexión espiritual con las experiencias plasmadas en esta bitácora que, gracias a la crónica, fueron una excusa y un marco ideal para deslizar ideas, viejos sueños y hasta algunas reflexiones políticas.

Peralta destacó la celebración de la música presente a lo largo de las páginas, la pasión del rock-pop latinoamericano intrincada con una breve pero intensa historia urbana, la salsa Caribe y el tango, híbridos nacidos al calor del magnífico y diverso crisol cultural que caracteriza nuestra tierra de gracia. No se le escapó a Daniel la práctica digresiva permanente que caracteriza la propuesta, incluyendo aquella en la que narro los aciagos momentos en que se dio a conocer la muerte del Comandante. La muerte, que aparece así en medio del relato, tiene su contraparte en el episodio erótico y la celebración de la vida y la libertad.

Como lo hiciera Mercedes Chacín en una edición de agosto de 2013 del suplemento Épale, Daniel me invitó a escribir unas crónicas sobre Caracas, y debo decir que con un talante que me honra, dado que lo hizo recordando literalmente una de las reflexiones que dejara sobre nuestra relación con la ciudad vernácula: admirarla y recorrerla cual viajero extranjero en su propia tierra. La mirada del que llega, la perspectiva desde el borde, la exterioridad, puede resultar a veces la mirada. Es justo decir que no me inicié en la crónica con el viaje a la ciudad del bajo, sino con nuestra ciudad capital de la primavera política latinoamericana. La pregunta sobre si todos conocemos nuestra ciudad salta a la vista, más aún porque quien la conoció hace dos quinquenios puede que no la conozca ahora. No obstante, hay una serie de historias sobre Sarría y algunos avatares y personajes que deben ser contadas, y en ese sentido la palabra ha sido tomada.

Lo contrario es válido para las nuevas generaciones. De ahí la importancia de la crónica, que es testimonio y por tanto, memoria. Cronos, devenir del movimiento lento y trascendente del renacimiento de una ciudad para la gente y para la vida. Porque eso es la crónica, cuento Caribe, literatura hibrida sugerente de gran poder comunicativo. Escritura originaria y primigenia, tal como lo dije el domingo, que nació en unidad con el testimonio histórico no exento de intención estética. Definitivamente, las Crónicas de la ciudad del bajo tienen vitalidad y música. Puedo repetir, además, que más allá de las descripciones, narraciones, diálogos y comentarios, elementos básicos del género, la obra es una celebración de ese artificio humano por excelencia como lo es la ciudad, la polis de monstruosa belleza que a todos atrae y que a muchos se traga.

El libro, eso sí, tiene un meta-mensaje: una invitación a viajar, a conocer,  a que desplieguen sus alas, más que como turistas como viajeros. Y el primer paso para esto es disfrutar de los espacios de tu ciudad, salir al encuentro ciudadano, a la cita nocturna. Mis votos son por conocer el propio país, para lo cual resulta fructuoso palpar y comprender otros países; preferiblemente si son del Sur.

Por cierto, que otra forma de viajar es a través de la lectura, por lo que te invito a una migración espiritual temporal a la ciudad del bajo leyendo estas humildes narraciones, palabras que fueron premiadas por Fundarte, lo cual les agradezco infinitamente.

@maurogonzag

lunes, 2 de junio de 2014

El turismo en Venezuela o como superar el síndrome de la cafetería sin café


Este domingo, José Vicente Hoy tuvo como invitado al Ministro del Poder Popular para el Turismo, Andrés Izarra, para discurrir sobre uno de los temas-motores de la nueva Venezuela en construcción: el desafío de convertir a Venezuela en el destino turístico por excelencia del Caribe, una zona paradisíaca donde “la competencia turística es feroz”.

Entrando en materia, Izarra destacó la necesidad de invertir en infraestructura y de ejecutar una política cambiaria más favorable para la actividad turística. A pesar de que Venezuela, como ya es lugar común mencionar, lo tiene todo para ser una potencia turística, ante la pregunta de José Vicente sobre si el Gobierno tenía una política turística, el ministro no pudo menos de recordar que fue durante el Gobierno de Hugo Chávez que nació el ministerio de Turismo, y lo que se podría llamar una Po-lí-ti-ca de turismo en Venezuela.

Pero, ¿Por qué ahora y no antes? Todo el mundo sabe que vivimos en una tierra de gracia, que los paisajes que ofrece Venezuela no se limitan a una extensa costa y un mar Caribe pletóricos de playas paradisíacas. Sin embargo, parece ser ahora, entradito el siglo XXI, cuando se está considerando con seriedad a idea de convertir a Venezuela en un gran destino turístico, y convertir dicha actividad en uno de los motores de nuestra economía. Y la razón por la que esto no se hizo antes no es difícil de ubicar, y es la misma que ha afectado la política industrial del país: el rentismo petrolero, con su abundancia de petrodólares y su peso aceitoso sobre las alas del espíritu emprendedor.

En este contexto, Izarra planteó tres políticas centrales que se encuentran en la base del propósito de transformar a Venezuela en un gran oasis turístico mundial:

1- Una nueva política cambiaria
2- Potenciar la inter-conectividad aérea y acuática
3- Crear condiciones de seguridad para el turista

Uno de los datos interesantes que refleja el inmenso potencial de Venezuela como destino turístico, es que la isla de Aruba, cercana a las costas de Falcón, en el occidente del país, recibe un millón quinientos mil turistas al año. No obstante, Venezuela tiene la isla La Tortuga, prácticamente del mismo tamaño que Aruba, y de una belleza equiparable ―y que según algunos supera― a la del Archipiélago Los Roques, otro paraíso del Caribe venezolano, por cierto.

En este contexto, existen tres líneas centrales de trabajo para alcanzar un propósito que no solamente es deseable y probable sino altamente posible.

A) Mercadeo: El gran crecimiento del turismo interno permite concluir que las energías deben enfocarse en el posicionamiento de la imagen del país en el exterior. En este sentido, Izarra destacó que esto significa, más que campañas de publicidad (Que son necesarias y que deben ser creativas y agresivas) crear las condiciones para promover la publicidad boca-oído-boca, para lo cual es necesario que la experiencia que se llevan los turistas del país sea tan satisfactoria que logre que sean ellos mismos quienes se conviertan en los mejores promotores de los destinos turísticos del país.

B) Calidad del servicio: una condición sine qua non para que se pueda desarrollar la anterior. Sin calidad en el servicio, seguramente que el boca-oído-boca seguirá funcionando, de eso no hay duda, con la diferencia que será una mala publicidad, aunque no sea menos cierto que no haya tal cosa como una “mala publicidad”.

C) Desarrollo turístico: la línea que contiene a todas las demás, donde confluye desde la inversión en infraestructura (Tenemos un déficit de 60 mil habitaciones, 120 mil plazas-cama) y el desarrollo de una nueva cultura turística, hasta la inter-conectividad y el mercadeo inteligente. Sobre este último punto, recordemos que la guerra mediática permanente contra Venezuela tiene su incidencia sobre el turismo internacional.

Muchos somos los venezolanos que tenemos experiencias que contar sobre el servicio y las atenciones en lugares de interés turístico y recreacional, y que pueden dar cuenta de nuestras falencias en materia de cultura turística. Fue en el Teleférico del Waraira Repano, un parque nacional que atrae gente de todas partes del país, y que evidentemente es una de las atracciones de la ciudad de Caracas.

La experiencia la tuve en agosto del año pasado, y me movió a escribir esta crónica. Todo lo ocurrido y percibido ese día pudo ser producto de que estábamos en vacaciones, de la alta demanda que en Venezuela, como producto del carácter rentista de la economía, existe para muchos bienes y servicios en muchos casos no producidos en el país. El hecho, es que tuvimos que invertir más de tres horas haciendo colas, una para subir y más de dos para bajar; la cosa fue que cuando entramos al restorán La Cima, casi tuvimos que jalar bolas para que nos atendieran, para de inmediato constatar que no tenían ni vino, ni cerveza ni jugo de naranja para la ginebra ni carne para comer.

Por cierto que no era un miércoles a mediodía, era un sábado a las seis de la tarde, un día de alta afluencia de gente proveniente de varios lugares del país. En nuestra estancia de menos de dos horas en el parque, recuerdo, me crucé con unos maracaiberos, gente de valencia y de los andes.

Como lo dijo Chávez incontables veces, reflexioné después, nuestro país tiene todo para convertirse en una potencia. Tenemos los recursos ¿Quién lo duda?, tenemos el personal necesario, en un país de gente joven. Ahora bien, lo visto en el Teleférico de Caracas tiene, como no, su tufillo a rentismo, a comodidad, a la consuetudinaria falta de rigurosidad en los campos de la coordinación y planificación; a imaginación dormida en la embriaguez de las vertiginosas y altas tasas de ganancia, y ahí puede estar la clave para dar finalmente el salto cualitativo que convierta a Venezuela en uno de los mejores destinos turísticos de la región y el mundo.

Es definitivo. No basta con tener las mejores infraestructuras, si no tenemos a la gente formada en una cultura turística que tiene que ser de las mejores, dado que tiene que estar a la altura de nuestra increíble y noble tierra de gracia.

@maurogonzag