Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
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miércoles, 7 de octubre de 2015

Alberto Aranguibel: ¡Basta de defensa, Obama!

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En su discurso ante la septuagésima Asamblea General de la ONU, el presidente de Estados Unidos hizo honor a su chapucero Premio Nobel de la Paz, ofreciéndole a los aliados su más decidido apoyo, incluso con las balas si llegara a hacer falta: “Nunca dudaré en proteger a mi país o a nuestros aliados de forma unilateral o por la fuerza en caso de que sea necesario”.

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viernes, 4 de septiembre de 2015

Guerra en Colombia, Frontera con Venezuela: una realidad que no soporta más encubrimientos

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Hace casi 10 años hubo un foro en la Universidad Bolivariana donde un profesor colombiano, Fernando Reyes, hizo una reflexión sobre el conflicto colombiano que nunca olvidé: “La insurgencia de la guerrilla en Colombia responde a la necesidad histórica de luchar contra una oligarquía que ha demostrado que no está dispuesta a entregar nada por las buenas.”

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viernes, 16 de enero de 2015

La batalla en las redes sociales y los desafíos de la política comunicacional


Después de las fiestas decembrinas, que por lo general comienzan desde noviembre, Venezuela por lo general entra en “modo 1º de enero”, expresión que sugiere que la ciudad parecería entrar en un estado de descanso y desintoxicación como quien se recupera de una fuerte resaca. Vías desahogadas, locales comerciales cerrados y lentitud en los que están abiertos, vacaciones que parecen no terminar, son solo algunas de las señales de un país que, dependiendo de cómo haya sido la pea, suele despertar realmente finalizando el mes.

Sin embargo, políticamente el año se inició con mucho dinamismo. Campañas de rumores sobre un supuesto paro nacional impulsadas a través de la aplicación Whatsapp y demás redes sociales, colas generadas en torno a mercados y abastos producto de meses de guerra psicológica y demás factores como el bachaqueo o el puro y simple “desabastecimiento” en el que muchos comercios suelen quedar después de la etapa decembrina ―muy, pero muy alta en ventas―, mientras reponen los inventarios; la exitosa gira internacional del presidente Maduro en la temprana batalla por la recuperación de los precios del petróleo, son factores con los que comienza un año prometedor, por lo desafiante, para los venezolanos y el mundo en general.

En este contexto, la comunicación, la política comunicacional, vuelve a situarse en un lugar de gran importancia como dinámica central de la lucha política en la era del conocimiento y de la información; en la era de la batalla de las ideas. Como lo expresé en artículo anterior, el año 2014 fue de importantes aprendizajes, de lecciones que conviene tener presente en la etapa que comienza para el país. Una de esas lecciones fue la de lucha por el mantenimiento de la Paz teniendo a la violencia en nuestras caras. Venezuela, afortunadamente, no fue Ucrania. Pero hubo otro aprendizaje: la toma de consciencia del poder de las redes sociales, de su viralidad y su capacidad para planificar acciones políticas subversivas y para crear realidades alternas a la realidad concreta de la calle, pero con consecuencias en esta.

Con todo y que no era nada nuevo el tema de las redes sociales en Venezuela, muchos compañeros y compañeras seguían manteniendo una visión un tanto anacrónica respecto a estas nuevas herramientas que, sí, han sido diseñadas por gente que piensa que puede llegar a controlar las mentes y los corazones de los pueblos a través del control de la información. Si las nuevas generaciones no han visto la película Matrix, pues deberían aprovechar este relax para verla con detenimiento. Expresiones como “tuiter no sube cerro”, o que “la gente del barrio no tiene acceso o no le para a las redes sociales”, o que “la lucha no está en internet sino en la calle”, dan cuenta no solo del desconocimiento de algunas cifras sobre el acceso a internet en el país, sino de la incomprensión de la actitud de los venezolanos frente a la tecnología y sus novedades; incluso, tales posturas no entenderían aún porque Chávez se desplegó en @ChavezCandanga. De otro lado, hay que decir que aquellas expresiones encierran parte de verdad. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cualquiera puede ser bueno, lo difícil es ser justo

El Comandante Chávez, se rebeló contra las cúpulas de la Cuarta República y llegó posteriormente al poder para saldar una inmensa deuda social, para hacer renacer a una Patria de sus cenizas; para luchar por la justicia social siempre necesaria para alcanzar la Paz, en un país signado por una violencia producto de sucesivas injusticias históricas. Pero, el noble espíritu de cristiano misionero del militar del pueblo no se esperaba una reacción tan furibunda de las cúpulas tradicionales y su parentela de oligarcas.

Indistintamente de cómo empezó todo, de la filiación de Chávez por la propuesta de la llamada Tercera vía y de su posterior radicalización hacia el socialismo del siglo XXI, la llamada Revolución bolivariana ha sido ante todo un proceso orientado a lograr la justicia social. Y para lograrlo, Chávez tuvo la voluntad y los cojones de hacer una revolución dentro de la antigua PDVSA; de rescatar a la bastante venida a menos OPEP y de poner la nueva ola de ingentes ingresos petroleros al servicio de su legítimo dueño: el pueblo de Venezuela. Esto, sin excluir a los “locoven” que siempre se llevaron la torta completa.

La Revolución en Venezuela, comenzó cuando Chávez se preguntó, como bien lo recordó no hace mucho Aristóbulo Istúriz, si valía la pena gobernar Venezuela sin tomar el control de PDVSA y sus recursos. Lo hizo, y de ahí en adelante, el proceso ha sido golpe y contragolpe, posturas polarizadas que generaron una esquizofrenia mediática donde el pueblo venezolano en su conjunto se vio notablemente afectado. Frente al depravado libertinaje simbólico desatado en este marco, en algún momento el ideal de justicia se confundió o se vio desplazado por la bondad. Ser eficiente para la tarea, lo justo y necesario, dejó de ser lo importante, lo prioritario, dando paso a la lealtad, que pasó a ser lo bueno, lo deseable.

Y como dijo el poeta Víctor HugoEs cosa fácil ser bueno, lo difícil es ser justo”. No dudo de la pretensión de justicia que animó siempre la fibra más profunda del Comandante Chávez, y aunque no es nada nueva la idea, cabe recordar que en la idea de igualdad pervive una esencial injusticia, particularmente en una idea como la de igualdad, por lo general mal entendida. “De cada quien según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, reza una divisa clásica del pensamiento socialista en la que podríamos ver, dependiendo del contexto, justicia o bondad. Ahora bien, si yo digo “De cada quien según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, una suerte de variante de la idea anterior, estamos en presencia de una idea que, más que pretender ejecutar una política “bondadosa”, pretende ser justa.

El debate sería interesante y arduo, y más aún en nuestras sociedades caribes de la diversidad cultural, pero bien podríamos decir que el Comandante Chávez fue más bueno que justo, talvez porque eso era lo que dictaba la necesidad, el contexto. Consciente de su finitud y de cosas que solo él y Dios sabrán, Chávez quiso ser generoso y magnánimo hasta el final, enarbolando el amor como principio político. Desde la perspectiva económica, esto se expresó en la profundización del carácter rentista de la economía y de la persistencia de sus nefastos correlatos culturales, principales enemigos de toda sociedad productiva capitalista o socialista.

La situación está allí, en forma de crisis y oportunidad. En tal contexto, creemos que el presidente Maduro ha asumido el desafío, el reto formidable de enseriar un poco la pea rentista y ejecutar políticas orientadas hacia la justicia, hacia el esperar de cada quien según su capacidad y dar a cada uno de acuerdo a sus esfuerzos, con las excepciones de siempre, que siempre las hay y las habrá.

Separar el grano de la paja, comprender los gustos, actitudes, vicios y virtudes de todo un pueblo y cambiar lo que tenga que ser cambiado, conocer y saber interpretar las consecuencias de los nuevos paradigmas emergentes, las ideologías al uso y la necesidad de mantener la Paz; transformar una economía de precios “estructuralespeculativos” en una de precios justos, es una lucha por la justicia que puede calificarse de cualquier cosa menos de fácil.

Se trata de un problema ético-político, de reconocimiento del otro, de valores y de criterio, de madurez política e intelectual pero también emocional. Así, la organización, será una de las claves para el crecimiento, la actividad que permitirá producir más y mejor, justi-preciar, conocer mejor y valorar lo que tenemos.

Seamos buenos, sí, pero seamos justos.

@maurogonzag

viernes, 5 de diciembre de 2014

Zapato 3 mandó a follar a la gente en el Suena Caracas

El Festival Latinoamericano de Música "Suena Caracas"está dejando huella. Para cuando escribo estas lineas, la fiesta musical ha sido disfrutada presencialmente en las plazas y teatros dispuestos para él, por alrededor de 800 mil personas.

Aún quedan tres jornadas de conciertos, por lo que se avizora que para el lunes 8 la cifra superará ampliamente el millón de espectadores, toda vez que bandas como El Gran Combo de Puerto Rico serán las encargadas de cerrar el histórico show, este domingo.

Los amantes del buen rock de siempre, convendrán conmigo en que una de las mejores presentaciones del festival fue la de la agrupación Zapato 3, cuyos temas trazan historias de amores y desamores intensos, depravación sexual, poesía exaltadora de inolvidables experiencias, mujeres vampiras y vitalidad desbordante.

"Ok mi Caracas querida, los quiero ver a todos rugiendo", lanzó Carlos Segura iniciando el toque, bien entrada la noche en la Plaza Diego Ibarra. Llegado el momento de la clásica "Pantaletas negras", el líder de Zapato aprovechó para mandar al público a portarse mal, a practicar la cópula milenaria luego de tan mágica fiesta musical.

Sexo y Rock, una vieja fórmula surgida en los años dorados de la Contracultura, las multitudinarias movilizaciones contra la guerra y la práctica libre del sexo como gesto de solidaridad y afirmación de la Paz y la vida. Nada tan oportuno en nuestras sociedades con tanta gente amargada por ahí; nada como la liberación de las energías físicas y psíquicas reprimidas para que el orgasmo cumpla su importante función, como diría el polémico W. Reich.

También me llamó la atención que finalizaran el toque con una canción como "Hermana", cuyo estribillo reza "mañana me iré, muy lejos de aquí". Pero, suponemos que eso es lo de menos, visto el show en su conjunto.

viernes, 3 de octubre de 2014

Revolución y democracia: ante la señal de lo evidente

Desde que en 2004 los venezolanos nos enteramos que habían detenido a un nutrido grupo de paramilitares colombianos en una finca por El Hatillo, Edo. Miranda, propiedad de un señor vinculado a furibundos sectores contrarrevolucionarios de Miami, se visibilizó claramente cuál sería la nueva estrategia de las derechas nacionales e internacionales coaligadas para aniquilar la Revolución bolivariana.

La renaciente Venezuela dirigida por el Comandante Chávez era una República refundada, con una nueva Constitución, la primera aprobada por el pueblo. La Revolución había derrotado un golpe de Estado cupular en abril de 2002, y casi de inmediato, después que los sectores reaccionarios confundieron la actitud cristiana de Chávez con debilidad, se inició un criminal paro petrolero que, si bien fue impulsado por una minoría meritocrática, las cuantiosas pérdidas que generó fueron para el país entero. La respuesta del pueblo fue ejemplar, el sabotaje petrolero fue también derrotado.

La oligarquía local y sus aliados en los sectores imperialistas del país del norte, pero también en países vecinos, comenzaban a darse cuenta de que el proceso liderado por el Comandante Chávez, que para más señas estaba sirviendo de ejemplo de emancipación pacífica en toda la región, no podría ser derrocado ni con elecciones democráticas ni con golpes de Estado, a la vieja usanza. La legitimidad y el apoyo popular a la nueva fuerza política era avasallante, y los diversos sectores de la reacción oligarca, desconcertados frente al liderazgo arrollador del Comandante, optaron por la anti-política, por las teorías de Gene Sharp, por el fascismo.

En medio del fragor de la lucha política, las guerras mediáticas arreciaron y generaron un clima de crispación que nos llevaron al borde de una guerra civil. El debate entre los sectores progresistas alcanzó niveles extraordinarios de efervescencia. Muchos decían: si esto es una Revolución, hay que expropiar a la banca, a los terratenientes, a la poca burguesía productiva, regular el comercio, nacionalizar el comercio exterior y meter presos a unos cuantos golpistas que andan por ahí realengos y conspirando. Por esos días, Luis Britto García empezó a denunciar la infiltración de paramilitares que habían quedado sin trabajo en el país vecino, como producto del proceso de desmovilización de esos grupos terroristas implementado en ese país.

En un sentido, el discurso denunciaba al golpismo apátrida, en otro, la histeria reaccionaria respondía con acusaciones de dictadura autoritaria. Mientras tanto, nuevas formas de violencia se iban fundiendo con la criminalidad “tradicional” del país. De pronto, el llamado secuestro express apareció en la escena, de forma seguida y sistemática, junto a crímenes horrendos que muchos, si no todos, empezamos a notar como impropios de nuestra sociedad; como prácticas inhumanas y dantescas (adjetivo demasiado elegante para calificarlas) de factura paramilitar. Asesinato de Danilo Anderson, el “fiscal valiente”; valiente porque lo dejaron solo y siguió pa’ lante.

Mientras esto ocurría en la ciudad, en el campo se vivía una nueva guerra federal, y con cada día nos llegaba la noticia de la caída de un nuevo grupo de campesinos o de uno de sus líderes, a manos de grupos armados al servicio de los terratenientes. La cifra que hoy se maneja, nos habla de cientos de campesinos muertos en la lucha por la tierra en medio de una “Revolución pacífica”. A propósito de esta expresión, debemos aclarar que se puede definir así dado que es un proceso de cambio, de emancipación social, que se realiza en democracia y libertad, lo que es decir, respetando las reglas del célebre y ultra mentado Estado burgués; es decir, respetando y defendiendo las instituciones por las que murió un Salvador Allende.

Dice García Márquez en su extraordinaria crónica “Chile, el golpe y los gringos”, que la contradicción más dramática de Salvador Allende fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado. Allende, continua el Gabo, creyó haber resuelto esa contradicción desde la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo, dentro de la legalidad burguesa. Es decir, la tesis de los reformistas Berstein y Kautsky; lo mejor del ideario de la Sociedad Fabiana, que imaginamos alguna influencia tendría en Allende, dada su condición de doctor masón. ¿Cuál fue la lección? El Gabo, dice que Allende comprendió tarde que no se puede cambiar un sistema desde el Gobierno sino desde el poder.

En Venezuela, este 1º de octubre asesinaron en su propia casa al joven diputado revolucionario Robert José Serra y a su compañera María Herrera. Fue con armas “blancas”, perfectamente planificado, en quince minutos, con gran precisión. En 2011 uno de sus guardaespaldas había sido asesinado en circunstancias confusas; en 2012, antes de las elecciones presidenciales, otro de sus guardaespaldas apareció en el monte del Guaraira Repano con un tiro en la nuca. Una realidad sombría, sórdida, se comienza a cernir sobre nuestra tierra de gracia. El ministro Rodríguez Torres, destaca en la mañana del 2 de octubre que la muerte de Serra obedeció a una “macabra encomienda”. El twitter se desparrama. El escritor Hernández Montoya, dice que el hecho constituye un “acto de guerra”.

El país de nuevo está de luto. Algunos aún estamos pasmados, pero al ver como el diputado Serra sacó el pecho frente al tema de la expulsión de Colombia y posterior detención de Lorent Gómez Saleh, quien en uno de sus videos habla sobre el plan de “bajarse a 20 muñecos” en Venezuela, el panorama se aclara tenebrosamente. Por su parte, Ernesto Samper, actual Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, afirma vía twitter, por si quedaban dudas, que el “Asesinato de Serra es una señal de infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela”. Su declaración es confirmatoria de una realidad que esperemos continúe siendo atajada, dada las circunstancias sociopolíticas contemporáneas.
¿Cuáles son esas circunstancias? Allende y las fuerzas de la Unidad Popular estaban en el Gobierno, pero no en el poder. Maduro y las fuerzas chavistas están en el Gobierno y también en el poder, pero luchando contra poderes fácticos como el económico y el mediático nacional e internacional, capaz de movilizar algunas capas medias de la sociedad ―como los estudiantes opositores― e infiltrarlas con grupos entrenados en tácticas de guerra asimétrica y guerrilla urbana. Marchas pacificas infiltradas de violencia asesina, frente a las cuales las fuerzas del orden tuvieron que actuar con la máxima prudencia, esperando muchas veces por una definición más acertada de la coyuntura. En dos platos, el hecho clave de hoy para los Gobiernos progresistas es, no combatir la violencia guarimbera con la llamada violencia legítima del Estado ―tema de los más duros debates―, sino con la promoción permanente de la Paz, apostando por el diálogo, la resistencia, la construcción de consensos, y sin traicionar los principios revolucionarios y el legado del Comandante.

El presidente Maduro, ha adelantado que las investigaciones están bastante avanzadas, que pronto caerán los autores materiales e intelectuales del asesinato de Robert Serra. El pueblo exige justicia, ante la crudeza de la acción de unos criminales que esta vez hasta se ahorraron el trabajo de disfrazar el asesinato con el antifaz del hampa común, como intentaron hacer con Otaiza. Ni la juventud ni el chavismo se desmoralizan. La oposición ha sido emplazada a pronunciarse sobre los hechos. Puede que haya llegado el momento de radicalizar la revolución, apostando siempre por la convivencia y la Paz, el único camino posible.

Publicado hoy en PoderenlaRed.com

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Tienen acaso derechos humanos los niños de Gaza?

Niño palestino asesinado en Gaza
Esta mañana lluviosa del 23 de julio encendí el televisor y como siempre, coloqué TeleSur. Veo el seguimiento que le hacen a la situación en la Franja de Gaza en el programa “Agenda Abierta”, y lo primero que destaca es una realidad que hemos venido constatando cada vez que Estado de Israel emprende acciones terroristas de limpieza étnica contra los palestinos: la impotencia de la ONU y la comunidad internacional para garantizar la vida y la dignidad de los seres humanos, cuando así lo exigen las circunstancias.

“Países piden el cese de los ataques contra Gaza”, “Israel continúa operación terrestre en la Franja de Gaza”, “Evalúan posibilidad de sanciones económicas contra Israel”, son algunos de los titulares que resumen los análisis que se hacen durante el programa a través de distintas voces autorizadas. Esta vez, la operación que emprenden los sionistas se llama “margen protector”, ayer, entre 2008 y 2009, se llamó “plomo fundido”, la cual dejó 1.400 muertos palestinos. Más recientemente, en noviembre de 2012, la invasión se llamó “pilar defensivo”; pero todas tuvieron algo en común: la brutalidad del asesinato de civiles, crímenes de guerra condenados por muchos pueblos y gobiernos del mundo pero que han sido siempre justificados por las potencias occidentales.

En los momentos de mayor brutalidad de la operación “pilar defensivo”, hubo declaraciones tan infelices como las del hijo del ex primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien afirmó que Tel Aviv debía “aplastar toda Gaza” de la misma manera que los Estados Unidos destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima con la bomba atómica, en 1945. El criminal llamado, quedó plasmado en un artículo publicado en The Jerusalem Post, firmado por Gilad Sharon, como un ejemplo paradigmático de las intenciones de la dirigencia sionista frente a los palestinos. No ha habido bomba atómica, pero a Gaza la han venido aplastando de forma continuada, con sanciones, bloqueos y “plomo fundido”.

Hoy, así como en los varios ayeres, la población civil de Gaza parece ser el blanco predilecto de los ataques israelíes, con preferencia por los niños. Así lo indican distintas organizaciones de derechos humanos, las cuales señalaron hoy que los ataques han matado más niños que combatientes. De 630 palestinos muertos que contabilizan funcionarios médicos en Gaza, una cuarta parte han sido menores de 18 años, razón por la que estas organizaciones han definido los ataques como una “guerra contra los niños”. Así como ayer, se hace un llamado al boicot, la desinversión y la sanción. Se retiran embajadores, en muchas capitales del mundo se realizan marchas en solidaridad con Palestina, cunde la indignación.

A pesar de la aparente inutilidad de tales acciones de protesta, en un contexto donde la elite anglo-norteamericana sigue colocándose del lado del sionismo, tratándose de la vida humana conviene que ni los gobiernos ni los pueblos dignos del mundo ―incluyendo al pueblo judío que también condena la brutalidad― no se acostumbren a esta barbarie. En pleno siglo XXI, en plena reconfiguración geopolítica mundial, conviene mantener alzada la voz de protesta frente a una barbarie inconcebible después de un largo siglo XX donde una guerra cada vez más sofisticada dejó saldos trágicos sin precedentes en la historia de la humanidad.

La llamada “conquista de Sión” parece ser ―ha sido― un proceso que no tiene prisa pero que no se detiene. Todo nos lleva a preguntarnos ¿Dónde quedan los derechos humanos de las mujeres y los niños palestinos? ¿Para quién son estos derechos? ¿Qué son realmente los derechos humanos? Una respuesta “heterodoxa” la ofrece el venezolano Gregorio Pérez Almeida:

“… debemos concluir que los derechos humanos son un producto histórico y de naturaleza clasista, son una creación humana surgida al fragor de la lucha de clases y que, como expresión de la ideología liberal triunfante desde la Revolución francesa, han servido de amalgama para construir la hegemonía política y cultural de la burguesía en el sistema-mundo capitalista
.”

Así, se comienza a comprender por qué no se producen acciones contundentes de parte de la “comunidad internacional” que hagan respetar los derechos humanos en Palestina, y se comprende asimismo por qué durante las guarimbas criminales en Venezuela la potencia del norte expresó su preocupación por los derechos humanos en nuestro país como forma de injerencismo.

El tema merece su propio espacio, por ahora, los pueblos del mundo exigen el fin del asesinato indiscriminado de palestinos, quienes, como todo pueblo, tienen derecho a la vida.

*Director de PoderenlaRed.com
@maurogonzag

viernes, 9 de mayo de 2014

Que vaina con este país ¿Usted entiende? Yo no entiendo

He llegado a pensar que la hegemonía del capitalismo, sin duda desafiada por el proceso bolivariano, se basa en condicionamientos bien anclados en lo que podríamos llamar inconsciente colectivo. En una mentalidad de escasez ―que, si haber vamos, es uno de los principios de la economía clásica― que es alimentada por una visión negativa hasta el fatalismo, de la realidad. Al parecer, existe en nuestra estructura social una ideología nefasta producto del fementido rentismo petrolero, que lleva a mucha gente a sentirse esclava y pobre en medio de una abundancia que muchos países quisieran disfrutar.

Si en medio de la Paz, mucha gente vivía presa del miedo y de la sensación de inseguridad, repitiendo y hasta vociferando lo que muchos medios privados reflejaban como país, uno puede imaginar el barranco emocional en el que muchos se encontrarán después de casi tres meses de candela, irracionalidad, violencia y muerte en algunos municipios del país; después de una serie de acciones vandálicas que se sumaron a la evidente manipulación de la cadena de distribución de alimentos y bienes básicos que, en un plan que se ha venido puliendo a través de años de conspiración, aplicó la burguesía como quien toca uno de los botones rojos de su tablero de poder para destruir la Paz e intentar desestabilizar un país que siempre ha sido una tierra de gracia.

Hace pocos días, volví a constatar esta lamentable “realidad psicológica” en un supermercado ubicado en una urbanización de clase media donde también hubo guarimba y donde todavía hay “compras nerviosas”. Como lo hecho otras veces, tomé dos o tres cosas de las que se pueden comprar ahí ―dice uno― y me ubiqué en una de las colas donde despachan hasta diez artículos. Delante de mí, una mujer de mediana edad, baja estatura y lolas operadas, tenía su cesta con 4 cosas que terminaron siendo como veinte luego de varias idas y venidas para buscar cosas de última hora, productos que había que llevárselos solo porque estaban ahí.

La señora, me decía ya vengo que olvidé algo y una cosa llevó a la otra y se armó una conversación entre ella y otra señora que tenía tras de mí. “Hay que calarse las colas, que le vamos a hacer”, “Uno nunca sabe lo que puede pasar”, “¿En cuánto están vendiendo la harina pan?”, eran las frases al uso y en cuanto hubo chance el intercambio se deslizó hacia la inseguridad que estaban experimentando sus hijos de igual edad en la universidad. Uno estudiaba en la Simón Bolívar, el otro en la UCV. Ambos, una chama y un chamo, habían decidido abandonar sus casas de estudio para probar suerte en el exterior.

¿Cuál era la razón? La inseguridad. Se habló se ocho robos en una semana en una de las facultades de la Central, de intentos de violación, que si no sé quien me dijo, que esto no mejorará, que así no se puede vivir en este país. Una de las mujeres, luego del elegante derroche de fatalismo terminaba sus frases sobre la economía y la inseguridad, los dos temas dominantes, con un “¿Usted entiende? Yo no entiendo”, donde el “¿Usted entiende?” es un yo sé que ni usted ni yo entendemos lo que está pasando, ni lo queremos entender, simplemente no lo aceptamos porque en fin, esto es culpa del Gobierno. “Mi hija está averiguando para estudiar afuera pero eso son 8 mil dólares mensuales y hay que verle la cara a eso”, decía la más locuaz. Porque además, estudiar afuera significaba para ella, noté, estudiar en EEUU una “carrera paga en una universidad paga”, como dijo cierto filósofo.

El “¿Usted entiende? Yo no entiendo” seguía saliendo como un mantra, y al fin pude comprender que cuando alguien ha vivido siempre sumergido en la ideología ―entiéndase, en la falsa conciencia, adorando los ídola― estructurado por las instituciones de la “sociedad civil”, haciendo lo que “Dios manda”,  tratando de imitar estilos de vida foráneos y, lo más delicado, sin haber intentado nunca comprender por qué llegó o, mejor, por qué tuvo que llegar al poder una figura como el Comandante Hugo Chávez para cambiar este país, se convierte en la masa impensante estratégica que necesitan aquellos que, de acuerdo a la coyuntura nacional e internacional, tocan las teclas de la distorsión económica hasta darle el carácter directo de guerra.
Porque, cuántas veces no escuchamos a la “gente decente” preguntarse cómo había llegado al poder en Venezuela alguien como Chávez. El psiquiatra Heriberto González diría que tienen anulado el cerebro racional, diagnóstico que coincide con el “¿Usted entiende? Yo no entiendo” como síntoma del aludido estado “reptiliano”.

Es el clásico de aquel que no da razones ni quiere tener razón, el que no quiere entender y que, por esa vía, ante el libro saca la pistola. Con todo, creo que el camino no es la burla ni la lástima ni la condena, y sí la Fe y el trabajo sensible por elevar la conciencia de toda la sociedad. Entre el pulso por la vida, las aspiraciones y deseos de la gente, y el “Yo no sé, yo no entiendo”, hay un gran muro ideológico que hay que derribar. Un buen comienzo para estas personas sería, sin duda, querer entender.

@maurogonzag

miércoles, 16 de abril de 2014

Cuatro tablas y una Lírica por la Patria

Teatro de calle en la Plaza Diego Ibarra
El inicio de la nueva edición del Festival de Teatro de Caracas coincidió con la conmemoración del nefasto golpe de Estado de 2002, y se perfila como una fiesta dramática que expresará la nueva vitalidad de la Caracas cultural, vibrante, recuperada y libre de fascismo.

Desde tempranas horas de la tarde, la ciudad teatro erigida en medio de la plaza Diego Ibarra fue ocupada por la familia caraqueña. Muchos niños y muchos jóvenes hablando, riendo y corriendo. Señores y señoras sentadas alrededor de la fuente, donde la leve sombra le bajaba dos al calor abrazador del generoso astro. La obra de César Rengifo esperaba al público desde la carpa de la editorial Fundarte, donde también se exhibían títulos como El realismo crítico o Teatro completo.

Detrás de los anaqueles de libros, sentada, una señora hojeaba un libro verde como quien abre un paquete con un imperioso almuerzo. Su gran cartera, y otro ejemplar más grande y chato encima, fungían de improvisada mesa. A su lado, un señor moreno, con un afro blanqueado por los años, con más apariencia de actor que de lector, veía fijamente el ojo de la cámara mientras captaba las portadas. Piezas dispersas, piezas teatrales, identidad cultural, democracia cultural.

El naranja predominante de la tarima recreaba los clásicos balcones del teatro, en un tono similar al naranja vivo del Teatro Nacional, donde una cuadra más abajo, detrás del escenario dispuesto para el teatro de calle, asistiríamos a la representación de Lírica, una obra que desde ya nos permitimos recomendar por su poderoso mensaje de esperanza, por su invitación directa y desesperada al diálogo, por su advertencia ante la posibilidad de la injusta perpetuación del odio y la entronización de la muerte.

Después de comer dos pastelitos sin sabor, ver los esfuerzos de un gato por copular con su hembra y divisar a una mujer gritar agresivamente al aire en increpaciones dirigidas a una rival o algo así, me dirigí con mi amiga hacia la entrada del teatro, cuya ubicación era algo así como el final ―o el principio― de un corredor o eje histórico que comenzaba en el mausoleo a El Libertador o en la Biblioteca Nacional. El azar nos situó en una esquina de la fila M, en un balcón lateral donde la visión quedaba entorpecida por el ángulo y una inveterada ―aunque muy bien restaurada― columna. El inicio fue puntual, y en el patio fueron varias las butacas que quedaron vacías, incluyendo algunas en la primera fila, donde divisé al maestro Chalbaud.

Dos mujeres iniciaron un diálogo sobre un niño, sobre dos niños, sobre una situación circunstancial de esas insólitas que ocurren en la “vida real” y que son el numen del arte. Ellos estudian en la misma escuela y en el mismo salón, son los mejores amigos pero una situación los preocupa y esa preocupación es un hermoso signo de la pureza de su amistad. El padre de uno ha matado al padre del otro, y el victimario está preso. Entre las madres de los niños, la una viuda y la otra prácticamente también, se despierta un odio mecánico que va creciendo a lo largo de la obra, moderado por momentos por la directora del colegio donde estudian los niños, una maestra que ama su trabajo y que representa el compromiso, la razón, el trabajo y la reconciliación.

No es mucho lo que las madres saben del mundo poético en el que están inmersos sus hijos en el mundo de la escuela. Lennon y David tienen tanto en común que ambos están enamorados de la misma niña, Franchesca. Ella, es otra celebración de su amistad, un amor puro y platónico que ha logrado sacar hermosos versos de los niños, palabras que lograrán conmover profundamente a las madres. La relación de los dos niños es mágica, es una Lírica con la que se protegen de los infortunios y carestías de la vida, de las incomprensibles rutinas y desgracias de sus padres.

La brutalidad del odio, las condiciones de su surgimiento, los prejuicios que lo alimentan y la poca voluntad para cobrar conciencia de su enseñoreamiento, son aleccionadores. Más aún, la esperanza que representan las nuevas generaciones y el imperativo humano de no trasladarles, irresponsablemente, ese odio. Los aplausos fueron resonantes.

Subimos por el corredor y de nuevo nos encontramos en la plaza, ya de noche. Mucha más gente, comidas y bebidas, pero sobre todo, Paz. Una paz por la que hay que luchar, una paz que hay que imponer, una paz que se trabaja, una paz que no es precisamente el camino fácil porque lo fácil es el odio.

Entretanto, mi amiga me hablaba de un caso. Las relaciones son complicadas, tenía sentimientos encontrados. Estaba haciendo un esfuerzo sin igual, sin precedentes, para no sentir rencor hacia su ex pareja. Ella, puedo decir, se había especializado en odiar. Pero era el momento de cambiar, de crecer, de aprender a amar; era el momento de la paz.

Publicado en PoderenlaRed.com el 14 de abril