Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

martes, 15 de mayo de 2012

Historias secretas, viento y eucaliptos

Naturaleza y civilización
Dormir junto a la ventana es poder ver cada mañana las luces del amanecer. Para ello me basta extender el brazo y correr un poco la cortina. Muchas veces, cuando hay buen tiempo, se puede ver como el gris casi negro se va degradando en morado y azul, al tiempo que aparece un tenue naranja en el horizonte.

Desperté, respiré profundo, hice lo de siempre. Recogí y amarré las cortinas, abrí un poco las ventanas corredizas. Como lloviznaba no saqué completamente la cabeza, como hago siempre para tomar una bocanada de aire fragante, antes de hacer algo de ejercicio y encender la computadora. Me puse los lentes para poder ver bien esa lluvia, que era más que un rocío, y así estuve unos minutos viendo ese panorama. El agua caía transversalmente por la brisa, que hacía vibrar las ramas de los árboles, cuyo rumor hacía creer que la lluvia era más recia. La mayoría de estos árboles proliferan alrededor de los edificios, y en su mayoría son pinos y eucaliptos. A uno de estos, yo lo llamo el Brócoli, por el parecido que tiene su copa con el vegetal, y junto a un pino que tiene al lado son los más altos del lugar. La brisa lo tambaleaba; el pino se mantenía más firme.

El concierto de los pájaros no resonaba como en una mañana de sol, pero confundidos con el sonido de las hojas sacudidas se escuchaban sus inquietos y armónicos silbidos. Abajo, entre la vegetación y los edificios, está la calle por donde entran y salen los vehículos. Está mojada, brillante: el cielo parece reflejarse en el pavimento. Vía ligeramente inclinada, una baja y entra, otra sube y sale. A lo largo de estas, se extiende un espacio para que estacionen los visitantes o quienes necesiten más de un puesto. Afortunadamente, una acera que viene de arriba bordeando la vía de asfalto nos permite llegar también a pie a nuestros hogares. Dos señores, visiblemente mayores, uno de ellos cojeando, vienen bajando por ella en dirección al CDI (Centro de Diagnóstico Integral), ubicado entre los dos largos pasillos de la planta baja, y que recibe gente de muchos lugares del sector durante todo el día. Estoy seguro que los tres paraguas que vienen bajando, ―aparentemente dos señoras y un niño― antes de la curva, un poco más arriba, también vienen “a la clínica”, “a donde los cubanos”, como dicen muchos.

Entran y salen carros y una que otra moto. Una de estas es extremadamente escandalosa, y si tienes la mala suerte de que salga una mañana bien temprano, puede ser tu peor despertador. Pero además de los vehículos particulares, también van y vienen durante todo el día las camionetas (colectivos), las cuales dan la vuelta en una redomita que está frente a la entrada principal del conjunto de edificios. En el centro de ésta hay un jardín donde se levanta una alta palmera, y desde este ángulo se ve impertérrita, invariable, como si no estuviera ahí.

Esa redoma es un lugar de encuentro, de confluencia. A toda hora, y desde aquí lo puedo ver, está el muchacho que trabaja como parquero, un hombre moreno, alto y delgado, de caminar parsimonioso casi imperceptible, siempre con una gorra, con una barba tipo candado blanqueada por las canas. Este muchacho puede que esté cerca de los cuarenta, y su mirada tiene algo de tristeza, de melancolía. En los momentos más solitarios del día se le puede ver en los alrededores de la vuelta, pensativo, esperando que llegue algún visitante a estacionar para entregarle el papelito. Cuando lo veo siempre me pregunto: ¿Qué le habrá pasado? ¿Habrá estudiado? ¿Con tantas cosas que hacer en este país, por qué deja que se le vayan los días haciendo nada? ¿Algún tipo de discapacidad? Claro, algo de pasta debe captar el hombre en su oficio. Además, por la tarde es algo diferente, cuando va llegando gente de su jornada y un grupo habitual de jóvenes se aglutina en el espacio a echar cuentos, a sacarse el tráfico y el aburrimiento. Lo que sí es seguro es que su parquedad debe esconder los datos precisos sobre ciertos sucesos que han quedado envueltos en un halo de misterio, como el ocurrido aquella madrugada de año nuevo cuando, a dos jóvenes que venían a una fiesta en una de las torres, los golpearon salvajemente en lo que fue al parecer un ajuste de cuentas, o aquel en que, con un fuego artificial de alto calibre, hicieron polvo la vidriera de un concurrido abasto.


La entrada a las residencias, se abre en la avenida que viene de la perimetral que atraviesa toda la “ciudad dormitorio”, y sigue hasta el embalse La Mariposa, ya cerca de la autopista que conduce a Caracas. Esa entrada está al nivel del piso 7 donde vivo. Ya sea que entres caminando o sobre ruedas, debes recorrer la calle en Zig – Zag para llegar a la entrada principal. En toda la curva se levanta una casa de dos niveles. Desde la ventana se ve hacia la izquierda, medio tapada por los árboles. Es el hogar de “El latonero”, un señor de apariencia humilde, de baja estatura, grueso, bastante moreno y de bigotes grises. Su apariencia es la de un tabernero retirado que encontró la tranquilidad de la bonanza restaurando coches chocados. Un viejo machetero que un día había llegado del monte adentro, abriéndose camino entre la desesperanza y medrando con esfuerzo y trabajo.

Por lo general, entre la casa del latonero y las residencias, siempre se están paseando tres perros grandes. A uno de ellos le dicen Hugo y los vecinos lo tratan con cariño. Esa mañana se divertía persiguiendo a los carros que salían. Una vez, hace poco, se le pegó atrás al motorizado de la pizzería que está en planta, frente a la torre E. Este venía llegando, a una velocidad moderada. El perro lo siguió de cerca como si tuviera la intención de morderle una pierna. El conductor, sorprendido por el ataque había estirado la pierna para sacudírselo y esto le hizo perder el control, rodando varios metros con la moto y fracturándose algún hueso de la pierna.

Así es el cuadro que cada día veo por la ventana rectangular. Una mezcla de naturaleza y civilización, el sonido árboles y pájaros, de brisa y de perros, confundido con el ronquido de los motores y las voces de la gente que va y viene. Una trama de historias secretas, viento y eucaliptos.

Amaury González Vilera

miércoles, 9 de mayo de 2012

Puertas y secretos en el Guaraira Repano

Puertas_y_secretos_en_el_guaraira_repano
Recientemente, el escritor Britto García mencionó en un discurso al cerro que nos separa del mar y que hace de Caracas un valle. Con una convicción que relucía en su amplia frente, dijo que éramos una ciudad-puerto que no se reconoce como tal. Tal rareza la atribuía el polifacético escribidor a la presencia imponente del Guaraira Repano, conocido también por su nombre colonialista, el cerro el Ávila. Una montaña que esconde muchos secretos que, aparte de ser el gran pulmón en una ciudad tomada por los automotores, es capaz de abrirse y escupir fuego con los movimientos de tierra, como en aquel salvaje terremoto del 67.

Seguí viendo a Britto pero ya no lo escuchaba. La voz Caribe Guaraira Repano me trasladó unos cuantos abriles atrás, cuando subí con Carol por sus faldas verdes y hermosas y sus picas y senderos, a veces selváticos, muchas veces oscuros y solitarios, y escuchamos el límpido sonido del más allá. Carol era mi compañera, de labios gruesos, ojos grandes y cabello largo enrulado. Había practicado Judo desde niña y su cuerpo era macizo por todos lados. Tenía cierta sensibilidad espiritual y una propensión a la aventura que hacía de la relación algo intenso y literario, aunque nunca me abandonó el presentimiento de que tal experiencia no podía durar. Ya habíamos hecho el amor otras veces en los pozos y quebradas de la montaña, furtivamente, y una vez hasta nos lanzamos un rapidin en una de esas curvas ensombrecidas después de mediodía.

Era domingo, día habitual para escapar de la ciudad -sin salir de ella- escalando el Parque Nacional. Llegamos jadeando al Corta Fuego, la primera estación. Carol tenía un mono azul marino ceñido al cuerpo, lo cual exaltaba sus nalgas de atleta muy al estilo de la López. Le di una nalgada. La deseaba. Me miró y supo que la miraba con deseo. Tomé su mano, la jalé hacia mí y le di un beso. Pero la montaña pedía que la conquistáramos y nos propusimos llegar a la próxima estación: la Cruz; una estructura que fue levantada luego del terremoto del 67 para proteger la ciudad y que la encienden todos los 1º de diciembre. Noté que a medida que subíamos Carol hablaba menos. Empezaron a ocurrir cosas, digamos, extrañas. Un gallinazo, entre negro, marrón y blanco apareció como caído de un árbol batiendo sus alas, y así como se había posado frente a nosotros con un cacareo súbito y ahogado, así mismo se había ido perdiéndose en el monte.

Se respiraba, como siempre, el aire más puro que conocíamos. Nos paramos un momento a descansar. Saqué el termo con agua del bolso que llevaba y bebimos, respiramos. Me puse metedor de mano y ahí jugamos unos segundos. Llegamos a la Cruz, pero queríamos explorar más. Divisamos un camino que conducía al Parque los Venados. Le propuse a Carol meternos por ahí para conocer algo nuevo. Le dije que lo conocía, pero le mentía. Lo que sí sabía era a donde conducía. No muy convencida aceptó la propuesta. Empezamos a caminar con confianza por el estrecho sendero y a medida que nos adentrábamos el monte se hacía más espeso. Árboles frondosos hacían del camino un túnel natural, y de repente el viento los sacudía arrancándoles rumores que parecían gritos suaves. Carol me contaba sobre un episodio oscuro relacionado con unas sombras que fueron a visitarla un día a su casa. Tengo que decir que su rostro adquiría una sensual seriedad cuando se ponía metafísica. En eso sentí unas insoportables ganas de orinar. El silencio era algo inaudito. En una curva nos impresionó una ancha piedra negra como de 7 metros de alto. Junto a ella, se abría un camino montaña adentro, como si condujera a alguna quebrada o río secreto.

― Creo que aquí puedo orinar― Le dije metiéndome en ese denso hueco.
― No me gusta esto, siento algo raro, mejor vámonos ―Me dijo con preocupante gravedad―. Vámonos, vámonos ya.

Así como me bajé la bragueta me la subí. Del tiro se me quitaron las ganas de orinar. Vi los ojos de Carol como más grandes, como si se le hubiera dilatado la pupila en esa penumbra. Sus ojos eran casi negros, pero ahí parecían morados. Volvimos al camino. Los latidos de mi corazón los escuchaba en mi cabeza. Saliendo, lanzamos una última mirada hacia el fondo de la espesura. Carol vio una especie de altar, a mi me pareció una cesta con frutas. Además, algo se movía.

Tomados de la mano, algo sudados volvimos al camino, pero de alguna forma aún estábamos adentro. Percibimos un aroma fragante. Ahí no se escuchaba ni un pájaro y el techo de árboles filtraba la tenue luz que podía llegar del cielo nublado. Serían como las dos o tres de la tarde. Carol, mirando no se hacia donde, me preguntó si estaba “escuchando eso”. Casi sonriendo le dije que no escuchaba nada. Empezamos a caminar medio apurados, medio nerviosos. Yo trataba de mantener la calma pero tropecé con alguna vaina y casi me caigo. Ahí empecé a escuchar, muy a lo lejos. Convencido estaba que podía ser algún ave o insecto exótico, pero solo al principio.

Era como un silbido, limpio, perfecto. Esas tres notas desconcertantes me sugerían un llamado, un dedo índice diciendo, ven. Le dije que apretara el paso, los dos escuchábamos lo mismo porque ahora sonaba más fuerte y parecía perseguirnos a través del follaje. La estreches del camino, las bajadas y las pendientes no eran impedimento para ese ser que parecía flotar a nuestro lado. No hice sino hablar paja; insistirle a Carol que tal sonido no podía provenir sino de algún animal, pero yo mismo no me creía.

Al fin escuchamos voces humanas. Ya estábamos cerca de Los Venados. El silbido había cesado. ¿Qué vaina había sido esa? ¿Algún duende? Lo que sea que haya sido, me dijo Carol reflexiva -luego de revolcarnos en una grama propicia que encontramos- cuando salimos de la gruta estaba al lado de nosotros. Cuando lo escuchamos junto al oído había quedado a tras, pero me percibió; había una puerta, y nos quería.

Amaury González Vilera

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viernes, 4 de mayo de 2012

La Plaza de los Museos un 13 de abril

La milicia marchando bajo el aguacero
Ese día se había pronosticado para gran parte del país lo que los observatorios llaman “precipitaciones dispersas de moderadas a fuertes”. Era un día de importantes conmemoraciones. Después de diez años, aquella reacción brutal de la oligarquía permanecía en gran medida impune. Pude llegar al valle de Caracas a eso de las once. La parada temprano esta vez no me sirvió de nada y no me quedó otra que hacerle honor a nuestra tozuda impuntualidad. Cuando subí a la superficie en la estación de Bellas Artes, lo primero que vi fue un cielo enturbiado con ganas de desahogarse, y en los alrededores un panorama demasiado habitual para la gran fecha.

El paseo que va desde la estación hasta la Plaza de los Museos, lugar donde se realizaba la primera Feria de la Comunicación Popular, no exhibía ese aire combativo de unos años atrás. Los mismos libreros, los mismos aturdidos y geniales y versátiles artesanos, los vendedores de discos quemados cubriendo la mercancía con un gran plástico ante el inminente aguacero; una pareja, camina despacio y sin hablar, mirando cada cual su propia referencia; una mujer con el drama en el rostro y un niño en brazos, algún monótono transeúnte, algún muchacho en bicicleta, tres muchachas estudiantes de liceo riendo y paseando, conformaban un cuadro nada trascendente para la fecha en que se conmemoraba la gloria del bloque cívico militar. O se agrupan en la plaza o ya van camino a palacio, pensé.

A medida que me acercaba a la Plaza circular veía más movimiento y más bullicio. Gente con sus camisas y gorras rojas institucionales, algunos con sus carnets colgando del cuello, se agrupaban en distintos puntos del paisaje, como definiendo los objetivos del día; grupos de cuatro y de cinco uniformados verde olivo iban y venían, hacían señas a lo lejos y se cruzaban con el ciudadano liberal que va trotando hacia el Parque Los Caobos, con tres funcionarios de la Policía Nacional con sus chalecos verde fosforescente, y conmigo. Un día de apretadas aglomeraciones despuntaba, y el cielo parecía cerrarse más aún. Llegué a la Plaza que desde hacía dos días estaba vestida de toldos blancos a lo largo de su circunferencia. En el centro, la carpa principal, donde se levantó un modesto escenario para los foros y conversatorios que tuvieron lugar, y donde tocaba sabrosamente un grupo de tambor que había llegado de Valencia; percusiones del pueblo con sabor a Cumbe.

El día de la dignidad nacional tenía en los medios alternativos a uno de sus procreadores.  Sin más me dirigí al toldo donde los medios digitales hacían su muestra; una muestra, por cierto, mucho más que virtual si consideramos que nunca nos pusieron la conexión a la red. Pero esa disonancia en el canto ya no se percibía porque, qué carajo; ese día debía ser de comprensión, de alegría y de fraternidad. Los compañeros de los impresos habían forrado la extensión de su carpa con los colores y las letras de sus periódicos alternativos. En una rauda vuelta de reconocimiento me topé con el director de la Radio Negro Primero, un enérgico afro-luchador quien, con su gorra militar, su chaleco abundante en bolsillos y su agradable charla, declaraba por aquí y saludaba por allá. Chocamos puños y seguí con mi vuelta.

Lloviznaba. Una brisita soplaba suavemente. Algunos compañeros ya almorzaban. Los milicianos se desplazaban frenéticos; se organizaban. En el toldo de Lara TV no divisé a las flacas deliciosas del miércoles quienes, vestidas todas con franelas manga larga rojinegras, daban la impresión de ser un grupo de rock sexo-anarquista. Volví a mi espacio, en el cual no vi a nadie de los que estuvieron el miércoles. En su lugar, en la mesa se desplegaba una portátil y un grupo de estudiantes de liceo visiblemente coordinados por una joven cuyos lentes se combinaban bien con sus pechos disparados, conversaban sobre la importancia de las tecnologías de la información. Voces fluidas, espontaneidad, pura frescura.

Me senté junto a los muchachos y me tragué el almuerzo que me habían dado en uno de los toldos. En eso llegó a nuestro espacio en busca de techo un compañero miliciano. La lluvia por fin había aparecido y caía con todo, logrando reunir y apretujar gente en cada toldo. En tres segundos vi atestado al pabellón central. El grupo de tambor no paraba de repicar los cueros. A una muchacha, al fondo, adolescente sin duda, parecía movérsele sola la cadera. Quería bailar pero sus amigos no parecían sentir el ritmo. Hizo su aparición la disciplinada Milicia Bolivariana, quienes habían brotado súbitamente del Parque aledaño, y que marchaban bajo el temporal a paso redoblado rumbo a la Avenida México. La movilización tenía rato de haber comenzado.

El diálogo con Luque y el sargento Freites se dio de forma natural. Este esperaba la señal de su superior para incorporarse al aluvión del 13 de abril, y con sus botas enlodadas nos contaba sobre su cansancio, que en las últimas 24 horas había manejado con el general desde Caracas hasta Barquisimeto, de ahí a Maracay y luego otra vez a Caracas. Lo saludé con el puño como a manera de felicitación. Para ese momento todos recogían los peroles. La agrupación afro-Caribe inició su recorrido sin dejar de tocar. La lluvia seguía, aunque menos intensa. Le dije a Luque, el comunicador, y al Sargento sonriente para tomarles una foto. Esa imagen era la de la unidad cívico-militar, era la mejor imagen que había captado ese día. Al fin escampó, y la dispersión en la plaza se convirtió en concentración y marcha en la Urdaneta y la Bolívar, en dirección a Palacio, a la conmemoración, al acontecimiento, a la fuerza telúrica.

Amaury González Vilera


martes, 1 de mayo de 2012

Día Internacional de los Trabajadores en Venezuela: tres grandes contrastes con el pasado y con el presente

Este Día Internacional de los Trabajadores es especial en Venezuela, toda vez que en la víspera el Presidente Hugo Chávez le dio luz verde a una Ley que, sin exagerar, se puede calificar como un instrumento jurídico revolucionario: la nueva Ley Orgánica del Trabajo. Si bien se debe garantizar que lo plasmado en la nueva LOT se operacionalice efectivamente en la realidad social-laboral concreta, lo cual constituye la próxima batalla inmediata, el inmediato desafío, no son moco de pavo las reivindicaciones contenidas en el texto de la nueva Ley. Pero indistintamente de las tareas pendientes, tres contrastes refulgen en este importante día.

El primero de ellos se presenta con el pasado, con la Cuarta República, particularmente con el tristemente célebre robo de las prestaciones sociales de todo un pueblo, ejecutado en 1997 en las postrimerías del último gobierno que doblaría el espinazo ante los dictámenes del FMI, faltando poco más de un año para el triunfo de Chávez en las presidenciales del 98. Un pasado de atropello a la clase trabajadora, donde se socavaron elementales derechos de la mayoría obrera a favor del patrón, del empresariado, del capital.

Otro contraste, tal vez el más resonante, es el que se presenta con la actual situación crítica por la que atraviesa, por ejemplo, Europa. Nombremos sólo tres países considerados aún por muchos como “desarrollados”: Italia, Grecia y España. Este último ostenta hoy el más alto desempleo juvenil, el cual alcanza más de 40%, y recientemente logró batir su propio record de paro. Y qué decir de Grecia, donde los suicidios han aumentado preocupantemente en los últimos meses debido a la grave crisis económica; sobre Italia, recordemos por ahora como la funcionaria encargada de la cartera del trabajo anunciaba, con abundantes lágrimas en los ojos, las nuevas medidas que se aplicarían en materia laboral.

En Venezuela, durante el gobierno de Chávez, no sólo se ha aumentado sistemáticamente cada año el salario mínimo,  que con el nuevo aumento es ahora el más alto de América Latina, sino que los pensionados del Seguro Social durante este gobierno también comenzaron a cobrar el equivalente a aquel, garantizando seguridad y bienestar para este importante sector de la población. Con la aprobación de la nueva LOT, se da un paso importante en la dirección de construir el socialismo bolivariano.

Destaquemos sólo tres nuevos beneficios del nuevo ordenamiento:

1.- Retorno de la retroactividad de las prestaciones sociales (Reivindicación histórica).

2.- Protección plena de la familia: seis meses de permiso pre y post-natal para la madre e inamovilidad para el padre.

3.- Consideración del Ser Humano por encima del capital: una verdadera proeza que hay que hacer cumplir en la práctica con organización, lucha y formación.


En resumen, podemos afirmar que la alegría y la pasión popular que ha caracterizado a la celebración de hoy en la ciudad de Caracas y los logros concretos alcanzados por los trabajadores durante el gobierno de Chávez, marcan un elocuente contraste con el pasado del país y con la situación de crisis del capitalismo global. Pero entonces ¿Cuál es el tercer contraste? El que se presenta con el sector retrógrado de los que se oponen al proyecto bolivariano, hoy representado por el candidato Henrique Capriles y que ha mal disimulado su intención de volver con las desfasadas, fracasadas y criminales medidas neoliberales.

De tal manera que, más allá de lo que quede por recorrer en la construcción del socialismo, el estado de ánimo del pueblo venezolano, los hechos objetivos que reflejan lo hasta ahora logrado, y la aprobación de esta nueva palanca jurídica, definen el carácter de la anunciada victoria de Hugo Chávez el 7-O, y se erigen en ejemplo de buen gobierno para la región y el mundo. Lo que nos queda: hacer cumplir la ley.

Editorial Poderenlared.com


martes, 17 de abril de 2012

"Consenso sin Washington" y el comportamiento errático-guapachoso de la delegación estadounidense en Cartagena

Clinton en el Café Havana de Cartagena
La obsolescencia de cumbres como la recién terminada Cumbre de las Américas ya es inocultable. Esta obsolescencia no es programada, como la que caracteriza a los artefactos de corta vida que el capitalismo fabrica para mantenernos consumiendo. El carácter de obsoleto de dicha cumbre viene dado por su anacronismo, por pertenecer a otros tiempos geopolíticos.

El pasado domingo el encuentro de Jefes de Estado realizado en Cartagena de Indias, Colombia, terminó sin una declaración final. No la podía haber, toda vez que los países de la América Nuestra asistieron con la determinación de plantear dos temas de alta importancia y que asomaban tempranamente una confrontación de “puntos de vista” entre los representantes de Nuestramérica y la América anglosajona, lo que es decir, entre el impulso soberano y descolonizador y el imperialismo y el neocolonialismo trasnochado.

El colonialismo del siglo XXI presente en las Malvinas y la exclusión de Cuba de la cumbre más el bloqueo criminal que se mantiene hacia ésta, marcaron el desencuentro entre los dos continentes. Para Juan Manuel Santos, sin embargo, la evidente falta de consenso en la cita continental no significa un fracaso en la medida en que esta fue la del “diálogo y la sinceridad”, una cumbre en la que no hubo “temas vedados”. El hecho es que los resultados de la cita constituyen una nueva expresión de los significativos cambios que se verifican en la región y el mundo. Luis Bilbao, periodista argentino, lo expresó muy bien: sí hubo consenso en la Cumbre de las Américas, un “Consenso sin Washington”, un acontecimiento de trascendencia que confirma las recientes palabras del ex asesor del Dpto. de Estado gringo Brzezinski: EEUU ya no tiene la supremacía mundial; agreguemos que tampoco la tiene en América Latina, con todo y las bases militares que mantiene en la región.

Este “consenso sin Washington” puede que tenga una trascendencia similar a la de la derrota del ALCA o la constitución de la CELAC. No obstante la significación de los resultados ―o de la ausencia de ellos― de esta cumbre, puede que estos tengan su correlato en el comportamiento errático-guapachoso que exhibió la delegación de Estados Unidos durante los días del foro.

En primer lugar, tenemos a un Obama enguayabao, con lo cual quiso jugar con su imagen, dando la impresión, dado sus rasgos afrodescendientes, de ser un habanero originario y sentimental; solo le faltó bailar un mambo en el Café Havana con Hilaria. De otro lado, el gazapo de las Maldivas por Malvinas no fue casual. Si bien Obama nos recordó a Bush, destaquemos que este tipo de “equivocaciones imperiales” reflejan el consuetudinario cinismo que el Gran Hermano hijo de la gran reina, ha mantenido frente a estos resabios de otras épocas. Es, digamos, una mezcla de arrogancia, diplomacia y cinismo neocolonialista. La equivocación ocurrió con el término de origen romance y no podía ocurrir con el anglosajón, que es el que tienen claro; en los dos nombres, en la denominación, está la lucha por la soberanía y la descolonización.

Pero la guayabera de Obama se quedaría corta ante los desafueros de al menos 15 agentes del servicio secreto de EEUU quienes, afectados por el aire caribeño y el clima tropical, dieron un alto a la férrea disciplina para ponerse a perseguir mujeres en las calles y locales nocturnos cartageneros. Tan importantes agentes tuvieron que ser expulsados por mala conducta ante las serias y reiteradas quejas que su lujuria desatada estaban provocando. Pero esto no es todo. Vino el turno de Hilaria, aquella que se deshizo en carcajadas ante el linchamiento de Gadaffi. En compañía de miembros del servicio secreto ―no sabemos si en el grupo se encontraban algunos de los mala conducta aunque suponemos que sí― Hilaria irrumpió en el Café Havana, regentado por un italiano muy parecido al actor Jean Reno, local donde se empinó unas frías y bailó al ritmo de la música cubana.

Finalmente, tenemos entonces que las “anécdotas“de la delegación gringa se pueden resumir en: sexualidad desatada, indumentarias cubanas, rumbas al estilo cubano y un gazapo elegantemente deslizado. Todas relacionadas con los dos temas “calientes” de la cumbre: Cuba y Las Malvinas. ¿Un intento de mitigar la actitud defensiva que mantuvieron frente a estos temas? Puede ser.

Los espectáculos sirven para distraer, pero más que la guayabera de Obama o la rumbita que se tiró Hilaria, nada resonó más en la cumbre que la presencia del primer “Consenso sin Washington”, digno de celebrar con tabaco y ron.

amauryalejandrogv@gmail.com

@maurogonzag

lunes, 16 de abril de 2012

Unidad Cívico-Militar o el pueblo en armas: pilar del proceso bolivariano

A 10 años hace del golpe de Estado que intentó dar al traste con el proceso de recuperación de la soberanía y la dignidad nacional, podemos decir ―aunque esto sea un debate― que sí es posible desde el Estado burgués gobernar para las grandes mayorías, contodas las contradicciones que esto implica. Son 10 años en los que se han alcanzado grandes logros materiales y espirituales para todos los venezolanos ―sin exclusiones―, en un contexto de gran politización y de un ejercicio de las “libertades” que solo se da en Venezuela.

Una de esas libertades, ejercida de una manera que dificilmente veamos en otras países del mundo que no formen parte de los países de la ALBA, es la llamada libertad de expresión, que ha sido practicada y ejercida sin ningún tipo de responsabilidad por las varias empresas audiovisuales e impresas, quienes la han confundido con una supuesta libertad para conspirar, presionar y pasar por encima de la ley. Una grave distorsión capitalista que fue utilizada sistemáticamente para concretar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, que incluiría esta vez la "libertad" para no decir lo que tenían que decir, para callar criminalmente  y negarle a la sociedad su derecho a la información, por lo que este pasó a la historia como el primer golpe mediático del mundo.

Flamante cualidad del golpe de abril que fue celebrada cínicamente por los civiles y militares golpistas. Personajes de la política, del mundo empresarial, de la cúpula eclesiástica, articulados con algunos militares de alta jerarquía y los tradicionales factores externos quienes, en un acto de gran subestimación del pueblo y de gran ignorancia de lo que Chávez representaba ―y que aún representa―, estuvieron muy lejos de intuir siquiera que en nuestra Fuerza Armada no tendría efecto eso que llaman en el campo castrense "obediencia debida", y que en las dictaduras del Cono Sur sirvió para librar de culpa durante a un tiempo a militares que habían violado derechos humanos fundamentales obedeciendo “órdenes superiores”.

Los planificadores del golpe oligárquico no repararon en el hecho de que Chávez es la encarnación cabal de lo cívico-militar, del pueblo ejército, el factor aglutinador por excelencia no solo de corrientes, partidos y movimientos, sino de dos universos que durante la Cuarta República se mantuvieron convenientemente separados: el de lo civil y el de lo militar. Pero la historia de nuestro ejército ha sido la de un pueblo en armas que ha sido el único que ha salido de sus fronteras no para conquistar sino para liberar pueblos. Ignorar esa tradición heroica y profunda fue lo que hizo la oligarquía. Soberbio error.

Fueron diversos factores los que confluyeron para que se convalidara la tesis ceresoleana de gobierno-pueblo-fuerza armada, en unos hechos que trastocaron temporalmente al primero, al gobierno, y que precipitó un movimiento sociopolítico donde los otros dos, pueblo y fuerza armada, en unidad fundamental, fusionados, restauraron a aquel.

El cemento de tal bloque, hoy día podemos decir, fue la comunicación popular, una red informativa entretejida en medio de una gran voluntad de vivir, que generó un consenso popular que hizo factible el regreso del presidente Chávez, en unos hechos que así como demostraron algunos postulados de la filosofía política, sentaron también precedente.

Finalmente; unidad cívico-militar y política comunicacional, en medio de la jauría reaccionaria, fueron determinantes para el regreso de un líder popular que inauguraría un período luminoso para toda la región, período que durará mucho más. Para esto hay por ahora una condición: el triunfo en las venideras elecciones del 7-O.

Editorial Poder en la Red

martes, 10 de abril de 2012

Electivismo crítico creador: un mensaje para los puristas teóricos

José Carlos Mariátegui
Luego de 13 años de proceso bolivariano es apreciable la conciencia política alcanzada por los venezolanos, con todo y el bombardeo cotidiano de las instancias ideológicas del sistema; con todo y que sigamos siendo una sociedad capitalista que lucha por transformarse en una socialista.

Esa conciencia nos permite ver con claridad quienes son los enemigos de la patria, del pueblo, de la soberanía y autodeterminación de la nación. Pero además esa conciencia, que en un proceso de cambio social hay que mantener clara y lúcida, nos permite ver que, en el marco de la modernidad capitalista en todas las presentaciones que de ella hemos conocido, existe un peligro histórico que, haciendo su aparición en todos los procesos revolucionarios, tiene el poder para trocar un proyecto de liberación social auténtico en una nueva forma de dominación. Estamos hablando de la izquierda religiosa, de la ortodoxia formadora de nomenclaturas y promotora del sectarismo cainita; estamos hablando de filiaciones teórico-políticas pasionales promotoras de la división. Tal situación ha dividido históricamente a los sectores impugnadores del capitalismo, y nos llama hoy por hoy a trabajar en la completa renovación ética y teórica de la izquierda, merecida y necesaria.

Ese panorama de una izquierda fragmentada en función de distintas visiones de la revolución, preferencias ideológicas ―modas incluso― o distintas filiaciones teórico-políticas, en nuestro actual contexto electoral ha hecho imperativo la construcción no espasmódica de la unidad de todos los partidos y movimientos que apoyan a la Revolución bolivariana en el Gran Polo Patriótico, siendo el presidente Chávez el gran factor aglutinador en este proceso, lo cual por otra parte le crea al movimiento una dependencia nada sana de la figura histórica del indiscutible líder.

En tal sentido, no resulta nada alentador de cara al futuro de un proceso de cambio social al que le falta mucho por recorrer, que existan todavía estas pasiones irreductibles aderezadas muchas veces con una tozuda inmadurez política. Incluso hasta es, muchas veces, un problema de perspectivas de conocimiento, con lo que me refiero a que se hacen presentes los consuetudinarios problemas de colonialismo mental, situación que si bien algunos no dudan en calificar como meras divagaciones idealistas, cuando no de la más pura paja, es una realidad tan presente y tan verificable como el cínico y rancio neocolonialismo que constatamos hoy en las Malvinas.

Tales planteamientos, los hago no sólo para destacar lo fundamental de la unidad del bloque revolucionario de cara a las luchas que vienen, sino a propósito de un comentario dejado hace un tiempo en la sección “Nosotros” del portal Poderenlared.com, en el que se hace una crítica dirigida a la conceptualización del proyecto que comienza con la alusión a la supuesta “incapacidad que tenemos los venezolanos para definir criterios políticos”. Citemos el comentario completo hecho por el compañero Camilo:

“No entiendo la incapacidad que tenemos los venezolanos para definir criterios políticos, padecemos el sempiterno eclecticismo. Ustedes son una muestra comienzan hablando de contra-hegemonía categoría comunista-gramsciana, después plantean el fortalecimiento del Estado de bienestar posición socialdemocrata europea, mientras argumentan la necesidad de la construcción del socialismo libertario idea anarquista para terminar diciendo que desean convertirse en el portal de la GRAN clase media venezolana, por favor…”

Bienvenida la crítica de Camilo. Y no ahora sino desde que la leí en su momento. Debo decir en primer lugar, a Camilo y a los que nos leen, que la asunción crítico electiva o, también, el electivismo crítico creador, es lo que ha caracterizado a lo mejor del pensamiento latinoamericano en su permanente intercambio con la historia y con las distintas corrientes y escuelas de pensamiento, modas y paradigmas que nos han llegado de otras latitudes. ¿De qué se trata este electivismo crítico creador? Es una postura teórica. Como diría el filósofo cubano Antonio Bermejo, es una actitud cosmovisiva y epistémica; incluso podríamos considerarlo un método, una visión de complejidad, además de ―y esto lo consideramos importante― un antídoto frente al llamado eclecticismo. Es decir, que ni ecléctico ni sempiterno.

Agreguemos además, apretadamente, que esta asunción crítica electiva fue una cualidad y actitud teórica-metodológica que caracterizó el pensamiento del Amauta Mariátegui. ¿En qué consiste? Básicamente, en la articulación armónica y coherente de las distintas corrientes teóricas, en su selección y recreación en función de una realidad social concreta. Complejo pero no incomprensible. Una postura propia de la capacidad de síntesis que está presente en nosotros mismos como indo-afro-americanos. De tal manera, decir que padecemos de eclecticismo es más bien padecer de escepticismo, como incredulidad rozante de fatalismo y derrotismo.

Ciertamente, en esa descripción nos tomamos la libertad de desplegar conceptos que, en apariencia, parecen contradictorios e incluso contrapuestos, y qué decir de las connotaciones románticas de algunas de las expresiones utilizadas. Yo no sé si estemos ante una manifestación de purismo teórico-filosófico, pero el proceso de contra-hegemonía no suena antitético frente al de Estado de bienestar, concepto que entendemos, dicho sea de paso, a nuestra manera.

Finalicemos con esta pregunta ¿Considerar a la Gran Clase Media como público destinatario de un proyecto comunicacional, impide que nos identifiquemos con el socialismo libertario?

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domingo, 25 de marzo de 2012

El mundo está harto del discurso del "progreso" y de sus trasnochados defensores

Resulta insólito que a estas alturas de la partida se esté proponiendo el “progreso” como si la palabrita por sí misma tuviera algún poder sobrenatural para convencer a gente que ya sabe que en nombre de la idea de “progreso”, se ha colonizado, recolonizado y neocolonizado a países que desde la perspectiva de la Teoría de la Dependencia estuvieron siempre en la llamada periferia, indistintamente del optimismo y su fe en el indetenible “progreso”.

Comencemos diciendo, con el Mariátegui de “El alma matinal”, que en el ser humano está presente una necesidad de infinito, de trascendencia, por lo que la necesidad de una Fe, de una creencia superior, ha estado siempre presente en el alma de las sociedades, de los pueblos. Históricamente, las religiones siempre desempeñaron este rol de re-ligar al ser humano con ese universo trascendente por medio de ese conjunto de ceremonias y creencias que son las religiones. Ahora bien, la modernidad capitalista de los 500 años, como proceso de racionalización y secularización, entre otras cosas, en cierta medida transfirió esta influencia que siempre tuvo la Iglesia (la comunidad de los creyentes) a las llamadas ciencias sociales. A medida que la institución eclesiástica perdía influencia la ganaban estas disciplinas que nacieron haciendo de la sociedad su “objeto de estudio”, en el marco fundamental del siglo en el que, podemos decir, se consolidó la ideología colonialista: la centuria del XVIII.

Es así, como el fundador de una de esas “ciencias” acuñó la conocida frase “Orden y progreso”, como consigna y flamante mitología emanada de las plumas de los intelectuales orgánicos de la burguesía en ascenso. La revolución industrial como subsunción de la tecnología en el capital, como lo plasma Marx en el Manifiesto Comunista, transformó vertiginosamente las relaciones sociales, en un contexto donde el “progreso”, inauguró una visión lineal de la historia y de la vida, con la mitología de fondo de que el mero transcurrir del tiempo aumentaría el bienestar general. De tal manera, lograr el bienestar de todos era solo cuestión de dejar que los pioneros burgueses, armados con su voluntad, su ciencia y su técnica, hicieran su trabajo.


En este orden de ideas, son muchos los pesadores que han develado este mito del progreso, que si bien los mitos y la ideología forman parte de la estructura social como refiere Ludovico Silva, este del “progreso” es un “mal mito por ser ilusorio y destructivo” (Dussel). Pero lo que preocupa de todo esto, es que después de un siglo como el siglo XX, muchos crean aún en este cuento del progresismo que lo que sí recuerda es a un burro tras la zanahoria; o peor, que crean en el “capitalismo popular”. A propósito de esto, recordemos también que existe toda una genealogía de palabras mitológicas cuyo carácter teleológico, cuya “inevitabilidad”, las han emparentado en las diversas épocas. Es el caso del progreso, pero también de palabras-mito como “desarrollo”, “crecimiento”, “civilización” o “globalización”, que sugieren lo que es de alguna forma ―de alguna forma porque son mitos― imparable, inevitable y necesario.

La palabra “desarrollo”, por ejemplo, es uno de esos signos mitológicos heredero del “progreso”, y que el pensador colombiano Arturo Escobar analiza en tanto “régimen de representación”, como discurso articulado y difundido desde el norte del mundo en un determinado contexto histórico, el de la segunda post-guerra, y que logró colonizar el imaginario social hasta el punto que no se pudo pensar en algún esfuerzo orientado a lograr el bienestar de los pueblos en términos que no fueran los del “desarrollo”. La consecuencia necesaria de esto fue que se creó el subdesarrollo, en una renovada dualidad moderna-capitalista heredera de aquella civilización-barbarie, creándose junto a aquel todo un “tercer mundo” como espacio de lo “sub-desarrollado.

Ciertamente, tales discursos devienen en “prácticas concretas de pensamiento y acción” por medio de las cuales se llega a crear realmente una determinada realidad, aunque sin embargo sean unas gramáticas de las cuales podemos y tenemos que salirnos. A esto agregaríamos que la falta de imaginación no excusa la incapacidad o la renuencia para transitar por el camino de la descolonización intelectual.
 
Todo lo cual nos lleva a destacar el carácter trasnochado del discurso del progreso como estrategia otorgadora de esperanzas, ambigua y difusa, y por demás atribuible históricamente tanto a derechas como a izquierdas. Así como se articuló en su momento el “discurso del desarrollo”, con el criminal Harry Truman como punta de lanza, más adelante con Kennedy surgió la estrategia de la “alianza para el progreso”, como reacción y como expresión de inquietudes y miedos ante el triunfo de la Revolución cubana. El historiador Sant Roz lo recuerda así:

En diciembre de 1960, el agente de la CIA, Adolf Berle, coordinador del grupo de trabajo del Partido Demócrata sobre América Latina, consultó la opinión de uno de sus agentes para el  área, el señor José Figueres, para definir la política de John F. Kennedy hacia la región. De aquí surgió la propuesta de anunciar en la Unión Panamericana de Washington el programa «Alianza para el Progreso».

Desde entonces la denominación Progreso, como término que se refiere a avance, a proyección desarrollista hacia el futuro, sentido de superación económica, adquirió una dimensión tremenda en todos los informes, artículos de opinión, libros, documentos y titulares de prensa.


No obstante hay que decirle a un montón de ignorantes, que aunque parezca insólito, el verdadero inspirador del programa «Alianza para el Progreso» fue Fidel Castro. Incluso, Fidel Castro estimó su costo en unos 20.000 millones de dólares. Esta fue una proposición que Fidel presentó en mayo de 1959 durante una visita que hizo a Buenos Aires en momentos en que allí se realizaba una reunión de la OEA. 


De tal manera, podemos concluir apretadamente que:

1- El discurso del progreso ―presente actualmente en el oposicionismo venezolano―  es un heredero del discurso del desarrollo ―que a su vez es pariente de aquel “orden y progreso” positivista―, como estrategia política-discursiva articulada en un contexto imperial y con el propósito de justificar y naturalizar coloniajes y neo-coloniajes.

2- En nuestro actual contexto, de reconfiguración geopolítica mundial hacia la multipolaridad, de una crisis estructural del capitalismo que viene desde hace 100 años como lo explica Theotonio Dos Santos; de renovado keynesianismo de guerra y de crisis ecológica mundial, hablar de “progreso” resulta anacrónico, inviable, desubicado y torpe.

3- Si entendemos al “progreso” y al “desarrollo”, no sólo de manera tecnocrática como “crecimiento de la economía”, o como el florecimiento de la cabilla y el concreto por todos lados, sino como el aumento del bienestar, la satisfacción y la felicidad de la gente, bien podríamos decir que en los últimos años hemos tenido progreso, y no precisamente como perfección de los medios y confusión en los fines, aunque habría que ser cuidadosos con la posibilidad de enseñorear a la racionalidad instrumental.

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lunes, 12 de marzo de 2012

Ricardo Lagos en Banesco y sus "palabras para la oposición venezolana"

Ricardo Lagos, ex-presidente de Chile
La conferencia pública realizada el sábado en los espacios de Banesco, denominada  “Palabras para Venezuela”, como ya se sabe constituye la cuarta edición de un evento que tiene por lema “Visiones de una economía con rostro humano”, eventos que se han realizado en años determinantes para el futuro de nuestra sociedad, como por ejemplo en años de gran “conflictividad política” (2002) o simplemente en años electorales (2004). Conocemos la historia del 2002, de ahí el eufemismo que utilizo. Respecto al año 2004, sabemos que este fue mucho más que un año electoral. Este fue el año del referéndum, un acontecimiento sin precedente que no sólo ratificó a Hugo Chávez como presidente, sino que consolidó la democracia protagónica venezolana como la más avanzada del mundo.

Esto nos habla del carácter orgánico que tienen estos eventos respecto a la campaña nacional e internacional contra el presidente Chávez y el proceso que lidera, por lo que está bastante lejos de ser casual que, por ejemplo, Felipillo haya vuelto con el tema de la “alternancia” como “esencia de la democracia”, lanzando además comentarios como ese de que gobernó catorce años tras los cuales él sabía que la gente estaba cansada de él, añadiendo además que hasta estaba cansado “de él mismo”. No recuerdo aplausos más apasionados que los que se dieron tras estas palabras de Felipillo.

Debo decir que no escuché completa la intervención de Cardozo, y que nadie duda de la experiencia y los conocimientos que portan estos tres personajes que hablaron ayer en el conocido banco privado. Mis respetos para ellos; ojalá en las filas de nuestra oposición tuviéramos políticos de esa “seriedad”. Ahora bien, a pesar de que el ex presidente español quiso alejarse del matiz tecnócrata en su discurso con aquello de que observar los “estados de ánimo” de los pueblos era más científico que lo que dicen los economistas, palabras-conceptos como “crecimiento”, “productividad”, “competitividad”, fueron dominantes en su intervención, en un evento donde por cierto se habló de la “globalización” como si fuera la gran novedad teórica brotada recientemente de las excelsas cabezas de las ciencias sociales del norte del mundo, o el último alarido de las ciencias sociales. Como si ese foro fuera pendejo; bueno. 


Sin embargo, más allá de estos planteos y de los malabares retóricos de estos veteranísimos de la política en “clave norte”, lo que me motivó a escribir estas líneas fue la intervención del chileno Ricardo Lagos, en la que se expuso una visión de la democracia muy distinta a la presentada por González, y en la que me pareció advertir también un importante mensaje dirigido a la oposición venezolana, sobre todo al sector más disociado, aventurero y obcecado.

Lagos inició sus palabras agradeciendo a Venezuela por haber acogido a muchos de sus compatriotas cuando en su país “se apagó la libertad”. Una libertad por cierto que todos gozaban durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, aunque por supuesto no fuera el momento para que Lagos recordara un proceso político que hoy reconocemos como antecedente de la Revolución bolivariana en tanto vía pacífica hacia el socialismo, o revolución social utilizando los mecanismos del Estado burgués.

Pero como no es nuestra intención comentar cada palabra del chileno, vayamos de una vez a lo que dijo sobre lo que para él, a diferencia de Felipillo, es la esencia de la democracia. Ricardo Lagos hizo un interesante énfasis en la necesidad de que los gobernantes tengan una “mirada larga”, “que trascienda el período de gobierno”, destacando la importancia de las políticas de “consenso nacional” como esencia de la democracia y vía privilegiada para la realización efectiva de los proyectos de largo plazo. En este sentido, para Lagos la construcción de consenso, vale decir uno de los tres determinantes de la política para Dussel, constituye la esencia de la democracia.

Recordemos que en la construcción del consenso como proceso, como ejercicio de la práctica discursiva, está la participación como incorporación consciente y en condiciones de igualdad en los procesos de toma de decisiones. De ahí que estemos de acuerdo con el chileno en esta parte de sus planteos que, como veremos, tienen un sabor crítico dirigido a ciertas prácticas políticas caracterizadas por el sectarismo, la inmadurez y la cortedad de mirada.

Concretamente, la aseveración de Lagos sobre la importancia de que los dirigentes tengan una “mirada larga”, pone de relieve una importante cuestión: si es vital para la efectiva ejecución de las grandes políticas públicas de mediano y largo plazo, que exista consenso en torno a un proyecto nacional de país, el comportamiento reaccionario y antipolítico que ha caracterizado a una oposición que sólo en tiempos recientes ha reconocido y comenzado a respetar a la Constitución de la República, ha impedido la construcción del consenso que Lagos plantea con vehemencia como condición para la continuidad de las grandes políticas públicas, dando por sentado el escenario de la alternancia luego de finalizado el periodo de gobierno. Ahora bien, la construcción del consenso hacia una “hegemonía popular”, es una tarea que está planteada en el seno del Gran Polo Patriótico.
 

Ahora, en el caso de Venezuela, los rasgos de la lucha política parecen dificultar el eventual logro del consenso en torno al Proyecto Nacional Simón Bolívar, una visión de país que no ha sido compartida en lo más mínimo por los sectores oposicionistas, y a la que recientemente se le opuso un proyecto de fuertes rasgos neoliberales, antagónico de aquel. Tenemos así una polarización de proyectos que expresa la ausencia de consenso en torno al Plan de Desarrollo que viene ejecutando el gobierno bolivariano, lo cual ha entronizado la convicción de que en un eventual acceso de la oposición al gobierno, no solo se daría una simple interrupción de la continuidad, sino que volveríamos pa tras, con todo y que esto sea imposible. De otro lado, la mayoría del pueblo venezolano ha relegitimado en varias oportunidades al presidente Chávez, dándole además la oportunidad de postularse para un tercer mandato con la aprobación de la enmienda constitucional en febrero de 2009.

De tal manera, si planteamos que el proceso bolivariano ha enarbolado siempre la inclusión como una de sus políticas centrales sin que esta signifique, sin embargo, la exclusión de los que siempre estuvieron incluidos, y de esto existen datos y realidades objetivas verificables, el llamado de Lagos esta evidentemente dirigido a una oposición venezolana recalcitrante como ninguna, que parece no haber aprendido a estas alturas a pensar en términos nacionales, pudiéndose constatar ―porque nunca ha sido un secreto― su articulación y supeditación a intereses foráneos por todos conocidos, todo lo cual hace de ella una clase política que se ubica al margen del actual proyecto político nacional de desarrollo. En pocas palabras, hemos visto como Lagos ha afirmado que el consenso en torno al Plan Nacional es vital para la realización de los proyectos de largo plazo, y como en el caso venezolano hemos tenido una oposición que se ha esforzado, como si firmeza fuera igual a obcecación y recalcitrancia, por boicotear todo proyecto y desconocer cada logro ―que han sido muchos― del gobierno bolivariano, siendo su deber como dirigentes políticos a los que se les ha permitido ocupar espacios en el sistema político, trabajar en función del bienestar del país.

Es así, como podemos decir que Lagos ha regañado a la oposición venezolana, pidiéndoles más seriedad y más capacidad para trabajar con un gobierno que no los ha excluido y que reiteradamente los ha llamado a participar en los grandes proyectos de desarrollo del país. Sin embargo, no podemos engañarnos respecto a la lectura general que podemos hacer del evento en Banesco, que como mencionamos al principio forma parte de la campaña mediática, ideológica y cultural internacional que existe contra los gobiernos populares de la región, particularmente contra los del Alba, cuyos presidentes si podrían ofrecer unas “Palabras para Europa”, que es la que realmente necesita un poco de orientación.

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jueves, 1 de marzo de 2012

Brzezinski, Fukuyama, el Caracazo y la primavera política en Nuestramérica

Los años de imposición del llamado neoliberalismo ―o remozado regreso al liberalismo salvaje― fueron años particularmente difíciles para Venezuela y para nuestra América en general. Durante los años ochenta, el mundo fue testigo de cómo el imperialismo destruía pueblos enteros en Centroamérica, de cómo un viejo imperio reafirmaba su colonialismo sobre las Islas Malvinas quedando deslegitimado para siempre el Sistema Interamericano; de cómo la Unión Soviética se quebraba y daba paso a la “Transparencia” y a la “Reestructuración”, y de cómo en el año 1989, meses antes de que ocurriera el hecho que simbolizaría la derrota del “Socialismo real” en el mundo y por tanto el resonante y soberbio triunfo del capitalismo (Caída del Muro de Berlín), en Venezuela el pueblo ya se alzaba contra el nuevo esquema de dominación mundial llamado, como dijimos, Neo-liberalismo.

Recordar tan pantanoso contexto, en el marco de la conmemoración de los 23 años de los sucesos del Guarenazo-Caracazo, hoy nos sirve para plantear que si bien para personajes como Daniel Bell o Francis Fukuyama, el derrumbe de la URSS expresó el “fin de las ideologías” y el “fin de la historia”, en Venezuela, desde otra geopolítica de la razón, ese año significó algo diametralmente opuesto. Porque el Caracazo, como hecho político, multitudinario, popular, señaló el camino de la transformación social y de una nueva historia para Venezuela, y que repercutiría en un histórico y poético amanecer político para toda la región.

La caída del famoso muro desató la euforia capitalista y les permitió a sus dirigentes mundiales ahorrarse la amabilidad de las poses, mostrando su rostro más descarnado. Comenzarían los “felices 90”, años de privatizaciones, expoliación de los pueblos y más guerras. El mundo unipolar que quedó luego del fin de la Unión Soviética, impuso la ideología del individualismo  exacerbado, la del imperio irresistible del mercado y la separación vertiginosa de política y economía. En tal contexto, Margaret Thatcher llegaría afirmar que la sociedad no existía; si existían, por supuesto, los individuos, particularidades indefensas y solitarias dispuestas a vender su fuerza de trabajo y a doblar el espinazo ante la desbordante ola capitalista; ante la llamada globalización.

En un apretado balance histórico, hoy diríamos que esos sucesos del 89 explican en medida importante dos realidades contemporáneas indiscutibles: la de la primavera política de América Latina, hoy día más integrada y pujante que nunca; y la realidad de Estados Unidos y Europa: de decadencia, desesperación guerrerista, de crisis económica y de legitimidad. Por vez primera, presidentes como nuestro Chávez denunciaría abiertamente al imperialismo demente de Bush en la tribuna de la Asamblea General de la ONU; por primera vez un presidente brasileño, Lula Da Silva, declararía que la crisis capitalista en desarrollo no había sido causada por un  afrodescendiente, un mestizo o un indígena, y si por el hombre blanco de ojos azules, en clara alusión al hombre blanco capitalista euro-norteamericano; por vez primera, un presidente argentino, Néstor Kirchner, le diría en su cara a los representantes de Canadá y EEUU que no permitiría más patoteos por parte de potencia alguna.

De tal manera, digamos que el año 89 del siglo XX resultó determinante para los procesos políticos que se desarrollarían tanto en el este como en el oeste, en el norte como en el sur.

Todo lo que venimos planteando en relación a la emergencia del Sur y la crisis en el norte, lo confirman las recientes declaraciones Zbigniew Brzezinski, connotado ex asesor de la Casa Blanca, quien recientemente afirmó que EEUU ya no podía reinar como la única superpotencia del mundo (http://bit.ly/xbFmQJ), es decir, que la supremacía global del país del norte, terminó. Recordemos también, a propósito de las palabras de quien fuera el principal responsable del empantanamiento de la URSS en Afganistán, guerra ocurrida durante los años 80 y que fuera plasmada en la película Rambo III, que el Sr. Fukuyama, invalidando su tesis de finales de esta misma década y siendo también un reputado ex asesor del Dpto. de Estado, refirió algo así como que la historia había regresado, que había renacido de sus cenizas.

En este sentido, el Caracazo, como respuesta popular temprana al paquetazo neoliberal, explica el hecho de que la Revolución bolivariana haya sido la última del siglo XX y la primera del XXI, siempre con la permanente presencia revolucionaria de Cuba, y que hoy Venezuela este jugando un apreciable rol en la nueva configuración geopolítica mundial.

Por todo lo anterior, conviene recordar que el candidato del empresariado, de la derecha, si bien regresar al pasado es imposible, pretende resucitar vínculos con instituciones financieras internacionales como el FMI, lugar donde se diseñaron las políticas económicas para Venezuela y otros países de la región, y cuya aplicación por parte de las anteriores clases políticas, oligárquicas, subalternas, colonizadas, originaron resonantes explosiones sociales que trastocaron el rumbo de nuestros países, hoy en plena lucha política por su completa liberación.

El mundo cambió definitivamente, y no porque Brzezinski diga que ya EEUU no es el gendarme mundial o porque Fukuyama haya hablado del “regreso de la historia”, sino porque el proceso bolivariano ha dado luz a una nueva época, al ALBA, a la CELAC, para mencionar sólo dos grandes señales de unidad, de soberanía y autodeterminación.

@maurogonzag

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lunes, 27 de febrero de 2012

El Caracazo y el discurso majunche de la "concordia"

Imagen emblemática, simbolo del pueblo alzao

Uno de los elementos que ha formado parte del discurso majunche ―y no desde ahora sino desde hace ya varios años― ha sido el de la supuesta división de los venezolanos, también expresado como “fractura de la sociedad”, “enfrentamiento entre hermanos”, entre otras frases a la sazón. La versión actual de dicho discurso la expresa el candidato-marioneta empresarial cuando enfatiza en sus palabras que en el supuesto negado de ganar la presidencia gobernaría para “todos los venezolanos”. 

La idea está clara: la oposición necesita reconstruir el consenso que perdio de forma definitiva, para mencionar una fecha importante y más que simbólica, el 27 de febrero de 1989. Sin embargo, si hacemos un apretado repaso y recordamos que desde la instauración del Pacto de Pto. Fijo lo que hubo en Venezuela fue porteñazos, barcelonazos, cantauras, yumares y amparos, lo que es decir movimientos impugnadores del puntofijismo pero también persecución, represión y muerte, todo aderezado por el abundante y embriagador chorro de petrodólares, podríamos decir que los hechos del Caracazo fueron la máxima expresión del definitivo quiebre de un bloque histórico que, desde la colocación de sus primeras piedras fundacionales, lo que hizo fue recibir el mandarriazo parejo. 

La recurrente distinción de colores a que el majunche hace constantemente referencia, pretende expresar ―otra vez―  la idea de la división entre hermanos; la de una criminal fractura que nunca debió darse y que ha afectado sensiblemente la unidad familiar y la cohesión social. Pero conviene recordar que esta “cohesión”, esta “concordia”, este “patriotismo en torno a la bandera” que supuestamente llegó a reinar en el país, no son y nunca fueron más que mitos creados e inoculados en el contexto de una sociedad criminalmente excluyente, cuyos dirigentes nunca lograron, en el marco de la Cuarta República, articular un proyecto verdaderamente hegemónico.
De tomarle la palabra a la oposición como un todo, resulta evidente que su renuencia y su miedo a hablar del pasado, a recordar la historia, se explica por el hecho de que esa división entre venezolanos de que tanto hablan sus voceros, existió siempre en Venezuela y de hecho fue forjada por la estratosférica corrupción, entreguismo, exclusión y desgobierno que caracterizaron al período en que gobernó la clase política surgida del Pacto de Nueva York. La Revolución bolivariana lo que hizo fue abrir las compuertas de la toma de conciencia por parte de esas mayorías, desnaturalizando y desmitificando una situación de exclusión y de invisibilización, llamada por sus artífices “armonía” y “concordia”. Pero esta última se hundiría espectacularmente como el crucero que recientemente encalló en costas italianas, en un hecho por cierto muy simbólico de la situación socioeconómica por la que atraviesa Europa.

Es decir que, desde una perspectiva ideológica, el discurso de la fractura social o de la división de los venezolanos constituye una expresión de la superación de la falsa conciencia por parte de todos aquellos que vivieron en una pobreza que fue naturalizada, hasta que las “medidas dolorosas” de factura foránea que fueron implementadas por aquella dirigencia mediocre, eurocéntrica-progringa, supeditada y subalterna, provocaron la explosión ―en parte espontánea, en parte consciente― del guarenazo-caracazo.
Y es que ¿Acaso se puede hablar de cohesión social entre una clase privilegiada y excluyente y unas mayorías invisibilizadas y sometidas que eran salvajemente reprimidas cuando decidían manifestarse? Como concepto burgués resulta bastante lógico. Veamos algo.

Recordemos en primer lugar estas palabras escritas por Gramsci desde la cárcel, y que son citadas por Enrique Dussel en la sexta de las 20 tesis de política:

“Si la clase dominante ha perdido el consenso, no es más dirigente, es únicamente dominante, detenta la pura fuerza coercitiva, lo que indica que las grandes masas se han alejado de la ideología tradicional, no creyendo en lo que antes creían”. 

Hay hegemonía cuando hay consenso, cuando se ha logrado que las clases dominadas asuman el proyecto político presentado por las clases dominantes, como propio. Cuando tal cosa ocurre se puede decir que esa clase política no sólo es dominante sino dirigente. Sin embargo, una situación hegemónica pura difícilmente la encontremos en la historia, salvo en algunos períodos frágiles y efímeros de “cohesión social”. Se ha dicho que la clase política forjada con el Pacto de Nueva York dejó de ser dirigente desde los hechos del Caracazo, días en los que dicha clase se exhibió de manera cruda y brutal como meramente dominante, perdiendo absolutamente, dado el carácter sanguinario de la represión, su carácter de dirigente. Hoy, se podría plantear que el Caracazo fue la poderosa expresión de una crisis orgánica cuyas señales estuvieron presentes durante todo el período puntofijista, y que habían comenzado a aparecer desde comienzos de la década de los ochenta con el histórico viernes “negro”.

De tal manera, el 27 de febrero de 1989 fue el momento de la pérdida de legitimidad de los partidos políticos tradicionales; de su carácter de dirigentes. Si la hegemonía, como vimos, es la dominación política de una clase minoritaria que ha logrado construir el consenso en torno a su proyecto, y que ha logrado por tanto que las mayorías lo asuman como propio en virtud del trabajo de dirección intelectual y moral que desarrollan las instituciones de la sociedad civil encargadas de influir en las mentes y los corazones, desde aquel febrero se quebró una hegemonía que dio lugar a una movilización popular y a una lucha política que tenía que originar necesariamente un proceso de transformación social. El momento actual, en este sentido, sería de construcción hegemónica si consideramos que en el proceso contra-hegemónico en proceso tenemos la ventaja, es decir, si asumimos que estamos en la ofensiva política-cultural - intelectual-moral. 

Finalmente. El discurso majunche pretende montarse sobre el hastío y el desencanto que podría haber en algunos sectores, sobre el cansancio de las tensiones de la lucha política sostenida en el tiempo y los errores cometidos, con el objeto de volver al pasado en materia de soberanía y autodeterminación, de independencia y dignidad; volver pa trás en el propósito de construir una sociedad igualitaria y más justa.

El regreso de los majunches al poder implicaría así, la desaparición de la utopía. Volveríamos a la real polítik y las repercusiones internacionales serían como las de una nueva caída del muro de Berlín, un escenario impensable que no podemos permitir.

@maurogonzag