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viernes, 28 de febrero de 2014

1989, el año en que Venezuela contravino la dinámica mundial

Llegó otro 27 de febrero. Esta vez, en medio de una coyuntura en que la violencia generada por las manifestaciones violentas y las guarimbas han hecho correr de nuevo la sangre. ¿Cuáles son las peticiones de los manifestantes? ¿Qué es lo que piensan y sienten? Nada, lo que hemos visto y escuchado, es a un grupo violento diciéndole a un gobierno democrático y constitucional que debe irse. Esa desobediencia que receta Gene Sharp no funciona en Venezuela, sobre todo cuando se trata grupúsculos financiados desde afuera.

La evidente planificación de estos hechos, saltó a la vista cuando constatamos la cínica y pasmosa articulación entre los hechos de violencia y las corporaciones mediáticas internacionales, las cuales se alinearon otra vez para difundir la idea de la “represión” y “violación de los derechos humanos” por parte de las fuerzas de seguridad venezolanas, cuando lo que está ocurriendo es más o menos lo contrario: una violencia sistemática y ensayada, infiltrada en las manifestaciones estudiantiles de la oposición para provocar el uso de la violencia física legitima y legal del Estado.

Eso es lo que tenemos, eso lo que hemos visto. No es hambre ni exclusión, no se ha tratado de estudiantes exigiendo calidad en la educación o mejoras presupuestarias para las universidades. Como dijo William Ospina, se trata de un país en el que las clases más pudientes protestan mientras los pobres viven felices. Por sí misma, esta reflexión da cuenta del carácter de las últimas “protestas” que hemos presenciado los venezolanos. La respuesta de Maduro no ha sido la esperada por los epígonos de la violencia. Al contrario, el presidente ha llamado reiteradamente a la Paz, que ha incluido una Conferencia Nacional por la Paz, la cual se inició ayer de la manera más positiva imaginable.

Mientras tanto, el canciller Elías Jaua hace una gira por Suramérica para decir la verdad sobre los hechos que han enlutado de nuevo a la familia venezolana, ante la pretensión de endilgar al Gobierno bolivariano el calificativo de “represor”. Pero llegó el 27 de febrero, y se cumplen 25 años de El Caracazo, una rebelión popular legítima producto del hambre y la exclusión, que fue ―esta vez sí― brutalmente reprimida, en uno de los episodios más trágicos, aunque al mismo tiempo meritorios, de la historia política latinoamericana contemporánea.

Esta rebelión, iniciada en Guarenas el 27 de febrero de 1989, sin duda fue una gran tragedia en la que se violaron todos los derechos elementales del hombre y la mujer, llámense civiles, políticos, universales o humanos. La represión fue inhumana, indiscriminada, inaudita. El presidente, sus ministros y una Fuerza Armada usada como ejército de ocupación en su propio país, parecían dispuestos a matar a la mitad de la población para ahorrarle al pueblo el dolor que empezaba a causar la “estabilización macroeconómica”, como fue definido el paquetazo neoliberal que pretendía imponerse. Ese día, se reveló una incompatibilidad suprema entre el neoliberalismo salvaje y el pueblo venezolano, De ahí, el mérito de El Caracazo.

Desde una perspectiva nacional, el Caracazo expresó el quiebre violento de la hegemonía que mantuvieron los partidos políticos del Pacto de Pto. Fijo, la deslegitimación de estos, y el inicio de un proceso de organización tanto cívico como militar, que dio origen al movimiento bolivariano que llegó al poder en 1998 de la mano del Comandante Hugo Chávez. Desde la perspectiva internacional, Venezuela había dado una respuesta temprana y pionera a las pretensiones de imposición del neoliberalismo que había sido bautizado en 1973 en Chile al costo de decenas de miles de asesinados y desaparecidos, en un contexto donde la Unión Soviética de disolvía y emergía el mundo unipolar con toda su soberbia ideológica del fin de las ideologías y fin de la historia.

En noviembre de 1989, caería el Muro de Berlín, hecho simbólico que expresaría el fin del “campo socialista”, la derrota de la izquierda mundial y la entronización del capitalismo en su versión neoliberal. Sin embargo, 9 meses antes, Venezuela se rebelaba frente a eso, desencajando en la dinámica mundial y originando un proceso que sería calificado como la última revolución del siglo XX.

Ese fue el 27 de febrero de 1989, el parto temprano de una nueva época histórica, de la mano del poder popular en pleno y en medio de una de las peores represiones que pueblo alguno haya sufrido.

@maurogonzag