Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

domingo, 19 de junio de 2016

La salud del ser humano en la transición hacia una nueva era

Por Amaury González V.*

El artículo que presento hoy a los lectores es la introducción a un texto que pretende abordar el tema de la salud del ser humano, ese que hemos llamado “homo sapiens”, desde una perspectiva integral. Esto quiere decir que hoy, bien entrado el siglo XXI y con la información que se ha socializado, gran parte de ella disponible en la Red, es posible −y necesario− abordar un tema tan importante y esencial para nuestra vida desde el ángulo biológico, pero también el psicológico, social, mental y espiritual.

Como todos los temas trascendentes, este reviste de una complejidad que nos llama a relacionar las cosas para poder verlas como en realidad son. Y relacionar las cosas, en primer lugar, significa que tenemos que definir lo mejor posible eso que somos. La respuesta a la pregunta “¿qué somos?” nos dará la base necesaria que nos permitirá discurrir sobre nuestra salud, y sobre esa base formarnos un criterio para poder evaluar nuestro estado de salud como sociedad y, sobre todo, descubrir el potencial especial que tenemos como unidad. Porque eso es lo que somos, una unidad biológica, psicológica y social.

Así lo aprendemos en la universidad cuando se presenta el debate mente vs. cuerpo, luego de lo cual, para quienes hemos estudiado ciencias sociales, agregamos el ser social, destacando nuestra indiscutible naturaleza gregaria sin la cual no podríamos definirnos como especie. Y si bien esta parece ser una definición completa de lo que somos, hoy está claro que no podemos hablar de hombre o mujer sin agregar a la definición el factor mental y espiritual. De alguna forma, estos aspectos están presentes en la mencionada tríada de lo bio-psico-social; sin embargo, creemos que no lo han estado como deberían, o no se ha tomado consciencia de su omni-presencia, en razón del predominio de paradigmas científicos que hoy bien pueden considerarse que están de salida.

Al definirnos y comprendernos como una unidad bio-psico-socio-espiritual, podemos decir que ya tenemos una base sólida de la cual partir para poder diagnosticar mejor los padecimientos de los hombres y mujeres de este mundo y, por tanto, definir no solo la mejor terapia sino dar con aquellas claves que nos permitirán transformar nuestro estilo de vida o, la forma de ver nuestro tránsito por el mundo. Y si me apuran un poco, desde ya podemos darle preeminencia a nuestro aspecto espiritual definiéndonos en primer lugar como seres espirituales; cuerpos energéticos-luminosos, dotados de facultades intelectuales, viviendo en un cuerpo físico.

Pero, ¿hay razones que nos muevan a cambiar nuestro estilo de vida?, ¿es acaso nuestra forma de vivir la mejor de las formas posibles? ¿Es que la propuesta de cambiar nuestro modo de vivir es una cuestión de moda, de una nueva new age? Pues no. Muy lejos de eso. Si hubo algo que me motivó a escribir este artículo, después de muchas lecturas y aprendizajes durante los últimos años, es un hecho constatable y pasmosamente verificable: la gente está muriendo.

Sí, la gente muere o está viviendo para morir. Es verdad que todos morimos; que todos moriremos algún día. Talvez, esta fue la realidad que quiso señalar Borges cuando dijo que “Morir es una costumbre que suele tener la gente”. Mucha gente fallece luego de una larga vida, por causas naturales. La gente también muere en las guerras y en todas las formas de violencia criminal relacionadas con desigualdades, injusticias, las drogas y las armas; pero eso sería materia de otro artículo. Lo que me interesa destacar aquí, es que la gente está muriendo de enfermedades que pudieran evitarse o prolongando una vida de enfermedad y sufrimiento. En primer lugar, echemos un vistazo al panorama y cobremos consciencia del estado de la cuestión.

Continúa...

*Este artículo, el primero de una serie donde abordaremos el tema referido en el titulo, marca el comienzo de la nueva etapa de Ágora Caracas, haciendo honor a la descripción planteada en el encabezado, que concibe este espacio como un aporte para la expansión de la conciencia; un tema amplio que considero más pertinente y necesario para la nueva época que se abre para la humanidad. Sobre esto, nos iremos explicando. Y como siempre, bienvenidos tus comentarios y reflexiones.

sábado, 5 de marzo de 2016

Ryszard Kapuscinski: Guevara y Allende

Ryszard_Kapuscinski_Guevara_Allende
A propósito del aniversario del nacimiento del reputado perodista, poeta y escritor polaco, y en ocasión de los tres años desde la desaparición física del gran Hugo Chávez, iniciador de la primavera política latinoamericana del siglo XXI, dejo este artículo que, a partir de la comparación entre el Che Guevara y Salvador Allende, dos íconos de la revolución latinoamericana, ofrece inestimables reflexiones sobre lo que significa -o significó- la izquierda política en la región.

* * *

En el curso de un encuentro con los lectores, alguien del público me pide que compare la figura de Allende con la del Che Guevara y diga cuál de los dos tenía razón.

La pregunta encierra la opinión de que sólo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.

En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho del ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.

Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual sólo lo sacarían –como siempre había dicho– en un traje de madera.

Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende sólo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.

Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que ésta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.

Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.

Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.

En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.

Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: ésta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.

Los dos caen en plena marcha.

Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.

Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.

Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en bicicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos sólo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.

La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.

Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.

Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.

Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?

Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.

Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.

La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales. El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estu-diadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Sólo aparentemente es una paradoja. La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.

A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.

Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.

En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la constitución. Y la constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.

Allende desea preservar la honestidad ética.

De la misma manera se comporta Guevara.

Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno. Estáis libres, les dice; nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado.

Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.

En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.

Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?

¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.

Publicado en LaJornada el 17 de febrero de 2010

jueves, 14 de enero de 2016

El "Por ahora" de Víctor Hugo Morales

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A las 6pm la mitad de la Plaza de Mayo estaba llena de activistas y militantes, y de mucha gente sin partido, en su mayoría mujeres de mediana edad con aspecto de profesionales. Las 3 calles adyacentes también estaban repletas. Un estimado podría sumar unas 50 mil personas, la mayoría embanderada dentro de organizaciones y movimientos del kirchnerismo.

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viernes, 8 de enero de 2016

La Carta de Jamaica, el documento de un profeta racional*

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“…y no es solo una carta del pasado; esta es una carta del presente y más aún, me atrevo a decir: una carta del futuro” Hugo Chávez Frías.

A 200 años de la Carta de Jamaica, documento en el que Simón Bolívar plasmó sus ideas en torno al estado político de América y su desarrollo futuro con el propósito de contestar las inquietudes y dudas del inglés Henry Cullen, tenemos necesariamente que empezar este ensayo destacando la infinita humildad que caracterizó al Libertador y la indudable vigencia del conjunto de ideas expresadas en la carta, hecho que da cuenta del Bolívar estadista y visionario.

Al inicio de su carta, Bolívar reconoce la preocupación de Cullen sobre el destino de las nacientes repúblicas de la América meridional, y deja claro que en su actual condición no disponía de la documentación necesaria para ofrecerle un análisis político pormenorizado sobre tan vasta región, además de expresar una humildad que sólo los grandes son capaces de demostrar, al reconocer sus límites en el tratamiento de un tema tan complejo como lo es la prospectiva sociopolítica de una región que abarcaba desde los límites originales de México hacia el norte, hasta la Patagonia. Con infinita humildad, Bolívar le advierte a Cullen que no encontrará en su escrito “las ideas luminosas que desea”, y sí las “ingenuas expresiones de su pensamiento.”
Sin embargo, el balance histórico que puede hacerse hoy arroja un resultado inequívoco: el pensamiento de Bolívar expresado en la Carta de Jamaica sobre la suerte futura de América se convertiría en el ensayo de un visionario de la naciente modernidad industrial, en documento delineador del futuro de la nueva región, todo lo cual hace de nuestro americano meridional un auténtico “profeta racional”.

jueves, 7 de enero de 2016

Douglas Bolívar: Perfil incierto de Ramos Allup

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Casi todo lo que ha venido ocurriendo en el país ha estado definido por la guerra intestina permanente en el antichavismo. Para resumir: la guarimba fue un desafío de una corriente facha a otra igual de facha que pretendía atornillarse en el “liderazgo” antichavista a partir de unas primarias que se habían hecho para una coyuntura muy específica: enfrentarse a Chávez en octubre de 2012.

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jueves, 24 de diciembre de 2015

Susana Martínez: asumamos la crítica en colectivo

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Unos días antes de las elecciones, estaban unos jóvenes protestando, cerca de las instalaciones de la asamblea legislativa de mi comunidad, porque no le habían entregado su Tablet. Ante esta situación salió a conversar un funcionario, y les explicó que serían  entregadas, luego que terminara el proceso electoral. Luego, supe que fue así. Esta situación me hizo recordar, las luchas estudiantiles de décadas  anteriores. Donde los estudiantes protestaban por pasaje estudiantil, gratuidad de la educación y por cierres de universidades.

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viernes, 18 de diciembre de 2015

Modesto Emilio Guerrero: Las mentiras de Jesús

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¡No! No se trata de Jesús el Cristo de la religión cristiana. Se trata de Jesús Faría, integrante de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, y la serie de opiniones y recomendaciones económicas que sugiere para salir de la crisis que vive Venezuela, expuestas en una entrevista publicada por Correo del Orinoco del 15/12/15, pp. 16-17.

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jueves, 17 de diciembre de 2015

Fernando Hugo Azcurra*: Elogio del capitalismo

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En el diario Correo del Orinoco del día 13 de diciembre último, un cronista del diario hace referencia al economista bolivariano Víctor Álvarez, quien publicara en otro periódico de Caracas del 22/11/15 las ideas que se comentan en una nota bajo el título de Repensar el socialismo.

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martes, 15 de diciembre de 2015

Antonio Pérez Esclarín: Tierra de Gracia

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Venezuela, digámoslo con convicción, es un país privilegiado, lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba especialmente feliz. Cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a las costas de Paria, quedó tan impresionado con su belleza que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos abrumados por tanta luz y tanto verdor trataban en vano de captar toda la hermosura. Y de su asombro y admiración, brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

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Humberto Gómez García: La vulgar gestualidad de Ramos Allup y de Radonski

Humberto_Gomez_Garcia_La_vulgar_gestualidad_de_Ramos_Allup_y_de_Radonski
A escasos días de la circunstancial victoria de la derecha fascista –sostuvieron su votación de las presidenciales de 2013 con un ligero repunte de 5,13%, una pírrica diferencia de apenas 70.403–, por la incorrecta e impolítica decisión de casi dos millones de chavistas que se abstuvieron y con ello le permitieron una indebida e inmerecida victoria a sus enemigos históricos.

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lunes, 14 de diciembre de 2015

Germán Gorraiz López: Elecciones en España: Cambiar todo para que nada cambie

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El puzzle inconexo del caos ordenado puede esbozarse mediante la llamada “Teoría de las Catástrofes” del científico francés René Thom y se basaría en dos conceptos antinómicos para intentar “comprender el orden jerárquico de la complejidad biológica”.Así, el concepto de estabilidad o equilibrio se refiere a un sistema que permanece estable aunque registre un cambio, principio que trasladado a la esfera política se traduciría en la Reforma del Régimen del 78 sin alterar sus principios esenciales (Monárquico, jacobino y neoliberal), tesis que defenderían los partidos del establishment dominante del Estado español (PP, PSOE, UPyD) y la nueva estrella del firmamento reformista, Ciudadanos.

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