Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

viernes, 24 de enero de 2014

Sin capitalismo serio parece que no puede haber socialismo

Cuando el Comandante Chávez hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos, recordándonos que la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista, hizo algo así como “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. Seamos idealistas, pero sin ingenuidades.

Tal dosis de realismo se emparenta con otra reflexión, esta vez de Fidel Castro, en la que el revolucionario afirma o, reconoce, que uno de los mayores errores históricos que cometieron fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Nos parece que el Comandante Fidel, con ese pensamiento quiso enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos por transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Sin embargo, indistintamente de la complejidad que implica la construcción de una nueva sociedad en nuestro mundo contemporáneo, hay una reflexión, esta vez del Che, que no parece haber perdido vigencia: esa nueva sociedad no se construye con las armas melladas del capitalismo.

Decimos que no parece haber perdido vigencia, porque ¿Será posible construir el socialismo desde el mercado, el Estado y la empresa capitalista? El modelo chino pareciera estar señalando ese derrotero. Pero ¿Estaríamos hablando de socialismo, o de una transición a largo plazo de crecimiento y expansión capitalista, que conduciría, dadas las circunstancias, hacia un nuevo modelo de socialismo?

En Venezuela, el año 2013 sirvió no solo para que entendiéramos mejor nuestra economía rentista, predominantemente importadora, sin burguesía productiva, sino también para comprender la estructura de la profunda distorsión económica, si bien podemos llamarla robo descarado, que imperó históricamente en todos los sectores de la economía. Esta distorsión, con todos sus perversos mecanismos materiales y simbólicos generadores de complicidades, y apoyados además en un sistema de creencias funcional ―en el mejor de los casos― se reveló como un formidable obstáculo para el propósito de construir el socialismo.

La guerra económica iniciada por la burguesía a finales de 2012, y que la verdad han practicado siempre las clases dominantes, produjo una movilización histórica del Gobierno bolivariano y las comunidades organizadas que, demostrando una auténtica voluntad política, generó la determinación de combatir y superar el comercio especulativo, propio del rentismo petrolero y de otros factores sociopolíticos, históricos, si recordamos que la renta logró impregnar con su espesa abundancia desde actitudes y comportamientos individuales y sociales, hasta nuestra gastronomía y la forma y tamaño de nuestras casas. Todo lo anterior hizo que nos preguntáramos, a parte los discursos y las utopías, si en Venezuela no era necesario “enseriar” nuestro capitalismo para, a partir de ahí, avanzar hacia cualquier otro objetivo, sea la Luna, Marte, o el socialismo.

Atilio Borón, América latina y el “capitalismo serio”


Evidentemente, cuando el presidente Maduro habla de la necesidad de “sanear nuestra economía”, de superar el rentismo petrolero, de corregir las distorsiones económicas y superar nuestros problemas estructurales, bien definidos por los teóricos de la dependencia, se refiere indudablemente a la necesidad de “enseriar” nuestro capitalismo. Esto quiere decir, por ejemplo, crear las condiciones jurídicas y políticas para ajustar los márgenes de ganancia de nuestra dinámica económica, a niveles normales propios de cualquier capitalismo desarrollado; llevarlos, desde los niveles de bochinche que imperaron históricamente, a niveles “serios”. Definitivamente, nuestro capitalismo es el menos serio de los que hay en el mundo, y puede que sea precisamente por eso que es viable construir un modelo socio-económico distinto, que enriquezca al ser humano y no a la ciega máquina del capital.

Este tema, nos recuerda el análisis sobre geopolítica latinoamericana hecho por el sociólogo argentino Atilio Borón, en el marco del seminario de tres días realizado en el Teatro Teresa Carreño, luego de que se alzara ganador de la última edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico. En esa oportunidad, el escritor hizo una análisis interesante sobre los diversos bloques de países que integran la región, desde una perspectiva político-ideológica:

a) Una revolución consolidada, Cuba
b) Países de centro izquierda: Argentina, Brasil y Uruguay
c) Países bolivarianos: Agrupados en el Alba, los cuales plantean un "reformismo radical"
d) Países de derecha: Agrupados en la Alianza del Pacífico

A partir de esta clasificación, Borón dice que los países bolivarianos se distinguen por dos cosas: se plantean la construcción del socialismo como objetivo político y en ellos se presenta una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado.

De otro lado, en los países de centro-izquierda, se plantea un “capitalismo serio” y la confrontación se da entre los representantes de la clase dominante (No la clase propiamente dicha) y el Estado. Es decir, sería una confrontación más declarativa, más mediática que otra cosa. Recuerdo al autor discurriendo sobre la realidad argentina, en la que la clase dominante está brincando en una pata de lo contenta, aunque de cara a los medios se plantee una “confrontación” con la dirigencia política.

Algo similar ocurre en Brasil. Cuenta el autor de América Latina en la Geopolítica del Imperialismo, que la Asociación Bancaria de Brasil, la que agrupa a la banca más poderosa de ese país, le mandó a hacer a Lula Da Silva una estatua en la plaza de una de sus sedes principales, como homenaje a un presidente que hizo que la banca de su país obtuviera estratosféricas ganancias, como nunca antes en su historia. Ambos ejemplos los coloca el autor para hablar del ya famoso “capitalismo serio”.

De acuerdo a la clasificación, Venezuela se ubica en el grupo de los países bolivarianos, lo cual es indiscutible. Segundo, en nuestro país está planteada la construcción del socialismo, bien, correcto. Ahora bien, ¿Existe una lucha frontal entre la clase dominante y el Estado? Más frontal que en Argentina y Brasil, bien, pero ¿La banca y la burguesía comercial venezolanas no tendrían razones para mandarle a hacer una estatua a Chávez, por haberles hecho obtener históricas y jugosas ganancias en los últimos años? Es verdad, de otro lado, que esas ganancias las han obtenido en el contexto de un capitalismo parásito, rentista, para nada serio, como ya hemos dicho. Esto impide, por lo que entendemos a Borón, incluir a Venezuela entre los países de Centro-izquierda que promueven el capitalismo toda seriedad.

Así las cosas, parece estar fuera de discusión que Venezuela debe sanear su economía, diversificándola, al tiempo que debe reeducar a una población que consume como las mejores. Queda entonces el debate sobre el socialismo, en un contexto donde la práctica siempre estuvo por delante de la teoría, y donde los ataques y acosos permanentes de los enemigos internos y foráneos de la Revolución bolivariana, mantuvieron siempre el proceso político enfocado en las luchas coyunturales, electorales, políticas, económicas. Pero eso, al fin, parece estar cambiando.

El riesgo, como se podrá intuir, es que la industrialización y la configuración de un capitalismo productivo, con reglas mínimas respetadas por todos los actores, en la auspiciosa vía de la entrada de Venezuela al Mercosur, aleje las metas del nuevo modo de vida socialista, el alto propósito de los países del Alba. En esta vía, los factores mediáticos, educativos, subjetivos, a propósito de la reciente reunión Gobierno-Televisoras, siguen siendo centrales en la construcción de la nueva sociedad.

Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-. lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más fácil, el más susceptible de postergación.

Esto es así en la medida en que nuestro desafío ―así lo indica, por ejemplo, el estado de producción de contenidos audiovisuales en el país, necesario para combatir los anti-valores de la violencia funcionales al capitalismo― expresa la necesidad de continuar liberando el poder creativo que sabemos que tenemos, cualidad necesaria para consolidar los nuevos modos de vida y organización social que comienzan a perfilarse en el país, y que determinarán el desarrollo de la patria en los próximos 100 años.

Conclusión: “enseriar” nuestro capitalismo debe ser nuestra prioridad. Y si una nueva moral y unas nuevas luces iluminan nuestra práctica, el socialismo vendrá por sus propios pasos.

@maurogonzag

martes, 21 de enero de 2014

La filosofía de Leo Strauss, el imperialismo y las guerras mediáticas

Recuerda Walter Graziano en su popular obra Nadie vio Matrix, que son las teorías del filósofo de origen alemán Leo Strauss, las que se erigieron en inspiración y base conceptual de los llamados “neocons” (Neoconservadores) del Partido Republicano estadounidense, y del CFR, el think tank desde el cual la elite globalizadora petrolero-financiera maneja los hilos de los acontecimientos mundiales.

Graziano, recuerda que Strauss emigró a Estados Unidos perseguido por motivos raciales por el Tercer Reich, y que fue muy bien recibido en la conocida Universidad de Chicago, casa de estudios fundada y dirigida por los intereses petroleros, y lugar donde florecieron las teorías monetaristas de Milton Friedman, base del neoliberalismo, y donde además trabajaron los físicos que llevaron a cabo los estudios para el desarrollo de la bomba atómica.

Añade el autor de Hitler ganó la guerra, que Strauss se convirtió en una especie de gurú para los neoconservadores republicanos quienes, después de los atentados del 11/09 en Nueva York, como lo expone Miguel Ángel Contreras en Una Geopolítica del Espíritu, configuraron un escenario discursivo “anclado en una restauración de la teología-política”. Esto implicaba una “filosofía política como retorno”, lo cual no le venía nada mal a los intereses de la elite globalizadora, desde siempre darwinista y malthusiana.

Lo interesante del pasaje del libro de Graziano, es que resume el pensamiento de Strauss, plasmándolo en una premisa básica y tres líneas de acción estratégicas. Agrega el autor, para más señas, que Strauss es un continuador de las tesis de Maquiavelo, cuyas conocidas máximas no le merecieron nunca la más mínima crítica. De tal manera, como esta es la filosofía-ideología de los neoconservadores en Estados Unidos, de los cuales por cierto se pueden encontrar algunos epígonos en la ultraderecha de nuestro país, conviene que nos detengamos en las implicaciones de este pensamiento, una vez aclarada su base filosófica. Empecemos con la premisa básica, según la cual:

Por derecho natural, los fuertes deben gobernar sobre los débiles.

La premisa recuerda a los “esclavos por naturaleza” de Aristóteles, un esencialismo peligroso que evoca la doctrina del “Destino manifiesto”, dotado de una teleología muy aristotélica; las palabras de Ginés de Sepúlveda en el debate con el padre De las Casas con las que pretendió justificar la guerra y exterminio indígena, y las afirmaciones sobre el supuesto “Excepcionalismo” de EE.UU. con las que Obama sugirió, desde la tribuna de la ONU, que su país puede atropellar el derecho internacional cuando sus intereses así lo reclamen.

Por otra parte, las líneas de acción, si bien son manejadas por la elite con fines de dominación mundial, podrían ser también la fuente nutricia del accionar político de personajes más conocidos por nosotros:

1.- La mentira como necesidad: como no existen verdades absolutas, sino solo relativas, es necesario que los gobiernos mientan. Las clases dirigentes, a través de la prensa, deben difundir solo un mínimo indispensable de información veraz. En términos generales, no cabe otra posibilidad que la mentira y el engaño, con el fin de mantener bien cohesionada la fe y el optimismo de las masas en el futuro y en un sistema de valores y creencias. Así, la mentira y el engaño serían las armas para impedir el mínimo brote de escepticismo o nihilismo en los pueblos, lo cual podría conducir al desorden.

- Claramente, esta línea straussiana nos habla del perverso papel que la ideología ―entendida como falsa consciencia o “imagen invertida”― desempeña en las modernas sociedades capitalistas, mediatizadas y en gran medida condicionadas por los “mass media”. Como puede verse, son múltiples las implicaciones de esta “línea”.

- De otro lado, como actitud y comportamiento político, en Venezuela hemos presenciado hasta la saciedad como los personajes más representativos de la ultraderecha venezolana, recurren a la mentira y al engaño de manera sistemática, muchas veces obedeciendo “líneas” de los entusiastas discípulos que dejó señor Strauss.

2.- Al contrario de lo que establece la mayoría de las constituciones democráticas modernas, de carácter laico y que por tanto separan Iglesia y Estado, Strauss pensaba, a la usanza de los neocons estadounidenses con los Bush a la cabeza, que la fe religiosa y las constantes invocaciones a un dios todopoderoso (Bush hijo, incluso, hablaba con Dios) ayudan significativamente a que ese nihilismo y ese escepticismo se mantenga en el mínimo posible. De tal manera, la religión, cualquiera que sea, es una potente arma de dominio, tal como la mentira, para lograr meter en cintura, disciplinar, encolumnar, a las masas tras un líder y tras la clase dominante que, de acuerdo a la premisa básica, debe gobernar una sociedad o país por “derecho natural”.

- Este lineamiento pretendería aprovecharse de la necesidad de trascendencia presente en el alma humana, dándole un uso convenientemente político. Recordemos con Ludovico Silva, que los sacerdotes fueron los “primeros ideólogos”, dotados de autoridad carismática y de conocimiento trascendental. En 15 años de Revolución bolivariana, si hacemos un repaso del papel de la iglesia nos daremos cuenta de cómo su autoridad ―hoy bastante maltratada y socavada― fue utilizada siempre para canalizar intereses políticos criminales y antipopulares. Estaríamos en presencia aquí de un importante factor teológico-político, escolástico-medieval, propio de Strauss, capaz incluso de poner entre paréntesis el supuesto laicismo de nuestras sociedades modernas.

3.- La base de cualquier Estado y de cualquier gobierno es la existencia de un enemigo. Luchar contra un enemigo común sirve para aglutinar y mantener cohesionadas a las masas. Si bien un enemigo externo a un Estado puede aparecer de manera espontánea o imprevisible, según Strauss, y aquellos que siguen y practican su pensamiento, si ese enemigo no aparece, no existe, es necesario crearlo. Si no se puede echar mano de uno, este debe ser fabricado, porque sin la existencia de un enemigo poderoso al acecho se corre el riesgo de que se den las condiciones para que surjan importantes grados de disenso interno, el cual podría poner en cuestión la conducción del Estado y el dominio de un país por la clase “ungida” por derecho natural, es decir, los más fuertes. Lógicamente, en un sistema capitalista, los más fuertes son por lo general los más ricos.

- Una línea aplicable sobre todo a estados territorialmente extensos y culturalmente heterogéneos, ciertamente como Estados Unidos, pero sobre todo a aquellos países de vocación imperialista dirigidos desde las sombras por élites capaces de asesinar presidentes, organizar increíbles auto-atentados y crear enemigos de la nada, incluso sacarlos de entre el viejo grupo de “aliados”.

En resumen, mentir, usar la fe religiosa, y crear enemigos de la nada, nos da un resultado interesante: hegemonía, una situación de dominación-dirección construida en lo esencial por ese conglomerado ideológico-condicionante, hoy en el ojo del huracán en Venezuela: las empresas de información y “entretenimiento” llamadas medios de comunicación.

@maurogonzag

sábado, 18 de enero de 2014

“Un burgués es un personaje infernal, y su moral es la moral de Lucifer”

Si cultura es “el modo de organización de la utilización de los valores de uso”, como afirmó Samir Amin, entonces en una sociedad capitalista, y como tal basada en los valores de cambio, no puede haber otra cosa que Contracultura.

Tal es parte de la tesis de Ludovico Silva en su ensayo Contracultura, del cual extraemos la frase que presentamos hoy para ustedes, con la que el escritor ilustra e interpreta el “satanismo” de Charles Baudelaire, poeta al que considera como “el más puro representante” de lo que ha llamado “Contracultura”. Aquí puede notarse la dialéctica que plantea Ludovico con la categoría: contracultura es lo que impera en la sociedad capitalista basada en valores de cambio, pero contracultura es también la cultura genuina que quiere dejar de ser ideología.

Silva destaca a Baudelaire como uno de los casos más ejemplares del artista que no se identifica con su ciudad, cosa que no ocurría en sociedades de otras épocas, no basadas en el valor de cambio. Es el artista en la nueva situación postindustrial, por lo cual Ludovico lo califica como el “poeta de la modernidad”. Apoyado en Friedrich, Silva dice que el francés “resumió en sí todas las miserias y esplendores de la Revolución industrial.

De ahí su satanismo. Si la vieja sociedad pre moderna había sido teocrática, la moderna sociedad capitalista es “profundamente satánica”. El satanismo de Baudelaire es, entonces, el satanismo de la modernidad. El poeta era creyente, y siempre se refirió a Dios y a las religiones con respeto. No perdonaba, eso sí, el “ardor satánico de los modernos capitalistas”.

Así, tenemos que para Baudelaire, un burgués de mediados del siglo XIX era un personaje infernal, lo que es decir un burgués clásico, de aquellos que nacieron de la primigenia Revolución de la máquina de vapor, las hilanderas y el ferrocarril. Hoy, a siglo y medio de la muerte del poeta, nos preguntamos ¿Que escribiría Baudelaire del burgués especulador y parásito de la Venezuela rentista pre-industrial del siglo XXI? ¿Difícil de imaginar?

* Publicado el 15 de enero en PoderenlaRed.com en la sección "Frases para la historia"
@maurogonzag

martes, 31 de diciembre de 2013

La dureza del aprendizaje de 2013: año de revelaciones y desapariciones

Aunque algunos medios quieran evadirlo, y aunque millones en Venezuela y el resto del mundo no hubiéramos querido que así fuera, la desaparición física del Comandante Hugo Chávez, el gran líder de la transición del mundo hacia la nueva época, fue la noticia del año.

El año anterior había finalizado con cierta incertidumbre sobre la salud del Comandante. Los rumores venían haciendo estragos y hay que ver que al ministro de Comunicación del momento, Ernesto Villegas, no le tocó fácil. Nada menos que informar al pueblo venezolano sobre la lucha del Comandante por su salud, incluyendo la información sobre su recaída la noche anterior a su final deceso. No obstante, otras noticias del año tuvieron lugar en los días previos a este fatal acontecimiento.

A mediados de febrero, un conductor desde Kazajistán captaba las imágenes de un meteorito que, al entrar en la atmósfera terrestre, explotó en el cielo de los montes Urales, en Rusia, dejando más de 1200 heridos. Días antes, como si hubiera sido una orden inapelable del cielo, el papa Ratzinger, Benedicto XVI, anunció su renuncia al papado, hecho significativo si se toma en cuenta que tal cosa no ocurría desde 1415. El Vaticano se estremeció, algunos escándalos sagrados se ventilaron. En una noche lluviosa, hasta un rayo cayó en la cúpula de Saint Peters.

Llegó el 5 de marzo, y con él el dolor de todo un país. Un pueblo entero se despidió del Comandante ante su féretro dispuesto en Fuerte Tiuna. Ahmadineyad lloró y besó el ataúd de su compañero; Cristina fue la primera en la parada de honor y no quiso verlo de cerca para llevarse un mejor recuerdo. Mucha gente de la oposición se conmovió, muchos chavistas de clóset  corrieron la puerta, y salieron. Era más fácil ser chavista después de la muerte de Chávez, dadas las condiciones otorgadas por el dolor nacional. Venezuela necesitaba un nuevo presidente, y el 8 de diciembre de 2012, el propio Comandante había dejado la orden. El 14 de abril, aún recuperando aire después del golpe, hubo nuevas elecciones presidenciales y el chavismo, entre bigotes, plátanos y pájaros, echándole un camión de dieciocho ruedas, se impuso de nuevo y con una clara ventaja.

Toda Venezuela le agradecerá siempre el renacimiento del debate político, la politización de la gente, el despertar mágico y poético en el seno del pueblo, el nuevo sentido de la vida que movilizó ―a favor o en contra― a Venezuela entera. Un país transformado, renacido de sus propias cenizas grasientas de petróleo, despedía a la gran locomotora que había arrastrado los vagones oxidados de la vieja sociedad. Chávez fue una poderosa inyección de idealismo, un reencantamiento de la cotidianidad, una bocanada de vida; alguien a quien seguir y a quien oponerse en medio de la nada, de la desesperanza bien aprendida. Quedó el amor, pero también mucho odio, el precio de la expansión de la conciencia, y Maduro lo sabe. Sabe que la solución es sumar, dialogar; le amor.

En esos primeros días del nuevo Gobierno chavista, el primero de la historia después de Chávez, se tomo conciencia de que detrás de la desmesurada y descarada inflación de los precios de todo cuanto tuviera uno, respondía a una revancha-conspiración de la oligarquía nacional y sus aliados. La guerra económica se había iniciado en noviembre de 2012, con el tradicional pago de utilidades y la lamentable ansiedad consumista correspondiente. Se acercaba la navidad, la época en que, en Venezuela, los mercaderes se enriquecen entrando a todos los templos. Maduro, ya proclamado, con legitimidad de origen, denunció la guerra económica y la enfrentó hasta el punto de que este, ha sido el único año y la primera vez en la historia del país ―lo cual, jóvenes, no es ninguna nimiedad― en que los precios de los bienes y servicios han bajado.

Por primera vez en Venezuela, se inició el combate contra el histórico laissez faire rentista-consumista, donde no sólo se ataca y se denuncia con pelos y señales la estructura del descaro especulativo nacional, sino que se intenta concientizar al histórico individuo consumidor-derrochador, contraparte cómplice de la macabra distorsión económica del abundante y espeso chorro negro. En una sociedad donde el que no es un botarate es un pichirre turco miserable ―con el perdón de los turcos―, tenía que llegar el momento para crear conciencia de ahorro y cultura de trabajo. Pero fueron; han sido, muchos años de comunicación alienante, de agradables y altisonantes spots publicitarios.

Este es un hecho que no debe dejarse pasar como uno de los más significativos de 2013. Otros acontecimientos merecen citarse también como representativos del año que acaba. Uno de ellos, es el del bachiller que develó los planes del Big Brother: Edward Snowden. Siguiendo el ejemplo de Manning y Assange, entre otros, este joven ex agente de la CIA y ex trabajador de la NSA, filtró una serie de documentos que dieron cuenta de los planes orwellianos del Gran Hermano, expresión con la que nos referimos, más que al Departamento de Estado al Estado profundo, aquella tenebrosa estructura denunciada en su momento por el ex presidente estadounidense Eisenhower y de la que fue víctima John F. Kennedy, de cuyo asesinato se cumplieron 50 años.

También, no olvidemos que Julián Assange cumplió mil días refugiado en la embajada de Ecuador en Londres sin que nadie haya violado soberanía ecuatoriana, algo solo posible en la nueva era pluricéntrica y multipolar.

2013, el año de la muerte del Comandante, ocurrida dos días antes del asesinato del cacique Sabino Romero, después de la de Spinetta ―si se me permite la inclusión― y antes de la de Madiba, otro ejemplo de lucha, o de vida entera de lucha, por un pueblo.

Fueron muchos los hechos, las noticias que merecerían enumerarse, pero la muerte del Comandante las eclipsa a todas, tan sencillo como eso. Aunque, bueno, al vuelo, tomo dos más: la entrega de la vivienda número 500 mil en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela, y esta otra nada desdeñable: tenemos Patria.

31 de diciembre de 2013
@maurogonzag

jueves, 26 de diciembre de 2013

Valentina Quintero lloró de indignación ante el entreguismo de algunos compatriotas

La semana pasada, la conocida viajera y promotora del turismo nacional, Valentina Quintero, concedió una entrevista donde discurrió sobre la indiferencia y entreguismo que ha constatado en muchos de sus compatriotas durante sus viajes, lo cual le produjo una indignación que terminó en llanto.

Durante su intervención en el canal Globovisión, con un tono de indignación siempre presente, Quintero llamó la atención sobre el estado de algunas vías del interior del país, enfatizó el tema del contrabando de gasolina que “desangra al país”, además de plantear serias críticas al comportamiento de muchos de sus connacionales que no parecen tener sentido de pertenencia ni querer a su patria.

De entrada, no deja de sorprender la explicación que la viajera da al vertiginoso crecimiento del turismo interno que ha vivido Venezuela en los últimos años. “El turismo interno ha crecido porque evidentemente la gente tiene una mayor ansiedad por moverse por Venezuela y por conocer su geografía”. Así, la promoción por parte del Gobierno bolivariano del turismo y de los destinos nacionales, además de la pujante economía del país, quedaban mal escamoteadas por Quintero, dado que la gente está viajando por la geografía nacional debido a una “mayor ansiedad”.

“Las carreteras son un desaguisado nacional”, afirmó Quintero, poniendo el ejemplo de la Autopista Regional del Centro, vía que “cada vez que la agarras tú no sabes si llegarás a tu destino”, debido siempre a algún accidente, asfaltado u otra contingencia. Además, la viajera nacional fustigó la falta de mantenimiento de la vía hacia Barquisimeto por Morón, donde “tienen 10 años asfaltando un peacitico de puente”.

Sin embargo, para Quintero, viajar en avión es lo peor dado que “hace que se te explote el hígado de la indignación”.

Seguidamente, la promotora turística empezó un sentido llamado a la conciencia ciudadana relacionado con la actitud que muchos venezolanos tienen cuando viajan por el país, y que ha constatado en sus numerosos viajes por la geografía nacional. Con visible dolor, Quintero puso el ejemplo del Parque Nacional Morrocoy, el cual “va haber que cerrarlo” debido a la basura que irresponsablemente botan los turistas nacionales en su seno. En tal sentido, para Quintero “el comportamiento nuestro como viajeros deja mucho que desear”

Quintero, incluso tuvo que recomendar a los viajeros la manera idónea de quejarse cuando estos no son atendidos de la mejor manera. En este sentido, se trataría de ser gentilmente exigentes, sin ser “déspotas” o “prepotentes”.

En este momento de la entrevista, explotó en llanto la indignación de Quintero:

“Porque yo quiero que entiendan una cosa, los países no se entregan, tu país es el tuyo, donde tú naciste, que te pertenece, tú no puedes decir yo me voy que apague la luz el último. Los países hay que quererlos, y lo que nosotros necesitamos en Venezuela es que todos querramos al país, que a todos nos duela el país, que tú no te aproveches del país”.

No deja de resultar interesante el evidente trasfondo político que tiene el discurso de la viajera, cuando en los últimos años ―y para ser claros desde que sobrevino la Revolución bolivariana―, pero también durante estos últimos meses de ofensiva económica, hemos seguido escuchando en boca de venezolanos opositores que ahora sí, que llego el coco castro-comunista, que si este Gobierno criminal, que si Maduro le quitará el negocio a todo el mundo, etc. Una actitud que ciertamente expresa la más clara disociación, y que fue producida por un evidente condicionamiento producido científicamente por algunas empresas audiovisuales en los años de mayor intensidad de la lucha política.

De tal manera, si el señor X va con su camioneta hacia Barquisimeto por la vía de Morón y ve contrariados sus planes debido a la ineficiencia del Gobierno regional, entonces la culpa es del rrreeeégimen y hay que irse del país. Pero además, si la señora H pide una Reina pepiada en el restorán de la carretera y le dicen que no hay pero le ofrecen unas cachapas con queso e mano, entonces eso es culpa de Maduro y le formo un peo a la señora del pequeño negocio porque seguro que es chavista; por supuesto, la señora constatará con su compañero y con sus hijos si los tienen, que efectivamente hay que irse del país.

Ya más calmada, quintero continuó, afirmando que,

“La gente no puede llegar a decir un día, bueno, nos mudamos todos de país, no hay nada más triste, más deplorable que ser un inmigrante cuando tú tienes el tuyo, donde tienes tus afectos, donde tienes tu familia, donde tienes tus sabores, donde tienes tus aromas, donde están enterrados tus muertos, ese es tu país y ese es el que todos queremos tener”.

Nos preguntamos ¿Aquellos que han manifestado su deseo de autoexiliarse o “mudarse a otro país”, no tienen una clara posición política? Sí, la tienen. Por lo general, son aquellos que se opusieron ciegamente al Comandante Chávez y que hoy se oponen al presidente Maduro, muchas veces ciegamente y sin tener razones objetivas válidas.

Pero lo más interesante de todo, es que Quintero está criticando la actitud de aquellos que, a pesar de que no tienen el mejor comportamiento cuando salen a recorrer la geografía nacional, tampoco tienen sentido de pertenencia y dicen que se irán del país. Recordemos aquel “Me iría demasiado”. Es decir, dicen “esta vaina no sirve” mientras botan basura en la playa. Algo similar a aquel que dice “mire compañero, esto se lo llevó quien lo trajo”, mientras campanean su oldest whisky desde su camioneta de millón y medio de bolívares.

Quintero, también recomendó a todos aquellos que recorran el territorio nacional hacer algo que políticamente es clave para entender al país: hablar con la gente.

El desangre del país y la Venezuela importadora


Entre todas las formas que hay de desangrar un país, Quintero volvió con el ejemplo del contrabando de gasolina, talvez porque es el que ha visto más de cerca. A partir de aquí, subiendo el tono, habló sobre la “distorsión en la economía” del país, fustigando además el dólar paralelo, la inflación y el hecho de que seamos un país importador, hechos que para Quintero son “culpa absoluta y total de este gobierno”.

Evidentemente, la entrevistada demostró aquí que la política no es su especialidad, aunque sí traslució abiertamente su postura política. En primer lugar, criticar la existencia del dólar paralelo es algo que el propio Gobierno ha hecho y contra lo cual está batallando. Segundo, la mentada inflación en Venezuela ya se sabe que siempre ha sido más especulación cuando no robo descarado, como bien ha quedado escandalosamente evidenciado en el marco de la lucha del Gobierno por lograr los precios justos de todos los bienes y servicios.

Respecto al carácter importador de la economía, solo alguien que conoce los paisajes naturales del país pero que no conoce sus paisajes históricos, puede decir que el carácter predominantemente importador de nuestra economía es culpa de “este Gobierno”.

Finalmente: Quintero llamó “ratas peludas” a los llamados “raspa tarjetas” por el daño que hacen al país. ¿Sabrá lo de los 20 mil millones que entregó el Sitme a empresas de maletín?



Publicado en PoderenlaRed.com y en EcoPopular el 23/12

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Industrialización, bien, pero quiero mi cargo burocrático

Uno de los objetivos más desafiantes de nuestro país ha sido siempre el de la industrialización. La guerra económica frontal que desató la burguesía importadora en nuestro país, hace poco más de un año, nos volvió a recordar que la economía predominante era, no solo capitalista sino rentista petrolera. Pero también, fue el toque de rebato para reimpulsar un conjunto de medidas orientadas a crear las condiciones para industrializar al país. Incluso, hemos leído por ahí que la “Revolución industrial” en Venezuela sigue siendo “materia pendiente”.

La industrialización, un desafío que ha sido encarado desde los primeros años del pos gomecismo, y que hoy en día constituye un reto formidable, toda vez que el proceso industrializador que está planteado debe ser de un carácter diferente, socialista; toda vez que nuestro país es hoy en día la principal reserva de petróleo del mundo, aparte del abundante gas que también tenemos. Industrializar para sustituir importaciones, para superar los efectos distorsionantes de nuestra tradicional economía rentista, pero también para construir nuevas relaciones de producción en función de lo planteado en el Programa de la Patria.

Dos frases podrían resumir nuestra actual situación y la nueva realidad por construir. La primera, “Importamos porque no producimos y no producimos porque importamos”; la segunda: “Producir lo que consumimos y consumir lo que producimos”. La primera, expresa la fatalidad de la economía rentista importadora, producto en gran medida de la ausencia de una burguesía nacional emprendedora, la segunda, nos habla de una realidad en la que hemos logrado, finalmente, sustituir las importaciones, conformar una burguesía nacional y consolidar el mercado interno.

Sobre el proceso de sustitución de importaciones, el libro Claves para la industrialización socialista, de Víctor Álvarez, dedica un apartado a explicar con claridad los antecedentes de la industrialización en Venezuela y las causas del fracaso del proceso de sustitución de importaciones, el cual fue, en los primeros años del puntofijismo, la bandera de las nuevas élites políticas que buscaban legitimar su modelo político ante la sociedad. En ese contexto, la industrialización fue un componente central del discurso modernizador que esgrimía la democracia representativa como el advenimiento de la “ansiada” modernidad política; algo así como el gran factor cohesionador.

Álvarez, luego de explicar en qué consiste el “Modelo de sustitución de importaciones”, pasa a explicar las razones por las que este no fue exitoso en nuestro país. El factor principal que produjo la ineficiencia ―hasta el fracaso― de la sustitución de importaciones, fue el excesivo proteccionismo del Estado, que consistió en un conjunto de medidas que Álvarez resume como “Una irracional e indiscriminada sobreprotección arancelaria, infinitas prohibiciones de exportación, innumerables exoneraciones, concesión de créditos baratos a muy largo plazo… y el otorgamiento de generosos subsidios a la producción y el consumo”.

Así las cosas, el todo poderoso Estado cuartarrepublicano, consintiendo de más a la incipiente burguesía industrial, le hizo mostrar su lado más rentista. Ante la ausencia de desafíos, de una mínima competencia, esta querida burguesía se monopolizó y oligopolizó, generando una producción que no beneficiaba mucho a la población en materia de calidad y precios. De tal manera, el rentismo se hizo presente en el excesivo proteccionismo que practicó el Estado con una burguesía que, cortoplacista y sin una visión estratégica nacional, para decirlo en criollo, se rumbeó los reales de la renta con que el Estado quiso potenciarla.
Tanto fue el proteccionismo, que el Estado se adjudicó el privilegio de importar bienes no producidos en el país con el fin de restringir la competencia foránea en el mercado interno. Hoy, una medida similar se orienta más bien a controlar la adjudicación de los dólares para el proceso de importación de la burguesía comercial.

Ahora bien, un balance histórico de este proceso podría dar lugar a una importante conclusión, nada nueva, de cara a la “Revolución industrial socialista” que está por hacerse en Venezuela: la necesidad de educar, de formar, de preparar, a ese talento humano, a esos estadistas, visionarios, a ese potencial creativo del pueblo para la colosal tarea de impulsar una industrialización, no solo para los objetivos básicos de diversificar la economía y superar el rentismo petrolero, sino para conformar un nuevo modo de producción donde los trabajadores desempeñen el rol central.

Todo lo anterior, nos lleva a recordar algunas reflexiones de varios intelectuales venezolanos que, desde el marxismo heterodoxo (lo cual es casi redundancia) y crítico, destacaron la necesidad de la formación y la potenciación de los factores subjetivos para la consolidación de los procesos de transformación social y, también, para los procesos de construcción industrial. Uno de ellos fue Ludovico Silva, quien en el libro Belleza y Revolución, concluye que los fracasos, retrocesos, vacilaciones y recaídas de los movimientos socialistas del siglo XX, se debieron a que no se plantearon, con urgencia y desde el principio, la transformación de las conciencias para emprender el camino de la Revolución socialista.

Más recientemente, Carlos Lanz, en el documento de 2004 La Revolución es cultural o reproducirá la dominación, después de hacer un balance de las razones que precipitaron el fracaso de las revoluciones del siglo XX, con énfasis en la experiencia soviética, concluye que hubo “Un abandono en el esfuerzo por construir la subjetividad revolucionaria, con su complejidad étnico-cultural”. Tenemos entonces, dos reflexiones que nos dicen que una revolución política, económica, sin un decisivo componente cultural, en un momento determinado deja de ser revolución.

Aunque pareciera que nos desviamos del tema central de este artículo, queremos destacar, al contrario, que es necesario también potenciar una nueva subjetividad en el propósito de pasar del rentismo al industrialismo, en la dirección de impulsar una Revolución industrial del siglo XXI, distinta a las experiencias anteriores tanto del mundo “desarrollado” como las de algunos países latinoamericanos que pasaron por el proceso de sustitución de importaciones sobre el cual venimos discurriendo.

Así, todo nos vuelve a llevar al tema de las “Casamatas de la sociedad civil”, dentro de estas al campo de la educación, y dentro de este campo al importante tema de la educación universitaria.

El presidente Maduro, tal como lo hizo Chávez reiteradamente, ha hecho llamados a la conformación de una burguesía nacional, de ese conjunto de pioneros y emprendedores que, en sintonía con la visión estratégica del Gobierno plasmada en el Plan de la Patria, asuman la tarea de diversificar la economía. Pero, si consideramos la historia citada, y más aún la historia reciente que nos habla, ya no de una burguesía industrial consentida a la que le faltó competitividad y creatividad sino de una burguesía importadora antinacional, usurera y chupa dólares, tenemos razones para alertar sobre la indudable y hasta determinante importancia del proceso educativo.

¿Cuántas veces, en la universidad, no constatamos que las expectativas de los estudiantes luego de la graduación se centraban en insertarse en la administración pública, en aterrizar en un bien remunerado cargo burocrático? Nada nuevo, aunque nos lleva a concluir que, mientras no haya una reorientación en los programas de estudio de nuestras universidades, difícilmente podamos sostener una industrialización socialista; más aún bajo el fuego de la falta de consenso nacional y de la hegemonía del cortoplacismo miope del capitalismo rentista.

Los esfuerzos se están haciendo: el control de la burguesía parasitaria ―que está sirviendo para fortalecer al Estado―, el apoyo decidido del Gobierno a los productores, a los emprendedores, los proyectos de la juventud, la transferencia de tecnología por parte de potencias amigas. Sin embargo, damos un voto porque la educación, en vez de fomentar el conformismo y subestimar la imaginación y la creatividad, cree y potencie mentalidades criticas, creativas, emprendedoras, si lo que queremos es una industrialización exitosa, inédita y eficiente, que vaya más allá de una mera redistribución de la renta, la eterna renta petrolera.

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Kennedy: “La victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”


A 50 años del asesinato de John F. Kennedy

Así lo dijo el ex presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy en uno de sus discursos antes de que el 22 de noviembre de 1963 fuera brutalmente asesinado en Dallas, Texas, por varios disparos que lo impactaron desde diversos ángulos.

Aquel día fatídico, se produjo un importante quiebre en la historia contemporánea de Estados Unidos, y hoy día sigue constituyendo una herida abierta en la historia de un país en el que, como producto de la Segunda Guerra Mundial y en el complejo contexto de la guerra fría, se había ido conformando el llamado Complejo Militar Industrial, un Estado dentro del Estado también conocido como “Estado profundo”, una organización que, desde las sombras, ha manejado la alta política del Big Brother por lo menos desde la segunda posguerra hasta la actualidad.

Recordar la existencia de este “Estado profundo” no sería de nuestro interés, si las acciones e intereses de este no estarían relacionadas con el asesinato de Kennedy, tal como lo han sugerido diversidad de materiales, artículos, investigaciones, más allá de los cabos sueltos que desde el mismo día del acontecimiento, quedaron martillando la consciencia de muchos dentro y fuera de Estados Unidos.
Dice el historiador español Fernando García de Cortázar, que "La muerte de Kennedy a sus 46 años, fue una muerte de repercusión universal y la noticia orbitó el planeta como aquellos ingenios que habían empezado ya a surcar el espacio por entonces, mezclándose con muestras de incredulidad, impotencia y dolor",

Recientemente, en el artículo John F. Kennedy contra el imperio, Anton Chaitkin, ofrece un análisis que da cuenta de los poderosos intereses con los cuales la política de Kennedy había entrado en franca contradicción. Como no es la idea citar acá el extenso artículo de Chaitkin, autor que fue el último entrevistado de Daniel Estulin en su programa “Desde la sombra”, solo recordaremos algunos elementos que, a juicio del autor, teniéndolos bien claros permiten dilucidar “Quien lo mató”.

En primer lugar, “Los investigadores normalmente consideran quién se beneficia de un crimen y qué cambia como resultado del mismo”, dice Chaitkin, en una sociedad donde el internet y los estudios documentales sobre el tema han abierto poco a poco el camino de la verdad. Aunado a esto, “primero debemos entender quién fue Kennedy y por qué causa luchó; qué éramos como nación, y hacia dónde nos dirigíamos cuando le dispararon. El conocimiento de esto dejará en claro quién lo mató y por qué. Esto nos ayudará a guiarnos en lo que hoy debemos cambiar para lograr nuestra sobrevivencia”.

Si bien las últimas palabras del autor parecen algo dramáticas, no dejan de referir un peligro de grandes proporciones que ha sido advertido, entre otros, por intelectuales como Noam Chomsky y líderes como Fidel Castro. Muchas reflexiones, parecen dar cuenta de una maquinaria subterránea que, creada para determinados fines, se fue convirtiendo en un verdadero azote tanto para el pueblo habitante del territorio de ese Estado, como para muchos otros pueblos del mundo. Y de ser así la cuestión, Kennedy no fue sino una de las primeras víctimas de esta poderosa, “bien unida y eficiente máquina, que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas”, en sus propias palabras.

Lo que está claro, es que Kennedy fue asesinado mientras se desplazaba, junto a su esposa, en el asiento trasero de una limosina descapotada. Y si bien no se tienen, o no han aparecido, las pruebas concluyentes de quien planificó y ordenó el hecho, se tienen, en cambio, evidencias que, como lo sugiere Chaitkin, permiten identificar el rostro del asesino de Kennedy, no obstante su silueta opaca y sinuosa. En este sentido, las llamadas teorías de la conspiración, en un contexto de sociedad de masas, muchas veces tienden a banalizarse y hasta se han llegado a considerar ficción y hasta mera habladera de paja.

Pero, si el lector conviene en adentrarse un poco más en la madeja de la historia y recurre solo un poco a su imaginación, e incluso al más común de sus sentidos, podrá darse cuenta no solo de que existen diversas teorías conspirativas que han sido demostradas, y que permiten dilucidar cuestiones que en su momento quedaron en la más terrible ―y conveniente― oscuridad.

En esta oportunidad, solo recordaremos algunos elementos que en su momento, intentaron explicar y zanjar el infausto acontecimiento:

- Su asesino fue identificado como Lee Harvey Oswald, que supuestamente le disparó a Kennedy con una escopeta. Luego de su captura, el mundo estaba a la expectativa esperando su confesión, su explicación, oportunidad que nunca llegó porque fue asesinado dos días después. Tenemos entonces una primera realidad: nunca se llegó a saber que pasó exactamente esa tarde.

- En esa oportunidad, la policía dijo que había sido un disparo, pero en realidad habían sido tres. En el video del momento puede verse ―y después se demostró― que el primer disparo le llegó por detrás y le salió por la corbata.

- Esto demuestra que no fue una sola persona quien hizo los disparos, sino que fueron mínimo dos personas; Oswald, supuestamente uno de ellos.

- Increíblemente, el segundo disparo, el disparo mortal, pudo haber sido ejecutado ―a quema ropa― por el propio chofer del vehículo en el que Kennedy se desplazaba, quien habría usado un arma reglamentaria de la CIA. En el video se ve algo, lo dejamos al juicio de los usuarios y usuarias.

- La conclusión de todo esto: la CIA asesinó a Kennedy. ¿Por qué?:

1- Había despedido al Jefe de la CIA, Allen Dulles

2- Su política de reducir las actividades militares en Vietnam

3- Quiso aumentar los impuestos a los ciudadanos estadounidenses en el extranjero, lo cual afectaba a los banqueros internacionales

4- En general, su nacionalismo y su oposición al imperialismo financiero británico. La familia Kennedy era de origen irlandés, raíces que siempre causaron recelo en algunos sectores.

5- La razón más insólita de todas: Kennedy, el 22 de noviembre pensaba organizar un acto en Nuevo México, en el que daría a conocer al mundo un hallazgo que databa de julio de 1947. En esta fecha, fue hallado en Roswell, Nuevo México, un platillo volador con cuatro humanoides sin vida. De acuerdo a esta teoría, desde el momento del hallazgo se crearon varios proyectos en torno al tema de los extraterrestres, el más importante de los cuales estaba siendo dirigido por la CIA. Además, desde ese encuentro EEUU mantiene contacto permanente con alienígenas, los cuales supuestamente transfieren tecnología a cambio de que el hombre y la mujer aprendan a conservar el planeta. El proyecto, llamado Majestic 12, se desarrollaba en la llamada área 51, lugar secreto controlado por la CIA que el joven Kennedy planeaba dar a conocer al mundo. Otra contradicción con la CIA, pues. 

Publicado en PoderenlaRed.com el 22 de noviembre

Introducción a un venidero ensayo sobre cultura y revolución

El pasado lunes 14 de octubre, el Mayor General Jacinto Pérez Arcay, fue el orador de orden en la sesión solemne realizada en el Cabildo Metropolitano de Caracas, a propósito de la conmemoración de los 200 años de la proclamación de Simón Bolívar como Libertador de Venezuela. Durante su discurso, el maestro sintetizó lo más acabado del pensamiento republicano bolivariano, así como también citó pasajes de las más brillantes reflexiones hechas por el Comandante Chávez, a quien el general colocó junto a Bolívar en el pedestal de los grandes de la historia de la Patria.

Aparte la solemnidad y profundidad de las palabras del maestro Pérez Arcay, conviene que nos detengamos en algunas de sus citas, en sus sentidas reflexiones sobre la filosofía social y ética republicana presentes en el pensamiento bolivariano y en uno de sus más coherentes epígonos, Hugo Chávez. De todo lo dicho, hubo una reflexión que nos motivó a escribir estas líneas, a propósito de una tarea pendiente desde hace un tiempo: “Una revolución, o es educativa o no es revolución”. Innegable la relación de esta frase con aquella otra sentencia, por cierto de la misma estirpe: “Una revolución, o es cultural o no es revolución”.

No por casualidad, el orador citó estas palabras de Bolívar, pronunciadas durante el Discurso de Angostura: “El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces“, ideas que mantienen hoy toda su vigencia, adelantadas por demás en su momento, particularmente por su enfoque eminentemente dialéctico. En la página siguiente del documento, recordemos que Bolívar, abogando por la educación popular, nos dice: “Moral y luces son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades”. ¿Cuál moral y qué luces deben ser los polos de la Venezuela bolivariana del siglo XXI?

Pérez Arcay se expresó con elocuencia en su discurso, y enfatizó siempre ―hasta la vehemencia― el tema cultural, hasta el punto de recordar que el hombre es una unidad bio-psico-social que necesita ante todo alimentar su espíritu, su psique. De esta manera, si bien el discurso del maestro de Chávez merece especial atención, pasaremos a detenernos en el tema cultural, más precisamente en lo que significa la palabra cultura, dada la guerra declarada contra la corrupción y dado que una revolución que se precie de tal, debe ser siempre cultural.

Ahora bien, todos sin duda tenemos una idea de qué es cultura. Recuerdo una vez, debatiendo sobre estos temas formativos, en la que mencioné que no se qué cuestión dependía de los “niveles de cultura” que tuvieran fulano y perencejo. De inmediato, mi interlocutor me refutó, o quiso refutarme, diciéndome que no había “niveles de cultura”, que no había culturas que estuvieran en niveles superiores o inferiores respecto a otras, que toda “cultura” tiene valor en sí misma, y que estas pueden ser distintas entre sí, lo cual no implica establecer jerarquías. Estuve de acuerdo con mi contertulio. En efecto, no había tal cosa como “niveles de cultura”, pero siempre que ubiquemos la discusión en la perspectiva antropológica. En efecto, los dos teníamos nuestra parte de razón, dado que este servidor estaba haciendo el planteamiento desde la perspectiva, digamos, ilustrada, referida al conocimiento del mundo, ciencias, artes, política, historia, papel del hombre en la sociedad y su relación con la naturaleza, etc., y el compañero hablaba desde la perspectiva sociológica-antropológica, desde la cual, efectivamente, la cultura del hombre blanco, cristiano, patriarcal, europeo, no es superior a la cultura yanomami. Sin embargo, para mi interlocutor, la visión antropológica era la única existente o la única merecía llamarse cultura.

De tal manera, hacer esta distinción constituye un buen comienzo para la definición de la cultura, o bien para su problematización, en un contexto donde las Tics (Tecnologías de la información y la comunicación, la industria cultural o, también y mejor, la industria de la ideología y el proceso de reivindicación y democratización social que ha vivido nuestro país en los últimos años, han introducido nuevos elementos en el campo de la cultura, algunos de los cuales parecen adquirir caracteres cada vez más determinantes, como en el caso del universo abierto por la red de redes. También, este constituiría el necesario inicio de una discusión orientada a dilucidar lo que sería una Revolución cultural, recogiendo en un principio estas palabras de Enrique Dussel:

“El siglo XXI exige gran creatividad. Aún el socialismo, si aún tiene algún significado, deberá desarrollarse como indica Evo Morales, también como una “revolución cultural” (Y no es ya para nada la de la China de 1966)”. 

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jueves, 7 de noviembre de 2013

Einstein: “Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía"

Pero también “Eso está carísimo, me llevo dos”

Abogando por una sociedad organizada, capaz de ahorrar, denunciar y boicotear, así sea diciembre

Este miércoles, en el apogeo de la presentación al país de las medidas económicas que se ejecutarán para combatir la guerra económica, y a propósito del lenguaje que han utilizado algunos economistas opositores al Gobierno, quienes han dicho que Venezuela vive una grave crisis económica, el presidente Maduro recordó las reflexiones que el gran pensador Albert Einstein hizo sobre el tema de la “crisis”.

Maduro reflexionó y afirmó, apoyándose en el gran pensador, que la situación generada por la guerra económica, de llamarse crisis, constituía la oportunidad para que Venezuela diera el salto cualitativo necesario para transformar su economía y avanzar de forma más expedita al socialismo. En este contexto, presentamos acá los extractos del libro The World As I See It (El mundo tal como lo veo), publicado en 1935, en donde el también autor de Por qué el socialismo, destaca las ventajas de las crisis:

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos”.

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura”.

“Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”.

“Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

“Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia”.

“El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones”.

“Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

“Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo”.

“En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Einstein, destaca a la pereza como el inconveniente que tienen tanto las personas y los países para encontrar las salidas y las soluciones. Más aún, el maestro de la relatividad destaca que la verdadera crisis “es la crisis de la incompetencia”.

Evidentemente, la idea que quiso destacar el presidente Maduro tiene que ver con la idea del desafío y la oportunidad que presenta la compleja coyuntura económica por la que atraviesa actualmente el país, para superar de una vez el carácter estructuralmente rentista de la economía y las distorsiones que este ha traído históricamente a la sociedad venezolana. Sin duda, este nuevo latigazo oligarca servirá para sacudir la “pereza”, la “incompetencia” y el “conformismo” de los que habla Einstein, ya que de eso depende la propia estabilidad del Gobierno y el futuro de la Revolución.

Así, si nos fijamos en la frase: importamos porque no producimos y no producimos porque importamos, esta encierra toda la fatalidad de la falta de creatividad, de la ausencia de grandes estrategias, de prospectiva, de la incapacidad para inventar, que ha configurado  como cultura, un particular tipo de vida social  permeada en todos sus aspectos por unos ingentes ingresos petroleros que no se corresponden con una capacidad productiva real.

De tal manera, parece que esta vez, de todas todas, le ha llegado el momento al país para “superarse a sí mismo sin quedar superado”. Una clave dentro de todo esto, y tal vez el mayor de los desafíos, puede que sea lograr implementar todas las medidas económicas en una sociedad que en gran medida ha sido cómplice, aunque también víctima ―con o sin consciencia―, del macabro juego cadivista y consumista.

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lunes, 21 de octubre de 2013

Panorama y desafíos del proceso bolivariano en medio de la revancha burguesa y sus aliados

Desde hace aproximadamente un año se inició una ola especulativa en Venezuela que, si bien en un principio se atribuyó al tradicional pago de aguinaldos y la proximidad de la época decembrina, no ha parado hasta hoy. De inmediato, el pueblo se dio cuenta que estábamos en presencia de una guerra económica.
 

Esta “ola” especulativa se “liberó” simultáneamente al agravamiento de la salud del Comandante Chávez, quien luego de ganar épicamente y por tercera vez las elecciones presidenciales en Venezuela, garantizando la continuidad del proceso bolivariano, vio agravada su salud y se vio precisado de viajar de nuevo a Cuba para exámenes y tratamientos de rigor. Durante esos atribulados días, la guerra de cuarta generación empezó a agudizarse con sucias estrategias en las redes sociales y un bombardeo inescrupuloso de rumores sobre la salud de Chávez, que no pararon hasta su deceso definitivo.

A medida que se prolongaba la ausencia del Comandante, más comenzó a sentirse que le habían quitado el dique político y moral a las fuerzas económicas de la reacción y sus aliados internacionales. 

Luego de la adopción del nuevo régimen cambiario el pasado febrero, las prácticas especulativas encontraron el mejor de todos los alicientes para desbocarse con los precios de los productos básicos y de todo tipo. Tanto dio, que hasta llamaron de nuevo a Eduardo Samán para que se ocupara del Indepabis.

Varios análisis comenzaron a dar cuenta de la situación. Por esos días, el politólogo Heiber Barreto afirmaba que la devaluación, que había sido del 47%, “viene a golpear más a los que menos tienen, pues sus ingresos, sueldos o salarios se devalúan en casi la misma proporción, mientras que los que más tienen vieron duplicadas de la noche a la mañana sus riquezas”.

En ese mismo artículo, intitulado Del capitalismo rentista al socialismo rentístico, Barreto señaló que “Cada devaluación nos echa en cara la gran dependencia estructural de nuestra economía de la renta del petróleo, pues nuestro aparato industrial, productivo, que está en manos de la burguesía, nunca ha podido convertirse en una verdadera fuente de riqueza”.

Pasaban los meses, y se hizo evidente para la mayoría de los venezolanos que estábamos en presencia de una guerra económica bien planificada y con claros objetivos políticos. Muchos se preguntaron en dónde había quedado aquella negociación del Gobierno con Lorenzo Mendoza, de Empresas Polar; más aún, muchos se preguntaban si todo lo que estaba ocurriendo estaba pasando con la aquiescencia de algún sector del Gobierno bolivariano en sus más altos niveles.

En este sentido, para el analista Modesto Emilio Guerrero, “Mientras más de la mitad del comercio interior esté fuera de control jamás se podrá controlar la metástasis de la corrupción privada/estatal. Son los funcionarios de ambos sectores quienes se reparten, sin control social, la importación, el financiamiento en dólares y el control político de estas funciones económicas centrales”. Única y cabal explicación que puede dar cuenta de los más de 20 mil millones que fluyeron caudalosamente a través del Sitme hacia las cuentas de la burguesía importadora, tal como lo reconoció a principio de año la ex presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmé Betancourt.

Pero además, los análisis y artículos críticos publicados en distintos medios, comenzaban a dar cuenta, resintiéndose, de una realidad que en los mejores años de la Revolución bolivariana ―hasta ahora― fue escamoteada por el desbordante entusiasmo revolucionario, cuando no era una cuestión pseudo-innombrable. Venezuela seguía siendo capitalista, más capitalista y más rentista que nunca. Algunas reflexiones y números comenzaron a publicarse.

A mediados de septiembre, un grupo de analistas agrupados en la plataforma Marea Socialista, publicaron un análisis en profundidad, apoyado en datos oficiales, intitulado ¿Qué esconde la Guerra Económica contra el Proceso Bolivariano?, con un subtítulo que aludía al actual ministro de Finanzas y ex presidente del Banco Central, Nelson Merentes, a quien señalaron de ir en contravía del legado de Hugo Chávez. Una idea queda en el texto claramente planeada: estamos en presencia de una revancha de la burguesía importadora para captar una mayor porción de la renta petrolera.
 
“Hoy el plan de la oligarquía local y el capital financiero es la misma: la de apropiarse de la mayor parte posible de la Renta Petrolera, esa es la base material de la guerra económica que estamos viviendo.” En el documento se hacen una serie de propuestas de forma sistemática, una de ellas: plantea que “Todas las operaciones de comercio internacional deben quedar provisionalmente en manos del Estado y su realización debe ser pública a través de los mecanismos apropiados, prensa, páginas web, etcétera para garantizar el control social de esas operaciones”.

Cabe destacar, que el pasado viernes 18 de octubre, el ministro de Energía y Petróleo, presidente de Pdvsa y Vicepresidente para el área económica, Rafael Ramírez, luego de dejar claro que estábamos en presencia de una lucha por la redistribución de la renta petrolera, de una ofensiva oligarca nacional e internacional para quedarse con lo que le pertenece a todo el pueblo venezolano, afirmó que no habría una nueva devaluación, al tiempo que anunciaba que se inyectarían 100 millones de dólares semanalmente al Sicad, el mecanismo de otorgamiento de divisas que sustituyó al Sitme y que funciona utilizando el método de las subastas.

De otro lado, el economista marxista Manuel Sutherland destaca el aumento de 894% de la importación estatal en los últimos años y la caída vertiginosa de las reservas internacionales. Sutherland, junto a otros economistas como Víctor Álvarez, alude la sobrevaluación del tipo de cambio como la causa de las importaciones altamente lucrativas y fraudulentas, denunciando que “miles de empresarios que se dedican a sobrefacturar importaciones o simplemente piden dólares y no acarrean ni una de las mercancías que ofrecieron traer”. De ahí la denominación que se han ganado de burguesía parasitaria, calificativo que se queda corto ante una burguesía rentista que no solo no ha logrado crear un mínimo parque industrial en el país, sino que se lleva los dólares sin siquiera traer al país lo que dice que importa.

Aunado a lo anterior, el economista ilustra el carácter parasitario y lo “consentida” que ha sido esta burguesía, al destacar la relación entre lo que exporta y lo que importa. Este muy particular sector privado genera tan solo el 3% de las divisas que ingresan al país, lo cual equivale a dos mil setecientos millones de dólares de Estados Unidos (2700 millones, cifras 2012). Sin embargo, este mismo sector importa la astronómica cifra de 43.000 millones de dólares de EEUU. Dice Sutherland:

Lo que queremos mostrar a simple vista, es la más absurda desproporción entre las divisas que genera el capital privado en Venezuela y las divisas que exige para su funcionamiento. Es delirante que habiendo un control de cambio el gobierno traslade (anualmente) alrededor de 43 mil de millones de dólares de EEUU preferenciales a la burguesía local, para que está genere la miserable suma de 2,7 mil millones de dólares de EEUU”.

Concretamente, de acuerdo a las cifras reflejadas en el mismo artículo, el sector privado ha importado, entre 2003 y 2012, la excepcional cifra de 317.092 millones de dólares; pero también, las importaciones del Estado, durante el mismo período, crecieron en un 894%. De tal manera, la bonanza petrolera iniciada en el país con la recuperación de los precios del petróleo ―en 2004―, de un lado sirvió para saldar la gran deuda social con el gran sector de los venezolanos excluidos durante la Cuarta República; pero de otro, se dio inicio a un proceso de agudización desquiciante del carácter rentista de la economía, con todas las consecuencias culturales e ideológicas que este conlleva, proveyendo a la burguesía parasitaria de un renovado y abundante tetero de petrodólares y postergándose de nuevo la industrialización del país

La propuesta de Sutherland, finalmente coincide con la de Marea Socialista y otros sectores de la izquierda marxista: “La nacionalización de las importaciones a través de una Central Estatal Única de Importaciones (CEUI)”, con la cual, al parecer del autor, se frenaría el desangre de divisas y se lograría destruir el negocio especulativo de la burguesía comercial improductiva y apátrida.

Haciendo un breve balance de estos hechos, los cuales se vienen arrastrando en los últimos años, se comprenden más aún los llamados desesperados del Comandante Chávez a impulsar las comunas y fortalecer el poder popular en sus últimos meses de gestión, lugar donde radican todas las esperanzas de la continuidad de la Revolución bolivariana, en medio del predominio de corrientes desarrollistas, conspiraciones de la extrema derecha nacional y sus aliados foráneos, y del enemigo más nefasto de todos: la hegemonía avasallante de la ideología capitalista en su versión rentista, con su perverso correlato: la ninfomanía dolarizada.




Este es el panorama económico, a groso modo, que se divisa en Venezuela, contexto frente al cual el Gobierno sigue tomando medidas, y no solo de cara a las venideras elecciones del 8 de diciembre.

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