Suelto por las relucientes aceras del centro de Caracas, bajo la plena incandescencia del sol de agosto a mediodía, me dije que el mejor lugar para leer un guión cinematográfico ―pero también el periódico o cualquier libro― era la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, un espacio que se va haciendo predilecto para todos aquellos que pensamos que la casa-museo es mucho más de lo que aparentan sus humildes muros.
El café, esa mágica infusión de primera necesidad en Caracas y en más ciudades de las que se podría pensar, me espabiló oportunamente de una modorra espesada por el calor de la hora. Pasadas las tres cumplí con la tarea. La sala de lectura ubicada entre los dos ambientes del café sirvió como un oasis, casi como refugio. El encuentro con el camara Roque sería en pocos minutos, después de abandonar el bulevar Panteón y darle pa bajo hasta otro local de esos que refulgen por haber nacido en los nuevos buenos tiempos de la ciudad del valle, la jodida y milagrosa urbe de las resistencias.
La esquina de San Jacinto bullía con las risas de un ejército de niños que le daban la vuelta histórica al casco, conducidos por dos sargentos de Bolívar enfundados en la indumentaria de la época. El Chocolate estaba abierto, y ya sus mesas se llenaban de la frescura de las parejas, la curiosa parsimonia del viajero y talvez de la soledad de algún jubilado, poeta o buscador tardío de la belleza. Sí, ahora muchas cosas eran posibles; todo, incluso. Porque ahora tenían frente a sí un artificio musical de colores sugestivos, pequeños templos de acción simultánea donde se intercambian las miradas, se conspira y hasta donde te enamoras mientras un criollito ―a base de cocuy― te erecta las neuronas.
El camara Roque es uno de esos seres singulares que andan en tres patas ―siguiendo al enigma aquel de la esfinge― lo cual aumenta su definitiva presencia ludoviquiana de eterno sátiro insatisfecho que, like a rolling stone, ha sido golpeado y acariciado por el amor, maleteado por las mujeres, caído de algunas palmeras y plasmado algunas páginas embriagadas desde su complejo universo de figuras y duendes. Su frente no parecía estar marchita, aunque las nieves del tiempo habían plateado alguna de sus enruladas mechas. A los pocos minutos apareció, me dijo que no había almorzado y me invitó al restorán El Congreso, uno de esos locales semi-escondidos del casco central, que se alcanzan entrando en pasillos flanqueados por bisuterías y ropas y subiendo escaleras serpenteantes.
Su voz retumbó en ese lugar amarillo y blanco cuando saludó al catire, un hombre moreno con la bienvenida en el rostro que parecía conocer la chispa desenvuelta de Roque. Pasadas las cuatro, El Congreso está vacío. Divisamos vida sólo en una mesa, donde dos mujeres entablaban una charla de alta concentración sobre esos temas que solo pueden tratarse en un restorán vacío y a esa hora. Nos ubicamos cerca de las muchachas, en una mesa contigua. Mi contertulio pidió unas albóndigas. Yo, como ya había comido, pedí una cerveza. Una de las mujeres, morena, frente noble y mirada despierta, nos lanzaba raudas miradas con una discreción que podría causar regocijo. Roque jode un poco con el catire, quien conoce sus claves y reconoce su asiduidad. Las muchachas sonríen. En la mesa de enfrente hay dos hombres, dos estampas, dos tiempos, palabras que empiezan a llegar, invocaciones al encuentro.
Hicimos algunos escarceos, ensayamos un brindis por la creación y por la revelación de las historias verdaderas, esas capaces de quebrar algunos espesos muros ideológicos que el Comandante eterno logró agrietar, estremecer. Roque leyó sobre la ciudad “poblada de referencias circulares y bifurcadas que se encuentran luego del tránsito obligatorio por senderos de terror, de música, de temblores, y se vuelven a difuminar como en un delirio”. Celebró el valor estético de algunas frases que se adaptan bien al discurso del séptimo arte. Antes de darle curso a esa mediana farra, indagamos sobre la fusión fría y su potencial para transformar la matriz energética de un mundo cuya invertida historia puede hallarse en la primera página de la biografía de Nicola Tesla.
El catire iba y venía con las frías. Al fondo, el resto de los mesoneros jodían, aprovechando el momento muerto. Parecían divertirse con la escena que se representaba en ese amplio escenario de mesas vacías. En eso, Roque le lanzó una pregunta a la morena, quien respondió de buen grado, siempre en coordinación con su amiga, una joven de cabello largo y castaño que alcanzaba una cintura que juraba poder rodear completa con mis manos. Cuando nos dimos cuenta la tertulia se había encendido. El Roque, hablaba de amores del pasado y destacaba las escenas eróticas de mi libro, haciéndome propaganda. La sirena se animaba, cruzó las piernas elegantemente, las cambiaba, rozaba mi cuerpo bajo la mesa, rompimos bien el hielo. Era valiente, pero sin coraza, inteligente y sencilla. Junto a su compañera, encaraba día a día la violencia de género, ese flagelo que también sufre el hombre, aunque este prefiera quedarse callado, como nos decían.
María era toda una sirena urbana, una rara especie asalmonada en este estanque de peces toscos y escurridizos. Mirada analítica y dulce, de cierto aire conservador, entregada a su trabajo, estaba abierta sin embargo a las posibilidades, y estaba segura de que tiempo siempre había para hacer lo que uno quiere hacer. Ana, la morena, parecía entretenida con la charla de Roque, quien recordaba un episodio en el que se había ido sin pagar de un restaurant en Moscú, gracia que le recordaron puntualmente un año después cuando, de paso por el mismo lugar con algunos poetas resonantes, un maitre le preguntó qué le había pasado aquel día que salió apresurado del local, manifestándole su preocupación.
Hacia las seis de la tarde, con siete amarillas en el coco, la tertulia desembocaba en un animado debate sobre machismo, hembrismo, que si las lolas operadas y la mujer como objeto sexual. Conozco casos de algunas a quien llamaban “gallas” en su adolescencia por no “echar pa lante” o por usar lentes culo e botella, que años después se quitaron los cristales despojándose violentamente del pudor, como para recuperar el tiempo perdido, decía. Las muchachas me daban la razón, ¿Por qué atraparse como mujer entre ser una galla o una putañera? Entre la represión y el libertinaje está la alternativa, pero hubo una época en que había que estar en uno de los polos. Pero lo hombres no tienen ese problema ―decía Ana, reflexiva―, ellos pueden ser putos y la sociedad se lo celebra. El pene debería ser un aparato enroscable para todos aquellos hombres casados que gustan salir a beber con sus amigos por la noches. Así, uno se divertiría enroscando y desenroscando y no habría lugar para malos entendidos.
Era una versión cyberpunk del cinturón de castidad aplicado al hombre “jodedor” y disoluto, pero casado y con familia. Fueron pocas las horas, pero El Congreso podía ser en ese momento un bohío en Mochima o el balcón del apartamento de Ana. El catire sonreía. Había aparecido un hombre de edad madura, bermejo de los varios tragos que traía encima, quien después de hablar con los muchachos de la barra reconoció a María. El torrente de palabras fue interrumpido por un momento, el hombre se sentó un rato con nosotros. Quiso involucrarse pero su dicción parecía relentizarse por la kurda. Por momentos, balbuceaba, se inclinaba sobre María, le tocaba el hombro en una caricia que la empujaba. Nos habló de su tragedia marital y lanzaba alternativamente miradas desconfiadas a Roque y a este servidor.
El caso es que María era un ángel. “La vida es algo mágico y el amor es un milagro”, me escribió dos semanas después del día de El Congreso, ese lugar frecuentado por abogados, banqueros y burócratas y propuso, sin querer, un nombre para esta crónica, una frase que contiene la esencia de una clásica escena de bar o café, en que la atmósfera, el azar urbano y las palabras, precisas, amables, fluidas y sinceras, le dan paso al deseo, al milagro. Ahora en el centro todo es posible, desde la Casa de las Letras hasta El Congreso.
@maurogonzag
Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
Cerati, puede que no haya certezas, solo un lago en el cielo
“Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio”, decía el parte médico de Gustavo Barbalace con el que lanzaba la noticia de la muerte de una de las más brillantes estrellas del pop-rock argentino y latinoamericano.
Después de más de cuatro años en estado de coma profundo tras un ACV que sufrió después de ofrecer un concierto aquí en Venezuela, el fundador de la entrañable banda Soda Stéreo falleció a las 9 de la mañana de ayer jueves, en momentos en que se encontraba solo, dijo su médico, quien detalló que en los últimos días su estado “no mostraba un decaimiento particular” sino que se mantenía estable.
Muchos son los recuerdos que deja en Venezuela del fundador de un trío que desde sus inicios atrapó a toda una generación con un estilo pop y una estética que comenzó emulando a bandas inglesas como Echo and The Bunnymen o The Cure, y que fue creciendo y evolucionando hasta convertirse en una super banda de gran originalidad e indiscutible liderazgo en el universo del pop-rock de la región. El teatro Mata de Coco en Chacao, el autocine de El Cafetal y el legendario Poliedro de Caracas, fueron algunos de los recintos donde cientos de miles deliraron con la pasión de sus acordes.
Desde su temprano encuentro con Caracas, varios fueron los reportajes que dejaron plasmadas algunas de las peripecias de Gustavo y los soda, empezando por las escapadas nocturnas de la banda para pasear de incógnitos por la ciudad. En una de esas, Cerati hace acopio de la Avenida Libertador por arriba y por abajo y de la presencia de la imponente montaña hacia el amanecer. También, son conocidos los “paseos inmorales” que el compositor se lanzó por algunos locales de Bello Monte, Sabana Grande y Las Mercedes en las noches interminables de las giras por Latinoamérica -con la banda y después como solista- que siempre lo trajeron hasta esta, la también ciudad de la furia.
Recuerdo una entrevista que concedió a finales de los noventa, cuando se lanzaba en solitario con el disco Bocanada, en la que opinó que los venezolanos estábamos en una situación musical adelantada. Y es que, el Cerati no podía entender como en los locales de moda de la ciudad, en los buenos y en los no tan buenos, se pasaba de la salsa al rock y luego al merengue y de nuevo al rock como si se pasara de un tango a una milonga. “En Buenos Aires, si entras a un local de salsa es de pura salsa, si es rock es sólo rock, pero aquí ocurre que en un mismo local te mezclan salsa con rock, dos géneros aparentemente inmezclables”.
Así somos. En fin, el hecho trascendente es que recordaremos su última Bocanada, desde Buenos Aires a Caracas, porque le brindó a millones de personas confort y música para volar, canciones de amor amarillo y canciones animales que nos dicen que siempre es hoy en las ciudades de la furia, donde sacando fuerza natural podemos alcanzar el lago en el cielo. Porque, no deja de ser cierto que el silencio no es tiempo perdido y que la poesía es la única verdad.
Ahora estás iniciando un nuevo viaje a en ese plano con el que siempre te conectaste con tú música ligera y galáctica, y desde este lado nos parece escucharte, diciendo Ahí vamos.
Publicado el 4 de septiembre en PoderenlaRed.com
Foto: Clarín.com
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Cadena nacional y ráfaga de disparos en Plaza Venezuela
Los principales impresos de la ciudad habían amanecido titulando que Maduro anunciaría hoy los cambios en el Gabinete, la imperiosa transformación del Estado, ese gran monstruo propietario de la renta petrolera que le pertenece a todos los venezolanos. Al término de una reunión con algunos compañeros del medio y de la lucha, hacia el atardecer, terminé en Chocolate con cariño conversando sobre ideología, libros y política con el poeta Romero.
Que si la agresividad de la ciudad, que si el fascismo
rebrotando en un sector de la clase media y la rebelión de unas masas llenas de
vitalidad que lo quieren todo y lo quieren ahora, que consumen y se quejan, que
van al cielo y van llorando. Chávez dejó una sociedad despierta, grupos
sociales con expectativas de realización de sueños y aspiraciones, legítimos
aunque también de opio. El poeta Romero me dice que un amigo psiquiatra le ha
asegurado que la violencia estructural, en el corto plazo solo puede combatirse
con represión. Pero no represión como plomo a discreción, sino como la
articulación inteligente de medidas preventivas disuasorias. Le digo que me
parece que Rodríguez Torres está haciendo el trabajo y el poeta me responde que
por ahí van los tiros, pero que había que apretar más esas tuercas de la patria
segura.
No habíamos terminado el vasito de papelón cuando se fue la
luz. La vaina era más que un parpadeo, porque el pana del local estaba
recogiendo sillas. Llegamos a algunas conclusiones precarias sobre temas que
talvez merecen un tratamiento más detenido aderezado con un par de cócteles
espirituosos. Caminamos hasta la estación Capitolio y me despedí del poeta.
Llego a la estación Plaza Venezuela. Veo a dos guardias del pueblo que parecen
regañar a dos muchachos. Uno de ellos le responde al guardia que revisa su
bolso y no de buena manera. Unos metros más allá esta otro grupo de militares,
de los que usan el chaleco fosforescente. Impera el orden y la tranquilidad,
son las siete treinta, más o menos.
Me aproximo a las escaleras mecánicas de la salida que da
hacia el hotel President, y veo a tres o cuatro personas que miran hacia arriba
como perplejos, dos de ellos señalan y parecen especular sobre algo. Llego y
hago lo propio, y como no se escucha ni se ve nada fuera del paisaje normal de
un día cualquiera, subo. Pero el olfato me dice y me advierte. Al llegar al
lobby de la estación noto que todo está pelao. Hubo algún episodio criminal y
se llevaron a alguien preso, me dije. En una de las esquinas, dos hombres
jóvenes hablaban frenéticamente. Uno de ellos señalaba la esquina donde está el
perrocalentero, haciendo gestos aparatosos de espectacularidad. Cruzo la calle,
y al pasar frente a la cola de los autobuses Yuruani, noto que toda la gente
mira medio atónita hacia el mismo punto.
Las diversas colas de gente tienden a atestar esa parte de
la acera, por lo que opté por caminar
por los espacios del mercadito que se extiende paralelo a la acera. Ahí, en uno
de los locales de ropa, sentada en algún objeto de madera o aluminio, con su
bebé en brazos, veo a una amiga de los Altos Mirandinos. De una le pregunto si
pasó algo y me pregunta que si no escuche los disparos. Le dije que vi unos
movimientos raros pero que no alcancé a escuchar nada. Lisbe me dice que fueron
ráfagas de tiros, que estos los lanzaron desde la esquina y por la calle
paralela, esa donde está el edificio Inon, un oscuro trecho donde algunas
parejas aprovechan para hacer el amor en vehículos con vidrios negros y estacionados
con disimulo, y que ha sido escenario de violentas persecuciones y encuentros
entre bandoleros urbanos que necesitan cerrar algún negocio.
Lisbe está nerviosa, su bebé duerme en sus brazos. Frente a
nosotros, se alza la sede del Sebin. Bajo la tierra, unos cuantos guardias del
pueblo hacían su trabajo en los espacios del metro. Pero no hubo explicaciones.
¿Qué había pasado? ¿Una persecución? ¿Un robo o secuestro frustrado? Lisbe me
dijo que ese sitio era muy concurrido, que las varias paradas del transporte
público atraen siempre a mucha gente. ¿Cuál había sido la intención del que
lanzó esas ráfagas de tiros al aire? A esa hora ya el presidente Maduro hablaba
en cadena nacional y el país esperaba los anuncios sobre el sacudón. Montados
en la camioneta, un señor que escuchó parte de nuestras palabras dijo algo así
como “esa es la seguridad que nos da este Gobierno”.
Ahí mismo Lisbe y yo caímos en cuenta: más de la guerra
psicológica, de la estrategia del miedo. La gente que llega cansada a esa parte
de Plaza Venezuela a hacer la cola para subir a los altos mirandinos y todas
las familias que viven alrededor, aunque no todos, automáticamente asocia la
cadena nacional con los tiros, los cambios anunciados con incertidumbre, al
Gobierno con la “inseguridad”. Me pregunté: ¿Será que el psiquiatra amigo del
poeta Romero tiene razón?
@maurogonzag
jueves, 21 de agosto de 2014
Represión y censura en Ferguson: llamando a las panteras negras
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| A la derecha, Ferguson. A la izquierda, Irak. |
Esta acción de la policía indignó a los familiares de Brown, quienes de inmediato la denunciaron como un intento de desviar la atención y criminalizar a la víctima. Las agencias reportaron que esa noche hubo destrozos y saqueos, cundió la indignación. Mientras el gobernador de ese Estado, Jay Nixon, anuncia su visita a Ferguson, la senadora por Misuri, Claire McCaskill, pide por twitter que no se confunda a un “pequeño grupo de saqueadores” con los “cientos y cientos de manifestantes pacíficos”, que han salido a las calles para recordar a Brown y pedir justicia.
Tal como ha ocurrido en otras latitudes, el asesinato a mansalva de una o varias personas que protestan legítimamente en ejercicio de sus derechos civiles y políticos, se convierte en la gota que derrama el vaso en un contexto de exclusión y hostilidad sostenida en el tiempo. En 2005, el asesinato de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la policía en Clichy-sous-Bois, una comuna pobre en una banlieue (suburbio-periferia) del este de París, provocó una ola de disturbios que se caracterizó por la quema de vehículos y violentos enfrentamientos entre multitud de jóvenes inmigrantes y la policía francesa. Aquella vez, los ánimos se exacerbaron después de las infelices declaraciones del para entonces ministro de Interior Nicolás Sarkozy, quien llamó “escoria” a los manifestantes.
En esa oportunidad, así como ahora, la opinión pública mundial dilucida rápidamente la connotación racista de los hechos. Ferguson, pequeña ciudad localizada en el estado de Misuri, tiene una población ―según censo del 2010― de 21.203 habitantes de los que 14.297 son afroamericanos. Sin embargo, de los 55 oficiales de policía con los que cuenta la comunidad, sólo 3 son afrodescendientes. Es decir, en una comunidad de mayoría negra, mejor si son los blancos los que dominen las fuerzas de seguridad. A estos, con toda seguridad, no les temblará el pulso al momento de reprimir a quienes consideran, tal como lo expresó el ex presidente francés en su momento, escoria social.
jueves, 14 de agosto de 2014
Crónica sobre la inquietud en medio del auge liberal
Aún creemos en el socialismo. No hemos perdido la Fe. Hasta en el peor de los escenarios siempre conviene colocarse del lado de los “optimistas de la voluntad” y mantenerse a una sana distancia de los catastrofistas que vociferan sobre la “decadencia de occidente”. Cuando Spengler publico su libro con ese nombre, gente como Trotsky y Mariátegui señalaron oportunamente que había decadencia, pero del proyecto de la burguesía.
Como mi optimismo no es panglossiano, en nuestro caso creo que debemos preguntarnos si hay una decadencia del proyecto socialista, en el sentido de declive, deterioro o principio de debilidad (RAE dixit). Debo decir que vivo en una tierra de gracia, privilegiada como pocas, y con un pueblo arrecho pero tan noble y generoso, que si bien no se deja joder en última instancia, soporta estoico situaciones como la que ha generado la guerra económica silenciosa que viene emprendiéndose de manera cotidiana en su contra desde que el Comandante Chávez denunció a los “amos del valle” y declaró la guerra a la burguesía y a los propietarios de los medios de importación. La utopía concreta del socialismo corre peligro como nunca antes en los años de Revolución bolivariana.
Se combinan desbarajuste económico y reacomodo de fuerzas políticas, en una transición que debería conducirnos a un modo de organización donde el socialismo se trague mejor de lo que se traga ahora. Las opiniones que se vierten y las reconfiguraciones del poder dan cuenta y son expresión de lo que está pasando. Un ejemplo, es lo que dice el compañero William Torcátiz en artículo reciente publicado en este medio. Pareciera exagerar cuando, entre la rabia y la impotencia, dice:
“…pero el problema no es la guerra, el problema es que la estamos perdiendo y no se ve la famosa luz al final del túnel que nos diga que la vaina es pasajera, no se le ve solución a la crisis, ya sea, o porque no la tiene o porque al gobierno le ha faltado cojones para meter en cintura a los especuladores, a los promotores, a los financistas y a los ejecutores de la guerra y a todos aquellos que joden impunemente. La escasez y la inflación se han convertido en nuestras amantes y compañeras de vida, ya son parte de nosotros y pareciera que a nadie le duele y que todo sigue igual dentro de una normalidad explosiva”.
Como mi optimismo no es panglossiano, en nuestro caso creo que debemos preguntarnos si hay una decadencia del proyecto socialista, en el sentido de declive, deterioro o principio de debilidad (RAE dixit). Debo decir que vivo en una tierra de gracia, privilegiada como pocas, y con un pueblo arrecho pero tan noble y generoso, que si bien no se deja joder en última instancia, soporta estoico situaciones como la que ha generado la guerra económica silenciosa que viene emprendiéndose de manera cotidiana en su contra desde que el Comandante Chávez denunció a los “amos del valle” y declaró la guerra a la burguesía y a los propietarios de los medios de importación. La utopía concreta del socialismo corre peligro como nunca antes en los años de Revolución bolivariana.
Se combinan desbarajuste económico y reacomodo de fuerzas políticas, en una transición que debería conducirnos a un modo de organización donde el socialismo se trague mejor de lo que se traga ahora. Las opiniones que se vierten y las reconfiguraciones del poder dan cuenta y son expresión de lo que está pasando. Un ejemplo, es lo que dice el compañero William Torcátiz en artículo reciente publicado en este medio. Pareciera exagerar cuando, entre la rabia y la impotencia, dice:
“…pero el problema no es la guerra, el problema es que la estamos perdiendo y no se ve la famosa luz al final del túnel que nos diga que la vaina es pasajera, no se le ve solución a la crisis, ya sea, o porque no la tiene o porque al gobierno le ha faltado cojones para meter en cintura a los especuladores, a los promotores, a los financistas y a los ejecutores de la guerra y a todos aquellos que joden impunemente. La escasez y la inflación se han convertido en nuestras amantes y compañeras de vida, ya son parte de nosotros y pareciera que a nadie le duele y que todo sigue igual dentro de una normalidad explosiva”.
lunes, 28 de julio de 2014
Un relato desde Buenos Aires que celebra la vida en la ciudad
El libro se publica en el contexto de la V Feria del libro de Caracas, en el momento ideal si se considera que la nueva fiesta del libro está dedicada a la crónica como género literario, y que el homenajeado de la ocasión es el periodista y escritor, cultor como pocos de los cuentos de non fiction, Earle Herrera.
Hacia las tres de la tarde, Kelvin Malavé, gerente editorial de Fundarte, abrió fuegos con unas palabras introductorias hacia el público que ya se aglutinaba en torno al espacio levantado entre los árboles del Parque Los Caobos. Seguidamente, la presentación de Daniel Peralta, sensible y minuciosa, habló de su identificación y conexión espiritual con las experiencias plasmadas en esta bitácora que, gracias a la crónica, fueron una excusa y un marco ideal para deslizar ideas, viejos sueños y hasta algunas reflexiones políticas.
Peralta destacó la celebración de la música presente a lo largo de las páginas, la pasión del rock-pop latinoamericano intrincada con una breve pero intensa historia urbana, la salsa Caribe y el tango, híbridos nacidos al calor del magnífico y diverso crisol cultural que caracteriza nuestra tierra de gracia. No se le escapó a Daniel la práctica digresiva permanente que caracteriza la propuesta, incluyendo aquella en la que narro los aciagos momentos en que se dio a conocer la muerte del Comandante. La muerte, que aparece así en medio del relato, tiene su contraparte en el episodio erótico y la celebración de la vida y la libertad.
Como lo hiciera Mercedes Chacín en una edición de agosto de 2013 del suplemento Épale, Daniel me invitó a escribir unas crónicas sobre Caracas, y debo decir que con un talante que me honra, dado que lo hizo recordando literalmente una de las reflexiones que dejara sobre nuestra relación con la ciudad vernácula: admirarla y recorrerla cual viajero extranjero en su propia tierra. La mirada del que llega, la perspectiva desde el borde, la exterioridad, puede resultar a veces la mirada. Es justo decir que no me inicié en la crónica con el viaje a la ciudad del bajo, sino con nuestra ciudad capital de la primavera política latinoamericana. La pregunta sobre si todos conocemos nuestra ciudad salta a la vista, más aún porque quien la conoció hace dos quinquenios puede que no la conozca ahora. No obstante, hay una serie de historias sobre Sarría y algunos avatares y personajes que deben ser contadas, y en ese sentido la palabra ha sido tomada.
Lo contrario es válido para las nuevas generaciones. De ahí la importancia de la crónica, que es testimonio y por tanto, memoria. Cronos, devenir del movimiento lento y trascendente del renacimiento de una ciudad para la gente y para la vida. Porque eso es la crónica, cuento Caribe, literatura hibrida sugerente de gran poder comunicativo. Escritura originaria y primigenia, tal como lo dije el domingo, que nació en unidad con el testimonio histórico no exento de intención estética. Definitivamente, las Crónicas de la ciudad del bajo tienen vitalidad y música. Puedo repetir, además, que más allá de las descripciones, narraciones, diálogos y comentarios, elementos básicos del género, la obra es una celebración de ese artificio humano por excelencia como lo es la ciudad, la polis de monstruosa belleza que a todos atrae y que a muchos se traga.
El libro, eso sí, tiene un meta-mensaje: una invitación a viajar, a conocer, a que desplieguen sus alas, más que como turistas como viajeros. Y el primer paso para esto es disfrutar de los espacios de tu ciudad, salir al encuentro ciudadano, a la cita nocturna. Mis votos son por conocer el propio país, para lo cual resulta fructuoso palpar y comprender otros países; preferiblemente si son del Sur.
Por cierto, que otra forma de viajar es a través de la lectura, por lo que te invito a una migración espiritual temporal a la ciudad del bajo leyendo estas humildes narraciones, palabras que fueron premiadas por Fundarte, lo cual les agradezco infinitamente.
La palabra circula en la V Feria del libro de Caracas
Como una gran alfombra cultural multicolor, las señales del inicio de la quinta edición de la Feria del Libro de Caracas se ofrecían desde mucho antes de llegar a la otra vez vibrante y concurrida Plaza de los Museos, entrada del parque que de nuevo se llenará de música, teatro, poesía, conversaciones y encuentros catalizados por las voces de los innumerables autores que se podrán escuchar y leer en esta nueva fiesta cultural.
Desde la entrada Sur del pasillo de los artesanos, los discos, libros y brillantes atavíos de la artesanía popular le dan la bienvenida al animal de la polis que entra en estado de pacífica inquietud a la zona cultural de Caracas en dirección a la plaza circular. Cerca de las tres de la tarde mucha gente circula por el paseo, algunos deteniéndose cada vez y otras, como la flaca cuyas cortas prendas exhibían unas largas y tersas piernas, se desplazaba suavemente como rozando el suelo disfrutando las caricias de la brisa en su piel y dedicando miradas sugestivas a quienes posaban la mirada en su impune pavoneo. Entretanto, las melodías que un hombre saca de una flauta parecen mover las plumas de los collares que exhibe detrás de él.
Caracas está de fiesta. Son 447 años de historia, de lucha, de contrastes, de vida Caribe, de una dialéctica dominación-resistencia-liberación que viene inclinándose en los últimos años del lado de la liberación. El trabajo que ha hecho el Gobierno nacional para sacar a Caracas del caos en que degeneró por cortesía del capitalismo del siglo XX, como afirmó el presidente Maduro está restituyéndole a la ciudad su carácter de “Sucursal del cielo”. Sigo la singladura hacia la plaza y llego a los espacios de la Unearte, la universidad que vislumbró Ludovico Silva en “Belleza y Revolución”. Malabaristas, estudiantes de danza y teatro, gente en libertad, vive y disfruta frente al mural donde el rostro de Hugo Chávez divisa el horizonte. Después del chichero, de más libreros, la señora de los dulces y los magos de la artesanía, un colorido arco anuncia que “Caracas tiene la palabra”.
Cambalache Feria adentro
En la sala Hugo Chávez, en el centro de la plaza, el compañero Arconada habla de la crisis del capitalismo en Europa, la situación de España, la necesaria respuesta que deben dar los pueblos. Al terminar su intervención, las preguntas del público dan cuenta del nivel de comprensión de la política que ha alcanzado la gente. Sigo el camino en dirección al parque, feria adentro, hasta la “Carpa del ocio”. Los asientos en forma de letras de colores y los puff dispuestos en un espacio generoso, hacen honor al nombre de este interesante lugar dispuesto para el libre intercambio de libros. El usuario que así lo desee o así se lo proponga, podrá llevar hasta tres títulos diarios y ejecutar el cambalache por tres títulos que la usuaria quiera dejar.
Desde la entrada Sur del pasillo de los artesanos, los discos, libros y brillantes atavíos de la artesanía popular le dan la bienvenida al animal de la polis que entra en estado de pacífica inquietud a la zona cultural de Caracas en dirección a la plaza circular. Cerca de las tres de la tarde mucha gente circula por el paseo, algunos deteniéndose cada vez y otras, como la flaca cuyas cortas prendas exhibían unas largas y tersas piernas, se desplazaba suavemente como rozando el suelo disfrutando las caricias de la brisa en su piel y dedicando miradas sugestivas a quienes posaban la mirada en su impune pavoneo. Entretanto, las melodías que un hombre saca de una flauta parecen mover las plumas de los collares que exhibe detrás de él.
Caracas está de fiesta. Son 447 años de historia, de lucha, de contrastes, de vida Caribe, de una dialéctica dominación-resistencia-liberación que viene inclinándose en los últimos años del lado de la liberación. El trabajo que ha hecho el Gobierno nacional para sacar a Caracas del caos en que degeneró por cortesía del capitalismo del siglo XX, como afirmó el presidente Maduro está restituyéndole a la ciudad su carácter de “Sucursal del cielo”. Sigo la singladura hacia la plaza y llego a los espacios de la Unearte, la universidad que vislumbró Ludovico Silva en “Belleza y Revolución”. Malabaristas, estudiantes de danza y teatro, gente en libertad, vive y disfruta frente al mural donde el rostro de Hugo Chávez divisa el horizonte. Después del chichero, de más libreros, la señora de los dulces y los magos de la artesanía, un colorido arco anuncia que “Caracas tiene la palabra”.
Cambalache Feria adentro
En la sala Hugo Chávez, en el centro de la plaza, el compañero Arconada habla de la crisis del capitalismo en Europa, la situación de España, la necesaria respuesta que deben dar los pueblos. Al terminar su intervención, las preguntas del público dan cuenta del nivel de comprensión de la política que ha alcanzado la gente. Sigo el camino en dirección al parque, feria adentro, hasta la “Carpa del ocio”. Los asientos en forma de letras de colores y los puff dispuestos en un espacio generoso, hacen honor al nombre de este interesante lugar dispuesto para el libre intercambio de libros. El usuario que así lo desee o así se lo proponga, podrá llevar hasta tres títulos diarios y ejecutar el cambalache por tres títulos que la usuaria quiera dejar.
miércoles, 23 de julio de 2014
¿Tienen acaso derechos humanos los niños de Gaza?
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| Niño palestino asesinado en Gaza |
“Países piden el cese de los ataques contra Gaza”, “Israel continúa operación terrestre en la Franja de Gaza”, “Evalúan posibilidad de sanciones económicas contra Israel”, son algunos de los titulares que resumen los análisis que se hacen durante el programa a través de distintas voces autorizadas. Esta vez, la operación que emprenden los sionistas se llama “margen protector”, ayer, entre 2008 y 2009, se llamó “plomo fundido”, la cual dejó 1.400 muertos palestinos. Más recientemente, en noviembre de 2012, la invasión se llamó “pilar defensivo”; pero todas tuvieron algo en común: la brutalidad del asesinato de civiles, crímenes de guerra condenados por muchos pueblos y gobiernos del mundo pero que han sido siempre justificados por las potencias occidentales.
En los momentos de mayor brutalidad de la operación “pilar defensivo”, hubo declaraciones tan infelices como las del hijo del ex primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien afirmó que Tel Aviv debía “aplastar toda Gaza” de la misma manera que los Estados Unidos destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima con la bomba atómica, en 1945. El criminal llamado, quedó plasmado en un artículo publicado en The Jerusalem Post, firmado por Gilad Sharon, como un ejemplo paradigmático de las intenciones de la dirigencia sionista frente a los palestinos. No ha habido bomba atómica, pero a Gaza la han venido aplastando de forma continuada, con sanciones, bloqueos y “plomo fundido”.
Hoy, así como en los varios ayeres, la población civil de Gaza parece ser el blanco predilecto de los ataques israelíes, con preferencia por los niños. Así lo indican distintas organizaciones de derechos humanos, las cuales señalaron hoy que los ataques han matado más niños que combatientes. De 630 palestinos muertos que contabilizan funcionarios médicos en Gaza, una cuarta parte han sido menores de 18 años, razón por la que estas organizaciones han definido los ataques como una “guerra contra los niños”. Así como ayer, se hace un llamado al boicot, la desinversión y la sanción. Se retiran embajadores, en muchas capitales del mundo se realizan marchas en solidaridad con Palestina, cunde la indignación.
A pesar de la aparente inutilidad de tales acciones de protesta, en un contexto donde la elite anglo-norteamericana sigue colocándose del lado del sionismo, tratándose de la vida humana conviene que ni los gobiernos ni los pueblos dignos del mundo ―incluyendo al pueblo judío que también condena la brutalidad― no se acostumbren a esta barbarie. En pleno siglo XXI, en plena reconfiguración geopolítica mundial, conviene mantener alzada la voz de protesta frente a una barbarie inconcebible después de un largo siglo XX donde una guerra cada vez más sofisticada dejó saldos trágicos sin precedentes en la historia de la humanidad.
La llamada “conquista de Sión” parece ser ―ha sido― un proceso que no tiene prisa pero que no se detiene. Todo nos lleva a preguntarnos ¿Dónde quedan los derechos humanos de las mujeres y los niños palestinos? ¿Para quién son estos derechos? ¿Qué son realmente los derechos humanos? Una respuesta “heterodoxa” la ofrece el venezolano Gregorio Pérez Almeida:
“… debemos concluir que los derechos humanos son un producto histórico y de naturaleza clasista, son una creación humana surgida al fragor de la lucha de clases y que, como expresión de la ideología liberal triunfante desde la Revolución francesa, han servido de amalgama para construir la hegemonía política y cultural de la burguesía en el sistema-mundo capitalista.”
Así, se comienza a comprender por qué no se producen acciones contundentes de parte de la “comunidad internacional” que hagan respetar los derechos humanos en Palestina, y se comprende asimismo por qué durante las guarimbas criminales en Venezuela la potencia del norte expresó su preocupación por los derechos humanos en nuestro país como forma de injerencismo.
El tema merece su propio espacio, por ahora, los pueblos del mundo exigen el fin del asesinato indiscriminado de palestinos, quienes, como todo pueblo, tienen derecho a la vida.
*Director de PoderenlaRed.com
@maurogonzag
lunes, 23 de junio de 2014
Caso Giordani: ¿Atrapados entre el keynesianismo y el liberalismo?
A 5 días de publicado el testimonio de Giordani, si bien este no puede considerarse un rayo en el cielo en un día soleado, si puede verse como la nube cargada que encapota el cielo y anuncia tempestad. Tenemos un debate serio en pleno desarrollo, y ahora que tocamos tierra me parece pertinente que nos preguntemos si la revolución no está atrapada entre los postulados keynesianos y los liberales.
Después de leer en Aporrea
el artículo de Hernán Torres Nuñez, uno de los primeros que reaccionó ante el
ya famoso testimonio, no pude sino reflexionar y preguntarme si, dada la
tendencia que puede identificarse actualmente en la dinámica económica, la
Revolución bolivariana no se encuentra en una jaula sociopolítica-conceptual
que, así como le impide ir más allá de un reformismo fuerte, la puede
precipitar eventualmente hacia los brazos del capitalismo puro y duro. Me
explico.
Para Torres, existe una razón de fondo que explica la
decisión de apartar a Giordani del poder. Esta, no es otra que la visión que
tuvo y que tiene este sobre los grandes lineamientos económicos que debe seguir
el proceso revolucionario. Según el autor, el ex ministro habría retratado su
pensamiento cuando afirmó que el socialismo del siglo XXI no era otra cosa que
el socialismo de siempre pero ubicado en este nuevo siglo. Torres coligió de
estas palabras que Giordani era partidario del socialismo soviético, un modelo
que ya se sabe terminó fracasando, pero que con todo y eso fue efectivamente
introducido en Venezuela. Es decir, al ministro de planificación de Chávez lo
sacan por haber implantado en Venezuela el “socialismo real del siglo XXI”.
Nos parece una apreciación equivocada la de Torres, más aún
cuando asume y alimenta el discurso según el cual el “modelo” de la Revolución se habría
agotado, lo cual necesita por tanto un ajuste económico ultra ―o neo― liberal.
Torres, plantea así los rasgos del supuesto modelo: “expropiaciones de tierra y
empresas, un férreo control de cambios, controles de precios, regulación de
alquileres de viviendas y locales comerciales, el desvío hacia unos fondos de
inversión de los dólares que debían entrar al Banco Central y consolidar las
reservas internacionales”. Pero donde Torres ve socialismo real, nosotros vemos
puro keynesianismo o, si se quiere, capitalismo de Estado.
Indudablemente, la ingente inversión social generadora de
demanda interna, las nacionalizaciones, el control de cambios y la regulación
de los precios son medidas más cerca del modelo definido por Keynes ―el Estado
interviniendo contra-cíclicamente en la economía, que del socialismo real. Este
último, por cierto incluía la planificación centralizada de la economía, junto
a una banca y un comercio exterior controlados férreamente por el Estado. Es
decir, sin sector privado. De hecho, uno de los escenarios menos deseados en
los momentos de mayor intervención estatal fue la Revolución bolivariana
adquiriera los peores rasgos del socialismo soviético, como la burocratización
de los cuadros, el dogmatismo vanguardista, la identidad Estado-partido y el
“círculo cuadrado del centralismo democrático” (Dussel dixit).
De tal manera, que eso que llaman el “fracaso” del modelo,
está más cerca de una combinación de algunos errores gubernamentales más la
innegable guerra económica, que del “agotamiento” de algún “modelo”. Además,
nunca podemos olvidar que los debates teóricos sobre la economía y la propia
dinámica económica, se han dado en el marco de un capitalismo permeado por el
rentismo petrolero, carácter que se acentuó efectivamente en estos años de
keynesianismo de Giordani, tiempo en el que se avanzó trascendentalmente en
materia de inclusión social, aunque quedara relegada como materia pendiente la
industrialización del país.
Ahora, estamos observando el incremento del precio de los
alimentos, tanto en establecimientos privados como públicos, el aumento del
precio del pasaje en el transporte público, un aumento del salario mínimo
aplaudido por Fedecámaras, entre otras medidas que han tenido todas las características
de un paquete económico al detal, como lo definió el compañero Heiber Barreto.
Es decir, todo parece indicar que la nueva dinámica económica tiende a devolverle
poco a poco a la burguesía lo que había perdido en los momentos más
revolucionarios de la era Chávez.
Tenemos la esperanza, aunque el movimiento debería ser mejor
explicado, que semejantes medidas, más que una revancha oligárquica o una
torcida de brazo al chavismo de izquierda, constituyen pasos conscientes hacia
la superación progresiva del rentismo petrolero, y que no estamos presenciando
una mal disimulada restauración conservadora que pretende llevar hasta el mínimo
el legado del Comandante eterno.
Quedará para la consciencia de los intelectuales en quienes aún domina un imaginario revolucionario tipo “siglo XX”, advertir que lo que ha vivido Venezuela es una lucha política por la redistribución de la renta petrolera sin transformación profunda de la estructura económica ni de la ideológica. Esta última por cierto, al pleno servicio de la lógica del capital.
Así las cosas, no cabe sino plantear una Revolución
educativa-cultural que nos permita salir de la “jaula de hierro” que hasta
ahora ha logrado reducir el margen de maniobra del proceso de cambio, a una
oscilación entre reforma y reacción.
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miércoles, 18 de junio de 2014
Den Xiaoping está en Caracas, y quiere la cabeza de Mao
Reflexiones en torno al artículo ¿Qué hacer en esta etapa de la Revolución?
“El ambivalente discurso latinoamericano sobre la modernidad, que rechaza la dominación europea pero que internaliza su misión civilizadora, ha adoptado la forma de un proceso de auto-colonización que asume formas diferentes en distintos contextos políticos y períodos históricos”. Fernando Coronil, El Estado Mágico.
* * * * * * *
Después de leer el texto de Temir Porras y constatar el incipiente debate que está generando, aprovechamos para hacer algunos comentarios y aportes sobre algunos de los temas sensibles en discusión. Aunque no sea nada pragmático, parece que intercambiar y discurrir sobre abstracciones como los tipos de liderazgo, los modelos económicos y modos de organizar la sociedad, aún puede incidir en los procesos de intervención en la realidad social concreta.
Soy optimista, y creo sinceramente que todos debemos pensar que Venezuela y el proceso político que le devolvió su dignidad estarán a la altura del desafío, que sin duda es uno de los más grandes por tratarse de superar el “período crítico” que se inició en la Revolución con la desaparición física de su motor fundamental, el Comandante Hugo Chávez. Sin embargo, mi optimismo no es panglossiano como el de muchos compañeros con los que uno se topa con frecuencia, quienes ante la crítica fundada te responden que nada peor como la cuarta república, que hay que ver como cambió este país. Nadie duda ni niega que el país cambió, pero no todos entienden la importancia de la crítica.
Ciertamente, después del 5 de marzo de 2013, con todo y la clara directriz que había dejado el Comandante el 8 de diciembre de 2012 en la que definió con absoluta claridad quien tomaría el timón político de la Revolución, se inauguró un período de incertidumbre política, propiciado más por el dolor de la fatalidad que por no tener la certeza de qué hacer y cómo actuar. Pero, como también era verdad que Chávez era el dique político y moral que supo derrotar a la reacción, y como estadista mantener controlada a la oposición y sus alocados planes, la guerra económica que se inició a finales de 2012, aunado a los errores cometidos, a la fecha ha generado un “escenario económico complejo” que, como dice Porras, podría afectar negativamente la base social de la Revolución.
El autor, de un lado reconoce que las amenazas externas se han recrudecido desde la partida del Comandante y no es un dato menor, dado que solo por ahí tendríamos criterio para destacar la magnitud del reto que tuvo que afrontar Maduro ―y que hoy lo sigue haciendo― luego de haber derrotado una campaña nacional, regional e internacional que no la vimos ni con Chávez pues. Además, toda esta conspiración se tuvo que afrontar en el marco del debilitamiento general en que quedó el portaaviones revolucionario en ausencia de su “gran timonel”.
Dice Porras que “en este momento debemos concentrar nuestros esfuerzos en examinar nuestra propia capacidad de generar políticas que nos hagan avanzar”. No podemos estar en desacuerdo, sobre todo porque es un planteamiento que se hace luego de superar varios meses de cruda incitación a la guerra civil, por lo cual cabría el acuerdo con el fragmento que sigue, donde se pide no “fijar el foco en quienes buscan distraernos y desestabilizarnos”, algo solo posible ahora, solo ahora, con todo y que los planes conspirativos no se detienen.
Aunque no lo dice directamente, hay un claro llamado a trabajar para derrotar ciertos flagelos “que tienen que ver con nosotros mismos”, como la corrupción, la desorganización, el burocratismo, toda vez que en un Gobierno donde la Revolución es la que está en el poder, nadie puede atribuir sus problemas como “principal responsable”, a la oposición. En este punto, no compartiría la responsabilidad en partes iguales, pero cuidado con el grado de responsabilidad que puede tener una oposición que casi nunca ha asumido el rol que le corresponde y que parece haberse quedado enganchada en el golpismo, tal vez por lo lucrativo que para ella suele ser.
Ahora bien, antes de comentar críticamente los planeamientos hechos por el autor en los tres ejes centrales que define como las tres grandes áreas donde habría que cambiar o rectificar, me permito hacer una lectura del párrafo en el que reflexiona sobre los grandes logros de la Revolución:
“Cada logro constituye el piso sobre el cual se debe construir otro logro superior, y no solamente en términos cuantitativos, sino, lo que es más complejo, cualitativos también. Venezuela debe seguir teniendo el mayor sistema público de educación, el más masivo sistema público de salud y el acceso más democrático a las tecnologías, pero debe también construir escuelas y universidades de excelencia, garantizar la mejor calidad de servicio médico, así como la más alta velocidad de conexión a la red, a la par de los mejores estándares internacionales. Una cosa no es pretexto para sacrificar la otra”. (Cursivas nuestras).
Lo hemos dicho en otras oportunidades, y puede que estemos en el mejor momento para pasar de una etapa de inclusión masiva en una estructura, a la transformación de esa estructura. Sería un error concebir a la Revolución como un mero proceso de inclusión, con toda la belleza y el perfil romántico de la escena del adulto mayor aprendiendo a leer en la Misión Robinson. Venezuela puja por un salto cualitativo, por una radicalización de la democracia como democratización real, constante y permanente, lo cual quiere decir, junto al acceso a lo que estaba vedado, acceso a todo lo demás y acceso a una mejor calidad.
Añadamos, que existe en el “polémico” artículo, un llamado transversal a la revisión de la estrategia, lo cual no puede menos que recordarnos los reiterados llamados a la aplicación de las fementidas tres erres que en su momento hiciera el Comandante, y más recientemente, de nuevo de la mano del estadista cuya visión y creatividad lo llevaban a plantear virajes en la orientación política cuando así lo dictaban las circunstancias, el “golpe de Timón”.
También, manifestemos nuestro acuerdo con la necesidad de que la discusión de los grandes temas centrales que todo proceso al socialismo debe plantearse, sea “abierta y profunda”, un debate de altura que debe permitir que se expresen todas las tendencias, corrientes y sensibilidades revolucionarias, con la madurez necesaria para que este debate, que puede caldearse en el más diverso grado, no afecte la unidad del movimiento bolivariano. Como signo de nuestros tiempos, consideramos un imperativo la divisa de la cooperación, la complementariedad y la construcción de la unidad en un todo integral que sea producto de la condensación de la diversidad de los imaginarios revolucionarios, bajo el sencillo método de centrar el debate en las coincidencias teórico-metodológicas y ético-políticas y no en las diferencias, para que el debate pueda llegar a buen puerto o, a algún puerto. Y para esto se necesita, si Fidel Castro tiene razón, más que disciplina consciencia revolucionaria.
Sobre el liderazgo del presidente Nicolás Maduro
Evidentemente, el liderazgo carismático es un fenómeno político que hemos visto en América Latina en diversos períodos históricos, y sería bastante raro que se repitiera en un mismo país en intervalos de tiempo de unos pocos años, para no decir que son irrepetibles. Así como hubo un solo Perón en Argentina, así habrá un solo Chávez en Venezuela.
Ahora, la necesidad de avanzar hacia la construcción de un liderazgo colectivo, siempre bajo la dirección de Chávez, fue una propuesta que se planteó en 2009 durante una reunión de intelectuales realizada en el Centro Internacional Miranda, ante la evidencia de que el Comandante se estaba echando el país al hombro y que dicha situación no podía sostenerse en el tiempo. Pero también, un liderazgo colectivo sería la continuación lógica y necesaria luego del paso tempestuoso del liderazgo telúrico, el cual sobrevino, como recuerda Porras, para hacer renacer a Venezuela de sus cenizas.
De tal manera, que sobre el punto coincido con el compañero Víctor Hugo Majano, cuando este afirma que no hay contradicción entre el liderazgo personal y la necesidad de construir un liderazgo colectivo, considerando que el liderazgo de Maduro es diferente al del Comandante. Esto último, por cierto, es tan tautológico como aquello de “Maduro no es Chávez”. También, agreguemos que un liderazgo colectivo no es que no sea algo propiamente chavista, sino que no se correspondía ni logró corresponderse, dadas las circunstancias del país, con la personalidad de Hugo Chávez. Y es que el “mande comandante” ¿No fue siempre una expresión de lo avasallante de este tipo de liderazgo?
Sin embargo, coincidimos en que la jefatura política de Nicolás Maduro no puede limitarse sólo a la preservación del legado del Comandante, ni pude seguir considerándose al presidente como un mero hijo de Chávez. Lo primero, sería recortar las expectativas revolucionarias y darnos por incapaces; lo segundo, podría resultar contraproducente para la construcción de un liderazgo propio. Es un hecho, que el Presidente se ha metido de frente con problemáticas que en el marco de la épica lucha política Revolución y patria Vs. golpismo y antipolítica, quedaron inevitablemente descuidadas. Dos ejemplos: la violencia y el carácter rentista de nuestra economía. Ningún pueblo del mundo puede depender eternamente de un Savonarola, y en el caso de Venezuela, recordemos que hasta la oposición vivió y se desvivió en su oposición a Chávez. Desaparecido físicamente este, hasta ella quedó desconcertada.
Considero clave el siguiente párrafo: “a Nicolás Maduro se le ha reconocido en su función de Presidente de la República, pero no como jefe político del chavismo , con el derecho y el deber de imprimirle su visión personal a la construcción de la Revolución, trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante”. Esta afirmación, podría alimentarse de la idea según la cual la obediencia y la lealtad hacia Maduro de algunos cuadros medios y dirigentes ubicados en distintos sectores políticos e institucionales, viene exclusivamente de la memorable alocución de Chávez del 8 de diciembre de 2012. Desde este punto de vista, esa es una visión que comienza a trascenderse.
¿Ha llegado para la revolución la etapa del pragmatismo?
Ciertamente el liderazgo de Maduro es “más flexible” y ciertamente tiene rasgos fuertemente pragmáticos. En más de una oportunidad, sus críticas a la reflexión intelectual y su manifiesta molestia con algunos señalamientos han dejado ver ese pragmatismo, y nos parece que en la mayoría de los casos ha tenido la razón. La pérdida de contacto con la vida social concreta, como producto de análisis enmarcados en teorías que son presentadas a veces como más reales que la propia realidad, es una de las razones que desprestigian la reflexión intelectual y que abre paso al pragmatismo, aunque lo sensato siempre sea la dialéctica entre un proceso intelectual amplio, transdiciplinario y holístico, y el mundo real, el cual siempre desbordará a las teorías particulares.
El pragmatismo, como corriente de pensamiento nació en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Fundada por Charles Sanders Pierce y William James ―quien lo definió más como un modo de pensar― se caracteriza por su énfasis en la utilidad y en las consecuencias prácticas como componentes esenciales de la verdad. El pragmatismo, como el empirismo, se opone a la idea de que los conceptos y el intelecto representan la realidad. Tolstoi decía que “hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”, frase que plasma ejemplarmente la visión pragmática. Y en un país que quiere industrializarse, hace falta gente que, al caminar por un pedazo de tierra yerma, no vea sino producción de alimentos.
Es verdad, de otro lado, que resultaría peligroso para la construcción del socialismo que ese pragmatismo adoptara la famosa divisa del camarada Deng Xiaoping, según la cual es irrelevante si el gato es negro o blanco, siempre que cace ratones. Una cosa sí que está clara: hace falta producir, más y mejor. Imposible aquí no recordar lo que fue la Nueva Política Económica (NEP) ejecutada por Lenin en los comienzos de la URSS. Esto habría que repasarlo muy bien, dada la propuesta de Porras, que no es otra cosa sino la aplicación de una NEP a la venezolana.
Sobre el pragmatismo económico que debería aplicarse
La economía del país no atraviesa su mejor momento, y si los problemas actuales de la Revolución son predominantemente económicos, ese es un hecho que en gran medida tiene que ver con la revancha que cierta burguesía le planteó al bolivarianismo cuando constató que Chávez no podría continuar dirigiendo los destinos de la Patria. Tiene que ver con la guerra económica, pues.
Pero si esto es cierto, también lo es que se han cometido algunos errores en el manejo de la economía en términos macros, como lo han venido dejando por escrito desde hace tiempo varios de nuestros analistas más agudos, para no mencionar que el “Chicago boy” de izquierda ―como a veces le decía Chávez jocosamente―, Rafael Correa, se permitió declarar ―y estamos seguros que con toda la fundamentación y buena Fe del mundo― que en Venezuela se habían cometido “errores económicos”.
Dice Porras que “la despreocupación por el mañana, y la confianza de que el futuro será mejor que el presente, para uno mismo y para sus hijos, es uno de los cimientos más sólidos sobre los cuales construir un proyecto profundamente republicano”. En tal sentido, es innegable que la Revolución bolivariana inició un movimiento de expansión económica de crecimiento vertiginoso, que logró colocar la experiencia a la altura de las expectativas del pueblo, e incluso superarlas en varios aspectos. Esto significa, como mencionamos en una oportunidad, que la Revolución reescribió el estribillo de una conocida canción del grupo La Mosca, cuyo coro dice: “Hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana, vamos a gritar señor, hasta que no quede nada”.
¿Qué es lo que ha generado este turbio escenario económico? El autor habla de “grandes desequilibrios macroeconómicos”, que deben ser corregidos con decisiones coyunturales apropiadas, las cuales habría que ejecutar con pragmatismo. Esto, permitiría alcanzar los objetivos políticos sin poner en riesgo los grandes logros sociales que tanto esfuerzo costaron a la Revolución. De tal manera, el autor lo que plantea es que la implementación de estas medidas económicas coyunturales no necesariamente implican una traición a la revolución, toda vez que en el hoy por hoy ya existe la sensación de que vivimos cierta regresión social, dado el desenvolvimiento de la economía.
Estas consideraciones, han llevado a algunos a plantear, por ejemplo al compañero Majano, que la propuesta de Porras no es otra cosa que una “vuelta al capitalismo como opción revolucionaria”. En este punto, no coincidimos con el autor de La-tabla, porque ¿Es que acaso ya estamos en socialismo para plantear que ciertas decisiones económicas nos “regresarían” al capitalismo? Por cierto que Porras no es el primero que “recuerda” que vivimos en un sistema capitalista, muy particular, pero capitalista. Un optimista panglossiano nos diría ¡Bueno, no estamos en un capitalismo neoliberal, y además estamos en una transición al socialismo!
Pero, yo diría que están planteadas aquí dos transiciones: una de corto plazo y una de más largo aliento. La primera de ellas, hacia el “capitalismo serio”, o capitalismo productivo ― ¿o es que la batalla contra la usura y los precios justos es para ir al socialismo?―, cuyos esfuerzos están orientados a superar la economía rentista. La segunda, sería la transición hacia el socialismo bolivariano, un sistema o modo de organización social cuya fórmula de construcción nadie tiene; porque esa es la cuestión actual: superar el rentismo petrolero generador de consumismo, facilismo, cortoplacismo y todos los ismos culturalmente más atentatorios contra los objetivos supremos de la Patria.
También, es verdad que un Estado de bienestar a la venezolana, lo que es hablar de un Estado fuerte que distribuye la riqueza petrolera con criterios de equidad y justicia, tiene algo de socialista. Pero, incluso en el mejor de los casos de perfecta redistribución de nuestra riqueza y el mantenimiento de la ingente inversión social, subyace una realidad: que seguimos siendo una economía de puertos, un país importador. Además, todo el proceso de distribución se ha dado en un marco sin el que no se podrían entender muchas cosas: la lucha política, la puja por la captación de esta renta entre distintos actores políticos entre los cuales llegó a existir un conflicto de tipo agónico-existencial, es decir, una guerra a muerte.
Así las cosas, conviene no hacer tanta alharaca cuando se trata de reconocer que vivimos en un sistema capitalista que se alimenta de la renta que produce el hidrocarburo más preciado del mundo, por ser la sangre de la parafernalia moderno-capitalista mundial. Acotemos, que no hay nada tan corporativizado como el negocio petrolero, y que Pdvsa estableció recientemente un convenio con la Halliburton, ¿Pragmatismo? En este discurrir, es pertinente recordar al Comandante Chávez, cuando hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos porque la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista. Lo que hizo Chávez en aquel momento fue “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. De la misma forma, sería mezquino negar los rasgos “socialistas” que han surgido durante el movimiento político del bolivarianismo.
Seamos idealistas, pero sin ingenuidades. Seamos materialistas, pero con creatividad; y de modo transversal, seamos realistas.
Sumado a lo anterior, debemos recordar que no fue una reflexión más, aquella de Fidel Castro en la que reconoció que uno de los mayores errores históricos que cometieron en los años iniciales de la Revolución cubana fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Sobre esto, no albergamos duda alguna de que el Comandante Fidel, lo que quiso fue enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos para transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Siendo justos, hay que considerar que Marx tuvo la idea más acabada sobre cómo hacerlo, aunque haya sido sobre todo para su sociedad y su tiempo, sin caer en historicismos.
Finalmente, el autor señala las políticas macroeconómicas generales que estarían generando la “regresión social”, y propone que tales políticas no se pueden aplicar todo el tiempo en el devenir de un proceso complejo como la Revolución bolivariana. Para justificar su posición, agrega: “Conducir con racionalidad la política económica no es sinónimo de neoliberalismo, así como practicar la heterodoxia hasta la irracionalidad no es sinónimo de socialismo”. Si bien tales cuestiones deben ser analizadas en profundidad ―como seguro está ocurriendo― por un equipo transdiciplinario formado no solo por economistas, colegimos que lo que Porras propone es que la aplicación de medidas ortodoxas de factura tecnocrática podrían sanear el desbarajuste en el corto plazo, y que la fijación inamovible en la heterodoxia económica podría causar más problemas.
En todo caso, si hubo algo que demostró la gestión económica chavista, es que actuar a contracorriente de las sugerencias del común de los economistas por lo general se traducía en beneficios para las grandes mayorías del país. En tal sentido, una fórmula, podría ser la siguiente: de la ortodoxia sólo lo necesario y por el menor tiempo, de la heterodoxia todo lo posible por el mayor tiempo.
Sobre la necesidad de “construir una mayoría amplia para transformar en profundidad”
Sobre este tema, son interesantes y variados los análisis que se han hecho, particularmente después de las elecciones del 7 de octubre de 2012, y después de las del 14 de abril de 2013. Tanto en una como en otra, y con más fuerza en la segunda, se evidenció un crecimiento notable del caudal de votos de la oposición. En la primera, los “oligarcas” habían llegado a seis millones, en la segunda, a más de siete, quedando a menos de 300 mil votos de los “socialistas”.
Porras, inicia esta parte de su escrito con una idea que fue planteada después de las presidenciales de 2012 y, antes de eso, después del referéndum sobre la Propuesta de Reforma Constitucional de 2007. Aquel 2 de diciembre, luego de saber que los opositores a la reforma habían triunfado, se llegó a una conclusión fundamental: si el 50% más 1 había votado por el No, ganaba el no. Sin embargo, no ocurría así con la opción del Sí, que de haber obtenido una mayoría simple habría ganado la opción de reformar la Constitución, pero con la mitad del país opuesta al socialismo.
Indudablemente, la mayoría que hoy en día apoya la Revolución bolivariana no es la misma que aprobó la Constitución, y mucho menos aquella que derrotó ampliamente a la oposición en las presidenciales de 2006. De cara a la construcción del socialismo, ya se sabe que es absolutamente necesario hacer de la propuesta un proyecto hegemónico, para lo cual estuvo claro en su momento la necesidad de construir una hegemonía popular. En este nivel de la exposición, Porras introduce el complejo tema de las clases sociales, y en pocas palabras plantea recuperar el apoyo total de las clases pertenecientes a los estratos D y E, “aliadas naturales de la revolución”, y sumar a cada vez más gente del estrato C, mejor conocido como el sector de las “clases medias”.
En este punto, a mi parecer se alude una de las problemáticas más complejas que enfrenta todo proyecto político de liberación pos capitalista, más aún si ese proceso es pacífico y apegado a las normas del liberalismo burgués. Como tal, el desafío debe ser encarado discutiendo los temas que haya que discutir por la calle del medio, con total franqueza y de la forma más transparente posible. Dice Porras: “Hacer que millones de personas salgan de la pobreza quiere decir, por deducción lógica, que la clase media (en su expresión más modesta inicialmente) crece en proporción correspondiente”. Digamos de antemano que uno de los problemas a la hora de analizar este tema de las clases sociales y la “movilidad social”, es precisamente la utilización de las nomenclaturas economicistas tradicionales, lo cual genera otro problema, más complejo aún, que se produce cuando se traslada el debate a terrenos en los que al parecer aún tenemos preocupantes debilidades simbólicas.
Para muestra, algunas citas:
Dice Porras: “Este hecho extraordinario, del cual tendríamos que enorgullecernos ruidosamente, a veces pareciera generarnos incomodidad, como si nos hubiéramos terminado creyendo la caricatura miserabilista que ha construido la derecha sobre nosotros. Aquella que pretende que el chavismo busca una nivelación hacia abajo de las clases sociales, y sueña con destruir a las clases medias por ser la materialización de la pequeña burguesía”.
Por otra parte, en su comentario al artículo de Porras, dice Majano:
“El problema, otra vez, es que plantearnos la construcción de una mayoría a partir de los paradigmas fundamentales de la dominación no sirve. La noción de “clase media” (categoría sobre la cual Porras ni siquiera reflexiona), es un producto ideológico de la burguesía para construirle una base social al capitalismo. No se trata del tradicional concepto de pequeña burguesía, más relacionado con los sectores que actúan como mediadores entre la burguesía y los trabajadores, sino de un recurso para vincular las expectativas y las posibilidades de una extensa capa social a los intereses de sus dominadores y explotadores”.
También, opinó recientemente Javier Biardeau, que:
“Hay que hacer que millones de personas salgan de la pobreza y la exclusión, con conciencia ético-cultural de que se trata de un transformación post-capitalista, que no se trata de reproducir la verdadera “caricatura miserabilista”, cuyo imaginario es creer que se está mejor sólo porque SE TIENEN más bienes y servicios… El “arte de lo posible” de Bismarck consistía precisamente en evitar pretextos para la radicalización social y política. Una política sin antagonismo de sectores dominantes es precisamente el mejor indicador de que no hay Revolución alguna”.
¿Qué decimos nosotros?
Cuando el ministro Héctor Rodríguez comentó en un acto público que el Gobierno “no sacaría de la pobreza a la gente para que estos se conviertan en escuálidos”, palabras más, palabras menos, estaba, por un lado, aludiendo el complejo proceso ideológico según el cual la entrada a otra clase social que está “más arriba” llega a producir un cambio de mentalidad. Este “cambio de mentalidad”, implica el abandono del proyecto socialista que me sacó de la pobreza puesto que ya no soy pobre y por tanto ya no me identifico con él. Problemas de ética-política y alienación.
De otro lado, el ministro también reconocía indirectamente que el proyecto moderno-capitalista seguía ostentando su hegemonía cultural sobre la población venezolana, y que el chavismo hasta ahora no ha sido capaz de construir una alternativa hegemónica ―de dirección intelectual y moral― que evite que nos creamos o que reproduzcamos caricatura miserabilista alguna: ni aquella según la cual la igualación que quiere la Revolución es “hacia abajo”, ni aquella según la cual estamos mejor porque tenemos la “casa bien equipada”. El dilema está, y aquí el Gobierno ha sido realmente pragmático, entre avanzar en la construcción del buen vivir bajo el imperio del sistema de valores y creencias predominante, y construir el Sumak Kawsay (Buen Vivir), desde una ética-cultural diferente, realmente asumiendo la transformación del modo de vida y superando los esquemas que tienden a dejarnos como el burro tras la zanahoria.
Ahora bien, crear una nueva consciencia se dice rápido, pero es el más grande de los desafíos, en la medida que hablamos de los factores mediáticos, educativos, subjetivos; del terreno de lo simbólico. Es aquí, donde entra la inestimable labor de los medios alternativos y de todos los proyectos culturales-educativos de carácter contra-hegemónico. Al momento de escribir esto, escucho el encendido discurso del presidente José “Pepe” Mujica en la Cumbre del g-77, en el que con su habitual tono imperativo de musical imprecación, decía:
“Es más fácil cambiar relaciones de propiedad que relaciones culturales, pero si no cambia la cultura, no cambia nada”.
Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-, lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más susceptible de ser descartado o postergado.
Entonces, qué, ¿Hay que sumar? Sin duda, ¿Qué hay que producir más? Por supuesto. ¿Qué hace falta más pragmatismo? Donde sea realmente necesario. Porque, si Den Xiaoping está de visita en Caracas, puede que tenga algo que decir, pero no olvidemos que el objetivo trascendente es hacer una Revolución cultural.
Por cierto, que nuestro deseo no es que esa Revolución cultural sea la de Mao Zedong, así como pensamos también que el pragmatismo que necesita el proceso bolivariano no debe ser el del camarada Xiaoping.
@maurogonzag
“El ambivalente discurso latinoamericano sobre la modernidad, que rechaza la dominación europea pero que internaliza su misión civilizadora, ha adoptado la forma de un proceso de auto-colonización que asume formas diferentes en distintos contextos políticos y períodos históricos”. Fernando Coronil, El Estado Mágico.
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Después de leer el texto de Temir Porras y constatar el incipiente debate que está generando, aprovechamos para hacer algunos comentarios y aportes sobre algunos de los temas sensibles en discusión. Aunque no sea nada pragmático, parece que intercambiar y discurrir sobre abstracciones como los tipos de liderazgo, los modelos económicos y modos de organizar la sociedad, aún puede incidir en los procesos de intervención en la realidad social concreta.
Soy optimista, y creo sinceramente que todos debemos pensar que Venezuela y el proceso político que le devolvió su dignidad estarán a la altura del desafío, que sin duda es uno de los más grandes por tratarse de superar el “período crítico” que se inició en la Revolución con la desaparición física de su motor fundamental, el Comandante Hugo Chávez. Sin embargo, mi optimismo no es panglossiano como el de muchos compañeros con los que uno se topa con frecuencia, quienes ante la crítica fundada te responden que nada peor como la cuarta república, que hay que ver como cambió este país. Nadie duda ni niega que el país cambió, pero no todos entienden la importancia de la crítica.
Ciertamente, después del 5 de marzo de 2013, con todo y la clara directriz que había dejado el Comandante el 8 de diciembre de 2012 en la que definió con absoluta claridad quien tomaría el timón político de la Revolución, se inauguró un período de incertidumbre política, propiciado más por el dolor de la fatalidad que por no tener la certeza de qué hacer y cómo actuar. Pero, como también era verdad que Chávez era el dique político y moral que supo derrotar a la reacción, y como estadista mantener controlada a la oposición y sus alocados planes, la guerra económica que se inició a finales de 2012, aunado a los errores cometidos, a la fecha ha generado un “escenario económico complejo” que, como dice Porras, podría afectar negativamente la base social de la Revolución.
El autor, de un lado reconoce que las amenazas externas se han recrudecido desde la partida del Comandante y no es un dato menor, dado que solo por ahí tendríamos criterio para destacar la magnitud del reto que tuvo que afrontar Maduro ―y que hoy lo sigue haciendo― luego de haber derrotado una campaña nacional, regional e internacional que no la vimos ni con Chávez pues. Además, toda esta conspiración se tuvo que afrontar en el marco del debilitamiento general en que quedó el portaaviones revolucionario en ausencia de su “gran timonel”.
Dice Porras que “en este momento debemos concentrar nuestros esfuerzos en examinar nuestra propia capacidad de generar políticas que nos hagan avanzar”. No podemos estar en desacuerdo, sobre todo porque es un planteamiento que se hace luego de superar varios meses de cruda incitación a la guerra civil, por lo cual cabría el acuerdo con el fragmento que sigue, donde se pide no “fijar el foco en quienes buscan distraernos y desestabilizarnos”, algo solo posible ahora, solo ahora, con todo y que los planes conspirativos no se detienen.
Aunque no lo dice directamente, hay un claro llamado a trabajar para derrotar ciertos flagelos “que tienen que ver con nosotros mismos”, como la corrupción, la desorganización, el burocratismo, toda vez que en un Gobierno donde la Revolución es la que está en el poder, nadie puede atribuir sus problemas como “principal responsable”, a la oposición. En este punto, no compartiría la responsabilidad en partes iguales, pero cuidado con el grado de responsabilidad que puede tener una oposición que casi nunca ha asumido el rol que le corresponde y que parece haberse quedado enganchada en el golpismo, tal vez por lo lucrativo que para ella suele ser.
Ahora bien, antes de comentar críticamente los planeamientos hechos por el autor en los tres ejes centrales que define como las tres grandes áreas donde habría que cambiar o rectificar, me permito hacer una lectura del párrafo en el que reflexiona sobre los grandes logros de la Revolución:
“Cada logro constituye el piso sobre el cual se debe construir otro logro superior, y no solamente en términos cuantitativos, sino, lo que es más complejo, cualitativos también. Venezuela debe seguir teniendo el mayor sistema público de educación, el más masivo sistema público de salud y el acceso más democrático a las tecnologías, pero debe también construir escuelas y universidades de excelencia, garantizar la mejor calidad de servicio médico, así como la más alta velocidad de conexión a la red, a la par de los mejores estándares internacionales. Una cosa no es pretexto para sacrificar la otra”. (Cursivas nuestras).
Lo hemos dicho en otras oportunidades, y puede que estemos en el mejor momento para pasar de una etapa de inclusión masiva en una estructura, a la transformación de esa estructura. Sería un error concebir a la Revolución como un mero proceso de inclusión, con toda la belleza y el perfil romántico de la escena del adulto mayor aprendiendo a leer en la Misión Robinson. Venezuela puja por un salto cualitativo, por una radicalización de la democracia como democratización real, constante y permanente, lo cual quiere decir, junto al acceso a lo que estaba vedado, acceso a todo lo demás y acceso a una mejor calidad.
Añadamos, que existe en el “polémico” artículo, un llamado transversal a la revisión de la estrategia, lo cual no puede menos que recordarnos los reiterados llamados a la aplicación de las fementidas tres erres que en su momento hiciera el Comandante, y más recientemente, de nuevo de la mano del estadista cuya visión y creatividad lo llevaban a plantear virajes en la orientación política cuando así lo dictaban las circunstancias, el “golpe de Timón”.
También, manifestemos nuestro acuerdo con la necesidad de que la discusión de los grandes temas centrales que todo proceso al socialismo debe plantearse, sea “abierta y profunda”, un debate de altura que debe permitir que se expresen todas las tendencias, corrientes y sensibilidades revolucionarias, con la madurez necesaria para que este debate, que puede caldearse en el más diverso grado, no afecte la unidad del movimiento bolivariano. Como signo de nuestros tiempos, consideramos un imperativo la divisa de la cooperación, la complementariedad y la construcción de la unidad en un todo integral que sea producto de la condensación de la diversidad de los imaginarios revolucionarios, bajo el sencillo método de centrar el debate en las coincidencias teórico-metodológicas y ético-políticas y no en las diferencias, para que el debate pueda llegar a buen puerto o, a algún puerto. Y para esto se necesita, si Fidel Castro tiene razón, más que disciplina consciencia revolucionaria.
Sobre el liderazgo del presidente Nicolás Maduro
Evidentemente, el liderazgo carismático es un fenómeno político que hemos visto en América Latina en diversos períodos históricos, y sería bastante raro que se repitiera en un mismo país en intervalos de tiempo de unos pocos años, para no decir que son irrepetibles. Así como hubo un solo Perón en Argentina, así habrá un solo Chávez en Venezuela.
Ahora, la necesidad de avanzar hacia la construcción de un liderazgo colectivo, siempre bajo la dirección de Chávez, fue una propuesta que se planteó en 2009 durante una reunión de intelectuales realizada en el Centro Internacional Miranda, ante la evidencia de que el Comandante se estaba echando el país al hombro y que dicha situación no podía sostenerse en el tiempo. Pero también, un liderazgo colectivo sería la continuación lógica y necesaria luego del paso tempestuoso del liderazgo telúrico, el cual sobrevino, como recuerda Porras, para hacer renacer a Venezuela de sus cenizas.
De tal manera, que sobre el punto coincido con el compañero Víctor Hugo Majano, cuando este afirma que no hay contradicción entre el liderazgo personal y la necesidad de construir un liderazgo colectivo, considerando que el liderazgo de Maduro es diferente al del Comandante. Esto último, por cierto, es tan tautológico como aquello de “Maduro no es Chávez”. También, agreguemos que un liderazgo colectivo no es que no sea algo propiamente chavista, sino que no se correspondía ni logró corresponderse, dadas las circunstancias del país, con la personalidad de Hugo Chávez. Y es que el “mande comandante” ¿No fue siempre una expresión de lo avasallante de este tipo de liderazgo?
Sin embargo, coincidimos en que la jefatura política de Nicolás Maduro no puede limitarse sólo a la preservación del legado del Comandante, ni pude seguir considerándose al presidente como un mero hijo de Chávez. Lo primero, sería recortar las expectativas revolucionarias y darnos por incapaces; lo segundo, podría resultar contraproducente para la construcción de un liderazgo propio. Es un hecho, que el Presidente se ha metido de frente con problemáticas que en el marco de la épica lucha política Revolución y patria Vs. golpismo y antipolítica, quedaron inevitablemente descuidadas. Dos ejemplos: la violencia y el carácter rentista de nuestra economía. Ningún pueblo del mundo puede depender eternamente de un Savonarola, y en el caso de Venezuela, recordemos que hasta la oposición vivió y se desvivió en su oposición a Chávez. Desaparecido físicamente este, hasta ella quedó desconcertada.
Considero clave el siguiente párrafo: “a Nicolás Maduro se le ha reconocido en su función de Presidente de la República, pero no como jefe político del chavismo , con el derecho y el deber de imprimirle su visión personal a la construcción de la Revolución, trascendiendo la simple función de conservador del legado del Comandante”. Esta afirmación, podría alimentarse de la idea según la cual la obediencia y la lealtad hacia Maduro de algunos cuadros medios y dirigentes ubicados en distintos sectores políticos e institucionales, viene exclusivamente de la memorable alocución de Chávez del 8 de diciembre de 2012. Desde este punto de vista, esa es una visión que comienza a trascenderse.
¿Ha llegado para la revolución la etapa del pragmatismo?
Ciertamente el liderazgo de Maduro es “más flexible” y ciertamente tiene rasgos fuertemente pragmáticos. En más de una oportunidad, sus críticas a la reflexión intelectual y su manifiesta molestia con algunos señalamientos han dejado ver ese pragmatismo, y nos parece que en la mayoría de los casos ha tenido la razón. La pérdida de contacto con la vida social concreta, como producto de análisis enmarcados en teorías que son presentadas a veces como más reales que la propia realidad, es una de las razones que desprestigian la reflexión intelectual y que abre paso al pragmatismo, aunque lo sensato siempre sea la dialéctica entre un proceso intelectual amplio, transdiciplinario y holístico, y el mundo real, el cual siempre desbordará a las teorías particulares.
El pragmatismo, como corriente de pensamiento nació en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Fundada por Charles Sanders Pierce y William James ―quien lo definió más como un modo de pensar― se caracteriza por su énfasis en la utilidad y en las consecuencias prácticas como componentes esenciales de la verdad. El pragmatismo, como el empirismo, se opone a la idea de que los conceptos y el intelecto representan la realidad. Tolstoi decía que “hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego”, frase que plasma ejemplarmente la visión pragmática. Y en un país que quiere industrializarse, hace falta gente que, al caminar por un pedazo de tierra yerma, no vea sino producción de alimentos.
Es verdad, de otro lado, que resultaría peligroso para la construcción del socialismo que ese pragmatismo adoptara la famosa divisa del camarada Deng Xiaoping, según la cual es irrelevante si el gato es negro o blanco, siempre que cace ratones. Una cosa sí que está clara: hace falta producir, más y mejor. Imposible aquí no recordar lo que fue la Nueva Política Económica (NEP) ejecutada por Lenin en los comienzos de la URSS. Esto habría que repasarlo muy bien, dada la propuesta de Porras, que no es otra cosa sino la aplicación de una NEP a la venezolana.
Sobre el pragmatismo económico que debería aplicarse
La economía del país no atraviesa su mejor momento, y si los problemas actuales de la Revolución son predominantemente económicos, ese es un hecho que en gran medida tiene que ver con la revancha que cierta burguesía le planteó al bolivarianismo cuando constató que Chávez no podría continuar dirigiendo los destinos de la Patria. Tiene que ver con la guerra económica, pues.
Pero si esto es cierto, también lo es que se han cometido algunos errores en el manejo de la economía en términos macros, como lo han venido dejando por escrito desde hace tiempo varios de nuestros analistas más agudos, para no mencionar que el “Chicago boy” de izquierda ―como a veces le decía Chávez jocosamente―, Rafael Correa, se permitió declarar ―y estamos seguros que con toda la fundamentación y buena Fe del mundo― que en Venezuela se habían cometido “errores económicos”.
Dice Porras que “la despreocupación por el mañana, y la confianza de que el futuro será mejor que el presente, para uno mismo y para sus hijos, es uno de los cimientos más sólidos sobre los cuales construir un proyecto profundamente republicano”. En tal sentido, es innegable que la Revolución bolivariana inició un movimiento de expansión económica de crecimiento vertiginoso, que logró colocar la experiencia a la altura de las expectativas del pueblo, e incluso superarlas en varios aspectos. Esto significa, como mencionamos en una oportunidad, que la Revolución reescribió el estribillo de una conocida canción del grupo La Mosca, cuyo coro dice: “Hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana, vamos a gritar señor, hasta que no quede nada”.
¿Qué es lo que ha generado este turbio escenario económico? El autor habla de “grandes desequilibrios macroeconómicos”, que deben ser corregidos con decisiones coyunturales apropiadas, las cuales habría que ejecutar con pragmatismo. Esto, permitiría alcanzar los objetivos políticos sin poner en riesgo los grandes logros sociales que tanto esfuerzo costaron a la Revolución. De tal manera, el autor lo que plantea es que la implementación de estas medidas económicas coyunturales no necesariamente implican una traición a la revolución, toda vez que en el hoy por hoy ya existe la sensación de que vivimos cierta regresión social, dado el desenvolvimiento de la economía.
Estas consideraciones, han llevado a algunos a plantear, por ejemplo al compañero Majano, que la propuesta de Porras no es otra cosa que una “vuelta al capitalismo como opción revolucionaria”. En este punto, no coincidimos con el autor de La-tabla, porque ¿Es que acaso ya estamos en socialismo para plantear que ciertas decisiones económicas nos “regresarían” al capitalismo? Por cierto que Porras no es el primero que “recuerda” que vivimos en un sistema capitalista, muy particular, pero capitalista. Un optimista panglossiano nos diría ¡Bueno, no estamos en un capitalismo neoliberal, y además estamos en una transición al socialismo!
Pero, yo diría que están planteadas aquí dos transiciones: una de corto plazo y una de más largo aliento. La primera de ellas, hacia el “capitalismo serio”, o capitalismo productivo ― ¿o es que la batalla contra la usura y los precios justos es para ir al socialismo?―, cuyos esfuerzos están orientados a superar la economía rentista. La segunda, sería la transición hacia el socialismo bolivariano, un sistema o modo de organización social cuya fórmula de construcción nadie tiene; porque esa es la cuestión actual: superar el rentismo petrolero generador de consumismo, facilismo, cortoplacismo y todos los ismos culturalmente más atentatorios contra los objetivos supremos de la Patria.
También, es verdad que un Estado de bienestar a la venezolana, lo que es hablar de un Estado fuerte que distribuye la riqueza petrolera con criterios de equidad y justicia, tiene algo de socialista. Pero, incluso en el mejor de los casos de perfecta redistribución de nuestra riqueza y el mantenimiento de la ingente inversión social, subyace una realidad: que seguimos siendo una economía de puertos, un país importador. Además, todo el proceso de distribución se ha dado en un marco sin el que no se podrían entender muchas cosas: la lucha política, la puja por la captación de esta renta entre distintos actores políticos entre los cuales llegó a existir un conflicto de tipo agónico-existencial, es decir, una guerra a muerte.
Así las cosas, conviene no hacer tanta alharaca cuando se trata de reconocer que vivimos en un sistema capitalista que se alimenta de la renta que produce el hidrocarburo más preciado del mundo, por ser la sangre de la parafernalia moderno-capitalista mundial. Acotemos, que no hay nada tan corporativizado como el negocio petrolero, y que Pdvsa estableció recientemente un convenio con la Halliburton, ¿Pragmatismo? En este discurrir, es pertinente recordar al Comandante Chávez, cuando hizo aquella reflexión en la que nos pidió que no nos engañáramos porque la economía venezolana seguía siendo no solo capitalista, sino rentista. Lo que hizo Chávez en aquel momento fue “bajarle dos” al idealismo exacerbado de algunos sectores cuya realidad teórica parece sin duda predominar sobre la realidad social concreta. De la misma forma, sería mezquino negar los rasgos “socialistas” que han surgido durante el movimiento político del bolivarianismo.
Seamos idealistas, pero sin ingenuidades. Seamos materialistas, pero con creatividad; y de modo transversal, seamos realistas.
Sumado a lo anterior, debemos recordar que no fue una reflexión más, aquella de Fidel Castro en la que reconoció que uno de los mayores errores históricos que cometieron en los años iniciales de la Revolución cubana fue pensar que alguien sabía cómo se construía el socialismo. Sobre esto, no albergamos duda alguna de que el Comandante Fidel, lo que quiso fue enviar un mensaje de humildad para los que hoy pensamos y trabajamos para transformar la sociedad capitalista, en Venezuela y en otras naciones hermanas. Siendo justos, hay que considerar que Marx tuvo la idea más acabada sobre cómo hacerlo, aunque haya sido sobre todo para su sociedad y su tiempo, sin caer en historicismos.
Finalmente, el autor señala las políticas macroeconómicas generales que estarían generando la “regresión social”, y propone que tales políticas no se pueden aplicar todo el tiempo en el devenir de un proceso complejo como la Revolución bolivariana. Para justificar su posición, agrega: “Conducir con racionalidad la política económica no es sinónimo de neoliberalismo, así como practicar la heterodoxia hasta la irracionalidad no es sinónimo de socialismo”. Si bien tales cuestiones deben ser analizadas en profundidad ―como seguro está ocurriendo― por un equipo transdiciplinario formado no solo por economistas, colegimos que lo que Porras propone es que la aplicación de medidas ortodoxas de factura tecnocrática podrían sanear el desbarajuste en el corto plazo, y que la fijación inamovible en la heterodoxia económica podría causar más problemas.
En todo caso, si hubo algo que demostró la gestión económica chavista, es que actuar a contracorriente de las sugerencias del común de los economistas por lo general se traducía en beneficios para las grandes mayorías del país. En tal sentido, una fórmula, podría ser la siguiente: de la ortodoxia sólo lo necesario y por el menor tiempo, de la heterodoxia todo lo posible por el mayor tiempo.
Sobre la necesidad de “construir una mayoría amplia para transformar en profundidad”
Sobre este tema, son interesantes y variados los análisis que se han hecho, particularmente después de las elecciones del 7 de octubre de 2012, y después de las del 14 de abril de 2013. Tanto en una como en otra, y con más fuerza en la segunda, se evidenció un crecimiento notable del caudal de votos de la oposición. En la primera, los “oligarcas” habían llegado a seis millones, en la segunda, a más de siete, quedando a menos de 300 mil votos de los “socialistas”.
Porras, inicia esta parte de su escrito con una idea que fue planteada después de las presidenciales de 2012 y, antes de eso, después del referéndum sobre la Propuesta de Reforma Constitucional de 2007. Aquel 2 de diciembre, luego de saber que los opositores a la reforma habían triunfado, se llegó a una conclusión fundamental: si el 50% más 1 había votado por el No, ganaba el no. Sin embargo, no ocurría así con la opción del Sí, que de haber obtenido una mayoría simple habría ganado la opción de reformar la Constitución, pero con la mitad del país opuesta al socialismo.
Indudablemente, la mayoría que hoy en día apoya la Revolución bolivariana no es la misma que aprobó la Constitución, y mucho menos aquella que derrotó ampliamente a la oposición en las presidenciales de 2006. De cara a la construcción del socialismo, ya se sabe que es absolutamente necesario hacer de la propuesta un proyecto hegemónico, para lo cual estuvo claro en su momento la necesidad de construir una hegemonía popular. En este nivel de la exposición, Porras introduce el complejo tema de las clases sociales, y en pocas palabras plantea recuperar el apoyo total de las clases pertenecientes a los estratos D y E, “aliadas naturales de la revolución”, y sumar a cada vez más gente del estrato C, mejor conocido como el sector de las “clases medias”.
En este punto, a mi parecer se alude una de las problemáticas más complejas que enfrenta todo proyecto político de liberación pos capitalista, más aún si ese proceso es pacífico y apegado a las normas del liberalismo burgués. Como tal, el desafío debe ser encarado discutiendo los temas que haya que discutir por la calle del medio, con total franqueza y de la forma más transparente posible. Dice Porras: “Hacer que millones de personas salgan de la pobreza quiere decir, por deducción lógica, que la clase media (en su expresión más modesta inicialmente) crece en proporción correspondiente”. Digamos de antemano que uno de los problemas a la hora de analizar este tema de las clases sociales y la “movilidad social”, es precisamente la utilización de las nomenclaturas economicistas tradicionales, lo cual genera otro problema, más complejo aún, que se produce cuando se traslada el debate a terrenos en los que al parecer aún tenemos preocupantes debilidades simbólicas.
Para muestra, algunas citas:
Dice Porras: “Este hecho extraordinario, del cual tendríamos que enorgullecernos ruidosamente, a veces pareciera generarnos incomodidad, como si nos hubiéramos terminado creyendo la caricatura miserabilista que ha construido la derecha sobre nosotros. Aquella que pretende que el chavismo busca una nivelación hacia abajo de las clases sociales, y sueña con destruir a las clases medias por ser la materialización de la pequeña burguesía”.
Por otra parte, en su comentario al artículo de Porras, dice Majano:
“El problema, otra vez, es que plantearnos la construcción de una mayoría a partir de los paradigmas fundamentales de la dominación no sirve. La noción de “clase media” (categoría sobre la cual Porras ni siquiera reflexiona), es un producto ideológico de la burguesía para construirle una base social al capitalismo. No se trata del tradicional concepto de pequeña burguesía, más relacionado con los sectores que actúan como mediadores entre la burguesía y los trabajadores, sino de un recurso para vincular las expectativas y las posibilidades de una extensa capa social a los intereses de sus dominadores y explotadores”.
También, opinó recientemente Javier Biardeau, que:
“Hay que hacer que millones de personas salgan de la pobreza y la exclusión, con conciencia ético-cultural de que se trata de un transformación post-capitalista, que no se trata de reproducir la verdadera “caricatura miserabilista”, cuyo imaginario es creer que se está mejor sólo porque SE TIENEN más bienes y servicios… El “arte de lo posible” de Bismarck consistía precisamente en evitar pretextos para la radicalización social y política. Una política sin antagonismo de sectores dominantes es precisamente el mejor indicador de que no hay Revolución alguna”.
¿Qué decimos nosotros?
Cuando el ministro Héctor Rodríguez comentó en un acto público que el Gobierno “no sacaría de la pobreza a la gente para que estos se conviertan en escuálidos”, palabras más, palabras menos, estaba, por un lado, aludiendo el complejo proceso ideológico según el cual la entrada a otra clase social que está “más arriba” llega a producir un cambio de mentalidad. Este “cambio de mentalidad”, implica el abandono del proyecto socialista que me sacó de la pobreza puesto que ya no soy pobre y por tanto ya no me identifico con él. Problemas de ética-política y alienación.
De otro lado, el ministro también reconocía indirectamente que el proyecto moderno-capitalista seguía ostentando su hegemonía cultural sobre la población venezolana, y que el chavismo hasta ahora no ha sido capaz de construir una alternativa hegemónica ―de dirección intelectual y moral― que evite que nos creamos o que reproduzcamos caricatura miserabilista alguna: ni aquella según la cual la igualación que quiere la Revolución es “hacia abajo”, ni aquella según la cual estamos mejor porque tenemos la “casa bien equipada”. El dilema está, y aquí el Gobierno ha sido realmente pragmático, entre avanzar en la construcción del buen vivir bajo el imperio del sistema de valores y creencias predominante, y construir el Sumak Kawsay (Buen Vivir), desde una ética-cultural diferente, realmente asumiendo la transformación del modo de vida y superando los esquemas que tienden a dejarnos como el burro tras la zanahoria.
Ahora bien, crear una nueva consciencia se dice rápido, pero es el más grande de los desafíos, en la medida que hablamos de los factores mediáticos, educativos, subjetivos; del terreno de lo simbólico. Es aquí, donde entra la inestimable labor de los medios alternativos y de todos los proyectos culturales-educativos de carácter contra-hegemónico. Al momento de escribir esto, escucho el encendido discurso del presidente José “Pepe” Mujica en la Cumbre del g-77, en el que con su habitual tono imperativo de musical imprecación, decía:
“Es más fácil cambiar relaciones de propiedad que relaciones culturales, pero si no cambia la cultura, no cambia nada”.
Finalmente, si lo vemos desde al ángulo de “las dos corrientes”, tendríamos que el debate está planteado entre los que piensan que hay que avanzar sobre la escala de valores existente y predominante, sin formar al hombre nuevo pues, y los que son de la convicción de que el socialismo democrático humanista del siglo XXI necesita una escala de valores distinta, un hombre y una mujer matinal -diría Mariátegui-, lo cual implica un desafío formidable, el camino de mayor resistencia y por tanto el más susceptible de ser descartado o postergado.
Entonces, qué, ¿Hay que sumar? Sin duda, ¿Qué hay que producir más? Por supuesto. ¿Qué hace falta más pragmatismo? Donde sea realmente necesario. Porque, si Den Xiaoping está de visita en Caracas, puede que tenga algo que decir, pero no olvidemos que el objetivo trascendente es hacer una Revolución cultural.
Por cierto, que nuestro deseo no es que esa Revolución cultural sea la de Mao Zedong, así como pensamos también que el pragmatismo que necesita el proceso bolivariano no debe ser el del camarada Xiaoping.
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viernes, 13 de junio de 2014
20 verdades sobre el fútbol profesional contemporáneo
Arrancó el torneo más importante del deporte rey, el Mundial de Fútbol, y toda Venezuela está a la expectativa sobre lo que le deparará la suerte a sus equipos favoritos, con todo y que nuestra Vinotinto no logró ―por ahora― clasificar. Realmente, la atención sobre la prestigiosa competición es mundial y durante un mes muchos pueblos del mundo entrarán en una suerte de hibernación futbolística.
En algunos hogares se colocará el cartel “Cerrado por fútbol”, como es el caso de la casa del escritor Eduardo Galeano, conocido hincha del fútbol, y en algunos países como Venezuela, bares y restoranes de todo tipo, así como los hacedores de bebidas espirituosas, verán incrementadas sus ventas en el marco de la gran pugna futbolística, detrás de cuyos símbolos y colores se encuentra un negocio milmillonario que, como cabe pensar, ha venido influyendo sobre la forma en que se juega el popular deporte.
La belleza del fútbol es innegable, a pesar de que con los años y su conversión en industria haya venido perdiendo parte de esa belleza desbordante que lo caracterizó en otros tiempos. Pero que el torneo se celebre en Brasil, que esté siendo transmitido también por Tves, y que cada día tengamos el lujo de ver a Maradona junto a Víctor Hugo Morales en el programa #DeZurda, transmitido por TeleSur, son noticias que producen cierta satisfacción. Incluso, auguramos que la Copa se quedará en Suramérica y queremos que así sea.
Sin embargo, esta vez queremos plantear unas cuantas verdades sobre el futbol profesional contemporáneo, que para todo amante del fútbol con algo de consciencia política podrían resultar algo inquietantes. Esas verdades son:
1- A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar por jugar.
2- El fútbol se ha convertido en un espectáculo con pocos protagonistas y muchos espectadores, y el espectáculo es por cierto uno de los más lucrativos del mundo.
3- El fútbol-espectáculo no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.
4- La tecnocracia del futbol profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.
5- Si Marx estuviera vivo, consideraría al fútbol el nuevo opio de los pueblos.
6- Como la religión, el fútbol es un fenómeno masivo que agrupa a las personas en torno a ciertos símbolos y dioses.
7- Grandes multitudes tienen en los estadios el gran templo de culto y en los partidos las celebraciones rituales.
8- Cada equipo equivale a un grupo religioso, y cada uno de estos tiene sus propios seguidores incondicionales cuyo fanatismo les lleva a enfrentarse a los seguidores de otros equipos con los que existen rivalidades que van más allá de los partidos.
9- Particularmente en Europa, cada partido, como enfrentamiento entre naciones, recuerda las guerras de religión, el fanatismo inquisidor y la cacería de brujas.
10- El millonario negocio detrás de cada torneo, hace que los jugadores sean comprados y vendidos como nuevos gladiadores del circo mediático.
11- Pan y circo era lo que daban a las multitudes romanas. Pan y fútbol lo que dan los regímenes autoritarios, como es el neoliberalismo, a sus pueblos.
12- Todo pueblo necesita alegrías y tiene derecho a tenerlas, y el fútbol, sea dicha la verdad, se las da.
13- Pero los pueblos también tienen derecho a saber que el fútbol es el deporte que siempre es más útil a ciertos gobiernos que lo usan para encubrir sus miserias.
14- El fútbol es, sin duda, el deporte rey, el más difundido a nivel mundial y el más popular.
15- Además de negocio lucrativo, el fútbol se ha convertido en una cortina de humo, y directamente en un mecanismo de control social.
16- El afamado Mundial de Fútbol, sirve a los potentados del mundo para que estos ejecuten lo que son sus planes geoestratégicos de dominación a largo plazo.
17- El fútbol contemporáneo trata de controlar a las masas en el día a día, abrumándolas con más y más partidos, más y más campeonatos, más y más ligas.
18- El fútbol, y su manipulación en los medios masivos de difusión generan la ilusión de igualación de clases sociales. En torneos como el que comienza, explotadores y explotados, ricos y pobres se abrazan tras la camiseta de su selección nacional.
19- El mundial de fútbol es imperiosamente importante en comparación a otros torneos de deportes profesionales, y nunca se invierte tanto dinero y esfuerzo para que la humanidad centre su atención en la solución de los problemas del mundo.
20- Los grandes torneos de fútbol recuerdan la frase de Einstein: “El nacionalismo es la enfermedad infantil de la humanidad”.
21- Si por alguna extraña razón el fútbol se hubiera desterrado de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial los pueblos europeos hubieran continuado diezmándose en terribles guerras sucesivas producto de rivalidades nacionalistas.
Referencias:
Galeano, Eduardo (2010). El fútbol a sol y sombra. Siglo XXI editores. Argentina.
Iglesia y Fútbol: ¿Dos caras de la misma alienación?: en: http://kaosenlared.net/especiales/item/15762-iglesia-y-f%C3%BAtbol–%C2%BFdos-caras-de-la-misma-alienaci%C3%B3n?.html
Fútbol profesional: una crítica necesaria: en: http://www.aporrea.org/internacionales/a178522.html
Realmente: ¿qué nos dejó el Mundial?: http://www.voltairenet.org/article141945.html
Publicado en PoderenlaRed.com
En algunos hogares se colocará el cartel “Cerrado por fútbol”, como es el caso de la casa del escritor Eduardo Galeano, conocido hincha del fútbol, y en algunos países como Venezuela, bares y restoranes de todo tipo, así como los hacedores de bebidas espirituosas, verán incrementadas sus ventas en el marco de la gran pugna futbolística, detrás de cuyos símbolos y colores se encuentra un negocio milmillonario que, como cabe pensar, ha venido influyendo sobre la forma en que se juega el popular deporte.
La belleza del fútbol es innegable, a pesar de que con los años y su conversión en industria haya venido perdiendo parte de esa belleza desbordante que lo caracterizó en otros tiempos. Pero que el torneo se celebre en Brasil, que esté siendo transmitido también por Tves, y que cada día tengamos el lujo de ver a Maradona junto a Víctor Hugo Morales en el programa #DeZurda, transmitido por TeleSur, son noticias que producen cierta satisfacción. Incluso, auguramos que la Copa se quedará en Suramérica y queremos que así sea.
Sin embargo, esta vez queremos plantear unas cuantas verdades sobre el futbol profesional contemporáneo, que para todo amante del fútbol con algo de consciencia política podrían resultar algo inquietantes. Esas verdades son:
1- A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar por jugar.
2- El fútbol se ha convertido en un espectáculo con pocos protagonistas y muchos espectadores, y el espectáculo es por cierto uno de los más lucrativos del mundo.
3- El fútbol-espectáculo no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.
4- La tecnocracia del futbol profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.
5- Si Marx estuviera vivo, consideraría al fútbol el nuevo opio de los pueblos.
6- Como la religión, el fútbol es un fenómeno masivo que agrupa a las personas en torno a ciertos símbolos y dioses.
7- Grandes multitudes tienen en los estadios el gran templo de culto y en los partidos las celebraciones rituales.
8- Cada equipo equivale a un grupo religioso, y cada uno de estos tiene sus propios seguidores incondicionales cuyo fanatismo les lleva a enfrentarse a los seguidores de otros equipos con los que existen rivalidades que van más allá de los partidos.
9- Particularmente en Europa, cada partido, como enfrentamiento entre naciones, recuerda las guerras de religión, el fanatismo inquisidor y la cacería de brujas.
10- El millonario negocio detrás de cada torneo, hace que los jugadores sean comprados y vendidos como nuevos gladiadores del circo mediático.
11- Pan y circo era lo que daban a las multitudes romanas. Pan y fútbol lo que dan los regímenes autoritarios, como es el neoliberalismo, a sus pueblos.
12- Todo pueblo necesita alegrías y tiene derecho a tenerlas, y el fútbol, sea dicha la verdad, se las da.
13- Pero los pueblos también tienen derecho a saber que el fútbol es el deporte que siempre es más útil a ciertos gobiernos que lo usan para encubrir sus miserias.
14- El fútbol es, sin duda, el deporte rey, el más difundido a nivel mundial y el más popular.
15- Además de negocio lucrativo, el fútbol se ha convertido en una cortina de humo, y directamente en un mecanismo de control social.
16- El afamado Mundial de Fútbol, sirve a los potentados del mundo para que estos ejecuten lo que son sus planes geoestratégicos de dominación a largo plazo.
17- El fútbol contemporáneo trata de controlar a las masas en el día a día, abrumándolas con más y más partidos, más y más campeonatos, más y más ligas.
18- El fútbol, y su manipulación en los medios masivos de difusión generan la ilusión de igualación de clases sociales. En torneos como el que comienza, explotadores y explotados, ricos y pobres se abrazan tras la camiseta de su selección nacional.
19- El mundial de fútbol es imperiosamente importante en comparación a otros torneos de deportes profesionales, y nunca se invierte tanto dinero y esfuerzo para que la humanidad centre su atención en la solución de los problemas del mundo.
20- Los grandes torneos de fútbol recuerdan la frase de Einstein: “El nacionalismo es la enfermedad infantil de la humanidad”.
21- Si por alguna extraña razón el fútbol se hubiera desterrado de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial los pueblos europeos hubieran continuado diezmándose en terribles guerras sucesivas producto de rivalidades nacionalistas.
Referencias:
Galeano, Eduardo (2010). El fútbol a sol y sombra. Siglo XXI editores. Argentina.
Iglesia y Fútbol: ¿Dos caras de la misma alienación?: en: http://kaosenlared.net/especiales/item/15762-iglesia-y-f%C3%BAtbol–%C2%BFdos-caras-de-la-misma-alienaci%C3%B3n?.html
Fútbol profesional: una crítica necesaria: en: http://www.aporrea.org/internacionales/a178522.html
Realmente: ¿qué nos dejó el Mundial?: http://www.voltairenet.org/article141945.html
Publicado en PoderenlaRed.com
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