Palabras clave: Batalla de ideas, política, crítica, transformación, diálogo, innovación, cambio de época, amplitud, bloque histórico, lectura, análisis, verdad, belleza, sueños, liberación.

sábado, 31 de mayo de 2014

La historia del fútbol: el triste viaje del placer al deber

La frase la tomamos de la cuarta edición ampliada del libro El fútbol a sol y sombra, del conocido escritor nuestroamericano y apasionado del fútbol, Eduardo Galeano. Se trata de un extraordinario conjunto de textos breves y magistrales en los que aquel recuerda anécdotas, personajes y figuras, sus proezas durante partidos memorables y hasta el contexto histórico de cada torneo mundial, desde el primero del 30 del siglo XX hasta el último de Sudáfrica 2010.


A poco más de dos semanas para el inicio de este nuevo carnaval futbolístico, conviene detenernos en la reflexión que hace el escritor uruguayo sobre la contemporaneidad del “deporte rey”. ¿Qué está en el centro de la discusión? Por supuesto que es el capitalismo y su capacidad de mercantilizarlo todo, insuflando con su proterva esencia todo aquello en lo que posa su implacable mira. A decir de Galeano, el fútbol se ha venido desencantando por cortesía de la maquinaria mafiosa sedienta de lucro:

“A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo (Más aún, adentrados en el nuevo siglo), el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable”.

Hoy por hoy, no hay duda de que el fútbol se ha convertido en el gran circo romano en pleno siglo XXI, y que lo que se avecina es la más depurada y perfecta fiesta del consumismo y el lucro degenerados. Agrega Galeano:

“El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.”

Para el escritor, detrás del fútbol profesional existe una tecnocracia (peligrosa tribu reptiliana que en cada lugar al que llega pretende adaptarlo todo a sus caros intereses), que ha venido imponiendo  “un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, prohíbe la osadía y atrofia la fantasía”. Hoy, en la segunda década del siglo XXI, esta verdad se ha amplificado hasta unos niveles de locura que hacen pensar que el dilecto discípulo del balompié no colocará esta vez en la puerta de su casa el acostumbrado cartel que reza “cerrado por fútbol”.

Afortunadamente, en medio del fastuoso circo neo romano de los grandes estadios y de las más grandes aún orgías publicitarias, se alza de cuando en vez “algún descarado carasucia que se sale del libreto… y ejecuta hermosos gambeteos y le devuelve la alegría a los campos, deleitando a millones de personas en su osada ejecución de la “prohibida aventura de la libertad”.

El libro, por cierto, puedes descargarlo, AQUÍ.

PoderenlaRed.com

viernes, 9 de mayo de 2014

Que vaina con este país ¿Usted entiende? Yo no entiendo

He llegado a pensar que la hegemonía del capitalismo, sin duda desafiada por el proceso bolivariano, se basa en condicionamientos bien anclados en lo que podríamos llamar inconsciente colectivo. En una mentalidad de escasez ―que, si haber vamos, es uno de los principios de la economía clásica― que es alimentada por una visión negativa hasta el fatalismo, de la realidad. Al parecer, existe en nuestra estructura social una ideología nefasta producto del fementido rentismo petrolero, que lleva a mucha gente a sentirse esclava y pobre en medio de una abundancia que muchos países quisieran disfrutar.

Si en medio de la Paz, mucha gente vivía presa del miedo y de la sensación de inseguridad, repitiendo y hasta vociferando lo que muchos medios privados reflejaban como país, uno puede imaginar el barranco emocional en el que muchos se encontrarán después de casi tres meses de candela, irracionalidad, violencia y muerte en algunos municipios del país; después de una serie de acciones vandálicas que se sumaron a la evidente manipulación de la cadena de distribución de alimentos y bienes básicos que, en un plan que se ha venido puliendo a través de años de conspiración, aplicó la burguesía como quien toca uno de los botones rojos de su tablero de poder para destruir la Paz e intentar desestabilizar un país que siempre ha sido una tierra de gracia.

Hace pocos días, volví a constatar esta lamentable “realidad psicológica” en un supermercado ubicado en una urbanización de clase media donde también hubo guarimba y donde todavía hay “compras nerviosas”. Como lo hecho otras veces, tomé dos o tres cosas de las que se pueden comprar ahí ―dice uno― y me ubiqué en una de las colas donde despachan hasta diez artículos. Delante de mí, una mujer de mediana edad, baja estatura y lolas operadas, tenía su cesta con 4 cosas que terminaron siendo como veinte luego de varias idas y venidas para buscar cosas de última hora, productos que había que llevárselos solo porque estaban ahí.

La señora, me decía ya vengo que olvidé algo y una cosa llevó a la otra y se armó una conversación entre ella y otra señora que tenía tras de mí. “Hay que calarse las colas, que le vamos a hacer”, “Uno nunca sabe lo que puede pasar”, “¿En cuánto están vendiendo la harina pan?”, eran las frases al uso y en cuanto hubo chance el intercambio se deslizó hacia la inseguridad que estaban experimentando sus hijos de igual edad en la universidad. Uno estudiaba en la Simón Bolívar, el otro en la UCV. Ambos, una chama y un chamo, habían decidido abandonar sus casas de estudio para probar suerte en el exterior.

¿Cuál era la razón? La inseguridad. Se habló se ocho robos en una semana en una de las facultades de la Central, de intentos de violación, que si no sé quien me dijo, que esto no mejorará, que así no se puede vivir en este país. Una de las mujeres, luego del elegante derroche de fatalismo terminaba sus frases sobre la economía y la inseguridad, los dos temas dominantes, con un “¿Usted entiende? Yo no entiendo”, donde el “¿Usted entiende?” es un yo sé que ni usted ni yo entendemos lo que está pasando, ni lo queremos entender, simplemente no lo aceptamos porque en fin, esto es culpa del Gobierno. “Mi hija está averiguando para estudiar afuera pero eso son 8 mil dólares mensuales y hay que verle la cara a eso”, decía la más locuaz. Porque además, estudiar afuera significaba para ella, noté, estudiar en EEUU una “carrera paga en una universidad paga”, como dijo cierto filósofo.

El “¿Usted entiende? Yo no entiendo” seguía saliendo como un mantra, y al fin pude comprender que cuando alguien ha vivido siempre sumergido en la ideología ―entiéndase, en la falsa conciencia, adorando los ídola― estructurado por las instituciones de la “sociedad civil”, haciendo lo que “Dios manda”,  tratando de imitar estilos de vida foráneos y, lo más delicado, sin haber intentado nunca comprender por qué llegó o, mejor, por qué tuvo que llegar al poder una figura como el Comandante Hugo Chávez para cambiar este país, se convierte en la masa impensante estratégica que necesitan aquellos que, de acuerdo a la coyuntura nacional e internacional, tocan las teclas de la distorsión económica hasta darle el carácter directo de guerra.
Porque, cuántas veces no escuchamos a la “gente decente” preguntarse cómo había llegado al poder en Venezuela alguien como Chávez. El psiquiatra Heriberto González diría que tienen anulado el cerebro racional, diagnóstico que coincide con el “¿Usted entiende? Yo no entiendo” como síntoma del aludido estado “reptiliano”.

Es el clásico de aquel que no da razones ni quiere tener razón, el que no quiere entender y que, por esa vía, ante el libro saca la pistola. Con todo, creo que el camino no es la burla ni la lástima ni la condena, y sí la Fe y el trabajo sensible por elevar la conciencia de toda la sociedad. Entre el pulso por la vida, las aspiraciones y deseos de la gente, y el “Yo no sé, yo no entiendo”, hay un gran muro ideológico que hay que derribar. Un buen comienzo para estas personas sería, sin duda, querer entender.

@maurogonzag

30 claves del plan insurreccional contra Venezuela denunciado por Rodríguez Torres

El pasado viernes 2 de mayo, el ministro del Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, develó el plan insurreccional que factores de la extrema derecha nacional e internacional ejecutan contra el Gobierno bolivariano, y presentó pruebas contundentes sobre los actores involucrados en la conspiración en marcha.

Rodríguez Torres, hizo un repaso histórico de lo que significó la caída del muro de Berlín como símbolo del comienzo de la entronización del neoliberalismo, y recordó, destacándolo, el hecho de que unos meses antes Venezuela señalara un camino alternativo al pensamiento único, haciendo alusión a El Caracazo y a todos los hechos posteriores que desencadenaron la Revolución bolivariana y lo que algunos han llamado la “primavera política latinoamericana”.

Cómo todo análisis político sobre lo que ocurre en Venezuela debe enmarcarse en los objetivos de un imperio decadente que pretende recuperar espacios perdidos en su “retaguardia estratégica”, el ministro recordó cuales son los dos objetivos estratégicos principales que tiene el imperialismo norteamericano respecto a Venezuela, y lo que ésta representa:

- Impedir la propagación continental del ideal bolivariano

- Apropiarse y controlar la reserva petrolera más grande del planeta

A partir de estos objetivos, el Dpto. de Estado norteamericano define dos caminos para atentar contra el Gobierno bolivariano y la Revolución bolivariana con mucha fuerza:

1.- Atacar a Venezuela por el tema de los derechos humanos, promoviendo una imagen de que el Gobierno venezolano es un violador sistemático de los derechos humanos

En tal sentido, el informe firmado por la diputada de Primero Justicia, Delsa Solórzano, en el que se denuncian supuestas violaciones a los derechos humanos de manifestantes indefensos por parte de las fuerzas de seguridad del Estado y grupos “paramilitares”, constituye una de las pruebas del trabajo que factores de la oposición realizan en esa dirección.

2.- Acusar a altos funcionarios del Gobierno de estar implicados en actividades terroristas o de financiamiento al terrorismo, y en actividades de narcotráfico para fortalecer la matriz de que Venezuela es un Estado forajido, y crear así condiciones para una intervención externa.

A partir de estos objetivos, o en el marco de estos, es que hay que entender las acciones violentas que pequeños grupos perpetraron durante tres meses con la tranca de calles y el asesinato de guardias nacionales y civiles inocentes. A continuación, las claves de la denuncia hecha por el ministro Rodríguez Torres sobre la conspiración para derrocar el Gobierno de Maduro y dar al traste con la Revolución:

1- Las acciones orientadas a atentar contra el Gobierno venezolano y la Revolución se han diseñado en el exterior.

2- La violencia guarimbera forma parte de un plan definido desde 2010, y tiene continuidad con la operación paramilitar que se planificó en 2004 y que fue frustrada con la detención de un grupo de paramilitares colombianos en la hacienda Daktari.

3- Las acciones violentas de 2014 fueron concebidas en el evento llamado la “Fiesta mexicana” (Octubre 2010), donde participaron distintos líderes de movimientos estudiantiles y juveniles.

4- Gustavo Tovar Arrollo es uno de los grandes organizadores y articuladores de estas actividades insurreccionales.

5- Participaron además en esta “fiesta mexicana”: Daniel Ceballos, Lester Toledo, Freddy Guevara, David Smolansky, Gaby Arellano, Villca Fernández, Yon Goicoechea, algunos generales de la Plaza Altamira, entre otros…

6- Estos personajes recibieron entrenamiento de instructores serbios del movimiento OTPOR, el cual ha participado en actividades conspirativas para aplicar el manual de Gene Sharp para derrocar gobiernos.

7- En marzo de 2012 comienzan a desarrollar el llamado “Plan país”, anexo a todo el macro plan, y que es dirigido por Humberto Prado (vinculado a los procesos de desestabilización en las cárceles bajo el manto de la defensa a los DDHH)

8- En abril de 2012 hay un encuentro entre varias ONG intervencionistas y los jóvenes líderes de la oposición, donde participan Tamara Suju,  Gonzalo Himiob, Lorent Saleh, Operación Libertad, Enrique Starhorse y todos los miembros de JAVU.

9- Algunas de las ONG que financian la desestabilización a través de Gustavo Tovar Arrollo, son la NED, CANVAS, AEI, Freedom House y Otpor.

10- Gustavo Tovar Arrollo mantiene contacto permanente con el ex presidente mexicano Vicente Fox y se reúne con el banquero prófugo Eligio Cedeño, el cual aporta financiamiento para las movilizaciones y viajes al exterior.

11- En la reunión de México llegan a dos conclusiones: 1- Hay que aplicar el manual para derrocar al presidente Chávez (En su momento) y hacen un resumen de 50 pasos a seguir. 2- Es necesario definir un líder único que reúna a todos los grupos juveniles, los cuales son anárquicos. Ese líder es Leopoldo López.

12- En abril de 2013 se impulsan acciones de calle con la intención de generar enfrentamientos y desconocer al Gobierno de Nicolás Maduro. Capturan a Timothy Hallet, personaje vinculado al cine y a labores de inteligencia.

13- Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma se comportan como procónsules del imperialismo en Venezuela.

14- El ex presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, figura como el personaje que “aparece en todas las quinielas de todas las actividades contra Venezuela”.

15- Tovar Arrollo también mantiene comunicación con Yon Goicochea, Manuela Bolívar, Roderick Navarro, Gene Sharp y Eligio Cedeño. Este, a su vez se comunica permanentemente con José Antonio Colina, oficial retirado de la Guardia Nacional responsable de la colocación de las bombas en el edificio de Caracas Teleport, lugar donde se realizaban los diálogos Gobierno-oposición luego del golpe de Estado de 2002.

16- Hay un bufete en EEUU, dirigido por Tew Cárdenas, vinculado con el partido republicano y asesorado por Roger Noriega, que se encarga de armar expedientes contra Venezuela.

17- Las acciones vandálicas e insurreccionales de 2014, forman parte de un plan que tiene continuidad con el plan golpista de 2002 y con el plan desestabilizador que pretendió usar paramilitares en 2004.

18- Salas Römer, quien se enfrentó a Chávez en las elecciones de 1998, es el que financia, potencia y organiza al movimiento extremista JAVU. La familia Salas Römer tiene vinculaciones coloniales históricas con la familia Mendoza en Valencia.

19- Robert Alonso, hermano de María Conchita Alonso, fue quien trajo el manual de la guarimba a Venezuela, además de ser el dueño de la finca Daktari que albergó a los paramilitares en 2004.

20- Salvatore Mancuso, jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y preso en EEUU, declaró que Jorge Noguera, ex director del DAS (Equivalente a la anterior DISIP venezolana, hoy SEBIN), envió a los paramilitares a Venezuela siguiendo órdenes de Álvaro Uribe Vélez.

21- El movimiento JAVU tiene vinculaciones con un funcionario de la embajada de EEUU en Caracas que les agiliza las visas, llamado Robin Meyer.

22- Pedro Burelli, hijo del ex canciller Miguel Ángel Burelli, tiene oficinas en Washington y es la conexión de Julio Rivas con diversas organizaciones internacionales y personajes como Santiago Cantón, José Miguel Insulsa, José Miguel Vivanco, etc.

23- En el marco de las guarimbas violentas que se iniciaron en febrero de 2014, se han detenido a 58 personas de otras nacionalidades, casi todos implicados en el uso de armas. En el manual de Gene Sharp, estos serían los mercenarios empleados en la insurrección.

24- Rodolfo Pedro González, “El aviador”, ― hoy detenido― viene de la época de la Coordinadora Democrática y es el gran articulador logístico y financista de las guarimbas en Caracas. Tiene vinculaciones con Amtonio Ledezma, Iván Carratú Molina, Juan Requesens, Friolán Barrios y Villca Fernández, entre otros.

25- La esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, es una de las principales proveedoras de logística de las carpas que están frente a la sede de la ONU en Caracas.

26- Una cauchera de La Castellana y una agencia de viajes llamada OVNI, también financian la violencia guarimbera.

27- Pedro Enrique Paraquiemo Hernández, ex comisario de la Disip y pupilo de Henry López Sisco, asesora en materia de seguridad las actividades subversivas en el este de la ciudad de Caracas.

28- Lo que está viviendo Venezuela es un plan de conspiración insurreccional para derrocar al Gobierno legítimo de Venezuela, como objetivo estratégico permanente del Departamento de Estado de Estados Unidos.

29- Pudiésemos estar entrando en una fase de asesinatos selectivos y acciones terroristas. Ejemplo: la muerte de Eliécer Otaiza, no achacable al hampa común.

30- El asesinato de Otaiza ―sumado a todos los que han ocurrido― tiene también el objetivo de provocar a las fuerzas chavistas y generar una confrontación que conduzca al país por el despeñadero de la guerra civil. El ministro enfatizó la necesidad de no caer en provocaciones.

31- Hasta ahora, nadie se ha responsabilizado por la violencia guarimbera.

Luego de la detallada exposición, el ministro destacó la necesidad de que haya una ruptura clara, tajante y concisa entre los sectores sensatos y democráticos de la oposición, y los sectores aventureros golpistas. ¿Será eso posible luego de tres meses de violencia insurreccional?

El pueblo pide justicia y confía en las oportunas acciones del Estado. Al momento, muchos se ven en el espejo de Ucrania, precipitada hoy a la violencia y la fragmentación. Afortunadamente, Venezuela no es Ucrania y la gran mayoría del país quiere la Paz.

Publicado en PoderenlaRed.com el 05 de amyo

sábado, 3 de mayo de 2014

La memoria es porosa para el olvido, pero no tanto

Decía Borges que la memoria es porosa para el olvido, y en los años 40 Orwell advertía sobre la estrategia mediática de controlar el presente para controlar el pasado y así, poder controlar el futuro. Pero el uso de este poder, incluso, requiere de ciertos grados de talento y sutiliza en su aplicación.


Decimos esto, a propósito del titular que exhibió el diario El Nacional en su edición del día 29 de abril y que a nuestro parecer plantea una manipulación bastante jalada de los cabellos, y de los pelos también: “Detenciones por protestas triplican las del Caracazo”. De inmediato, notamos una disonancia en la oración, porque ¿Qué hace la palabra Caracazo en ese titular? No deja de ser audaz, aunque esta vez suene un tanto ridícula la comparación. Veamos.

En primer lugar, hay que decir que la idea del titular lo que expresa son los deseos que cierto sector de la oligarquía del país y sus más alocadas expresiones políticas, tenían para Venezuela: una explosión social, el caos, la guerra civil. Sin embargo, lo primero que hay que recordar ―nunca denunciar― es que los hechos del Caracazo no se pueden comparar con estos aciagos meses de violencia guarimbera, y por una elemental razón: el 27 de febrero de 1989 lo que ocurrió fue una manifestación de la desesperación del pueblo más pobre del país, una manifestación que fue brutalmente reprimida por unas fuerzas armadas que se habían sido bien entrenadas en la Escuela de las Américas para comportarse como un ejército de ocupación en su propio país.

De otro lado, lo que ha ocurrido desde febrero de 2014 ha sido una “revuelta de ricos” financiada por ricos de dentro y fuera del país; vulgares y silvestres acciones vandálicas que fueron perpetradas en muchos casos por criminales solicitados por la Interpol, por oscuros personajes con prontuarios criminales o directamente por mercenarios avezados en prácticas terroristas. Es verdad, que un ínfimo porcentaje de estas acciones han sido protestas propiamente dichas, pero no nos jodan queriendo calificar más de dos meses de violencia callejera que incluyó más de 40 muertos como “protestas”. De otra manera, aquí los cerros no bajaron, como sí ocurrió en el Caracazo.

El intento de falsear la historia, queda patente cuando se recurre a la variable “cantidad de detenciones” para comparar dos sucesos diametralmente opuestos, con el claro propósito de continuar con la campaña según la cual todo motorizado es tupamaro que merece ser degollado, que toda sirena es ambulancia y que toda acción de calle es una protesta legítima de estudiantes desesperados que luchan por la Patria. Mentiras que se derrumban por sí solas, toda vez que hace 25 años, más que detenciones lo que hubo fue una masacre.
Además, si el Caracazo queda falseado como un día en el que no hubo represión sino “detenciones”, la violencia terrorista que comenzó en febrero queda falseada como una protesta cívica que fue criminalizada por un Estado coercitivo que detuvo al triple de personas que detuvo durante el Caracazo. Pero la mayoría de los venezolanos ya sabe lo que hubo. Y mejor no hablar de la muerte, porque es verdad, la memoria es porosa para el olvido, pero no tanto.

Editorial PoderenlaRed.com del 30/04/14

miércoles, 16 de abril de 2014

Cuatro tablas y una Lírica por la Patria

Teatro de calle en la Plaza Diego Ibarra
El inicio de la nueva edición del Festival de Teatro de Caracas coincidió con la conmemoración del nefasto golpe de Estado de 2002, y se perfila como una fiesta dramática que expresará la nueva vitalidad de la Caracas cultural, vibrante, recuperada y libre de fascismo.

Desde tempranas horas de la tarde, la ciudad teatro erigida en medio de la plaza Diego Ibarra fue ocupada por la familia caraqueña. Muchos niños y muchos jóvenes hablando, riendo y corriendo. Señores y señoras sentadas alrededor de la fuente, donde la leve sombra le bajaba dos al calor abrazador del generoso astro. La obra de César Rengifo esperaba al público desde la carpa de la editorial Fundarte, donde también se exhibían títulos como El realismo crítico o Teatro completo.

Detrás de los anaqueles de libros, sentada, una señora hojeaba un libro verde como quien abre un paquete con un imperioso almuerzo. Su gran cartera, y otro ejemplar más grande y chato encima, fungían de improvisada mesa. A su lado, un señor moreno, con un afro blanqueado por los años, con más apariencia de actor que de lector, veía fijamente el ojo de la cámara mientras captaba las portadas. Piezas dispersas, piezas teatrales, identidad cultural, democracia cultural.

El naranja predominante de la tarima recreaba los clásicos balcones del teatro, en un tono similar al naranja vivo del Teatro Nacional, donde una cuadra más abajo, detrás del escenario dispuesto para el teatro de calle, asistiríamos a la representación de Lírica, una obra que desde ya nos permitimos recomendar por su poderoso mensaje de esperanza, por su invitación directa y desesperada al diálogo, por su advertencia ante la posibilidad de la injusta perpetuación del odio y la entronización de la muerte.

Después de comer dos pastelitos sin sabor, ver los esfuerzos de un gato por copular con su hembra y divisar a una mujer gritar agresivamente al aire en increpaciones dirigidas a una rival o algo así, me dirigí con mi amiga hacia la entrada del teatro, cuya ubicación era algo así como el final ―o el principio― de un corredor o eje histórico que comenzaba en el mausoleo a El Libertador o en la Biblioteca Nacional. El azar nos situó en una esquina de la fila M, en un balcón lateral donde la visión quedaba entorpecida por el ángulo y una inveterada ―aunque muy bien restaurada― columna. El inicio fue puntual, y en el patio fueron varias las butacas que quedaron vacías, incluyendo algunas en la primera fila, donde divisé al maestro Chalbaud.

Dos mujeres iniciaron un diálogo sobre un niño, sobre dos niños, sobre una situación circunstancial de esas insólitas que ocurren en la “vida real” y que son el numen del arte. Ellos estudian en la misma escuela y en el mismo salón, son los mejores amigos pero una situación los preocupa y esa preocupación es un hermoso signo de la pureza de su amistad. El padre de uno ha matado al padre del otro, y el victimario está preso. Entre las madres de los niños, la una viuda y la otra prácticamente también, se despierta un odio mecánico que va creciendo a lo largo de la obra, moderado por momentos por la directora del colegio donde estudian los niños, una maestra que ama su trabajo y que representa el compromiso, la razón, el trabajo y la reconciliación.

No es mucho lo que las madres saben del mundo poético en el que están inmersos sus hijos en el mundo de la escuela. Lennon y David tienen tanto en común que ambos están enamorados de la misma niña, Franchesca. Ella, es otra celebración de su amistad, un amor puro y platónico que ha logrado sacar hermosos versos de los niños, palabras que lograrán conmover profundamente a las madres. La relación de los dos niños es mágica, es una Lírica con la que se protegen de los infortunios y carestías de la vida, de las incomprensibles rutinas y desgracias de sus padres.

La brutalidad del odio, las condiciones de su surgimiento, los prejuicios que lo alimentan y la poca voluntad para cobrar conciencia de su enseñoreamiento, son aleccionadores. Más aún, la esperanza que representan las nuevas generaciones y el imperativo humano de no trasladarles, irresponsablemente, ese odio. Los aplausos fueron resonantes.

Subimos por el corredor y de nuevo nos encontramos en la plaza, ya de noche. Mucha más gente, comidas y bebidas, pero sobre todo, Paz. Una paz por la que hay que luchar, una paz que hay que imponer, una paz que se trabaja, una paz que no es precisamente el camino fácil porque lo fácil es el odio.

Entretanto, mi amiga me hablaba de un caso. Las relaciones son complicadas, tenía sentimientos encontrados. Estaba haciendo un esfuerzo sin igual, sin precedentes, para no sentir rencor hacia su ex pareja. Ella, puedo decir, se había especializado en odiar. Pero era el momento de cambiar, de crecer, de aprender a amar; era el momento de la paz.

Publicado en PoderenlaRed.com el 14 de abril

Real Academia Española elimina la “Ch” de Chávez del alfabeto ¿Conspiración o paranoia?

Es verdad, no es solo la Ch de Chávez, pero caballero, después del Comandante Chávez no es cualquier palabra

El pasado martes 8 de abril, la Real Academia española dio a conocer los cambios que contiene la nueva edición de la Ortografía que se publicará a fines de este año, y si bien algunas de estas modificaciones parecen bastante normales, como el cambio del nombre de la “i griega” por “ye”, la supresión definitiva de la letra “Ch” del alfabeto nos parece, más que llamativo, una clara conspiración de factura orwelliana contra el glorioso nombre del Comandante Chávez.

Parece ficción distópica, pero no es. Junto a la letra “Ll”, la letra “Ch” ha sido formalmente eliminada de la tabla del alfabeto. En consecuencia, las letras del abecedario ahora son 27. En las reseñas que se encuentran en la red, puede notarse que sobre la eliminación de las letras no hay mayor explicación, aunque, no lo dudamos, algún argumento técnico esgrimirá la “autoridad” de la lengua romance para haber eliminado las iniciales del apellido de un líder de resonancia mundial como fue y sigue siendo Hugo Chávez.

No pudimos sino evocar de nuevo la renombrada novela 1984, de George Orwell. Recordemos que en la obra, el idioma que hablan los habitantes de la tierra gobernada por el Gran Hermano se llama Neolengua, “el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuía cada día”. Cada cierto tiempo, las autoridades editaban una nueva versión del diccionario de Neolengua, con menos palabras, menos significados. De repente, una palabra perdía dos de sus tres acepciones, quedando en el aire sus connotaciones, desapareciendo su riqueza. Peor aún, esa palabra que había sido notablemente empobrecida terminaba desapareciendo.

Uno podría preguntarse si todo esto era inocente en la trama de la novela, porque ¿Para qué sacar palabras del diccionario y por esa vía del lenguaje y del habla? Como lo dice Orwell, la función de las nuevas ediciones del diccionario del mencionado lenguaje “Era limitar el alcance del pensamiento y estrechar el radio de acción de la mente”. ¿Cabe la analogía con la reciente eliminación de la letra “Ch” del alfabeto de la lengua española? Respondamos con otra pregunta: ¿Hubiera sido lo mismo sacar la Ch del alfabeto hace 20 años que sacarla en este momento? Porque ¿Cuál es este momento? Sí, la respuesta es: consideremos el contexto.

Actualmente se ejecuta contra la Venezuela bolivariana una guerra de cuarta generación, la cual, como se ha venido estudiando y analizando, es una combinación de formas de lucha que incluye formas de guerra asimétrica, e incorpora formas de guerra psicológica que se despliegan en una variedad de acciones mediáticas tóxicas para socavar las emociones y la moral de poblaciones enteras. Parte de esta intoxicación, por supuesto, se lleva a cabo con el uso científicamente distorsionado del lenguaje adherido a los discursos políticos y mediáticos

De ahí, la variedad de oxímorons, desquiciantes y cínicos, que hemos visto salir de las bocas de distintos factores oposicionistas, desde la mediática y el discurso propiamente político. Si ya habíamos escuchado lo de “capitalismo popular”, antes habíamos oído hablar del “fuego amigo” y de la famosa “destrucción creativa”, con el permiso de Schumpeter.

De tal manera, no nos vengan a decir que esta supresión de la “Ch” del alfabeto es casual, a pesar de la rigurosa justificación técnica-sociológica que bien podría estar detrás de ella.

No hay duda. Sabemos que la campaña contra la Revolución bolivariana empezó antes de 1998, y que poderosos intereses, aquí y en el exterior, quieren borrar el legado de Chávez. Pero ahora van por su nombre, en un sutil pero considerable cambio ―una supresión― que podría tener importantes efectos simbólicos.

Publicado en PoderenlaRed.com el 10 de abril de 2014

viernes, 4 de abril de 2014

Entre guarimberos, infiltrados y piqueteros, la irracionalidad de la antipolítica

El pasado 12 de marzo ocurrió un hecho violento en medio de una vía pública de Buenos Aires, Argentina, que guarda interesantes similitudes con los hechos vandálicos que grupos violentos han venido perpetrando en varias ciudades del país desde principios del mes de febrero. Junto a las analogías, nos interesa destacar el contexto en el que ocurren ambas situaciones, con la intención contribuir al esclarecimiento de este confusionismo simbólico en el que los golpistas de cuarta generación han querido sumergirnos en las últimas semanas.

Ese día, trabajadores portuarios realizaban un piquete ―a continuación lo definiremos―  en el puente Nicolás Avellaneda, el cual une a dos localidades de la mencionada ciudad, cuando una pareja intentó pasar en moto a través de la protesta. De inmediato, algunos manifestantes se abalanzaron contra el motorizado y su compañera y los golpearon salvajemente. Pero además, al hombre lo lanzaron del puente, caída de algunos metros que lo dejó en estado de gravedad, toda vez que ya tenía serias heridas en la cabeza producto de los golpes que le dieron.

El hecho, si bien puede calificarse de brutal, se reviste de un especial dramatismo si consideramos que el motorizado era discapacitado, usaba una pierna ortopédica y su mujer estaba embarazada y estaba teniendo una pérdida, tal como lo informaron al día siguiente en el programa Visión 7 de la TV Pública Argentina. El ciudadano tenía una emergencia, y necesitaba ejercer su derecho al libre tránsito para afrontar una delicada situación de vida o muerte. Pero se encontró con el piquete y miren lo que le pasó.

Piquetes y guarimbas


Un piquete, es una forma de protesta que consiste en trancar las calles, caminos o rutas, con el claro objetivo de imposibilitar la circulación por esas vías. Quienes practican este tipo de protestas se llaman piqueteros, un tipo de activistas nacidos a mediados de los noventa en Argentina del movimiento de trabajadores y principalmente de los ciudadanos desempleados organizados. Un piquete se considera una medida de fuerza, algo así como el último recurso de protesta cuando los que manifiestan se encuentran en una situación desesperada o cuando no han sido tomados en cuenta en manifestaciones de otro tipo.

En Venezuela, las llamadas guarimbas o barricadas ―ambos términos que han sido mal utilizados―, que como los piquetes son acciones de “protesta” basadas en la tranca de calles o avenidas, hasta ahora se han cobrado la vida de 36 personas, de forma directa o indirecta. Sin duda, que la violencia de Venezuela desborda el episodio porteño, si consideramos factores como el uso de francotiradores para asesinar a quien se atreva a quitar los obstáculos de las vías, o la colocación de alambres de púas con la intención de asesinar a motorizados como el infortunado del Puente Avellaneda. Sin embargo, conviene que nos centremos en los hechos concretos de violencia y su relación con la “protesta”, lo cual nos llama a ser más contundentes con la definición de una realidad que, de cara al contexto internacional, está siendo difundida desde una perspectiva sesgada y manipuladora.

Las últimas muertes ocurridas en Venezuela relacionadas con estos “piquetes”, fueron las del Sargento Mayor de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) Miguel Antonio Parra, de 42 años de edad, asesinado este lunes por grupos vandálicos en la avenida Las Américas, ubicada en la parroquia Spinetti Dini del municipio Libertador de Mérida, mientras levantaba escombros de una unidad de transporte que fue incendiada el domingo. En ese momento, grupos terroristas armados de la oposición comenzaron a disparar hiriendo mortalmente al sargento ayudante de la GNB e hiriendo a otros presentes, tal como denunció Alexis Ramírez, gobernador de la entidad andina.

Por otra parte, la noche del pasado domingo, Adriana Urquiola, de 28 años de edad y con cinco meses de embarazo, fue alcanzada por una bala en el sector Los Nuevos Teques, municipio Guaicaipuro del estado Miranda. La joven, se había bajado de una unidad de transporte público que se había quedado atorada en el tráfico debido a los obstáculos que los guarimberos habían colocado, y que impedían la libre circulación. El alcalde de la entidad, Francisco Garcés, explicó que una persona que transitaba en un vehículo fue interceptada por grupos violentos y el conductor, ante los asomos de asedio y agresión, sacó un arma y descerrajó algunos disparos, hiriendo a una joven en un brazo y asesinando a Urquiola.

Ahora bien ¿Quién se responsabiliza por las agresiones y las muertes? Resulta interesante que el caso del Puente Avellaneda, los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Portuarios SUPA, organizadores de la protesta, hayan esgrimido que ellos no tuvieron nada que ver con el hecho violento, atribuyéndolo a posibles “infiltrados”. Suena bastante familiar. Sin embargo, luego de los hechos el Secretario General de este sindicato no dudó en renunciar a su cargo. También, distintas crónicas dan cuenta de que hubo trabajadores que intentaron defender al motorizado y a su pareja, y que se generó una pelea entre ellos cuando lanzaron a aquel por el puente.

En Venezuela, si bien la determinación de las culpabilidades no está tan clara como en el caso de la agresión a un individuo y su pareja cuyos agresores todo el mundo pudo ver, las investigaciones y los dispositivos de seguridad han dado con los responsables de estas muertes en virtud de intensas y minuciosas investigaciones y trabajos de inteligencia. Pero ¿Qué dice la dirigencia política, en este caso, los líderes de la oposición venezolana, frente a la destrucción y la muerte que ha causado el vandalismo y las acciones terroristas que un sector de ellos instigaron? Nada, que hay que controlar a los “motorizados” y a los “colectivos armados”, los cuales se infiltran y causan las muertes, y en el mejor de los casos que no están de acuerdo con la violencia ―sin condenarla― dando a entender que el Gobierno es el responsable de las "protestas", debido a la  escasez y criminalidad. De tal manera, que en ambos casos se pretende recurrir al comodín de los infiltrados para escurrir el bulto, toda vez que en el caso venezolano no estamos hablando de una protesta, como sí lo fue la del puente Avellaneda.

¿Quién tranca las vías y por qué?


Explica Luis Bruschtein que los cortes de ruta comenzaron a mediados de los noventa “como expresión de una situación desesperada en poblaciones absolutamente alejadas, con sus industrias y comercios quebrados, con la mayoría de sus jóvenes desocupados, y absolutamente fuera del foco de atención en la Argentina”. “Fuera del foco de atención” significa poblaciones excluidas y abandonadas a su suerte, quienes empezaron a practicar los piquetes en las rutas como expresión de su desesperación para llamar la atención sobre una situación de vida o muerte para esas comunidades. Bruschtein, recuerda que los piquetes nacieron como un producto de la más cruda desesperación que obliga a tomar medidas de fuerza como último recurso para ser tomado en cuenta como comunidad o grupo social, y que estos llegaron a Buenos Aires, acentuándose, durante la crisis de 2001 en ese país.




Tiene sentido. Sin embargo, incluso este piquete no deja de tener un componente irracional, si consideramos que esta protesta no fue una manifestación de todo un gremio sindical, ni tuvo un carácter estrictamente patronal, sino que respondió a un conflicto intersindical en el que, como explica Bruschtein, 11 trabajadores decidieron desafiliarse de un sindicato para afiliarse a otro, lo cual descubre una lectura que nos dice que un motorizado discapacitado fue lanzado de un puente como producto de un piquete realizado por un sindicato que está en conflicto con otro sindicato. Con todo, si ese grupo de trabajadores hubiera estado en una situación desesperada, mermada su calidad de vida o con muchos meses de paro, tal brutalidad tampoco se hubiera justificado.

Al volver al caso venezolano, salta a la vista una cosa. Si este episodio, seguramente olvidado ya por los medios en Argentina, ciertamente causa indignación por el lamentable sino de sin sentido que lo señala ¿Cómo comprender el caso de la violencia practicada en las trancas de vías en Venezuela y las 36 muertes que estas han ocasionado en las últimas seis semanas? Cualquiera que venga a Venezuela, o que tenga la suficiente inteligencia para separar el grano de la paja en medio del maremágnum mediático, podrá darse cuenta de que lo que ocurre en este país se relaciona más con lo que dijo, agudamente, el escritor colombiano William Ospina o, lo que afirmó la periodista de The Guardian que estuvo cubriendo los hechos de las guarimbas violentas que realizaron en algunos municipios del país, que con lo que dice gente como la ex diputada María Machado y el conglomerado de medios nacionales e internacionales que se hacen eco de esas mentiras.

Cuando los ricos protestan y los pobres celebran, eso da cuenta de un país bastante raro, si bien en el resto del mundo ocurre lo contrario, dijo William Ospina, palabras más, palabras menos. En Venezuela lo que hay es “una revuelta de los ricos”, dijo por otro lado la periodista de The Guardian, desde la visión objetiva de alguien que viene de afuera y ve las cosas en perspectiva. El carácter conspirativo, insurreccional, violento y golpista de las acciones de los grupos que piden “la salida” del presidente Nicolás Maduro, explican por sí mismas el carácter ilegitimo, irracional y hasta fascista de las “guarimbas” “piquetes” o “barricadas” con las que han provocado la muerte de decenas de venezolanos, incluyendo seis efectivos de la guardia nacional.

Y si bien hoy está claro que dichas acciones no se pueden llamar protestas, nos parece que hubo cierta dilación en llamar a las cosas por su nombre desde las primeras de cambio. Recordemos que el mismo 12 de febrero hubo una marcha de los estudiantes opositores que degeneró en acciones vandálicas que destruyeron la fachada de la sede principal del Ministerio Público, la plaza adyacente, unidades de la policía científica y donde asesinaron a dos personas. En esa oportunidad, no parecía fácil distinguir entre protesta, marcha, vandalismo, violencia, colectivos, estudiantes, motorizados, guardias nacionales y policías, y las empresas mediáticas se encargaron de confundir a los actores de la escena para, de un lado, diluir responsabilidades, y de otro, endosar culpabilidades a los “infiltrados” del día: los tupamaros.

Pero, aparte el problema con las definiciones, difícilmente se pueda engañar a la población de un país en la era de los smart phones. Las imágenes y los videos tomados ese día y durante el resto de las aciagas jornadas guarimberas, no dejan lugar para dudas, salvo por el hecho de que muchos de los protagonistas de la violencia tapaban sus rostros. Y es que ¿Tenían algo que temer? Con todo, muchos serían identificados. Estamos en presencia entonces, de vulgares acciones golpistas que incluso están usando terroristas y mercenarios extranjeros solicitados por Interpol. Pero, volvamos a lo básico de la cuestión.

Volviendo al caso de Avellaneda, cuenta Bruschtein hacia el final de su intervención que hasta Facundo Moyano, hijo del dirigente máximo de la CGT, Hugo Moyano, repudió los hechos del Puente Avellaneda, calificando lo ocurrido como un abuso de las “medidas de fuerza” que terminan por favorecer las "posiciones autoritarias". Por su parte, la presidenta Cristina Fernández se preguntó, como muchos nos hemos preguntado acá, si 10 personas tienen derecho de realizar un corte de vías que impidan a miles de personas llegar a sus trabajos, escuelas y universidades o, generar situaciones graves de violencia. De tal manera, parecen haber límites ético-políticos en la práctica de “medidas de fuerza” como lo son los cortes de rutas que tienen la capacidad de afectar la vida de una ciudad y un país.

Nos parece que Bruschtein alude el meollo de la situación cuando afirma: “Cuando no hay una relación entre la medida de fuerza y el reclamo que se está planteando, esta medida termina siendo simple y llanamente una acción política y una forma de aprete que no tiene nada que ver con una medida de fuerza de tipo sindical; la termina desnaturalizando y genera una situación contraria para los mismos trabajadores.”

Efectivamente, en Venezuela no existe una relación entre las “medidas de fuerza” (el vandalismo, las guarimbas, la violencia), y los reclamos que se están planteando (Maduro vete ya). Estas son simple y llanamente acciones políticas (Esta vez subversivas y golpistas), formas de aprete (Medidas de presión y chantaje) que no tienen nada que ver con reivindicaciones legítimas de alguna organización social. Más aún, los guarimberos y sus aliados se han desnaturalizado y han generado situaciones contrarias para ellos mismos, las poblaciones que han asediado y bloqueado, y para la oposición que no nunca condenó categóricamente la violencia.

Finalizamos con un comentario dejado por una usuaria que leyó la reseña de los hechos de Avellaneda, publicada por Infobae.com. La usuaria se hace llamar “Anti Kirchner”, y dice:

“Llegó la hora de empezar a cortar los piquetes, empezaré a usar mi derecho a circular libremente, a quien me lo impida le pasaré por encima”.

La irracionalidad engendra irracionalidad, y hacia allí nos quieren llevar, pero fracasarán.

* Publicado originalmente el 26 de marzo de 2014 en PoderenlaRed.com
@maurogonzag

domingo, 23 de marzo de 2014

Motorizados, patotas y colectivos: no toda sirena es ambulancia

Encuentra al Tupamaro

 En momentos en que las guarimbas desestabilizadoras van llegando a su fin ―optimismo por delante―, conviene plantear que, si bien el objeto de la violencia que se desató salvajemente desde el pasado 12 de febrero era reeditar el guión desestabilizador-golpista del 11 de abril de 2002, hubo un objetivo transversal durante el desarrollo de los hechos: señalar, satanizándolos, a los diversos colectivos sociales que hacen vida en el país, y por esta vía a los motorizados.


No fue casualidad que el 12 de febrero, uno de los asesinados de la jornada haya sido un conocido luchador social miembro de un colectivo del 23 de enero, y que los brazos mediáticos del golpe continuado se hayan precipitado al unísono a denunciar la presencia de “colectivos armados”, como los responsables de las muertes que ocurrieron ese día. Según esta lógica, esos “colectivos” son fácilmente identificables porque andan en moto, aunque estas no sean de alta cilindrada como las que desfilaron en Chacao y en otros municipios en los peores días de la guarimba.

En medio de las reflexiones y la preocupación que causa constatar como en los últimos años se han venido importando ciertas prácticas de violencia criminal de rasgos terroristas, surgió de inmediato ―plena como la luna llena― la idea de que los inescrupulosos factores de la para-política que estarían operando en varios sectores del país, ven en los colectivos sociales un peligroso enemigo y un formidable obstáculo para llevar adelante sus oscuros planes contra el Gobierno bolivariano y contra el país en general.

Agreguemos, que tal campaña estaría enmarcada en un plan a mediano plazo, seguramente ya detectado y neutralizado, que se estaría planteando controlar cada vez más territorios de la república para, llegado el momento, dar el zarpazo golpista. De ahí la importancia de controlar la situación del Zulia y Táchira, donde la penetración e influencia de estos factores lleva ya varios años, y donde las acciones oportunas del Gobierno en materia de contrabando y demás negocios ilícitos ―por ejemplo, el de las remesas―, activaron las alarmas de las mafias fronterizas binacionales.

Como en años recientes tuvimos guarimbas en el país ―así como hoy, solo en municipios gobernados por la oposición―; así como hace pocos años los estudiantes identificados con la oposición salieron a la calle en manifestaciones que fueron alternativamente pacíficas y violentas, recordé dos escenas emblemáticas que nos sirven para ilustrar lo que venimos comentando sobre los colectivos revolucionarios, los cuales se funden simbólicamente ―o por lo menos así se pretende― con los motorizados.

En la primera escena hubo violencia, fuego y estudiantes, y se desarrolló en la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Fue por los días de la salida del aire del canal RCTV, contexto en el que los estudiantes opositores al Gobierno bolivariano ―antes como ahora, minoría frente a los estudiantes bolivarianos― fueron movilizados en protestas muchas veces violentas contra el Gobierno de Chávez. Un buen día, estudiantes universitarios identificados con la Revolución se encontraban reunidos en la mencionada escuela de la UCV, y cuando se dieron cuenta estaban encerrados en sus instalaciones, a las que de paso le habían prendido fuego. Sí, la irracionalidad de este sector no se había ido, estaba agazapada. Por su parte, las autoridades del recinto universitario, tal como hoy lo hacen los alcaldes de los municipios donde aún se guarimbea, se declararon incompetentes para controlar la situación, al tiempo que impedían y denunciaban cualquier intento de ingreso de las fuerzas de seguridad del Estado, amparadas en la mentada “autonomía”.

Los lectores (as) podrán imaginarse la situación desesperante en que se encontraban estos estudiantes, quienes vieron súbitamente amenazadas sus vidas y sin posibilidad de que la fuerza pública los ayudara. Destáquese el carácter fascista de dicha acción de asedio. Incluso, uno de los elementos violentos portaba un arma de fuego. Pero como los muchachos no se encontraban completamente incomunicados o abandonados, alguien le avisó a los colectivos sociales de lo que acontecía en la UCV, y al rato se hicieron presentes. Llegó un contingente ensillado en motos. Es verdad que hubo acciones disuasivas, disparos al aire, pero sólo así pudieron ser liberados los estudiantes del asedio irracional.

Lo que ocurrió ese día, fue una agresión de un grupo numeroso de “estudiantes” de derecha a un grupo mucho más pequeño de jóvenes revolucionarios, en un territorio que se declaró tierra de nadie, una zona gris donde la violencia podía enseñorearse sin que le costara trabajo. Pero la violencia del que somete y pretende acabar con la vida humana ―como diría Dussel― no tiene la misma dignidad ética de quien la ejerce para defenderse, para la liberarse. En este caso, ese grupo que llegó en las motos no hirió a nadie, y tuvieron la capacidad de evitar un hecho que pudo haber enlutado terriblemente a la ”casa que vence las sombras”. Recordemos que aquella vez, la estrategia, similar a la de ahora, fue forzar al Estado a la intervención de la UCV, para que luego la canalla mediática vociferara sobre el autoritarismo, la violación de la autonomía unievrsitaria y la represión del rrrégimen chavista.

Hoy, lo que todos los venezolanos pudimos ver en Chacao y en otros municipios gobernados por alcaldes opositores al Gobierno bolivariano, fue la conversión de esos territorios en tierra de nadie, en zonas grises sin autoridad donde la mezcla de manifestantes “normales” y factores violentos incendiarios, fue posible gracias a la “indiferencia activa” de estos gobernantes locales, quienes formaron parte de la renovada estrategia de provocar la acción legítima de las fuerzas de seguridad del Estado, para luego denunciar represión, violación de derechos humanos y hasta torturas. Y he aquí lo nuevo: la utilización de grupos infiltrados para opacar el escenario, confundir a los actores en juego y por esa vía, señalar como perpetradores de la violencia a colectivos como los tupamaros.

La segunda escena la vivimos un poco más atrás, en la época en que el objeto de la estrategia criminalizadora eran los círculos bolivarianos. Llamó la atención de propios y extraños, que los hechos ocurrieran a plena luz del día y en los alrededores de la emblemática Plaza Francia. De repente, tres o cuatro individuos que se desplazaban en moto por la Francisco de Miranda, hicieron unas maniobras frente a la aludida Plaza, se bajaron de las motos, sacaron armas de fuego y descerrajaron varios tiros, hiriendo a varios transeúntes y, si no recuerdo mal, asesinando a una persona. Uno de estos individuos, llevaba una boina roja y hasta bigotes a lo Che Guevara, detalle nada casual y que hizo pensar que la intención fue que acusaran a estos elementos de tenebrosos miembros de los círculos del terror. Un acto farsesco, algo confuso, pero con toda seguridad planeado para generar miedo en torno a los colectivos revolucionarios.

De tal manera, que la campaña contra estos colectivos, que muchas veces se movilizan en moto como decenas ―o centenas― de miles en el país, no es nada nueva, toda vez que los motorizados desempeñaron un importante rol movilizador y comunicacional, durante las 48 horas que duró el golpe de abril de 2002, lo cual les otorgó una innegable importancia política.

De ahí la importancia del lenguaje, en un contexto en el que cualquier acción, cualquier movimiento en el que se vean involucrados grupos de motorizados, están siendo atribuidos a los “colectivos”, con el renovado propósito de aludir a las organizaciones chavistas. Al momento de escribir esto, reportan vía twitter a un programa de VTV, que en Táchira ciertos “colectivos de motorizados” estaban infundiendo miedo por las calles y decretando un toque de queda. Pero el detalle está, en que estos motorizados no son otra cosa que paramilitares y, como se develó en el caso de Caracas, gente pagada para vandalizar y desquiciar la normalidad de la vida civil.

Así las cosas, digamos simplemente que no todo grupo motorizado es un “colectivo”, en el sentido organizativo y revolucionario del término, así como no toda organización, agrupación o movimiento es revolucionaria; así como no toda sirena es ambulancia.

@maurogonzag

martes, 11 de marzo de 2014

Violencia desmedida agudiza crisis en la oposición

En las últimas semanas, el pueblo venezolano ha dado una nueva demostración del grado de conciencia y de cultura política que ha adquirido en los últimos años. La muerte del motorizado y del efectivo de la Guardia Nacional en las inmediaciones de Los Ruices a manos de un francotirador, se suman a las más de 20 que han ocurrido en Venezuela en los últimos días como producto directo de una violencia que, si bien ha sido generada por grupos reducidos, ha evidenciado algunas serpientes de la cabeza de medusa del paramilitarismo. Con todo, ni el pueblo civil ni el militar han caído en la provocación.

La violencia practicada ha sido sistemática y por escaladas, lo cual da cuenta de una planificación previa de las criminales acciones. En un principio, se quiso atribuir la violencia al uso legítimo y progresivo de la fuerza por parte de los efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado, la cual supuestamente estaba reprimiendo manifestaciones pacíficas del “movimiento estudiantil”. Con el paso de los días, los mitos mediáticos que se difundieron sobre los hechos violentos se fueron derrumbando por sí solos, hasta el punto de que hoy es imposible que alguien, salvo que sea un mitómano irresponsable y compulsivo, pueda calificarlos de “protestas”.

No obstante, el país mayoritario avanza, trabajando, estudiando, construyendo, en un contexto en el que los más diversos sectores de la sociedad venezolana han acudido al diálogo convocado por el Gobierno bolivariano. Sin embargo, algunos elementos causan preocupación y deben llamarnos a la reflexión. Uno de ellos, es el carácter de la violencia que se está practicando y que solo después de decenas de fallecidos directos e indirectos y de cuantiosos daños al patrimonio público, ha sido rechazada por algunos voceros de la oposición, aunque no por todos.

Este viernes 7 de marzo, Pérez Pirela en su programa hizo un planteamiento grave: "A partir del 12 de febrero se inauguró el paramilitarismo como práctica política en Venezuela", recordando al mismo tiempo que desde hace años se viene advirtiendo sobre la infiltración en el país de factores foráneos que tienen como propósito la desestabilización del país con un claro objetivo golpista. Las balas en la cabeza hablan por sí solas. Pero más elocuente es el silencio de algunos actores políticos y la inacción de la mayoría de los gobernadores de los municipios donde se ha registrado el vandalismo y la guarimba.

La afirmación hecha por el comunicador no carece de drama, y recuerda el llamado hecho por José Vicente Rangel en la Conferencia por la Paz, a hacer todo lo posible por evitar que el país caiga en el abismo de la muerte.

Esta nueva expresión de violencia criminal es inaceptable, y cada vez se encuentra más aislada. Entre los signos de este aislamiento total de los grupúsculos violentos, están las condenas cada vez más enfáticas de los vecinos y comerciantes de las zonas donde se han emplazado las guarimbas, indistintamente de su color político. Pero más interesante aún ha sido la renuncia a su curul del diputado del partido opositor Un Nuevo Tiempo, Hiram Gaviria, quien también se va del mencionado partido, tras la decisión de este de no sumarse al diálogo convocado por el Gobierno y que se instaló exitosamente en Miraflores. El pasado jueves, este partido emitió un comunicado en el que rechazan el diálogo, lo cual indica, para los buenos entendedores, su talante antidemocrático, su alineación con la violencia criminal y su desesperación.

Finalmente, la última señal de aislamiento de los violentos nos vino desde la OEA, ente que con todo y su tradicional accionar colonial al servicio de Estados Unidos y de su carácter anacrónico, votó una declaración a favor de la democracia y del Gobierno bolivariano liderado por Nicolás Maduro.

De tal manera, tenemos un panorama en el que el pueblo chavista, la mayoría del pueblo opositor, actores políticos de la oposición como Henry Falcón o Hiram Gaviria, la OEA, pero lo más importante, toda nuestramérica, condenan la violencia criminal perpetrada por estos grupúsculos, todo lo cual deja en una situación crítica ―aún más― a un liderazgo opositor que viene de sufrir varias derrotas electorales contundentes y consecutivas. Su destino es el diálogo, pero si no quieren diálogo ¿Cuál será su destino? 

Editorial PoderenlaRed.com del 9 de marzo
@PoderenlaRed

viernes, 28 de febrero de 2014

1989, el año en que Venezuela contravino la dinámica mundial

Llegó otro 27 de febrero. Esta vez, en medio de una coyuntura en que la violencia generada por las manifestaciones violentas y las guarimbas han hecho correr de nuevo la sangre. ¿Cuáles son las peticiones de los manifestantes? ¿Qué es lo que piensan y sienten? Nada, lo que hemos visto y escuchado, es a un grupo violento diciéndole a un gobierno democrático y constitucional que debe irse. Esa desobediencia que receta Gene Sharp no funciona en Venezuela, sobre todo cuando se trata grupúsculos financiados desde afuera.

La evidente planificación de estos hechos, saltó a la vista cuando constatamos la cínica y pasmosa articulación entre los hechos de violencia y las corporaciones mediáticas internacionales, las cuales se alinearon otra vez para difundir la idea de la “represión” y “violación de los derechos humanos” por parte de las fuerzas de seguridad venezolanas, cuando lo que está ocurriendo es más o menos lo contrario: una violencia sistemática y ensayada, infiltrada en las manifestaciones estudiantiles de la oposición para provocar el uso de la violencia física legitima y legal del Estado.

Eso es lo que tenemos, eso lo que hemos visto. No es hambre ni exclusión, no se ha tratado de estudiantes exigiendo calidad en la educación o mejoras presupuestarias para las universidades. Como dijo William Ospina, se trata de un país en el que las clases más pudientes protestan mientras los pobres viven felices. Por sí misma, esta reflexión da cuenta del carácter de las últimas “protestas” que hemos presenciado los venezolanos. La respuesta de Maduro no ha sido la esperada por los epígonos de la violencia. Al contrario, el presidente ha llamado reiteradamente a la Paz, que ha incluido una Conferencia Nacional por la Paz, la cual se inició ayer de la manera más positiva imaginable.

Mientras tanto, el canciller Elías Jaua hace una gira por Suramérica para decir la verdad sobre los hechos que han enlutado de nuevo a la familia venezolana, ante la pretensión de endilgar al Gobierno bolivariano el calificativo de “represor”. Pero llegó el 27 de febrero, y se cumplen 25 años de El Caracazo, una rebelión popular legítima producto del hambre y la exclusión, que fue ―esta vez sí― brutalmente reprimida, en uno de los episodios más trágicos, aunque al mismo tiempo meritorios, de la historia política latinoamericana contemporánea.

Esta rebelión, iniciada en Guarenas el 27 de febrero de 1989, sin duda fue una gran tragedia en la que se violaron todos los derechos elementales del hombre y la mujer, llámense civiles, políticos, universales o humanos. La represión fue inhumana, indiscriminada, inaudita. El presidente, sus ministros y una Fuerza Armada usada como ejército de ocupación en su propio país, parecían dispuestos a matar a la mitad de la población para ahorrarle al pueblo el dolor que empezaba a causar la “estabilización macroeconómica”, como fue definido el paquetazo neoliberal que pretendía imponerse. Ese día, se reveló una incompatibilidad suprema entre el neoliberalismo salvaje y el pueblo venezolano, De ahí, el mérito de El Caracazo.

Desde una perspectiva nacional, el Caracazo expresó el quiebre violento de la hegemonía que mantuvieron los partidos políticos del Pacto de Pto. Fijo, la deslegitimación de estos, y el inicio de un proceso de organización tanto cívico como militar, que dio origen al movimiento bolivariano que llegó al poder en 1998 de la mano del Comandante Hugo Chávez. Desde la perspectiva internacional, Venezuela había dado una respuesta temprana y pionera a las pretensiones de imposición del neoliberalismo que había sido bautizado en 1973 en Chile al costo de decenas de miles de asesinados y desaparecidos, en un contexto donde la Unión Soviética de disolvía y emergía el mundo unipolar con toda su soberbia ideológica del fin de las ideologías y fin de la historia.

En noviembre de 1989, caería el Muro de Berlín, hecho simbólico que expresaría el fin del “campo socialista”, la derrota de la izquierda mundial y la entronización del capitalismo en su versión neoliberal. Sin embargo, 9 meses antes, Venezuela se rebelaba frente a eso, desencajando en la dinámica mundial y originando un proceso que sería calificado como la última revolución del siglo XX.

Ese fue el 27 de febrero de 1989, el parto temprano de una nueva época histórica, de la mano del poder popular en pleno y en medio de una de las peores represiones que pueblo alguno haya sufrido.

@maurogonzag

martes, 25 de febrero de 2014

Las guarimbas “autogol” en los municipios opositores

Indudablemente, la historia se repite, aunque con algunas modificaciones en el guion original para adaptarlo a los nuevos públicos, a las nuevas generaciones. Sin embargo, conviene no olvidar llamar a las cosas por su nombre. El guarimbeo iniciado a principios de mes y que nació de la manifestación opositora del 12 de febrero que se tornó violenta y destructora de bienes y espacios públicos, hace tiempo que dejó de llamarse “protesta”.

Cuando se dan este tipo de manifestaciones y empiezan a trancar una calle aquí, una calle allá, en un principio uno siempre otorga el beneficio de la duda, porque después de lo que ha vivido el país en años recientes uno debe pensar que, después del dolor y las muertes del pasado ―como los hechos del 14 y 15 de abril de 2013―, ciertos sectores de la población de clase media han aprendido algo sobre cómo no dejarse manipular y no perder el sentido común en los momentos de mayor tensión o confusión mediática socio-cibernética.

 Dos elementos objetivos pudieron distinguirse desde las primeras de cambio, en lo que ya tenía todos los visos de estrategia insurreccional golpista de nuevo cuño. En primer lugar, las guarimbas violentas se desplegaban, de forma organizada, en el territorio de municipios gobernados por alcaldes de la oposición. De 335 municipios que tiene el país, 18 estaban siendo atacados indiscriminadamente no solo con la trancada violenta de calles y avenidas con barricadas, cauchos, fuego y basura, sino con ataques salvajes  a sedes de instituciones públicas como el Banco de Venezuela o Cantv, además de ataques directos a sedes de gobiernos regionales como fue el caso del Edo. Táchira.

 En segundo lugar, al procesar todos los datos y variables del contexto, de inmediato se constató que estábamos en presencia de una estrategia de “golpe suave” tipo “mecha lenta”, con el empleo de acciones muy similares a las que plantea el señor Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia, donde se establecen cinco etapas a superar para derrocar gobiernos por una vía distinta a la toma del poder del Estado por medio de un tradicional golpe militar, donde las redes sociales y la canalla mediática internacional volvían a desempeñar un papel de primer orden. En este contexto, la idea era generar situaciones violentas para obligar al Gobierno a usar la fuerza pública legítima para proteger a la colectividad, para luego provocarlos con agresiones de todo tipo y así convertir mediáticamente la elemental y justificada respuesta de los funcionarios en represión y violación de los derechos humanos.

 Con todo, las fuerzas de seguridad han tenido que actuar en defensa de la colectividad, en unos municipios cuyos alcaldes, a pesar de contar con fuerzas policiales propias y de haberse manifestado contra la violencia ―así sea de forma titubeante y guabinosa―, no han movido un dedo para restablecer a la mayoría de la colectividad sus derechos civiles y humanos. Es decir, los efectivos de la guardia nacional han tenido que actuar en manifestaciones violentas ―inconstitucionales― para salvaguardar los derechos humanos de los vecinos de esas zonas y los de los propios “manifestantes”, en situaciones difíciles en las que sus propios derechos humanos, que también los tienen, se han visto seriamente irrespetados y golpeados.

 La lógica no deja de tener algo de estúpido, toda vez que la violencia se desencadena en sectores donde el 70% y hasta el 80% de la población son sempiternos opositores al Gobierno. ¿Cómo actuar en un contexto donde existe una posibilidad de generar hechos violentos que podrían generar eventuales intervencionismos extranjeros para así deslegitimar al Gobierno e impulsar el derrocamiento pos-moderno del presidente Maduro? Tenemos dos datos fuertes: guarimbas violentas en municipios opositores (Que afectan directamente a la gente de habita en esos municipios), y efectivos de seguridad frente a los que existen posturas ambiguas ―son alternativamente rechazados y solicitados por esas comunidades―, aunque la verdad es que son predominantemente agredidos y rechazados. ¿Entonces qué? Queda plenamente justificado el repliegue de la guardia nacional en un contexto donde impera la irracionalidad desmedida, y donde se espera que las personas sensatas, los vecinos mentalmente sanos, indistintamente de su postura política, actúen y exijan contundentemente a los alcaldes que ellos votaron que cumplan con su deber de garantizar el libre tránsito y el derecho al trabajo, al estudio, a la salud y a la vida, derechos todos socavados por estas alocadas guarimbas.

De otra manera, el mensaje es: si les mandamos a la guardia nacional y ustedes la agreden, no la mandamos más, para que entonces le pidan a su alcalde que trabaje e imponga el orden. Si él no te hace caso, entonces organízate con tus vecinos y movilízate para protestar ―ahora sí estaríamos hablando de protestas legítimas― por la ineficiencia o indiferencia del gobernante municipal. Sin embargo, este proceso no es tan sencillo en algunos sectores, cuando no en ninguno. Casos como los del municipio Chacao y el municipio Los Salias han sido ejemplares en este sentido.

Caso Los Salias

A eso de las 4:30 de la mañana del lunes 24 de febrero, vecinos del sector La Morita reportaron que alguien desde un edificio había permitido el ingreso a un estacionamiento privado de dos grandes camionetas que al parecer llevaban bastante carga. Había comenzado la operación guarimba en el municipio, y a lo largo de toda la avenida perimetral se colocaron alrededor de 15 barricadas, algunas a la usanza de las peores de Chacao, con aceite y guayas incluidos.

La semana pasada, en el sector conocido como La recta de las Minas, un grupo de alrededor de 20 muchachos, todos jóvenes no mayores de 25 años, bloquearon la carretera panamericana y quemaron una unidad de metrobús. Esto provocó que muchos vecinos llamaran a la guardia nacional y que reportaran la situación de franca violencia. Estos, efectivamente se hicieron presentes en pocos minutos en el lugar, e impusieron el orden.

A lo largo del día 24 y del día 25, las tensiones se fueron acumulando en las zonas en las que los grupos violentos parecen predominar incluso por encima de la opinión cívica mayoritaria. La Cima, radio ubicada en frente del sector La Rosaleda, no paraba de recibir llamadas de ciudadanos angustiados, preocupados y arrechos por las situaciones que estaban viviendo: ambulancias que no podían ir a buscar a los enfermos, gente que no podía salir a trabajar porque ni siquiera les permitían atravesar la barricada a pie, pero tampoco a comprar alimentos o medicinas ni a nada. Sectores sitiados por guarimberos locales ―puede que con algún invitado de otro lugar― que estaban jodiendo a su propia gente.

Ante la ausencia de la autoridad del Estado central ―justificada por lo que ya dijimos― pero peor aún, ante la ausencia de la autoridad local, municipal ―nada que decir de la autoridad comunal―, la sensación de desesperación y desamparo crecía en estos sectores. Qué decir de la muchacha que llegando a su casa, ubicada en el sector Parque Retiro, fue amenazada de quema total de su vehículo ―con ella adentro― por querer atravesar la barricada para poder así llegar a su hogar. Un dato curioso, es que la muchacha es opositora al Gobierno. De ahí, que no extrañen los tuis enviados por Luis Vicente León, director de una encuestadora y conocido por su postura contraria a la Revolución:

Pero además, están los mensajes enviados por el alcalde del municipio Los Salias, José Fernández, conocido como “Josy”, a través de la red social:

“La guardia no va a entrar al municipio el gobierno lo prohibió insisto estamos afectando a los nuestros”
 

“Destruyen patrulla de polisalias y sale herido un funcionario seguimos sin entender la actitud de algunos protestantes”

No hacen falta comentarios. Otra vecina residente del sector aledaño a La Morita, relató que vio como el ex alcalde del municipio, Ovidio Lozada, hablaba con cierta indignación y alteración con un interlocutor, quien resultó ser un periodista de un diario mirandino. Trascendió, que la inocultable molestia del ex alcalde de Primero Justicia, se debió a que este, muy presumiblemente por la inacción del alcalde actual, se había acercado a la guarimba de La Morita, ―pudo haber sido otra― para pedirles a los “manifestantes” que desbloquearan la calle por el bien de la comunidad, y casi sale golpeado en el intento. Cuando lo intentaron agredir, Lozada, extrañado de que no lo reconocieran, les dijo que era el ex alcalde del municipio, que por favor desistieran de esas acciones, que habían demasiadas quejas, pero al parecer no lo escuchaban.

De tal manera, abogamos porque este nuevo episodio guarimbero, no en balde calificado como autogol, no se deje pasar así nada más. Desde este espacio, y para las comunidades de los municipios de Maracaibo, Táchira, Valencia, Maracay, Pto. Ordaz y Miranda, nos parece que debería quedar en los anales comunitarios el comportamiento que tuvieron las autoridades frente a esta violencia criminal que otra vez atentó contra la salud psíquica y el normal desenvolvimiento de la vida de quienes allí habitan, para que los vuelvan a elegir en las próximas elecciones.

También, esperamos que los líderes políticos alternativos o progresistas de esos municipios se activen y sepan capitalizar los hechos a su favor, para así sumar voluntades al único proyecto político vigente y apoyado por la mayoría: el plan de la patria. Las debilidades en materia de organización y consciencia comunitaria, saltaron de nuevo a la vista, sobre todo en la llamada ciudad dormitorio. Y es que ¿Si una ciudad es llamada así porque la gente trabaja en Caracas y solo llega allí para dormir, que pasaría cuando a la gente no la dejan ni trabajar ni dormir?

@maurogonzag