Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

domingo, 14 de julio de 2013

Horacio Cartes es producto del golpismo, pero no reconoce a Venezuela en Mercosur

Horacio cartes
El presidente electo de Paraguay, Horacio Cartes, rechazó el reingreso de su país al Mercosur por considerar ilegítima la presidencia de Venezuela dentro del bloque regional, reportó este viernes el canal TeleSur.

De entrada, digamos que salta a la vista que el menos indicado para hablar de legitimidad es el empresario Cartes, un mandatario que si bien llegó a la presidencia producto de unas elecciones, estas se dan luego de un golpe de Estado “constitucional” contra un presidente legítimamente electo por la mayoría de los paraguayos y de una “transición” en la que el poder fue asumido por el vicepresidente Federico Franco.

El empresario Cartes, expresó en un comunicado oficial que “Las características jurídicas del ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur, en julio de 2012, no han sido subsanadas conforme a las normas legales”. Según Cartes, “El transcurso del tiempo o decisiones políticas posteriores no restablecen, por sí, el imperio del derecho”.

Un discurso evidentemente legalista, que fue capaz de justificar la destitución de un presidente que ostentaba la legitimidad y la autoridad que le otorgaba el hecho de haber sido electo democráticamente por la mayoría de los paraguayos, como lo fue Fernando Lugo, un hecho político incuestionable, sobre el cual no puede imponerse ningún “imperio del derecho”. Así, de haber algo que impere aquí, en todo caso es la soberanía popular.

Recordemos, que la República del Paraguay fue expulsada del bloque regional luego de que se perpetrara un golpe de Estado “constitucional” contra el presidente legítimamente elegido por los paraguayos, Fernando Lugo, el cual fue destituido de la presidencia de su país luego de que se le aplicara un juicio político sumario, en el cual se recurrió a los más absurdos y arbitrarios legalismos, y donde prácticamente no se le dio oportunidad de defenderse.

De tal manera, el actual presidente del Paraguay, el empresario Horacio Cartes, es producto de un hecho ilegítimo ―indirectamente― ejecutado por los factores más reaccionarios del Congreso de ese país, parlamento mafioso que por cierto trató de extorsionar a Venezuela en su interés de ingresar al Mercosur, dada la necesidad de su voto para completar su ingreso al bloque.

Hoy por hoy, se sabe que el Congreso paraguayo constituye un enclave conservador dentro del conjunto de países progresistas de distinto signo que conforman el Mercosur, y que el “transcurso del tiempo” ni ninguna decisión política ha hecho que los latinoamericanos olvidemos que el Paraguay tuvo hace poco más de un año un presidente, Fernando Lugo, que fue derrocado elegantemente por los representantes de los latifundistas de ese país, por cierto vinculados con transnacionales como Monsanto.

Publicado el 13 de julio en PoderenlaRed.com

viernes, 12 de julio de 2013

Edward Snowden: breve biografía del bachiller que saltó la talanquera del imperio


Edward Snowden, el joven informático actualmente centro de la atención mundial, nació en Elizabeth City, Carolina del Norte (EEUU). Su padre, residente en Pensilvania, fue un oficial de la Guardia Costera de Estados Unidos. Su madre, Wendy, residente de Baltimore, es una empleada del Tribunal Federal de Distrito para el Distrito de Maryland. Snowden tiene además una hermana mayor que es abogada.

Luego de la revelación de Snowden sobre los planes de espionaje masivo que adelanta la dirigencia político-militar estadounidense, su padre declaró a ABC que estaba preocupado por su hijo y las consecuencias que le podrían traer sus acciones, mientras que su madre ha preferido mantener el silencio frente a la prensa.

En 1999, se mudó con su familia a Ellicott City, Maryland, donde estudió computación en el Anne Arundel Community College con el fin de conseguir los créditos necesarios para obtener la certificación GED (General Educational Development Test), la cual se otorga a todos aquellos que por diversas razones no alcanzaron a terminar la preparatoria. De tal manera, la GED es una especie de equivalente al diploma del que en Venezuela se conoce como bachillerato.

Siguiendo el reporte de The Guardian, Snowden se unió al ejército en 2003, motivado por servir a su país en las Fuerzas Especiales, dado que “Quería luchar en la guerra de Irak porque sentía que tenía una obligación como ser humano para ayudar a liberar personas de la opresión”, llegó a decir. Sin embargo, el 28 de septiembre de 2004, Snowden se fracturó ambas piernas durante un entrenamiento, tras lo cual fue dado de baja.

No obstante, en medio de los entrenamientos, antes de romperse las piernas, Snowden se desengañó sobre los objetivos reales detrás de la conflagración con Irak, una guerra por petróleo que fue justificada, recordemos, por la supuesta posesión por parte de Saddam Hussein de “armas de destrucción masiva”. Snowden comprobaría que "La mayoría de las personas en entrenamiento estaban muy emocionados en matar árabes, no en ayudar”.

Durante los últimos cuatro años, trabajó como guardia de seguridad en la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) como empleado de empresas contratistas, incluyendo Booz Allen y Dell, desde la que tuvo acceso a información secreta y desde donde filtraría los oscuros planes de espionaje de la agencia, perteneciente por cierto al conocido Complejo Militar-Industrial. En este período, Snowden estuvo trabajando en las instalaciones de una base militar estadounidense en Japón.

Snowden también fue agente de la CIA, la terriblemente célebre agencia de inteligencia estadounidense, lo cual da una idea de la información que maneja el ex agente y del por qué este tuvo que pedir asilo político luego de hacer sus revelaciones. Fue en 2007 cuando la CIA lo destinó a Ginebra, Suiza, como agente con protección diplomática. Esta colaboración duraría hasta 2009, cuando pasa a trabajar con la NSA.

En mayo de 2013, antes de abandonar Estados Unidos, llevaba poco menos de tres meses trabajando para la mencionada contratista de defensa Booz Allen Hamilton, como administrador de sistemas, en Hawái. Según The Guardian, Snowden llevaba “una vida muy cómoda”, devengando un salario de 200 mil dólares, acompañado por una novia con la que vivía y con una carrera estable. Todo duraría hasta que Snowden decidió hacer la revelación.

Desengañado desde la época en que se rompió las piernas en medio de los entrenamientos para combatir en Irak, su responsabilidad en el mantenimiento de las redes de computadoras significó que tuvo acceso a documentos clasificados. Si a esto le sumamos los tres años que estuvo en la CIA, nos damos cuenta que la historia de Snowden no se diferencia mucho de la de muchos soldados y veteranos de guerra estadounidenses que se han convertido en férreos luchadores sociales, luego de haber conocido al monstruo por dentro.

“De verdad me quiero enfocar en estos documentos y en el debate que espero gatille entre los ciudadanos alrededor del mundo acerca de en qué mundo vivimos", afirmó Snowden. "Mi único motivo es informar al público acerca de lo que se ha hecho en su nombre y en contra de ellos", precisó el más famoso salta talanquera imperial de los últimos tiempos.

“Estoy dispuesto a sacrificar todo eso porque no puedo tener una buena conciencia si permito que el gobierno de Estados Unidos destruya nuestra privacidad, la libertad en Internet y las libertades básicas para las personas alrededor del mundo con la gran máquina de vigilancia que están construyendo en secreto", dijo Snowden al diario británico.

Tendencias anti bélicas y defensor de la privacidad

La agencia Efe lo describe como un partidario del anti intervencionismo del Estado, postura que demostró con las donaciones que hizo a la campaña del precandidato a la presidencia por el partido Republicano, Ron Paul, conocido por su antibelicismo y su condición de libertario. 

The Guardian, describe a Snowden como alguien apasionado por la privacidad. Su laptop está adornada con calcomanías de organizaciones que apoyan la libertad en internet, como la Electronic Frontier Foundation (EFF) y el proyecto Tor. Es así, como Snowden dejó pocos rastros de sí mismo en el entorno virtual; “mínimos detalles sobre su familia” y no dejó nuevas fotografías, o actualizaciones de Facebook o Twitter “si es que tenía una cuenta”, y ninguna relación con compañeros de la escuela secundaria.

Según informes, Snowden presuntamente tiene un profundo interés en la cultura popular japonesa, y estudió el idioma japonés.  Otras fuentes que posee conocimientos básicos de chino mandarín y que le interesan las artes marciales. Otros informes señalan que en una ocasión afirmó que su religión es el budismo. No obstante, antes del destape de la olla, Snowden estuvo en Hong Kong de vacaciones con su novia.
Snowden, explicó que no se arrepiente de haber filtrado la información clasificada "alto secreto" y cree que las filtraciones han hecho que los estadounidenses ahora entiendan "que tienen el poder de decidir por ellos mismo si están dispuestos a ceder su privacidad a un estado de vigilancia constante".

Una de las repercusiones que ha tenido la revelación de este plan secreto de vigilancia masiva en la Red, fue el incremento vertiginoso de las ventas de la famosa novela 1984, de George Orwell, obra maestra de ficción que plantea una crítica a los sistemas totalitarios de control, anticipando la posible configuración de sistemas sociales donde la tecnología es empleada para la manipulación y el control total de la naturaleza y el ser humano. 

Esa es la historia vertiginosa de Edward Snowden, el joven informático que se paseó por los meandros del Complejo Militar Industrial, hurgando de tal manera en su ADN informático, que no pudo evitar tomar la decisión de denunciar los planes para socavar elementales derechos civiles que constaron cientos de años de luchas a la humanidad. 

Lo último que supo el mundo sobre el destino del personaje que fue la excusa para que algunos países europeos, siguiendo los dictados de EEUU, pusieran en peligro la vida del presidente boliviano Evo Morales, fue su solicitud de "asilo temporal" a Rusia, en vista de la imposibilidad de que viaje a América Latina, donde varios países, incluyendo Venezuela, le han ofrecido asilo humanitario.

Una historia en pleno desarrollo, la historia del bachiller que saltó la talanquera del imperio.

Publicado hace unos días en PoderenlaRed.com
 

miércoles, 26 de junio de 2013

“Los países poderosos buscan controlar todas las publicaciones y, al mismo tiempo, masificar la información”

Julián Assange
24 Jun. PoderenlaRed.com.- La afirmación la hace Julián Assange, el mundialmente famoso fundador del colectivo de hacktivistas Wikileaks, quien el pasado 19 de junio cumplió un año como refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, esperando le sea otorgado el salvoconducto para que pueda abandonar la sede y así hacer efectivo su asilo político en el país suramericano.

En la frase completa, Assange dice: “Los países poderosos buscan controlar todas las publicaciones y, al mismo tiempo, masificar la información con el objetivo de ahogar la verdad en un enorme flujo de propaganda y de distorsiones”, con lo cual plantea una realidad digna de ser estudiada por los actuales comunicadores alternativos y guerrilleros semiológicos.

Que los países poderosos busquen controlar de alguna manera todas las publicaciones no puede sorprendernos, en un mundo donde el centro metropolitano hoy en declive, esgrimió desde los primeros días de su dominio mundial tres armas fundamentales conocidas por todos: el dinero, las armas y la palabra, atravesadas las tres por una técnica cada vez más sofisticada y hoy ramificadas en un conglomerado nunca visto en la historia de la humanidad.

Ahora, el planteamiento de que los potentados pretendan ahogar la verdad “en un enorme flujo de propaganda y distorsiones”, no sugiere otra cosa que el problema mediático central de nuestra contemporaneidad: la desinformación por exceso, por bombardeo, por la inmediatez vertiginosa de la información producida y difundida en tiempo real. Pero también, alude Assange la influencia de la propaganda y su confusión con la información en el flujo interminable de interpretaciones y contrainterpretaciones de la realidad.

Entonces, la lucha actual de los medios comunitarios y alternativos, y de todos aquellos que entienden la política como una actividad para la liberación es, a nivel global, evitar el ahogo a la verdad.

Publicado el 24 de junio en PoderenlaRed.com

miércoles, 19 de junio de 2013

Edward Snowden, el ex agente de la CIA que reveló los planes del Big Brother

Edward Snowden, el ex empleado de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), quien reveló el programa secreto de vigilancia en la Red que impulsa Estados Unidos, prometió nuevas revelaciones sobre dicho plan, al tiempo que expresó su determinación de permanecer en Hong Kong.

Este nuevo filtrador de información considerada clasificada para los funcionarios de inteligencia estadounidenses, declaró al diario South China Morning Post, que él no era “ni traidor ni héroe”. “Soy un estadounidense”, sentenció.

“No estoy aquí para esconderme de la justicia sino que estoy aquí para revelar la criminalidad”, agregó el joven de 29 años.

“Mi intención es pedir a los tribunales y al pueblo de Hong Kong que decidan mi destino. No tengo ninguna razón para dudar de su sistema”, señaló Snowden, dando a entender que hay un sistema que le inspira serias dudas: el estadounidense.

De acuerdo al mismo diario, este valiente ex agente de la CIA está decidido a revelar “otros explosivos detalles” sobre los blancos de los programas de vigilancia estadounidenses.

Entretanto, Jay Carney, portavoz de la Casa Blanca, declaró que el Departamento de Estado está llevando a cabo una investigación sobre la filtración que da cuenta del espionaje masivo llevado a cabo por la administración del país, aunque no precisó si pedirán la extradición de Snowden a EEUU.

Hace una semana, se reveló que había sido Snowden, contratista de la firma Booz Allen y ex empleado de la CIA y de la NSA, quien había entregado a los importantes diarios The Guardian y The Washington Post, varios documentos que prueban el acceso de las autoridades a registros telefónicos de millones de personas en EEUU. Además, confirmó la existencia de un programa secreto llamado PRISM, mediante el cual la NSA vigila los datos de los usuarios de gigantes informáticos como Microsoft, Google, Facebook y Apple.

Recomiendan a Snowden asilarse en América Latina

Entretanto, el fundador de Wikileaks, Julián Assange, responsable de la mayor filtración de cables diplomáticos de la historia moderna, y quien se podría calificar como el “colega filtrador más cercano” de Snowden, recomendó a este el asilo en América Latina.

“Le recomendaría muchísimo que se fuera a América Latina”, afirmó el famoso hacker en una entrevista concedida la noche del lunes a la cadena estadounidense CNN. De acuerdo a los últimos reportes, Snowden se fue de vacaciones a Hong Kong hace tres semanas, aunque ahora se desconozca su paradero dado que el pasado 10 de junio abandonó el hotel donde se hospedaba.

Assange, quien lleva casi un año refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, ante un inconsistente y sinuoso pedido de extradición de Suecia por supuestos abusos sexuales, dejó claro que “Latinoamérica ha mostrado en los últimos diez años que está avanzando en lo que respecta a los derechos humanos. Hay una larga tradición de asilo”. Algunos analistas no albergan duda de que Snowden, donde quiera que se encuentre, está considerando la opción.

Snowden al “Ministerio del amor”

Una de las repercusiones que tuvo la revelación de este plan secreto de vigilancia masiva en la Red, fue el incremento vertiginoso de las ventas de la famosa novela 1984, de George Orwell, obra maestra de ficción que plantea una crítica a los sistemas totalitarios de control, anticipando la posible configuración de sistemas sociales donde la tecnología es empleada para la manipulación y el control total de la naturaleza y el ser humano.

Tal como reporta Verónica Díaz Hung, en Amazon, una de las principales webs de venta online de libros, el pasado martes se registró el mayor incremento de ventas de las últimas 24 horas, cuando sus ventas crecieron un 7,05%.

No por casualidad, muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo plasmado en 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se dio en llamar “sociedad orwelliana”. “El término orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela”, puede leerse en la enciclopedia digital Wikipedia.

En la novela, el “ojo que todo lo ve” es representado por un oscuro personaje que se hace llamar “El Gran Hermano”, una especie de jefe supremo de la sociedad totalitaria que, aparte de lealtad, exige el “amor” de cada ciudadano. Quien es descubierto oponiéndose al sistema, como es el caso de Winston, protagonista de la obra, es recluido de inmediato en los incoloros y degenerados salones del ministerio del amor, donde un “funcionario”, por medio de las más crueles torturas físicas y psicológicas, se encarga de hacer que el rebelde logre “amar” al Big Brother.

El mundo, y particularmente los estadounidenses críticos y conscientes, celebran el coraje demostrado por este nuevo “héroe filtrador”. Latinoamérica, que también lo agradece, podría convertirse en el refugio de este nuevo informador que, de no protegerse bien, puede terminar en los salones perversos del “Ministerio del amor”.

@maurogonzag
amauryalejandrogv@gmail.com

* Publicado el 12 de junio en PoderenlaRed.com

lunes, 10 de junio de 2013

Es la conciencia, estúpido


Si hay una idea que está clara entre los sectores progresistas y revolucionarios que han apoyado la Revolución bolivariana con el corazón, pero también con la cabeza, es que la construcción del socialismo depende de dos cosas fundamentales: producir de otro modo y pensar-sentir de otro modo. Se trata de inventar, impulsar, desarrollar, otros modos. Ahora bien, cambiar nuestra manera de pensar y de sentir y cambiar nuestro modo de producir, encierran más luchas de las que podrían pensarse.

En los últimos meses, la población venezolana ha tenido que enfrentar una brutal ola inflacionaria desatada luego de la adopción del nuevo régimen cambiario ―pero también antes de este―, ola que tiene mucho de especulación pura y dura; una especulación que, por cierto, tiene mucho de guerra económica. Distintas declaraciones oficiales han dado cuenta del “clima de negociación” imperante, dado que la idea dominante en el discurso no es la fiscalización, la contraloría, la dura sanción contra el especulador o, menos aún, el boicot. Al contrario, el discurso se ha orientado a destacar la necesidad de potenciar la producción nacional como vía elemental para la superación definitiva de los consuetudinarios efectos del rentismo petrolero en la economía.

“Importamos porque no producimos, no producimos porque importamos”, se ha dicho. Somos un país petrolero y los ingresos por concepto de renta petrolera son ingentes. Además, estos pueden eventualmente desbordar las arcas del Estado dado un repunte vertiginoso de los precios del hidrocarburo. Tenemos una gran capacidad de compra. Venezuela se puede dar el lujo, a parte que resulta cómodo, de repartir peces sin enseñar a pescar. Vendemos la materia prima, importamos manufacturas y parte importante de la comida. Un tema viejo, pero sin embargo siempre nuevo. Un asunto estructural, pero que nos sigue metiendo en difíciles coyunturas.

En su Grano de Maíz del 7 de junio, Antonio Aponte recuerda que uno de los desafíos que históricamente han tenido que enfrentar las revoluciones modernas, ha sido el de “cómo aumentar la producción sin entregarse en las manos de la cultura capitalista”. El autor, plantea que los distintos modos de producción que han existido en la historia han tenido varios elementos comunes: en ellos ha permanecido el egoísmo, la división de la sociedad en clases y la consiguiente fragmentación social. En este sentido, la revolución burguesa, como lo dijo Marx, habría abolido la propiedad feudal en provecho de la propiedad burguesa, pero conservando el egoísmo, “la cultura de la monarquía”. “La esclavitud fue abolida en lo económico, pero su esencia cultural todavía campea”, dice Aponte.

Sobre esta reflexión, nos gustaría hacer algunos matices. El paso del feudalismo al capitalismo fue un proceso altamente revolucionario, aunque a lo “revolucionario” en este caso haya que despojarlo de toda idea de humanismo o justicia social, toda vez que los cambios, tanto tecnológicos como materiales, privilegiaron a pequeños grupos que terminaron imponiéndose sobre otros, y favorecieron la idea del individuo como fundamento del orden y la razón en el mundo, el nuevo mundo, el universo liberal-burgués, europeo, moderno. Los fundamentos del status social se modificaron, pero la idea de status se mantuvo. Dice el historiador Boring que, en el contexto de la edad media, el noble era poseedor de tierras por derecho divino, mientras que en la naciente sociedad burguesa la tierra y los títulos podían ser comprados por alguien de “sangre impura”. Este era el empresario, el comerciante, el naciente hombre burgués.

De tal manera, hablando ya desde esta tierra, conviene recordar que ésta fue, en el contexto de la transición feudalismo-capitalismo, territorio de lo colonial, de lo bárbaro-subalterno. Que nuestros jóvenes países latinoamericanos, ex colonias de España y Portugal y disputadas sucesivamente por diversas potencias hegemónicas, a principios del siglo XIX superaron el colonialismo como dominación político-administrativa por parte de una potencia extranjera, pero no superaron la denominada colonialidad, referida esta a la racionalidad, la manera de ver y entender el mundo. En tal sentido, hablando desde el sur, tenemos pendiente la consolidación de nuestra independencia, en un sentido integral, epistémico, mental, cultural.
Desde la perspectiva de la Teoría Bolivariana de la Historia, luego de haber superado el principio monárquico (No superado en algunos países de Europa) y el principio señorial, nos quedaría aún superar el principio cristiano (Cristiandad mas no cristianismo) y el principio racional, precisamente el principio que más nos vincula con la tradición europea.

Desde otras tradiciones de pensamiento crítico, estaríamos hablando del Patrón Colonial de Poder del que habló Aníbal Quijano o del monstruo de múltiples cabezas del que habla Ramón Grosfoguel, como sistema de jerarquías (Heterarquías) impuesto en nuestras tierras hace 500 años.

Así las cosas, una transición al socialismo como modo de organización social donde se piensa (o se inpiensa) de otro modo y se produce de otro modo, necesita de un cambio radical de la conciencia. En este punto, estamos completamente de acuerdo con Aponte. Esto nos lleva, de nuevo, al tema de las instituciones o instancias desde las que el sistema logra hacerse hegemónico. Es imprescindible superar el egoísmo, de acuerdo. Pero más urgente y necesario es superar ese conjunto de mitos modernos que cierta izquierda asume, todavía hoy, con eufórico optimismo decimonónico. Uno de ellos: la idea de progreso, una palabra entre muchas que integra el lenguaje impuesto que comenzaron a sufrir nuestras sociedades hace siglos. Entiéndase por lenguaje impuesto, ideología, falsa consciencia.

Solo la Fe ciega en ese progreso, en ese particular desarrollo, pudo hace creer a los rusos que era posible la revolución en un solo país y con las armas melladas del capitalismo, con la mercancía y el valor de cambio, con la idea fija de construir “algo superior” a la sociedad occidental.

Ahora bien, un párrafo del artículo mencionado resulta muy interesante. Dice Aponte:

“Pero hay más, las Revoluciones han ocurrido en sociedades de poco desarrollo de las fuerzas productivas, quizá porque es allí donde están poco desarrollados los medios de manipulación de la sociedad, entonces el reto de elevar las fuerzas productivas se hace central para la revolución”.

De entrada, la tesis de que las revoluciones rusa, china y cubana, se pudieron hacer debido al poco desarrollo en esas sociedades de las fuerzas productivas, lo cual es hablar de sociedades con poco desarrollo de aparato mediático, no deja de ser interesante. Ahora, por una parte, conviene acotar que los espacios y tiempos históricos de estos procesos son distintos. Y de otro lado y aún más importante, si está planteada una correspondencia entre industrialización y desarrollo cultural mediático, siendo este una expresión de aquella, no se comprende como una elevación de las fuerzas productivas puede ser central para la revolución, toda vez que esta se traduciría en mayor desarrollo y, por tanto, en mayor influencia de la mediática, si es que partimos de que la revoluciones son más probables en sociedades con débil desarrollo mediático.

De todo el planteamiento de Aponte, nos quedamos con este último. Pero, después de todo, ¿Cómo se soluciona el dilema de las fuerzas productivas en la revolución? Para este autor la clave está en la Revolución cubana y en el Che Guevara. Todos sabemos que el Che fue un duro crítico de la vía que había tomado la Unión Soviética; todos recordamos su agudeza, su capacidad prospectiva, su particular línea antiimperialista en todo sentido. Recordemos las razones por las que Walsh y Masseti salen de Prensa Latina. Recordemos críticas del Che a la NEP (Nueva política económica); no olvidemos la brega de Guevara por el advenimiento del hombre nuevo. Sí, ahí, ciertamente, puede haber una clave.

Esta clave, tendría que ver con una nueva Fe. No una Fe en el progreso, en el desarrollo imparable de las fuerzas productivas, y sí en la voluntad del hombre y la mujer, en su capacidad, en su conciencia, su ética revolucionaria. Aponte cita el principio que guiaría la revolución dirigida por Fidel y al Che: “lo principal es la conciencia, crear riqueza a partir de la conciencia y no conciencia a partir de la riqueza”.
No obstante, pensamos que si la clave está en la Revolución cubana, lo está por una razón de fuerza que Aponte solo sugiere en su texto. La Cuba revolucionaria es un ejemplo, un “fenómeno que debemos estudiar”, porque ha combatido por décadas el cerco imperial y porque resistió estoicamente el desmoronamiento del bloque soviético. En ese sentido, el desarrollo de la conciencia del militante cubano, el temple y la ética de los cuadros cubanos, ha estado en relación directa con los formidables y permanentes desafíos que ha tenido que confrontar.

El tema da para mucho y mucho habría que reflexionar y discutir. Alvin Lezama, a partir del artículo de Aponte, nos deja esta importante reflexión:

“Debemos saber con claridad quienes somos, no es suficiente con quienes creemos ser, este será una parto doloroso, tenemos virtudes y defectos, potencialidades y taras, todas deben aflorar, es como una gran psicoterapia nacional, poco a poco, pero que nos permita hacer conscientes esos mensajes brujos que se sembraron en la colonia -y que se repiten hoy en chistes, en cuentos, en canciones, en expresiones populares-, que impuso su hegemonía y borró todas las raíces”.

Otra vez el patrón colonial, los principios de dominación, el lenguaje impuesto, taras que, como afirma Lezama, son como mensajes maléficos que están sembrados desde la época colonial y que han permanecido, en sus versiones más tradicionales o en las más sofisticadas, en nuestro sistema de creencias a través de chistes, canciones, cuentos y expresiones populares, es decir, a través de los aspectos ideológicos de la cultura.

Volviendo a Cuba, al tema mass mediático y a la relación entre este y el grado o tipo de conciencia que una sociedad puede eventualmente alcanzar, hagámonos las siguientes preguntas:

¿Sería bizarro pensar que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba, fue determinante para el desarrollo educativo y la ética revolucionaria de los cubanos?

¿Trajo este bloqueo, como consecuencia indirecta la posibilidad de librar a Cuba de la alienante invasión publicitaria e ideológica del estilo de vida americano, y por tanto la posibilidad de un desarrollo cultural más libre de estas influencias?

Evidentemente, existe una relación, aunque este no sea el único factor que ha influido en el desarrollo humano de los cubanos. Pero, si bien esto es verdad ¿No es lo suficientemente significativo que una sociedad haya estado relativamente libre de los spots publicitarios y la basura mediática transnacional? ¿De la cultura McDonald?

Por un momento, considerando todo lo anterior, viremos la visión hacia Venezuela, y nos encontraremos con que nuestra ética revolucionaria, nuestra educación, nuestro desarrollo cultural, nuestros cuadros y militantes políticos, nunca estuvieron libres, y no lo están aún hoy, de la seductora influencia del American Way of Life, del pasmoso conglomerado mediático global, hoy perfeccionado y ramificado como nunca antes en la historia de la humanidad.

Finalmente, en caso de que aceptemos como válida la tesis según la cual las revoluciones de la primera mitad del siglo XX fueron posibles gracias al débil desarrollo de los aparatos mediáticos, tendríamos que preguntarnos hoy, con la conciencia que tenemos o deberíamos tener del actual estado de ese arte: ¿Soy hoy día posibles las revoluciones sin una transformación radical de los aparatos mediáticos?

Es perfectamente posible crear riqueza a partir de la conciencia, pero ¿Se podría crear riqueza a partir de una conciencia alienada, de una falsa conciencia? Sin publicidad, otro cuento sería, otra sociedad sería. Hace falta producción material, sí, pero también de contenidos, porque no solo de la materia vive el hombre.
  

@maurogonzag

domingo, 26 de mayo de 2013

Para lograr una sociedad de paz: tanta mano derecha como sea necesaria, tanta mano izquierda como sea posible


Recientemente, el filósofo uruguayo Pablo Romero nos hizo llegar el video de su intervención inaugural en el programa Ciudad+, espacio ancla de Tv Ciudad, en el que aborda el sensible tema de la seguridad ciudadana, apoyándose en autores como Thomas Hobbes y Hannah Arendt. Luego de escuchar las reflexiones de Romero, debo decir que estas resultan de gran interés para los venezolanos, toda vez que el tema de la seguridad se encuentra en el centro de la preocupación de nuestro pueblo, y que el gobierno del presidente Maduro ha implementado una serie de políticas por la seguridad, llamando a los diversos actores sociales y políticos a incorporarse a tan importante lucha.

Tan pertinentes resultan las palabras del filósofo, que me motivaron a escribir estas líneas donde comentaré la visión de Romero sobre el tema y aprovecharé para recordar algunas cosas y dejar algunos aportes. Al inicio de su intervención, dice Romero que el tema de la seguridad está instalado como fundamental en la sociedad uruguaya, tal como ocurre en el caso venezolano, lo cual de entrada no resulta nada casual. Tal afirmación, me hizo pensar casi por reflejo en los medios de comunicación uruguayos, pero de inmediato recordé que la percepción o sensación de inseguridad es sólo la parte simbólica del problema.

En primer lugar, Romero parte de una reflexión raizal, argumentando que el tema de la seguridad está presente en el imaginario social desde los propios tiempos de la formación del Estado Moderno, con lo cual quiso dejar claro, ante todo, que la inseguridad y la violencia no son fenómenos nuevos, aunque hoy el problema se haya complejizado hasta niveles de emergencia. También, nos sirve afirmar que los problemas de inseguridad son comunes ―hasta podríamos decir, inherentes― a todas las sociedades modernas, a toda urbe moderna, lo cual es decir, a todo centro urbano donde se concentran los medios de producción, se centraliza el poder y donde por tanto se aglomera la población.

El filósofo ilustró la idea citando la idea central de El Leviatán, de Thomas Hobbes, filósofo político de la “segunda modernidad temprana” (Dussel). Romero recordó que el tema de la seguridad fue central para el autor inglés en su justificación de la necesidad del Estado absolutista, del poder total del soberano, lo que es hablar del Estado moderno. Según la clásica teoría, antes del surgimiento del Leviatán los hombres vivían en una especie de estado de guerra permanente, sin autoridad, en lucha de todos contra todos. Es aquí donde se establece un “contrato”, según el cual los ciudadanos ceden su derecho a la defensa en el soberano, superándose así la pelea entre hombres-lobos, y dando paso al nacimiento de la “violencia legítima”.

Es así, como una de las funciones del Estado moderno, inherente a su nacimiento, es la protección de la ciudadanía, garantizar el orden, la paz, la seguridad. Ahora bien, explica oportunamente Romero que llega un momento en que ese contrato, por diversas razones, deja de cumplirse, quebrándose así el pacto social. De ahí, los “ajustes de cuentas”, los linchamientos y demás manifestaciones de “violencia no oficial, no legítima”, asumida por individuos y comunidades dada la incapacidad de las instituciones para imponer la justicia y mantener la paz. Cabe acá hablar de las llamadas zonas grises, aquellas en las que la presencia del Estado es lo suficientemente débil o inexistente como para dar lugar a micro-estados o estados paralelos, mafias, grupos, que logran llenar los espacios jurisdiccionales vacíos.

Un hecho deja claro Romero: si el Estado no actúa el sujeto recupera su derecho a la defensa propia. Vale decir también, si el Estado no actúa y el ciudadano no se organiza para defenderse, nacerá tarde o temprano una organización para-estatal que surgirá de la necesidad de protección. Y como puede presentarse el caso de que la situación se presente en una población tranquila donde si acaso ocurrirá alguna riña entre vecinos después de las fiestas patronales que tienen lugar una vez por año, la organización para-estatal puede surgir para proteger a esa población de ella misma, lo cual constituye un vulgar chantaje.

Algo similar ocurre en algunas partes de la ciudad de Caracas, posiblemente también en Montevideo, Bogotá o Buenos Aires, cuando ciertos individuos se ofrecen para cuidar los carros (coches) cuando estos estacionan en la calle, en alguna zona comercial. Estos “cuidadores”, se animan no solo a pedir sino a exigir dinero por haber cuidado el vehículo, ¿De quién?: de ellos mismos.

jueves, 16 de mayo de 2013

La izquierda y el fascismo ¿Por qué?

El fascismo, como otras palabras que han figurado en el discurso político en los últimos años de proceso bolivariano, lamentablemente ha vuelto a la palestra política luego de los hechos que, hace un mes, dejaron el trágico saldo de 11 fallecidos, hechos que han llamado a algunos escritores y analistas a recordar de qué va esto del fascismo. En tal sentido, a continuación dejaré un humilde aporte para la comprensión de este fenómeno político, uno de los más oscuros generados por la modernidad capitalista.

De entrada, nos gustaría destacar que como signo, como vocablo, el fascismo forma parte de ese conjunto de palabras de las que se ha hecho un uso reiterado sin que se haya reparado muchas veces en sus orígenes y rasgos no sólo históricos, geográficos, económicos y sociales, sino también y sobre todo en los psicológicos y emocionales. Y qué decir del punto al que hemos llegado, que los representantes de la extrema derecha venezolana, en sus intentos de mimetización con el discurso chavista, han comenzado a usar el término para descalificar al actual Gobierno bolivariano.

Como suelen ser los temas relacionados con el comportamiento humano, el fascismo, debido las profundas marcas y secuelas que dejó como fenómeno político en la Europa de los años treinta y cuarenta del siglo XX, por lo general no se considera como una tragedia humana siempre latente y muchas veces presente ―en mayor o menor medida, escandalosa o silenciosamente― en toda sociedad capitalista, lo que es decir sociedades estratificadas, jerárquicas, desiguales, y tanto más opresoras, represoras y autoritarias cuanto más instaurado está el capitalismo en cuestión.

Sin embargo, siempre resulta sano para el análisis recordar el contexto en el que surgen los fenómenos sociopolíticos, a fin de salvar oportunamente los tiempos históricos y geográficos cuando hoy, en la segunda década del siglo XXI, parecieran asomarse algunos de los rasgos de este retoño fatal del capitalismo. A mediados de la década pasada, el escritor Vargas Llosa planteó algunos rasgos de lo que sería el “fascismo contemporáneo”, estableciendo comparaciones entre este y el original surgido en los años de la primera posguerra. Para el literato, los rasgos característicos del fascismo de los años 20 y 30 del siglo pasado fueron el militarismo y la voracidad territorial, a diferencia del “fascismo de nuestra época”, el cual estaría caracterizado por explícitas prácticas de odio y desprecio por la condición humana.

Cuando analizamos la diferencia entre ambos fascismos establecida por el peruano, nos damos cuenta de que en el primer caso estamos en presencia de lo que afirma Franz Leopold Neuman en Behemoth: The Structure & Practice of National Socialism, 1933-1944,  y que fue citado recientemente por  Luis Britto García en su artículo “Fascismo”: el fascismo es la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado. En el segundo caso, que es el del fascismo de nuestra época, el autor alude comportamientos, actitudes, prácticas. En este peculiar caso, no hay estados militaristas dirigidos por jefes alucinados, delirantes y racistas que quieren establecer un imperio mundial de mil años, aunque sí algunos comportamientos sociales, rasgos de carácter, ideologías y posturas presentes en algunos grupos políticos. En nuestro caso, lo preocupante es que importantes sectores de la población venezolana se identifican o apoyan a esos grupos políticos, aunque sean grupos minoritarios.

Contextos

El fascismo, como fenómeno político ―pero también como problema de psicología de masas, como veremos― tuvo lugar en una condiciones histórico-concretas muy particulares: las de la Europa de la primera posguerra, en pleno auge de la Revolución Rusa, años en los que sobrevendría la peor de las crisis capitalistas hasta ese momento (el crack de 1929), crisis que tuvo como expresión en el campo de la filosofía, el arte y de las ideas en general, el nihilismo, el decadentismo, un auge del misticismo y un clima general de pesimismo fatalista. Fueron los años donde se publicaron obras como La decadencia de occidente, de O. Spengler, y donde surgieron teorías estéticas como aquella de la “deshumanización del arte”, de Ortega y Gasset.

En el marco de esta atmósfera de pesimismo, contra la cual se levantaron por cierto autores como Gramsci o Roman Roland, escritores como John Maynard Keynes consideraron un error catastrófico los tratados de Versalles, ya que en su opinión estos producirían en Alemania una hiperinflación y darían lugar, inevitablemente, al militarismo nacionalista. Efectivamente, este agravamiento de la situación económica trajo depauperación al pueblo alemán, el empobrecimiento de su clase media, lo cual produjo la exaltación de los sentimientos de honor y del orgullo nacional. Alemania había sido humillada y, lamentablemente, el tiempo le daría la razón al economista inglés. Pero más allá –o más acá- de estas razones político-económicas del surgimiento del Nacionalsocialismo, están aquellas que explican el por qué, en un contexto revolucionario o, donde las condiciones de empobrecimiento de la clase media y de la clase trabajadora alemana en general, en teoría estaban creando las condiciones para una transformación revolucionaria de la sociedad, esa clase media y, lo que resultaba más llamativo aún, parte importante de la clase obrera, optó por la opción reaccionaria; la mayoría de los alemanes votaría por Hitler.

Tres trabajos resultan esclarecedores para comprender qué es el fascismo y cómo surgió. Uno es La psicología de masas del fascismo, del alemán Wilhelm Reich; el segundo es La lucha contra el fascismo, de León Trotsky, y el otro es La escena contemporánea y otros escritos, de José Carlos Mariátegui. Los tres estudiaron de cerca el fenómeno desde las entrañas de la Europa sacudida por la gran guerra y la Revolución rusa. Reich, desde las primeras páginas de la obra citada, explica cómo la izquierda en Alemania se vio imposibilitada, en gran medida por el mecanicismo, el positivismo y el economicismo vulgar dominantes en ese particular marxismo, de dar cuenta del fenómeno fascista, lo cual establece un importante elemento en el análisis de nuestro tema: la responsabilidad de la izquierda en el surgimiento del fascismo.

Por su parte, el revolucionario ruso, analizando el auge creciente del movimiento nazi en la Alemania de los 30, afirmó que “el fascismo, en tanto que movimiento de masas, es el partido de la desesperanza contrarrevolucionaria.” Detengámonos en una frase que tiene la capacidad de explicar todo el proceso del auge nacionalsocialista. Gabriel de los Santos, parafraseando a Trotsky, lo explica claramente cuando establece que “el crecimiento del nacionalsocialismo estaba relacionado, básicamente, con la pérdida de la esperanza en la revolución por parte de capas cada vez más importantes de la pequeña burguesía que, a su vez, arrastraron tras de sí, en su desesperación, a sectores también considerables del proletariado. El movimiento de estas capas sociales hacia el bando fascista se dio en medio de una fuerte crisis social y de la incapacidad demostrada por parte de los partidos de la clase obrera de impulsar la revolución hacia la victoria”. Otra vez, esta vez de la pluma de Trotsky, tenemos una reflexión que señala la responsabilidad de “los partidos de la clase obrera”.

Volviendo con Reich, en uno de los pasajes de su obra, el alemán se lamenta de que no se haya considerado la experiencia fascista italiana para comprender la experiencia fascista alemana, toda vez que la italiana reunía en su seno las dos funciones netamente antagónicas si las que no se podría comprender el fenómeno del fascismo como “miedo a la libertad”. Estas son:

1) Los intereses subjetivos de la base de masas de un movimiento reaccionario como lo es el fascismo: desde esta perspectiva, el fascismo fue desde sus inicios un movimiento de las clases medias, y Hitler nunca hubiera podido ganar para su causa a este grupo sin prometerles la lucha contra el gran capital, los grandes almacenes, los truts. Dice Reich, que los dirigentes del nacionalsocialismo, presionados por las clases medias, tuvieron que tomar medidas efectivamente anticapitalistas, medidas que posteriormente tuvieron que revocar obligadamente por una presión mayor: la del gran capital. ¿Donde estaban aquí los partidos obreros, revolucionarios? ¿Parlamentando?

2) La función reaccionaria objetiva del movimiento: opuesto tanto al liberalismo como al comunismo, objetivamente el fascismo propugnó la vuelta al pasado. De tener que plantear las palabras clave de este movimiento, a todas luces estas serían: tradición, nación, raza, familia, religión y autoridad… Pero si intentamos dilucidar los dos ingredientes explosivos que dieron lugar al fenómeno, tendríamos que citar, de un lado, el empobrecimiento de la clase media, su desesperanza, su “arrechera”, y de otro, la moral sexual represiva presente en la familia media pequeña burguesa, un elemento que por sí solo merecería análisis aparte. De tal manera, se hace necesario distinguir entre la función reaccionaria objetiva del movimiento y los intereses subjetivos de su base de masas.

Así, tanto Trotsky como Reich destacan lo ocurrido con la clase media, la pequeña burguesía, su empobrecimiento, su honor mancillado, su orgullo nacional exaltado, su represión sexual, su pérdida de confianza en el proletariado y por tanto su pérdida de esperanza en la revolución, todo lo cual hace que termine apoyando al “partido de la desesperanza contrarrevolucionaria. En palabras de Trotsky:

“…bajo las condiciones de desintegración capitalista y el atolladero de la situación económica, la pequeña burguesía procura, intenta y se esfuerza por liberarse de las ataduras de los antiguos amos y dirigentes de la sociedad [los capitalistas]. Es totalmente capaz de unir su destino al del proletariado. Para eso sólo se necesita una cosa: la pequeña burguesía debe adquirir confianza en la capacidad del proletariado de llevar a la sociedad por un nuevo camino. El proletariado sólo puede inspirar esa confianza por su fortaleza, por la firmeza de sus acciones, por una hábil ofensiva contra el enemigo, por el éxito de su política revolucionaria. Pero ¡ay si el partido revolucionario no está a la altura de la situación!… La pequeña burguesía podría resignarse temporalmente a privaciones crecientes si a través de su experiencia llega a la convicción de que el proletariado está en condiciones de llevarla por un nuevo camino. Pero si el partido revolucionario, a pesar de que la lucha de clases se acentúa incesantemente, se muestra una y otra vez incapaz de unificar a la clase obrera tras él, si vacila, se vuelve confuso, se contradice, entonces la pequeña burguesía pierde la paciencia y empieza a considerar a los obreros revolucionarios como los responsables de su propia miseria. Todos los partidos burgueses, incluida la socialdemocracia, piensan en ello. Cuando la crisis social asume una agudeza intolerable, aparece en escena un determinado partido con el objetivo declarado de agitar a la pequeña burguesía hacia un blanco de ira, y de dirigir su odio y su desesperación contra el proletariado. En Alemania, esta función histórica la realiza el nacionalsocialismo, amplia corriente cuya ideología está formada por todos los tufos pútridos de la sociedad burguesa en descomposición”.

Por último, el Amauta Mariátegui, quien estuvo en Italia entre 1919 y 1922 (El Partido Nacional Fascista nace en 1920) analiza en el capítulo de la obra citada “Biología del fascismo”, el surgimiento del fascismo en Italia de la mano de Benito Mussolini quien, recordemos, venía del partido socialista.

Llegado el año 1914, cuando resonaron los tambores de la gran guerra, los socialistas ―el partido de Mussolini― exigieron la neutralidad de Italia. Pero el frenético y beligerante duce defendió la intervención de Italia en la guerra, dándole a su punto de vista una perspectiva revolucionaria, afirmando que la conflagración precipitaría la revolución europea. Pero, dice el Amauta “…en realidad, en su intervencionismo latía su psicología guerrera que no podía avenirse con una actitud tolstoyana y pasiva de neutralidad.” Resulta interesante que Mariátegui aluda reiteradamente  los rasgos de carácter de Mussolini. El hecho es que Italia participaría en la guerra junto a una Entente (alianza Inglaterra, Francia y Rusia contra Alemania) que, luego de su triunfo, no retribuyó de la mejor manera la participación de Italia, para quien la guerra terminó siendo un mal negocio. Italia sería ninguneada en el Tratado de Versalles, lo cual produjo descontento, desencanto, resentimiento.

Italia pudo sentirse ofendida y humillada. A pesar de que el clima era ciertamente revolucionario ―dice Mariátegui que Mussolini fue derrotado en las parlamentarias por los socialistas, quienes ganaron 155 escaños―, los extendidos sentimientos de depresión y decepción estaban creando las condiciones para una “violenta reacción nacionalista”. Mariátegui afirma que esta fue la raíz del fascismo en Italia. Ahora bien, el tema de las clases medias es, por supuesto, central en el surgimiento del fascismo en Italia, razón por la que el Amauta ensaya una importante caracterización de la clase media y su papel en el proceso, planteando un análisis inusitadamente similar al que hace Trosky respecto al caso alemán, con lo cual coincide también en importantes puntos con Reich. Dice Mariátegui:

“La clase media es peculiarmente accesible a los más exaltados mitos patrióticos. Y la clase media italiana, además, se sentía distante y adversaria de la clase proletaria socialista. No le perdonaba su neutralismo. No le perdonaba los altos salarios, los subsidios del Estado, las leyes sociales que durante la guerra y después de ella había conseguido del miedo a la revolución. La clase media se dolía y sufría de que el proletariado neutralista y hasta derrotista, resultase usufructuario de una guerra que no había querido. Y cuyos resultados desvalorizaba, empequeñecía y desdeñaba. Estos malos humores de la clase media encontraron un hogar en el fascismo”.

Finalmente. Toda esta reflexión no nos serviría de mucho si Venezuela no fuera un país con una gran clase media, si parte importante de esa clase media no hubiera votado ―incluyendo sectores “proletarios― por un candidato fascista semi-camuflajeado pero que pudo mostrar su verdadero rostro hace un mes; si no tuviéramos dentro de nuestro sistema de partidos políticos un partido de clara ideología y prácticas fascistas; si no tuviéramos un partido socialista que debe renovarse y replantearse. El debate, como siempre, queda abierto.

amauryalejandrogv@gmail.com

@maurogonzag

miércoles, 1 de mayo de 2013

Y tú ¿Qué eres? ¿Intelectual o trabajador intelectual?

Todavía más importante es advertir las consecuencias de la costumbre, cultivada con tesón por los ideólogos burgueses, de considerar que los llamados “valores” contenidos en el pueblo están fuera del alcance de la observación científica. Porque estos “valores” y “juicios éticos” que para los trabajadores del intelecto son sustancia intocable, no llueven del cielo. Ellos constituyen aspectos y resultados importantes del proceso histórico y no basta limitarse a tomar conocimiento de los mismos, sino que deben examinarse con relación a su origen y a la función que les cabe en el desarrollo histórico. En rigor, la desfetichización de los “valores”, “juicios éticos” y demás, la identificación de las causas sociales, económicas y físicas de su surgimiento, cambio y desaparición, así como la revelación de los intereses específicos a los cuales sirven en determinado momento, representan la mayor contribución que pueda hacer un intelectual a la causa del progreso humano”. Paul Baran

Eclosión intelectual

Cuando reflexionamos sobre el Comandante Chávez y su legado, sus lecciones, anécdotas, sus grandes logros, la influencia en la región y el mundo del proceso que él inauguró, no nos extraña aunque no deja de llamar la atención, el hecho de que Hugo Chávez haya sido el presidente, la figura, el líder político sobre el cual se ha escrito más en el mundo.

Así lo testimonia el libro de Rafael Ramón Castellanos Hugo Chávez Frías y la Revolución Bolivariana (2010), que recopila toda la bibliografía producida sobre el Comandante hasta el momento de la edición del libro. Han pasado tres años, y ahora con su lamentable desaparición física el pasado mes de marzo, podemos decir que seguirá siendo el centro de las preocupaciones y reflexiones de muchos ensayistas, biógrafos, poetas, historiadores y escritores en general.

Este singular hecho, equiparable a otro no menos trascendental que ubica a Chávez entre los líderes de mayor legitimidad democrática de la moderna historia republicana occidental, tiene que ver con un importante movimiento cultural crítico-reflexivo surgido en Venezuela con el advenimiento de la Revolución bolivariana; un movimiento que tiene que ver con la notable democratización del libro y la lectura que hemos vivido en Venezuela por lo menos en los últimos diez años, así como con la democratización del acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, apertura que ha producido y sigue produciendo un importante salto cualitativo en la población.

Si bien se ha dicho que “los pueblos no son pendejos”; sin bien Aníbal Nazoa habló de “los poderes creadores del pueblo”; si está fuera de discusión que el pueblo de Venezuela siempre ha sido un pueblo bravo, tierra de los centauros que barrieron con el colonialismo español desde Caracas hasta Ayacucho durante la guerra de independencia, no quedaba claro si el pueblo venezolano era un pueblo culto, en el sentido martiano de “cultura para la libertad”. Sin embargo, en los últimos años, algunos indicadores y sobre todo la renovada cultura política que ha demostrado el venezolano en cada manifestación, concentración y evento electoral, vienen dando cuenta de las nuevas cualidades, del proceso de maduración intelectual y política, complejo y sujeto a retrocesos, que ha vivido el pueblo venezolano durante el proceso bolivariano.

Es indudable que este proceso de maduración, de acceso masivo a la educación, a la red de redes, a los libros y lo más importante, a una experiencia política proteica, única y luminosa en la que todos han sido de alguna manera protagonistas, produjo una importante eclosión intelectual que ha rendido importantes frutos y que está produciendo una serie de fenómenos cualitativos, dignos de ser estudiados sistemáticamente. A los conocidos ―o re-conocidos― pensadores e intelectuales del país, donde se cuentan escritores, poetas, dramaturgos, artistas y creadores de todos los géneros y provenientes de los más disímiles espacios, se suman, en un proceso en pleno desarrollo, un conjunto de escritores-creadores reflexivos y críticos que, desde su formación y su experiencia, han desplegado su labor creativa motivados por ese fenómeno humano que fue Hugo Chávez y la dinámica política que inauguró.

Algunos estudios recientes, por ejemplo, han arrojado interesantes resultados en materia de lectura. Hablamos del Estudio de comportamiento lector, acceso al libro y a la lectura que desarrolló el Centro Nacional del Libro a través del equipo de Asesoría Goya, y que demostró que Venezuela se ubicaba como el tercer país que más leía en América Latina, después de Argentina y Chile. Si bien esto ya es un hecho destacable, el estudio también reveló que la mayoría de los lectores se inclinaba por temas históricos, políticos y sociales, según informaron en su oportunidad los responsables del estudio.