Este domingo había amanecido con un sol templado y sabroso, sin
chubascos mañaneros que dejan la tierra empantanada junto a pozos que
aquí y allá se hacen propicios para el brote de los zancudos portadores
de los virus maléficos.
Buen día para subir las generosas
lomas del Guaraira, me dije. Al llegar a plaza Venezuela recordé la
reciente inauguración de la nueva línea del metrobus
que enhorabuena recorre Simón Rodríguez, Pinto Salinas y Sarría, donde
se alzan los inveterados y eternos bloques de Pedro Camejo. Divisé el
flamante Yutong en la esquina oeste de la Plaza Bolivia, hice una breve
cola y lo abordé. Este nuevo agregado al buen vivir se lo debemos a las
comunas en construcción de Sarría, al poder popular, pensé; también
recordé cuando, hace al menos cuatro años, algunas iniciativas de
organización y autogestión que florecieron en algunos puntos de la calle
Real fueron tildadas como “anarquistas”.
El autobús se detiene
frente al bloque 9 y 10 de la urbanización que lleva el nombre del gran
filósofo que enseñaba desnudo y despeinado, y que como todo genio fue
tachado no pocas veces de diletante delirante. Me bajo y camino en
dirección a las escaleras que llevan hacia el teleférico pero también a
la avenida Boyacá y de ahí a la energética naturaleza de la montaña.
Delante de mí, camina una mujer joven que, me doy cuenta, mide como
metro ochenta. Su cabello castaño claro con rulitos recortados más
arriba de los hombros, su blanco transparente, mirada ingenua y caminar
desenfadado, hace que parezca una niña grande escapada de algún enclave
secreto de pueblo Hunza ubicado Galipán adentro.
La
muchacha entró a los espacios del teleférico con sus largos pasos, y yo
seguí por la cota mil, casi trotando, hacia la pica más cercana en la
Florida. El mediodía me había alcanzado y la avenida sería abierta al
ansioso tránsito vehicular en pocos minutos. Empiezo mi ejercicio en
dirección al Corta fuego. Tengo tiempo que no lo hago, voy sin atore,
tranquilo, respirando profundo. Alguna gente viene bajando. Familias,
mujeres, hombres, una señora con un perro. De la sede del INE sale una
música que se escucha en todo el entorno. Resuena una changa noventosa
que deviene en el pop depresivo de los Coldplay; parece una
bailoterapia. En eso me cruzo con el Junior, un viejo pana de la época
en que todos nos creíamos Michael Jordan cuando jugábamos en el patio
trasero del centro materno del bloque 17, con un tablero hecho en casa
que permitía arrojadas fantasías voladoras.
Nunca fuimos amigos.
Nos identifica, eso sí, ese sentimiento especial de ser parroquia, los
recuerdos de los tiempos de primera juventud inconsciente de agresiva
competitividad; aunque también la época en que coincidimos en el empleo
del banco, donde a veces trabajábamos hasta el amanecer, una vez por
semana, para redondear la quincena. Parroquias, aunque ya yo no viva en
Sarría y él tenga el firme propósito de irse definitivamente del país, y
abandonar el súper-bloque pariente de aquellos del 23.
Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.
miércoles, 29 de octubre de 2014
miércoles, 15 de octubre de 2014
Contundente victoria de Evo Morales en honor a la resistencia indígena
En horas de la noche de este domingo, las autoridades
electorales bolivianas informaban que
con más del 90% de los votos escrutados, Evo Morales ganaba las elecciones
presidenciales con más del 60%, una victoria contundente y
refrescante para los pueblos y los gobiernos progresistas de la región, y
particularmente para el pueblo y el Gobierno bolivariano de Venezuela, que
actualmente enfrenta los más duros desafíos desde de la desaparición física del
Comandante Chávez.
Así como Hugo Chávez tuvo su 7 de octubre, Evo Morales tuvo
su 12 de octubre; una victoria por toda la línea, contundente, inobjetable y
poderosa. Pero además, hay que destacar que la extraordinaria fiesta democrática
que culminó con la nueva victoria del aymara, ocurre en el día de la
resistencia indígena, un hecho simbólico nada desdeñable en un contexto de
crisis civilizatoria donde a la explotación, la destrucción de la naturaleza,
al racionalidad instrumental y la guerra que han predominado en el occidente
capitalista, el líder indígena y su proyecto han opuesto el pensasiento, el cosmocimiento, la Paz, el respeto a la madre tierra y una
concepción de desarrollo que no descarta la capacidad técnica moderna como
herramienta para alcanzar el bienestar, cabalgando las contradicciones.
Como lo destacó el presidente reelecto, esta nueva victoria
electoral representa un triunfo del anticolonialismo y del antiimperialismo,
una nueva manifestación de la fuerza “anti-cartesiana” que ha logrado ir más
allá de la mera “meditación” (Dussel dixit). Los herederos de Tupac Katari y
Guaman Poma se impusieron en 8 de los 9 departamentos que tiene Bolivia, y se
han propuesto convertir al país en el centro energético de Sudamérica, como la
tierra con las segundas reservas de gas de la región, las primeras del mundo en Litio y con el proyecto de aprovechar
el potencial de la energía nuclear con fines pacíficos.
Tal como lo recogió la agencia boliviana de noticias, Morales
llamó a la oposición a dejar de lado la confrontación y los convocó a sumarse
al trabajo conjunto por Bolivia, para la ejecución de proyectos de desarrollo
que redunden en el bienestar de todo el pueblo boliviano. En esta línea, Evo
abogó porque la oposición política “tire del carro por el mismo lado” y se
siente a debatir todo lo relacionado con el desarrollo de un país que este año lidera
el crecimiento económico de Sudamérica. Sobre este llamado, conviene recordar
que tanto el presidente Chávez en su momento como el presidente Maduro ahora,
han hecho llamados reiterados a la oposición a incorporarse al trabajo conjunto
para el desarrollo del país, conscientes del papel que ese sector está llamado
a desempeñar en la construcción del país posible. Sin embargo, lo que hemos visto los
venezolanos ha sido guarimbas, señas de paramilitarismo y en general un sector
opositor que, aunque diverso, sin ningún pudor ha demostrado que es capaz de
sumergir al país en la tragedia nacional con tal de desplazar al Gobierno
bolivariano del poder.
Mientras tanto, medios locales han aprovechado la victoria
de Morales para revivir el discurso de la mal llamada “reelección indefinida”,
un discurso que fue ampliamente difundido en Venezuela en el marco de la
Propuesta de Reforma Constitucional, y luego con la enmienda hecha a la Constitución
para crear la libertad de candidatura o, de otra forma, la posibilidad de la
postulación repetida de la misma personalidad política. Así, el portal Web de El Universal, destaca en su titular de
hoy la victoria de Morales extiende su gestión a 14 años, y que sus críticos y
detractores temen que el líder cocalero haga uso de los dos tercios obtuvo en
el parlamento para modificar la Constitución y así incorporar la llamada
“reelección indefinida”. Continuando con su discurso sutilmente oligofrénico,
la nota de este diario incluso compara a Evo Morales con el Mariscal Andrés de
Santa Cruz, quien en el siglo XIX gobernó Bolivia por casi 10 años, destacando
que en lo sucesivo aquel lo superará en materia de tiempo en el poder.
Mientras tanto, la oposición de Bolivia parece quedar en una
situación de franca debilidad. No por casualidad, el candidato del sector
opositor fue un empresario, Dora Medina, quien no alcanzó a sacar el 20% de los
votos, razón por la cual analistas como Rolando Ramos afirman que "la
oposición boliviana debe leer este mensaje y reflexionar. Debe unificarse y
renovar los liderazgos”. ¿Suena familiar? Siempre hay que leer los mensajes que
dan los números electorales, e indistintamente de los resultados estos deben ser
leídos con atención por todas las fuerzas políticas en pugna; más aún cuando estos reflejan realidades elocuentes.
El hecho, es que Evo Morales obtuvo una contundente victoria
que le permitirá seguir al mando del país corazón de Sudamérica hasta el 2020.
Conviene, desde Venezuela, que tanto nuestra variopinta oposición como el chavismo
en general hagan las lecturas necesarias y, también, que opten por tomar lo
mejor del ejemplo de esa Revolución cultural en marcha.
Editorial PoderenlaRed
@maurogonzag
viernes, 3 de octubre de 2014
Revolución y democracia: ante la señal de lo evidente
Desde que en 2004 los venezolanos nos enteramos que habían detenido a
un nutrido grupo de paramilitares colombianos en una finca por El
Hatillo, Edo. Miranda, propiedad de un señor vinculado a furibundos
sectores contrarrevolucionarios de Miami, se visibilizó claramente cuál
sería la nueva estrategia de las derechas nacionales e internacionales
coaligadas para aniquilar la Revolución bolivariana.
La renaciente Venezuela dirigida por el Comandante Chávez era una República refundada, con una nueva Constitución, la primera aprobada por el pueblo. La Revolución había derrotado un golpe de Estado cupular en abril de 2002, y casi de inmediato, después que los sectores reaccionarios confundieron la actitud cristiana de Chávez con debilidad, se inició un criminal paro petrolero que, si bien fue impulsado por una minoría meritocrática, las cuantiosas pérdidas que generó fueron para el país entero. La respuesta del pueblo fue ejemplar, el sabotaje petrolero fue también derrotado.
La oligarquía local y sus aliados en los sectores imperialistas del país del norte, pero también en países vecinos, comenzaban a darse cuenta de que el proceso liderado por el Comandante Chávez, que para más señas estaba sirviendo de ejemplo de emancipación pacífica en toda la región, no podría ser derrocado ni con elecciones democráticas ni con golpes de Estado, a la vieja usanza. La legitimidad y el apoyo popular a la nueva fuerza política era avasallante, y los diversos sectores de la reacción oligarca, desconcertados frente al liderazgo arrollador del Comandante, optaron por la anti-política, por las teorías de Gene Sharp, por el fascismo.
En medio del fragor de la lucha política, las guerras mediáticas arreciaron y generaron un clima de crispación que nos llevaron al borde de una guerra civil. El debate entre los sectores progresistas alcanzó niveles extraordinarios de efervescencia. Muchos decían: si esto es una Revolución, hay que expropiar a la banca, a los terratenientes, a la poca burguesía productiva, regular el comercio, nacionalizar el comercio exterior y meter presos a unos cuantos golpistas que andan por ahí realengos y conspirando. Por esos días, Luis Britto García empezó a denunciar la infiltración de paramilitares que habían quedado sin trabajo en el país vecino, como producto del proceso de desmovilización de esos grupos terroristas implementado en ese país.
En un sentido, el discurso denunciaba al golpismo apátrida, en otro, la histeria reaccionaria respondía con acusaciones de dictadura autoritaria. Mientras tanto, nuevas formas de violencia se iban fundiendo con la criminalidad “tradicional” del país. De pronto, el llamado secuestro express apareció en la escena, de forma seguida y sistemática, junto a crímenes horrendos que muchos, si no todos, empezamos a notar como impropios de nuestra sociedad; como prácticas inhumanas y dantescas (adjetivo demasiado elegante para calificarlas) de factura paramilitar. Asesinato de Danilo Anderson, el “fiscal valiente”; valiente porque lo dejaron solo y siguió pa’ lante.
Mientras esto ocurría en la ciudad, en el campo se vivía una nueva guerra federal, y con cada día nos llegaba la noticia de la caída de un nuevo grupo de campesinos o de uno de sus líderes, a manos de grupos armados al servicio de los terratenientes. La cifra que hoy se maneja, nos habla de cientos de campesinos muertos en la lucha por la tierra en medio de una “Revolución pacífica”. A propósito de esta expresión, debemos aclarar que se puede definir así dado que es un proceso de cambio, de emancipación social, que se realiza en democracia y libertad, lo que es decir, respetando las reglas del célebre y ultra mentado Estado burgués; es decir, respetando y defendiendo las instituciones por las que murió un Salvador Allende.
Dice García Márquez en su extraordinaria crónica “Chile, el golpe y los gringos”, que la contradicción más dramática de Salvador Allende fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado. Allende, continua el Gabo, creyó haber resuelto esa contradicción desde la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo, dentro de la legalidad burguesa. Es decir, la tesis de los reformistas Berstein y Kautsky; lo mejor del ideario de la Sociedad Fabiana, que imaginamos alguna influencia tendría en Allende, dada su condición de doctor masón. ¿Cuál fue la lección? El Gabo, dice que Allende comprendió tarde que no se puede cambiar un sistema desde el Gobierno sino desde el poder.
En Venezuela, este 1º de octubre asesinaron en su propia casa al joven diputado revolucionario Robert José Serra y a su compañera María Herrera. Fue con armas “blancas”, perfectamente planificado, en quince minutos, con gran precisión. En 2011 uno de sus guardaespaldas había sido asesinado en circunstancias confusas; en 2012, antes de las elecciones presidenciales, otro de sus guardaespaldas apareció en el monte del Guaraira Repano con un tiro en la nuca. Una realidad sombría, sórdida, se comienza a cernir sobre nuestra tierra de gracia. El ministro Rodríguez Torres, destaca en la mañana del 2 de octubre que la muerte de Serra obedeció a una “macabra encomienda”. El twitter se desparrama. El escritor Hernández Montoya, dice que el hecho constituye un “acto de guerra”.
El país de nuevo está de luto. Algunos aún estamos pasmados, pero al ver como el diputado Serra sacó el pecho frente al tema de la expulsión de Colombia y posterior detención de Lorent Gómez Saleh, quien en uno de sus videos habla sobre el plan de “bajarse a 20 muñecos” en Venezuela, el panorama se aclara tenebrosamente. Por su parte, Ernesto Samper, actual Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, afirma vía twitter, por si quedaban dudas, que el “Asesinato de Serra es una señal de infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela”. Su declaración es confirmatoria de una realidad que esperemos continúe siendo atajada, dada las circunstancias sociopolíticas contemporáneas.
¿Cuáles son esas circunstancias? Allende y las fuerzas de la Unidad Popular estaban en el Gobierno, pero no en el poder. Maduro y las fuerzas chavistas están en el Gobierno y también en el poder, pero luchando contra poderes fácticos como el económico y el mediático nacional e internacional, capaz de movilizar algunas capas medias de la sociedad ―como los estudiantes opositores― e infiltrarlas con grupos entrenados en tácticas de guerra asimétrica y guerrilla urbana. Marchas pacificas infiltradas de violencia asesina, frente a las cuales las fuerzas del orden tuvieron que actuar con la máxima prudencia, esperando muchas veces por una definición más acertada de la coyuntura. En dos platos, el hecho clave de hoy para los Gobiernos progresistas es, no combatir la violencia guarimbera con la llamada violencia legítima del Estado ―tema de los más duros debates―, sino con la promoción permanente de la Paz, apostando por el diálogo, la resistencia, la construcción de consensos, y sin traicionar los principios revolucionarios y el legado del Comandante.
El presidente Maduro, ha adelantado que las investigaciones están bastante avanzadas, que pronto caerán los autores materiales e intelectuales del asesinato de Robert Serra. El pueblo exige justicia, ante la crudeza de la acción de unos criminales que esta vez hasta se ahorraron el trabajo de disfrazar el asesinato con el antifaz del hampa común, como intentaron hacer con Otaiza. Ni la juventud ni el chavismo se desmoralizan. La oposición ha sido emplazada a pronunciarse sobre los hechos. Puede que haya llegado el momento de radicalizar la revolución, apostando siempre por la convivencia y la Paz, el único camino posible.
Publicado hoy en PoderenlaRed.com
La renaciente Venezuela dirigida por el Comandante Chávez era una República refundada, con una nueva Constitución, la primera aprobada por el pueblo. La Revolución había derrotado un golpe de Estado cupular en abril de 2002, y casi de inmediato, después que los sectores reaccionarios confundieron la actitud cristiana de Chávez con debilidad, se inició un criminal paro petrolero que, si bien fue impulsado por una minoría meritocrática, las cuantiosas pérdidas que generó fueron para el país entero. La respuesta del pueblo fue ejemplar, el sabotaje petrolero fue también derrotado.
La oligarquía local y sus aliados en los sectores imperialistas del país del norte, pero también en países vecinos, comenzaban a darse cuenta de que el proceso liderado por el Comandante Chávez, que para más señas estaba sirviendo de ejemplo de emancipación pacífica en toda la región, no podría ser derrocado ni con elecciones democráticas ni con golpes de Estado, a la vieja usanza. La legitimidad y el apoyo popular a la nueva fuerza política era avasallante, y los diversos sectores de la reacción oligarca, desconcertados frente al liderazgo arrollador del Comandante, optaron por la anti-política, por las teorías de Gene Sharp, por el fascismo.
En medio del fragor de la lucha política, las guerras mediáticas arreciaron y generaron un clima de crispación que nos llevaron al borde de una guerra civil. El debate entre los sectores progresistas alcanzó niveles extraordinarios de efervescencia. Muchos decían: si esto es una Revolución, hay que expropiar a la banca, a los terratenientes, a la poca burguesía productiva, regular el comercio, nacionalizar el comercio exterior y meter presos a unos cuantos golpistas que andan por ahí realengos y conspirando. Por esos días, Luis Britto García empezó a denunciar la infiltración de paramilitares que habían quedado sin trabajo en el país vecino, como producto del proceso de desmovilización de esos grupos terroristas implementado en ese país.
En un sentido, el discurso denunciaba al golpismo apátrida, en otro, la histeria reaccionaria respondía con acusaciones de dictadura autoritaria. Mientras tanto, nuevas formas de violencia se iban fundiendo con la criminalidad “tradicional” del país. De pronto, el llamado secuestro express apareció en la escena, de forma seguida y sistemática, junto a crímenes horrendos que muchos, si no todos, empezamos a notar como impropios de nuestra sociedad; como prácticas inhumanas y dantescas (adjetivo demasiado elegante para calificarlas) de factura paramilitar. Asesinato de Danilo Anderson, el “fiscal valiente”; valiente porque lo dejaron solo y siguió pa’ lante.
Mientras esto ocurría en la ciudad, en el campo se vivía una nueva guerra federal, y con cada día nos llegaba la noticia de la caída de un nuevo grupo de campesinos o de uno de sus líderes, a manos de grupos armados al servicio de los terratenientes. La cifra que hoy se maneja, nos habla de cientos de campesinos muertos en la lucha por la tierra en medio de una “Revolución pacífica”. A propósito de esta expresión, debemos aclarar que se puede definir así dado que es un proceso de cambio, de emancipación social, que se realiza en democracia y libertad, lo que es decir, respetando las reglas del célebre y ultra mentado Estado burgués; es decir, respetando y defendiendo las instituciones por las que murió un Salvador Allende.
Dice García Márquez en su extraordinaria crónica “Chile, el golpe y los gringos”, que la contradicción más dramática de Salvador Allende fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado. Allende, continua el Gabo, creyó haber resuelto esa contradicción desde la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo, dentro de la legalidad burguesa. Es decir, la tesis de los reformistas Berstein y Kautsky; lo mejor del ideario de la Sociedad Fabiana, que imaginamos alguna influencia tendría en Allende, dada su condición de doctor masón. ¿Cuál fue la lección? El Gabo, dice que Allende comprendió tarde que no se puede cambiar un sistema desde el Gobierno sino desde el poder.
En Venezuela, este 1º de octubre asesinaron en su propia casa al joven diputado revolucionario Robert José Serra y a su compañera María Herrera. Fue con armas “blancas”, perfectamente planificado, en quince minutos, con gran precisión. En 2011 uno de sus guardaespaldas había sido asesinado en circunstancias confusas; en 2012, antes de las elecciones presidenciales, otro de sus guardaespaldas apareció en el monte del Guaraira Repano con un tiro en la nuca. Una realidad sombría, sórdida, se comienza a cernir sobre nuestra tierra de gracia. El ministro Rodríguez Torres, destaca en la mañana del 2 de octubre que la muerte de Serra obedeció a una “macabra encomienda”. El twitter se desparrama. El escritor Hernández Montoya, dice que el hecho constituye un “acto de guerra”.
El país de nuevo está de luto. Algunos aún estamos pasmados, pero al ver como el diputado Serra sacó el pecho frente al tema de la expulsión de Colombia y posterior detención de Lorent Gómez Saleh, quien en uno de sus videos habla sobre el plan de “bajarse a 20 muñecos” en Venezuela, el panorama se aclara tenebrosamente. Por su parte, Ernesto Samper, actual Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas, afirma vía twitter, por si quedaban dudas, que el “Asesinato de Serra es una señal de infiltración del paramilitarismo colombiano en Venezuela”. Su declaración es confirmatoria de una realidad que esperemos continúe siendo atajada, dada las circunstancias sociopolíticas contemporáneas.
¿Cuáles son esas circunstancias? Allende y las fuerzas de la Unidad Popular estaban en el Gobierno, pero no en el poder. Maduro y las fuerzas chavistas están en el Gobierno y también en el poder, pero luchando contra poderes fácticos como el económico y el mediático nacional e internacional, capaz de movilizar algunas capas medias de la sociedad ―como los estudiantes opositores― e infiltrarlas con grupos entrenados en tácticas de guerra asimétrica y guerrilla urbana. Marchas pacificas infiltradas de violencia asesina, frente a las cuales las fuerzas del orden tuvieron que actuar con la máxima prudencia, esperando muchas veces por una definición más acertada de la coyuntura. En dos platos, el hecho clave de hoy para los Gobiernos progresistas es, no combatir la violencia guarimbera con la llamada violencia legítima del Estado ―tema de los más duros debates―, sino con la promoción permanente de la Paz, apostando por el diálogo, la resistencia, la construcción de consensos, y sin traicionar los principios revolucionarios y el legado del Comandante.
El presidente Maduro, ha adelantado que las investigaciones están bastante avanzadas, que pronto caerán los autores materiales e intelectuales del asesinato de Robert Serra. El pueblo exige justicia, ante la crudeza de la acción de unos criminales que esta vez hasta se ahorraron el trabajo de disfrazar el asesinato con el antifaz del hampa común, como intentaron hacer con Otaiza. Ni la juventud ni el chavismo se desmoralizan. La oposición ha sido emplazada a pronunciarse sobre los hechos. Puede que haya llegado el momento de radicalizar la revolución, apostando siempre por la convivencia y la Paz, el único camino posible.
Publicado hoy en PoderenlaRed.com
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miércoles, 17 de septiembre de 2014
En el centro de Caracas ahora todo es posible
Suelto por las relucientes aceras del centro de Caracas, bajo la plena incandescencia del sol de agosto a mediodía, me dije que el mejor lugar para leer un guión cinematográfico ―pero también el periódico o cualquier libro― era la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, un espacio que se va haciendo predilecto para todos aquellos que pensamos que la casa-museo es mucho más de lo que aparentan sus humildes muros.
El café, esa mágica infusión de primera necesidad en Caracas y en más ciudades de las que se podría pensar, me espabiló oportunamente de una modorra espesada por el calor de la hora. Pasadas las tres cumplí con la tarea. La sala de lectura ubicada entre los dos ambientes del café sirvió como un oasis, casi como refugio. El encuentro con el camara Roque sería en pocos minutos, después de abandonar el bulevar Panteón y darle pa bajo hasta otro local de esos que refulgen por haber nacido en los nuevos buenos tiempos de la ciudad del valle, la jodida y milagrosa urbe de las resistencias.
La esquina de San Jacinto bullía con las risas de un ejército de niños que le daban la vuelta histórica al casco, conducidos por dos sargentos de Bolívar enfundados en la indumentaria de la época. El Chocolate estaba abierto, y ya sus mesas se llenaban de la frescura de las parejas, la curiosa parsimonia del viajero y talvez de la soledad de algún jubilado, poeta o buscador tardío de la belleza. Sí, ahora muchas cosas eran posibles; todo, incluso. Porque ahora tenían frente a sí un artificio musical de colores sugestivos, pequeños templos de acción simultánea donde se intercambian las miradas, se conspira y hasta donde te enamoras mientras un criollito ―a base de cocuy― te erecta las neuronas.
El camara Roque es uno de esos seres singulares que andan en tres patas ―siguiendo al enigma aquel de la esfinge― lo cual aumenta su definitiva presencia ludoviquiana de eterno sátiro insatisfecho que, like a rolling stone, ha sido golpeado y acariciado por el amor, maleteado por las mujeres, caído de algunas palmeras y plasmado algunas páginas embriagadas desde su complejo universo de figuras y duendes. Su frente no parecía estar marchita, aunque las nieves del tiempo habían plateado alguna de sus enruladas mechas. A los pocos minutos apareció, me dijo que no había almorzado y me invitó al restorán El Congreso, uno de esos locales semi-escondidos del casco central, que se alcanzan entrando en pasillos flanqueados por bisuterías y ropas y subiendo escaleras serpenteantes.
Su voz retumbó en ese lugar amarillo y blanco cuando saludó al catire, un hombre moreno con la bienvenida en el rostro que parecía conocer la chispa desenvuelta de Roque. Pasadas las cuatro, El Congreso está vacío. Divisamos vida sólo en una mesa, donde dos mujeres entablaban una charla de alta concentración sobre esos temas que solo pueden tratarse en un restorán vacío y a esa hora. Nos ubicamos cerca de las muchachas, en una mesa contigua. Mi contertulio pidió unas albóndigas. Yo, como ya había comido, pedí una cerveza. Una de las mujeres, morena, frente noble y mirada despierta, nos lanzaba raudas miradas con una discreción que podría causar regocijo. Roque jode un poco con el catire, quien conoce sus claves y reconoce su asiduidad. Las muchachas sonríen. En la mesa de enfrente hay dos hombres, dos estampas, dos tiempos, palabras que empiezan a llegar, invocaciones al encuentro.
Hicimos algunos escarceos, ensayamos un brindis por la creación y por la revelación de las historias verdaderas, esas capaces de quebrar algunos espesos muros ideológicos que el Comandante eterno logró agrietar, estremecer. Roque leyó sobre la ciudad “poblada de referencias circulares y bifurcadas que se encuentran luego del tránsito obligatorio por senderos de terror, de música, de temblores, y se vuelven a difuminar como en un delirio”. Celebró el valor estético de algunas frases que se adaptan bien al discurso del séptimo arte. Antes de darle curso a esa mediana farra, indagamos sobre la fusión fría y su potencial para transformar la matriz energética de un mundo cuya invertida historia puede hallarse en la primera página de la biografía de Nicola Tesla.
El catire iba y venía con las frías. Al fondo, el resto de los mesoneros jodían, aprovechando el momento muerto. Parecían divertirse con la escena que se representaba en ese amplio escenario de mesas vacías. En eso, Roque le lanzó una pregunta a la morena, quien respondió de buen grado, siempre en coordinación con su amiga, una joven de cabello largo y castaño que alcanzaba una cintura que juraba poder rodear completa con mis manos. Cuando nos dimos cuenta la tertulia se había encendido. El Roque, hablaba de amores del pasado y destacaba las escenas eróticas de mi libro, haciéndome propaganda. La sirena se animaba, cruzó las piernas elegantemente, las cambiaba, rozaba mi cuerpo bajo la mesa, rompimos bien el hielo. Era valiente, pero sin coraza, inteligente y sencilla. Junto a su compañera, encaraba día a día la violencia de género, ese flagelo que también sufre el hombre, aunque este prefiera quedarse callado, como nos decían.
María era toda una sirena urbana, una rara especie asalmonada en este estanque de peces toscos y escurridizos. Mirada analítica y dulce, de cierto aire conservador, entregada a su trabajo, estaba abierta sin embargo a las posibilidades, y estaba segura de que tiempo siempre había para hacer lo que uno quiere hacer. Ana, la morena, parecía entretenida con la charla de Roque, quien recordaba un episodio en el que se había ido sin pagar de un restaurant en Moscú, gracia que le recordaron puntualmente un año después cuando, de paso por el mismo lugar con algunos poetas resonantes, un maitre le preguntó qué le había pasado aquel día que salió apresurado del local, manifestándole su preocupación.
Hacia las seis de la tarde, con siete amarillas en el coco, la tertulia desembocaba en un animado debate sobre machismo, hembrismo, que si las lolas operadas y la mujer como objeto sexual. Conozco casos de algunas a quien llamaban “gallas” en su adolescencia por no “echar pa lante” o por usar lentes culo e botella, que años después se quitaron los cristales despojándose violentamente del pudor, como para recuperar el tiempo perdido, decía. Las muchachas me daban la razón, ¿Por qué atraparse como mujer entre ser una galla o una putañera? Entre la represión y el libertinaje está la alternativa, pero hubo una época en que había que estar en uno de los polos. Pero lo hombres no tienen ese problema ―decía Ana, reflexiva―, ellos pueden ser putos y la sociedad se lo celebra. El pene debería ser un aparato enroscable para todos aquellos hombres casados que gustan salir a beber con sus amigos por la noches. Así, uno se divertiría enroscando y desenroscando y no habría lugar para malos entendidos.
Era una versión cyberpunk del cinturón de castidad aplicado al hombre “jodedor” y disoluto, pero casado y con familia. Fueron pocas las horas, pero El Congreso podía ser en ese momento un bohío en Mochima o el balcón del apartamento de Ana. El catire sonreía. Había aparecido un hombre de edad madura, bermejo de los varios tragos que traía encima, quien después de hablar con los muchachos de la barra reconoció a María. El torrente de palabras fue interrumpido por un momento, el hombre se sentó un rato con nosotros. Quiso involucrarse pero su dicción parecía relentizarse por la kurda. Por momentos, balbuceaba, se inclinaba sobre María, le tocaba el hombro en una caricia que la empujaba. Nos habló de su tragedia marital y lanzaba alternativamente miradas desconfiadas a Roque y a este servidor.
El caso es que María era un ángel. “La vida es algo mágico y el amor es un milagro”, me escribió dos semanas después del día de El Congreso, ese lugar frecuentado por abogados, banqueros y burócratas y propuso, sin querer, un nombre para esta crónica, una frase que contiene la esencia de una clásica escena de bar o café, en que la atmósfera, el azar urbano y las palabras, precisas, amables, fluidas y sinceras, le dan paso al deseo, al milagro. Ahora en el centro todo es posible, desde la Casa de las Letras hasta El Congreso.
@maurogonzag
El café, esa mágica infusión de primera necesidad en Caracas y en más ciudades de las que se podría pensar, me espabiló oportunamente de una modorra espesada por el calor de la hora. Pasadas las tres cumplí con la tarea. La sala de lectura ubicada entre los dos ambientes del café sirvió como un oasis, casi como refugio. El encuentro con el camara Roque sería en pocos minutos, después de abandonar el bulevar Panteón y darle pa bajo hasta otro local de esos que refulgen por haber nacido en los nuevos buenos tiempos de la ciudad del valle, la jodida y milagrosa urbe de las resistencias.
La esquina de San Jacinto bullía con las risas de un ejército de niños que le daban la vuelta histórica al casco, conducidos por dos sargentos de Bolívar enfundados en la indumentaria de la época. El Chocolate estaba abierto, y ya sus mesas se llenaban de la frescura de las parejas, la curiosa parsimonia del viajero y talvez de la soledad de algún jubilado, poeta o buscador tardío de la belleza. Sí, ahora muchas cosas eran posibles; todo, incluso. Porque ahora tenían frente a sí un artificio musical de colores sugestivos, pequeños templos de acción simultánea donde se intercambian las miradas, se conspira y hasta donde te enamoras mientras un criollito ―a base de cocuy― te erecta las neuronas.
El camara Roque es uno de esos seres singulares que andan en tres patas ―siguiendo al enigma aquel de la esfinge― lo cual aumenta su definitiva presencia ludoviquiana de eterno sátiro insatisfecho que, like a rolling stone, ha sido golpeado y acariciado por el amor, maleteado por las mujeres, caído de algunas palmeras y plasmado algunas páginas embriagadas desde su complejo universo de figuras y duendes. Su frente no parecía estar marchita, aunque las nieves del tiempo habían plateado alguna de sus enruladas mechas. A los pocos minutos apareció, me dijo que no había almorzado y me invitó al restorán El Congreso, uno de esos locales semi-escondidos del casco central, que se alcanzan entrando en pasillos flanqueados por bisuterías y ropas y subiendo escaleras serpenteantes.
Su voz retumbó en ese lugar amarillo y blanco cuando saludó al catire, un hombre moreno con la bienvenida en el rostro que parecía conocer la chispa desenvuelta de Roque. Pasadas las cuatro, El Congreso está vacío. Divisamos vida sólo en una mesa, donde dos mujeres entablaban una charla de alta concentración sobre esos temas que solo pueden tratarse en un restorán vacío y a esa hora. Nos ubicamos cerca de las muchachas, en una mesa contigua. Mi contertulio pidió unas albóndigas. Yo, como ya había comido, pedí una cerveza. Una de las mujeres, morena, frente noble y mirada despierta, nos lanzaba raudas miradas con una discreción que podría causar regocijo. Roque jode un poco con el catire, quien conoce sus claves y reconoce su asiduidad. Las muchachas sonríen. En la mesa de enfrente hay dos hombres, dos estampas, dos tiempos, palabras que empiezan a llegar, invocaciones al encuentro.
Hicimos algunos escarceos, ensayamos un brindis por la creación y por la revelación de las historias verdaderas, esas capaces de quebrar algunos espesos muros ideológicos que el Comandante eterno logró agrietar, estremecer. Roque leyó sobre la ciudad “poblada de referencias circulares y bifurcadas que se encuentran luego del tránsito obligatorio por senderos de terror, de música, de temblores, y se vuelven a difuminar como en un delirio”. Celebró el valor estético de algunas frases que se adaptan bien al discurso del séptimo arte. Antes de darle curso a esa mediana farra, indagamos sobre la fusión fría y su potencial para transformar la matriz energética de un mundo cuya invertida historia puede hallarse en la primera página de la biografía de Nicola Tesla.
El catire iba y venía con las frías. Al fondo, el resto de los mesoneros jodían, aprovechando el momento muerto. Parecían divertirse con la escena que se representaba en ese amplio escenario de mesas vacías. En eso, Roque le lanzó una pregunta a la morena, quien respondió de buen grado, siempre en coordinación con su amiga, una joven de cabello largo y castaño que alcanzaba una cintura que juraba poder rodear completa con mis manos. Cuando nos dimos cuenta la tertulia se había encendido. El Roque, hablaba de amores del pasado y destacaba las escenas eróticas de mi libro, haciéndome propaganda. La sirena se animaba, cruzó las piernas elegantemente, las cambiaba, rozaba mi cuerpo bajo la mesa, rompimos bien el hielo. Era valiente, pero sin coraza, inteligente y sencilla. Junto a su compañera, encaraba día a día la violencia de género, ese flagelo que también sufre el hombre, aunque este prefiera quedarse callado, como nos decían.
María era toda una sirena urbana, una rara especie asalmonada en este estanque de peces toscos y escurridizos. Mirada analítica y dulce, de cierto aire conservador, entregada a su trabajo, estaba abierta sin embargo a las posibilidades, y estaba segura de que tiempo siempre había para hacer lo que uno quiere hacer. Ana, la morena, parecía entretenida con la charla de Roque, quien recordaba un episodio en el que se había ido sin pagar de un restaurant en Moscú, gracia que le recordaron puntualmente un año después cuando, de paso por el mismo lugar con algunos poetas resonantes, un maitre le preguntó qué le había pasado aquel día que salió apresurado del local, manifestándole su preocupación.
Hacia las seis de la tarde, con siete amarillas en el coco, la tertulia desembocaba en un animado debate sobre machismo, hembrismo, que si las lolas operadas y la mujer como objeto sexual. Conozco casos de algunas a quien llamaban “gallas” en su adolescencia por no “echar pa lante” o por usar lentes culo e botella, que años después se quitaron los cristales despojándose violentamente del pudor, como para recuperar el tiempo perdido, decía. Las muchachas me daban la razón, ¿Por qué atraparse como mujer entre ser una galla o una putañera? Entre la represión y el libertinaje está la alternativa, pero hubo una época en que había que estar en uno de los polos. Pero lo hombres no tienen ese problema ―decía Ana, reflexiva―, ellos pueden ser putos y la sociedad se lo celebra. El pene debería ser un aparato enroscable para todos aquellos hombres casados que gustan salir a beber con sus amigos por la noches. Así, uno se divertiría enroscando y desenroscando y no habría lugar para malos entendidos.
Era una versión cyberpunk del cinturón de castidad aplicado al hombre “jodedor” y disoluto, pero casado y con familia. Fueron pocas las horas, pero El Congreso podía ser en ese momento un bohío en Mochima o el balcón del apartamento de Ana. El catire sonreía. Había aparecido un hombre de edad madura, bermejo de los varios tragos que traía encima, quien después de hablar con los muchachos de la barra reconoció a María. El torrente de palabras fue interrumpido por un momento, el hombre se sentó un rato con nosotros. Quiso involucrarse pero su dicción parecía relentizarse por la kurda. Por momentos, balbuceaba, se inclinaba sobre María, le tocaba el hombro en una caricia que la empujaba. Nos habló de su tragedia marital y lanzaba alternativamente miradas desconfiadas a Roque y a este servidor.
El caso es que María era un ángel. “La vida es algo mágico y el amor es un milagro”, me escribió dos semanas después del día de El Congreso, ese lugar frecuentado por abogados, banqueros y burócratas y propuso, sin querer, un nombre para esta crónica, una frase que contiene la esencia de una clásica escena de bar o café, en que la atmósfera, el azar urbano y las palabras, precisas, amables, fluidas y sinceras, le dan paso al deseo, al milagro. Ahora en el centro todo es posible, desde la Casa de las Letras hasta El Congreso.
@maurogonzag
viernes, 5 de septiembre de 2014
Cerati, puede que no haya certezas, solo un lago en el cielo
“Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio”, decía el parte médico de Gustavo Barbalace con el que lanzaba la noticia de la muerte de una de las más brillantes estrellas del pop-rock argentino y latinoamericano.
Después de más de cuatro años en estado de coma profundo tras un ACV que sufrió después de ofrecer un concierto aquí en Venezuela, el fundador de la entrañable banda Soda Stéreo falleció a las 9 de la mañana de ayer jueves, en momentos en que se encontraba solo, dijo su médico, quien detalló que en los últimos días su estado “no mostraba un decaimiento particular” sino que se mantenía estable.
Muchos son los recuerdos que deja en Venezuela del fundador de un trío que desde sus inicios atrapó a toda una generación con un estilo pop y una estética que comenzó emulando a bandas inglesas como Echo and The Bunnymen o The Cure, y que fue creciendo y evolucionando hasta convertirse en una super banda de gran originalidad e indiscutible liderazgo en el universo del pop-rock de la región. El teatro Mata de Coco en Chacao, el autocine de El Cafetal y el legendario Poliedro de Caracas, fueron algunos de los recintos donde cientos de miles deliraron con la pasión de sus acordes.
Desde su temprano encuentro con Caracas, varios fueron los reportajes que dejaron plasmadas algunas de las peripecias de Gustavo y los soda, empezando por las escapadas nocturnas de la banda para pasear de incógnitos por la ciudad. En una de esas, Cerati hace acopio de la Avenida Libertador por arriba y por abajo y de la presencia de la imponente montaña hacia el amanecer. También, son conocidos los “paseos inmorales” que el compositor se lanzó por algunos locales de Bello Monte, Sabana Grande y Las Mercedes en las noches interminables de las giras por Latinoamérica -con la banda y después como solista- que siempre lo trajeron hasta esta, la también ciudad de la furia.
Recuerdo una entrevista que concedió a finales de los noventa, cuando se lanzaba en solitario con el disco Bocanada, en la que opinó que los venezolanos estábamos en una situación musical adelantada. Y es que, el Cerati no podía entender como en los locales de moda de la ciudad, en los buenos y en los no tan buenos, se pasaba de la salsa al rock y luego al merengue y de nuevo al rock como si se pasara de un tango a una milonga. “En Buenos Aires, si entras a un local de salsa es de pura salsa, si es rock es sólo rock, pero aquí ocurre que en un mismo local te mezclan salsa con rock, dos géneros aparentemente inmezclables”.
Así somos. En fin, el hecho trascendente es que recordaremos su última Bocanada, desde Buenos Aires a Caracas, porque le brindó a millones de personas confort y música para volar, canciones de amor amarillo y canciones animales que nos dicen que siempre es hoy en las ciudades de la furia, donde sacando fuerza natural podemos alcanzar el lago en el cielo. Porque, no deja de ser cierto que el silencio no es tiempo perdido y que la poesía es la única verdad.
Ahora estás iniciando un nuevo viaje a en ese plano con el que siempre te conectaste con tú música ligera y galáctica, y desde este lado nos parece escucharte, diciendo Ahí vamos.
Publicado el 4 de septiembre en PoderenlaRed.com
Foto: Clarín.com
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Cadena nacional y ráfaga de disparos en Plaza Venezuela
Los principales impresos de la ciudad habían amanecido titulando que Maduro anunciaría hoy los cambios en el Gabinete, la imperiosa transformación del Estado, ese gran monstruo propietario de la renta petrolera que le pertenece a todos los venezolanos. Al término de una reunión con algunos compañeros del medio y de la lucha, hacia el atardecer, terminé en Chocolate con cariño conversando sobre ideología, libros y política con el poeta Romero.
Que si la agresividad de la ciudad, que si el fascismo
rebrotando en un sector de la clase media y la rebelión de unas masas llenas de
vitalidad que lo quieren todo y lo quieren ahora, que consumen y se quejan, que
van al cielo y van llorando. Chávez dejó una sociedad despierta, grupos
sociales con expectativas de realización de sueños y aspiraciones, legítimos
aunque también de opio. El poeta Romero me dice que un amigo psiquiatra le ha
asegurado que la violencia estructural, en el corto plazo solo puede combatirse
con represión. Pero no represión como plomo a discreción, sino como la
articulación inteligente de medidas preventivas disuasorias. Le digo que me
parece que Rodríguez Torres está haciendo el trabajo y el poeta me responde que
por ahí van los tiros, pero que había que apretar más esas tuercas de la patria
segura.
No habíamos terminado el vasito de papelón cuando se fue la
luz. La vaina era más que un parpadeo, porque el pana del local estaba
recogiendo sillas. Llegamos a algunas conclusiones precarias sobre temas que
talvez merecen un tratamiento más detenido aderezado con un par de cócteles
espirituosos. Caminamos hasta la estación Capitolio y me despedí del poeta.
Llego a la estación Plaza Venezuela. Veo a dos guardias del pueblo que parecen
regañar a dos muchachos. Uno de ellos le responde al guardia que revisa su
bolso y no de buena manera. Unos metros más allá esta otro grupo de militares,
de los que usan el chaleco fosforescente. Impera el orden y la tranquilidad,
son las siete treinta, más o menos.
Me aproximo a las escaleras mecánicas de la salida que da
hacia el hotel President, y veo a tres o cuatro personas que miran hacia arriba
como perplejos, dos de ellos señalan y parecen especular sobre algo. Llego y
hago lo propio, y como no se escucha ni se ve nada fuera del paisaje normal de
un día cualquiera, subo. Pero el olfato me dice y me advierte. Al llegar al
lobby de la estación noto que todo está pelao. Hubo algún episodio criminal y
se llevaron a alguien preso, me dije. En una de las esquinas, dos hombres
jóvenes hablaban frenéticamente. Uno de ellos señalaba la esquina donde está el
perrocalentero, haciendo gestos aparatosos de espectacularidad. Cruzo la calle,
y al pasar frente a la cola de los autobuses Yuruani, noto que toda la gente
mira medio atónita hacia el mismo punto.
Las diversas colas de gente tienden a atestar esa parte de
la acera, por lo que opté por caminar
por los espacios del mercadito que se extiende paralelo a la acera. Ahí, en uno
de los locales de ropa, sentada en algún objeto de madera o aluminio, con su
bebé en brazos, veo a una amiga de los Altos Mirandinos. De una le pregunto si
pasó algo y me pregunta que si no escuche los disparos. Le dije que vi unos
movimientos raros pero que no alcancé a escuchar nada. Lisbe me dice que fueron
ráfagas de tiros, que estos los lanzaron desde la esquina y por la calle
paralela, esa donde está el edificio Inon, un oscuro trecho donde algunas
parejas aprovechan para hacer el amor en vehículos con vidrios negros y estacionados
con disimulo, y que ha sido escenario de violentas persecuciones y encuentros
entre bandoleros urbanos que necesitan cerrar algún negocio.
Lisbe está nerviosa, su bebé duerme en sus brazos. Frente a
nosotros, se alza la sede del Sebin. Bajo la tierra, unos cuantos guardias del
pueblo hacían su trabajo en los espacios del metro. Pero no hubo explicaciones.
¿Qué había pasado? ¿Una persecución? ¿Un robo o secuestro frustrado? Lisbe me
dijo que ese sitio era muy concurrido, que las varias paradas del transporte
público atraen siempre a mucha gente. ¿Cuál había sido la intención del que
lanzó esas ráfagas de tiros al aire? A esa hora ya el presidente Maduro hablaba
en cadena nacional y el país esperaba los anuncios sobre el sacudón. Montados
en la camioneta, un señor que escuchó parte de nuestras palabras dijo algo así
como “esa es la seguridad que nos da este Gobierno”.
Ahí mismo Lisbe y yo caímos en cuenta: más de la guerra
psicológica, de la estrategia del miedo. La gente que llega cansada a esa parte
de Plaza Venezuela a hacer la cola para subir a los altos mirandinos y todas
las familias que viven alrededor, aunque no todos, automáticamente asocia la
cadena nacional con los tiros, los cambios anunciados con incertidumbre, al
Gobierno con la “inseguridad”. Me pregunté: ¿Será que el psiquiatra amigo del
poeta Romero tiene razón?
@maurogonzag
jueves, 21 de agosto de 2014
Represión y censura en Ferguson: llamando a las panteras negras
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| A la derecha, Ferguson. A la izquierda, Irak. |
Esta acción de la policía indignó a los familiares de Brown, quienes de inmediato la denunciaron como un intento de desviar la atención y criminalizar a la víctima. Las agencias reportaron que esa noche hubo destrozos y saqueos, cundió la indignación. Mientras el gobernador de ese Estado, Jay Nixon, anuncia su visita a Ferguson, la senadora por Misuri, Claire McCaskill, pide por twitter que no se confunda a un “pequeño grupo de saqueadores” con los “cientos y cientos de manifestantes pacíficos”, que han salido a las calles para recordar a Brown y pedir justicia.
Tal como ha ocurrido en otras latitudes, el asesinato a mansalva de una o varias personas que protestan legítimamente en ejercicio de sus derechos civiles y políticos, se convierte en la gota que derrama el vaso en un contexto de exclusión y hostilidad sostenida en el tiempo. En 2005, el asesinato de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la policía en Clichy-sous-Bois, una comuna pobre en una banlieue (suburbio-periferia) del este de París, provocó una ola de disturbios que se caracterizó por la quema de vehículos y violentos enfrentamientos entre multitud de jóvenes inmigrantes y la policía francesa. Aquella vez, los ánimos se exacerbaron después de las infelices declaraciones del para entonces ministro de Interior Nicolás Sarkozy, quien llamó “escoria” a los manifestantes.
En esa oportunidad, así como ahora, la opinión pública mundial dilucida rápidamente la connotación racista de los hechos. Ferguson, pequeña ciudad localizada en el estado de Misuri, tiene una población ―según censo del 2010― de 21.203 habitantes de los que 14.297 son afroamericanos. Sin embargo, de los 55 oficiales de policía con los que cuenta la comunidad, sólo 3 son afrodescendientes. Es decir, en una comunidad de mayoría negra, mejor si son los blancos los que dominen las fuerzas de seguridad. A estos, con toda seguridad, no les temblará el pulso al momento de reprimir a quienes consideran, tal como lo expresó el ex presidente francés en su momento, escoria social.
jueves, 14 de agosto de 2014
Crónica sobre la inquietud en medio del auge liberal
Aún creemos en el socialismo. No hemos perdido la Fe. Hasta en el peor de los escenarios siempre conviene colocarse del lado de los “optimistas de la voluntad” y mantenerse a una sana distancia de los catastrofistas que vociferan sobre la “decadencia de occidente”. Cuando Spengler publico su libro con ese nombre, gente como Trotsky y Mariátegui señalaron oportunamente que había decadencia, pero del proyecto de la burguesía.
Como mi optimismo no es panglossiano, en nuestro caso creo que debemos preguntarnos si hay una decadencia del proyecto socialista, en el sentido de declive, deterioro o principio de debilidad (RAE dixit). Debo decir que vivo en una tierra de gracia, privilegiada como pocas, y con un pueblo arrecho pero tan noble y generoso, que si bien no se deja joder en última instancia, soporta estoico situaciones como la que ha generado la guerra económica silenciosa que viene emprendiéndose de manera cotidiana en su contra desde que el Comandante Chávez denunció a los “amos del valle” y declaró la guerra a la burguesía y a los propietarios de los medios de importación. La utopía concreta del socialismo corre peligro como nunca antes en los años de Revolución bolivariana.
Se combinan desbarajuste económico y reacomodo de fuerzas políticas, en una transición que debería conducirnos a un modo de organización donde el socialismo se trague mejor de lo que se traga ahora. Las opiniones que se vierten y las reconfiguraciones del poder dan cuenta y son expresión de lo que está pasando. Un ejemplo, es lo que dice el compañero William Torcátiz en artículo reciente publicado en este medio. Pareciera exagerar cuando, entre la rabia y la impotencia, dice:
“…pero el problema no es la guerra, el problema es que la estamos perdiendo y no se ve la famosa luz al final del túnel que nos diga que la vaina es pasajera, no se le ve solución a la crisis, ya sea, o porque no la tiene o porque al gobierno le ha faltado cojones para meter en cintura a los especuladores, a los promotores, a los financistas y a los ejecutores de la guerra y a todos aquellos que joden impunemente. La escasez y la inflación se han convertido en nuestras amantes y compañeras de vida, ya son parte de nosotros y pareciera que a nadie le duele y que todo sigue igual dentro de una normalidad explosiva”.
Como mi optimismo no es panglossiano, en nuestro caso creo que debemos preguntarnos si hay una decadencia del proyecto socialista, en el sentido de declive, deterioro o principio de debilidad (RAE dixit). Debo decir que vivo en una tierra de gracia, privilegiada como pocas, y con un pueblo arrecho pero tan noble y generoso, que si bien no se deja joder en última instancia, soporta estoico situaciones como la que ha generado la guerra económica silenciosa que viene emprendiéndose de manera cotidiana en su contra desde que el Comandante Chávez denunció a los “amos del valle” y declaró la guerra a la burguesía y a los propietarios de los medios de importación. La utopía concreta del socialismo corre peligro como nunca antes en los años de Revolución bolivariana.
Se combinan desbarajuste económico y reacomodo de fuerzas políticas, en una transición que debería conducirnos a un modo de organización donde el socialismo se trague mejor de lo que se traga ahora. Las opiniones que se vierten y las reconfiguraciones del poder dan cuenta y son expresión de lo que está pasando. Un ejemplo, es lo que dice el compañero William Torcátiz en artículo reciente publicado en este medio. Pareciera exagerar cuando, entre la rabia y la impotencia, dice:
“…pero el problema no es la guerra, el problema es que la estamos perdiendo y no se ve la famosa luz al final del túnel que nos diga que la vaina es pasajera, no se le ve solución a la crisis, ya sea, o porque no la tiene o porque al gobierno le ha faltado cojones para meter en cintura a los especuladores, a los promotores, a los financistas y a los ejecutores de la guerra y a todos aquellos que joden impunemente. La escasez y la inflación se han convertido en nuestras amantes y compañeras de vida, ya son parte de nosotros y pareciera que a nadie le duele y que todo sigue igual dentro de una normalidad explosiva”.
lunes, 28 de julio de 2014
Un relato desde Buenos Aires que celebra la vida en la ciudad
El libro se publica en el contexto de la V Feria del libro de Caracas, en el momento ideal si se considera que la nueva fiesta del libro está dedicada a la crónica como género literario, y que el homenajeado de la ocasión es el periodista y escritor, cultor como pocos de los cuentos de non fiction, Earle Herrera.
Hacia las tres de la tarde, Kelvin Malavé, gerente editorial de Fundarte, abrió fuegos con unas palabras introductorias hacia el público que ya se aglutinaba en torno al espacio levantado entre los árboles del Parque Los Caobos. Seguidamente, la presentación de Daniel Peralta, sensible y minuciosa, habló de su identificación y conexión espiritual con las experiencias plasmadas en esta bitácora que, gracias a la crónica, fueron una excusa y un marco ideal para deslizar ideas, viejos sueños y hasta algunas reflexiones políticas.
Peralta destacó la celebración de la música presente a lo largo de las páginas, la pasión del rock-pop latinoamericano intrincada con una breve pero intensa historia urbana, la salsa Caribe y el tango, híbridos nacidos al calor del magnífico y diverso crisol cultural que caracteriza nuestra tierra de gracia. No se le escapó a Daniel la práctica digresiva permanente que caracteriza la propuesta, incluyendo aquella en la que narro los aciagos momentos en que se dio a conocer la muerte del Comandante. La muerte, que aparece así en medio del relato, tiene su contraparte en el episodio erótico y la celebración de la vida y la libertad.
Como lo hiciera Mercedes Chacín en una edición de agosto de 2013 del suplemento Épale, Daniel me invitó a escribir unas crónicas sobre Caracas, y debo decir que con un talante que me honra, dado que lo hizo recordando literalmente una de las reflexiones que dejara sobre nuestra relación con la ciudad vernácula: admirarla y recorrerla cual viajero extranjero en su propia tierra. La mirada del que llega, la perspectiva desde el borde, la exterioridad, puede resultar a veces la mirada. Es justo decir que no me inicié en la crónica con el viaje a la ciudad del bajo, sino con nuestra ciudad capital de la primavera política latinoamericana. La pregunta sobre si todos conocemos nuestra ciudad salta a la vista, más aún porque quien la conoció hace dos quinquenios puede que no la conozca ahora. No obstante, hay una serie de historias sobre Sarría y algunos avatares y personajes que deben ser contadas, y en ese sentido la palabra ha sido tomada.
Lo contrario es válido para las nuevas generaciones. De ahí la importancia de la crónica, que es testimonio y por tanto, memoria. Cronos, devenir del movimiento lento y trascendente del renacimiento de una ciudad para la gente y para la vida. Porque eso es la crónica, cuento Caribe, literatura hibrida sugerente de gran poder comunicativo. Escritura originaria y primigenia, tal como lo dije el domingo, que nació en unidad con el testimonio histórico no exento de intención estética. Definitivamente, las Crónicas de la ciudad del bajo tienen vitalidad y música. Puedo repetir, además, que más allá de las descripciones, narraciones, diálogos y comentarios, elementos básicos del género, la obra es una celebración de ese artificio humano por excelencia como lo es la ciudad, la polis de monstruosa belleza que a todos atrae y que a muchos se traga.
El libro, eso sí, tiene un meta-mensaje: una invitación a viajar, a conocer, a que desplieguen sus alas, más que como turistas como viajeros. Y el primer paso para esto es disfrutar de los espacios de tu ciudad, salir al encuentro ciudadano, a la cita nocturna. Mis votos son por conocer el propio país, para lo cual resulta fructuoso palpar y comprender otros países; preferiblemente si son del Sur.
Por cierto, que otra forma de viajar es a través de la lectura, por lo que te invito a una migración espiritual temporal a la ciudad del bajo leyendo estas humildes narraciones, palabras que fueron premiadas por Fundarte, lo cual les agradezco infinitamente.
La palabra circula en la V Feria del libro de Caracas
Como una gran alfombra cultural multicolor, las señales del inicio de la quinta edición de la Feria del Libro de Caracas se ofrecían desde mucho antes de llegar a la otra vez vibrante y concurrida Plaza de los Museos, entrada del parque que de nuevo se llenará de música, teatro, poesía, conversaciones y encuentros catalizados por las voces de los innumerables autores que se podrán escuchar y leer en esta nueva fiesta cultural.
Desde la entrada Sur del pasillo de los artesanos, los discos, libros y brillantes atavíos de la artesanía popular le dan la bienvenida al animal de la polis que entra en estado de pacífica inquietud a la zona cultural de Caracas en dirección a la plaza circular. Cerca de las tres de la tarde mucha gente circula por el paseo, algunos deteniéndose cada vez y otras, como la flaca cuyas cortas prendas exhibían unas largas y tersas piernas, se desplazaba suavemente como rozando el suelo disfrutando las caricias de la brisa en su piel y dedicando miradas sugestivas a quienes posaban la mirada en su impune pavoneo. Entretanto, las melodías que un hombre saca de una flauta parecen mover las plumas de los collares que exhibe detrás de él.
Caracas está de fiesta. Son 447 años de historia, de lucha, de contrastes, de vida Caribe, de una dialéctica dominación-resistencia-liberación que viene inclinándose en los últimos años del lado de la liberación. El trabajo que ha hecho el Gobierno nacional para sacar a Caracas del caos en que degeneró por cortesía del capitalismo del siglo XX, como afirmó el presidente Maduro está restituyéndole a la ciudad su carácter de “Sucursal del cielo”. Sigo la singladura hacia la plaza y llego a los espacios de la Unearte, la universidad que vislumbró Ludovico Silva en “Belleza y Revolución”. Malabaristas, estudiantes de danza y teatro, gente en libertad, vive y disfruta frente al mural donde el rostro de Hugo Chávez divisa el horizonte. Después del chichero, de más libreros, la señora de los dulces y los magos de la artesanía, un colorido arco anuncia que “Caracas tiene la palabra”.
Cambalache Feria adentro
En la sala Hugo Chávez, en el centro de la plaza, el compañero Arconada habla de la crisis del capitalismo en Europa, la situación de España, la necesaria respuesta que deben dar los pueblos. Al terminar su intervención, las preguntas del público dan cuenta del nivel de comprensión de la política que ha alcanzado la gente. Sigo el camino en dirección al parque, feria adentro, hasta la “Carpa del ocio”. Los asientos en forma de letras de colores y los puff dispuestos en un espacio generoso, hacen honor al nombre de este interesante lugar dispuesto para el libre intercambio de libros. El usuario que así lo desee o así se lo proponga, podrá llevar hasta tres títulos diarios y ejecutar el cambalache por tres títulos que la usuaria quiera dejar.
Desde la entrada Sur del pasillo de los artesanos, los discos, libros y brillantes atavíos de la artesanía popular le dan la bienvenida al animal de la polis que entra en estado de pacífica inquietud a la zona cultural de Caracas en dirección a la plaza circular. Cerca de las tres de la tarde mucha gente circula por el paseo, algunos deteniéndose cada vez y otras, como la flaca cuyas cortas prendas exhibían unas largas y tersas piernas, se desplazaba suavemente como rozando el suelo disfrutando las caricias de la brisa en su piel y dedicando miradas sugestivas a quienes posaban la mirada en su impune pavoneo. Entretanto, las melodías que un hombre saca de una flauta parecen mover las plumas de los collares que exhibe detrás de él.
Caracas está de fiesta. Son 447 años de historia, de lucha, de contrastes, de vida Caribe, de una dialéctica dominación-resistencia-liberación que viene inclinándose en los últimos años del lado de la liberación. El trabajo que ha hecho el Gobierno nacional para sacar a Caracas del caos en que degeneró por cortesía del capitalismo del siglo XX, como afirmó el presidente Maduro está restituyéndole a la ciudad su carácter de “Sucursal del cielo”. Sigo la singladura hacia la plaza y llego a los espacios de la Unearte, la universidad que vislumbró Ludovico Silva en “Belleza y Revolución”. Malabaristas, estudiantes de danza y teatro, gente en libertad, vive y disfruta frente al mural donde el rostro de Hugo Chávez divisa el horizonte. Después del chichero, de más libreros, la señora de los dulces y los magos de la artesanía, un colorido arco anuncia que “Caracas tiene la palabra”.
Cambalache Feria adentro
En la sala Hugo Chávez, en el centro de la plaza, el compañero Arconada habla de la crisis del capitalismo en Europa, la situación de España, la necesaria respuesta que deben dar los pueblos. Al terminar su intervención, las preguntas del público dan cuenta del nivel de comprensión de la política que ha alcanzado la gente. Sigo el camino en dirección al parque, feria adentro, hasta la “Carpa del ocio”. Los asientos en forma de letras de colores y los puff dispuestos en un espacio generoso, hacen honor al nombre de este interesante lugar dispuesto para el libre intercambio de libros. El usuario que así lo desee o así se lo proponga, podrá llevar hasta tres títulos diarios y ejecutar el cambalache por tres títulos que la usuaria quiera dejar.
miércoles, 23 de julio de 2014
¿Tienen acaso derechos humanos los niños de Gaza?
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| Niño palestino asesinado en Gaza |
“Países piden el cese de los ataques contra Gaza”, “Israel continúa operación terrestre en la Franja de Gaza”, “Evalúan posibilidad de sanciones económicas contra Israel”, son algunos de los titulares que resumen los análisis que se hacen durante el programa a través de distintas voces autorizadas. Esta vez, la operación que emprenden los sionistas se llama “margen protector”, ayer, entre 2008 y 2009, se llamó “plomo fundido”, la cual dejó 1.400 muertos palestinos. Más recientemente, en noviembre de 2012, la invasión se llamó “pilar defensivo”; pero todas tuvieron algo en común: la brutalidad del asesinato de civiles, crímenes de guerra condenados por muchos pueblos y gobiernos del mundo pero que han sido siempre justificados por las potencias occidentales.
En los momentos de mayor brutalidad de la operación “pilar defensivo”, hubo declaraciones tan infelices como las del hijo del ex primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien afirmó que Tel Aviv debía “aplastar toda Gaza” de la misma manera que los Estados Unidos destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima con la bomba atómica, en 1945. El criminal llamado, quedó plasmado en un artículo publicado en The Jerusalem Post, firmado por Gilad Sharon, como un ejemplo paradigmático de las intenciones de la dirigencia sionista frente a los palestinos. No ha habido bomba atómica, pero a Gaza la han venido aplastando de forma continuada, con sanciones, bloqueos y “plomo fundido”.
Hoy, así como en los varios ayeres, la población civil de Gaza parece ser el blanco predilecto de los ataques israelíes, con preferencia por los niños. Así lo indican distintas organizaciones de derechos humanos, las cuales señalaron hoy que los ataques han matado más niños que combatientes. De 630 palestinos muertos que contabilizan funcionarios médicos en Gaza, una cuarta parte han sido menores de 18 años, razón por la que estas organizaciones han definido los ataques como una “guerra contra los niños”. Así como ayer, se hace un llamado al boicot, la desinversión y la sanción. Se retiran embajadores, en muchas capitales del mundo se realizan marchas en solidaridad con Palestina, cunde la indignación.
A pesar de la aparente inutilidad de tales acciones de protesta, en un contexto donde la elite anglo-norteamericana sigue colocándose del lado del sionismo, tratándose de la vida humana conviene que ni los gobiernos ni los pueblos dignos del mundo ―incluyendo al pueblo judío que también condena la brutalidad― no se acostumbren a esta barbarie. En pleno siglo XXI, en plena reconfiguración geopolítica mundial, conviene mantener alzada la voz de protesta frente a una barbarie inconcebible después de un largo siglo XX donde una guerra cada vez más sofisticada dejó saldos trágicos sin precedentes en la historia de la humanidad.
La llamada “conquista de Sión” parece ser ―ha sido― un proceso que no tiene prisa pero que no se detiene. Todo nos lleva a preguntarnos ¿Dónde quedan los derechos humanos de las mujeres y los niños palestinos? ¿Para quién son estos derechos? ¿Qué son realmente los derechos humanos? Una respuesta “heterodoxa” la ofrece el venezolano Gregorio Pérez Almeida:
“… debemos concluir que los derechos humanos son un producto histórico y de naturaleza clasista, son una creación humana surgida al fragor de la lucha de clases y que, como expresión de la ideología liberal triunfante desde la Revolución francesa, han servido de amalgama para construir la hegemonía política y cultural de la burguesía en el sistema-mundo capitalista.”
Así, se comienza a comprender por qué no se producen acciones contundentes de parte de la “comunidad internacional” que hagan respetar los derechos humanos en Palestina, y se comprende asimismo por qué durante las guarimbas criminales en Venezuela la potencia del norte expresó su preocupación por los derechos humanos en nuestro país como forma de injerencismo.
El tema merece su propio espacio, por ahora, los pueblos del mundo exigen el fin del asesinato indiscriminado de palestinos, quienes, como todo pueblo, tienen derecho a la vida.
*Director de PoderenlaRed.com
@maurogonzag
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